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El Blog de la Polilla Cubana
para compartir contigo noticias de Cuba y del mundo

Categoría: Organismos internacionales

23/10/2009 GMT 1

Jaque mate a la mentira

polillabaez @ 23:20

"La 'grave' situación de los derechos humanos en Honduras tras el golpe de Estado de junio así como la violación a las libertades en Cuba serán abordadas en el período de audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), del 2 al 6 de noviembre".
Por supuesto queridos lectores, que no es una broma esta nocticia que conocemos a través de la red de distribución del Abogado José Pertierra, sus "Newcapsules"...

La Comisión Internacional de Derechos Humanos se reunirá nuevamente y esta vez se entrecomilla la gravedad de los sucesos en Honduras: ¿Lo hace AFP para citar textualmente, o para poner en duda que así sea?. No aclara la nota cuántas audiencias dedicará la Comisión a Honduras... pero sí que dedicara más de dos a Venezuela y tres a Cuba para discutir los casos de ¡¡torturas!! en nuestro país.

Realmente, poca credibilidad le damos a este Organismo Internacional, uno más para recoger las historias truculentas que los clowns pagados por el imperio -fotos trucadas y videos manipulados mediante-  siguen intentando situar en cuánto sitio pueden para manchar la imagen de la Revolución, a despecho de la burla internacional.

A esta nueva jugada contra Cuba, ¡también le daremos jaque mate!



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Situación de DDHH en Honduras y Cuba en período de audiencias de la CIDH

La "grave" situación de los derechos humanos en Honduras tras el golpe de Estado de junio así como la violación a las libertades en Cuba serán abordadas en el período de audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), del 2 al 6 de noviembre.

Asimismo, serán tratados durante las más de 50 audiencias la precaria situación de los homosexuales e indígenas, la regulación de la radiodifusión y el estado de la libertad de expresión en varios países de América Latina, informó el secretario ejecutivo Santiago Cantón.

La CIDH, ente independiente de la Organización de Estados Americanos (OEA) con sede en Washington, revisará "la grave situación en diversas zonas" de Honduras, donde numerosas ONG han denunciado violaciones a los derechos humanos desde el golpe de Estado del 28 de junio, dijo Cantón.

La comisión, que visitó Honduras para constatar la situación en el terreno, ha condenado la represión en Honduras y ha ordenado medidas de protección para el presidente derrocado Manuel Zelaya y numerosas otras personas que considera están en situación de riesgo.

La CIDH dedicará tres audiencias a Cuba, en las que serán discutidos los temas de torturas, la restricción a la libertad de prensa y a la salida y entrada a la isla y la situación de los líderes sindicales independientes.
"Antes el contenido de las audiencias (sobre Cuba) era más político, ahora se enfocan más en casos específicos" de violaciones de derechos humanos, indicó Cantón.

Cuba no es un miembro activo de la OEA, por lo cual no envía representación para servir de contraparte en las audiencias, como sí es el caso del resto de los países.

Como ha sido constante en los períodos de audiencias de los últimos años, la situación en Venezuela ocupa también varias sesiones, dos de las cuales serán a puertas cerradas, para proteger a los demandantes.

du/jz/mg

23 de Octubre de 2009, 04:16PM ET
WASHINGTON, 23 Oct 2009 (AFP)
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Courtesy of Attorney José Pertierra
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10/10/2009 GMT 1

¡¡Vamos, yanquilandia, regocijaos: No les dio las Olimpiadas, pero les trajo el Nobel!!

polillabaez @ 07:11

Por Rosa C. Báez

 

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Hay en Cuba un spot televisivo que relata la historia de un adolescente que no obtiene las mejores notas en la escuela, pero igual sus padres, que ya habían comprado el regalo de fin de curso, se lo dan… para que mejore en el próximo… y les juro que cuando oí lo del Premio de Sonrisas Obama, fue lo primero que me vino a la mente…
 

Periódicos como ABC.com y el País, de España, han armado en sus páginas digitales encuestas cuyos resultados estoy segura que no esperaban: en la tarde de hoy 9 de octubre, El País indicaba un 66% por un “No, todavía no ha hecho nada” y un 31% por el sí al Nóbel, y ABC iba más lejos al contabilizar un 87,11% por el “No tiene méritos suficientes”, contra un 12,89% por el “sí, ha trabajado por la estabilidad internacional”.encuesta-nobel-obama-2.JPG

 

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Personalidades como Adolfo Pérez Esquivel, el cineasta Michael Moore, la senadora Piedad Córdoba, cuestionan la pertinencia del “regalo” y mueven a risa las palabras de Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al decir que "el presidente Obama encarna el nuevo espíritu de diálogo y compromiso con los mayores problemas del mundo: el cambio climático, el desarme nuclear y una amplia gama de desafíos sobre la paz y la seguridad": por eso instaló 7 bases en Colombia, espera enviar a un nuevo buen lote de soldados a Afganistán, no ha tomado iniciativas para abolir la pena de muerte, ha aumentado los gastos militares un 4% con respecto al pasado año y ha dejado en agua de borrajas el cierre de la cárcel de Guantánamo. Eso para no mencionar que ha dado oidos sordos a la liberación de los Cinco y ha prorrogado, también desatendiendo el clamor internacional, el bloqueo contra Cuba.
 

El Nobel de la Paz ha sido entregado: por supuesto, no entraría en las reglas del “juego” entregar la dorada presea a quien durante 50 años tanto ha hecho por un mundo mejor, como propusiera en el año 2001 diputado de izquierda noruego, Hallgeir Langeland... 
 

Sabemos que Obama tratará de hacer lo mejor posible lo único que –para mí- realmente desea hacer: mejorar la imagen pública de Estados Unidos, lograr algunos cambios que le atraigan votos para una futura reelección, y llegar vivo al final de su Presidencia.

 

 Y termino estas breves ideas con unas frases que pronunciara en una de sus Reflexiones, en enero de este año, nuestro Comandante en Jefe: 

“A pesar de todas las pruebas soportadas, Obama no ha pasado por la principal de todas […] ¿Qué hará cuando el inmenso poder que ha tomado en sus manos sea absolutamente inútil para superar las insolubles contradicciones antagónicas del sistema?”.

17/07/2009 GMT 1

Agradece Raúl solidaridad de los No alineados con Cuba

polillabaez @ 03:47

16/07/2009 GMT 1

Confirmada Irán como sede de XVI cumbre NOAL en 2012

polillabaez @ 16:11

iran_foto-pablo-pildain-xv-mnoal.JPG(PL) La República Islámica de Irán será sede de la XVI cumbre del Movimiento de Países No Alineados (NOAL), prevista para efectuarse en 2012 en Teherán, según acordaron hoy por aclamación los asistentes a la cita de Sharm El-Sheikh.

El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, señaló en la clausura de la XV cimera de jefes de Estado y Gobierno que la nación persa recibió el respaldo de los 118 países miembros del grupo para organizar la reunión trienal en su capital.

Al agradecer la elección de su país, el canciller iraní, Manouchehr Mottaki, describió como "un privilegio" compartir con Cuba y Egipto en la Troika de los NOAL en los próximos tres años.

"Haremos todos los esfuerzos posibles y preparativos para mostrar la calidez de los iraníes. Esperamos ser capaces de cumplir con las expectativas que tienen los invitados", indicó Mottaki.

Dijo confiar en que cuando Irán asuma la presidencia del Movimiento, en 2012, contará con el apoyo de todos y se esforzará por llevar adelante la causa común de los países miembros, además de cumplir con las responsabilidades inherentes a ese alto cargo.

El titular de Exteriores agradeció a Qatar, país asiático que también aspiró a ser sede de la XVI cumbre, por "su apoyo y cooperación" al declinar la candidatura y permitir la elección iraní.

Al término de la cita en este balneario de la península del Sinaí, en la costa del Mar Rojo, se confirmó para diciembre próximo la reunión ministerial para el desarrollo del diálogo entre las religiones, así como otra sobre el papel de la mujer, en 2010.

pgh/Ucl
 
http://www.granma.cubaweb.cu/2009/07/16/interna/artic07.html

Intervención del mandatario cubano en la XV Cumbre del MNOAL

polillabaez @ 01:59

Intervención del General de Ejército y Presidente de la República de Cuba en la XV Cumbre del MNOAL en Egipto

Texto íntegro de la intervención del mandatario cubano al entregar la presidencia del Movimiento de Países No Aliniados al dignatario egipcio, Hosni Mubarak

noal-ain_cris-bouroncle_afp.JPGExcelentísimo Sr. Mohamed Hosni Mubarak, Presidente de la República Árabe de Egipto:

Distinguidos Jefes de Estado y de Gobierno:

Señoras y señores:

Deseo expresar, en nombre de mi delegación, el agradecimiento al gobierno y pueblo egipcios por la excelente acogida que nos han brindado. Estamos convencidos que de esta XV Conferencia Cumbre saldrá aún más fortalecido el Movimiento de Países No Alineados, y Cuba apoyará plenamente la labor de Egipto al frente del mismo.
Es un honor para nuestro país entregar el liderazgo del Movimiento a Egipto, uno de sus fundadores. Desde el primer momento, la Revolución Cubana encontró amistad y apoyo en esta nación árabe, con la que este año celebramos seis décadas de ininterrumpidas y fraternales relaciones.

No olvidamos el noble gesto del Presidente Gamal Abdel Nasser, uno de los padres de la no alineación, de visitar al compañero Fidel Castro Ruz, entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, cuando ambos coincidieron en Nueva York en 1960 para participar en el XV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y el líder cubano recibía un trato discriminatorio e insultante por parte de las autoridades norteamericanas.

La Reunión Ministerial del Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados, celebrada en La Habana entre el 27 y el 30 de abril del presente año, cumplió su principal objetivo de preparar esta XV Conferencia Cumbre. Los ministros y jefes de delegaciones allí reunidos, consensuaron posiciones sobre los temas más apremiantes para la humanidad y en particular para los países en desarrollo.
La Declaración Especial sobre la Crisis Económica y Financiera Mundial, adoptada en dicha Reunión, es un testimonio de la trascendencia de los debates y de nuestra decisión de participar concertadamente en la solución de los problemas internacionales. El Movimiento ha confirmado su convicción de que todos los países del mundo, deben tomar parte en la búsqueda de soluciones efectivas y justas a la actual crisis.

Como expresamos en La Habana,  los países en desarrollo son los más  afectados por la crisis económica global.  Cientos de millones de personas en el mundo, particularmente en nuestras naciones, son víctimas del analfabetismo, el desempleo, el hambre, la pobreza y enfermedades curables, que hacen que los seres humanos residentes en el Sur del planeta, estén condenados desde que nacen a vivir menos y peor que quienes habitan el Norte industrializado.

Paradójicamente, como casi siempre ocurre, fue en los países ricos donde se originó la actual crisis,  consecuencia de los desbalances estructurales y la irracionalidad de un sistema económico internacional basado en las leyes ciegas del mercado, el egoísmo, el consumismo y el derroche de unos pocos a costa del sufrimiento de nuestros pueblos.

Reclamamos la construcción urgente de una nueva arquitectura financiera internacional, basada en la participación real de todos los países, en especial de las naciones en desarrollo. La actual crisis no se resuelve con medidas cosméticas que en el fondo intentan preservar el sistema económico actual plagado de graves deficiencias, injusto, carente de equidad e inefectivo. La solución a la crisis económica global pasa necesariamente por la refundación del sistema monetario internacional.

Se debe lograr un patrón de referencia monetaria que no dependa de la estabilidad económica, la legislación o las decisiones políticas de un solo Estado, por muy poderoso e influyente que sea.

Varios países, entre ellos Cuba, apoyaron esta posición en la reciente Conferencia de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre el impacto de la crisis económica y financiera en el desarrollo.

El nuevo sistema deberá reconocer las condiciones particulares de los países en desarrollo y otorgarles un trato especial y diferenciado, así como  promover un orden económico internacional justo y equitativo que se sustente en el desarrollo sostenible, cuyas instituciones estén subordinadas al sistema de las Naciones Unidas.

Excelencias, señoras y señores:

Tengo el honor de presentarles el Informe de Cuba sobre las actividades del Movimiento de Países No Alineados en los últimos tres años. El documento, amplio y detallado, será distribuido a todas las delegaciones. El ejercicio de la Presidencia nos ha confirmado, como conclusión más importante, que la unidad y la solidaridad entre los países que integramos el Movimiento constituyen requisitos imprescindibles para potenciar el impacto de nuestras posiciones.

La fuerza del Movimiento radica en su capacidad de alcanzar consensos como resultado de debates francos. Todos los miembros  han tenido la oportunidad de participar en la formulación y defensa de nuestros acuerdos y líneas de acción. El éxito radica en afianzar la unidad que emana de la diversidad que nos caracteriza.
En 1961 éramos 25 países en el Movimiento, Cuba el único latinoamericano. Hoy somos 118 Estados miembros, por tanto, constituimos mayoría en la comunidad internacional. Pero no sólo hemos crecido en número, además la historia ha demostrado la justeza de nuestras aspiraciones y metas. Nuestras reivindicaciones no pueden ser ignoradas, ni las decisiones sobre los principales problemas que afectan a la humanidad podrían adoptarse sin la participación activa del Movimiento.
Los desafíos comunes para los países no alineados son graves y numerosos. Nunca antes el mundo fue tan desigual y las inequidades tan profundas. Pero junto a los retos ha crecido también la capacidad de resistencia y la fuerza de nuestro Movimiento.

Hemos enfrentado amenazas y agresiones, condenado tratos injustos en el comercio y las finanzas internacionales, y exigido nuestra participación plena en las principales instancias de gobernabilidad mundial. Una parte decisiva de la Presidencia cubana coincidió con uno de los gobiernos más agresivos, hegemónicos y violador del derecho internacional que haya existido en Estados Unidos.

La actuación del Movimiento, aun en las más complejas circunstancias, ha estado guiada por los principios fundacionales de Bandung y, en una etapa más reciente, por la “Declaración sobre los propósitos y principios y el papel del MNOAL en la coyuntura internacional actual”, adoptada en la XIV Conferencia Cumbre de La Habana. Ambos documentos brindan una base programática para enfrentar de conjunto los enormes desafíos planteados para luchar por un mundo mejor, donde el derecho de nuestros pueblos a la paz, la libre determinación y el desarrollo sea respetado.

Es importante continuar evaluando de modo sistemático los mecanismos y la metodología del MNOAL, para emplearlos al máximo de sus potencialidades. El liderazgo de la Presidencia es crucial. Su autoridad se consolida al facilitar el consenso y la firmeza en la defensa de los acuerdos adoptados y su aplicación.

Los acuerdos alcanzados se mantendrán como legado al Plan de Acción del Movimiento de Países No Alineados.  La promoción del multilateralismo y la democratización de las relaciones internacionales, el pleno respeto a la Carta de las Naciones Unidas y al Derecho Internacional, son consustanciales a la existencia misma y al efectivo desempeño del Movimiento. Hemos rechazado los métodos antidemocráticos, la falta de transparencia, los obstáculos a la participación plena y la discriminación en las deliberaciones y negociaciones multilaterales.

El MNOAL debe estar presente en todo escenario multilateral relevante para defender los intereses de los países en desarrollo. Su objetivo no será nunca la competencia, sino la complementación con otros mecanismos de concertación de los países del Sur.

Un avance sustancial en este sentido se ha producido en la labor del Comité de Coordinación Conjunto del MNOAL y del Grupo de los 77, instrumento que se consolida y cuyo impacto crece, por lo que debe continuar recibiendo todo nuestro apoyo.

