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El Blog de la Polilla Cubana
para compartir contigo noticias de Cuba y del mundo

Categoría: Izquierda a debate

25/10/2008 GMT 1

En espera de mágicas recetas

polillabaez @ 08:29


Hace varias semanas estoy esperando por las recomendaciones y recetas de los súper-revolucionarios para ver cómo pretenden sanar, con sus mágicas pociones, la crisis desatada por Estados Unidos que ya abarca a todo el planeta.

Los super-revolucionarios bastante que han aconsejado a la Revolución cubana. Recordemos las Reflexiones del compañero Fidel Castro Ruz, el 3 de septiembre del 2007, cuando escribió: “¿Qué aconsejan a la Revolución? Veneno puro. Las fórmulas más típicas del neoliberalismo.”

Párrafos antes, Fidel había escrito: “¿Qué ocurre con los super-revolucionarios de la llamada extrema izquierda? Algunos lo son por falta de realismo y el agradable placer de soñar cosas dulces. Otros no tienen nada de soñadores, son expertos en la materia, saben lo que dicen y para qué lo dicen. Es una trampa bien armada en la que no debe caerse. Reconocen nuestros avances como quienes conceden limosnas. ¿Carecen realmente de información? No es así. Les puedo asegurar que están absolutamente informados. En determinados casos, la supuesta amistad con Cuba les permite estar presentes en numerosas reuniones internacionales y conversar con cuantas personas del exterior o del país deseen hacerlo, sin traba alguna de nuestro vecino imperial a sólo 90 millas de las costas cubanas”.

Y los super-revolucionarios de producción nacional “Made in Cuba”, que tienen su espacio en kaosenlared ¿qué dicen ahora?, ¿cuál es la poción mágica que se ha de tomar? Porque nunca faltaron en sus recetas la introducción de la economía de mercado. No quiero mencionar nombres, pero algunos y algunas pretendieron dar clases de economía, aconsejar a la dirección de la Revolución cómo hacer “cambios”. Pobres de mente.

Bueno, ahora esperamos de sus recetas y consejos para superar la crisis que recorre el mundo, y que aún se desconoce cuál será el fin. ¿Qué escribirán, cuáles serán las razones o, mejor dicho, los pretextos para argumentar la crisis anunciada?

Los super-revolucionarios que nos recetaron y recetan las fórmulas del neoliberalismo tienen ya sus respuestas. Tal como escribió Fidel en la referida Reflexión:

“Subestiman la más colosal tarea de la Revolución, su obra educacional, el cultivo masivo de las inteligencias. Sostienen la necesidad de personas capaces de vivir realizando trabajos simples y rudos. Subestiman los resultados y exageran los gastos en inversiones científicas. O algo peor: se ignora el valor de los servicios de salud que Cuba presta al mundo, donde en realidad, con modestos recursos, la Revolución desnuda el sistema impuesto por el imperialismo, que carece de personal humano para llevarlo a cabo. Se aconsejan inversiones que son ruinosas, y los servicios que aportan, como el alquiler, son prácticamente gratuitos. De no haberse detenido a tiempo las inversiones extranjeras en viviendas, habrían construido decenas de miles sin más recursos que la venta previa de las mismas a extranjeros residentes en Cuba o en el exterior. Eran además empresas mixtas regidas por otra legislación creada para empresas productivas. No había límites para las facultades de los compradores como propietarios. El país suministraría los servicios a tales residentes o usuarios, para lo cual no se requieren los conocimientos de un científico o un especialista en informática. Muchos de los alojamientos podían ser adquiridos por los órganos de inteligencia enemigos y sus aliados”.

En Nueva York, la AFP anunció el pasado miércoles 22 de octubre que las Bolsas mundiales se desplomaban ese día, siguiendo la tendencia marcada por Wall Street en su apertura, en un mercado nervioso por las crecientes amenazas de una recesión mundial.

También destacó esta agencia que las pantallas de los operadores se tiñeron de números rojos a lo largo del planeta, desde Tokio, Hong Kong y Shanghai, a Nueva York, pasando por Francfort, Londres, París y Madrid. Sin dejar de mencionar que el primer ministro Gordon Brown había admitido ese mismo día, por primera vez, que la desaceleración económica a nivel mundial puede causar una recesión en Gran Bretaña, Estados Unidos y otras naciones.

Hay muchos más ejemplos, basta acudir a cualquier sitio en Internet y encontrará la situación incierta de una crisis. Ahí tienen los super-revolucionarios para entretenerse preparando y sugiriendo remedios.

Salven al mundo, que a Cuba la salvamos nosotros.

José (Pepe) Chávez

23/09/2008 GMT 1

Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual II, por Orlando Cruz Capote*

polillabaez @ 05:07



“Han sido escrito miles
de metros cúbicos
de libros contra Marx,
y Marx está más vivo
que todos los que intentaron superarlo”.
Darcy Ribeiro.

A esta nueva cultura científica y cotidiana que es, además, política e integral, le es imprescindible el debate y la polémica desde la ética humanista concreta, que no obvia el carácter clasista; el saber escuchar, dialogar y comprender que nadie posee la verdad absoluta; tolerar al “Otro”, el diverso, que puede investir un diferente punto de vista pero también válido; ser capaz de aprender el nuevo sentido de dirigir obedeciendo con humildad y modestia; admitir que el verdadero conocimiento es aquel que duda; ser crítico-constructivos con nosotros mismos y con los objetos y sujetos sometidos al análisis. Sin embargo, hay que re-pensar y re-crear en todas las esferas de la vida material y espiritual, pero sin caer en ingenuidades, espontaneísmos y subjetivismos-voluntaristas inocentes, muchas veces signados por la inercia, la apatía, el nihilismo y el apoliticismo.

Mucho menos extrapolar los métodos y conceptualizaciones de las ciencias naturales, exactas y aplicadas al terreno de las sociales, sin estudiar el comportamiento individual y colectivo del ser humano ante todas las realidades complejas que enunciamos. Si partimos de que existen diferencias y similitudes, cualquier reduccionismo de un lado o del otro puede ser fatal. El darwinismo social, el (neo)-malthusianismo, el mecanicismo, el relativismo y otras tantas teorías

-como el mencionado enfoque de la complejidad mal empleado- no pueden volver a obnubilar a los que trabajan los problemas sociopolíticos, económicos y culturales de la humanidad con fórmulas abstractas, no aplicables y otras muy específicas, pero no afines con la situación histórico-concreta del cuerpo societal.

Porque hay que distinguir en ese maremagnum de problemáticas, con un fino olfato ideopolítico, cuáles son las variantes que ayudan a la liberación nacional y social de los pueblos y las que pueden paralizar o hacer retroceder esas luchas, puesto que los procesos que caracterizan al Fast World capitalista actual están incidiendo en una visión subestimante y, a la vez, deprimente sobre los nacionalismos radicales (que provienen de su raíz histórica-cultural patriótica y solidaria, nunca racista y xenofóbica), hasta el nacional-reformismo y el populismo, los sentimientos y convicciones patrióticas, las tradiciones histórico-culturales originarias y más genuinas, así como las populares, que intentan sean reducidas a un simple folclor para turistas, al igual que las creencias, ritos y los mitos locales-nacionales que pretenden sean subalterizados.

Por eso los conceptos que reflejan, aunque no en todas sus aristas, los fenómenos reales de la multiculturalidad, la transfronterización, (1) la heterogeneidad y las complejas diversidades e identidades existentes hoy, provenientes algunas del pasado histórico, se encuentran en un franco tránsito hacia una pretendida re-dominación unilateral homogeneizante por su carácter globalizador natural y transnacional -este último además neoliberal- y han invadido la cotidianidad de la vida social y ciudadana en un numeroso grupo de naciones del planeta (o en casi todos), aunque los impactos más negativos se aprecian con mayor nitidez en el Tercer Mundo y en los bolsones tercermundistas de los países industrializados.

A su vez, el denominado “nomadismo identitario” - la multiplicidad de las identidades y/o el traspaso de unas a otras (el “Yo” en el “Otro” y en “Otros”)- se está produciendo con un carácter y una forma contraproducente, porque aunque muestra una movilidad, diversidad y entrecruzamiento interesante, proclive a un intercambio provechoso e identificaciones variadas, es también demostrativo de fuertes luchas por los espacios logrados o por conquistar, así como por los sentimientos encontrados de racismo, discriminación, xenofobia y exclusión presentes, en mayor o menor medida, en todas las sociedades.

También, porque los vínculos entre homogeneización (así como los propósitos de uniformización extrema) y pluralidad, entre universalismo y particularismo, (2) han cambiado en el sentido de la multiculturalidad que ya no solamente abarca aquella históricamente establecida -la que signaba las resistencias radicales de los pueblos originales y la de los mestizos nativos nacionales-clasistas explotados y oprimidos, contra los opresores y explotadores-, que no obstante continúan existiendo, sino la otra que convoca a una diversidad cultural, étnica, social y nacional que no son obstáculos irremediables para la modernización en el sentido positivo de los cuerpos societales. Porque todos ellos pueden asumir, y de hecho lo hacen, formas paralelas-alternativas que conviven en armonía o desarmonía, efímeramente o no, con las contradicciones endógenas y exógenas presentes.

Asimismo, porque la multiculturalidad e hibridación de los sistemas de vida están constantemente interpenetrándose e interceptándose de forma natural o violentamente. La heterogeneidad sociocultural y los desafíos de las costumbres surgen no solamente por la influencia exterior sino porque en cada región, nación y localidad coexisten varios códigos semánticos, se articulan redes complejas y heteróclitas de prácticas civilizatorias y signos, de préstamos de transacciones culturales muy diversas y universales, entre otras. Esta hibridación, a veces no completamente articulada o lograda, no elimina en el capitalismo el desigual acceso a la riqueza de las diferentes clases, grupos, sectores, segmentos y estratos sociales, su explotación, alienación / enajenación, opresión y marginación, pero está exigiendo reformular las concepciones que separaban maniqueamente lo extranjero de lo nacional, lo popular de lo elitista y lo tradicional de lo moderno. La calidad humana, ética y estética, además del contenido revolucionario del texto, del mensaje y las imágenes que se presenten es la línea divisoria de lo auténtico y legítimo vs. lo falso y lo no fidedigno.

En estos “nuevos” sistemas societarios, muchos de ellos transitando hacia formas económico-sociales y científico-técnicas superiores -esa es aún una remota posibilidad para todos los actores mundiales- hay, sin embargo, apropiaciones mutuas de conocimientos, simbologías, mitos, creencias, cultos, religiones y culturas, por lo que la modernidad o la “postmodernidad” no son obligatoriamente entes sustitutivos de las tradiciones preexistentes en los pueblos del Tercer Mundo y, en especial, los latinoamericanos y caribeños, y ni siquiera en las sociedades industrializadas.

Existe en la actualidad una tendencia a un intercambio creciente de saberes y conocimientos entre las culturas indígenas y/o oriundas acerca de la medicina natural, elementos curativos a través de la fuerza de la energía mental, el tratamiento con las manos, la acupuntura, la concentración yoga u otras variantes, así como creencias y nociones más adecuadas, ecológicamente, de cómo debe comportarse el hombre en su entorno natural, pero diverso y plural, y los descubrimientos científicos más avanzados de las civilizaciones y culturas adelantadas tecnológicamente, en especial las del mundo occidental industrializado, que brindan también elementos valiosos de sabidurías, así como formas educacionales-culturales aprovechables. La solución en esta fase de “culturalización de conflictos”, sería la subordinación relativa y la necesaria complementación / integración de las autonomías, las soberanías y todo ello sin perder las diversas identidades nacionales, culturales y otras tantas, autóctonas y auténticas, que nos recorren.

La realidad sociopolítica contemporánea y los impactos de la mundialización transnacional capitalista: La lucha de clases continúa.

No obstante haberse producido el colapso de los proyectos del autodenominado “socialismo real” en el centro-este europeo y la Unión Soviética, la pérdida de legitimidad y el desmantelamiento paulatino del Estado-Nación -incluyendo, paulatinamente, al fuerte, providencial y benefactor burgués-, la desintegración de Estados Multinacionales en pequeños y débiles estados nacionales, o mucho menos que eso, promovidos increíblemente por los diseñadores de la “Aldea Global”, en contraposición a la “Aldea Local”, han renacido con fuerza en los años finales de la pasada centuria, los gobiernos populares y revolucionarios, nacionalistas e integristas con la consabida aparición, resurgimiento y fortalecimiento, paradójicamente multiplicados, de las identidades diversas o heterogéneas, representadas por los nuevos movimientos sociales y políticos que abarcan disímiles grupos y sectores de la sociedades -la realización de los Forum Sociales Mundiales es un ejemplo de esa diversidad- que han derivado a un corrimiento hacia las identidades culturales, tanto regionales como locales, estas últimas de forma predominante, aunque con una lenta reanimación de los intentos políticos, económicos y sociales integracionistas regionales, complementarios y solidarios. Y también subsistieron los socialismos en Cuba, China. Vietnam, Corea del Norte y Camboya o Kampuchea, cualesquiera que sean sus características y particularidades, y que provienen de la pasada centuria.

Sin embargo, algunos de los movimientos sociales y políticos de nueva factura han subestimado y otras veces obviado que, fundamentalmente, sólo sobre la base de una articulación y una integración de lo diverso, de lo autonómico o local con lo nacional y estos, a su vez, con lo internacional, es y será posible una resistencia única y poderosa, articulando la heterogeneidad de estas organizaciones y/o movimientos, ante la hegemónica globalización capitalista neoliberal. Ello sin soslayar que la crítica principal a este modelo parte, evidentemente, de la capacidad de estos movimientos para organizar a diversas fuerzas políticas y sociales de carácter local, regional, nacional y mundial, que ya han demostrado una formidable y creciente resistencia tanto teórica como política, al señalar que la globalización no tiene que ser un proceso que transcurra desde una rayana hegemonía o hacia un inevitable sistema de dominación múltiple del capital, como ha venido ocurriendo, casi siempre, de forma fatalista.

No obstante, los intelectuales revolucionarios orgánicos, los líderes de izquierda de amplio espectro ideopolítico, los demócratas y progresistas, así como las organizaciones populares de base, aquellas que construyen el poder desde abajo, han puesto en entredicho ciertos esquemas dominantes en la reflexión político-social e histórica, pronunciándose por una globalización solidaria, humana, pacífica e integracionista en el que el tema de la democracia popular directa y representativa - teoría y práctica - sea un principio de legitimidad para que un mundo mejor sea necesario, posible e imprescindible.

Los que vivimos en este planeta y tiempo histórico sabemos -o debemos saber- que la época de la globalización transnacional capitalista neoliberal es también un período asimétrico de intensa mundialización natural de la humanidad y de procesos simultáneos de globalizaciones altercapitalistas, otros antiglobalizadores absolutos, así como de verdaderos “agujeros negros” societal-civilizatorios a los cuales no han penetrado, o lo han realizado en muy poca cuantía, estos fenómenos transnacionalizadores. En estos países y regiones los efectos son pobres aún o se les ha contrapuesto una enorme resistencia tradicionalista (religiosa, étnica, tribal, local y nacionalista) consciente e inconsciente; o ha sido consecuencia de la asimétrica difuminación de tales ideas y adelantos científico-técnicos.

Pero, la denominada “norteamericanización”, la “europeización” o la transnacionalización en términos de “glocalización” y la “indigenización” no sólo pretenden allanar las diversidades y heterogeneidades, sino “parasitar” más que todo estas diferencias regionales, nacionales, locales y culturales con vistas a obtener esperanzas de productividad, efectividad y ganancias, una mayor plusvalía según Carlos Marx. El autor Leslie Clark plantea que “[...] En cierta medida, la globalización económica ha cambiado [...] al facilitar la incorporación de socios locales a las redes transfronterizas de las corporaciones globalizantes y al permitir que estas aprovechen las ventajas de los socios y recursos locales, ventajas que pueden compartir con las élites locales.” (3)

En especial, a los gobiernos del denominado Tercer Mundo o de aquellos países que han sido arrastrados a ese status de subdesarrollo y dependencia, como sucede con las naciones del este-europeo (los ex-socialistas) y las zonas periféricas del Norte Industrializado, se les orienta que reduzcan el Estado-Nación al cumplimiento de funciones policiales para controlar a las masas populares; suprimir sus prerrogativas para decidir la planificación, regulación y control de las economías; invalidar y violar las leyes estatales, federales y autonómicas (las provinciales, municipales, distritales y también las locales); eliminar sus derechos para determinar los emplazamientos (cuáles y dónde) de nuevas industrias y servicios, incluidos los bancarios, culturales e informáticos. Asimismo, se les indica la ubicación, con la cantidad incluida, de las inversiones de capital transnacional, casi siempre hacia la propiedad privada, de las nuevas tecnologías, sobre el mercado destinatario, su comercio, que están privilegiando al sector privado de la oligarquía local, así como eludir las normas ecológicas y de protección medio ambiental, entre otras imposiciones-restricciones.

