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El Blog de la Polilla Cubana
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Categoría: Izquierda a debate

16/09/2009 GMT 1

¿Crítica a una crítica cubana?: Guillermo Almeyra y el ejercicio de una solidaridad responsable

polillabaez @ 23:10

Por Felipe de J. Pérez Cruz

 

espinas-de-almeyra.JPGGuillermo Almeyra ha respondido a dúo los criterios que le manifesté (1). El compañero Orlando  Cruz  Capote con mucha más inmediatez,  le ha devuelto sus opiniones (2), y  a la vez realizó a tan crítico interlocutor, una exhortación para que publique en su columna nuestras polémicas.  He esperado… y al parecer tal solicitud no se va a hacer realidad.  Apelo entonces a otros medios.

 

Almeyra tiene la gentileza de congratularme por mi “cierta pasión patriótica, y no solamente burocrática”. Pienso que en este tipo de debate “desde la izquierda”, lo fundamental no está en personalizarlos. Aunque no siempre lo logremos, hay que tratar de centrarse en la evaluación de los posicionamientos políticos e ideológicos concretos, y en la crítica revolucionaria de las ideas que los sustentan.  Solo así llegaremos a consensos sobre lo que realmente asumimos si de praxis emancipadora hablamos.

 

Guillermo Almeyra trata en su respuesta varios asuntos. Me referiré en esta oportunidad a los que tienen que ver directamente con el ejercicio político cubano; acomoda Almeyra su respuesta a un interlocutor para el que en Cuba “todo va del mejor modo posible y se hace todo lo que habría que hacer”. Se hace evidente que en ese “mundo ligado por la cibernética” a que hace referencia, que tan buenas “informaciones de primera mano” le proporciona, no existen las revistas y medios donde están nuestras opiniones.

 

Como parte de un presupuesto falso, la lógica de intentar “probar” la existencia de una y otras problemáticas adversas, resulta estéril.  Si Almeyra no tuviera ¿bloqueado? el acceso a nuestros medios, pudiera tener una lista mucho más sustanciosa y larga de insuficiencias, insatisfacciones y retos. También de todo lo que hacemos para resolver los problemas que confrontamos. Con tal base objetiva,  quizás pudiera colaborarnos con algunas ideas, críticas y propuestas novedosas, que agradeceríamos. Pero esa solidaridad responsable que estamos en derecho de reclamar a quienes se identifican como amigos de la Revolución Cubana, no es el camino que ha decidido recorrer Almeyra.

 El desconocimiento de “primera mano” 

Resulta paradójico que Almeyra posea tanta y tan fidedigna información sobre Cuba, como para no conocer ni siquiera en detalles gruesos el sistema político, ni los mecanismos de  ejercicio democrático en mi país. La respuesta a todas sus preguntas sobre las elecciones cubanas, está en la Ley Electoral No. 72, promulgada el 29 de octubre de 1992.

 

La pregunta sobre quien “revocó” a unos y otros dirigentes de reciente sustitución, confirma como entre las opciones de información “de primera mano”, Almeyra también esta privado de leer “Granma”, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. En este periódico y en casi toda la prensa escrita y digital cubana, fueron oportunamente publicadas las cartas de renuncia de los diputados en cuestión.  La  crítica pública de Fidel fue posterior a la reunión ampliada del Buró Político del Comité Central del Partido, donde con la participación en plenitud de derechos de los compañeros involucrados, se realizó un profundo análisis de las graves violaciones de la ética revolucionaria y la disciplina estatal y partidista en que habían incurrido. 

 

Dígame: ¿en qué país o sistema  “democrático”  hay que realizar un proceso revocatorio a quien en ejercicio de su voluntad y derecho renuncie? En tales casos, los órganos por donde fueron electos hacen efectivas las renuncias y, según la Ley, establecen los procedimientos de sustitución. En Cuba esta facultad -en el caso de los diputados- la tienen las asambleas municipales.