Preservar la paz y la seguridad internacionales debe seguir siendo una prioridad fundamental del Movimiento. Permanece como meta pendiente y urgente la eliminación total de las armas nucleares y otras armas de exterminio en masa. 
Estamos lejos de alcanzar nuestros objetivos en éste ámbito y se requiere seguir trabajando hasta lograrlos.  Resulta irracional que mientras se incrementan a un ritmo vertiginoso los gastos militares anuales, que ya alcanzan la escalofriante cifra de 1 millón 464 mil millones de dólares, casi el 60% concentrado en un solo país, el número de hambrientos en el planeta se aproxima a los mil millones.

Los recursos que hoy se destinan a la industria de la guerra deben ser utilizados en la educación, la salud y la cultura, en el bienestar económico y social de nuestros pueblos. Para ello se necesita voluntad política y compromiso real. Se requiere la renuncia a los proyectos hegemónicos, a la amenaza y uso de la fuerza, al egoísmo y al derroche irracional de unos pocos. Poner fin a un orden internacional basado en el ejercicio de pretensiones imperiales.

Otra prioridad del Movimiento de Países No Alineados ha sido asegurar una mayor participación del Sur en las labores y el proceso de toma de decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Se han logrado avances en el desempeño del Caucus No Alineado en ese órgano. Sin embargo, aún queda mucho camino por andar. No estamos aprovechando todas las potencialidades actuales y nuestra actuación todavía no tiene un peso decisivo en los acuerdos que allí se adoptan. Por supuesto, hay problemas estructurales que sólo podrán ser superados con una profunda democratización del Consejo de Seguridad, como parte de la reforma que requiere la ONU.

El funcionamiento estable y dinámico del Buró de Coordinación y la consolidación de sus ocho Grupos de Trabajo, han permitido el afianzamiento de las posiciones de los países no alineados en procesos clave en el marco de las Naciones Unidas. Las decisiones del Buró de Coordinación en Nueva York tienen cada vez mayor alcance y trascendencia.

El apoyo a la justa causa palestina y las de otros pueblos árabes ocupados ha estado y continuará en el centro de las acciones del Movimiento de Países No Alineados. No hemos vacilado en condenar las agresiones y crímenes de Israel, la potencia ocupante. No descansaremos hasta ver cumplidas las reivindicaciones de nuestros hermanos palestinos y árabes. No existe otro camino que el diálogo y la negociación para lograr una paz justa y duradera en toda la región del Medio Oriente, que pasa ineludiblemente por la fundación de un Estado palestino independiente, con Jerusalén Oriental como capital. 

El Movimiento de Países No Alineados tiene el compromiso de continuar apoyando a uno de sus miembros, el pueblo hermano de la República de Honduras en su lucha contra el brutal golpe de estado que usurpó el poder al gobierno constitucional de ese país. Tiene también el deber de exigir que se cumpla el acuerdo de la Asamblea General de Naciones Unidas, de restablecer en su cargo al presidente José Manuel Zelaya, sin las condiciones humillantes que pretenden imponerle y continuar denunciando la represión y el asesinato de nuestros hermanos hondureños.

El Movimiento se ha reactivado en la UNESCO. Existe suficiente margen para continuar fortaleciendo y consolidando su actuación en esa Organización, donde los esfuerzos de los países no alineados son fundamentales para hacer realidad objetivos tan imprescindibles como la educación para todos, el respeto a la diversidad cultural, la preservación del patrimonio cultural de la humanidad, el cese del robo de cerebros a nuestros países del Sur y la superación de la enorme brecha entre naciones pobres y ricas en materia de información y comunicación.

El Movimiento de Países No Alineados es un actor imprescindible en el Consejo de Derechos Humanos, el Organismo Internacional de la Energía Atómica y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.  Debemos prepararnos para la revisión institucional del Consejo de Derechos Humanos. Nuestro objetivo es preservar el enfoque de cooperación, respeto y diálogo, para la promoción y protección de los derechos humanos para todos. No podemos permitir que el Consejo retorne a las prácticas que terminaron hundiendo en el descrédito a la extinta Comisión de Derechos Humanos.

Particular importancia tienen los avances producidos en la coordinación de nuestro accionar en la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo. Así lo exige la trascendencia para los países en desarrollo de los temas que allí se debaten. Con la celebración de las reuniones anuales de nuestros ministros de Salud y de Trabajo, y las decisiones en ellas adoptadas, el Movimiento ha dado un impulso esencial a la defensa de los intereses del Sur en dichas organizaciones internacionales.

En la OMS, por ejemplo, tenemos objetivos apremiantes por delante, como detener la muerte cada año de 10 millones de niños por enfermedades prevenibles; revertir la diferencia de 40 años en la expectativa de vida entre países más ricos y más pobres; ampliar la formación de personal sanitario en las naciones en desarrollo; y exigir mayor atención a las enfermedades que afectan a nuestros pueblos.

Cuba es un pequeño país en desarrollo al que no le sobran los recursos y además ha sufrido el más prolongado, abarcador y cruel sistema de sanciones unilaterales por parte de un poderoso Estado.

Pese al reclamo casi unánime de la comunidad internacional, el rechazo de su propio pueblo y las promesas de cambio del nuevo Gobierno de los Estados Unidos, la realidad es que hoy se sigue aplicando contra Cuba, con el máximo rigor, el ilegal bloqueo impuesto hace casi cinco décadas.

Nuevamente expresamos nuestra gratitud por la solidaridad de los países que mantienen la firme posición de demandar el cese inmediato de esa injusta política, cada vez más insostenible moralmente, que multiplica para mi patria los efectos de la crisis financiera y económica mundial.

Aun en esas difíciles condiciones, nuestro pueblo ha demostrado modestamente cuánto se puede hacer, cuando existe voluntad política, en materia de solidaridad y cooperación internacional, particularmente en el ámbito de la salud.

Casi 51 mil colaboradores cubanos trabajan en 98 países para salvar vidas y prevenir enfermedades, o contribuir al desarrollo. Más de 32 mil jóvenes de 118 Estados, principalmente del Tercer Mundo, estudian gratuitamente en nuestros centros educacionales, el 78% la especialidad de medicina. 

Esas cifras representan sólo una ínfima parte de lo que pudiera lograrse si el egoísmo diera paso a la cooperación y solidaridad, si nos unimos para luchar contra un sistema de explotación y saqueo que tiende a reproducir el subdesarrollo y ampliar la distancia entre un reducido grupo de naciones ricas, donde reside apenas el 20% de la población mundial, y una vasta periferia integrada por nuestros países, donde habita el 80% de la humanidad.

Estamos convencidos de que un mundo mejor es posible. En la lucha por conquistarlo, el Movimiento de Países No Alineados está llamado a desempeñar un papel fundamental.

Si alentador resulta todo lo que hemos logrado juntos, más importante es que estemos concientes de los enormes desafíos que están por delante.

Hace 6 años, al agradecer en Kuala Lumpur la decisión adoptada por la XIII Cumbre de designar a Cuba como Presidente del Movimiento a partir del 2006, el Comandante en Jefe Fidel Castro aseguró que desde esa posición Cuba estaba dispuesta “a trabajar para consolidar la acción del Movimiento, dentro y fuera de las Naciones Unidas, en la lucha por la paz, la justicia, la igualdad de oportunidades, el respeto a los principios del Derecho Internacional que siempre ha estado en la base misma del Movimiento y en la lucha por el desarrollo y contra un orden económico y financiero internacional que nos margina y nos hace cada vez más pobres y dependientes”.

Con el sano y humilde orgullo del deber cumplido, hacemos entrega a Egipto de la presidencia de nuestro Movimiento. Más allá de las múltiples insatisfacciones que tenemos, ante todo lo que pudimos hacer mejor, podemos afirmar que contamos con un Movimiento revitalizado, que continuará desempañando el importante papel que le corresponde en el mundo actual.

Reitero, en nombre del Gobierno y el pueblo cubanos, el agradecimiento a todos por el apoyo que nos brindaron durante estos tres años. Pueden estar seguros que nuestro compromiso con el Movimiento de Países No Alineados permanecerá inalterable. 

Reafirmo nuestra más sincera amistad y reconocimiento a cada uno de ustedes, con los que hemos compartido trincheras en el combate al colonialismo, el apartheid, el intervencionismo, el armamentismo, la explotación económica, las enfermedades y el analfabetismo, y de quienes hemos recibido siempre solidaridad en la justa lucha de mi pueblo por preservar su soberanía,  independencia y superar los ilegales obstáculos impuestos unilateralmente a su derecho al desarrollo.

Sólo me resta, y me honra hacerlo, proponer a esta plenaria elegir por aclamación como nuevo Presidente del Movimiento de Países No Alineados, al Excelentísimo Sr. Mohamed Hosni Mubarak, Presidente de la República Árabe de Egipto.

Entiendo que todos están de acuerdo. Mis felicitaciones para el nuevo Presidente y nuestros mayores deseos de éxito.    

Muchas gracias.

Inaugura presidente cubano XV Cumbre MNOAL

http://videos.co.cu/videos/raulinauguracumbremnoal.wmv

28/06/2009 GMT 1

Repudia la FELAP atropello a periodistas y golpe de Estado en Honduras

polillabaez @ 22:16

Repudia la FELAP atropello a periodistas y golpe de Estado en Honduras: Declaración de prensa felap.jpgLa Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) repudia enérgicamente el atropello de que han sido objeto los periodistas por las fuerzas militares y el golpe de Estado que se produjo en Honduras contra el presidente constitucional Manuel Zelaya. La FELAP condena el desconocimiento por las fuerzas retardatarias oligárquicas y militares de la voluntad del pueblo hondureño, cuyo proceso constitucional ha sido alterado para impedir que se exprese la voluntad popular en las urnas, como estaba previsto hoy. Repudiamos, a nombre de los 80 mil periodistas que conforman nuestra organización, el atropello a que han sido sometidos los colegas que se encuentran en Honduras tratando de ofrecer la información veraz a los pueblos del mundo ante la sedición militar. La FELAP también se solidariza con los periodistas y los trabajadores de la televisión estatal, canal 8, silenciada por los militares golpistas, a la vez que rechaza la complicidad de ciertos medios de comunicación con la oligarquía económica y militar de Honduras en este proceso de desestabilización de las aspiraciones democráticas de la nación centroamericana.  Juan Carlos CamañoPresidente    Nelson del CastilloSecretario General Adjunto A 27 de junio de 2009  

26/06/2009 GMT 1

Cuba, la OEA y los paraperiodistas

polillabaez @ 20:52

logo-cuba-oea.JPGDado el interés que ha despertado la extensa saga que el ensayista y filósofo cubano Orlando Cruz escribiera con motivo de ciertos comentarios mal intencionados de uno de los tantos paraperiodicos al servicio del imperio, sobre el tema de Cuba y la OEA, les dejamos los vínculos de las VI partes de la respuesta de Orlando, verdadero ensayo investigativo: 

 

"La OEA se está yendo a bolina, como un viejo cometa que ya no posee ningún viento a favor y el timonel, los EE.UU:, está desprestigiado y deteriorado moralmente. No podremos regresar jamás, porque continúa siendo un instrumento de los círculos de poder estadounidenses, con su denigrante “Carta Democrática” y la “gobernalidad democrática alterna de los partidos burgueses”. El Ministerio de Colonias Yanqui fue rebasado y desbaratado por los pueblos que marchan con Cuba y con la América Nuestra. Ahora sí podemos pretender la creación de una organización latinoamericana-caribeña sin la presencia de los Estados Unidos de América.

 

Esperamos que los señores del diario “El Nacional” lean y aprendan algo de esta lección histórica y política, y cesen con sus histerias y mentiras fraudulentas contra América Latina y el Caribe, y contra Cuba revolucionaria y socialista. Si no se han percatado de los cambios de época o la época de cambios que vive el subcontinente serán inexorablemente barridos por la historia. Y de eso se encargará el pueblo bolivariano y revolucionario de Venezuela".

 

Las mentiras de la derecha continental (I)
Las mentiras de la derecha continental II
Las medidas de la derecha continental III
Las mentiras de la derecha continental IV
Las mentiras de la derecha continental V parte
Las mentiras de la derecha continental VI parte y final

Las mentiras de la derecha continental VI parte y final

polillabaez @ 19:50

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos VI parte y final

Por Orlando Cruz Capote*

 

caricatura-oea.jpgPor otro lado, los países centroamericanos y Venezuela -esta última había roto las relaciones de todo tipo con Cuba, el 11 de noviembre- se alinearon junto a la propuesta colombiana. El Embajador de Guatemala dio la mejor muestra del sentimiento anticomunista y reaccionario que primó en las exhortaciones y ataques al decir que “[...] Todo enfoque a la crisis cubana que signifique amnistía interamericana no es realista, ni práctico, ni operante, ni está en concordancia con nuestras insoslayables responsabilidades históricas. Estamos deliberando y actuando, si me permiten la expresión, con tiempo prestado.” (Acta de la Sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 14 de diciembre de 1961. OEA/ Serie G/61, Documento 13, p. 7; en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba).

 

Por su parte, el Presidente de Venezuela Rómulo Betancourt, sumándose al concierto anticubano envió una Nota al Secretario General de la OEA, en la que con una doble moral y oportunismo de baja laya señaló que su gobierno era contrario a la idea de la intervención unilateral de cualquier país americano en Cuba, pero que el problema en su conjunto debía ser analizado y debatido ya que Cuba venía perturbando la tranquilidad política del hemisferio.

 

Concordando por iniciativa propia, dado el carácter oligárquico burgués de estos regímenes, o debido a las presiones y sobornos norteamericanos, los gobiernos latinoamericanos y caribeños demostraron que no estaban en condiciones per se de convivir con el ejemplo revolucionario, nacional liberador y socialista cubano. La historia volvió a corroborar que la reacción capitalista internacional (incluyendo la regional) hace siempre una “Santa Alianza” contra cualquier intento de construcción de un modelo de pluralismo ideopolítico diferente, que cuestione de raíz el status quo burgués y la sacrosanta propiedad privada. La miopía política de los regímenes latinoamericanos fue total como también su posición contrarrevolucionaria a toda ultranza.

 

Un nuevo elemento en la agenda de la discusión acerca del peligro a la paz y la seguridad hemisférica lo expuso Cuba en una Nota enviada al Presidente del Consejo de la OEA, el recién nombrado canciller colombiano, Alberto Zulueta Ángel, al plantear la necesidad de que se convocase una sesión extraordinaria para analizar los planes norteamericanos de realizar una operación militar-intervensionista en los asuntos internos de República Dominicana, luego del asesinato del dictador Trujillo y la desestabilización en ese país. El acto acusatorio cubano advirtió que, con el fin taimado de “garantizar un camino de transición hacia la democracia,” lo que trataban los EE.UU., era de obstaculizar la actuación del movimiento democrático, popular y progresista en los cambios futuros de ese país. La moción cubana creó un gran embarazo en la sede de la OEA, pues si en el caso cubano se habló de hipotéticas amenazas a la paz y la seguridad colectiva, en el problema dominicano estos planes ingerencistas conjuntos eran reales. La denuncia dejó al desnudo la violación de numerosos artículos de la Carta del organismo interamericano y del propio Tratado de Río, por parte de los EE.UU. Pero la respuesta del representante norteamericano fue completamente hipócrita al declarar los propósitos “humanitarios” de la presencia de 15 barcos de guerra y de los cien aviones de combate cercanos a las costas quisqueyanas. Y se quejó indignado de que el Gobierno Revolucionario cubano había hecho pública su acusación también en la ONU.

