¿Dónde ubicar a los “neutros” en esta crisis?
Por Alex Darío Rivera M.[1]
Ante cualquier diccionario o enciclopedia que tengamos a vista y mano, si nos planteáramos conocer el significado de la palabra “neutro”, ésta hace alusión a aquello que no presenta ninguna característica entre dos opuestas, que no tiene características definidas, que no manifiesta ninguna emoción; pero en un sentido mucho más concerniente al tema que hoy nos ocupa, esa frase define –en este caso- a una persona que no se inclina a favor de ninguna de las partes “armadas” de un conflicto. El hecho de indagar sobre el significado de este vocablo surge a raíz de la postura “neutra” que algunos artistas, profesionales, funcionarios públicos, empresarios, intelectuales y demás ciudadanos, han supuesto asumir a partir de la crisis política generada como consecuencia del cruento golpe de Estado consumado aquel domingo negro fechado 28 de junio del año 2009.
Para comenzar, considero que en cuanto a la calidad del neutro existen dos dimensiones, primero los neutros ideológicos: son aquellos que se consideran al centro, ni a la “izquierda” ni a la “derecha”, ni con Mel ni con Micheletti; la otra dimensión la constituyen los neutros en el ejercicio, estos están constituidos por los que pese a tener una postura ideológica, no han “querido” emprender ninguna acción para defenderla, o sea, no ha participado ni en las marchas de la resistencia ni en las de los camisetas blancas, no han escrito o comentado manifestando su descontento contra el golpe de Estado ni –tampoco- declarado que fue sucesión constitucional. En todo caso, la calidad del neutro no determina su papel, puesto que “por sus frutos los conoceréis” dice el dicho y, los frutos son sus acciones. Para contextualizar un poco, creo que vale la pena dimensionar que nadie imaginó que por vez primera una acción estatal con el respaldo popular amenazara concretamente los intereses de la oligarquía fuereña (en Honduras no existe una oligarquía criolla en el sentido estricto) que durante el recién pasado siglo XX se enquistaron vorazmente en los monopolios económicos y políticos de esta patria en la que han consolidado sus fortunas gracias al pillaje, la corrupción, el clientelismo político, la usura y la explotación de las bondades naturales de esta tierra y de sus verdaderos hijos e hijas, mismos que –paradójicamente- en su gran mayoría sobreviven en la miseria, el abandono, la indigencia y la explotación.
Este grupo avaro de empresarios han ejercido su proceso de dominación utilizando el escenario estatal como garante de sus grandes negocios, mediante su influencia en los estratos de los tres poderes del Estado, instancias que han representado sus intereses de clase, soslayando los del común del pueblo. Esta crisis política que se generó a partir de ese bochornoso golpe de Estado y que sin lugar a dudas desencadenará una –aún más- profunda crisis económica y social, curiosamente también, ha dejado un saldo monumentalmente favorable, lecciones que hubiesen significado años de espera para apropiárnoslas como sociedad, nos han llegado en corto tiempo y de manera clara gracias a los golpistas. Imaginemos lo difícil que hubiese sido –en condiciones normales- que el pueblo conociese con nombre y apellido a los responsables del atraso del país; identificar a los falsos apóstoles de la fe somnífera; leer los nombres de los más grandes corruptos de la historia hondureña; interpretar el papel mediático de los medios de comunicación; develar la farsa de la democracia representativa; la culpabilidad histórica del bipartidismo; la inhumana forma de operar del neoliberalismo en las sociedades capitalistas; la hipócrita política exterior de Washington; conocer a los multimillonarios y sus grandes emporios económicos monopólicos que pese a sus sociedades estrictamente anónimas han salido al conocimiento público; hemos clarificado los vínculos del Estado con el crimen organizado; se ha puesto en relieve el papel de los militares como gendarmes del status quo; hemos evidenciado a los sectores
comprometidos con el bien común y aquellos cuyo interés es meramente mezquino y particular; sabemos diferenciar a quienes están interesados por una evolución democrática hacia una verdadera participación y quienes deliran porque la embustera democracia representativa se escriba en piedra por los siglos de los siglos; percibimos muy claro al sector que nos vende la democracia (electorera) como un fin en sí mismo y la facción que demanda un modelo de democracia más participativa que lleve a la justicia, la igualdad y a la equidad entre los seres humanos…
Estos y muchos más aprendizajes hemos recogido de esta crisis en término de dos meses, lo que nos hubiese llevado años en hacerlo por otra vía. Ahora bien, retomando la definición de neutro que abordábamos al inicio y considerando que las lecciones obtenidas de este proceso claramente identifican a dos polos opuestos rememorando la “vieja” teoría – a veces olvidada- de la lucha de clases de la que nos habla el materialismo histórico, ruego que no se nos olvide que en esta crisis antagonizan los que tienen todo con los que no tenemos nada, en este sentido es que la pregunta ¿Qué mueve a los neutros en este proceso? tiene una connotación profunda.