 

Almeyra afirma: “Los diputados, es cierto, pueden ser revocados por sus mandantes: ¿alguno acaso lo fue?” Esa dicotomía entre la democracia formal que se declara y no se realiza, parece que lo tiene a punto de desorientación. Sabemos que tal cosa ocurre a diario en el mundo burgués donde vive, pero no nos merecemos tal suspicacia, si del proceso revolucionario cubano se trata. La revocación  se aplica en todo el sistema de la democracia cubana, desde las bases en los Consejos Populares hasta la Asamblea Nacional.  Sólo adjunto la tabla del movimiento a nivel de diputados, que lo actualizará al respecto:

 

CESES EN FUNCIONES DE DIPUTADOS CUBANOS

EN TODAS LAS LEGISLATURAS

Legislatura

Total

Revocación

Renuncia

Fallecimiento

Otras

Altas

1ra. Legislatura

16

4

6

6

 

10

2da Legislatura

18

5

1

11

1

11

3ra. Legislatura

39

8

17

14

 

2

4ta. Legislatura

16

1

6

9

   

5ta. Legislatura

24

2

8

11

3

 

6ta. Legislatura

22

3

7

11

1

 

7ma. Legislatura

10

1

8

1

 

6

Fuente: Información y Difusión de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba, 2009

 

Almeyra pregunta si se puede en las asambleas de trabajadores “elegir delegados por resolución de las bases”, si en “las asambleas en los centros de estudio”  tienen la  posibilidad de nuestros estudiantes de “discutir y rechazar los programas y los métodos de enseñanza”: Resulta que durante cincuenta años de seguimiento  “de cerca y con pasión” de “lo que pasa en Cuba”,  este amigo nos ha acompañado con un puñado de dudas sobre la naturaleza participativa y democrática de la Revolución.

 

¿Dónde ha estado Almeyra cada vez que en el país se ha realizado un Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC)? En 1959, año de la Liberación, se realizó el X Congreso, en el 2006 se efectuó el XIX Congreso. En medio siglo además, se han reunido los sindicatos ramales y las organizaciones estudiantiles en más de cuarenta congresos, que siempre involucran desde las organizaciones de base a cientos de miles de sus miembros, en enjundiosos debates y no menos sustantivos acuerdos.

 

Si Almeyra siguiera el movimiento del cambio revolucionario en Cuba, se percatara de qué ocurre realmente.  Hay pruebas rotundas del  continuo aporte, la permanencia y viabilidad del sistema de organizaciones revolucionarias de masas. Se trabaja con una mirada de renovación, de señalamiento preciso de los problemas de formalismo e inercia que existen. Hay reflexión sobre que estamos por ratificar, junto a la referencia de aquellas prácticas, métodos y estilos, que ya a esta altura del desarrollo de la Revolución y sus sujetos concretos, debemos negar dialécticamente. Lo triste es que Almeyra ni conoce, ni ve,  nada de nada, y para colmo quiere y opina de todo. 

 

Y no es sólo Almeyra: hay varios intelectuales más, con historia y alineación de izquierda, que han tomado el oficio de fiscales hipercríticos de la Revolución Cubana. 

 

No ven las realidades democráticas de derecho y práctica cotidiana en mi país. No aprecian el esfuerzo de la dirección del Partido por promover un diálogo superador; tan crítico y autocrítico, como seguro y optimista, porque sabemos de las calidades y valentía del pueblo revolucionario de Cuba. El saludable ejercicio de superación de lenguajes triunfalistas y panfletarios que avanza en la prensa nacional, carece de  significación para estos modernos inquisidores, sólo les interesa anotar las deficiencias, para luego descontextualizarlas, refreírlas en sus libelos y ofertarlas como pruebas de “decadencia”.

 

Desde el ángulo propiamente pedagógico, la referencia de Almeyra a la ultrademocrática posibilidad de que en las aulas y escuelas se pueda discutir y rechazar los programas y los métodos de enseñanza, nos asoma a un tema que precisaría de un comentario a parte. Sólo pregunto: ¿Sabe Almeyra cuánta manipulación y bazofia neoliberal se ha ido colocando para mitificar el histórico tema de la reforma universitaria, para entorpecer  la lucha contra la docencia anquilosada y retardaria?  ¿Sabe cuánta desestructuración de los proyectos de nación se persigue, tras el tema “tecnológicamente neutro” de los llamados “currículos flexibles”? 