 

La polémica en la OEA, se elevó de tono a raíz de la intervención cubana en las Naciones Unidas, realizada por el Canciller cubano Raúl Roa, en la que se apoyó la posición de la Unión Soviética de un desarme general y completo a través de un control internacional en contraposición a la posición norteamericana de reducir el control a la esfera de los armamentos. También la línea de principios de la política exterior cubana fue partidaria de restituir los derechos en la ONU, de la República Popular China, de concertar un pacto de no agresión entre los dos bloques militares, la celebración de un tratado de paz entre los dos Estados alemanes, la desaparición del colonialismo en todas sus formas y la abolición de las bases militares extranjeras establecidas en contra de la voluntad de los gobiernos y pueblos. En una profética demanda de nuestros días, el delegado cubano, llamó a la necesidad de reformar las estructuras democráticas de la ONU y de su Consejo de Seguridad, propiciando la entrada de nuevos miembros de las regiones de Asia y África. Asimismo, el representante cubano reiteró las acusaciones referentes a la hostilidad de EE.UU. contra Cuba y sus planes de agresión, en contubernio con los gobiernos latinoamericanos y caribeños miembros de la OEA. Y reafirmó con fuerza: “[...] Déjese a Cuba en paz y se verá como se extingue, de súbito, el foco de tensión internacional deliberadamente creado por el Gobierno de los Estados Unidos con ostensibles fines de reconquista y hegemonía.” (Raúl Roa García Posición de Cuba ante la situación internacional, intervención en la Asamblea General de la ONU, el 10 de octubre de 1961; en, Raúl Roa García  Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 267).

 

Sin embargo, los matices equívocos de la política exterior soviética y sus planes militares dieron margen a ciertas dudas sobre el alcance de su propuesta de desarme. La URSS, en ese propio mes de noviembre, había realizado un ensayo nuclear en la zona ártica y la comunidad internacional lo rechazó. El Gobierno de Uruguay aprovechó la ocasión para presentar un proyecto de resolución en la ONU contra la Unión Soviética, después en la OEA, apoyando la decisión de la Asamblea General y esperó la votación de la misma con la intención de conocer la posición cubana.

 

La delegación cubana explicó que jamás guardaría silencio, como era política desde el triunfo de la Revolución sobre cualquier aspecto internacional y que su postura no podía ser académica, frívola y oportunista, recordando que en la reunión de Belgrado (MNOAL) había firmado conjuntamente con 24 países un llamamiento a las grandes potencias para que concluyeran un urgente acuerdo de prohibición de las pruebas nucleares y termonucleares. Inmediatamente hizo un recuento histórico y político del inicio de la carrera armamentista y de las armas nucleares demostrando que la URSS había asumido una posición defensiva y justa ante las amenazas de las potencias occidentales, en especial, los Estados Unidos que poseían el arma atómica, la bomba de hidrógeno y que en esos momentos desarrollaba las pruebas de la futura bomba de neutrones. Y entonces, explicó su voto de no rechazo a la prueba desarrollada por la Unión Soviética, aunque confirmó su posición de que se suspendieran todos los ensayos en  la tierra, el mar y la atmósfera pero, por parte de todos y no de una potencia en particular, porque la paz y la seguridad mundiales eran una tarea de todos y también debía alcanzar a todos por igual. (Por ejemplo, Francia continuaba realizando ensayos nucleares y era una aliada militar de EE.UU.)

 

La verdad cubana acerca de quiénes eran los principales países que violaban los presentes y futuros acuerdos sobre las armas nucleares quedó confirmada cuando la delegación norteamericana votó, el 24 de noviembre, en contra de una resolución aprobada por la Asamblea General que declaraba que sería una violación a la Carta de la ONU, el usar armas atómicas en la guerra y que llamó a todos los miembros a que respetasen a África como una zona desnuclearizada. La posición cubana fue entonces clara y tajante, pero fue acogida con “júbilo” por las oligarquías gobernantes de la región y los EE.UU., como una prueba más de la alianza y la simpatía entre el Gobierno Revolucionario y la URSS. Todos los países latinoamericanos -conjuntamente a Estados Unidos y Canadá- votaron contra “el ensayo nuclear ruso” y Cuba quedó “aislada” en el seno de la OEA.  La respuesta norteamericana era de esperarse. Las autoridades de Washington estuvieron muy molestas e irritadas por las declaraciones cubanas ante la ONU, la participación de la Isla en la fundación del Movimiento de Países No Alineados en Belgrado, y por las visitas del Presidente Osvaldo Dorticós a la URSS y China, y por ello emitieron un documento que circularon en la OEA, llamando la atención sobre esos hechos como evidencia del complot cubano-chino-soviético contra el hemisferio.

 

La  hipocresía  y  la farsa  fueron corroboradas  tiempo  después  cuando  en  1972,  el ex-canciller de México, Manuel Tello, en su libro “México: una posición internacional”, planteó que el 19 de mayo de 1961 el Embajador de EE.UU., Thomas Mann, le solicitó una entrevista en la cual le dio a entender claramente la posición de su gobierno sobre el caso de Cuba. Se hacía necesario -le dijo Mann- resolver el problema cubano a través de una  intervención  directa y armada por parte del ejército de su país y las tropas regulares de algunos  países latinoamericanos y que tal acción debía  ser precedida por una Reunión de Consulta de la OEA en la que se aprobarían los siguientes puntos: 1) reconocimiento de que Cuba se había convertido en un Estado comunista y había caído en la órbita soviética; 2) como consecuencia de ello se romperían las relaciones diplomáticas, consulares y comerciales con Cuba; 3) creación de una patrulla aeronaval para vigilar e impedir que se enviaran tropas o elementos bélicos de Cuba para países latinoamericanos, y 4) constitución de un Comité de seis u ocho países que se encargaría de observar el cumplimiento de todas aquellas resoluciones relacionadas con Cuba y que al mismo tiempo, vigilaría que no se conculcara la libertad en América. Todo, como hemos demostrado en los párrafos anteriores, formó parte del gran plan para aislar, desacreditar, subvertir y destruir a la Revolución Cubana. Si las afirmaciones del ex-Canciller mexicano no fueran suficientes, los documentos de la “Operación Mangosta” son confirmatorios  acerca de lo que se orquestó alrededor y contra Cuba revolucionaria.

 

El 4 de diciembre de 1961, se decidió por una votación de 14 países a favor, 2 en contra y 5 abstenciones, la decisión que daba el visto bueno a la realización de la Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, a pesar de que se le negó el derecho a la palabra al Ministro de Relaciones Exteriores de México (el Canciller mexicano Vicente Sánchez Gabito protestó ante tal arbitrariedad y proclamó que parecería ser que la votación estaba ganada). Inmediatamente, el 6 de diciembre el Gobierno de los Estados Unidos envió a la Comisión Interamericana de Paz, un documento que contenía información sobre los vínculos de Cuba con el bloque chino- soviético. Al día siguiente, la susodicha comisión le preguntó a Cuba si aceptaba una visita para investigar en territorio cubano la veracidad de las acusaciones. La respuesta de la Isla fue digna y declaró que el acuerdo de la Comisión era una intromisión en los asuntos internos cubanos que no iba a ser nunca aceptada, que no era a Cuba a la que tenían que investigar y que si se proponían realizarla debían hacerlo  en pleno zafarrancho de combate.

 

Sin embargo, a estas alturas de la tensa discusión alrededor de Cuba, la reunión estuvo de hecho decidida. El largo recorrido del funcionario estadounidense Adlai Stevenson por la América Latina durante el mes de junio y las visitas de cancilleres y senadores, incluidos algunos presidentes latinoamericanos a Washington habían brindado a la Casa Blanca los resultados apetecidos. El viaje de John F. Kennedy por algunos países del subcontinente, Colombia y Venezuela,  a mediados de diciembre de 1961, fue el punto semifinal de la compra de los votos necesarios para sancionar a Cuba. Pero la batalla continuó. A fines de ese año, una delegación cubana presidida por el Viceministro de Relaciones Exteriores C. Olivares Sánchez realizó un periplo por varios países latinoamericanos con el fin de explicar la posición del país en relación con los principales problemas internacionales y de la región. Se trató de encontrar puntos de convergencia en asuntos comunes del derecho internacional e interamericano que imposibilitara una acción conjunta de América Latina contra el Gobierno Revolucionario. Por su parte, el Comandante en Jefe Fidel Castro, desde el 18 de enero de 1962, advirtió que la Isla asistiría a la cita interamericana “[...] a combatir por el derecho de los pueblos a la autodeterminación y a la soberanía nacional.” (En periódico Revolución, La Habana, 18 de enero de 1962,.  p. 1).

 La VIII Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA. La separación del Gobierno Cubano.  

La cita de los  cancilleres comenzó  el  22  de  enero de  1962 (hasta el día 30), en Punta del Este, Uruguay, (6) lugar que, por ironías del destino, también fue el escenario de la aprobación de la Alianza Para el Progreso. El discurso de apertura del Canciller costarricense dejó claro, desde el inicio, los fines anticubanos del cónclave al plantear que “[...] las amenazas a que se enfrenta el Sistema Regional por la introducción de doctrinas condenadas en anteriores conferencias [...] (recordar la Resolución 93, de Caracas, contra Guatemala) y llamó a “[...] los presentes a tomar las medidas que se requieran para la defensa de las instituciones americanas.” (Acta y Documentos de la Octava Reunión de Consulta de la OEA. Washington, D.C., 1962. OEA/Serie F/62, Documento 11, p. 3; en, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba).

 

En el mismo tono se expresó el Secretario General de la OEA, cuando en sus palabras de saludo, que fueron aún más allá de las que correspondían a un funcionario quien debió mantener una actitud imparcial, señaló las posibles posiciones e insinuó las futuras decisiones que debían tomarse. En su alocución el dirigente expuso sin ambages y, quizás en un ataque de sinceridad clientelista, los problemas que acarreaba la Revolución Cubana en el continente al aseverar que “[...] las inquietudes sociales y las pasiones de los pueblos se han abierto paso y están ahora presentes en los debates de la OEA.” (Idem, Documento 12, p. 12) Todo parecía, si no lo era, un libreto preparado en cada uno de sus detalles, pero la defensa de Cuba y las contradicciones dentro de las posiciones latinoamericanas introdujeron algunos cambios en el guión elaborado a priori. Rebatiendo el famoso informe de la Comisión Interamericana de Paz, Cuba argumentó la imposibilidad de que EE.UU. y los países que ya no tenían relaciones con ella, fueran juez y parte en el caso que los ocupaba a todos, porque ello violaba el Estatuto de la propia Comisión, en su Artículo 10 donde se precisaba que “[...] Ningún Estado miembro de la Comisión podrá actuar en tal carácter cuando sea parte interesada en un conflicto o controversia en que se haya solicitado la actuación de la Comisión.” (Idem, Documento 18, p. 22).

 

La respuesta de la Comisión fue de “indignación y ofensa” hacia la “ilustre” institución que había basado su información en fuentes y testimonios “serios a toda prueba” como lo podían ser las entrevistas concedidas por personas salidas de la Isla recientemente o que habían visitado el país en el último tiempo y por “[...] los valiosos datos aportados por los gobiernos de Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, Venezuela y Perú”, (Informe de la Comisión Interamericana de Paz a la Octava Reunión de Consulta de la OEA, Idem. p. 26), los que respondieron un cuestionario previamente elaborado que indujo y reprodujo las acusaciones del imperialismo yanqui contra Cuba. El susodicho documento, ilegal y falaz, acusó al Gobierno de La Habana de violar los derechos humanos, de promover actos subversivos que configuran atentados a la paz y la seguridad hemisférica y acentuó al final que “[...] los actuales vínculos de Cuba con los países del bloque chino-soviético como ostensiblemente incompatibles con los principios y normas que rigen el Sistema Interamericana.”  Tales ideas fueron las mismas que se habían elaborado como parte de la doctrina de política exterior de los norteamericanos desde los años cuarenta (teniendo a los nazis como objetivo) y que fueron corroboradas luego de la Guerra Fría con “la amenaza del comunismo internacional”, “las perturbaciones de la paz de las Américas”, “las amenazas a la seguridad, la paz y la integridad territorial de los países del hemisferio”, como sucedió en la Conferencia de Caracas en 1954. En los años que decursaron, desde 1959 hasta 1962, tal pensamiento dogmático y maniqueo se aplicó a Cuba con toda la intención y manipulación posible. El extremo sucedió en esta VIII Reunión de la OEA. En la misma estuvieron presentes el Presidente de Cuba Osvaldo Dorticós Torrado, y el Secretario de Estado de los EE.UU. Dean Rusk, lo que auguró un enfrentamiento entre ambos gobiernos y sistemas políticos al más alto nivel.

 

Los planes norteamericanos no salieron bien del todo desde el principio. En sus afanes de excluir o separar a Cuba de la OEA y de aplicarle sanciones diplomáticas, políticas, jurídicas, económicas y comerciales -incluidas las financieras- solo pudo llevarse a vías de efecto el primer objetivo. En su camino reaccionario no contaron con el apoyo de un grupo de países latinoamericanos que no respaldaron, por el momento, las sanciones económicas, jurídicas y comerciales y la ruptura de relaciones diplomáticas con el Gobierno de La Habana. Rápidamente en el seno del cónclave, se pudieron apreciar dos posiciones; un grupo de países como México, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Chile, en correspondencia con sus principios defendidos desde meses atrás, decidieron no coincidir con la denuncia colombiana y por lo tanto no aplicar sanciones a Cuba, el segundo grupo, compuesto por los países centroamericanos y las dictaduras del continente pujaron por las medidas más drásticas.

 

Las maniobras para lograr uno de los dos objetivos fueron variadas. A tales efectos, unos días antes el 12 de enero de 1962, en la cancillería brasileña se realizó una reunión con algunos gobiernos de la región para informar la posición del gigante sudamericano en la próxima reunión de la OEA. El pragmatismo político de este país fue impresionante al afirmar que, las fórmulas intervensionistas o punitivas que no tenían fundamentos jurídicos y que producen como resultado práctico el agravamiento de las pasiones y la exacerbación de las incompatibilidades, no podían esperar su aprobación. Y continuó exponiendo que “[...] Hemos observado con placer que de un modo general las Cancillerías Americanas coinciden en la condenación del recurso de sanciones militares contra el gobierno revolucionario. En primer lugar, la acción militar no dejaría de caracterizar una intervención por ser colectiva. En segundo lugar, la acción militar provocaría una justificada reacción en la opinión pública latinoamericana que favorecería la radicalización de la política interna de los países del Hemisferio y debilitaría los lazos de confianza mutua esenciales a la existencia misma del Sistema Interamericano. En el plano mundial, sería de temer repercusiones en otras áreas viniesen a deteriorar aunque fuese temporalmente las condiciones generales de paz [...] Las sanciones económicas parecerían también un remedio jurídico condenable, en los términos del Artículo 16 de la Carta, y políticamente ineficaz, ya que el comercio  de Cuba con América Latina no ha pasado, en sus promedios, del 4,5 % del volumen global de las exportaciones y el 9 % de las importaciones [...] El rompimiento de las relaciones diplomáticas -finalizó Brasil- que se explica en el cuadro de las medidas bilaterales, solo se comprendería multilateralmente, en el presente caso, como un paso al que siguieran otros mayores, ya que disminuiría la posibilidad de influir sobre el gobierno con el que se rompe, privaría a los disidentes del recurso humanitario del asilo y sacaría del plano continental la cuestión cubana para colocarla en el área del litigio entre Occidente y Oriente, cuando desearíamos que no trascendiese los límites del hemisferio”.

 

Si los párrafos anteriores pueden convencer a cualquier observador de una realpolitik, el complemento de ese análisis también advirtió, a los más confusos, que no se podía sancionar a Cuba, pero daba la clave para la idea de elaborar una proposición que no fuera aquellas enmarcadas jurídicamente en el Hemisferio y sobre la cual debía pronunciarse la próxima  reunión de  la OEA. Se  dio por  sentado  que  el  régimen cubano  podía adoptar  la  forma  de  un  gobierno  marxista-leninista y,  al mismo  tiempo,  se  dejó  “la   puerta  abierta”  para  proclamar la  “famosa”  tesis  de  la  incompatibilidad   entre  un régimen marxista-leninista y el Sistema Interamericano. Alrededor de esta concepción se debatieron los gobiernos en la VIII Reunión de Consulta de Cancilleres. Todos en mayor o menor medida apoyaron la concepción de la incompatibilidad. Las dudas estaban si esta nueva norma era un marco jurídico lícito para separar al Gobierno de Cuba de la OEA y aplicar las otras sanciones.

