Comunismo y Rescate Antropológico, por Orlando Licea Díaz
Hace algún tiempo alguien afirmó que ya no se hablaba de Comunismo, sino sólo de Socialismo. Que al parecer se había puesto la vista más cerca, acaso por la creciente incapacidad de soñar de la que padece el hombre moderno. Si esto es así, entonces hay que rescatar el término urgentemente, pues el Socialismo es sólo una etapa a transitar, y no la meta final, en cuanto a la construcción de una sociedad más justa y más sana. Hay que abrir espacios para que dentro y fuera del Socialismo se piense, se sueñe y lo que es más importante, se actúe, de forma Comunista.
En el sentido que indicaba, las obras de Marx, en la que el tema aflora una y otra vez, son los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 y el Manifiesto Comunista. En esta ocasión abordaré un tema quizás álgido, pero no por ello menos importante, la necesidad de rescatar la conciencia antropológica.
La sociedad ha transitado por varias etapas: a la primera de ellas se le denominó, con justeza, Comunismo Primitivo, la única sociedad sin explotación ni clases sociales, este fue sustituido por el Esclavismo, el Feudalismo, el Capitalismo, y aún no queda claro si este va a ser sustituido primero por el Socialismo y luego acontecerá el Comunismo o si Socialismo y Comunismo constituyen una unidad dialéctica, dos formas de llamar a una misma estructura, como ocurrió con las diferentes formas de Capitalismo.
Aquí habría tema para analizar, pues la lógica sufre una especie de cambio, las formas de Capitalismo llevan generalmente este nombre, Capitalismo de Estado, Capitalismo Pre-Monopolista, Monopolista etc. hasta culminar en el Imperialismo que constituye su fase superior, por cierto, una especie de retorno a los primeros tiempos, a los Imperios, en una fase superior de desarrollo. Es como si la historia cerrara su ciclo con el Imperialismo (Fin de la Historia). Aquí hay varias evidentes contradicciones. Será que, consciente o inconscientemente, algunos piensen que no se puede salir de la trampa de la explotación del hombre por el hombre, o que una vez la historia haya llegado hasta aquí, la única alternativa viable sería la destrucción de la Civilización, acaso por lo enunciado en la Biblia acerca de la imposibilidad de retornar al Paraíso. El término Barbarie se insinúa con fuerza como sinónimo de la Sociedad Primitiva o Comunismo Primitivo. O fue la Barbarie la que lo antecedió y entonces hay que retornar a la Barbarie primero, y no al Comunismo Primitivo, para cerrar el ciclo de la historia. (A juicio del autor la Barbarie no era aún sociedad.)
No son Ciencia Ficción estos temas, ni intrascendentes. Sin una visión clara del pasado y del futuro al que se pretende arribar, resultarán necesariamente imprecisos los pasos que se den para arribar a el, y la posibilidad de perderse en el camino aumentará indefectiblemente. Acaso tal y como ha ocurrido en la práctica.
De hecho hay quienes piensan que existe una especie de “buen capitalismo” y que muchas de las medidas socialistas, en una primera etapa, tienen mucho en común con el. Suecia, Canadá, Suiza, y otros países son incluidos en esta lista, y hasta se plantea que algunos de ellos son en realidad Socialistas y que el objetivo es llegar al menos a su nivel de desarrollo social. En estos países, la instrucción es generalizada y gratuita, igual que la asistencia médica, no existen desamparados, la vivienda está garantizada para todos y, en general, ofrecen buenos índices de vida. Los indicadores de violencia social en general son bajos, y las fuerzas represivas (Ejército y Policía) se han reducido al mínimo. ¿Quiere esto decir que son modelos a reproducir, o que resulta plausible hacerlo?
Aunque incluso en el terreno económico y material resulta discutible el nivel de “justicia social” que estos países han materializado, ya que son medidos por el rasero de conceptos desarrollados en sociedades de clase, por una parte, y por la otra habría que ver si lo que han desarrollado son métodos más eficaces de robotización, de estandarización, de sometimiento etc. y no un hombre pleno y realizado.