 Las comparaciones con el socialismo que fracasó 

Las comparaciones de Cuba con los desaparecidos estados socialistas de Europa del Este, pueden  ser útiles  en varios campos. Pero establecer una equivalencia entre el sistema electoral búlgaro de entonces, y el cubano de hoy, manifiesta no solo falta de conocimientos. Es una simpleza.

 

¿Sabe Almeyra  que antes de proponerle al pueblo cubano su constitución y sistema electoral, se hizo un amplio y documentado estudio de las constituciones, sistemas y experiencias del entonces campo socialista? Hubo una muy rigurosa evaluación, fertilizada con la historia del derecho y la constitucionalidad nacional, con las prácticas que la Revolución en el poder había ido desarrollando.  El sistema antes de extenderse se experimentó primero en la provincia de Matanzas y se le hicieron nuevas adiciones salidas de tal práctica.  Blas Roca, constituyente comunista por votación popular desde 1940, tuvo a su cargo la dirección de tan compleja tarea de derecho comparado.

 

La comparación para intentar “descubrirnos” los peligros del desaparecido “socialismo real” tampoco resulta. Es un ejercicio estéril.  Conocí Bulgaria socialista, un país hermoso, un pueblo de historia combativa, de legendarios guerrilleros y heroica resistencia antifascista, alegre y entusiasta, culto. Bajo el socialismo el pueblo búlgaro logró transformar un país agrícola atrasado, en un floreciente jardín, con una industria agroalimentaria de la que los cubanos no supimos aprender lo suficiente. Los búlgaros dejaron atrás la pobreza y la dictadura del capital, y se encaminaron al socialismo. Hoy sabemos que no basta querer avanzar hacia la nueva sociedad, que por el camino se puede perder el rumbo.

 

Nunca entendí la discriminación a los  búlgaros de origen turco. Si el socialismo no es el fin de los desencuentros del pasado, el respeto por las culturas y las identidades de todos y todas, jamás será socialismo. Menos compartí las diferencias en modo de vida y oportunidades, que pude observar entre los dirigentes partidistas, sus familias y el pueblo. Por entonces,  en aquella Bulgaria amable y solidaria, ni me imaginaba el próximo derrumbe, pero de lo que si estaba seguro, era de que aquel no era mi socialismo. 

 

La ventaja ideológica que compartía con mis compatriotas de estancia en Bulgaria, nacía de ese culto a la igualdad y dignidad plena de los hombres y mujeres,  que los cubanos  -primero que en Carlos Marx- aprendemos desde la infancia en la “Edad de Oro” de José Martí. La ventaja de praxis era muy modesta, pero suficiente para despegarnos de lo que veíamos. Sólo unos meses antes, y por espacio de casi dos años, habíamos estado varios de los dirigentes juveniles que me acompañaban, paleando concreto de sol a  sol en el reparto obrero de Alamar, para construir  el primer edificio de apartamentos donde viviría un grupo de “cuadros” y trabajadores del Comité Nacional de la Juventud Comunista. Nada se nos regalaba: los cuadros, al igual que los trabajadores, formamos nuestra propia “microbrigada”  y  nos sumergimos en la práctica y el aprendizaje totalizador del mundo del trabajo.

 

Olvida Almeyra que somos muchos los cubanos y cubanas que conocimos las sociedades de la URSS y el llamado socialismo real. En ella nos instruimos, alcanzamos estudios superiores y grados científicos, vivimos entre sus ciudadanos, recibimos mucha solidaridad y cariño. No pocos tenemos por aquellas tierras amores y amigos entrañables, que nunca hemos dejado de atender. Otros, no pocos, fundaron sus familias en la simiente  generosa de aquellos pueblos. Fuimos y somos beneficiarios directos de lo mejor del internacionalismo socialista.