 

Muy tempranamente, el Secretario de Estado Dean Rusk, propuso en una intervención la necesidad de que la Conferencia debía “[...] proclamar la incompatibilidad del régimen cubano con los propósitos y principios del Sistema Interamericano” y en consecuencia “[...] excluirlo de participar en los órganos y organismos de dicho sistema.” (Informe de la Comisión Interamericana de Paz a la Octava Reunión de Consulta de la OEA; en Actas y Documento de la Octava Reunión de Consulta de la OEA. Washington, DC., 1962, OEA/Serie F/62, Documento 35, p. 13). Exigiendo, además, la suspensión de relaciones diplomáticas, consulares, económicas y de las comunicaciones de todo tipo con la Isla, así como la creación de una Comisión Especial de Seguridad que recomiende medidas individuales y colectivas contra cualquier  acto o amenaza de agresión, directa o indirecta, de las potencias chino-soviéticas o de otras que estén asociadas con esos países. En una falsa argumentación -que ya hemos aclarado anteriormente- D. Rusk, aseveró que el discurso de Fidel Castro del 1ro de diciembre de 1961, fue la mayor evidencia de que Cuba había “[...] roto definitivamente con sus hermanos de América [...] y le ha proporcionado al comunismo una cabeza de puente en el Hemisferio.” (Idem. p. 15). El Secretario de Estado norteamericano estuvo todo el tiempo preocupado por conocer si se obtenía el 75 %  de los votos-países  necesarios para aplicar las medidas de separación. Que por cierto, este Reglamento fue extraído del TIAR y llevado al marco de la OEA como forma de propiciar la sanción, lo que constituyó otra flagrante violación. La tarea de separar al Gobierno Revolucionario de la OEA no fue fácil en  ningún sentido, pues si la mayoría de los gobiernos estuvieron de acuerdo en este punto, un  grupo de ellos le “forcejeó” a los yanquis la venta del voto. Otros fueron muy presionados para que apoyaran esta expulsión. Los gobiernos de México junto a los de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Chile tuvieron una posición justa pero, a la vez, muy ambigua. Varios ejemplos pueden ilustrar estas aseveraciones. La intervención del Canciller mexicano, Manuel Tello no dejaba lugar a dudas acerca de una contradicción diáfana entre varias concepciones: “[...] Parece, pues, indudable que existe una incompatibilidad entre la pertenencia a la OEA  y una profesión política marxista-leninista [...] Con la misma energía con que defendemos el derecho de autodeterminación de los pueblos, del pueblo cubano, por consiguiente, sostenemos que es inconciliable la calidad de miembro de nuestra organización con la adopción de un régimen de Gobierno, cuyas características no son las de la democracia representativa”.

 

La tradicional “Doctrina Estrada” mexicana de no injerencia, intromisión e intervención en los asuntos internos de otros Estados y el derecho a la independencia y la autodeterminación nacional chocó con la ideologización extrema de la política exterior del gobierno burgués mexicano de ese momento. El delegado de Panamá, en un típico oportunismo, aunque apoyó la medida trató de imponer a los EE.UU. expuso que su gobierno vería de muy buen gusto abrir conversaciones sobre el Canal y la propiedad absoluta que poseían los norteamericanos sobre ese territorio istmeño.  En otro acápite tragicómico, el gobierno del dictador Duvalier puso reticencias en apoyar a los EE.UU. El juego, nada serio, era aprovechar la ocasión y vender su voto a un precio más alto, hecho que logró en los finales del cónclave al recibir mayores dádivas financieras por parte de Washington. Por su parte, los gobiernos centroamericanos, en especial los de Nicaragua y Guatemala se pronunciaron abierta e ingerencistamente sobre el tema y llamaron a “[...] devolverle al pueblo cubano su libertad, su fe, su religión, su moral, su derecho a seguir siendo cubano [...]”. Las presiones de los EE.UU., hicieron su mella en otro grupo de países. Blandiendo la amenaza de que los que no se uncieran a la política norteamericana verían afectados sus relaciones económicas con Washington y su participación en la Alianza para el Progreso, el Imperio del Potomac doblegó al grupo de países más proclives a no tomar medidas contra Cuba. Y aunque uno de ellos votó en contra (Cuba), el resto solo pudo abstenerse  (México,  Argentina,  Chile,  Ecuador,  Brasil y  Bolivia). 

 

Algunos de  estos gobiernos hicieron constar en el Acta Final -otra contradicción- que el acuerdo de excluir a Cuba carecía de fundamento legal y violaba lo establecido en la Carta de la OEA, que no contenía mecanismos que justificaran tal medida. Como colofón de la VIII Reunión de Cancilleres de la OEA, Cuba y su Gobierno Revolucionario fueron separados de la Organización Interamericana. Los votos 13 y 14 se los brindaron el régimen dictatorial de Haití y, también, la genuflexión y entreguismo de última hora del gobierno del Uruguay. De ello, quedó constancia en la Resolución No. VI que, además,  recomendaba “[...] la más continua vigilancia de parte de los países miembros [...] los que deben informar al Consejo de todo hecho o situación capaz de poner en peligro la paz y seguridad del Continente.”

 

Este intento de seguimiento fue muy peligroso para la Revolución Cubana y los movimientos revolucionarios en el subcontinente pues, a través de esta resolución y otras que se tomaron, la OEA se convirtió en una especie de policía en el hemisferio occidental al servicio de los EE.UU. aunque en contra esencialmente de Cuba. En la Resolución No. VIII, sobre las relaciones económicas, se resolvió “[...] suspender inmediatamente el comercio y tráfico de armas e implementos de guerra de cualquier índole con Cuba”, (Idem, Documento 68, p. 21) recomendando que esta prohibición debía extenderse también hacia otros artículos. Fue la antesala del bloqueo económico continental contra Cuba. Finalmente, la Resolución No. II, la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, aprobó la creación de una Comisión Especial de Consulta sobre Seguridad contra la acción subversiva del Comunismo Internacional que tuvo la misión de asesorar a los gobiernos de los países miembros de la OEA, para prevenir cualquier acto de agresión, subversión y otros peligros que provinieran de la continuada intervención de las potencias sino-soviéticas en el Hemisferio.

 

La posición de la delegación cubana fue digna y firme. El Presidente Osvaldo Dorticós expuso que “[...] la OEA se hace incompatible con la liquidación del latifundio, con la nacionalización de los monopolios imperialistas, con la igualdad social, con el derecho a la educación, con la liquidación del analfabetismo [...] y en ese caso Cuba no debe estar en la OEA.” Y en otro momento de su intervención expresó que “ [...] Podremos no estar en la OEA, pero Cuba Socialista estará en América; podremos no estar en la OEA, pero el gobierno imperialista de los Estados Unidos seguirá contando a 90 millas de sus costas con una Cuba revolucionaria y socialista [...] El Gobierno cubano ha reiterado su decisión de mantener una política internacional basada en el apotegma de José Martí, que nos recomendó: “Marchar con todo el mundo y no con parte de él”. Los que respeten a Cuba, encontrarán el respeto de Cuba. Los que quieran comerciar con Cuba, hallarán en Cuba una disposición a comerciar. Los que estén dispuestos a negociar las diferencias que existen con Cuba, verán a Cuba dispuesta a debatir esos diferendos con una agenda  abierta y  sin  limitación alguna. Pero si lo que  se pretende es que Cuba  se someta a las determinaciones de un país poderoso y de los que pueden ser sus instrumentos circunstanciales; si lo que se busca es que Cuba capitule, renuncie a las aspiraciones de bienestar, progreso y paz que animan su Revolución Socialista y entregue su soberanía; si lo que se intenta es que Cuba vuelva la espalda a los países que le han demostrado una amistad sincera y un respaldo cabal; si, en una palabra, se intenta esclavizar a un país que ha conquistado su libertad total después de siglo y medio de sacrificios, ¡sépase de una vez!: ¡Cuba no capitulará!“ (En revista Cuba Socialista, La Habana, 1962, pp. 98-99).  

 

La derrota de Cuba no era absoluta sino relativa y también temporal. El solo hecho que algunos países latinoamericanos no se plegaran a los derroteros estadounidenses de lograr sanciones de mayor envergadura contra el Gobierno Revolucionario puede considerarse un triunfo de la diplomacia cubana en aquel contexto histórico. La victoria de los EE.UU., sin menospreciar su alcance y objetivos reales, fue pírrica en lo que a Cuba se refiere, por cuanto sus propósitos siempre tuvieron un mayor contenido. En un primer momento, la exclusión del Gobierno de la Isla de la OEA,  ayudó a los gobernantes de la Casa Blanca a desatar una campaña anticubana de gran dimensión y, por ende, contra el movimiento revolucionario -de liberación nacional y social- del continente, bajo el pretexto de la amenaza comunista exterior; en un segundo momento, junto a la separación de uno de los miembros del sistema hemisférico, al margen de los marcos jurídicos de la Carta de la OEA, se desarrolló una crisis institucional de este organismo regional. La organización había perdido en legitimidad y credibilidad ante los ojos de los pueblos al convertirse en un instrumento más dúctil y dócil al servicio los intereses monopólicos y más reaccionarios del vecino de norte.

 

Luego de la VIII Reunión de la OEA, muchos países se vieron conmovidos por golpes militares y cambios institucionales al margen de las constituciones burguesas vigentes. Lo que los Estados Unidos no habían logrado en la conferencia, es decir, sancionar económica, comercial y financieramente a la Isla, debía hacerlo a través de la intromisión en los asuntos internos de los que, incluso, consideraron sus aliados.

 

La pequeña osadía de algunos países latinoamericanos de oponerse o abstenerse de votar a favor de los EE.UU., la pagaron caro un breve tiempo después. La experiencia de  República Dominicana, al ser asesinado en mayo el dictador Trujillo y más tarde, la caída del gobierno de Brasil solo fueron los anuncios premonitorios de lo que sucedería posteriormente en otros lugares del continente. El 25 de agosto de 1961, anunció su renuncia el Presidente de Brasil Janio Quadros, cuatro días después que condecorara al Comandante Ernesto Che Guevara con la Gran Cruz de la Orden Cruceiro do Sul. Asumió la presidencia, el vicepresidente Joao Goulart, quien se encontraba de gira por el exterior, luego de tener que realizar concesiones a una facción militar del país.  Finalmente, Goulart es derrocado también por un golpe de estado en 1964. El 8 de noviembre de ese propio 1961, es derrocado el presidente de Ecuador José María Velazco Ibarra, siendo sustituido por Julio Arosemena, un hombre más afín a los intereses norteños y a la oligarquía de su país. En El Salvador se hizo del poder un titulado Directorio Civil-Militar, que terminó con la institucionalidad burguesa representativa. Más adelante, en marzo de 1962 fue derrocado el gobierno de Argentina  y en junio de ese año, el del Perú. Los gobiernos de Honduras, Guatemala y Uruguay fueron defenestrados en 1963.

 

La ola dictatorial y de terror se amplió a toda la región. Y el auge del movimiento revolucionario siguió creciendo en todos los rincones de la geografía de Nuestra América. Pero antes, los EE.UU. y las oligarquías de la región tuvieron que escuchar un nuevo documento programático de la proyección internacional de la Revolución Cubana: La Segunda Declaración de La Habana.

 

Ahora, cuando entramos por la puerta grande al conglomerado de naciones latinoamericanas y caribeñas, comprendemos el porqué de esos combates y sus enormes resultados en el tiempo. Una Revolución vale por lo que sabe defenderse, y esa máxima leninista fue llevada a cabo por la dirección histórica de la Revolución Cubana, en primer lugar, Fidel y Raúl, Camilo y el Che, Dorticos y Roa, pero más que todo por el pueblo, el verdadero protagonista de esta epopéyica resistencia y desarrollo.

 

La OEA se está yendo a bolina, como un viejo cometa que ya no posee ningún viento a favor y el timonel, los EE.UU:, está desprestigiado y deteriorado moralmente. No podremos regresar jamás, porque continúa siendo un instrumento de los círculos de poder estadounidenses, con su denigrante “Carta Democrática” y la “gobernalidad democrática alterna de los partidos burgueses”. El Ministerio de Colonias Yanqui fue rebasado y desbaratado por los pueblos que marchan con Cuba y con la América Nuestra. Ahora sí podemos pretender la creación de una organización latinoamericana-caribeña sin la presencia de los Estados Unidos de América.

 

Esperamos que los señores del diario “El Nacional” lean y aprendan algo de esta lección histórica y política, y cesen con sus histerias y mentiras fraudulentas contra América Latina y el Caribe, y contra Cuba revolucionaria y socialista. Si no se han percatado de los cambios de época o la época de cambios que vive el subcontinente serán inexorablemente barridos por la historia. Y de eso se encargará el pueblo bolivariano y revolucionario de Venezuela.

 

(Fin)

Las mentiras de la derecha continental V parte

polillabaez @ 19:35

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos V parte.

Por Orlando Cruz Capote*

 

Mientras transcurría el segundo semestre del año 1961, los osvaldo-dorticos.jpglíderes de la Revolución Cubana percibieron e interpretaron con acierto el desarrollo de los acontecimientos que inevitablemente irían a desencadenar en la separación de Cuba de la OEA y en la agresión contra la Isla por parte del Ejército de los EE.UU. Como consecuencia, y causa endógena, la actividad diplomática y de las otras instituciones, organizaciones políticas, de masas y sociales del país se intensificaron con vistas a fortalecer sus vínculos con todos los actores progresistas -reales y potenciales- de la arena internacional y regional y los miembros del  movimiento revolucionario mundial.

 

Algunos eventos internacionales celebrados en La Habana y otras capitales del mundo son hechos fehacientes de ese accionar solidario. Se conoció por la opinión pública que muchos ex-mercenarios de Girón y otros apátridas se estaban incorporando al Ejército de los EE.UU. y  que algunos también se enrolaron en los cuerpos represivos de algunos países latinoamericanos, centroamericanos en específico. Un ejemplo de lo que se tramó fue la denuncia realizada el 4 de mayo, por algunas personalidades democráticas y progresistas costarricenses acerca de que existían campos de entrenamiento de mercenarios en su país para agredir a Cuba. Con este plan de mercenarismo encubierto se intentó darle alguna cobertura legal a acciones desde territorio extranjero a ex-cubanos que fueron nacionalizados en estos países para formar parte del plan contrarrevolucionario continental y anticubano.

 

Entre el 18 al 22 de agosto, se celebró el Primer Congreso Latinoamericano de Escritores y Artistas donde se mostró el grado de compromiso político de la intelectualidad de la región, siendo clausurado el mismo por el Comandante Fidel Castro. Por su parte, el Comandante Ernesto Che Guevara, en esa misma fecha, realiza una visita a su  Argentina natal, en la que es recibido por el mandatario A. Frondizi. Posteriormente llegó a Brasil, donde le es impuesta la condecoración más alta de la nación, la “Cruz del Sur”, por el presidente de ese país, Janio Quadros. La ofensiva diplomática cubana no cesó y en el mes de diciembre una delegación encabezada por el Vice-Ministro de Relaciones Exteriores Carlos O. Sánchez, sostuvo entrevistas y negociaciones con los jefes de varios Estados del subcontinente, entre ellos, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina y Bolivia.