Hace unos días una persona autodenominada “neutra” me hizo llegar un correo electrónico que contenía fotografías de la destrucción del restaurante de comidas rápidas y el incendio del autobús ocurrido el día de la llegada de las marchas por la Dignidad a Tegucigalpa; acompañando las fotografías había un texto que decía más o menos así: “No estoy en contra de las manifestaciones, pero no debemos permitir tanta violencia, queremos vivir en Paz como antes”; este colega que, –curiosamente- trabaja en una organización de desarrollo, estaba indignado ante esas “grotescas” escenas y demandaba el “reestablecimiento” de la paz. Me indignó su percepción, no le respondí su mensaje porque sentí que era perder el tiempo, pero me pregunté ¿Cómo es posible que a este sujeto le parezca extremadamente violento la quema del autobús y el restaurante de comida chatarra y sea incapaz de no impresionarse ante la violencia social, económica y política que sufre nuestro pueblo?
¿Cómo se puede demandar el “retorno” a la paz y cuestionar la “violencia” de la resistencia popular como solicitan los neutros y los de camisetas blancas (casi siempre los mismos) cuando vivimos en una sociedad en la que más del 80% de su población es pobre, donde mueren niños cada hora por insuficiencia de comida, donde los niveles de desnutrición son espeluznantes, donde el incremento de niños utilizando drogas, tabaco y alcohol es alarmante, donde el crimen común y organizado se prolifera a zancadas, donde cada vez más niñas y jovencitas optan por la prostitución como única posibilidad para sobrevivir, donde con suma frecuencia vemos a paisanos durmiendo debajo de los puentes y en las aceras, donde los niveles de desempleo y subempleo son insostenibles, donde los índices de morbilidad y mortalidad infantil y materna son sorprendentes, donde los hospitales no tienen personal ni medicina, donde el racismo y la exclusión se enraíza, donde la infección de personas con SIDA muestra cifras elevadas y donde más de un millón y medio de catrachos no saben leer ni escribir?
¿Cómo ignorar esa violencia desgarradora?, eso sin incluir todo lo ocurrido después del golpe de Estado donde a los hondureños se nos suspenden los derechos constitucionales, se nos coarta la libertad de expresión y locomoción por el territorio que se nos ha dicho que nos pertenece, se hostiga, golpea y asesina al que demanda justicia, donde militares violan sexualmente a mujeres por participar en las manifestaciones, donde se destruyen equipos de estaciones radiales y televisivas que denuncian los atropellos, se dictan toques de queda de manera antojadiza, se desinforma a la población con el despliegue de un monopolio mediático nunca antes visto y donde se apunta con el fusil al hermano que marcha por las calles y carreteras mostrando su inconformidad contra la barbarie golpista?
¿A qué paz se refieren? ¿A qué niveles minimizan el concepto de Paz? ¿Acaso la realidad antes y después del golpe de Estado no muestra la peor violencia que podemos tener? ¿No es ser hipócrita denunciar la quema del restaurante y el autobús y por otra parte ocultar, avalar o silenciarnos ante esa otra violencia de la que hablamos? ¿No es estar ciegos hablar de retornar a la paz cuando siempre se nos ha negado el vivir en paz por parte de este sistema injusto? ¿Por qué permitimos que la oligarquía (conservadora) usurpe demagógicamente la frase Paz, si históricamente son los que se la han hurtado al pueblo?
Volviendo al caso de los llamados “neutros”, me atrevería a decir que de ellos existen cuatro tipos:
- Los primeros son minoría: entre ellos y yo no hay nada personal porque sin poder comprenderlo (por ellos mismos) son víctimas del mismo sistema; estos son aquellos que lo hacen por “ignorancia” (desconocimiento), no asumen una postura por no tener argumentos para sustentarla o para refutarla (Neutros Inocentes);
- El segundo sector, estos “neutros” son los que esperan que esta crisis se defina para tomar postura con el que impere o porque avistan que su partido político sacará ventaja de la crisis y él será favorecido, estos se caracterizan porque no se mueven por el bien común sino por intereses mezquinos y por siempre caer parados como el gato (Neutros Malabaristas)
- El tercer grupo, son aquellos que acreditan o validan este sistema injusto puesto que consideran egoístamente vivir bien (casa, alimentación, vehículos, suntuosidades, viajes, educación privada para su familia, consumo, etc.) y perciben la pobreza como un problema de otros, por eso asumen una actitud al margen de ambos bandos (Neutros Acomodados)
- Un cuarto y último segmento de neutros, son los que pese a tener una valoración propia ya sea para uno u otro bando, esa convicción no puede llevarla a un ejercicio concreto porque su empresa, organización o jefe se lo impide y de asumir un rol activo pondría en riesgo su seguridad laboral y por ende su fuente de ingresos para sobrevivir (Neutros “Obligados”).
Estas tres últimas porciones de neutros que son las más numerosas, por su lógica de operación y su forma directa o indirecta de favorecer al gobierno de facto y a la clase explotadora que representa, debemos ubicarlos con toda certeza en el bando de los golpistas, sin dejar de recordarles como enunciaba Nietzsche: “Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía”, puesto que detrás de esa supuesta neutralidad, afloran sus verdaderas incumbencias tacañas, revelan el desprecio por los proyectos colectivos y el desinterés por la igualdad entre los seres humanos, sin dejar de lado, que ante la injusticia, la exclusión, la barbarie y la usurpación de la dignidad humana, ninguna persona conciente debiese aducir neutralidad.
¿Somos o no somos?
[1] Alex Darío Rivera M: Educador y Promotor Cultural Santabarbarense, Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”, autor del libro de poesía Introspecciones Extintas.
E mail: alexdesantabarbara@yahoo.com
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/rivera_alex_dario/donde_ubicar_a_los_neutros.htm

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