 

Desde mediados de la década del ochenta la autocrítica sobre las insuficiencias del socialismo cubano acumuló los elementos de constatación práctica, criterio político y teórico suficientes para entender las limitaciones y errores del socialismo de modelo soviético. Comprendimos que los problemas estructurales de la economía cubana, no estaban siendo superados en los marcos de la relación con la URSS y en la división internacional socialista del trabajo. La evaluación de la situación creada, nos llevó a percatamos –antes que la dirección soviética hablara de perestroika- de la necesidad de rectificar. Y en tal criterio se inicia el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, en los debates del III Congreso del PCC en 1986.

 

Quizás no exista fuera de las fronteras europeas, quienes mejor conozcan  la experiencia soviética, que estos antillanos y antillanas. Sin embargo, lejos de la  repulsa ideológica y política que protagoniza la propuesta de Almeyra,  vamos a seguir estudiando lo que allí ocurrió, qué representó un avance, qué hicieron bien,  dónde se equivocaron, cómo la guerra económica del capitalismo mundial, la presión armamentista de los Estados Unidos y la subversión política e ideológico cultural liderada por la CIA y los servicios de la OTAN, lograron  empujar el fracaso, qué copiamos en Cuba, y los más importante: que prácticas negativas de matriz mimética aún nos quedan por sacudir.

 

La solidaridad responsable

 

Nos falta muchísimo por evaluar, por promover a debate, nos urge trabajar más y mejor, hallar las soluciones más revolucionarias a los grandes problemas nacionales, y a los múltiples pequeños-gigantes conflictos en las comunidades, en la vida y la realización socialista de cada personalidad, de cada cubano y cubana. Ese espacio, siempre abierto desde la praxis a la construcción ideológica y política, en lo inmediato se reactualiza con el proceso de preparación del VI Congreso del Partido. Y  en tal esfuerzo, no le quepan dudas a nadie, están también convocados nuestros amigos y compañeros que piensan el socialismo desde sus específicos escenarios de lucha.  Pero la respuesta dada por Guillermo Almeyra me ratifica la pertinencia de insistir en la necesidad de un ejercicio de solidaridad responsable.

 

Ratifico que no pretendo acallar las posibles opiniones discrepantes, ni solicitar un acompañamiento acrítico. En mi criterio, quienes enfatizan los lunares, están tan alejados de la Cuba real, como aquellos otros amigos que nos idealizan. 

 

Hoy más que nunca, lo que hacemos en la Mayor de las Antillas, su evaluación e intelección, resultan también de interés práctico para los procesos democráticos y revolucionarios en curso, para entender qué ha hecho y hace cada sujeto comprometido con el cambio revolucionario.  Y si queremos trascender a un socialismo de éxito en el Siglo XXI para Cuba, América Latina y el Caribe, precisamos de crítica desprejuiciada, y capacidad de renovar y desarrollar la teoría y la praxis revolucionarias. Y esa es una tarea de todos, y para ejercerla –como lo ha solicitado Fidel Castro- se precisa responsabilidad y sentido del momento histórico

 

La misión de reafirmarnos y renovarnos resultará como en el pasado Siglo, muy difícil, casi imposible de realizar, si no empezamos por exorcizarnos de los viejos fantasmas. Hay que entender que la primera tarea de un revolucionario es autoeducarse en el pueblo y en la lucha revolucionaria concreta, abrirse a lo nuevo, despojarse de verdades preconcebidas, petulancias y vanidades. Si no partimos de que somos sujetos en desenajenación, muy poco avanzaremos. ¿Por qué asustarse o darse por ofendido, frente a una crítica  de carácter ideológico o político?  Los revolucionarios somos los únicos que podemos tener “problemas ideológicos”, los que somos sujetos de debilidades y ambiciones burguesas, acomodamientos, prejuicios de un tipo u otro…

 

Precisamente la lucha contra nuestras propias miserias es la primera gran batalla revolucionaria y socialista que tenemos que vencer, una vez en voluntad y asunción histórica para comprometernos a militar en una organización revolucionaria y, todos los días también, desde una cotidianidad de relaciones de mercado, tentaciones mundanas y anomia edulcorada que nos retan. Nuestros adversarios  no tienen nuestros “problemas”, ellos conscientemente asumen la ideología del capital, la filosofía del individualismo y el egoísmo, del pancismo y el acomodamiento, del tener  sobre el ser, el criterio del explotador, del hombre lobo del hombre.  