 

A su vez, la actividad exterior del Gobierno Revolucionario, más allá del hemisferio occidental, se desarrolló con la participación de una delegación oficial que asistió, como observadora en el mes de abril,  a la reunión del Consejo de Solidaridad de los Pueblos Afroasiáticos, pertenecientes a la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia y África, celebrada en Bandung, Indonesia. Este evento fue el antecedente  de la reunión de 22 países en El Cairo, Egipto, -Cuba asistió como miembro pleno- efectuada del 5 al 12 de junio, en la que se convocó a la Primera Conferencia de Países No Aliados a Pactos Militares. La novedosa organización tercermundista se celebró, finalmente, en Belgrado, Yugoslavia, entre el 1ro de agosto y el 6 de septiembre. La delegación cubana estuvo liderada por su Presidente Osvaldo Dorticós Torrado, quien pronunció su discurso el día 2 de septiembre.

 

En el mismo, el dirigente cubano expuso el orgullo de su delegación de ser miembro fundador y único de la región latinoamericana y caribeña, asimismo señaló que la gran tarea de ésta era la de unir los esfuerzos y la solidaridad de los gobiernos y pueblos subdesarrollados en su lucha contra el imperialismo mundial, de apoyar el desarme general y completo, por el derecho a la paz y la propia existencia de la humanidad; por un mundo más justo y equilibrado, desde el punto de vista económico, comercial, financiero y social, por el progreso y el desarrollo para todos con igualdad de condiciones tanto en el plano interno de las sociedades como en el ámbito internacional.

 

El presidente de Cuba demandó también el desmantelamiento de todas las bases militares en territorios extranjeros que, contra la voluntad de los pueblos, mantenían los imperialistas menoscabando la independencia y soberanía de las naciones. Denunciando la explotación colonial,  se alentó a los pueblos que luchaban por su liberación y se propuso un proyecto de reestructuración de la Secretaría General de la ONU, por los graves sucesos acaecidos en el Congo y el asesinato de su líder Patricio Lumumba, con la tolerancia de la organización mundial. Esto último, aseveró el mandatario cubano, constituyó una violación flagrante del derecho internacional y de las normas vigentes de no intromisión e ingerencia en los asuntos internos de los Estados, de los cuales el recién inaugurado organismo tenía que ser un celoso guardián. 

 

Este fue el origen del Movimiento de Países No Alienados, que ratificó su condición y tomó la denominación definitiva  en la  Segunda Conferencia en el Cairo, Egipto, en 1964. En Belgrado, con la presencia de alrededor de 25 naciones de todas las latitudes, menos el primer mundo industrializado (incluidos los de la OTAN) y los países socialistas miembros del Pacto de Varsovia, surgió a la vida  política un original organismo internacional que al pasar de los años tuvo una gran resonancia en la arena internacional, a pesar de la heterogeneidad ideopolítica de los gobiernos que la conformaron. Su misión tuvo y sigue teniendo una amplitud tan diversa y, a la vez, tan común para la mayoría de sus miembros, que ello permitió concertar en su seno acciones conjuntas contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo,  el racismo, el “Apartheid” y otras formas de discriminación, opresión y dominación de los pueblos.

 

La posición de Cuba, sin embargo, siempre fue diáfana desde los inicios. El hecho de no pertenecer a ningún pacto militar, afirmó el presidente Dorticós, no podía llevar a la neutralidad en las posiciones de principios, ante problemáticas internacionales y regionales que involucraran, incluso, a los bloques ideopolíticos y militares existentes. No constituyó un dilema antagónico para el Gobierno Revolucionario, saber distinguir de qué lado estuvo la razón en los múltiples conflictos internacionales. El Imperialismo norteamericano y sus aliados eran los enemigos principales y esenciales de los pueblos y, si existieron contradicciones con el campo socialista y la China popular, estas no fueron relevadas de recibir una crítica constructiva por la parte cubana, tanto en el seno del movimiento o en el plano bilateral. Pero  Cuba siempre hizo constar que los aliados naturales eran los Estados Socialistas.  Esa posición beligerante e independiente de la Isla caribeña le dio un carácter más acentuado al MNOAL y le fue reciprocado a la Isla cuantas veces necesitó del apoyo del mismo. La inclusión de Cuba, por decisión propia, en el seno del movimiento tercermundista organizado le ofreció a la Revolución una nueva tribuna de denuncia contra los planes anticubanos, un lugar destacado en la organización que contenía el mayor número de países subdesarrollados del planeta, la posibilidad de pronunciarse en apoyo de las causas por la liberación nacional y social y multiplicó su proyección nacional y exterior.

 

En el escenario latinoamericano, la política cubana también realizó ingentes esfuerzos por radicalizar su enfrentamiento contra el imperialismo norteamericano. El apoyo a las fuerzas de izquierda más proclives a la acción directa armada contra los regímenes tiránicos y lacayos aumentaron como contramedida al planteamiento de doble vía lanzado por los EE.UU. Aunque todas las iniciativas de la Isla estuvieron motivadas por sus principios ético-revolucionarios y solidarios. El caso de la concesión de la ciudadanía nacional, el 19 de febrero de 1961, a los borinqueños Juan Tuarbe y Doña Laura Albizu Campos, a quienes el Gobierno Revolucionario  designó como miembros de la delegación cubana ante la ONU, fue un acto de dignidad y soberanía nacionales y un gesto de latinoamericanismo sin precedentes.

 

Los resultados de la política estadounidense de contrainsurgencia y reformas se hicieron evidentes al romper relaciones con el Gobierno Revolucionario, a mediados y finales de 1961, las autoridades de Colombia, Costa Rica, Honduras, Uruguay y Venezuela. Ese es el viraje de la política del presidente Rómulo A. Betancourt, pues al fin se había quitado del rostro su máscara de democratismo-burgués y torció a la derecha el rumbo de la política exterior de su país, dándole un contenido exacto a su doctrina, enunciada en la primera parte.

 

Muchos de ellos, aunque revocaron a sus embajadores en La Habana conservaron sus legaciones diplomáticas. Este tipo de situación se prestó, en muchos casos, para brindar cierta cobertura oficial al espionaje, acoger a individuos que pidieron asilo político por sus actividades contra la seguridad del Estado y para contactar a miembros de las organizaciones contrarrevolucionarias. El caso de la Embajada de Venezuela  en La Habana,  fue el que más demostró tales propósitos. En una alocución por la televisión cubana,  el contrarrevolucionario Reynold García, denunció que en esa sede diplomática se llevaban a cabo actividades en contra de Cuba con la presencia del Encargado de Negocios de ese país.

 

El interés y camino emprendido por la vanguardia de la Revolución no fue el de “exportar la Revolución” sino el de aumentar el respaldo a los grupos de revolucionarios latinoamericanos y caribeños que arribaron a la Isla solicitando solidaridad material y moral. Los encuentros de la dirección política de Cuba con estas agrupaciones y personalidades, que en muchos casos estaban en las primeras etapas de organización y en los preparativos insurreccionales o ya habían iniciado la acción guerrillera, constituyeron una continuación de las reuniones  y del apoyo aportado en los años 1959 y 1960, pero siempre respondieron a los planes autóctonos de esas organizaciones.

 

No obstante, se trató que el sustento más directo se les diera a aquellos hombres y mujeres que radicaron y lucharon en los países con dictaduras o que sus gobiernos cedieron ante las presiones estadounidenses y tomaron un rumbo anticubano abierto. De esa forma nuevos nombres y nacionalidades se sumaron a la larga lista de revolucionarios que recibieron entrenamiento militar, cursos de superación política y algunos medios logísticos (algún financiamiento y armamentos) para reiniciar el combate.

 

Los futuros líderes de los movimientos guerrilleros de Venezuela, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Uruguay, entre otros, se reencontraron en Cuba y fueron recibidos como en su propia casa. Un informe de la CIA, intentó acercarse a la realidad al plantear que “[...] Para 1961-1962, el apoyo de Cuba comenzó a tomar muchas formas, que fluctuaban de la conspiración y el entrenamiento a elementos tan tangibles como el apoyo financiero y de comunicaciones, así como algo de asistencia militar.” Incluso, otro informe de la agencia, al que no daremos toda la rigurosidad histórica, expresó que entre 1961 y 1964 de 1,500  a 2,000 latinoamericanos recibieron entrenamiento guerrillero o adoctrinamiento político en Cuba. Esta cifra no ha sido desclasificada por el gobierno cubano, por lo que no está confirmada y carece de toda seriedad.

Pero un nuevo escollo se presentó ante los empeños cubanos y los integrantes de la  Nueva Izquierda. Algunos dirigentes de los partidos comunistas de la región que no estaban de acuerdo con los métodos de la lucha armada criticaron muy cautelosamente y en privado a la Revolución Cubana por tratar de entrometerse en asuntos que consideraron de su no incumbencia y por apoyar a grupos disidentes que optaron por una vía que para ellos era “aventurera e izquierdizante”.

 

Otros fueron más allá y dieron sus quejas directamente a Moscú. Aunque, para no errar en la valoración histórica, la mayoría de la dirigencia y la membresía comunista latinoamericana y caribeña, en esos años de 1960-1961, nunca hicieron públicas sus diferencias con la Revolución Cubana y la continuaron apoyando incondicionalmente.

 

Todas las divergencias estuvieron condicionadas, en parte, porque la línea del movimiento comunista internacional, dirigida por la URSS y su partido comunista, nunca contempló acciones armadas en el continente donde los EE.UU. tenían su poderío hegemónico. Nuestro criterio al respecto es que los soviéticos no comprendieron el panorama político del subcontinente y a sus fuerzas revolucionarias más radicales; no desearon ayudar -el apoyo a Cuba fue muy costoso- a los movimientos revolucionarios en este hemisferio a quienes observaron bajo el prisma de grupos contestatarios a su línea política, porque su práctica se asemejaba más a la enarbolada por los maoístas chinos; como tampoco tuvieron interés en disuadir a los partidos comunistas más ortodoxo-dogmáticos, para que aceptaran y propiciaran un cambio en el método de lucha, la táctica y las vías para realizar la Revolución, y porque estas organizaciones fueron “fieles” seguidores de los lineamientos reafirmados en los Congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

 

Finalmente, porque los soviéticos tampoco deseaban involucrarse en una confrontación directa con los EE.UU., a miles de kilómetros de distancia de su territorio. Según información de dos investigadores norteamericanos (rusos nacionalizados) que tuvieron acceso a los archivos soviéticos, entre 1961-1962, “[...] Moscú mostró ambivalencia hacia los méritos de la ofensiva regional de Castro.” Aunque estos estudiosos plantean que pudieron revisar algunas de las fuentes originales soviéticas acerca de sus relaciones con Cuba, lo cierto es que se puede intuir, con buen sentido analítico-político, que en ese año (1961) la situación en Europa del Este constituyó la de mayor prioridad para la política exterior de los soviéticos dada por la tensa coyuntura creada en la frontera entre las dos Alemanias y la construcción acelerada de un fatídico “Muro” de separación en la RDA y la RFA, y que por lo tanto no prestaron atención a los nuevos aconteceres revolucionarios en América Latina y el Caribe.

 

La Revolución Cubana, su posición independiente y solidaria hacia Latinoamérica significaron, desde entonces, un serio problema para los dirigentes comunistas soviéticos, los de Europa del Este y los que seguían su línea ciegamente en Nuestra América. Sin embargo, los soviéticos decidieron que no podían perder a Cuba, como parte del movimiento comunista y el campo socialista, ya que en ello se jugaban su moral revolucionaria, el prestigio de gran potencia y hasta los principios del internacionalismo socialista que tanto habían propagado.

 

Pero una Revolución Continental no estuvo en sus planes estratégicos inmediatos y mediatos. Una derrota en Cuba era una derrota para la URSS y el movimiento comunista internacional que, en cierta forma, habían apostado muy alto y seriamente por su consolidación. Pero el resto de América Latina y el Caribe fueron otra problemática por la cual no se sintieron jamás comprometidos. El respaldo militante cubano a la Nueva Izquierda, produjo agudos debates al interior de los partidos comunistas, los cuales tuvieron que soportar una vez más en su historia desgajamientos y divisiones, por no asumir una posición independiente ante Moscú y analizar, sopesadamente, las posibilidades reales de encauzar la radicalización de algunos sectores populares en el enfrentamiento contra sus regímenes burgueses y el imperialismo norteamericano.

 

Esta situación contradictoria perduró -en cierto sentido relativo- hasta la Conferencia Extraordinaria de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe, que se celebró secretamente en La Habana, en noviembre de 1964, en la cual se llegaron a algunos acuerdos, pero donde Cuba no cedió en sus posiciones de principios ante la posibilidad real de apoyar con todos los medios a su alcance a los movimientos revolucionarios de la región. La afirmación que realiza el estudioso Piero Gleijeses de que la mirada solidaria cubana estuvo más inclinada desde entonces hacia Africa, es una verdad a medias.

 

Incluso el informe de inteligencia de los funcionarios de la Embajada de la RDA en La Habana, de que Cuba no quiso afectar las relaciones con la URSS y el resto del campo socialista y realizó concesiones en esa reunión de los comunistas latinoamericanos acerca de su apoyo a los movimientos guerrilleros en el continente, también es falsa cuando se observa detenidamente que la lucha insurgente revolucionaria en el subcontinente alcanzó en esos años sus cotas más altas, así como el comprometimiento militante cubano. La presencia de  numerosos combatientes en la Guerrilla del Che Guevara, en Bolivia, 1966-1967, y la de oficiales y combatientes  en la guerrilla venezolana 1967-1969, desmienten cualquier aseveración al respecto. 

 

Sin embargo, para ser muy honestos con la historia, la ayuda soviética a Cuba nunca cesó y ésta apoyó a la Revolución Cubana incondicionalmente en esos duros años contra la agresión imperialista estadounidense. Aunque la venidera Crisis de Octubre, de los mísiles o los cohetes de ese propio año 1962, abriría algunas incógnitas de hasta dónde se arriesgarían por Cuba.

Algunos datos e información más rigurosos, aunque no conclusivos, permiten aseverar que guerrilleros guatemaltecos, bolivianos y argentinos comenzaron sus actividades de preparación militar en la Patria de Martí, a finales de 1961. El hecho comprobado de que el futuro miembro de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia (1966-1967), José María Martínez Tamayo (Papi), tuvo estrechos vínculos con esos grupos es una realidad irrebatible. Incluso, sin poder aún precisar la fecha de la partida ni de la caída en combate y el presidio de los cubanos Hermes Peña y Alberto Castellanos, respectivamente, podemos afirmar que estos fueron los primeros cubanos en arribar y combatir en tierras argentinas entre 1961 y 1964.

 

Entre los combatientes que partieron hacia otros países de la región, también se encontró el periodista cubano-argentino Jorge Ricardo Masetti, quien en 1958 había conocido al Che en la Sierra Maestra y que posterior al triunfo del 1ro de enero de 1959 regresó a Cuba y dirigió la Agencia de Prensa Latina, recibiendo también entrenamiento militar e integrando la incipiente inteligencia cubana. En octubre de 1961, se le encomiendan algunas misiones de apoyo al Frente de Liberación Nacional de Argelia, como hemos explicado en los párrafos anteriores, y luego en la propia tierra argelina, obtuvo una experiencia práctica que aprovecha para conocer la lucha en las zonas urbanas y rurales.