En muchos casos, además de la realidad actuante, se hacen verdaderos discursos teórico-políticos y “científicos” que pretenden tener como punto de partida una totalidad, subestimándose u omitiéndose las partes o componentes del Sistema de Dominación Múltiple del Capital (4) -se esconde la cultural con fines bien predeterminados-, disminuyendo arbitrariamente sus desigualdades, asimetrías, inequidades y, más que todo, las tendencias alternativas-críticas, gubernamentales y no gubernamentales (ONG) de la sociedad política y la sociedad civil. También se resta importancia a la acción de los Estados-Naciones populares, las autonomías, los esfuerzos de cooperativas locales y las formas de gobierno autogestionarias que se ensayan en procesos revolucionarios de variado espectro ideopolítico, y la fuerza, con mayor o menor dimensión, de las potencias emergentes, a los diversos procesos integracionistas y a los múltiples actores tradicionales y modernos, locales y regionales, nacionales y mundiales que desean un Nuevo Orden Internacional, así como al funcionamiento del multilateralismo y la necesidad de un reajuste más democrático y justo de los diversos escenarios. Aún más, se evitan, ocultan, minimizan o se prohíben a los pensadores de izquierda, quienes quedan relegados a las páginas Web de los periódicos alternativos digitales que, a pesar de todo, están siendo convertidos en verdaderas armas de combate contra los dueños de la informatización -pensamiento único- globalizada transnacional capitalista.

El debate ideopolítico esclarecedor y las izquierdas.

En este contexto, las izquierdas resaltan los problemas esenciales de la independencia, la soberanía, la autonomía, la integración solidaria y la urgencia de que se respeten los derechos de las naciones y pueblos (estos últimos casi siempre referidos a pueblos originarios que radican en varios Estados naciones fronterizos) a construir las sociedades colectivas que entiendan -en un marco jurídico que no afecten a terceros-, sobre la base de la mayor democracia participativa-directa posible y necesaria. Una democracia real y justa, de equidad, de libertad y justicia social en donde los individuos y los colectivos construyan sus ordenamientos y normativas jurídicas y éticas.

La movilización de la sociedad civil, en sus múltiples variantes y diversidad, como importante fuerza popular dinamizadora tiene que desempeñar un mayor rol en el proceso integracionista desde un comprometimiento que tenga sus raíces en lo local, lo nacional, tránsito de lo universal. Ello es tan necesario porque la mayoría de los discursos desde el poder han quedado en una promesa postergada, han sido cuestionados y han caído en una incredibilidad frustrante. Sólo con el apoyo decidido de los movimientos sociales y políticos contestatarios -nuevos y tradicionales- al Sistema de Dominación Múltiple del capitalismo se podrá catalizar y rescatar, a partir de las masas populares, la cultura política alternativa de un nuevo y positivo redimensionamiento del Estado-Nación, la Identidad Nacional, las autonomías, las soberanías y la urgencia de la articulación-integración de lo diverso.

La riqueza y complejidad de la realidad nos muestra paradojas que pueden ser aprovechadas, fortalezas que deben ser desafiadas o debilitadas desde dentro del sistema capitalista mundial, para brindar una respuesta y un accionar, no solo diagnosticador y propositivo, sino de tomar la iniciativa histórica. Porque la defensa de lo “local” o lo “nacional”, hasta lo regional, también transita por el riesgo de que esta sea usufructuada y reutilizada por los políticos nacionalistas y/o populistas (algunos de la peor especie, por ejemplo, los fascistoides) y, especialmente, por la denominada burguesía “nacional” y/o la “interior”, que tienen el objetivo de contrarrestar y minar el activismo de la clase obrera o desposeída -en su nueva reconfiguración y dimensión-, y de los movimientos sociales y políticos antiglobalización capitalista neoliberal.

Cualquier iniciativa “nacional” o local, de los “movimientos nacionalistas” y otros, que no tomen en cuenta el poder estructural y los intereses del capital transnacional, fundamentalmente del imperialismo norteamericano, deviene en una falsa dicotomía que puede llevar a la conclusión de que el capital nacional virtualmente es sinónimo de nación. Así, los intentos de los movimientos sociales, los partidos u organizaciones de izquierda y de la intelectualidad progresista de acometer la lucha antiglobalizadora transnacional negando el rol de la lucha de clases o el enfoque clasista de sus plataformas políticas, invalida o tuerce el camino hacia una resistencia y desarrollo activo-efectivo de la alteridad al hegemonismo capitalista neoliberal que es, asimismo, un signo de debilidad de la actual ideología de la izquierda alternativa mundial. Es lo que denomina el estudioso Gerard Greenfield, como el empleo de “[...] la retórica del antiimperialismo sin desafiar al capitalismo.” (5)

En algunos países y regiones, el redimensionamiento del Estado-Nación toma el rumbo de una transformación gerencial del orden público nacional. Esta construcción de un nuevo nacionalismo basado y disfrazado en un modelo gerencial (subordinado o subalterno) de gobernabilidad va más allá de un sistema-método autoritario que defiende únicamente los grandes negocios de la oligarquía burguesa en un país. Se convierte, y es así en la mayoría de algunos modelos nacionales y regionales, en una estrategia para insertar profundamente al capital “local”-nacional, con mixtura regional y transnacional, en la internacionalización capitalista. Y tratan de que esa reorganización del Estado-Nación opere como un agente de primer, segundo o tercer orden, con el fin de sesgar las protestas antiglobalizadoras y, muy especialmente, la omitida confrontación antagónica entre el trabajo y el capital, entre el obrero-asalariado y el capitalista, entre el poseedor y el desposeído.

De forma paradójica muchas demandas de la heterogénea izquierda planetaria contra la hegemonía del capitalismo transnacional coinciden -o la hacen coincidir algunos actores sociales- con los intereses nacionalistas del capital “local o nacional”. El sentido de la contradicción que trata de ocultarse es la existencia de una supuesta burguesía nacional en un mundo cada vez más transnacionalizado, en la que ella es igualmente nacionalista e internacionalizante. Olvidándose la sentencia del politólogo Nicos Poulantzas de “[...] No puede haber duda de que la política burguesa enfrentada cara a cara con la nación está sujeta a los peligros de sus intereses particulares: de hecho, la historia de la burguesía se caracteriza por una continua oscilación entre la identificación con - y la traición - a la nación [...].” (6) Concepción que es reforzada por una afirmación de Bob Jessop cuando explica que, para comprender el sentido de la clase capitalista local transnacionalizada y los cambios que han transformado a la burguesía nacional en una burguesía interior, es necesario saber que “[...] Esta burguesía interior no es totalmente dependiente del capitalismo externo - como lo es la burguesía compradora [importadora] -, la cual carece de una base propia de acumulación y está económica, política e ideológicamente subordinada. Tampoco es lo suficientemente independiente para jugar un rol de liderazgo en ninguna lucha antiimperialista genuina (como lo es la burguesía nacional). Esta posición intermedia no significa que la burguesía interior carezca de algún grado de independencia. Al contrario, tiene su propio basamento económico y sus bases de acumulación locales y externas y mantiene sus propias orientaciones políticas e ideológicas nacionales opuestas al capital norteamericano [...]”, (7) y no solo a éste, según los casos. Esta definición de burguesía interior, es un concepto operacional que permite realizar dos dimensiones críticas de la misma: la integración - paulatina y acelerada - con los circuitos del capital extranjero y, la posesión de su propio fundamento económico y bases de acumulación en el país y en el extranjero.

Todo ello nos conduce a corroborar que es sumamente importante, desde el ángulo táctico y estratégico, que los movimientos sociales y políticos antiglobalización comprendan que el capitalismo transnacional se apropia de la defensa de lo “local” como un medio de relegitimarse. Por ello una visión estrecha, dogmática y esquemática de la lucha frontal o de posiciones, con las respectivas políticas de alianzas y compromisos, de los diversos movimientos alterglobalizadores, antisistemicos o no, hacia el nacionalismo y las apelaciones a la soberanía nacional, con pretendidas ínfulas de defenderse ante lo extranjero, más la autosuficiencia nacional - entre otras consignas ideológicas donde el pragmatismo parece ser lo dominante - puede promover alternativas que refuerzan la lógica metabólica reproductiva del capital transnacionalizado.

Sin una mirada concienzudamente crítica y clasista cualquier política de izquierda en este mundo tan complejo puede perderse y convertirse en un boomerang más peligroso que la parálisis de pensamiento y acción. Cuando se pierde el enfoque clasista del análisis nacional, regional e internacional y se utilizan términos ambiguos para denominar a los explotados y oprimidos, como: “multitudes”, “gente indigente”, “ordinaria” y hasta “marginales” o “pobres”, se puede identificar a éstos y los explotadores con el ideal y la realidad de la nación, extrayendo la lucha de clases, siempre presente, de la ecuación alternativa que es, indudablemente, un punto de partida fundamental de la problemática del proceso globalizador capitalista transnacional neoliberal.

La historia que se construye debe entonces dejar de ser exclusivamente reflejo de la autoconciencia occidental -del Norte rico- que tanto ha gustado de edificar e imponer metarrelatos de sí misma a partir de sus propios referentes nacionales, culturales e históricos. Las otras historias, las de los pueblos naciones asiáticos, africanos, de Oceanía y las originales de América del Norte, y los grandes pueblos oriundos y mestizos de Latinoamérica y el Caribe -enclaustradas muchas veces en sus propios esquemas tradicionales, en parte por la exclusión y explotación a que han sido sometidas-, y lo más esencial, la historia de los explotados, marginados y excluidos de cualquier relato y protagonismo -los hombres y mujeres sin historia- deben incorporarse como expresiones relevantes de espacios y temporalidades trascendentes para toda la humanidad.

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Nestor García Canclini Cultura y Sociedad. Homogeneización y Pluralidad Cultural. Universalismos y Particularismo, en revista FERMENTUM, Año 3, No. Especial 6 y 7, enero-agosto, Mérida, Venezuela, 1993; Martin Hopenhayn ¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura, En Cultura, política y sociedad. Perspectivas latinoamericanas, (Daniel Mato, Compilador), CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(2) Daniel Mato Teoría y política de la construcción de identidades y diferencias en América Latina y el Caribe, Editorial Nueva Sociedad / UNESCO, Caracas, 1994; Des-fetichizar la “Globalización”, en Colectivo de Autores Cultura, política y sociedad, CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(3) Leslie Clark The Transnational Capitalist Class, Blackwill, Oxford, 2003.

(4) Gilberto Valdés Gutiérrez El Sistema de Dominación Múltiple del Capitalismo, Tesis de Doctorado en Ciencias Filosóficas, Biblioteca Especializada del Instituto de Filosofía, La Habana, 200l.

(5) Gerard Greenfield Bandung de vuelta: Imperialismo y nacionalismo antiglobalización en el sudeste asiático, en El Imperio Recargado, Editores Leo Panitch y Colin Leys, Socialist Register, (2005), CLACSO, 2005.

(6) Nicos Poulantzas State, Power, Socialism, Verso, London-New York, 2000.

(7) Bob Jessop Nicos Poulantzas: Marxist Theory and Political Strategy, Macmillan, London, 1985

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

20/09/2008 GMT 1

A propósito de la última propuesta del profesor de Binghamton, por Felipe de J. Pérez Cruz

polillabaez @ 15:51

El Socialismo del Siglo XXI y el fin del internacionalismo:

Recién el profesor James Petras nos ha regalado sus nuevas consideraciones sobre el socialismo en el Siglo XXI (1). Se trata de un artículo que motiva más de una pregunta; sin embargo, de todas resulta muy significativa la que pudiera interesarse con el profesor de la Universidad del Estado de Nueva York, en Binghamton, sobre la devaluación que manifiesta de la política exterior de solidaridad y el internacionalismo de los Estados socialistas en el Siglo XX.

El equilibrio entre la política interna y externa de un Estado, resulta un tema bien complejo y no siempre se resuelve, como lo intenta hacer el profesor de Binghamton, por métodos contables y racionalidades económicas. Pero no pretendo iniciar un debate sobre teoría y praxis de relaciones internacionales. Me interesa más el aspecto histórico y su ética política.

¿Internacionalismo versus alienación?

“Frecuentemente –afirma el profesor Petras- los gobiernos socialistas del siglo XX alienaron a sus trabajadores desviando grandes cantidades de ayuda a países extranjeros... Esta tesis que vincula al ejercicio del internacionalismo con la alienación resulta insostenible.

No hay página más hermosa de la historia contemporánea que la que escribieron las naciones -del socialismo que realmente existió-, y en particular la URSS, en apoyo solidario a otros pueblos: ¿Pueden los españoles republicanos, chinos, coreanos y vietnamitas… dejar de reconocer lo que significó la ayuda material soviética en momentos de cerco y guerra imperialista? ¿Quién soportó los mayores rigores de la agresión nazi, quien aportó el mayor caudal de víctimas, quien ganó para la liberación de Europa y del mundo, las más decisivas batallas? Los cubanos patriotas, lo aseguro, jamás olvidaremos el aporte mundial y la solidaridad concreta recibida del pueblo soviético.

¿Y esta práctica internacionalista de qué “alienaba” a los trabajadores soviéticos? ¿De “inversiones masivas en viviendas de calidad bien equipadas –nos asegura el profesor de Binghamton- , transporte público y de infraestructura, de ropas y zapatos”, de más gramos de mortadela y queso? ¿De “conciencia medioambiental”?!!!

Se trata ésta de una lectura sumamente sesgada de la problemática económica soviética: los factores de retraso, freno e involución del modelo soviético, están suficientemente estudiados en estos últimos años, en muy documentados estudios. Es consensual que las causas fundamentales de la derrota, están en la negación de los postulados humanistas y revolucionarios del socialismo, en los errores de dirección económica, donde el cerco, el sabotaje y la subversión imperialista no dejaron de tener una presencia notable.

Para el profesor Petras el socialismo es una construcción económica automática, sin antagonistas, una alternativa de hacer o no hacer, “diversificación económica” de “invertir más en industrias”. Pero no nos dice de dónde salen los fondos de inversión, el capital y la tecnología: ¿Qué era Rusia a principios del Siglo XX: país atrasado, feudalizado, sólo con algunos enclaves industriales en la región europea, una cárcel de pueblos ferozmente oprimidos, hambreados…? ¿Y qué de la invasión y destrucción del naciente Estado soviético, por los ejércitos de las potencias imperialistas y las fuerzas contrarrevolucionarias de la oligarquía zarista? ¿Y la catástrofe humana y material que le fue impuesta a la URSS durante la II Guerra Mundial?

El establecimiento de un nuevo tipo de Estado multinacional, que aspiraba a desarrollar la amistad entre los pueblos, constituyó un hito en la historia humana, independientemente de los cursos negativos por los que la concreción de tal ideal derivó. Si en algo avanzó la socialidad socialista en la sociedad soviética, en medio del trauma represivo nunca resuelto del estalinismo, si por un buen número de años crecieron los ideales sociomorales socialistas, y se pudieron mitigar, entre otras, las secuelas de los errores de la política de nacionalidades, fue precisamente por las inmensas tareas solidarias que se realizaron en nombre del socialismo, tanto dentro del multinacional Estado como en otras partes del mundo.

Al formarse el sistema mundial del socialismo, tras la victoria de la URSS y los pueblos contra el fascismo, se abrió la posibilidad del establecimiento de nuevas y progresivas relaciones de paz y colaboración mutuamente ventajosa entre los Estados. Las naciones oprimidas por el imperialismo encontraron desde entonces seguros aliados y el mundo colonial pudo finalmente sacudir sus cadenas y derrotar en muchas partes las políticas neocoloniales.

La política solidaria e internacionalista de la Unión Soviética y de los países socialistas, respondió a los imperativos de la lucha de clases a nivel internacional, fue expresión legítima de las necesidades de fortalecer los entornos del Estado socialista y su comunidad, y se constituyó en tal medida en un instrumento de seguridad nacional.

La solidaridad y el internacionalismo no resultaron incólumes –y ello es parte de la lógica de los acontecimientos- a las tendencias negativas y los errores de la política exterior soviética y al seguidismo acrítico de la mayoría de sus aliados. Quienes pretenden criticar unilateralmente esta situación, descontextualizan la realidad histórica de un Estado sometido a bloqueo económico y cerco militar constante. Olvidan que no fue Iósiv Stalin, sino Winston Churchil en su discurso de Fulton (Missouri) en 1946, quien llamó a la creación de la “Cortina de Hierro”, con la que se hizo público el inicio de la Guerra Fría y la confrontación Este-Oeste.

¿Qué nos propone hacer el profesor Petras?

“La primera prioridad del socialismo del siglo XXI –afirma el profesor Petras- es la solidaridad en casa”. El profesor de Binghamton al parecer olvida dónde está la “casa”…

Vivimos tiempos en que el capital se internacionaliza y concentra como nunca antes en la historia. La sociedad globalizada de la propuesta neoliberal, implica una nueva división de tareas, que profundiza la injusta división internacional del trabajo existente, y agudiza los mecanismos de marginalidad productiva y científico-tecnológica, explotación y subdesarrollo de nuestros pueblos.

La concentración corporativa global por compras y fusiones entre empresas en todo el mundo alcanzó una cifra récord al cierre de 2006, cercana a los cuatro billones de dólares estadounidenses. Esto significa que las empresas son cada vez menos pero cada vez más grandes, con mayor poder para imponer sus productos y pautas de consumo a nivel planetario, determinar condiciones laborales o desempleo y ejercer presiones de todo tipo sobre congresistas, gobiernos o instituciones internacionales para lograr las normas y legislaciones que consideren necesarias.