 

Si se es intelectual hay que trabajar con espíritu proletario, hacer nuestra labor con modestia y dedicación, con seriedad. Nos podemos equivocar, unos somos menos y otros son más inteligentes, preparados y cultos, pero no tenemos derecho a la improvisación y falta de estudio, a la chapucería. Menos se puede permitir espacio a la desconfianza y los recelos. La suspicacia siempre será una siembra para el divisionismo.

 

El compromiso con la verdad es el centro del mundo moral de un revolucionario. Es el principio de principios para una ética socialista: ¿Cómo se puede ser solidario con la Revolución Cubana con espinas clavadas, con ponzoñas que precisan de cura de certezas, qué amor se sustenta en dudas de principios?

  

(1)              Guillermo Almeyra: “Crítica a una crítica cubana”, 2009/08/30 www.jornada.unam.mx

(2)              Orlando Cruz Capote: "¿A qué se debe esta andanada de odio y mezcla de problemáticas contradictorias de todo tipo? ¿Está llamando al desorden, al caos y a la anarquía en mi Isla, señor Almeyra?" www.kaosenlared.net/noticia/no-dice-senor-almeyra-comentario-jornada

  

21/08/2009 GMT 1

Más que un debate, toda una lección de historia

polillabaez @ 18:15

La  Opción de la solidaridad responsable

Por Felipe de J. Pérez Cruz

 

Criterios sobre los comentarios de Guillermo Almeyra

 

por-cuba-y-con-fidel.jpgLas aseveraciones realizadas por el profesor Guillermo Almeyra, editorialista y comentarista internacional de “La Jornada”, con el categórico título de “Las opciones de Cuba” (Rebelión 10-08-2009) reflejan una visión del país, agudeza de problemáticas incluidas, que no comparto. Lo interesante en este caso no está en la discrepancia política o ideológica que podamos tener con el autor.

 

Se trata de que ese país al borde de la implosión que refiere, definitivamente no es la Cuba donde vivo y trabajo todos los días.

 ¿Déficits de democracia y participación? 

El pasado año, para las últimas elecciones nacionales, concurrieron 8 231 365 electores -un  96.89 del total de los ciudadanos y ciudadanas mayores de 16 años-, que ejercieron el voto voluntario, libre, directo y secreto que postula la Constitución de la República. En las 13 elecciones realizadas hasta la fecha el menor número de votantes se registró en 1976 con el 95,2 por ciento. Los diputados, miembros de las asambleas provinciales y municipales y los delegados de base, son electos de una lista de más de 30-40 mil candidatos, votada por los vecinos y las asociaciones revolucionarias en más de 14 500 asambleas de postulación. 
 

En cada mandato electoral los ciudadanos son consultados y se les rinde periódicamente cuenta de la gestión que realizan sus representantes. Un diputado o un delegado cubano puede ser revocado por los mismos que lo eligieron  en cualquier momento, si estos consideran que su labor en la solución y defensa de sus demandas no es eficiente, pierde ejemplaridad, o por cualquier otra causa de justicia.
 

La Constitución fue sometida a un proceso de discusión en el que participaron  6 216 000  de cubanos y cubanas. El 95.2 por ciento con derecho al voto aprobaron la ley de leyes en 1976. En junio del 2002, esta Carta Magna fue ratificada por 8 198 237 ciudadanos, que acordaron reformarla para subrayar en el texto la irrevocabilidad del socialismo. 
 

En  80 mil  centros laborales, se realizan asambleas de afiliados sindicales para discutir el cumplimiento de los planes económicos y aprobar los planes y presupuestos correspondientes al próximo año. La Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), agrupa a los trabajadores mayores de 35 años, que buscan constantemente soluciones técnicas a problemas de la economía cubana. La ANIR cuenta con unos 567 mil asociados, agrupados en más de 26 mil organizaciones de base. Más de 222 mil personas en calidad de autores, coautores y colaboradores intervinieron en las acciones del Movimiento Nacional de Ciencia y Técnica durante el 2008.  
 