 

El actual General de Cuerpo de Ejército y Ministro del Interior de Cuba, Abelardo Colomé Ibarra (Furry), narró su partida, a principios de 1962 (aunque con contactos previos desde 1961), hacia Argentina, con una breve estancia en Bolivia -como potencial base de apoyo logístico- para analizar el posible teatro de operaciones y el desarrollo de un futuro Ejército Guerrillero de los Pobres, en el país sudamericano. En 1963, el propio Furry y Tamayo (Papi) continuaron trabajando para preparar las condiciones de la guerrilla argentina en la región de Salta, conjuntamente con patriotas bolivianos, los hermanos Inti y Coco Peredo y Rodolfo Saldaña, entre otros. Al frente de la misma iría el propio Comandante Ernesto Che Guevara (Comandante Primero), aunque en la avanzada partió Jorge Ricardo Masetti (Comandante Segundo), con cerca de 30 combatientes, en 1963, con pasaportes diplomáticos facilitados en la Argelia liberada del Presidente Ahmed Ben Bella. En 1964, se perdió contacto con el mismo, después se conoció que fue cercado y murió o fue asesinado en circunstancias poco aclaradas hasta nuestros días. El Che se sintió muy frustrado, amargado y con una carga de conciencia muy alta ante esta pérdida y se sintió más comprometido que nunca para marchar a luchar en otras tierras del mundo, y finalmente cumplir con el proyecto de abrir un frente guerrillero en Argentina.

 

Tal era el panorama de las actividades guerrilleras en América Latina y el Caribe y del compromiso de la Revolución Cubana, en el segundo semestre de 1961, para con las mismas.

 

La exclusión arbitraria cubana de la OEA. La defensa de Cuba y la Segunda Declaración de La Habana.

 

Nunca antes estuvo más cerca la posibilidad de una agresión militar directa de los EE.UU. contra Cuba que en el año 1962. Los planes anticubanos denominados como la “Operación "Mongoose” -Operación Mangosta-  avanzaron a marcha forzada y nada parecía detenerlos. La Crisis de los cohetes, en Octubre de 1962, fue el colofón de esa situación tan peligrosa.

 

La coyuntura era dramática y no solo en el ámbito hemisférico. En Europa, la crisis sobre Berlín aumentaba. El posible enfrentamiento entre la URSS y los EE.UU., entre la OTAN y el Tratado de Varsovia fueron motivos de grandes titulares de la prensa y fuertes debates en los medios políticos en ambos bloques político-militares. No pareció encontrarse una solución a la confrontación y se tensaron las situaciones hasta extremos insospechados. La Guerra Fría y la política exterior de los EE.UU. constituyeron el gran motor de las diferencias y contradicciones.

 

Para los regímenes neocolonizados del subcontinente, el grito de: ¡Cuba sí, yanquis no!, tuvo una trágica resonancia interna que no estuvieron dispuestos a tolerar. No solo fue una consigna solidaria de los pueblos para con la Cuba revolucionaria sino el preámbulo del momento en que las masas populares podrían lanzarse a la lucha por la liberación nacional y social, contra la dependencia del imperialismo norteamericano y las burguesías lacayunas. Para algunos de los gobiernos “democráticos” de la región había llegado el momento de quitarse sus caretas “progresistas” no solo para con la realidad de la Revolución en la Mayor de las Antillas sino hacia dentro de sus propias sociedades. A la actitud anticubana de los regímenes de Nicaragua, Haití, Paraguay, República Dominicana (Trujillo es asesinado en mayo) y Guatemala, se sumaron las “democracias representativas” de El Salvador (Junta Militar en el poder), Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica y Venezuela.

 

Los ataques contra Cuba eran de la misma sustancia que en los años anteriores, aunque algunos nuevos elementos de la propaganda se perfilaron. La idea de que en la Isla se violaban los derechos humanos (a la Comisión Interamericana de Paz de la OEA fueron llevados tales acusaciones) y que el Gobierno Revolucionario Cubano intervenía, a través de sus embajadas  y  funcionarios,  en  los  asuntos  internos de los países con los que mantenía relaciones diplomáticas y consulares, ayudó a agitar el fantasma de la “exportación de la Revolución” y la necesidad de fortalecer la seguridad nacional de esas naciones. En el caso de la violación de los derechos humanos se hizo énfasis en la necesidad de que Cuba no ajusticiara severamente a los mercenarios que habían sido encarcelados y estaban  algunos pendientes de juicio. Las denuncias se basaron en que los mismos se “maltrataban y que no eran sometidos o no se someterían a  procesos judiciales imparciales y justos”. El problema provocado por el gobierno de Costa Rica fue una demostración evidente de lo que se preparó. El régimen de ese país rompió relaciones con Cuba “al conocer” el ajusticiamiento de criminales de guerra como Ramón Calviño (mercenario capturado en Playa Girón, que tenía un amplio expediente de asesinatos contra muchos revolucionarios durante la dictadura de Fulgencio Batista). La causa de la ruptura de las autoridades “ticas” fue cínica: “la violación de los derechos humanos” por la parte cubana.

 

Ante la solución humanista de la Revolución Cubana, de que los mismos podían ser devueltos a EE.UU. si este país agresor pagaba, en especie, el costo de la agresión y el retorno de sus asalariados, las autoridades de la Casa Blanca elucubraron un nuevo plan maquiavélico que consistió en que a su regreso, los invasores derrotados -cambiados por alimentos, medicinas y otros productos, como tractores- y los nuevos reclutas contrarrevolucionarios pudieran ingresar en las fuerzas armadas norteamericanas, facilitando su entrenamiento encubierto y la futura intervención directa del ARMY-USA  en Cuba y otras partes del mundo.

 

En el segundo caso, la histeria y el clima agresivo fue de tal magnitud que la Delegación de Cuba remitió al Secretario General de la OEA, a principios de octubre de 1961, un documento donde denunciaba que estas variadas provocaciones, podrían traer como consecuencia que los países latinoamericanos que mantenían relaciones con la Isla se sintieran compulsados a deteriorar las mismas como había sucedido con Guatemala y Nicaragua quienes rompieron los lazos con el “Gobierno de la Habana” por acusaciones de que las misiones cubanas en esos países se inmiscuían en la política interna.

 

El caso salvadoreño fue uno de los más graves, al asaltarse la embajada cubana por  militares de ese país, llevarse preso y esposado al representante diplomático, amenazarlo de muerte y registrar todas sus pertenencias en búsqueda de correspondencia comprometedora  que demostrara las acciones del Gobierno Revolucionario en contra del derecho internacional. En noviembre fue atacada y asaltada la sede diplomática cubana en Lima, por cinco individuos armados. Posterior al hecho vandálico aparecieron en el diario La Prensa, de ese país noticias falsas -apoyadas en documentos espurios también- en las que se señalaba la supuesta intromisión de la Misión de Cuba en los asuntos internos de ese país. Otra provocación de esa índole sucedió en Argentina. Aprovechando la expulsión de un funcionario del Servicio Consular cubano y utilizándolo como instrumento para atacar a Cuba se intentó crear una situación similar a la del Perú, al presentar documentos apócrifos “extraídos de la legación diplomática cubana de Buenos Aires”. El gobierno cubano, para demostrar la patraña, permitió que la Cancillería argentina revisara los libros de asiento y todos los documentos que deseara. El final fue previsible, los “famosos” documentos no se correspondieron con los números y las firmas de los funcionarios cubanos y, por tanto, mucho menos con los originales. Eran tan infieles como que el mismo personaje contrarrevolucionario, el susodicho Frank Díaz, un aventurero, reincidía en las mismas acciones con Argentina, como lo hizo en el Perú. El gobierno argentino se encargó de desinflar ese ”pretexto” y calumnia al declarar que todo fue una burda invención. Hubo hasta la intención de crear una situación similar en la representación diplomática cubana en las Filipinas.

 

Mientras tanto, en el mismo documento cubano ante la OEA de octubre, el Gobierno Revolucionario advirtió que en Guatemala se estaban entrenando militarmente más de 600 hombres de varias nacionalidades, entre ellas cubanos, con el fin de agredir a la Isla. La ubicación de la base del ejército guatemalteco era sintomática, radicaba en la finca “La Rosa” perteneciente a la sobrina del presidente de ese país. Asimismo, la Nota Cubana señaló que en Nicaragua habían concentrados en la hacienda “Montelimar”, propiedad de Somoza, centenares de mercenarios; que en la zona de Constanza, República Dominicana, también existían campos de entrenamiento de contrarrevolucionarios y, en Puerto Rico, en la zona cercana al poblado de Santa Isabel, se habían construido pistas de aterrizaje para aviones bimotores y bombarderos. Los meses y días que antecedieron a Playa Girón volvieron a  repetirse de forma más peligrosa, pues en estos momentos eran más los países involucrados. Los acontecimientos se aceleraron. El 4 de octubre, en el contexto de la campaña anticubana, la Junta Interamericana de Defensa decidió excluir totalmente de las labores de la  misma al delegado cubano, lo que constituyó un acto arbitrario, pues Cuba era aun un Estado miembro de la OEA y debía disfrutar de sus derechos en el Sistema Regional.

 

El 6 de octubre, el Consejo Permanente y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA recibieron a los miembros del titulado Consejo Revolucionario Cubano -que radicaban en el exilio de Miami-, quienes días antes había presentado a dichas instituciones un documento solicitando ayuda para derrocar al régimen “[...] que ha encadenado al pueblo cubano a la dominación soviética”. (Acta de la Sesión del Consejo del 16 de octubre de 1961, Fondo de la OEA, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de  Cuba).

 

Las “causas” para las futuras acciones en el marco de la OEA estuvieron casi preparadas. En ese momento, nuevamente el gobierno del Perú, fue el encargado de iniciar los intentos para convocar una reunión de la OEA con el fin de buscar una acción colectiva hemisférica contra el Gobierno Revolucionario. El 16 de octubre el régimen peruano solicitó al Consejo Permanente de la OEA que “[...] de acuerdo con el Artículo 6 del TIAR, convoque con carácter urgente al Órgano de Consulta y que, de conformidad con el Artículo 12 del mencionado tratado, se constituya y actúe provisionalmente como Órgano de Consulta con el objetivo de designar una comisión que se constituya en Cuba sin demora para investigar los hechos de materia de esta solicitud”. (Acta de la Sesión extraordinaria del Consejo de la OEA celebrada el 16 de octubre de 1961. OEA/Serie G/61, Documento 7, p. 32; en Archivo del MINREX de Cuba). La idea de concretarse, siempre con carácter urgente, consistió en que cualquier decisión que se tomara por el TIAR, era de estricto cumplimiento para todos los países miembros como lo estipulaban sus estatutos. La acusación fue congruente con la campaña anticubana en desarrollo: la violación de los derechos humanos y la represión que reinaba en Cuba.

 

La “tragedia cubana” se declaró con las siguientes palabras: “[...] La efusión de sangre y la opresión que sufre el pueblo cubano por parte del régimen comunista que lo gobierna, constituye una afrenta para América, continente esencialmente libre, democrático y respetuoso de la persona humana.” En otro párrafo señaló que las ejecuciones arbitrarias del Gobierno cubano afectaban no solo a los adversarios políticos sino también a las mujeres, los menores de edad y altos representantes de la cultura y de la Iglesia. Haciendo uso cínico de la “Operación Peter Pan” (Ramón Torreira  y José Buajasán Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, Editora Política, La Habana, 2001), el documento peruano se hacía eco de la campaña inhumana de que “[...] el Estado cubano le iba a quitar el derecho de la Patria Potestad a las madres de los niños en Cuba”. Además, no estuvo ausente la acusación de la supuesta ingerencia de los diplomáticos y funcionarios cubanos en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

 

El desespero o la ineficiencia de Derecho, del representante del Perú, le hizo olvidar que para invocar el Artículo 6 del TIAR hacía falta una situación de agresión o amenaza de agresión externa e interna, por tanto el sustento jurídico no era valido. La acusación peruana se refería a un objeto  inherente  a la soberanía nacional de Cuba, por lo que la propuesta en sí fue un  llamado a la intervención en los asuntos internos de un país, hecho que era violatorio de la propia Carta de la OEA. Por ende, simple y llanamente la propuesta no era viable. Ello fue aprovechado por la diplomacia cubana y la de otros países latinoamericanos para negar el procedimiento. Finalmente, el 25 de octubre la propuesta se trasladó para la Comisión Interamericana de Paz con el objetivo de que fuera estudiada. El Embajador cubano en la OEA, Carlos Lechuga,  respondió duramente al Gobierno peruano poniendo al desnudo las viejas intenciones del régimen de ese país de convertirse en punta de lanza dentro del hemisferio en las acusaciones a Cuba para motivar una acción colectiva de agresión. Las palabras de la Isla resonaron en los salones al expresar: “[...] O la Organización de Estados Americanos vuelve sus espaldas a los pueblos, ya sin remedio, para doblegarse  a la demanda del más fuerte, o la Organización de Estados Americanos se yergue y define los derechos de todos los Estados miembros a la autodeterminación. No hay otra alternativa.” (Carlos Lechuga Ob. Cit.) 

 

A  estas  alturas del debate, el gobierno colombiano  salvó  el “escollo jurídico y político” al proponer el 9 de noviembre que “[...] se convoque una reunión de  Ministros de Relaciones Exteriores, de acuerdo con el Artículo 6 del TIAR, para considerar las amenazas a la paz y a la independencia política de la los Estados Americanos, que puedan surgir de la intervención de potencias extracontinentales.” (Acta de la Sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 14 de noviembre de 1961. OEA/ Serie G/61, Documento 10, p. 15; en Archivo del MINREX de Cuba).

 

La fecha de la convocatoria, y la repetimos fue el 9 de noviembre, dejó sin efecto las elucubraciones y mentiras acerca de que el evento se había propuesto como consecuencia de las declaraciones del máximo líder de la Revolución, el compañero Fidel Castro, el 1ro de diciembre de ese año, en las que hubo de hacer pública su afiliación al marxismo-leninismo y la ratificación del carácter socialista del proceso cubano.

 

La  solicitud colombiana no mencionaba  a Cuba  (recordar la Declaración de San José) pero el 10 de noviembre, el Canciller de ese país, Caicedo Castilla dijo que: “[...] la ruptura individual de relaciones con Cuba no arrojaría resultados” y que lo conveniente “[...] era la interrupción colectiva de las mismas.” (Periódico Revolución, 11 de noviembre de 1961, La Habana, p. 1) El debate comenzó alrededor de si era o no lícito intervenir en los asuntos cubanos. La posición colombiana y la de algunos de sus seguidores, incluidos por supuesto los Estados Unidos, fue la argumentación de que sería realizada -la injerencia- como una “medida defensiva contra la amenaza del bloque sino-soviético en el hemisferio”. El representante cubano en la OEA reabatió tales argumentos señalando que no existían pruebas evidentes y fehacientes de esa amenaza y solo podía mencionarse como elemento jurídico de prueba un fantasma que no existía. Era, dijo el embajador de la Isla de la Libertad, un monumento a la intervención en los asuntos internos de Cuba y una interpretación “sui generis” del derecho internacional e interamericano. Y Lechuga hizo una larga acusación radiográfica de la violación de los derechos humanos más elementales en el Perú. 

 

Los gobiernos latinoamericanos se dividieron, en mayor o menor grado, en la polémica; los seguidores de la política de Washington encontraron el pretexto largamente buscado, otros como México, expresaron serias reservas a la propuesta colombiana concluyendo que no existían elementos para poner en marcha el procedimiento. La posición mexicana fue seguida por Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina.  Una lectura de las actas de la OEA demuestra que las refutaciones de los representantes  latinoamericanos mencionados no eran sólidas y no estaban relacionadas con una oposición firme a una intervención contra Cuba, sino en todo caso sus palabras tuvieron más que ver con el temor de que se echara a andar un mecanismo ilegal que podría romper las bases del sistema interamericano y poner en marcha la temida intervención norteamericana en el subcontinente que llegaría a alcanzar a sus propios países en otros momentos y circunstancias.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

(Continuará)

 

Las mentiras de la derecha continental IV

polillabaez @ 18:48

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos IV parte.

