El síndrome de ¡Jum!
Por Jorge Ángel Hernández
En la foto el “convaleciente”
escritor Ángel Santiesteban, quien, según sus defensores estuvo varios días escondido para evitar más “ataques”. De pronto, el “despreciado” (él no quiere que lo quieran) salió de su escondite y se fue muy campante a una presentación de la Gaceta en la UNEAC. Allí se encontró nada menos que con Ciro, el guitarrista Porno, otro “perseguido” deladegeneracionY. El billete los inspira y la “persecusión” los junta.
Foto: Cubaencuentro.com. (NE)
En un post del martes 19 de mayo de 2009, que titula “Una mano solidaria para Ángel Santiesteban”, recibido en mi buzón personal desde la dirección electrónica de Manuel Sosa, descubro que Camilo Venegas me acusa de agredir al narrador cubano Ángel Santiesteban. En ese acto de agresión me acompañan Ernesto Pérez Chang, quien fuera ultrajado por AS en su blog, y M. H. Lagarde, a quien, en coro sordo y sin siquiera imperceptibles variaciones, han tomado como patrón de pruebas para lanzarle injurias y sospechas.
No voy a reaccionar, me dije, y hasta gasté ligeras ironías a propósito con algunos colegas, al mismo tiempo amigos, en cuya defensa me he esmerado en caso de necesidad y aún cuando no comparta por completo sus criterios. Según recuerdo, terminaba mi escrito, publicado el día 15 de mayo en el blog Cambiosencuba, reclamando la posibilidad de conceder al otro el libre ejercicio de opinión, de aceptar lo honesto allá en la alteridad, incluso en ese otro que, apenas salta el charco, no deja de exhibir un expediente radical jamás documentado, la mayoría de las veces sin testigos, como el último húsar de Mrozek. Ese otro radical y contrarrevolucionario, que surfea en inmanente derechismo, y patalea su anticastrismo con aspavientos más grises que las cansonas consignas del diario acontecer, sigue siendo posible en el criterio interno, admitido como preventivamente honesto, acaso ajeno a que la mayoría de esas plataformas políticas son financiadas desde el Departamento de Estado estadounidense, a través de la USAID, la NED y otros satélites. Les recomiendo entrar a las páginas oficiales de estas instituciones y leer los documentos e informes con que ellas mismas lo demuestran, para que capten el referente básico del lugar común de acusación en una trayectoria de causa-efecto elemental.
Advertía además en mi escrito, eso sí, acerca del proceso de neosolshinitzación que se gestaba, aún sin imaginarme cuán rápido la trama siniestra se desencadenaría, mezclando al culebrón pinceladas de serial. Eso sí me preocupa, y lo reitero, pues se trata de maniobras de oportunismo contrarrevolucionario que me tomo el trabajo de contrarrestar, de acuerdo a mis posibilidades, desde luego, pero siendo coherente con mis convicciones éticas, políticas, de intelectual que aún cree en el pensamiento. Lo curioso es que, para estos casos, se suele descubrir que el implicado se queja cuando no logra ser a un tiempo oposición y gobierno. ¿Se conoce alguno que financie y promueva su propia oposición? Hay una apuesta, una toma de conciencia, o como quiera llamársele, que no debe, desde una perspectiva intelectual, tal como se pretende, ser asumida a la manera del lumpen: negando el “delito” cometido. Cuando por convicción se reclame un derecho, habrá que defenderlo.
Pero alrededor de AS se había tramado un argumento y no debía sorprenderme que me llegase esa carta, inteligentemente redactada, de denuncia y llamado a la toma de partido. Entre otras cosas, y en un rapto de personal egoísmo, me negué a intervenir al recordar que ninguno de los implicados tuvo siquiera un gesto de preocupación cuando fui agredido por otro escritor a causa de una polémica que se hizo pública por correo electrónico, puesta en noticia con deformaciones y mentiras y hasta posteada sin éxito, sólo porque yo aparecía del lado oficialista, aun cuando hablaba por mi cuenta e incluso en contra de consejos que me pedían no responder con ofensas a la sarta de ofensas recibidas. Los correos circulaban en tanto los defensores de la libertad de expresión permanecían tranquilos, felices de que al oficialista lo golpeasen por sorpresa, y con un arma, en la cabeza (ni siquiera en un brazo).
No escapa a nadie, sin embargo, que la historia montada alrededor de la agresión a Santiesteban cojea de los pies a la cabeza, incluido el uso de la foto que se han encargado de reproducir, donde sólo muestra el torso, sin daños aparentes y custodiado por Ciro, experto en emplear el arte para ofensas y ajustes de cuentas personales. También es una farsa que no puede ver su blog, pues con solo diez pesos MN se pasaría una hora en el ciber de la UNEAC oliéndolo, templándolo en su peso. Dije lo dicho y lo sostengo. Creo que dije mucho menos de lo que puedo argumentar, no sólo por ajustarme al tema, sino porque evito aseverar criterios de importancia sin acompañarlos de la demostración correspondiente. Pero cedí a la indignación, (no sólo fui acusado de agresor, sino además de actuar bajo una especie de reencarnación de chivato de Batista, aunque más mal pagado) y me fui al fogonero de Venegas, bellamente ilustrado con esas imágenes de San Fernando de Camarones, en un ejercicio que acaso aprendió y entrenó al pasar por La Gaceta de Cuba, o por la Gaveta de Monserrate, donde tanto se aprende de la Cuba que somos y seremos. Y descubro que ofende, a nombre de otro no identificado, es decir, girando en el lenguaje para demostrar que todos coinciden en la ofensa, y cede al síndrome de ¡Jum!, ese que consiste en dar por supuesto algo que apenas se supone.

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