Con la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las conferencias de Davos y las Cumbres del G-7, se perfecciona la coordinación de la explotación mundial, y se nos cierran muchos de los resquicios de negociación que le quedaban al Sur, como parte de las disputas inter imperialistas: a un obrero indio le imponen un salario de hambre bajo la amenaza de llevarse la fábrica para México; a su vez, al trabajador mexicano también lo extorsionan con el mismo expediente de mudar la maquila para la India… Mientras, la especialidad de la empresa moderna, la automatización y cibertrabajo, proletarizan a los más amplios contingentes de tecnólogos y profesionales.

El imperialismo mundial, liderado por los Estados Unidos, cada vez es más brutal, con sus flotas y ejércitos “multinacionales”, que desatan nuevas guerras de rapiña. Hasta son los mismos sujetos físicos los que hoy pueden estar asesinando en Irak y mañana en Afganistan. Y el torturador de la base yanqui en el territorio usurpado de Guantánamo, va en vuelo rápido, a asesorar en “interrogatorios” a sus émulos en Abu Ghraib o a alguna de las muy secretas cárceles situadas en cualquier “oscuro rincón del mundo”, incluida por supuesto la culta Europa, por donde vuelan con impunidad los secuestradores de la CIA y los servicios de inteligencia del Pentágono.

Niveles jamás alcanzados de pobreza material y espiritual para millones de seres humanos, exclusión y enajenación extremos, conforman el resultado inmediato de la internacionalización y concentración del capitalismo contemporáneo. Mientras, a mediano plazo se acerca la muerte del planeta, de la mano del irracional manejo del medio ambiente.

Frente a todo este panorama, el profesor de Binghamton insiste en que nos concentremos en la casa-país: ¿Y que las transnacionales sigan su festín de explotación en el resto del mundo? ¿Qué el hambre y el subdesarrollo flagele a otros? ¿Qué Estados Unidos continúe invadiendo matando, secuestrando y torturando?

¿Qué socialismo autosustentable podemos construir “dentro” del país, si nuestro mundo se caotiza por desastres naturales, si se envenena el aire, nos quemamos con los rayos ultravioletas, y diariamente mueren cientos de especies, que la naturaleza planetaria tardó millones de años en crear?

Una falsa propuesta

James Petras nos formula una falsa propuesta: El llamamiento de Carlos Marx: “Proletarios de todos los países, uníos!!, mantiene toda su vigencia. Solo la unidad en la lucha, la solidaridad y el internacionalismo de todos los pueblos y sujetos oprimidos, puede hacer frente al colosal sistema de retos planetarios, a la agudización de los peligros que asechan la vida humana, por la codicia y la irresponsabilidad de las transnacionales y los gobiernos imperialistas.

Los fundadores del marxismo no se equivocaron cuando consideraron que al carácter internacional del sistema de dominación, solo podía corresponder el carácter internacional de la lucha de los proletarios y pueblos oprimidos. Y este es sin dudas un legado fundamental del socialismo para todos los tiempos.

“Ninguna cuestión de importancia – afirmaba León Trotski en el 50 cumpleaños de Vladimir Ilich Lenin - puede encerrarse en un marco nacional. Amenazas visibles e invisibles solidarizan cada cuestión con docenas de fenómenos acontecidos en todos los extremos del mundo”.

El profesor Petras supedita el internacionalismo al nacionalismo, y pierde la esencia dialéctica de la cuestión: “El internacionalismo de Lenin –continúa Trotski- no es en manera alguna una forma de reconciliar verbalmente nacionalismo e internacionalismo, sino una forma de acción revolucionaria internacional”.

Para el profesor de Binghamton el internacionalismo es una construcción epistemológica, que somete a manipulación en su laboratorio de teoría reformista. Para los comunistas y luchadores consecuentes, el internacionalismo es una construcción desde y por la praxis revolucionaria: “El internacionalismo –afirmaba José Carlos Mariátegui- existe como ideal porque es la realidad nueva, la realidad naciente. No es un ideal arbitrario, no es un ideal absurdo de unos cuantos soñadores y de unos cuantos utopistas. Es aquel ideal que Hegel y Marx definen como la nueva y superior realidad histórica que, encerrada dentro de las vísceras de la realidad actual, pugna por actuarse y que, mientras no está actuada, mientras se va actuando, aparece como ideal frente a la realidad envejecida y decadente. Un gran ideal humano, una gran aspiración humana no brota del cerebro ni emerge de la imaginación de un hombre más o menos genial. Brota de la vida”.

Subsumido en un trasnochado socialchovinismo, el profesor James Petras no puede abrirse a la claridad del pensamiento de Trotski, Lenin o Mariátegui. Desprecia, porque no entiende –o no quiere entender-, la necesidad –la historicidad- de brindar y recibir, solidaridad, de forjar internacionalismo militante. Entonces, lo más fácil es decir, que el internacionalismo es una problemática secundaria u obsoleta.

¿Cómo construir un Socialismo en el Siglo XXI, reduciendo la solidaridad antimperialista, la colaboración y el internacionalismo socialista? Este es uno de los varios caminos seguros, para que no exista socialismo en el Siglo XXI.

Sin poder desembarazarse del mecanicismo y el pragmatismo de la filosofía y la economía política, que predomina y se enseña en la mayoría de las universidades estadounidenses, James Petras resuelve el internacionalismo con un simple ejercicio contable y lo encadena al costo económico.

La construcción del proyecto socialista, su ingeniería social y política, precisan cada vez más de racionalidad económica, pero jamás tal racionalidad podrá erigirse en un dictado sobre el curso de las fundamentales batallas de clase, sobre los imperativos de la propia lucha revolucionaria. La historia y la ética política una y otra vez nos dan respuestas precisas: ¿Tenía la URSS en pleno despliegue industrial de los años treinta, que medir costos para acudir a apoyar a la República Española? ¿O le era más importante resarciese de las profundas heridas de la guerra, antes de acudir a apoyar –a salvar- la Revolución China?

¿Podemos hoy abandonar a Bolivia en su desigual combate contra el imperio…por razones de costo económico, por preservar los recursos para inversiones nacionales, por comer, vestirnos y calzar mejor? ¿Es muy difícil comprender que en la batalla boliviana, está también comprometida nuestra suerte, la posibilidad del avance del socialismo o su freno: la suerte de cada uno de los pueblos de América?

¿Podrán entender algún día el profesor James Petras y sus émulos de la “racional” academia occidental, que el socialismo es y será por siempre creación heroica?


(1) Ver: James Petras: Reflexiones sobre el socialismo en el siglo XXI, Rebelión, 15-09-2008:

12/08/2008 GMT 1

¿Qué es hoy ser de izquierda? (4) Por Darío L. Machado Rodríguez

polillabaez @ 04:14


La izquierda tiene que ser creativa y actuar

El pensamiento revolucionario de la izquierda anticapitalista tiene que estar acompañado de la acción. Una “izquierda” que solo piense y enarbole argumentos y puntos de vista, pero no practique políticamente, no corra riesgos, quedaría en la contemplación de los problemas y, de hecho, sus puntos de vista estarían lastrados por la falta de comprobación práctica, además de resultar poco o nada útiles a la sociedad y las más de las veces contraproducentes.

De nada sirve llenar cuartillas y gastar tiempo, haciendo revoluciones en el papel o en el discurso. El vínculo entre el pensar y el hacer constituye un principio de la existencia de la izquierda como fuerza del cambio.

Aquí se trata del carácter del movimiento social, no de enarbolar nombres o proclamarse “de izquierda”, sino del reconocimiento de la existencia de intereses raigalmente opuestos en el mundo de hoy, que exigen deslindar propósitos, explicar alternativas, construir objetivos que se conviertan en líneas de acción y actuar en consecuencia, acumular la experiencia, tanto del éxito como del fracaso, y seguir adelante. La derrota se convierte en experiencia solo si se continúa la lucha.

Cuando se habla de construir sentidos y de trazar finalidades de la lucha, no se está aludiendo a ningún programa en específico, ni a un modo determinado de concebirlo. Por ejemplo, las condiciones del mundo de hoy convierten en una finalidad revolucionaria el rescate de la soberanía, el rescate de las riquezas, la defensa de la cultura y la identidad nacional, propósitos elementales todos que permiten incluir dentro del concepto de pueblo y gestores del cambio a sectores que muy probablemente no compartirían propósitos ulteriores más profundos.

Sin embargo, son muchos los dogmas que el capitalismo ha sembrado en la conciencia de la población, los esquemas mentales que hacen entender sus señales y estereotipos de modo casi automático y que deben ser objeto de la batalla de ideas que tiene que enfrentar la izquierda.

Conceptos actuales como los de Estado de derecho, derechos civiles, derechos humanos, libertad, democracia, política, etc., constituyen para la izquierda objeto primario de abordaje revolucionario, de pensamiento crítico, de esclarecimiento de su torcida interpretación por los aparatos ideológicos de la dominación capitalista.

Eso implica para la izquierda un reto, el de ser renovadamente creativa, debe autoconocerse mejor, reconstruir su autoestima, sobre la base del reencuentro entre la militancia revolucionaria y la cotidianidad de la sociedad, para eso no tiene otra opción que salir del laberinto de sus propios mitos, de sus errores y esquemas mentales.

La creatividad siempre implica una ruptura con lo anterior, pero también una continuidad. Ser creativo es ser uno mismo y diferente a la vez. La creatividad es la negación del sometimiento a la rutina, al conocimiento alcanzado, pero no vigente; para la creatividad resulta imprescindible el optimismo, la confianza en el pueblo, el repudio a la soberbia que conduce inevitablemente al aislamiento y la soledad. La creatividad no puede ser autosuficiente, porque solo puede nacer de la realidad que existe, las personas sí, los individuos sí, porque los comportamientos humanos pueden estar guiados por desviaciones, hijas de la ignorancia y los malos hábitos.

Solo en un estrecho vínculo con la sociedad, puede la izquierda encontrar el camino de la creatividad. Aun en medio de la maleza a veces implacable de las costumbres corruptas que anidan en la propia población como resultado de largas décadas de enturbiamiento de las conciencias, es posible encontrar un hilo conductor para reinventar el tejido popular consciente en las nuevas condiciones.

Lo primero para ello es que cada quien con conciencia anticapitalista, con conciencia de izquierda, sea capaz de desembarazarse de sus propios fantasmas, de sus propios ariques y encontrar lo nuevo, aprender de ello y transformarse a sí mismos junto con todos.

La izquierda en su expresión cotidiana, esto es, las personas conscientes de su posición anticapitalista y las más diversas formas de asociación e integración de estas para luchar contra ese sistema, deben integrarse al máximo en los espacios prepolíticos o antepolíticos para vivir desde la cotidianidad su propia experiencia de lucha. No pocas veces la mayor debilidad de las izquierdas en el pasado siglo y todavía hoy estriba en ofrecer un mundo tan inalcanzable como ininteligible para los demás, no porque los demás sean ignorantes, sino porque esa izquierda ha sido ignorante, no ha sabido explicar ni explicarse a sí misma los caminos de los sentimientos humanos.

Lo anterior implica poner en un primer plano para todos el objetivo de la formación política, que toca a todos los revolucionarios. Una formación que debe ser en sí misma creativa en todos los órdenes, tanto en sus contenidos como en las formas de hacerse.

Lamentablemente, no pocas veces se asume la formación política como más de lo mismo, como repetición de lugares comunes, con el empleo de un lenguaje en desuso, como si nada en este mundo hubiera cambiado. Obviamente, las nuevas generaciones, quedan fuera con tales conceptos y prácticas. La creatividad de la izquierda implica constituirse en un foco de atracción para las personas, particularmente para la juventud.

La izquierda tiene que unir la creatividad a la alegría. La izquierda debe ser alegre porque le sobran razones para el optimismo histórico; el tono hierático y grandilocuente explicable y aceptable en muy escasas coyunturas históricas, no puede ser el estilo de comunicación de la práctica política de la izquierda.

La responsabilidad de cualquier movimiento sociopolítico que se reconozca de izquierda para con la sociedad en la que actúa implica la necesidad de verse en su realidad cultural como un ente requerido constantemente de renovación, a partir de su propia realidad le corresponde encontrar caminos para enfrentar con éxito el capitalismo tardío, caminos en los que lo nacional y lo internacional están hoy indisolublemente vinculados.

La izquierda es internacionalista por definición

Enfrentar al capitalismo tardío es una tarea de doble vía, es un problema nacional, pero simultáneamente es la expresión concreta de la crisis de un sistema mundial. Nadie puede avanzar en el mundo de hoy en el aislamiento total, nadie es autárquico, ni económica, ni políticamente.

La lógica internacionalista de la lucha contra el capitalismo es correspondiente con la realidad internacional del sistema, cuya voracidad no ha dejado prácticamente espacio donde no haya penetrado con sus reglas y ambiciones.

Lo que ha ocurrido en el mundo, luego de la desaparición del equilibrio bipolar, ha sido el reforzamiento de las formas institucionales globales de dominación de los poderes nortecéntricos. Las articulaciones de los centros de poder del primer mundo capitalista a través de reuniones de sus representantes gubernamentales, las internacionales liberales y socialdemócratas, la Unión Europea, la OMC, la expansión de la OTAN, la dominación mediática, el renacimiento de la IV Flota y muchas otras formas, contrasta con la aún escasa articulación de las fuerzas anticapitalistas.

Ante esta realidad, renunciar al internacionalismo significa abandonar el terreno estratégico de la lucha anticapitalista.

El principio del internacionalismo es para la izquierda un imperativo ético y político nacido de la realidad elemental que entraña la necesidad del apoyo mutuo; no es un principio imponderable, etéreo, sino necesario en el sentido más auténtico de la palabra. La solidaridad internacionalista es un propósito que da contenido a la lucha y se construye como uno de los sentidos de esa lucha, ante todo por su carácter de condición sine qua non para el éxito.

De hecho, hoy resulta muy difícil cuando no imposible lograr objetivos básicos de liberación, como la recuperación de las riquezas en manos de las transnacionales, o condiciones elementales para el desarrollo, sin avanzar en la cooperación e integración regional cada vez más plena, en el multilateralismo y en otras formas de cooperación internacional e integración regional. incluyendo eventualmente la integración política.

En la lógica de una estrategia revolucionaria, las posiciones de izquierda irían contra natura si no fuesen cada vez más internacionalistas. Lo anterior implica comprender dónde están los enemigos verdaderos de los pueblos y sin perder el fiel de esa brújula proyectar su estrategia de conocimiento de la realidad y de actividad sociopolítica transformadora.

A modo de “cierre” de lo que no puede ser “cerrado”.

He intentado explicar siete rasgos o características que pueden contribuir a conceptuar lo que hoy debemos entender por “ser de izquierda”. Sobra decir que todos son rasgos estrechamente vinculados entre sí, que se complementan mutuamente, pero que pueden ser diferenciados para contribuir a esclarecer la estructura del concepto que he querido esbozar.

Considero oportuno también recalcar al final de estos artículos la intención de contribuir a la elaboración de un mejor enfoque metodológico para el análisis, no para establecer diferenciaciones sectarias en política. Una cosa es la caracterización de una tendencia, como concepto general, otra los postulados y las acciones concretas de tal o cual expresión política orgánica.

La crítica obligada y necesaria de los errores del socialismo y de la izquierda como tendencia política, particularmente durante el siglo XX, pero también ahora, en modo alguno puede conducir a vaciar de contenido teórico el accionar político del enfrentamiento al capitalismo hoy globalizado y sostenido por los poderes nortecéntricos con una orientación neoliberal y la imposición de un pensamiento único, a lo cual se resisten masas cada vez más amplias de seres humanos. No puede oponerse al pensamiento único otro pensamiento único, pero tampoco puede vencerse al capitalismo sistémico, articulado mediante numerosos instrumentos económicos, financieros, comerciales, políticos, jurídicos, ideológicos, psicológicos, mediáticos, militares, sin una concepción también sistémica, sin una teoría del cambio, parte de la cual es también el estudio y conocimiento de las características de las fuerzas sociales que lo enfrentan.

Claro está, en el terreno de lo que debe comprenderse hoy como “ser de izquierda” no hay un punto final. Podría eludirse el debate sobre las posiciones, sobre el análisis de lo que significa hoy ser de izquierda, con el argumento de que ello provocaría obligadamente un enfoque sectario y traería la división. Ojalá el problema del sectarismo, tan vinculado con el egoísmo y la soberbia, con la tozudez y el engreimiento humano tuviera su solución con el silenciamiento de una discusión.

08/08/2008 GMT 1

¿Qué es hoy ser de izquierda? (2) Por Darío L. Machado Rodríguez

polillabaez @ 23:11


La izquierda debe ser científica

La actitud revolucionaria ante la sociedad no puede ser dejada a la espontaneidad ni puede ser un simple asunto de fe o de tener construidos sentidos de la vida a partir de presupuestos falsos, tiene que ser, sobre todo, consciente, como igualmente consciente es la acción del capitalismo para contrarrestar las fuerzas del cambio.