Aunque habría mucho más que agregar, no me detendré en este aspecto so pena de alejarlos demasiado del tema central que se pretende abordar.
En algún lugar, que lamentablemente, no puedo precisar, (de ello se encargará algún lector avezado) oí o leí que cuando Colón arribó a Cuba, tuvo necesidad de calafatear (reparar) sus barcos y se detuvo más o menos un mes en una aldea Taína con este fin, como resultado, las dos terceras partes de la tripulación no quiso volver a España ya que pensaban que habían arribado al Paraíso, (hay que rescatar la asociación Comunismo-Paraíso), y no sólo un Paraíso natural como se nos ha remachacado, sino un Paraíso esencialmente social, un mundo donde se podía ser feliz y libre, sin faltar por ello a las normas establecidas. Cierta o no, es una muy probable historia, el autor de Papillón, cita una anécdota semejante en su tránsito por una tribu sudamericana.
No hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de que no era un Paraíso determinado por la riqueza material, sino por las normas de convivencia humana a lo que se refieren estas anécdotas. Y ¿Cuáles son las normas y características de los hombres que vivieron en el Comunismos Primitivo, que los diferencian y hacen superiores a los actuales, en un sentido antropológico? ¿Como se manifiestan estas cualidades en los hombres modernos? ¿Sobre que bases humanas se ha de sustentar el Comunismo?
Para responder a estas interrogantes, al menos en una primera aproximación, hay que volver la vista a la Psicología, que en la modernidad ha rescatado el concepto de niño interior, y hasta se habla del síndrome de Peter Pan, y no precisamente en un sentido positivo (cuando pudiera serlo).
El problema consiste en el planteamiento de lo que constituye la esencia humana. Si existe, y de ser así, de existir, en que consiste, como se manifiesta en realidad, y que actitud se asume ante ella.
¿Es el hombre egoísta por naturaleza? ¿Violento? ¿Egocéntrico? ¿Explotador? ¿Racista? ¿Conquistador? ¿Acaparador? ¿Monógamo? (En este caso más bien la mujer monoandra) – las contradicciones conceptuales más burdas afloran una y otra vez cuando nos aventuramos en estos territorios. Por algo será - . ¿A que consecuencia ha llevado la concepción clasista del ser humano, tanto para sí mismo, como para la naturaleza y la sociedad? Los explotadores mismos ¿son más felices y plenos? ¿Alcanzan un grado tan siquiera aceptable de disfrute existencial?
Veamos lo que nos dice la Psicología Evolutiva acerca de los primeros estadios del desarrollo humano. Es decir del ser aun no educado, ni influenciado, al menos drásticamente.
Para el lactante (y para el primitivo) no existe la diferenciación sujeto objeto, la percepción es indiferenciada, intuitiva. Sus necesidades se limitan a la nutrición y el contacto íntimo con otro ser de la misma especie. Que se ha confundido con el placer, (Freud) Como muchas otras cosas, se ha subvalorado la importancia de la necesidad de amor y cariño genuinos, que cuando no se satisfacen adecuadamente, puede llevar a catastróficas consecuencias, e incluso a la muerte, hasta en los mamíferos superiores (Maslow, Spitz). Incluso se ha intentado sustituir, como cosa natural, el afecto proveniente de otro ser humano, con el afecto animal, (animales afectivos), - la deficiencia nutricional de amor genuino y humano parece ser universal - me causa gracia imaginar a un pato acariciando a un perro, o a un tigre haciéndole ternuras a una oveja etc. a tal grado de enajenación sólo el ser humano podía llegar, y hasta ha intentado, a veces con éxito, enajenar a otras especies, en su afán por denigrar lo natural, afectivo e intuitivo. La consecuencia inmediata de esta “confusión” sería el cuidado del entorno, y una actitud amorosa hacia los semejantes.