En las universidades y escuelas del país más dos millones de estudiantes afiliados a las organizaciones estudiantiles y juveniles –hasta los niños y niñas de primaria- , tienen voz y poder real para intervenir  en la calidad y otros asuntos vitales del proceso pedagógico y la vida escolar.
 

Cinco millones de cubanas y cubanos fuimos convocados en las asambleas de finales del 2007,  donde se realizaron más de tres millones de intervenciones, con 1 301 203 planteamientos concretos, de los cuales el 48,8 por ciento fueron críticos.
 

¿Qué se discutió en el Sexto Congreso de los historiadores en julio del 2007, o en el VII Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, en abril del pasado año: ¿Solo temas gremiales? En el proceso de debates realizados en las asambleas  territoriales de estas asociaciones, y sus congresos nacionales, se involucraron 12 mil intelectuales, y no hay casualidad: Los problemas y sectores más criticados en los sindicatos y asambleas populares, las propuestas más coincidentes, lo fueron también en los Congresos de Artistas, Escritores e Historiadores. 
 

No hay casualidad en las medidas que tras estos eventos de masas se fueron sucediendo. Entre otras:
 

1.                 Programas integrales de ahorro de sectores energéticos y otros, para el sector estatal y privado, que combinan incentivos políticos y materiales a los que más se destacan en el ahorro, así como amonestaciones y sanciones –incluidos los cortes eléctricos y las multas por responsabilidad material- a los incumplidores.

2.                 Cesión de tierras a los agricultores particulares y las cooperativas, para el impulso de la producción de alimentos, café y tabaco.

3.                 Descentralización de la toma de decisiones en la agricultura y venta de los insumos agrícolas en moneda convertible.

4.                 Cancelación de las deudas en pagos con los campesinos, y aumento de los precios mayoristas que el Estado paga por la leche, carne y papas.

5.                 Simplificación del sistema de acopio estatal y venta de leche en las zonas y poblaciones rurales y suburbanas.

6.                 Eliminación de la plaga de intermediarios y comerciantes, que  especulaban  con el suministro y la venta privada de alimentos del agro en la capital y principales centros urbanos.

7.                 Entrega de tierras ociosas en usufructo a quienes quieran ponerlas a producir alimentos.

8.                 Diseño del Programa de agricultura suburbana.

9.                 Reactivación -y reevaluación crítica- del proceso de perfeccionamiento del sistema empresarial estatal.

10.             Reglamentación y estímulo al pluriempleo para los trabajadores estatales y estudiantes.

11.             Estímulo a reincorporarse al trabajo a los jubilados, con salario completo, sin afectar el monto de las pensiones que ya reciben. 

12.             Aumento de las pensiones y salarios para sectores seleccionados de forma progresiva.

13.             Reapertura de la inscripción para choferes y otras categorías de cuentapropistas.

14.             Reconocimiento de los pagos a los empleados nacionales en entidades extranjeras,  junto a la expansión de las contribuciones tributarias.

15.             Reestructuración organizacional y funcional del Estado para hacerlo menos costoso y más eficiente.

16.             Fortalecimiento de la gestión estatal de control y fiscalización con la creación de la Contraloría General de la República. La toma de las medidas administrativas y penales que correspondan, por despilfarros, afectaciones a los recursos del Estado, malversaciones y robos, se aplican tanto a los comisores de las indisciplinas y delitos, como a los directivos y funcionarios que los propiciaron por un deficiente ejercicio de sus obligaciones.

17.             Eliminación de gratuidades indebidas y de gastos que exceden las posibilidades financieras del Estado cubano.

18.             Reducción de las demandas burocráticas en las instancias de trámite de la población y creación de  oficinas integrales  que facilitan las gestiones de los ciudadanos.

19.             Sustitución del Ministro de Educación e inicio de un proceso de reevaluación crítica y fortalecimiento del sector.