Una de las luchas fundamentales que plantea el enfrentamiento actual contra el capitalismo estriba precisamente en la necesidad de recuperar una visión científica, que contribuya a elucidar los nexos existentes en el proceso social hoy visto de modo desestructurado, fragmentado, convertido en infinitos micromundos, sin relación entre sí, tan pulverizados que muy frecuentemente un trabajador, sin otra propiedad que su capacidad de trabajar, encuentra hoy más razones para enfrentar a otro igual que él, en las mismas condiciones sociales ante los dueños del poder económico, que para identificarse ambos.

Si no se encuentra la explicación científica de realidades como la arriba descrita, si no se estudian los procesos que han dado lugar a la crisis civilizatoria que hoy afecta tanto las conciencias y las actitudes de las personas, si no se comprenden las estructuras socioeconómicas y políticas vigentes que han logrado hoy los niveles de dominación que exhibe el capitalismo tardío, tampoco se podrá trabajar en la concertación de voluntades, en la concienciación de la gente.

Al desaparecer virtualmente los nexos reales, desaparecen también las explicaciones lógicas. Nada más conveniente a la ideología del mercado, se queda sola en el cuadrilátero y tiene al árbitro de su parte.

La batalla de ideas requiere de un arsenal de ideas, pero estas no pueden salir de una construcción arbitraria de sentidos para la vida, sino de una construcción de sentidos que se base en los procesos reales, que parta de la caducidad social y de la perversidad del capitalismo tardío, las desnude, pruebe el daño actual y futuro que ese sistema hace a la humanidad en su conjunto y para sus realidades culturales diversas y fundamente los programas de acción.

La visión científica acerca del capitalismo que aportó el marxismo, sigue siendo hoy el mejor punto de partida para reconstruir su crítica, pero la visión de Marx era una visión integral, no puede, por tanto, so pena de caricaturizarla, tomarse por pedazos según la conveniencia. El carácter científico del enfoque marxista de la sociedad es precisamente integral por su esencia. Marx descubrió las contradicciones fundamentales de la sociedad capitalista y puso en manos de los seres humanos un camino totalmente terrenal, científico, para cambiar las cosas.

La ciencia no puede nacer de otro lugar que no sea de la relación hombre – naturaleza, las ciencias naturales, explica Marx, “...perderán su tendencia abstractamente material –o más bien, idealista- y se convertirán en la base de la ciencia humana, así como se han convertido ya en la base de la vida humana real, aunque en forma alienada.”[1]

Estas consideraciones las hace Marx a partir de su análisis del papel de las ciencias naturales en el desarrollo de la industria. En realidad, la industria aparece como una realización histórica de la relación hombre – naturaleza, y las ciencias naturales que han desarrollado la industria, como un factor de transformación de la vida humana. ¿De dónde puede producirse la ciencia sino es de la realidad, de la naturaleza y de la segunda naturaleza en su constante interacción con los seres humanos en tanto individuos y grupos sociales? La propia segunda naturaleza, es la cultura propiamente dicha y esta es objetiva respecto de los individuos, que nacen y se desarrollan interactuando con la naturaleza, mediados por esa segunda naturaleza. El material científico, en tanto sistematización, conocimiento de la realidad, tiene como origen a la naturaleza propiamente dicha y a la segunda naturaleza, ambas identificadas por su materialidad como rasgo esencial y determinante. Por eso Marx prosigue:: “Una base para la vida y otra base para la ciencia es una mentira a priori.”[2]

La creciente complejidad de la humanidad y de las sociedades humanas en todo el planeta, la enorme profusión de conocimientos, su relativa independencia de la realidad de la cual nace, la especulación con lo ya sabido, la imaginación que puede conducir a numerosas conclusiones erradas, en capacidad de conquistar mentes humanas e incidir en la realidad social, constituyen el medio en el que debe desenvolverse el conocimiento científico, en el que debe realizar su finalidad práctica.

Las ciencias del hombre, las ciencias de la sociedad, también. “La naturaleza que se hace historia humana –la génesis de la sociedad humana- es la verdadera naturaleza del hombre;...”[3], escribe Marx, de ahí también concluye que solo cuando la ciencia procede de la naturaleza es verdadera ciencia.

En consecuencia, una visión revolucionaria del mundo, si es consciente o pretende ser consciente, tiene que ser también científica, tiene que explicar la sociedad con argumentos sólidos, con base real, capaces de concitar voluntades, de lograr la racionalidad práctica que permita poner fin a la dominación capitalista. Otra es la discusión –aunque vinculada a lo anterior- respecto al proceso del conocimiento científico, de los elementos que deben integrarlo, del modo en que se debe construir ese conocimiento, de los métodos, y del modo con el que pedagógicamente deben compartirse los conocimientos colectivamente obtenidos, pero eso en nada cambia la esencia de la historia, como parte del proceso de la naturaleza: “La historia misma es una parte real de la historia natural: de la naturaleza que viene a ser hombre, lo mismo que la ciencia del hombre incluirá a las ciencias naturales; habrá –concluye lapidariamente Marx- una sola ciencia.”[4]

No hay espacio en este artículo para un análisis exhaustivo del pensamiento de Marx sobre el tema, pero vale la pena reproducir finalmente otras líneas de los Manuscritos que expresan el vínculo marxista de teoría y práctica, de ciencia y ética, ”Puesto que para el hombre socialista toda la llamada historia universal no es sino la procreación del hombre a través del trabajo humano, nada sino el devenir de la naturaleza para el hombre, él posee la prueba visible, irrefutable de su nacimiento a través de sí mismo de su proceso de llegar a ser. Puesto que la existencia real del hombre y la naturaleza se ha hecho práctica, sensorial y perceptible –puesto que el hombre se ha hecho para el hombre como el ser de la naturaleza, y la naturaleza para el hombre como el ser del hombre- la cuestión del ser alienado, acerca de un ser por encima de la naturaleza y del hombre –una cuestión que admite la insubstancialidad de la naturaleza y del hombre- se ha hecho imposible en la práctica.”[5]

Ciertamente, la ciencia de Marx se inscribe en el dominio de las certezas; en su lógica histórica la revolución que finalmente transformaría la sociedad la vio como el resultado inevitable del desarrollo capitalista, en ese continuum contradictorio aparecería la negación de la negación.[6] Más allá del debate acerca de la causal y lo casual, de lo necesario y lo contingente, los argumentos de partida de Marx, explicados básicamente en los Manuscritos, tienen, a mi modo de ver, una indiscutible vigencia.

De los tiempos en que Marx estudió la sociedad capitalista hasta nuestros días, muchas cosas han cambiado, pero la esencia del capitalismo se mantiene en su fase tardía, sus rasgos esenciales siguen siendo: la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre, el egoísmo, el predominio de la ley de la ganancia, la violencia económica y extraeconómica y las guerras.

Los argumentos de la izquierda no pueden ser hoy, como tampoco ayer, improvisados, superficiales, místicos ni míticos. Tienen que ser racionales, científicos, claros, explicables. La mística posible de una izquierda tiene que nacer de su capacidad real de conquistar las conciencias con las verdades que construye y las conquistas que se alcanzan en el devenir de su lucha.

En otras palabras, la unidad de pensamiento y acción, incluye como elemento fundamental el pensamiento científico. Si la finalidad es la transformación de la sociedad capitalista, entonces hay que pensar las vías y modos, que serán los más disímiles en condiciones históricas concretas de las diferentes existencias culturales humanas.

En el transcurso de la lucha revolucionaria confluyen con todo derecho en los objetivos de liberación social personas y grupos sociales de diferentes cosmovisiones, se producen alianzas estratégicas, numerosas articulaciones necesarias, coexisten diversas explicaciones del mundo, que generan interacciones sociales, expresiones culturales del más variado tipo, influencias e interinfluencias de diferentes calidades y duración, ninguna de las cuales puede eliminar la necesidad de la explicación científica de la realidad que trace caminos ciertos, que genere soluciones posibles, cuyo signo esperanzador nazca del argumento, no de la contemplación enajenada, no de una fe vana. La izquierda, revolucionaria, se identifica con la cientificidad y el laicismo.

Eso significa la capacidad de mostrar caminos para superar la explotación del hombre por el hombre, la propiedad privada, el individualismo, el egoísmo, la insensibilidad ante la naturaleza, definir y recrear sitemáticamente la estrategia y las tácticas de esa lucha. Esa labor imprescindible para el movimiento revolucionario es una labor colectiva, nadie puede, en medio de la creciente complejidad de la sociedad humana, pretender erigirse como un sabio universal, todos pueden y deben contribuir a construir ese saber de la revolución, pero si nadie se ocupa de eso, dentro de “la izquierda” ¿cómo se logrará aunar las voluntades para el cambio?, ¿cómo se logrará la integridad sistémica imprescindible para derrotar al capitalismo?. Es evidente que impulsar a la gente bajo consignas, con sentidos construidos sin asidero en la realidad o con prédicas de fe puede alcanzar para un tramo de la lucha, pero si no hay contenido científico, si no se tiene una perspectiva científica en ello, a la larga todo se diluirá y finalmente el favor se le hará al capitalismo, ese reto debe ser encarado, sin detrimento de la mayor participación colectiva, sino por el contrario con la mayor participación colectiva posible.

Precisamente una de las aristas del pensamiento neoconservador de hoy es (precisamente) aquella que anula el contenido, la existencia como necesidad, de las ideologías, cuya finalidad política particular es la anulación de la ideología revolucionaria, de los metarrelatos que den cuenta del carácter sistémico del capitalismo y expliquen sus contradicciones, así como los caminos de su superación.

La ideología del movimiento revolucionario se construye sobre bases científicas, su ética debe ser una ética de carne y hueso, que incluye la espiritualidad, pero no el esoterismo. En esa ideología revolucionaria confluyen inevitablemente diferentes sistemas éticos que comparten principios fundamentales deviniendo en la práctica una alianza histórica y estratégica debido a la indiscutible complejidad del proceso mismo de transformación de la sociedad; la propia ideología revolucionaria es una construcción dialéctica, histórica concreta, inacabada, es el sistema de ideas y valores que aglutina y orienta la acción, es la base de la eficiencia del esfuerzo transformador, su aprendizaje debe comprender todas las experiencias positivas, pero su eficiencia se fundamenta en el contenido científico de sus postulados, en el conocimiento de las realidades, saber colectivo que fundamenta la explicación eficiente del mundo cambiante que nos rodea, traza el camino del cambio y aporta las herramientas para su corrección.

Notas

[1] Carlos Marx, Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Editora Política, La Habana, 1965, p.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Op. Cit., p. 117.

[5] Op. Cit. P. 120.

[6] Para ampliar en este debate puede consultarse del propio autor: Pensar la sociedad. Las ciencias sociales en Cuba, Editora Política, La Habana, 2006, Capítulo: Las ciencias sociales y el marxismo, pp. 9 – 60.

24/07/2008 GMT 1

Cuba siempre ha estado en las fauces del león que quiere engullirlo, por Gloria Analco*

polillabaez @ 10:05


El fidelismo no es sólo Fidel Castro, sino que representa mucho más. Cuba, desde Tomás Moro, ha sido vista como una utopía. Con Fidel, esta representación de la isla, a diferencia de lo que afirmaba la escritora Julieta Campos, ya fallecida, no es una utopía que naufraga, sino que hace pensar que la utopía es totalmente posible.

La utopía de Fidel, de libertad, justicia e igualdad ha constituido el sueño de generaciones de cubanos y el anhelo de millones de pobres en el mundo que vieron en la Revolución Cubana un camino a seguir.

Espiritualmente llenó espacios que estaban vacíos. La Revolución Cubana ha sido hacedora de sueños y de realidades, y los sueños tienen como característica que son inextinguibles, son como la llama eterna, y en esto precisamente es que ubicamos una de las razones de la sobrevivencia aún de la gesta cubana del 59.
La utopía en Cuba en parte ya ha sido cumplida. En ese país hay una totalidad social que produce una calidad de vida mucho mejor que en el resto de América Latina. No hay ningún otro sistema que haya propiciado tanta vida para los niños, los jóvenes y los ancianos, con bajísimos niveles de violencia, de prostitución y de marginación, como en Cuba.

No hay que olvidar jamás que Cuba era un país del Tercer Mundo, pobre, con una población cuyos niños comían de los basureros, donde la mendicidad estaba muy extendida, frente a una opulencia desmedida de la alta burguesía, pero con la llegada de la Revolución eso se acabó, y ya ese sólo hecho hace de Fidel un revolucionario.

Pero además, el proyecto educativo de Cuba ha sido pensado, no como mera transmisión de ciertos contenidos concretos, sino que ayuda a los cubanos a construirse como personas y como sujetos capaces de influir en su historia y de transformarla. Es una educación formadora, integral, humanista, algo de lo que carecen otros pueblos y que, a fin de cuentas, constituye lo verdaderamente fundamental en cualquier sociedad.

Cuba ha sido vista y pensada desde principios del siglo XX, por algunos intelectuales como el argentino Ezequiel Martínez Estrada, como un faro que ilumina nuestra utopía, pero a partir de la Revolución Cubana y de la llegada de Fidel Castro al poder, esa metáfora cobró un nuevo significado al quedar la isla liberada de la clase dominante oligárquica y de la influencia de Estados Unidos.

Es por ello que Cuba está en las fauces del león que quiere engullirla, y, para colmo, a sólo media hora en avión de Estados Unidos, potencia que no quiere que ese faro alumbre a América Latina.

Los pueblos del resto de la región latinoamericana se debaten en la miseria y la ignorancia, mientras que las clases medias cada vez descienden más de nivel socioeconómico, debido más que nada a la acumulación del capital que impide el bienestar de las mayorías.

La Revolución de Fidel Castro significó el gran viraje de gobernar en dirección del pueblo, de la solidaridad con el pueblo, y la eliminación de los intereses y poder financieros del gran capital, así como también de las castas contrarias al principio de respetar la determinación de los ciudadanos.

"Para América Latina es muy importante que Cuba siga manteniendo la bandera de los grandes ideales del socialismo, porque si no lo logra perderemos referencias históricas que tendremos que construir nuevamente con muchos sacrificios, luchas y pérdidas de vidas", me dijo en una entrevista Leonardo Boff.

Sin embargo, hay una feroz fuerza desatada por parte de la ultraderecha de Occidente, encabezada por Estados Unidos, que va a hacer todo lo posible para borrar hasta el último vestigio del socialismo cubano, ya que no está resignada a permitir que Cuba sea el faro que ilumine la utopía posible en América.

A Estados Unidos, como a los poderes fácticos de América Latina, no le interesa que haya utopías de ninguna clase, "posibles o imposibles". En cambio, trata de convencer que intentar realizar la utopía en la historia, necesariamente nos conduce al totalitarismo.

Siempre en pie de guerra

Cualquier análisis serio del caso cubano necesariamente tiene que contemplar que una guerra permanente, por parte de Estados Unidos, ha estado gravitando sobre Cuba desde el triunfo de la Revolución hasta nuestros días.

Los críticos del proceso revolucionario cubano muestran toda su carga de perversidad cuando intentan profundizar en el tema sin considerar los episodios del ya demasiado largo capítulo de agresiones contra Cuba.

Hay más: a raíz de que Fidel Castro se separó del poder, el 31 de julio de 2006, los intelectuales allegados a los centros de poder de la derecha, que cuentan con los mejores espacios de la prensa internacional, han escrito -como por encargo- que el régimen de Fidel Castro se había escudado en "la supuesta agresión externa" para justificar su política "dictatorial, tiránica y totalitaria" en contra del pueblo, dando a entender con ello que los sucesivos gobiernos estadounidenses, desde el triunfo de la Revolución, han sido unas blancas palomas.

Lo cierto es que Fidel gobernó todo el tiempo en medio de turbulencias políticas generadas desde el exterior, de intentos de asesinato, de actos terroristas con un elevado número de víctimas, y de una "guerra sucia" de desgaste emprendida por los servicios especiales de la CIA, entre tantas otras cosas.

El caso cubano no puede ser analizado en un ámbito donde sus críticos más acérrimos le dan un contenido distinto del que en realidad tienen a conceptos tan abstractos como democracia, derechos humanos y libertad.

Ya no se sabe lo que significan esas palabras porque han sido pervertidas por el poder, y su verdadero significado es enmascarado en provecho de la derecha internacional, por plumas de todo tipo, algunas consideradas "prestigiadas", que están a su entero servicio.

A Fidel, por ejemplo, lo acusan de haber encabezado un régimen totalitario y represivo, pero basta con echarle una ojeada breve a la historia de la Revolución y los principios que motivaron su existencia para entender que el verdadero totalitarismo lo ha ejercido Estados Unidos en la región latinoamericana, donde utilizando incluso el asesinato político ha instalado una dictadura económica, de la cual hasta nuestros días ha escapado Cuba.

Cuatro importantes acontecimientos han puesto en peligro el proyecto estadounidense de mantener sus intereses neocolonialistas en América Latina y el Caribe: la Revolución Cubana; la llegada al poder en Chile, mediante el voto libre y secreto, de la Unidad Popular de Salvador Allende, la Revolución Sandinista en Nicaragua, y la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez.

Frente a la hegemonía de Estados Unidos en la región, sólo consiguió sobrevivir el proceso revolucionario cubano, en una primera etapa, mientras que el proceso bolivariano, surgido más recientemente, también es objeto de todo tipo de ataques para desaparecerlo de la faz de la Tierra.