Por cierto que este “amor” y “afecto” hacia los animales, ha llevado a los seres humanos hasta las “naturales” consecuencias de contactos sexuales con ellos, lo que hemos pagado con intereses, las llamadas enfermedades de transmisión sexual (SIDA incluido) tienen su causa en esta aberrante conducta, estimulada “inconscientemente” por el concepto de naturaleza humana enajenada.
En el otro extremo, se han sobrevalorado las necesidades groseras y materiales, como las de seguridad y las nutricionales. A partir de ellas se ha elaborado todo el andamiaje de la educación y la cultura, el medio es enemigo del hombre, (al extremo de que vamos a terminar destruyéndolo), hay que aislar, (dividir) de todo lo que potencialmente sea dañino y, si es posible, destruirlo. (con lo que hemos terminado por dañar, ojalá que no irreversiblemente, nuestro sistema inmunológico), personas incluidas, (la soledad, la depresión y la sensación de abandono, los síntomas psicológicos y psicosomáticos son universales), (el perro es el mejor amigo del hombre)
El mundo se ha llenado de obesos, por una parte, y de hambrientos por otra, quizás lo que les sobre a algunos de alimento, les falte de afecto genuino y lo que les falte a otros de alimento, les sobre de afecto humano. Hasta en el modo de sufrir nos hemos dividido en clases.
Cuando un lactante llora, los demás, por simpatía, le acompañan en su llanto. Igual, cuando siente placer con algo, una vez ha disfrutado, se lo ofrece al otro. Si esto es egoísmo innato, y no solidaridad innata, que venga Dios, lo vea y decida.
El Comunismo, entonces es la vuelta a este estado natural humano, HECHO CONSCIENCIA, es decir en un nivel superior, y no inconscientemente, como en el primitivo, (Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844) y no una conciencia meramente teórica sino una CONCIENCIA PRÁCTICA. Con lo que se pone de manifiesto la necesidad de una búsqueda social y personal activa, una experimentación social, que implica una actividad insospechada de lo que hoy se conoce como Sociedad Civil, y no su sometimiento a moldes prefabricados y muchas veces copiados de las sociedades de clase o diabólicas, como les llamé en Ecología Interior. Estancar o detener la actividad de la Sociedad Civil equivale a una especie de suicidio, anorexia o desnutrición social, con la consecuente muerte o debilidad o retraso en el desarrollo que estas enfermedades suponen.
Junto al egoísmo, como su hermana gemela o clonada, está la noción de propiedad como primer valor, en pugna constante con la no propiedad. Para que alguien tenga algo, otro u otros, han de no tenerlo (lucha de clases). Con lo que se pierde o se lesiona la capacidad de disfrute existencial, pues, tanto en un polo como en el otro, el temor por no perder o por no tener, acompañan generalmente, (aunque sea de forma inconsciente), a las acciones humanas. Resulta simpático o tragicómico, que lo que se niega para afuera, se acepte para adentro, en el marco de las relaciones familiares, amorosas o de amistad. (A pesar de lo cual, la propiedad está detrás de muchas relaciones “naturales”) Y uno de los objetivos esenciales de la educación es la económica y de propiedad, tanto, que constituye el primer objeto de la educación, cuando el niño es capaz de discriminar lo mío (lo tuyo se aprende más adelante y con dificultad) ya ha dado el primer salto hacia lo humano-enajenado, y está listo en lo esencial para continuar su educación. No hay que decir que la noción de propiedad es desconocida para el niño y para los comunistas primitivos.
Cuando más, se admite que el primitivo hace trueque, es decir, cambia, porque está tan atrasado que no conoce el dinero, (que se inventó para facilitar la manifestación de la naturaleza humana), sobre el dinero, en su aspecto valorativo, ya dije lo necesario en Ecología Interior. En realidad, el comunista inicial, ni cambia, ni vende, regala. La capacidad de poder regalar constituye un orgullo, y el recibir, una afrenta o humillación. Para el comunista, el valor de cambio sencillamente no existe, no constituye un objeto a considerar en su vida, orientada sólo hacia el uso y el disfrute.