20.             Programa de fortalecimiento de la enseñanza de la Historia y la Filosofía Marxista y Leninista en todos los niveles y tipos de  educación. Reapertura de la carrera profesoral de historia.

21.             Fortalecimiento de la exigencia académica y pruebas de ingreso en el sistema de la universalización, exámenes de Redacción, Gramática, Ortografía e Historia en toda la educación superior.

22.             Creación de un Programa interministerial de integración y atención profesional y laboral, con vistas a fortalecer la formación y capacitación en carreras de perfil tecnológico.

23.             Revisión y adecuación de la oferta de estudios medios y superiores a las necesidades del desarrollo local y nacional.

24.             Reordenamiento del sistema de la salud pública, puesta a disposición de la población de 35 servicios a nivel de los policlínicos de barrio. Reparación y remozamiento tecnológico de los hospitales y de las muy deterioradas clínicas estomatológicas.

25.             Supresión de la prohibición de hospedarse de los cubanos residentes en la isla a los hoteles turísticos y desarrollo de paquetes y ofertas para fomentar el turismo nacional.

26.             Apertura del servicio de telefonía celular para todos los ciudadanos cubanos.

27.             Apertura de la venta de ordenadores y electrodomésticos.

28.             Apertura de los servicios de correo electrónico en las oficinas de correos.

29.             Agilización de trámites para que los trabajadores estatales puedan adquirir viviendas y locales que pertenecen a entidades del gobierno.

30.             Fortalecimiento de la ejemplaridad de la militancia y del papel y lugar del Partido Comunista de Cuba en la sociedad.

Hay problemáticas planteadas -los bajos salarios, la doble moneda, el sistema de propiedad y el perspectivo crecimiento del sector cooperativo, el envejecimiento de la población-, cuyas respuestas son parte de decisiones y procesos en curso. Para la solución de otros requerimientos -la muy grave situación de la vivienda-, se acciona por diversas vías, pero la carencia de recursos demorará satisfacer toda la demanda. 
 

Tenemos muchísimas más expectativas y criterios. El Estado, la economía, el sistema político y la sociedad socialistas pueden y debe funcionar mejor. Estamos además, en la justa y estratégica disyuntiva –esa será tarea histórica del proceso de masas del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba-, de transformar todo lo que ya no responda al propio crecimiento del ser social pluricualitativo que ha creado la Revolución. 
 

Nuestras insuficiencias han sido ventiladas públicamente entre los que en definitiva vamos a resolverlas. Los cambios en evaluación, y las medidas en curso, son temas de constante seguimiento por parte del Parlamento y el Gobierno, los sindicatos y organizaciones revolucionarias, los organismos de dirección y organizaciones de base del Partido, por los cubanos y cubanas en todos sus espacios de realización ciudadana.

 ¿Juventud sin utopía? 

Si, tenemos grupos de jóvenes que se han alejado del proyecto revolucionario, que delinquen, se prostituyen, especulan, y sueñan con la sociedad de consumo. Pero la generalización pesimista y derrotista está muy lejos de reflejar la más exacta correlación ideológico-cultural de la juventud cubana, su temperamento rebelde y posición definidamente revolucionaria. 

¿A qué jóvenes urbanos les falta objetivos y una utopía que le marque el camino? ¿A las “tribus” que en la Ciudad de la Habana han ocupado la Calle G? ¿Ha hablado el profesor con estos muchachos y muchachas, conoce como piensan? Lo invito a que los escuche. Le puedo adelantar que no todo es desánimo, extravagancia y auto-enajenación. 
 

Cuba cuenta con más de un millón de jóvenes trabajadores, -que representan el 44,4 por ciento  de la población joven- incorporados a las tareas de la producción y los servicios. La inmensa mayoría en los sectores emergentes del turismo, la informatización de la economía y la sociedad,  en los complejos de ciencia-producción de la biotecnología y la farmacéutica, la salud pública y la educación. También hay un buen destacamento en la industria básica y la sideromecánica: ¿Son estos los jóvenes que Almeyra  refiere? 
 