Cuba fue entonces sometida al aislamiento del polo de desarrollo del mundo occidental.

El antagonismo surgió porque Fidel anuló la influencia de las oligarquías en los destinos de Cuba, promovió toda una serie de medidas radicales contra los intereses del poder financiero y económico estadounidenses, eliminó el poder de la Iglesia Católica, favorable al esquema de dominación capitalista, y alentó el igualitarismo social en el pueblo.

De este modo, una nueva correlación de fuerzas se establecería en Cuba, con una nueva fisonomía a favor de las causas populares.

La respuesta por parte del poder hegemónico no se hizo esperar. Las castas que optaron por irse de Cuba y todo su aparato de represión instalado en la ciudad norteamericana de Miami, pronto volverían a establecer su inexorable vínculo con el gobierno de Estados Unidos para fomentar unas relaciones que les permitiera recuperar todas las palancas del poder en la isla caribeña, aunque fracasaron en todos sus intentos.

Se abriría entonces el capítulo del terrorismo dirigido contra Cuba que les facilitara el control de la situación interna en ese país. Al mismo tiempo se escenificó una lucha entre los distintos grupos del exilio cubano para controlar el poder que supuestamente iban a ejercer en la isla, con la colaboración estadounidense.

Estas pugnas de bandos con asesinatos en las calles de Miami, representaban el viejo orden llevado a esa ciudad de la Cuba de Fulgencio Batista.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA en sus siglas en inglés) ha trabajado sin descanso en todo tipo de operativos y planes a una gran escala para romper el orden social establecido por la dirigencia revolucionaria cubana, utilizando para ello a cubanos de fuera y dentro de la isla, dispuestos a aceptar la dominación extranjera. Mientras tanto, Fidel, que había iniciado el camino hacia un modo de vida y sociedad alternativo al capitalismo, comenzó a sentir los rigores del acoso de Estados Unidos que mando por delante a los exbatistianos para que en forma implacable le hicieran la guerra al nuevo poder establecido en la isla.

La Revolución adquirió desde sus inicios, a causa de la presión externa, el carácter de defensora de la independencia de Cuba y del nuevo proyecto favorable al conjunto del pueblo, frente a los reiterados esfuerzos de Estados Unidos por subordinar el territorio cubano bajo su tutela, y colocar a los exbatistianos al frente del gobierno nuevamente.

Fue entonces cuando Fidel concibió una de las ideas más inspiradas de su historial revolucionario, cuando en uno de sus numerosos discursos sometió a la aprobación de su amplia audiencia la creación de los Comités de Defensa de la Revolución,

Por primera vez en la historia de los pueblos, un líder político promovía que fuera la propia población la que estuviera atenta y vigilante para detectar los complots alentados por las poderosas fuerzas que se oponían al proyecto orientado a establecer la justicia social en Cuba, y que buscaban asegurarse un efectivo control sobre sus asuntos internos.

Fue así como hasta nuestros días el pueblo se hizo cargo de la defensa de sus propios intereses, ya que nunca antes en la historia de Cuba un gobierno había funcionado a favor de su causa, por lo cual esa vigilancia fue asumida con plena consciencia.

Es por eso que le ha sido muy difícil a los sucesivos gobiernos norteamericanos propiciar la caída del régimen socialista, y en ese proceso trazaron estrategias de todo tipo para desprestigiar la figura de Fidel Castro en el contexto internacional, con vías de conseguir el consenso para invadir a Cuba militarmente.

En estos episodios han jugado un papel fundamental ciudadanos cubanos, dispuestos a vender la causa de los revolucionarios y del pueblo cubano, los cuales se han prestado a formar parte de las operaciones montadas por la CIA, para desestabilizar a Cuba.

Los llamados "disidentes" son en realidad agentes encubiertos de Estados Unidos que no se han enfrentado directamente al gobierno de Fidel Castro, sino que han conseguido proyectarse en el extranjero por el respaldo que han recibido de los círculos de la derecha internacional.

Han sido, además, cobijados por instituciones de la derecha occidental que los han galardonado por "librar una poderosa lucha en contra de un régimen que ejerce una represión brutal", cuando en realidad dentro de Cuba no han movido un dedo porque carecen de respaldo popular. Toda su tarea subversiva se reduce a establecer vínculos con la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana y la prensa extranjera acreditada en Cuba, además de los apoyos que reciben de gobiernos y organizaciones europeas para apuntalar los propósitos estadounidenses.

Es decir, que las acusaciones que señalan a Cuba como un gobierno totalitario, tiránico y represivo forma parte de la propaganda desplegada por sus enemigos en el exterior, ya que la actuación del gobierno cubano no es represiva en contra del pueblo, sino que actúa en contra de las fuerzas desatadas por los servicios especiales de espionaje e inteligencia de Estados Unidos que involucran a cubanos, en su pretensión de darle un nuevo rumbo a Cuba.

El pueblo, en cambio, ha sido objeto de una atención esmerada por parte del gobierno de Fidel Castro. Basta con ver los rostros de los niños de primaria, rebosantes de salud y alegría, para darse cuenta de ello.

Como parte de la propaganda occidental se ha inculcado la falsa idea de que progreso es "obra" y no "hombre". Es decir, que si alguien llega a Cuba y observa que este país carece de infraestructura urbanística de gran envergadura, que es lo primero que exhiben los países desarrollados, piensa entonces: "¡uff, qué atrasado y pobre está este país!"

Lo cierto es que la Revolución ha invertido sumas estratosféricas en cultivar la formación intelectual y profesional de varias generaciones de cubanos, algo que el resto de los países de América Latina no ha hecho a pesar de no tener encima la fuerte presión que para Cuba ha significado la guerra que Estados Unidos ha entablado en contra de ese país desde la llegada de Fidel Castro al poder.

La palabra más pervertida por el poder ha sido la de "libertad", que para los detractores de la Revolución Cubana tiene solo un significado: darle libertad a las oligarquías para medrar con la riqueza nacional, lo que podríamos llamar "libertad privada", y entonces lo llaman totalitarismo cuando esa riqueza es manejada "por el pueblo y para el pueblo", que entonces podríamos denominar "libertad pública", lo mismo que ocurre con la palabra "democracia", y en cuanto a los derechos humanos, consideran que éstos son violados cuando los cubanos, que están involucrados en las maniobras orquestadas por la inteligencia estadounidense, son apresados, juzgados y sentenciados por atentar contra la soberanía de Cuba, algo que además está altamente penalizado en cualquier país del mundo.

Un país que es amenazado por la nación más poderosa de la Tierra, como ha sido el caso de Cuba desde el triunfo de la Revolución, necesariamente tiene que adoptar medidas que sean consecuentes con esa situación que pone en peligro su seguridad nacional.

Cuba, por esa particular circunstancia, ha estado obligada todo el tiempo a impedir que las ideas pervertidas por el poder lleguen a oídos de los cubanos a través de Radio y TV Martí, emisoras fundadas por el gobierno estadounidense y que transmiten a la isla desde Washington con el propósito de promover ideas subversivas en el pueblo cubano.

¿Qué país del mundo puede admitir una situación como ésta? Tampoco puede permitirse el lujo, en esas condiciones, de que la prensa local sea invadida por ideas que no tendrían un contenido precisamente objetivo y desinteresado, y también debe mantenerse alerta para desestimular que algunos confundidos cubanos se dejen atraer por el "dulce encanto" de la sociedad de consumo y contribuyan a los planes estadounidenses de desestabilizar la isla.

Cuando los críticos del caso cubano omiten estas realidades, que de ninguna manera pueden soslayarse, entonces parten de premisas falsas a la hora de emitir sus juicios, además de que tienen por costumbre no atribuirle a Estados Unidos ningún papel en esta historia, y si alguien por ahí hace alguna mención al respecto, es tan benigno y poco contundente que puede percibirse con facilidad que en realidad su ejercicio de escritura deliberadamente obedece a un solo objetivo: desprestigiar a la Revolución Cubana.

Hoy los planes contra Cuba están más elaborados y sofisticados que nunca antes. Hay preparativos serios para poner fin, de una vez por todas, a "esa molesta Revolución de Castro", que tantos dolores de cabeza ha causado a varias generaciones de políticos de las élites gobernantes de Estados Unidos.

La estrategia de George W. Bush está claramente perfilada. Aún hoy, a unos cuantos meses de dejar el poder, sigue él empeñado en que sean los llamados "disidentes", opositores internos al gobierno cubano, quienes jueguen el principal papel en lo que busca sea la "fase final" de la Revolución, los cuales son vistos fuera de Cuba como "los abanderados del pueblo" que quieren un cambio, debido al despliegue de la propaganda en ese sentido que ha costado cifras millonarias al gobierno de Estados Unidos.

La clave de la estrategia está en una conversación sostenida por Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación de Cuba, con Andrés Oppenhaimer, periodista de The Miami Herald, que ha adquirido derecho de picaporte dentro de algunas élites políticas de América Latina, a raíz de su muy buen manejo sobre los temas más álgidos que dominan el panorama de la región, aunque indefectiblemente con un sesgo favorable al pensamiento más conservador y retardatario.

No debemos olvidar que la difusión de la propaganda opera en varios niveles, que es cuando las palabras empiezan a significar lo contrario de lo que deberían, con el fin de contribuir a formar una idea de desencanto histórico sobre cualquier proyecto revolucionario, en este caso en particular el cubano que está presente y se haya plenamente vigente.

Oppenhaimer, autor del libro "La hora final de Castro", escrito a principios de los años noventa y que como era lógico esperar fue recibido por la comunidad de Miami con enorme entusiasmo -aunque nunca se cumplió su pronóstico-, sin proponérselo, en esta entrevista vía telefónica que hizo al líder opositor y que luego reprodujo en su columna política, ha dejado al descubierto en qué va consistir la estrategia que Estados Unidos tiene para Cuba. Sólo hay que reconstruir parte de esta conversación, para enterarnos sobre cómo ha sido elaborado el plan.

"Estados Unidos, donde creo que hay buena voluntad, debe tomar conciencia que el rol protagónico del cambio no les corresponde a ellos", dice Payá a Oppenhaimer.

"Crear una comisión, hacer ese informe que entra a definir lo que tiene que suceder dentro de Cuba, no le corresponde a Estados Unidos", agrega. Cabe aclarar, antes de continuar, que el gobierno cubano y la intelectualidad seria y respetable en el mundo han denunciado que los disidentes son anexionistas porque forman parte de la estrategia establecida por Estados Unidos para atacar a Cuba. Entonces, los opositores han ido perdiendo credibilidad acerca de las motivaciones que los animan a prestarse a seguirle el juego al gobierno de Estados Unidos. En este contexto, resulta imprescindible a los opositores incorporar a su discurso, al menos en apariencia, que no son favorables a la intervención norteamericana en los asuntos internos de Cuba.

Pero veamos cómo el propio Payá, en sus declaraciones a Oppenhaimer, pone en claro su asociación con el gobierno norteamericano, cuyas palabras entrecomilla el periodista argentino.

"Estados Unidos debe estar a la espera que el pueblo de Cuba pida la ayuda que estime necesaria, en la forma que estime necesaria".

O sea, que acepta implícitamente la colaboración estadounidense en la vida interna política cubana, además de que no es nada difícil presumir a qué tipo de colaboración norteamericana se está refiriendo.

Con esas simples y llanas palabras, Payá descubre el verdadero contenido de la estrategia para liquidar el movimiento revolucionario histórico de Fidel Castro, que consiste, en primer lugar, otorgarle a la disidencia en el contexto internacional la calidad de voceros del pueblo, aunque éste no tenga la menor idea de lo que se está fraguando en su nombre.

Una vez que ha quedado bien afianzada esta idea en el ámbito internacional, que por lo pronto Payá simula ya ser un representante político legítimo del pueblo cuando afirma "… Estados Unidos debe estar a la espera que el pueblo de Cuba pida la ayuda…", -que equivale a decir: "el pueblo soy yo y los disidentes que me acompañan"- , la tarea de los opositores será provocar al régimen con aparentes brotes violentos de descontento, en un nivel que se haga necesaria la intervención de la fuerza pública, mientras los medios de la prensa internacional difundirán que en Cuba "ha comenzado una guerra civil y se ha hecho presente uno de los aparatos más represivos de lo que ha quedado del totalitarismo soviético".

En medio de esta represión, que aunque no sea más que la expresión lógica en contra de las fuerzas desatadas por Estados Unidos en contra del régimen cubano, se suscitará el clamor de los sectores más conservadores de Occidente, momento que será aprovechado por la disidencia para, como "víctimas de la represión más desmedida", como seguramente serían los titulares de muchos diarios inclinados a la derecha, solicitar la ayuda militar de Estados Unidos, para que el pueblo cubano sea librado de la "más feroz y prolongada dictadura que jamás haya tenido lugar en América Latina".

Si realmente el pueblo hubiera estado harto de la Revolución, se habría presentado un vacío de poder cuando Fidel Castro tomó la determinación de iniciar su sucesión aprovechando que había sido sometido a una delicada cirugía, pero él estaba confiado en que el pueblo iba a estar a la altura de las circunstancias, y no se equivocaría.

*Reportera mexicana

18/07/2008 GMT 1

Entre Binghamton y La Habana: Sobre nuestros hermanos colombianos, por Felipe de J. Pérez Cruz

polillabaez @ 21:03


“Desde el punto de vista revolucionario, no importan las discrepancias; lo que importa es la honestidad con que se opine. De las contradicciones saldrá la verdad”

Fidel Castro Ruz

El profesor James Petras desde el sosegado campus de la Universidad del Estado de Nueva York, en Binghamton, una vez más regala sus reflexiones sobre temas latinoamericanos. Ahora nos ilumina sobre Colombia, ensombreciendo la imagen de la Revolución Cubana, cuestionando la honorabilidad y pertinencia revolucionaria de la actuación de Fidel Castro (1)

El profesor Petras no hace mucho, se sintió aludido cuando el Comandante de la Revolución Cubana utilizó el término “superrevolucionarios”, para alertar sobre esa petulante manera de actuar de algunos compañeros intelectuales de izquierda, tal si fueran jueces y dueños absolutos de la verdad, por encima de todos y todo, con licencia para criticar y cuestionarnos a unos y otros (2) Entonces el profesor estadounidense arremetió con acidez, desmesura y –como de costumbre- con más prejuicios que datos, contra el socialismo cubano y su líder histórico, para terminar en una muy poco ética contrarréplica, contra un conocido intelectual mexicano, que tuvo la “osadía” de exigirle respeto por la Revolución Cubana, al sabio profesor de Binghamton.

Las “ocho” “tesis” de Petras

Dicen los que saben de publicidad y propaganda, que en el título de un artículo debe estar concentrada la esencia del discurso que se va a desarrollar. Y lo primero que hay que atender en el que Petras titula “Ocho tesis erróneas de Fidel Castro…..”, es que el autor nos intenta manipular.

No va a realizar el profesor Petras una disección de tesis realmente sustentadas por Fidel. Tampoco va a exponer “tesis”. Ni veremos un listado de ocho ideas claras, didáctica y “académicamente” organizadas. En lugar de tesis en plural, se dedicará a blandir una y otra vez, un juicio sumario contra Fidel y la Revolución, sazonado además, con una cohorte de obcecadas elucubraciones y falsedades. Se trata de un ataque deshonesto y grosero.

Hay compañeros que no consideran serio responder este tipo de panfletos. No coincido siempre con tal apreciación, pero si la compartiera, esta fuera una oportunidad para hacer la excepción: Colombia me apasiona, la quiero muy hondo, y en ese hermano país poseo entrañables amigos y amigas. He tenido el privilegio de trabajar allí como maestro –afirmaba José Martí que este es el mayor honor que un pueblo nos puede otorgar-, aprendí de la inteligencia viva y alegre de niños y niñas, de los jóvenes, crecí con la historia de las luchas magisteriales, con el saber culto de sus profesores. Me siento como cubano, colombiano, y por tanto, obligado a dar mis opiniones. No temo equivocarme en una u otra apreciación: Siempre rectificar es de sabio. Si no me perdonaría el silencio cómplice.

A diferencia del profesor estadounidense, mis criterios no nacen del intercambio con un “altísimo funcionario, un Ministro cubano, que me cuente y hable” (3). Mis fuentes son tan públicas como mis odios y amores.

La Revolución Cubana y la paz en Colombia

Colocar el tema cubano-colombiano en el binomio Fidel Castro y las FARCC, es desacertado. El escenario real se abre a una relación mucho más sustantiva: Es el de la Revolución Cubana y la paz en Colombia.

La Revolución Cubana bajo la dirección de su Comandante en Jefe, ha tenido un papel destacado en los esfuerzos por alcanzar la paz, para nuestros hermanos colombianos. Este protagonismo no lo ha buscado. Las partes en conflicto se lo solicitaron. La Habana ha sido sede en más de una ocasión de coordinaciones y reuniones entre el gobierno y las fuerzas guerrilleras.