Como lograr actualizar esta característica en las condiciones actuales, constituye tema de análisis y experimentación, acaso las comunidades hippies y otras por el estilo, tengan algo que enseñar en este y otros aspectos. Hay que inventar las fórmulas para ir minimizando la propiedad y el cambio como forma natural de vida y sustituirlas por otras mucho más acorde con la naturaleza humana, así como encontrar en el mundo a los seres humanos que se las arreglan sin ellas, para emularlos e imitarlos.
El concepto de ahorro y acumulación, son otros temas a estudiar y a experimentar. No son lo mismo que prever, que prevenir. Se acumula lo imprescindible para las malas épocas, en un futuro inmediato, como necesidad para mantener la existencia tanto individual como colectiva, no para explotar a otros, ni como forma de valor, ni en forma abstracta. Ningún animal, ni primitivo acumula al punto de que aquello acumulado se pudra o eche a perder; en cierto sentido la acumulación de clase, hace esto mismo, acumular hasta que la especie humana en su conjunto, acumulador incluido, se pudre o echa a perder.
En nuestra época Fidel y Chávez, desde el socialismo americano, han trabajado duro sobre el tema, demostrando que, o ahorramos racionalmente todos, o pereceremos como sociedad. Aquí, como en todo lo enajenado, existe una contradicción, doble rasero o doble moral, unos ahorran y otros despilfarran.
En las excelentes novelas, “El País de las Sombras Largas y el Regreso del País de las Sombras Largas”, así como en el largometraje “Pequeño Gran Hombre”, se hacen muy buenas reflexiones sobre los temas que se abordan en esta ocasión.
La familia y la sexualidad son otras cuestiones que requieren ser reinventadas. Engels, en su obra “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” y Marx, en el “Manifiesto del Partido Comunista” dijeron lo necesario al respecto. Entre otras cosas, que la familia individual, presidida por el derecho de herencia, y una economía individualista, habría de ceder el paso, dado una sociedad superior, a otra forma que garantizara ser la unidad económica de la sociedad de forma humana. Hace poco escuché en un programa a un experto hacer la siguiente profunda reflexión, somos prescindibles en todo, menos en la familia, si faltamos, nadie puede sustituirnos en el papel de padre (o madre), de hijo (o hija), de esposo (o esposa), etc. Es decir que, si alguien se va, por accidente, necesidad o irresponsabilidad, muchas personas van a sufrir, a enfermar, a penar etc. de varias maneras, incluida la económica. Les va a faltar permanentemente amor, comprensión, apoyo y otras formas imprescindibles de alimento humano. ¿Es esto justo? La sociedad no debía estar organizada de forma tal que si, por accidente, enfermedad, o lo que sea, temporal o definitivamente, falta una determinada persona, implicada en una serie de relaciones afectivas y hasta económicas, otra u otras puedan suplirla, de forma que se garantice la felicidad de todos los implicados en su vida, es decir, que exista una verdadera seguridad humana existencial. La vida debía estar organizada de forma tal, que cada cual, pase lo que pase, tenga la posibilidad -y la realidad-, de ser pleno y feliz.
Otra vez, tal y como el Marx de los Manuscritos dejó bien claro, no se trata de problemas teóricos, sino prácticos: cuando los soviéticos se dieron cuenta de esto, y comenzaron a flexibilizar la vida para dar respuesta a estas cuestiones, (recuerdo un artículo de la revista Sputnik, en el que varias familias individuales se unieron en la vida cotidiana, haciendo común el cuidado de los hijos, la elaboración de los alimentos etc. con vistas a humanizar su vida) ya era tarde, y fueron absorbidos por la manía burguesa de enriquecimiento, el afán de lucro y otros valores diabólicos o de clase.
Valgan estas breves líneas como simple motivación de análisis y experimentación activa. Los Comunistas y Socialistas del siglo XXI no descuidaremos estos aspectos de la visión existencial. La subjetividad también constituye un aspecto trascendente de la existencia individual y social de los seres humanos. Y la revolución espiritual una imperiosa necesidad del mundo nuevo.

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