Por Orlando Cruz Capote*

 

oea.jpgSin embargo, una conclusión si era diáfana luego de la V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, y fue que se inició una crisis del sistema interamericano al levantarse una voz completamente disidente dentro de los cánones establecidos por la OEA. El estallido, a lo interno, de una organización creada para servir a los intereses de EE.UU. y las élites locales fue, por primera vez, una realidad posible. A partir del triunfo revolucionario cubano y, especialmente, luego de la realización de la V Reunión de Cancilleres, la imposibilidad de esta organización para enfrentar un proceso nacional-revolucionario genuino, a través de la vía  diplomática y las taimadas y abiertas agresiones económicas y políticas, la obligaba a recurrir al viejo “expediente guatemalteco”, la vía manu militari  para resolver el problema de las revoluciones se convirtió, prácticamente, en la única opción.

 

Y aunque se persistió en la necesidad de acusar y hasta expulsar a Cuba de la OEA, antes de llevar a cabo una agresión militar, la alternativa más agresiva primó, aunque por primera vez en la historia del continente podía ser también destrozada. Los hechos históricos corroborarían tal afirmación.

 

Limitaciones de una política de aislamiento: la OEA en su VI y VII Reunión de Cancilleres.

 

La dinámica cada vez más vertiginosa y radical de los acontecimientos revolucionarios cubanos, la evolución (involución) de las relaciones entre La Habana y Washington, la ductibilidad de las posiciones de los gobiernos latinoamericanos más tendientes al apoyo de los planes norteamericanos contra Cuba y el reinicio de las luchas populares y guerrilleras en sus países  provocaron que 1960 se convirtiera en un año decisorio en el accionar anticubano del  sistema interhemisférico.

 

Durante ese año, el presidente estadounidense D. W. Eisenhower aprobó el plan de entrenar una fuerza invasora e, igualmente, redujo la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano. La misma, como hecho sintomático, fue repartida entre algunos de los gobiernos latinoamericanos y caribeños (aunque fueron incluidos también Hawai y Filipinas). De alrededor de un millón y medio de toneladas de azúcar que esos países vendían a EE.UU. en 1960, ya en 1961 pasaron a tres millones y medio de toneladas. Las agresiones económicas, sabotajes, declaraciones contra Cuba en el seno del gobierno y la prensa norteamericana aumentaron de manera geométrica. Prácticamente eran del conocimiento público los intentos reales de agresión, solo se desconocía el momento y el lugar de la invasión. Se sabía, además, qué países de Centroamérica estaban involucrados directamente: Nicaragua, Guatemala, Honduras (Islas Cisnes), Panamá y República Dominicana.

 

Desde el primer trimestre del año, las autoridades estadounidenses continuaron con los planes de acusar a Cuba en el organismo interamericano. En un memorando sobre una conferencia con el Presidente efectuada en la Casa Blanca, el 17 de marzo, se decía que a pesar de que otros países miembros de la OEA “[...] no pueden oponérsele (a Fidel) con mucha fuerza, debido a que se sienten inseguros con respecto a las capacidades de acción de las masas dentro de sus propios países, a las que le simpatiza el tipo de demagogia de Castro [...]  había que tratar por todos los medios [...] en esencia de lograr que la OEA nos apoye”. (Memorandum de una Conferencia con el Presidente en la Casa Blanca, Washington, 17 de marzo de 1960, 2:30 p.m. En Biblioteca Eisenhower, Documento del Proyecto Clean Up (Limpieza). Cuestiones de Inteligencia. Estrictamente confidencial. Preparado por el Brigadier General A. J. Goodpaster, el 18 de marzo de 1960. Ver: Tomás Diez La Guerra Encubierta contra Cuba. Documentos desclasificados de la CIA, Editora Política, La Habana, 1997, p. 19).

 

Incluso, el debate era más profuso, cínico y antagónico puesto que se discutió a propuesta de D. W. Eisenhower si esa actuación de la OEA debía ser fundamentada  “[...] en la palabra “comunismo” o si lo podíamos basar en la palabra dictadura, confiscación, amenazas de muerte y otros. El seño Nixon dijo que pensaba que la Resolución de Caracas se basaba en el término “comunismo internacional”. (Idem). Lo paradójico de tal planteamiento, lo constituía el hecho de que los EE.UU., en estos primeros meses no estaban seguros de realizar una operación conjunta contra Cuba “[...] y si lo solicitaba y no lo obtenía la OEA volaría más alto que un papalote” (Memorandum de una Conferencia en el Departamento de Estado, Washington, 27 de junio de 1960. En Departamento de Estado. Archivos S-P: Lot. 67 D 548, Cuba 1959-1961. Secreto. Distribución limitada. Redactado  por Stevenson y aprobado el 26 de julio de 1960. En Idem., p. 26)., aunque se valoró la variante de que los propios norteamericanos lo realizaran solos “[...] o apoyar a un grupo que trate de derrocar a Castro y a la vez pedirle apoyo a la OEA”. (Idem) En el mes de abril de 1960, Cuba denunció en el seno de la OEA, que los informes de la Comisión Interamericana de Paz, que rendía valoraciones desde la V Reunión de Cancilleres, tenían un lenguaje abstracto y hermético por lo que era muy difícil comprender si se acusaba al régimen de Trujillo por sus acciones anticubanas y antivenezolanas o se pretendía un rodeo táctico para ocultar las responsabilidades de ese gobierno y culpar a otro país -Cuba-  sin mencionar su nombre en los textos.

 

Paralelamente, las audiencias en el senado norteamericano y las declaraciones anticubanas de los diferentes dirigentes de ese país, conjuntamente al arreciamiento de las campañas de prensa contra Cuba, dieron una imagen diáfana de cuáles eran los objetivos del gobierno de EE.UU. que consistieron en conformar la idea de que las “inclinaciones comunistas”, las “filtraciones comunistas” y la “influencia del comunismo internacional” en el gobierno revolucionario habían convertido a éste en una amenaza y fuente de conflictos en el hemisferio occidental.

 

El 21 de junio, los Estados Unidos presentaron un Memorando a la Comisión Interamericana de Paz de la OEA, intitulado “Acciones provocadoras del Gobierno de Cuba contra los Estados Unidos que han contribuido a aumentar las tensiones en la zona del Caribe” (Documentos de la Organización de Estados Americanos, Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, San José, Costa Rica, 22 al 29 de agosto de 1960, Unión Panamericana, Washington DC., 1961, Anexo F,  p. 1, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba), como parte del plan de llevar a Cuba al seno del organismo interhemisférico en la condición de culpable. En tal coyuntura, dos nuevas situaciones se sumaron al complicado panorama político latinoamericano relacionadas con Venezuela y Cuba.

 

El 24 de junio se produjo un atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, siendo acusado inmediatamente el régimen de Trujillo. Unos días más tarde, el 9 de julio, el Primer Ministro de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, en gesto solidario con la Revolución Cubana, hizo unas improvisadas y espontáneas declaraciones, según versiones de la influyente publicación  norteamericana The New York Times, de dura advertencia a los EE.UU. con respecto a su política hacia Cuba. En la misma, N. Jruschov afirmó que “[...] Debía recordarse que los EE.UU. no están ya a una distancia tan inalcanzable de la Unión Soviética como antes. Hablando en sentido figurado, si fuere necesario, los artilleros soviéticos podrían apoyar al pueblo de Cuba, con el fuego de sus cohetes, si las fuerzas agresivas del Pentágono osan iniciar una invasión de Cuba. Y el Pentágono debía estar bien aconsejado de no olvidar que, como demuestran las últimas pruebas, tenemos cohetes que pueden caer con precisión sobre un blanco situado a 13 000 kilómetros de distancia. Esto es, si así os gusta, una advertencia a aquellos que gustarían de resolver los problemas internacionales por la fuerza y no por la razón”. (En, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 86).

 

Ante la disyuntiva internacional creada por la declaración soviética, el máximo líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, el 10 de julio, expuso los puntos de vistas de la Isla acerca de la misma que “[...] Cuando nuestro país está realmente frente al poder del imperio económico más grande del mundo, de la oligarquía más poderosa que no es la primera vez que ha lanzado sus zarpazos sobre los pueblos de América [...] la Unión Soviética se manifiesta de manera absolutamente espontánea -eso es lo que hay que destacar-; porque nosotros no hemos estado contando con los cohetes soviéticos para defendernos; nosotros hemos estado contando con nuestra razón; hemos estado contando con nuestra dignidad; hemos estado contando con el heroísmo de nuestro pueblo, con su voluntad de resistir [...]”

 

Pero el revuelo en la OEA ante el atentado a Rómulo Betancourt fue enorme. Se creó una comisión investigadora y a petición del gobierno de Caracas se solicitó una reunión de cancilleres. En esta situación, los EE.UU. lograron en unión con otros gobiernos de la región, vincular las violaciones de los derechos humanos en República Dominicana con las llamadas tensiones en el Caribe. Por otra parte, las consecuencias del pronunciamiento del dirigente de la URSS, hicieron exaltar la campaña acerca de la presencia del comunismo internacional en el gobierno cubano y el peligro que ello implicaba para el hemisferio americano. A tales efectos, el gobierno peruano solicitó la reunión de los cancilleres para analizar “las exigencias de la solidaridad continental, la defensa del sistema regional y de los principios democráticos americanos ante las amenazas que puedan afectarlos”. La insinuación no era tan “confusa” como en el año anterior, en este momento la dirección del futuro ataque era, indudablemente, Cuba.

 

Fueron tales las presiones y amenazas contra la Isla que el Gobierno Revolucionario Cubano decidió plantear sus quejas y acusaciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ante la inercia y la pasividad cómplice  de la OEA. El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, se dirigió a ese órgano el 18 de julio de 1960. Desde un primer momento, Roa aclaró las facultades de la ONU para escuchar a cualquier país integrante del mismo si éste lo solicitara porque “[...] No puede discutirse el derecho de ningún Estado Miembro de las Naciones Unidas a acudir al Consejo de Seguridad. Las organizaciones de tipo regional no priman sobre las obligaciones de la Carta. Nacen al amparo de la misma, pero nunca pueden representar para los Estados que las forman un medio menos, sino un medio más”. (¡Cuba no está sola! Intervención de Raúl Roa en el Consejo de Seguridad, 18 de julio de 1960,  en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Ob. Cit., p. 135). 

 

Sin retóricas de ningún tipo, el jefe de la diplomacia cubana expuso los derechos de Cuba de acudir a ese órgano aunque la Carta de la OEA estipulaba que todas las controversias internacionales que surgieran entre los Estados Americanos debían ser sometidas a los procedimientos pacíficos señalados en la organización interamericana antes de ser llevadas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Su aseveración jurídica estaba avalada porque, en otro de los articulados de la Carta de la OEA, se exponía que ninguna de las normas del sistema interhemisférico se podrá interpretar en el sentido que se menoscabaran los derechos y obligaciones de los Estados Miembros de acuerdo con la Carta de la ONU. Inmediatamente, el Canciller cubano expuso que “[...] La Cuba revolucionaria no es satélite ideológico o efectivo de ningún país. Miente, a sabiendas, quienes la acusan de tal. Cuba es hoy, también, por primera vez, un diminuto planeta que recorre su órbita histórica con absoluta autonomía de traslación y rotación. De ahí la divisa de nuestra política exterior: amigos de todos; siervos de nadie. Y, en consecuencia, aspiramos a convivir, libre y pacíficamente, con todos los pueblos y naciones del mundo, sobre la base de igualdad, respeto mutuo y recíproco beneficio, independientemente del carácter de sus respectivos sistemas sociales”. (Idem).

 

La voz de Cuba, a través de Roa, enumeró el minucioso glosario de las agresiones norteamericanas contra la Isla, incluso, ofreció datos acerca de los pilotos norteamericanos muertos o hechos prisioneros en los vuelos piratas para realizar acciones de sabotajes contra objetivos civiles y económicos. Y luego de realizar un recuento histórico de las relaciones de EE.UU. con la Cuba prerrevolucionaria, expuso los principales motivos por los cuales la administración estadounidense estaba agrediendo a la Revolución Cubana que, para el Gobierno Revolucionario no eran otros que su liberación e independencia de los monopolios norteamericanos y los logros ya palpables del proceso revolucionario. Por lo que solicitaba una resolución de ese órgano para ayudar a contener la agresividad de los EE.UU. Al finalizar su larga exposición declaró el deseo diáfano de su país de que se solucionara por vías pacíficas el diferendo exponiendo que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba reitera, pues, en este parlamento universal de naciones, su disposición a dirimir por los canales diplomáticos normales, en pie de igualdad y a la luz de las obligaciones internacionales contraídas por ambos países, sus diferencias con el Gobierno de los Estados Unidos”. Y dejó constancia del liderazgo cubano, de su determinación inquebrantable a resistir, en apretado haz con su pueblo, a quienes osaran desembarcar en las costas cubanas en son de conquistadores. No sería empresa fácil  derrotar a Cuba  porque su destino era el destino de todos los pueblos subdesarrollados de América Latina, Asia y África. Finalizando con la convicción de que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba solicita, por mi conducto, del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que adopte las medidas congruentes con la naturaleza de la cuestión planteada”.

 

Al día siguiente, al retomar la palabra para responder la resolución de la ONU, en la cual no se condenaban los actos de acoso, represalias y agresión de los EE.UU. y se consideraba que la denuncia de Cuba estaba siendo considerada en la OEA, el Canciller de la Isla advirtió que su país reafirmaba su pleno derecho a elegir la vía del Consejo de Seguridad y ratificaba, en todas sus partes, la denuncia que había formulado y negaba categóricamente que la grave situación existente entre EE.UU. y Cuba estaba siendo analizada en la OEA. Más adelante exponía que el “famoso memorando” del gobierno norteamericano sobre las supuestas provocaciones que le atribuía al Gobierno Revolucionario Cubano, en detrimento de las buenas relaciones en el Caribe, había sido remitido a la Comisión Interamericana de Paz, que era un organismo colateral de la OEA y no una denuncia formal presentada, como correspondería, al Consejo de la Organización. Otra vez los EE.UU. se erigían como juez y parte, además de mentir ante las Naciones Unidas. 

 

Mientras, en el edificio de la OEA, en Washington, los preparativos de la reunión de cancilleres continuaban a pasos agigantados. La sede ya estaba designada, sería San José, Costa Rica. El 1ro de agosto, el gobierno norteamericano dirigió otro memorando a la Comisión Interamericana de Paz donde se expresaba honda preocupación por las relaciones del Gobierno Revolucionario Cubano y el “bloque sino-soviético” y advertía sobre “una tendencia dictatorial de control político en Cuba”.  El 17 de agosto de 1960 se inauguró  la Sexta Reunión de Consulta de Ministros de la OEA  que culminó el día 21. El evento fue definitorio en cuanto a las acusaciones y la condena al régimen de Trujillo que abandonó la conferencia el día 18. Los EE.UU. y sus aliados hemisféricos denostaron al dictador dominicano por dos razones fundamentales, en primer lugar, porque eran evidentes las acciones agresivas de éste contra Venezuela y las violaciones de los derechos humanos que cometía internamente en su país; y, en segundo lugar, porque tenían que sacrificarlo para llevar adelante su misión contra Cuba. Primó nuevamente el pragmatismo a lo norteamericano de que “los EE.UU. no tienen amigos sino intereses”. Se encomendó, de acuerdo a las sanciones impuestas, el rompimiento de relaciones diplomáticas de los gobiernos latinoamericanos y caribeños con Santo Domingo, aunque el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Christian Herter, deslizó la idea de que debía crearse un Comité Especial de la OEA para supervisar unas elecciones que se convocarían en dominicana. El fantasma de la intervención encubierta o directa era la opción yanqui a los castigos (sanciones) que ya estaban definidos.