Si se acepta mediar, cooperar en un conflicto, hay que subordinar simpatías y opiniones, al objetivo mayor para el que se convoca y al que se ha aceptado contribuir: En tal tarea Fidel ha actuado con honor y responsabilidad. Lo hizo como Presidente, lo hace hoy como un soldado de las ideas, que es además, el primer secretario del Partido que gobierna Cuba, por la voluntad –y el sacrosanto voto sostenido y mayoritario - de los cubanos y cubanas.

Fidel medita profundamente cada una de las ideas que nos propone. En el prima por sobre todas las consideraciones, la eticidad política, con que nos ha educado como pueblo en Revolución. Jamás comulga con la mentira, ni titubea si de defender principios se trata. Colocado en la responsabilidad que se ha asumido para con el pueblo colombiano, y sin ambages, el Comandante de la Revolución Cubana ha fijado sus posiciones de manera inequívoca:

“El bombardeo en horas de la madrugada del primero de marzo de un campamento en suelo ecuatoriano – señala Fidel- donde dormían guerrilleros colombianos y jóvenes visitantes de diversas nacionalidades, con uso de tecnología yanqui, ocupación de territorio, tiros de gracia a los heridos y secuestro de cadáveres como parte del plan terrorista del gobierno de Estados Unidos, repugnó al mundo. El 7 de marzo tenía lugar la Reunión del Grupo de Río en la República Dominicana, donde se condenó enérgicamente el hecho, mientras el gobierno de Estados Unidos lo aplaudía” (4). ¿Es esta declaración de Fidel “una exculpación” del régimen colombiano?

El Profesor Petras nos acusa de promover una desmovilización unilateral de las FARC. Y Fidel ha declarado en una de la Reflexiones que precisamente el profesor de Binghamton cita: “no estoy sugiriendo a nadie que deponga las armas, si en los últimos 50 años los que lo hicieron no sobrevivieron a la paz… Nunca apoyaré la paz romana que el imperio pretende imponer en América Latina” (5). Esta es la tesis clara y lúcida de Fidel: Esencia principista de nuestro apoyo a cualquier negociación de paz en Colombia. ¿Realmente resulta lamentable que el profesor de Binghamton, tan interesado en polemizar con las tesis del líder de la Revolución Cubana, le haya pasado “por arriba” a estas afirmaciones, sin siquiera fijarlas como importantes?

La liberación de Ingrid Betancourt, los agentes yanquis y demás prisioneros, coloca al gobierno colombiano, una vez más, en la posibilidad de realizar un gesto de paz, e ir rápidamente a las negociaciones, demostrar ante su nación y la comunidad internacional su voluntad de diálogo y solución pacífica de los conflictos. Si las FARC han declarado abiertamente su disposición a la negociación, si sabemos que una y otra vez los esfuerzos de paz han sido saboteados desde Washington, en contubernio con las fuerzas más regresivas de la oligarquía colombiana, si se percibe que la línea guerrerista es la que ha predominado en la administración de Uribe, al punto de sabotear hasta la entrega unilateral por parte de las FARC de la ex diputada Consuelo González, Clara Rojas y su hijo Enmanuel: ¿Quién sino el gobierno colombiano, es el principal destinatario del mensaje de paz de Fidel?

Fidel sobre todo, ve los acontecimientos colombianos en su dinámica continental: “Observamos con preocupación cómo el imperialismo trata de explotar lo ocurrido en Colombia para ocultar y justificar sus horrendos crímenes de genocidio con otros pueblos, desviar la atención internacional de sus planes intervencionistas en Venezuela y Bolivia, y la presencia de la IV Flota (6) en apoyo de la línea política que pretende liquidar totalmente la independencia y apoderarse de los recursos naturales de los demás países al sur de Estados Unidos”

¿Es muy difícil entender que en Colombia, se dirime también un hecho de correlación de fuerzas entre la Revolución y la contrarrevolución, a escala suramericana, latinoamericana? En los documentos publicados por las FARC, en las declaraciones de sus dirigentes, en las acciones concretas que emprenden en el seno del movimiento político social del área, se hace evidente que comparten una concepción bolivariana y que perciben esa articulación que poseen sus luchas, con el movimiento nacional liberador y socialista que hoy avanza y conquista, plazas antes solo dominadas por la reacción oligárquica y las burguesías satelizadas. ¿Por qué el profesor de Binghamton, aparentemente tan cercano a las FARC, tan informado, desestima esta posición de los guerrilleros colombianos, la silencia en sus alegatos?

La realidad colombiana

Si se quiere opinar sobre un país hay que intentar sumergirse en sus personajes, en los tejidos no siempre superficiales de sus clases y grupos sociales, tener oído atento a todos, a los “buenos” y los “malos”, y a los que no son ni lo uno ni lo otro. Al menos hay que leer – y traducir- la prensa, escuchar –y traducir- los noticieros que orquestan desde la CNN, la USIA, y sus monstruosas cadenas de la desidia y la desinformación. También acopiar lo que modesta y casi siempre con mucho esfuerzo, logran publicar las fuerzas revolucionarias y las organizaciones y movimientos populares. Cuando preciso la imprescindible traducción, no me refiero solo al problema idiomático, la aridez interpretativa es la peor de las incomunicaciones.

Un asunto tan actual como el dictamen del Tribunal Supremo colombiano sobre la ilegalidad de la reelección del Presidente Álvaro Uribe, se puede leer e intentar evaluar desde Binghamton o La Habana, pero siempre nos faltará la apreciación más exacta, que solo se puede construir con los datos de la realidad colombiana, una realidad que además tendrá lecturas múltiples de acuerdo a quienes la hagan y desde donde la perciban. Sin embargo hay hechos que aún en la distancia, se hacen evidentes: Desde el mismo comienzo del confeso soborno de la excongresista Yidis Medina, echó a andar una colosal operación mediática, para “salvar” la figura del Presidente y diabolizar a su acusadora.

Y más allá de lo mediático, en el movimiento real y objetivo: ¿Cómo no percibir que el fallo del Tribunal Supremo colombiano, donde se acusa al gobierno de "una clara desviación de poder” y se solicita la revisión de la legalidad de la reelección del 2006, está inserto en toda una dinámica interna, donde “casualmente” el Congreso de Colombia sufre una grave crisis política y un proceso judicial, que llevó a prisión a por lo menos 32 legisladores, mientras que más de 30 fueron sometidos a investigación por sus presuntos nexos con los escuadrones de ultraderecha?

No ver los hechos tan gruesos que se desatan alrededor del dictamen del Tribunal Supremo de Colombia, es padecer de una supina miopía. Pero considerar que unas u otras declaraciones de Fidel “sirven” para desviar la atención de los asuntos que hoy se dirimen en esa nación, es ya una confirmación de notable ceguera política: Un criterio que acusa una absoluta subvaloración de los sujetos concretos que hoy se enfrentan en esa hermana nación.

En el actual escenario colombiano, transcurre una lógica de acciones y reacciones, donde desafortunadamente para el movimiento revolucionario y progresista, el régimen ha logrado anotarse varias importantes victorias, y no solo victorias militares. El hecho de que luego de negar las acusaciones de soborno, el énfasis del Presidente ha estado en dirimir el asunto en un referéndum, nos puede dar una pista.

No se trata de negarle resultados a los servicios de inteligencia colombianos, no dudo de que en ese y en otros ejércitos latinoamericanos, existan personajes tan eficaces como sus maestros de la Escuela de las Américas, en el triste oficio de matar, corromper, sobornar e incubar traiciones; pero cuánto de medios y fuerzas yanquis, hay en los golpes que recientemente han asestado contra las FARC. Cuánto de guerra psicológica, de terrorismo de Estado made in USA acumula el Plan Colombia, contra la vida y la felicidad de la familia colombiana, esa que sufre sus muertos desde todos, y por todos los bandos en conflicto. Si no se entiende esta abrumadora realidad, no se puede comprender la Colombia de hoy.

Sin precisión clara y definitiva de dónde está el enemigo fundamental, siempre será muy difícil precisar el eje del movimiento histórico, incluidos tanto los alineamientos políticos principales, como sus sujetos marginales. Las propias FARC, una organización de profundo raigambre antimperialista, siempre han definido con claridad quien está detrás de la oligarquía y el gobierno de turno. El masacrado Comandante Raúl Reyes, en carta a los gobiernos del mundo, así lo fijaba: “Es gracias al apoyo de los Estados Unidos que hoy puede sostenerse en pie la política represiva de Uribe llamada Seguridad Democrática” (7) Y este es el concepto que se subraya en todas las Reflexiones de Fidel Castro.

¿De no construirse la paz de inmediato cuáles son las alternativas? ¿El aumento del intervencionismo yanqui, su mayor involucramiento y “ayuda” militar, para aprovechar el momento táctico estratégico “desfavorable” a los guerrilleros, para cerrar toda vía a la negociación y fortalecer la línea guerrerista y genocida dentro del gobierno colombiano? ¿La respuesta armada de las FARC para defender sus territorios, demostrar su capacidad de lucha y posibilidades de golpear tanto en los frentes de combate, como en la profunda retaguardia gubernamental? ¿Es el retroceso de los esfuerzos de paz, y el recrudecimiento de la guerra y la muerte, lo que se percibe como futuro conveniente desde la perspectiva del profesor de Binghamton?

Cuba, Fidel y las FARC

Fidel se siente muy cercano y comprometido con el proceso revolucionario colombiano. Tanto como aquel 9 de abril de 1948, en que con su temprano sentido de justicia social y solidaridad antimperialista, casi con 22 años y un fusil, se incorporó al mar de pueblo que hizo del Bogotazo, uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia contemporánea de Colombia y América Latina.

No es la primera vez que Fidel habla de Marulanda, y estoy convencido de que no será la última. El respeto que siente nuestro Comandante por el Comandante de las FARC es público y conocido El líder cubano siempre ha referido con admiración el hecho de que Marulanda se alzó en armas, cuando aún el intentaba utilizar las vías de la política burguesa para impulsar desde la Ortodoxia, un proyecto revolucionario.

Cubano y revolucionario, he saboreado al diálogo de ideas y pasiones que Fidel Castro sostiene con mi pueblo, he aprendido a conocerlo en los saberes, valores y sensibilidades que nos comparte; pero no por ello un analista alejado de nuestra cotidianidad, está imposibilitado de acercarse con certeza a las más definitivas esencias del Comandante en Jefe, incluso aquellos que precisan de listar “datos”, pueden quedar satisfechos: Conózcase la vida de Fidel, léase su obra, atiéndase a las soluciones que plantea sobre el problema filosófico del mundo, del hombre y la mujer, la educación y cultura, estúdiese su evaluación de las más diversas figuras históricas y contemporáneas, y sin peligro a equivocaciones podremos entender el sentido y la magnitud de sus conceptos e ideas sobre la personalidad histórica de Marulanda.

Para Fidel, Marulanda fue un campesino para gloria del campesinado. Tuvo una notable inteligencia natural, para bien de las causas libertarias. No alcanzó estudios superiores: ¡más meritos de autosuperación, de inteligencia, voluntad y capacidad!

Fidel, que sin dudas admira el genio del guerrillero colombiano, calcula no sin tristeza cuanto más útil su pueblo lo tendría, si la oligarquía y el imperio no le hubieran negado a él y a millones de hombres y mujeres de Nuestra América, oportunidades de estudio, el derecho a una niñez y juventud académicamente culta; si en vez de obligarlo a la guerra revolucionaria, hubiera podido desarrollar toda su pasión y talento en la revolución de la paz, en la construcción de la sociedad socialista. Quizás hoy tuviéramos un Marulanda científico, o Colombia se honraría junto al Gran Gabo, de otro Premio Nobel de Literatura.

Puede que no se comparte la evaluación del pensamiento de Fidel que realizo, que no se domine en su particularidad la metódica cualitativa que propongo, o que no se disponga de “tiempo” para ir a la especificidad del enfoque interdisciplinario que precisa, pero conózcase o no a Fidel Castro, estése de acuerdo o en discrepancia con sus posiciones, se utilice para su estudio una u otra metodología, incluso si no se utiliza método alguno, y se evalúa su figura y pensamiento a empírea pura, siempre habrá que tener en cuenta, necesariamente, un elemental sentido de respeto hacia la personalidad histórica que tratamos, hacia lo que realmente ha sido y es como figura imprescindible del panorama latinoamericano y mundial, a lo que es y representa para millones de cubanos que lo amamos y seguimos. La burda manipulación de las palabras del Fidel sobre Marulanda, el poner en boca del líder cubano lo que sólo puede está en una mente adiestrada en la calumnia, constituye un acto de vileza de James Petras. Es además una provocación, con el avieso fin de zaherir, intrigar y dividir.

Las simpatías que tiene el legendario Comandante Marulanda, en lo profundo de nuestro pueblo, no las negamos. A su vez, desde las FARC, siempre ha trascendido cariño y respeto por los cubanos y cubanas, solidaridad con la Revolución.

Resulta evidente que el pensamiento “marxista” racionalizado en la disciplina positivista de una academia occidental, precisa de “tocar” datos que “prueben”. Y por otra parte hay que comprender que la experiencia acumulada en las lides “progre” en las ciudadelas del imperio, en las estancias solidarias y visitas de “estudio” a Nuestra América, si bien acreditan un posicionamiento de izquierda y aportan esos datos tan necesarios para la arquitectura teórica occidental, no pueden ayudar a penetrar el complejo y multifacético entramada latinoamericano. Ese mundo paralelo “de lo real maravilloso” que coexiste “objetivamente” en el Caribe y la mayor parte de Latinoamérica, muy fuerte en pueblos latinoafricanos, en cubanos y colombianos, queda muchas veces, lejos del escarpelo de nuestros analistas: Tradición, mística, pertenencia, magia de cariños, amor…. Es demasiada “inmaterialidad”.

Cuba es un país de mambises guerrilleros, que cargaban al machete contra cuadros cerrados de fusiles colonialistas. Así se forjo la patria y nació la nación. No hay escolar cubano que no sepa que fue el dominicano generoso Máximo Gómez el que dirigió la primera carga al machete, nos adiestro en la guerra de guerrillas, y forjó a una pléyade de héroes, con Antonio Maceo como paradigma. Crecimos las últimas generaciones de cubanos con las historias de los barbudos, de la Guerra de Liberación; nuestro prototipo de ser humano superior es un guerrillero: El Che Guevara. Nos hermanamos con los combatientes de los frentes guerrilleros en América Latina y en África, con los vietnamitas. Cuando masivamente fuimos a dar nuestro aporte solidario a la liberación de otras tierras, nos llevamos a ese guerrillero que nos acompañaba desde la niñez, emulamos con nuestro propio imaginario, y sentimos también lo terrible del drama humano en la guerra, el agotamiento de las marchas, la tensión en la sorpresa del ataque, la imagen temerosa de la muerte probable, que se desvanece en ráfagas y explosiones, para sorprenderte en la carne destrozada de un camarada… En cada municipio del país hay un panteón que guarda y recuerda a los caídos. Trescientos cincuenta mil cubanos han cumplido honrosas misiones como combatientes de la libertad, y junto a ellos también pelearon en la retaguardia del hogar, sus madres, esposas, hijas e hijos: ¿Cómo no va un cubano o cubana a solidarizarse, a sentirse hermanado con un guerrillero latinoamericano?

No son secretas las divergencias tácticas que los revolucionarios cubanos han tenido con unas y otras organizaciones de partidos y movimientos en nuestra región. Fidel se ha referido a las guerrillas y ha aportado sus valiosos testimonios. Espero que en el futuro nos brinde en este y otros temas su inapreciable aporte. Pero en general, no está aún suficientemente dilucidada la historia de la lucha guerrillera en América Latina. Proceso tan peliagudo, heroico e inexplorado, no puede ser resuelto con el limitado esquema del llamado foquismo, con que pretende dar juicios conclusivos el profesor Petras. Éste, por demás, ha sido un tema muy contaminado por la propaganda anticubana, a través de la cual y de forma reiterada, se ha intentado menospreciar y deformar la participación de los internacionalistas cubanos y del Che Guevara: a propósito, ¡qué casualidad que el profesor de Binghamton siempre tiene la información más inexacta y tendenciosa sobre Cuba y Fidel!

No me atrevería a herir con mis modestas recomendaciones la augusta majestad del profesor estadounidense, pero si estas líneas las lee alguno de sus alumnos de habla hispana (carezco de “equipo” que me traduzca, y ni soñar en estos momentos con dar una cátedra en el país del Norte, pues el Sr. Emperador Bush en el 2004, en una de sus frecuentes conversaciones con Dios, fue advertido de mi condición cuasi terrorista, y decidió que mi presencia por aquellos lares ponía en peligro “la seguridad nacional”, y desde entonces, me ha negado reiteradamente volver a visitar las universidades de ese país) y desea estudiar este apasionante tema de las guerrillas en América Latina, y del susodicho “foquismo”, yo le recomendara tres pasos iníciales:

Primero, orientarse en el nacimiento del propio término, en esa década maravillosa de los sesenta del siglo pasado, cuando un francesito que después habló demasiado cuando no podía ni debía hacerlo, intentó sintetizar toda la experiencia de la Revolución cubana, en una fórmula mágica para hacer la revolución.

Segundo, leer a Roque Dalton, aquel poeta guerrillero, de análisis profundo y versos definitivos.

Tercero, que no olvide que lo que para él es “un proceso de estudio” para los latinoamericanos son hechos de vida, luchas extraordinarias, debates aún inconclusos, represiones, muertes heroicas…

Sobre las relaciones de la Revolución Cubana con las FARC, no tengo que apelar a la supuesta confesión que afirma el profesor Petras, le hizo un compañero de la dirección del país –un Ministro, dice-, para tener la dimensión ética de las relaciones de mi Partido y Revolución con los guerrilleros colombianos. Después del 11 de septiembre del 2001, a raíz de la brutal campaña antiterrorista de Bush, el mayor terrorista del planeta, algunas izquierdas en la región se sintieron presionadas por la imagen de narcoterroristas con que el imperio trata de desprestigiar y aislar a las FARC. No faltaron quienes vacilaron y quisieron apartar a los compañeros colombianos. Y en tal circunstancia se hizo presente la firme posición solidaria de la Revolución Cubana. Puedo dar testimonio de que esa es la historia. Los compañeros de las FARC y otros camaradas y amigos de partidos y movimientos de izquierda pueden dar fe de ello.

Por demás, nada hay que esclarecer sobre la actual posición de Fidel Castro en referencia a las FARC. Más allá de elucubraciones y tergiversaciones, son muy precisas las conocidas declaraciones de nuestro Comandante: “Critiqué con energía y franqueza los métodos objetivamente crueles del secuestro y la retención de prisioneros en las condiciones de la selva. Pero no estoy sugiriendo a nadie que deponga las armas, si en los últimos 50 años los que lo hicieron no sobrevivieron a la paz. Si algo me atrevo a sugerir a los guerrilleros de las FARCC es simplemente que declaren por cualquier vía a la Cruz Roja Internacional la disposición de poner en libertad a los secuestrados y prisioneros que aún están en su poder, sin condición alguna. No pretendo que se me escuche; cumplo el deber de expresar lo que pienso. Cualquier otra conducta serviría sólo para premiar la deslealtad y la traición” (8).

El Polo Democrático Alternativo

La historia no se construye como la quisiéramos escribir, desde nuestras preferencias ideológicas y políticas, sino como realmente sucede. La centralidad del acontecer que marca la presencia de las fuerzas guerrilleras colombianas, es un hecho ineludible en el escenario político del país, su protagonismo es decisivo para derrotar al intervencionismo estadounidense y la reacción oligárquica.

Paz con justicia social defienden las FARC, y no puede existir una mejor plataforma para construir el país soberano, libre y próspero que merece el pueblo colombiano. Raúl Reyes había fijado este punto: “No hay democracia donde hay miseria, ni hay paz donde hay opresión. Es ahora cuando debe ser escuchada la voz de los pueblos; y la voz del pueblo colombiano es clara y firme: queremos paz con justicia social, no queremos más guerra fratricida, no queremos que el imperialismo estadounidense decida lo que sólo compete a los colombianos y a las colombianas decidir” (9).

De la solución patriótica y pacífica del conflicto armado depende el futuro de Colombia. Pero si de pensar la realidad y la prospectiva colombina se trata, hay que incorporar otros sujetos, factores y movimientos.

Resulta significativo que luego de focalizar el conflicto armado, fijar sus simpatías y coincidencias con los guerrilleros –los “buenos”- y atacar a los oligarcas, militaristas, paramilitares y narcos –los “malos”, muy malos, malísimos, diríamos en plena coincidencia-, nada más resulte interesante para un analista en Binghamton. Sin embargo siete millones de colombianos –se considera que casi diez en cifras no oficiales-, entre la sexta y la cuarta parte de la población del país, viven en Bogotá con un gobierno de izquierda, en una experiencia en mucho inédita. Se trata de los esfuerzos conjuntos del Polo Democrático Independiente y las fuerzas que componen la coalición Alternativa Democrática (Frente Social y Político, MOIR, Unidad Democrática, Movimiento Ciudadano y Opción Siete), que ya han ganado por segunda ocasión la importante posición capitalina.

El Polo es múltiple y plural, hay compañeros que vienen de las mil luchas épicas del pueblo colombiano: comunistas, socialdemócratas, nacionalistas y liberales de izquierda… unos, otros, y muchos más, incluidos miles de colombianos que hasta ahora no se habían decidido a actuar en política. En tal arco iris, la reacción trata siempre de dividir, y también aprovecha las circunstancias para lo que mejor saben hacer: confundir, reverdecer viejas y nuevas discrepancias, sembrar prejuicios y agentes, corromper y comprar.

Pero lo significativo es que esta fuerza hasta ahora ha logrado vencer las trampas del imperio y la oligarquía y crecer; que logró fracturar la hegemonía ideológica conservadora, y la psicología del terror, con que se paralizó durante décadas a la sociedad civil colombiana. En las últimas elecciones nacionales del 2006, este frente asumido como Polo Democrático Alternativo (PDA), logró que más de dos millones 600 mil colombianos -sobre el 22 por ciento de los electores- votaran por su propuesta. Se rompía así definitivamente, el bipartidismo oligárquico burgués que desde el Siglo XIX, alternó en el desgobierno del país a liberales y conservadores.

Para el conjunto de fuerzas del Polo y sus aliados, la solución del conflicto armado interno en Colombia debe ser política y no militar. Por ello, se pronuncian por acudir a diálogos y negociaciones en busca de acuerdos de paz. Afirman y en buena medida trabajan -lo he constatado personalmente- por una política de paz activa, que se propone realizar profundas reformas democráticas de las estructuras de exclusión social, política y económica existentes en el país (10). En el mismo momento en que se tuvo conocimiento de la liberación de Ingrid Betancourt, y los demás prisioneros, el Polo Democrático Alternativo dio a conocer un comunicado a la opinión pública, en el que señalaba que la ocasión era propicia para iniciar conversaciones de paz (11).

Dentro del Polo, incluso en algunos de sus dirigentes, han existido críticas e incomprensiones hacia Fidel y la Revolución Cubana, tanto en el pasado, como en el presente. El Polo también ha hecho fuertes críticas y acusaciones a las FARC por sus métodos. El debate, las simpatías y discrepancias, con uno u otro punto de vista que defienden compañeros que están en el Polo, no pueden sin embargo llevarnos a desconocerlos.

Quienes optaron por trabajar en los estrechos márgenes de una democracia en constate precariedad, merecen también todo nuestro respeto. Allí donde la miseria estructural y la violencia oligárquica han hecho del crimen organizado y el asesinato político un mal endémico; donde la vida humana pasó a ser una insignificante mercancía que se subasta por unos cuantos dólares, el hacer trabajo de masas resulta una ocupación sólo de valientes. Más respeto aún, si ejercemos el oficio de crítico, desde una confortable cátedra en un país del llamado “primer” mundo.

La prehistoria del socialismo en América

Hay quien no puede, ni quiere, dejar la práctica de las etiquetas sectarias que tanto daño ha hecho al movimiento revolucionario. Y en la lectura del Polo se nos intenta vender desde Binghamton, los mismos esquemas ideologizantes y las mismas descalificaciones sociologicistas de antaño: Se trata de reducirlos con una lapidaria conceptualización: la pequeña burguesía y la “izquierda democrática”.

“Las luchas de los trabajadores y los campesinos por el poder político –nos ilustra el profesor Petras cual poseedor absoluto de la verdad- encuentran sus obstáculos más serios para avanzar hacia una transformación social en los partidos electorales organizados de la pequeña burguesía. Por medio de "alianzas políticas", cooptación, relaciones clientelares y diversas desviaciones ideológicas, la clase electoral pequeño burguesa y sus organizaciones afiladas subordinan la acción popular directa a la política electoral, con promesas demagógicas y falaz chalaneo "democrático" (12)

Recordemos que en su momento ciertos poseedores de la absoluta verdad revolucionaria, acusaron a Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena de traición; José Carlos Mariátegui era un seguro revisionista, Augusto César Sandino y Fidel Castro carecían de perspectivas por ser líderes pequeñoburgueses, y Eduardo Chibas y Jorge Eliecer Gaitán, no eran confiables por sus concepciones “burguesas”.

Recordemos que el joven Roque Dalton fue asesinado, no por la oligarquía salvadoreña que había puesto precio a su cabeza, sino por una fracción del mismo campo insurreccional. Eran tiempos en que América Latina se inflamaba de rebeldías y el joven James Petras, obtenía por entonces diplomas académicos, acumulaba sus lauros de derechos humanos en las lides estudiantiles de Berkeley, e iniciaba sus primeras lecturas solidarias y estudios “de campo” en la región. De aquellos días recojamos todo el heroísmo. De los dogmatismos, incomprensiones, intrigas y purgas sectarias, nos tenemos que alejar definitivamente. No hay otra opción histórica.

Cuando pensamos en el socialismo en el Siglo XXI, precisamente acreditamos la recuperación creativa de lo mejor de la tradición revolucionaria. Aspiramos y trabajamos para dejar atrás la prehistoria del socialismo en América.

Notas

  1. James Petras: Ocho tesis erróneas de Fidel Castro. Fidel Castro y las FARC, Rebelión, 12-07-2008.
  2. Fidel Castro Ruz: Reflexiones del Comandante en Jefe Los superrevolucionarios, Granma, La Habana, 3 de septiembre del 2007.
  3. Petras: Marulanda el más grande dirigente revolucionario campesino de América Latina, Aporrea, 27 de mayo del 2008.
  4. Fidel Castro Ruz: La historia real y el desafío de los periodistas cubanos, Cubadebate, Rebelión, 04-07-2008.
  5. Fidel Castro Ruz: La paz romana, Cubadebate, Rebelión, 06-07-2008.
  6. Fidel Castro Ruz: La historia real.. Ob cit.
  7. FARC: Carta abierta de las FARC a los gobiernos solicitando reconocimiento como beligerante, 6 de septiembre del 2007.
  8. Fidel Castro Ruz: La historia real.. Ob cit.
  9. FARC: Carta abierta de las FARC… Ob cit
  10. Ideario de unidad. Suscrito entre el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática en el momento de la creación del Polo Democrático Alternativo, Polo Democrático Alternativo, Bogotá, 19 de junio de 2007, http://www.polodemocratico.net
  11. Carlos Gaviria Díaz: Debemos buscar la paz por el camino civilizado del diálogo": Gaviria, Polo Democrático Alternativo, jueves 10 de julio de 2008, http://www.polodemocratico.net
  12. James Petras: Imperialismo y el juego electoral de la pequeña burguesía y de la "izquierda democrática, Polo Democrático Alternativo, 24 de octubre de 2007

17/07/2008 GMT 1

La agudeza y la finura de James Petras, por Norelys Morales Aguilera

polillabaez @ 07:27


Que nadie dude de la agudeza y finura de James Petras.

Pero, ha explotado un petardo y como él es de izquierda, la intelectualidad de izquierda se portará muy higiénica. ¿Pretexto? Colombia. ¿Motivo? Lo ignoro. En efecto, James Petras impone respeto. El renombrado sociólogo norteamericano sabe lo que hará. No responderá a insultos en primer lugar. Desde luego que no y con razón. Pero tampoco se saldrá del espacio teórico que ha marcado para golpear al “equivocado” Fidel Castro.

Ya dijo que Fidel Castro cometió errores y su “valentía” será muy aplaudida porque con tanta demonización del cubano, bien vale la pena que venga alguien a ubicarlo. Petras se nos mueve un poquito no se sabe a dónde, pero no importa él hace su declaración de fe. “He apoyado la revolución cubana exactamente durante cincuenta años y reconozco a Fidel Castro como uno de los grandes líderes revolucionarios de nuestro tiempo. Pero nunca he sido un apologista sin sentido crítico: en varias ocasiones he expresado mis discrepancias en medios impresos, en público y en discusiones con líderes, escritores y militantes cubanos.”

Sabe que tal aclaración era muy necesaria porque el título del trabajo no deja dudas y necesitaba ser creíble: “Ocho tesis erróneas de Fidel Castro. Fidel Castro y las FARC”. No se le escapará a Petras ni al lector, que alardea con su sentido crítico. Toma distancia respecto a que lo vayan a identificar con Cuba. Perdonadme, eso está de moda. Petras se nos presenta con la verdad absoluta. Un breve artículo para enumerar los errores de Fidel Castro, desde su punto de vista. Es legítimo su punto de vista, lo que no es legítimo es intentar hacernos pensar que su interpretación es la correcta. No deja espacio para eso. ¿Ya no somos democráticos en la izquierda?.

Desde el sistema categorial de la sociología en su abrigo universitario al fin y al cabo él se está dedicando a analizar solo las últimas reflexiones de Fidel Castro y puede en ese corto tramo lanzar un ataque a buen resguardo. Eso no tiene nada que ver, su lucidez teórica es tan brillante que no le hace falta acudir a datos de otro tipo que sabemos que sí tiene y que conoce o suponemos que conoce algo de la historia de la Revolución Cubana y en particular de la actuación ética de Fidel Castro.

Si Petras dice que Castro se equivocó es que se equivocó. Quien lo contradiga será un extremista, un fanático o un tonto porque Petras sí sabe y es muy inteligente y tiene a su favor el fuego concentrado de los grandes medios que están informando solo las críticas de Fidel e interpretando que apoya a Uribe. Los vecinos de mi barrio llaman a eso oportunismo, pero bueno, ellos son gente de pueblo que Petras sabrá dispensar porque está muy ofendido con Fidel porque llamó campesino a Marulanda y además, extrajo la conclusión de que lo denigra.

En una sugestiva impaciencia Petras da por terminadas las Reflexiones de Fidel Castro sobre el caso colombiano y se apresura a contabilizar sus errores. No creo que al ilustre sociólogo escape que al llamarlas Reflexiones, Fidel Castro se da la libertad de no agotar un tema y mantenerse pegado a su estilo de conversador entrenado. Eso no es típico de un intelectual de talla que le suponemos a James Petras y al mismo tiempo lo tenemos en una atalaya. Desde sus interpretaciones por lo que dijo o no dijo Fidel está equivocado y no ha dicho una verdad. En cambio Fidel Castro tendrá ya la repercusión de sus Reflexiones entre activistas y revolucionarios que no podían defender a las FARC por sus tácticas.

De hecho, Castro exculpa al régimen «uribista» actual, el más criminal, y echa toda la culpa al «imperialismo estadounidense». Eso nos dice Petras. ¿No será que Petras ahora no quiere ver las culpas del imperialismo estadounidense que ha engendrado regímenes como el de Uribe, algo que lleva muchos años explicado Fidel Castro, así como sus métodos en sucesos o proyectos como la Operación Cóndor o la Escuela de Las Américas? y por otro lado, el que Fidel no se refiera en sus últimas reflexiones al terror del gobierno no significa que lo apoye. Menos aún, que Cuba esté buscando sacar ventajas económicas del asunto.

¿Tenemos alguna razón para suponer que el hecho de que Petras demande la opinión puntual de Fidel Castro sobre algunos tópicos sea por su personal interés altruista? ¿Por qué un teórico tan avezado como James Petras da por terminadas las Reflexiones de Fidel Castro y se lanza a ver la viga en el ojo ajeno? Muy fino de su parte, ¿no?


Los principios éticos de una polémica desde la izquierda, por Orlando Cruz Capote*

polillabaez @ 05:50

Siempre he considerado una problemática muy complicada las discusiones desde las izquierdas o dentro de las izquierdas. Porque muchas veces los debates necesarios y complejos que deben enriquecer la teoría y la práctica revolucionaria devienen en diatribas, adjetivizaciones y, lo peor, en escisiones y divisiones en las filas de los que deben y pueden enfrentar al capitalismo y al imperialismo como objetivo supremo. En ocasiones la disputa acerca de la estrategia, la táctica y los métodos empleados, así como sobre el programa ideopolítico mínimo y el máximo, dentro de las heterogéneas fuerzas sociopolíticas transformadoras, no coadyuvan a encontrar fórmulas adecuadas para todos que, además, no existen, ni de manera absoluta ni tampoco eternas.

En los altercados, que dejan de ser prosperas polémicas, se pierden los posibles principios comunes que deben unir a las organizaciones revolucionarias que, a su vez, deben articular a todas las disímiles clases, capas, grupos, sectores y estratos sociales, explotados y oprimidos, marginados y excluidos, en la lucha contra el capital y se sobredimensionan las diferencias, perdiéndose hasta la más mínima oportunidad de los probables y necesarios consensos, compromisos y alianzas. En muchos casos las actitudes tozudas son causadas por falsos protagonismos, “vanguardismos iluminados” que proclaman sus verdades como las únicas, ambiciones por ocupar espacios de poder y egocentrismos personales o de grupos. La impar ganadora en estos debates desgastantes y desgarradores desde o dentro de la izquierda, lamentablemente, es la derecha que siempre ha estado y estará unida junto a sus tres principios inalienables: la sacrosanta propiedad privada, el libre mercado y la obtención de mayores ganancias y/o plusvalía, con sus secuelas concomitantes de explotación y opresión, enajenación / alienación.