 

La delegación cubana votó a favor de las medidas propuestas siempre que se tuviera en cuenta o estuvieran en conformidad con los preceptos contenidos en los pactos, convenios y tratados internacionales, pero también enjuició a los EE.UU. por ser el protector de Trujillo y llevar a cabo agresiones constantes contra Cuba. Por lo que solicitó sanciones también contra Washington. La réplica y contrarréplica no se hicieron esperar. El señor Herter lanzó la difamación de las implicaciones ideológicas del acercamiento de Cuba con la URSS y la dependencia de  la  primera  con  respecto  a  la segunda. Roa respondió que Cuba  no era un satélite efectivo o ideológico de nadie gracias a la Revolución popular que le había conquistado el pleno ejercicio de la soberanía, y sentenció que “[...] De quien Cuba dejó de ser satélite para siempre, desde el primero de enero de 1959, es del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica”. (Raúl Roa Contrarréplica en la VI Reunión de Cancilleres de la OEA, en: Carlos Lechuga Itinerario de una Farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991,  pp. 85-86).

 

Un día más tarde, el 22 de agosto, se iniciaba la Séptima Reunión de Cancilleres de la OEA. Las intenciones de la misma, dada su rápida convocatoria, quedaron meridianamente claras en el acto de inauguración cuando el Canciller de Colombia Julio César Turbay Ayala, expresó que el encuentro tenía lugar para analizar el caso de Cuba y la solidaridad que le extendía la Unión Soviética; porque el Gobierno Cubano pretendía, además, debilitar la solidaridad continental hasta extinguirla y que la Mayor de las Antillas al minar la unidad hemisférica, lo que deseaba era sustituirla por una alianza de países subdesarrollados de todas las latitudes geográficas, cuyas doctrinas políticas no eran precisamente democráticas, y que intentaba darle una dimensión clasista a las relaciones entre los pueblos, sitiando a los Estados Unidos en su propio entorno. El cinismo, la hipocresía y la falta de ética no podían alcanzar un lugar más “alto”. Turbay Ayala defendía a los EE.UU. del “cerco que la pequeña Cuba pretendía tenderle”. La batalla diplomática y política había recomenzado. La tónica del discurso del colombiano era solo la antesala de lo peor.

 

Al hablar en la primera sesión de la VII reunión, el ministro cubano hizo una disertación de citas de Bolívar, Juárez, Martí y otros próceres latinoamericanos que enjuiciaban negativamente a los EE.UU. Su objetivo era claro, tenía que desenmascarar a Herter quien había señalado en el evento anterior, que en el lenguaje del canciller cubano se advertía cierta “influencia soviética”. Y cuando le preguntó a Herter y a los demás representantes latinoamericanos y caribeños quiénes escribieron o expresaron tales ideas antiimperialistas, él mismo contestó irónicamente que no habían sido obras de Carlos Marx o Nikita Jruschov y entonces nombró las fuentes revolucionarias latinoamericanas. Ya en los inicios de su intervención había declarado que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba no ha venido a San José de Costa Rica como reo, sino como fiscal. Está aquí para lanzar de viva voz, sin remilgos ni miedos, su yo acuso implacable contra la más rica, poderosa y agresiva potencia capitalista del mundo que, en vano, ha pretendido intimidarlo, rendirlo o comprarlo”. (Raúl Roa Intervenciones en la Séptima Reunión de Consulta de Cancilleres de las Repúblicas Americanas, en: Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Ob. Cit., p. 53).

 

Los argumentos del representante de la delegación cubana fueron muy sólidos desde el punto de vista histórico, político y ético. Las responsabilidades de los gobiernos de EE.UU. con respecto a la deformación estructural de la economía cubana, su atraso y subdesarrollo fueron narradas y expuestas con razonamiento lógico. No hubo una acusación o difamación que Cuba no respondiera y contraatacara. “[...] Y ahora, porque estamos dando fin a ese nuevo sistema de coloniaje, el coloniaje económico, -decía en otra parte de su intervención-  se nos proclama herejes dentro de la “democracia americana”. Antidemocráticos se nos llama, porque nuestro Gobierno no responde a los intereses de la oligarquía monopólica sino a los intereses del pueblo de Cuba. Porque distribuimos los latifundios y creamos cientos de miles de nuevos propietarios, dicen que estamos contra el derecho de propiedad. Porque hacemos al cubano dueño de sus tierras y de sus fábricas, nos dicen que estamos al servicio del comunismo internacional. Porque no tuvieron resultados los planes para bloquearnos económicamente, cortándonos el suministro de petróleo y privándonos de nuestro tradicional mercado, y porque hemos tratado de sobrevivir comprándole petróleo a quien se ha dispuesto a vendérnoslo y vendiéndoles azúcar a todos los pueblos que han querido comprarnos la que ellos rechazaron, dicen que abandonamos el sistema interamericano. En resumen, porque no nos hemos resignado a morir, quieren matarnos. Pero no quieren matarnos por sí solos, sino que están reclutando cómplices, porque necesitan justificar su crimen ante la opinión de América para que nuestra sangre no los ahogue”.  Al referirse a los intentos de convertir a Cuba en uno de los puntos polémicos de la Guerra Fría, y que desde el propio año 1959, EE.UU. propagó la idea de “la filtración comunista” en el gobierno cubano, el representante cubano tomó como ejemplo el último hecho promovido por la administración norteamericana que,  justificándose en  la apreciación de que la Isla había transgredido la disciplina de la OEA al aprobar la declaración del Premier Soviético Nikita Jruschov de solidaridad con Cuba, se preguntó y respondió acertadamente, “[...] ¿Quién provocó la declaración de Jruschov? ¿Constituye, propiamente, un intento de intervención en los asuntos privados del hemisferio? ¿O es la réplica oportuna a una larga cadena de agresiones y represalias? El único y verdadero responsable de esa declaración es el Gobierno de los Estados Unidos” .

 

Y continuó con una importante afirmación de principios en la arena internacional “[...] Si anudar relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con la Unión Soviética y otros países socialistas significa transgredir esa disciplina, transgredida queda [...] El Gobierno Revolucionario no puede supeditar su soberanía a decisiones ajenas. Si mantener esas relaciones, que benefician al pueblo cubano -de no haber tenido la previsión y el valor de establecerlas estaría hoy alimentándose con los sobrantes del azúcar- trae aparejado el marbete de comunista, venga el marbete”.  Señaló asimismo que Cuba había declarado que seguiría comerciando con todos los pueblos que quisieran comprarle o venderle, gústasele o no al Gobierno de los Estados Unidos y, a la vez, acusó a dicho gobierno de extorsionar al pueblo de Cuba en el ejercicio de la libertad de comercio, como violación flagrante de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. 

 

En cuando al principio de no intervención e intromisión en los asuntos internos de cualquier Estado o grupo de estos, planteó que Cuba apoyaba resueltamente dicho precepto y se oponía a estos actos ingerencistas provinieran de este continente o de cualquier otro, en la jurisdicción interna o externa de los Estados americanos. Asimismo declaró que las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales que estableciera la URSS con cualquier país de América, el tipo ayuda que le prestara o declaración que hiciera de defender a éstos contra una potencia intra-continental, como los Estados Unidos -incluyendo una invasión militar- no constituiría una forma de intromisión o intervención. Porque en todo caso, la declaración soviética debía tomarse como un apoyo al derecho de no intervención y no agresión militar. Encarando a los gobiernos del área les preguntó si estarían dispuestos a apoyar a Cuba en caso de una agresión norteamericana y qué harían si prosiguieran las agresiones económicas contra la Mayor de las Antillas, que representaban un manifiesto menosprecio de la Carta de la OEA. Ante esa interrogante el silencio inundó la sala.

 

Sin embargo, a pesar del tono confrontativo, en otra intervención el Canciller cubano daba muestras de iniciar, aun en ese contexto, un diálogo constructivo con los EE.UU., expresando que su gobierno estaba dispuesto a “[...] examinar, a analizar, a negociar, sus gravísimas diferencias con el Gobierno de los Estados Unidos, por vía bilateral, en un pie de igualdad absoluta, y con agenda abierta, es decir, con inclusión de todos los temas que puedan interesar [...] que estas negociaciones deben desarrollarse en el marco estricto del derecho internacional. Cuba no ha agredido ni agredirá a nadie. Cuba aspira a vivir en armonía y en paz con todos los pueblos del mundo”. Para añadir a continuación que su país y pueblo “[...] ama tanto la paz que ha podido convertir los cuarteles en escuelas y los tanques en tractores. [...] Y ha podido hacer algo más: ha podido, gracias a su carácter genuinamente democrático, aunque no proceda del voto, armar a su pueblo. ¿Qué gobierno que no lo sea, el mismo Gobierno de los Estados Unidos, puede armar al pueblo norteamericano, a determinada zona del pueblo norteamericano, como a los negros del Sur, como en estos momentos el Gobierno de Cuba ha armado a su pueblo, el cual está presto a defender, bajo la consigna de Patria o Muerte, la sobrevivencia de la nación cubana, agredida y amenazada?”

 

A pesar de los debates y de las contundentes declaraciones y respuestas de Cuba, las presiones norteamericanas y las genuflexiones de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños habían logrado que se compusiera un texto, que sin nombrar a Cuba, la denunciaba de manera indirecta. Se redactó la denominada Declaración de San José  en cuyos artículos más importantes se exponía: “1- Condena enérgicamente la intervención o amenaza de intervención, aun cuando sea condicionada, de una potencia extracontinental en los asuntos de las Repúblicas americanas, y declara que la aceptación de una amenaza de intervención extracontinental por parte de un Estado americano pone en peligro la solidaridad y seguridad americanas, lo que obliga a la Organización de Estados Americanos a desaprobarla y a rechazarla con igual energía [...]; 2- Rechaza asimismo la pretensión de las potencias chino-soviéticas de utilizar la situación política, económica o social de cualquier Estado americano, por cuanto dicha pretensión es susceptible de quebrantar la unidad continental y de poner en peligro la paz y la seguridad del Hemisferio, [...]; 4- Reafirma que el sistema interamericano es incompatible con toda forma de totalitarismo y que  la  democracia  solo  logrará  la  plenitud  de  sus objetivos en el Continente cuando todas las repúblicas americanas ajusten su conducta a los principios enunciados en la Declaración de Santiago de Chile, [...]; 5- Proclama que todos los Estados miembros de la Organización Regional tienen la obligación de someterse a la disciplina del sistema interamericano voluntaria y libremente convenida, y que la más firme garantía de su soberanía y su independencia política proviene de la obediencia a las disposiciones de la Carta de la Organización de Estados Americanos.”  (Acta Final de la Séptima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, San José, Costa Rica, 22 al 29 de agosto de 1960, en Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Documentos de la OEA, Unión Panamericana, Washington, DC, 1961,  pp. 1-2)

 

La delegación cubana al comprobar que la resolución iba a ser aprobada por consenso, no obstante, pronunció otras intervenciones para dar a conocer algunas tesis fundamentales acerca de la supuesta “soledad” de Cuba y sobre la posible agresión militar contra el país. En este sentido se argumentó que “[...] El Gobierno y el pueblo de Cuba están plenamente convencidos de que se hallan bajo la inminencia de una agresión militar del Gobierno de los Estados Unidos. [...] Y nuestro país está absolutamente desamparado en el hemisferio. [...] Cuba no ha encontrado en los gobiernos democráticos del continente ni en la Organización de los Estados Americanos el apoyo que debía encontrar [...] (Intervenciones de Raúl Roa en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, en Raúl Roa, Canciller de la Dignidad, Ob. Cit. p. 118), continuando Raúl Roa, “[...] Pero si nos sentimos oficialmente solos, no estamos vitalmente solos. El pueblo de Cuba, en ésta, la más dramática coyuntura que ha afrontado a lo largo de su fecunda y agitada historia, se sabe amparado por millones de brazos y corazones que se vuelcan sobre las costas doradas de mi patria en oleadas sucesivas, levantando, por así decirlo, un farallón que puede resultar inexpugnable. Y si este farallón fuese horadado, sépase también que lo único que habrán de recoger los invasores, mezclado al polvo de la patria, será la sangre de sus hijos, que se trocaría al cabo en símbolo inmortal, para ser, ya que no norma sustantiva de la Organización de Estados Americanos, sí ejemplo y lección para nuestros pueblos [...] Si ante esta situación de peligro inminente para la sobrevivencia de Cuba como nación, cualquier otro Estado continental o extracontinental, le ofreciera su cooperación y apoyo para subsistir, el Gobierno Revolucionario lo aceptaría jubiloso y agradecido. No podía ser otra su actitud, so pena de traicionar el mandato de su pueblo y algo que es aún más importante que eso: el compromiso irrenunciable que tiene adquirido con la nación, como tal, para preservar su sobrevivencia a toda costa. Esa  es,  pues, la posición de Cuba ante el punto primero del Proyecto de Declaración [...] Saldríamos de aquí encendidos de fe, si en nombre de los principios en que teóricamente descansa la Organización de los Estados Americanos, se adoptase una resolución condenatoria de los actos de intervención y agresión perpetrados por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba”.

 

Ante las maniobras de última hora que pretendían crear una comisión que investigara las acusaciones de Cuba a EE.UU. y a la inversa, el canciller cubano fue renuente a la misma sabiendo que los resultados no iban a arrojar un saldo positivo en beneficio del pueblo cubano. Sin embargo, para demostrar la no tozudez cubana con respecto a la solución por vías pacíficas y diplomáticas del conflicto con el Imperio del Norte, Roa indicó que el gobierno cubano estaba presto, incluso, a aceptar una gestión de buenos oficios de parte de aquellos Estados latinoamericanos respetados y respetables de la Organización para, en efecto, dirimir sus diferencias con el de los Estados Unidos, en negociación de tipo bilateral, en pie de igualdad y con agenda libre.

 

Y cuando en la conferencia era inminente la aprobación de la Resolución de San José, el canciller cubano declaró  que la  delegación  de Cuba  se  retiraba  de la  VII  Reunión  de Consulta porque, “[...] La razón fundamental que la mueve inexorablemente a ello es que, no obstante todas las declaraciones y protestas que aquí se han formulado en el sentido de que Cuba podía contar con la protección y el apoyo de la Organización de los Estados Americanos, a la cual pertenece, contra los actos de intervenciones y agresión de otro Estado americano, las pruebas que han aducido no han tenido eco, ni resonancia, ni acogida alguna. Los gobiernos latinoamericanos han dejado sola a Cuba [...] Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de Nuestra América”.

 

La aprobación de la Declaración de San José mostró la debilidad y el lacayismo de los gobiernos y otros actores políticos de la región quienes desde supuestas posturas liberales burguesas se quebraron y fueron copartícipes de la resolución. Ante las presiones norteamericanas y los intentos de mediatizar el proyecto político, democrático y participativo de la Revolución Cubana, ésta no tuvo otra alternativa que responder con un documento trascendental: La Primera Declaración de La Habana, aprobada por todo el pueblo cubano, primeramente en un acto masivo en la Plaza de la Revolución, en la capital de la República. 

 

Pero el mal estaba hecho, porque los EE.UU. recibieron la luz verde para agredir militarmente a Cuba. El 15 de abril de 1961, aviones norteamericanos con las insignias de las Fuerzas Aéreas Revolucionarias en sus fuselajes, bombardearon los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños, en La Habana, y el de Santiago de Cuba, en la provincia Oriental. Dos días después se iniciaba la invasión mercenaria por Playa Girón y Playa Larga, se le conoce más como Bahía de Cochinos, y fue aplastada por el pueblo revolucionario armado y combativo de Cuba en menos de 72 horas.

 

Y esa aventura bélica organizada, preparada, entrenada y apoyada por la logística estadounidense, en contubernio con los gobiernos de Nicaragua y el de Guatemala, se convirtió en la primera gran derrota militar y política de los EE.UU. en América Latina y el Caribe.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

(Continuará)