Ello ocurre, con mayor frecuencia, en el análisis más maduro y concienzudo de lo general a lo particular, o a su inversa, de la singularidad a la visión universal-general. Es lo que algunos han llamado “el sacrificio de las partes en el altar del todo” o, en su anverso, el “sacrificio del todo en una de sus partes”, que niega la dialéctica y la lógica del materialismo marxista que continúa siendo una cosmovisión del mundo básica, una teoría de la praxis válida y un saber o una ciencia generalizadora de los conocimientos, tanto de la realidad objetiva y de la subjetiva, que continúa su proceso de crecimiento y de tomar lo mejor de otras escuelas de pensamiento y de los adelantos de la ciencia y la técnica, pero aun más, se alimenta de los saberes cotidianos de la gente más común que convive en nuestras sociedades.

Pero todos los actores sociales o los agentes del cambio revolucionario, de una forma y otra, están inmersos en diversos escenarios locales, nacionales, regionales e internacionales en el combate contra el enemigo común: el Sistema de Dominación Múltiple del Capital. Y resulta un verdadero rompecabezas poseer una visión de conjunto y determinar con precisión donde, cómo, cuando y contra cuál adversario asestar los golpes esenciales.

Así ha sido a lo largo de la historia de las ideas y las prácticas de las izquierdas,

-desde que estas se denominaron de esta forma, como contrarias de la derecha- que, como son diversas, y han estado perpendicular o tangencialmente atravesadas por escuelas, corrientes y tendencias de pensamientos y accionares disímiles en el tiempo y el espacio, toman caminos o vías diferentes para realizar sus objetivos de corto, mediano y largo plazo: la transformación paulatina o radical de la sociedad. Todo sucede en medio de las asimetrías de los movimientos populares que se desencadenan o se paralizan en una misma condición sociohistórica concreta y que actúan, no al unísono, sino de forma desigual porque no concuerdan en sus ímpetus y posibles desmovilizaciones, aunque en algunos momentos muy precisos pueden actuar mancomunadamente.

Como no existe una “unilinealidad” afirmativa y sí un zigzag permanente en la evolución y desarrollo de los procesos y acontecimientos históricos y en el devenir de los combates nacional liberadores y por la justicia social, que no excluyen retrocesos y estancamientos, la misión histórica de los partidos políticos de izquierda -los tradicionales y los nuevos-, de los movimientos sociales y de otras fuerzas que no todas son de izquierda, aunque así lo proclamen (algunas son de centro, centro-izquierda, reformistas, socialdemócratas, demócrata-cristianas- aunque algunas de estas hace ya algún tiempo dejaron de ser de izquierda, principalmente luego del derrumbe del Muro de Berlín-, populistas, anarquistas, anarcosindicalistas, trotskistas, socialistas utópicas, del pensamiento social crítico, y otras de un eclecticismo tan dificultoso para poder determinar su verdadero “núcleo duro” de principios ideopolíticos y socioeconómicos, etc.), se convierte en un problema muy peliagudo de solucionar a través de una fórmula que a lo mejor sirvió en otras situaciones similares y/o en otros tiempos. Es entonces cuando tales organizaciones de izquierda, sin caer en dogmas y en esquemas preconcebidos, tienen que realizar un análisis dialéctico muy singular y creativo del escenario sociohistórico concreto, en todas sus aristas, para re-crear las enseñanzas y lecciones históricas pasadas y las presentes, que transcurren paralelamente a su proceso, para desarrollar sus propias experiencias de lucha y experimentar con mucho cuidado y madurez, pero con audacia revolucionaria, sus planes de acumulación de fuerzas y de toma del poder político. Teniendo que ser también capaces de rectificar esas directrices trazadas inmediatamente que la situación varíe o contradiga sus acciones teóricas y prácticas.

Es lo que Vladimir Ilich Lenin denominaba los desarrollos independientes del marxismo, el arribo al socialismo por diferentes vías o caminos y de no tratar de seguir al pie de la letra lo acontecido en la praxis o en las teorías existentes, sino de “atrapar” el espíritu vivo de esas enseñanzas y concepctualizaciones, para ser creativos y singulares, a veces, con una alta dosis de excepcionalidad. Esa autenticidad, autoctonía y creatividad son los ingredientes que conforman a las grandes revoluciones de la historia.

Las discrepancias, contradicciones y hasta antagonismos entre los revolucionarios deben poseer, sin embargo, principios éticos inviolables. Estos principios morales-éticos no afectan las discusiones, debates y polémicas, porque el respeto hacia el pensamiento ajeno, el no imponer criterios desde una autoridad que no todos reconocen o tienen que reconocer como infalible, el intercambio de ideas provechoso aunque no se esté de acuerdo con el otro, el no inmiscuirse intrusamente en los asuntos internos de otras fuerzas revolucionarias, el deber de indicar al amigo o camarada de lucha sobre errores cometidos, insuficiencias y deficiencias sin extralimitarse y sobre la base de una crítica realmente constructiva son la base de una militancia y tolerancia proletaria y socialista, de izquierda y comunista, honesta y sincera. Cuando una de estas reglas elementales se violan o se distorsionan surgen serios problemas en la unidad del movimiento revolucionario. Nadie debe enjuiciar a otro revolucionario, a no ser que este haya perdido su condición de tal, porque una personalidad o una organización no puede ser juez supremo de las ideas y de las acciones de las otras.

Y aquí reaparecen problemáticas que resultan en la mayoría de los ejemplos reales como simple y llanamente insolubles. Porque unos se endilgan a otros epítetos y agravios, insultos ideologizantes, a veces se toman actitudes intelectualoides por parte de algunas agrupaciones y personalidades que no ayudan a dirimir donde se encuentra el punto medio de un encuentro, de un compromiso y de una comprensión. Discusiones además, que no deben ser trasladadas obligatoriamente al seno de la discusión pública -para eso están las discusiones camaraderiles en privado-, porque el enemigo de clase, astuto y oportunista, encuentra posibles quiebras en las filas revolucionarias y aprovecha las mismas para alimentar el debate y encauzarlo hacia otra dirección que no es la correcta y ni la que más conviene a la unidad. Unidad que no significa uniformidad y, mucho menos, identidad absoluta en todos los puntos del debate, sino una unidad dentro de una gran diversidad que todos debemos respetar.

Algunas opiniones vertidas, que no son tesis y ni siquiera conceptualizaciones elaboradas para presentar un decálogo de líneas principistas son tomadas como tales y surgen respuestas inesperadas que sí intentan realizar una especie de catecismo, desde ese ángulo del intelectual que las elabora y que las crítica desmedidamente, aportando una interpretación desmesurada y fuera de toda lógica racional.

El Dr. James Petras, el cual se autodenomina un amigo de la Revolución Cubana -crítico- ha realizado ese ejercicio intelectual en varias ocasiones, desde los años 90 de la pasada centuria (aunque también anteriormente), no sólo con Cuba sino con otros procesos revolucionarios. Aunque para el autor de esta página, Petras es un hombre inteligente, siempre ha tomado una posición de francotirador que no beneficia a las fuerzas de izquierda. Porque cuando se parapeta tras cualquier definición debe realizarse no desde un cómodo gabinete, un aula o un estrado de conferencista, hay que hacerlo desde una práctica comprometida en las propias luchas revolucionarias, sin arrepentimientos y desilusiones, frustraciones y amarguras propias que se transmiten en sus escritos. No se puede ser un francotirador sin estar dentro de una organización revolucionaria y, mucho menos, confeccionar análisis desde una gran biblioteca. Porque Petras, además, “habla y opina de todo porque sabe de todo”, hecho de por sí muy sospechoso porque no pueden existir mentes tan abarcadoras de una realidad compleja a nivel mundial, regional y nacional que lancen, incesantemente, propuestas y críticas “fundamentadas” hacia todo lo que se dice y se hace en el Planeta.

Cuando hace pocos días Petras escribió “Ocho tesis erróneas de Fidel Castro. Fidel Castro y las FARC” volvió a caer en ese abismo del hombre inteligente que pierde la perspectiva ante un viejo camarada de lucha que ha demostrado a lo largo de su vida que es un militante solidario e internacionalista a toda prueba. Lo hizo contra un líder guerrillero y de una Revolución que lleva 50 años de resistencia contra el imperio más fuerte de la historia, frente a un rebelde hereje, a un revolucionario que siempre ha estado en el frente de batalla sin importarle su vida como dirigente, y al que no le sirven moldes ni dogmas para encasillarlo. Ni siquiera voy a expresar ante una autoridad del movimiento revolucionario cubano, latinoamericano y universal, porque el compañero Fidel no es un ser humano vanidoso y en muchas ocasiones ha sido el principal autocrítico de sus errores y de las deficiencias internas de la Revolución que el encabeza junto al Partido Comunista de Cuba.

Pero al afirmar que Fidel “se ha unido dócilmente al coro que condena a las FARC”, Petras no quiere un debate sino un combate ideológico de envergadura con la Revolución Cubana. Quién conoce y comprende a Fidel Castro sabe que nunca ha sido un revolucionario inmaduro y si muy radical -la palabra viene de raíces, y no de un fundamentalismo ciego o miope-, que no escribe una palabra de más o de menos sin plena conciencia del por qué lo hace, y que tiene una visión estratégica más aguda que muchos otros…

Recuerdo ahora que en el año 1973, el compañero Fidel Castro que, además, es aún el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, dijo que en la Sierra Maestra y en los llanos cubanos se luchaba entre 1956-1958 contra la dictadura de Fulgencio Batista, pero que después del triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, el enemigo principal había pasado a ser el imperialismo norteamericano. Si se leen algunos documentos de Fidel Castro desde 1953, en el exilio mexicano y en el Oriente cubano se puede encontrar aseveraciones que precisamente no lo ubicaba como un revolucionario reformista, populista y pro-norteamericano, sino como un patriota latinoamericanista, antiimperialista e internacionalista convencido. Sólo que la táctica y la estrategia le indicaba, como se lo indicó a José Martí, que no podía cumplir una segunda tarea tan difícil sin culminar la primera.

Sería conveniente preguntarle a James Petras: ¿Quién es hoy el enemigo principal que intenta desestabilizar a Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, y Nicaragua?; ¿Contra quienes debemos dirigir todas nuestras fuerzas revolucionarias continentales? Este es el problema que Petras no ve, o no quiere ver, tras los artículos de Fidel. El imperialismo norteamericano está apostando al Plan Colombia para crear un enfrentamiento entre el pueblo de ese país, y los pueblos venezolano y ecuatoriano. Esa guerra podría ser el fin de esas revoluciones porque la debilitarían al encender los ánimos patrióticos -y patrioteros- de muchos pobladores de esas naciones. Si detenemos la guerra promovida por los Estados Unidos de América estaremos brindando un tiempo para el fortalecimiento de esos procesos revolucionarios, todos con sus matices diferentes, y ganando la batalla sin necesidad de disparar un tiro. Y también evitaríamos que el pueblo colombiano, las FARC y las demás organizaciones de izquierda se vean envueltos en un conflicto bélico fronterizo e internacional.

¿Piensa Petras, con esa autosuficiencia adquirida a través de los años de su quehacer periodístico y publicista que Fidel desconoce a las oligarquías internas de América Latina y el Caribe, ahora transnacionalizadas y funcionando como garante y gerente del hegemónico y globalizante capitalismo-imperialista transnacional neoliberal? Este es otro problema de Petras, siempre subestima e intenta lesionar al oponente en el debate.

¿Cree de veras Petras que el compañero Fidel Castro intentó denigrar a Marulanda, toda una leyenda en el movimiento guerrillero latinoamericano al que todos respetamos y admiramos por su tenacidad y voluntad de luchar y resistir? ¿Intenta indicar Petras que Fidel Castro desconoce al panorama político, social y económico colombiano y que solo sabe del mismo a través de la prensa colombiana y norteamericana, cuando en Cuba se estudia e investiga por múltiples institutos de educación superior la realidad de Nuestra América, y Fidel Castro no sólo lee incesante y rápidamente los cables de noticias, sino informaciones muy serias y profundas de las realidades del mundo y, en especial, de América Latina y el Caribe?

¿Por qué Petras afirma que “[…] Castro promovió una teoría de «focos de guerrilla» entre 1963 y 1980, en donde grupos pequeños de intelectuales organizarían un núcleo armado en el interior del país, entrarían en combate y atraerían el apoyo masivo de los campesinos. Todos los focos de guerrillas «castristas» fueron derrotados (aniquilados) rápidamente en Perú, Venezuela, Brasil, Uruguay (focos urbanos), Bolivia y Argentina […]“? ¿A que viene esa mentira descabellada de que Cuba fue partidaria de la “teoría del foquismo”, tesis difundida por el francés Regis Debray, si se conoce y él debe conocer que Cuba nunca negó la lucha política, cívica, la electoral, la de masas, los partidos políticos de vanguardia, los combates proletarios y campesinos, los de la pequeña y mediana burguesía radicalizada, así como de los intelectuales orgánicos? ¿Hay que hacerle llegar a Petras algunos pasajes de la historia de la Revolución Cubana para que aprenda, por primera vez, esas verdades?

El Dr. James Petras conoce que Cuba nunca hizo un reduccionismo obrerista en su programa de lucha al interior y al exterior, que no creó ningún foco guerrillero, sino que apoyó a aquellos revolucionarios nacionales e internacionalistas que comenzaron sus luchas sociales y de liberación nacional en sus países de origen, pero que fue incapaz de organizar una intromisión y desestabilización en otra nación por cuenta propia, sino que ayudó con sus limitadas fuerzas y recursos a los militantes revolucionarios no solo latinoamericanos y caribeños, sino africanos y asiáticos que luchaban contra los imperialismos y las oligarquías burguesas que habían unido fuerzas contra la Revolución Cubana, expulsándola y sancionándola de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el hemisferio occidental, respectivamente, y contra la explotación y opresión del régimen del Apartheid y las ex-metrópolis capitalistas y colonialistas europeas y de los EE.UU., en la lejana África y el Vietnam heroico.

Sin detenerse en sus interpretaciones distorsionadas y manipuladas, Petras arremete no solo contra Fidel Castro sino que afirma: “[…] Chávez utilizó la liberación de Betancourt para abrazar a su «enemigo» Uribe y distanciarse más de las FARC, en particular, y de los movimientos populares de Colombia, así como para construir puentes hacia una presidencia estadounidense post Bush. Chávez también se congració con los medios de comunicación pro imperialistas recibiendo comentarios favorables del candidato presidencial estadounidense de derecha, quien «esperaba que las FARC aceptasen el consejo de Chávez de desarmarse». “Cuba, o al menos Fidel Castro, utilizó la «liberación» de Betancourt para exteriorizar su hostilidad, que se remonta por lo menos a 1990, hacia las FARC, ya que éstas obstaculizaban su política de reconciliación con el régimen colombiano”.

Ya casi no queda tiempo y espacio para el comentario que escribo negando el octálogo de errores del compañero Fidel Castro, que ha propuesto el profesor Petras que, por cierto, ha venido a Cuba en muchas ocasiones y lo hemos recibido con respeto, escuchando sus opiniones hasta vertidas en la televisión nacional. Pero después de las citas expuestas y de esta que sigue “¿El equilibrismo entre el interés nacional de Cuba por los vínculos diplomáticos y comerciales con Colombia y las proclamadas credenciales revolucionarias forman parte de las «complejidades» de la política exterior cubana?”, no me dejan sino sentir un sabor amargo de alguien que, siendo inteligente, está vendiendo consciente o inconscientemente sus conocimientos al adversario y que está promoviendo, como ya dije, un combate ideológico y político de envergadura, no contra un amigo, ni siquiera un simpatizante, sino contra alguien que considera un adversario o un enemigo.

Las posiciones de James Petras parecen haber hecho algún giro de malabarista de 180 grados. La acrobacia a la altura de sus años no es buena para su cuerpo, ni para su mente ni siquiera para su espíritu. He conocido personas que se han convertido al conservadurismo al final de sus días y otras que, al contrario, se han radicalizado. Por lo que parece que el problema no de es de edad y de arrugas en la piel, sino consiste en la perdida de conciencia revolucionaria y comprometimiento político con los pobres de la tierra.

James Petras no quiere un diálogo revolucionario, no lo quiso hace alrededor de un año, cuando lanzó otro ataque disimulado contra la Revolución Cubana. En ese momento, el prestigioso intelectual mexicano Pablo González Casanova le salió al paso con sólidos criterios. Todos leímos esa polémica rara y extraña que Petras “había sacado de debajo de la manga”, como un mago. Ahora, indudablemente lo desea menos. Quizás desea un protagonismo mayor en las páginas de Internet. Yo no soy un intelectual de élite, ni siquiera famoso o popular, pero tengo fuertes convicciones revolucionarias para no permitir que se insulte a Fidel. Ese Fidel Castro que nos enseñó que si cada cubano se sentía como Nación, Revolución y Socialismo, nuestro proceso revolucionario estaba salvado ante cualquier agresión. Por eso contesto de esta forma ante esa provocación inaudita.

Aunque su discurso se vea del lado de la izquierda, el extremismo de James Petras al atacar a Fidel y a Chávez, no dejan mucho lugar a dudas de que parte se inclina la balanza o hacia a quien apunta su brújula extraviada. No es que no pueda enunciar sus críticas -ya lo escribimos al principio de este artículo-, sino de la falta de ética revolucionaria, de la deshonestidad y los engaños con que la realizó.

Y eso huele a oportunismo, a un “striptease” público y un “travestismo” ideopolítico de la peor especie.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Los subrayados son de esta editora