¿Sabe el profesor que las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) -filial juvenil de la ANIR (Asociación Nacional de Innovadores y racionalizadotes)-, lideradas por la Unión de Jóvenes Comunistas, agrupan a más  de 177 000 brigadistas de todo el país? En la Exposición Forjadores del Futuro y las  Conferencias de las BTJ,  estos obreros y tecnólogos jóvenes, presentan un conjunto no menor de dos millones de ponencias, con racionalizaciones, propuestas e innovaciones que recorren todo el espectro de la producción y los servicios del país.
 

Es maravillosa la labor de los Trabajadores Sociales, programa de la Revolución integrado por jóvenes que han reconfigurado y revolucionado la atención y profilaxis social, precisamente en las zonas urbanas más marginalizadas tras la crisis del período especial. Y este es sólo uno de los diversos Programas de la Revolución que han permitido la preparación y ubicación laboral de miles de adolescentes y jóvenes -que no trabajaban ni estudiaban-, formados en cursos emergentes de Maestros Primarios, Profesores Generales Integrales,  Enfermeros y Tecnólogos de la salud? 
 

¿Y los estudiantes? ¿Son los estudiantes los que están perdidos de ilusiones y utopías? El caso del estudiante universitario cubano Eliécer Ávila fue muy ilustrativo. Millones de internautas pudieron ver a Ricardo Alarcón –el Presidente de la Asamblea Nacional- discutir con él joven, con toda la apertura e igualdad que caracteriza a los dirigentes de mi Revolución; contrariamente a lo que pretendieron los medios reaccionarios de todo el mundo, el joven no era “un disidente”, ni sufrió la menor represalia. Por demás, el discurso crítico de  Eliécer ratificó la matriz revolucionaria de nuestra juventud, su valentía política, y conciencia de responsabilidad histórica. 
 

Por los blogs que paga la CIA, anda últimamente muy promocionado un roquero drogadicto y porno-contrarrevolucionario, pero: ¿acaso el tipejo -que ya no es joven-  puede ser vendido como la imagen del rock nacional? Basta asistir a los festivales, a las decenas de conciertos del rock cubano, escuchar sus letras, sentir el nervio de su música, para tener una idea de la fuerza renovadora de ese pujante movimiento. 
 

Invito a disfrutar y pensar sobre presente y futuro, con la  literatura que hacen nuestros más noveles escritores, con el cine y plástica, la Joven Guardia del insigne Ballet Nacional, y el quehacer de la nueva hornada de bailarines, músicos y actores… ¿Acaso ha muerto el espíritu de la “Nueva Trova, hoy novísima? ¿Se ha preguntado el profesor por qué uno de los más populares  cantantes de  reggaetón tiene tatuada –retadoramente visible-  una imagen de Fidel? 
 

¿Conoce el profesor Almeyra, la labor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que agrupa de manera selectiva y a partir de un estricto criterio de voluntariedad, a 2 500 de estos escritores, artistas, intelectuales y promotores, jóvenes menores de 35 años, dispuestos a hacer arte con y para la Revolución?
 

Cada vez que en una misión cubana hay una deserción se llenan las páginas de la prensa amarilla, y resulta que la mayoría que cumple su compromiso y sí regresa no es “noticia”.  ¿Por qué no desertan en masa nuestros jóvenes talentos del deporte y el arte? ¿Por qué la inmensa mayoría se resiste a las operaciones de compra y deserción que montan los mercaderes del músculo y el espectáculo, incluidas las que organizan las propias agencias de la subversión contrarrevolucionaria?
 

¿Por qué no desertan los miles de jóvenes que están en las brigadas médicas, los trabajadores, maestros e instructores internacionalistas? ¿Qué pasó con aquella operación CIA canallescamente bautizada como “Barrio afuera”, que perseguía con el concurso de la mafia cubano americana, montar la “huída” en masa a Miami, de nuestros profesionales que prestaban su servicio en Venezuela?
 

Cuba no tiene ejército profesional. Los soldados y clases que componen las fuerzas armadas en activo, son los jóvenes del servicio militar general: ¿Hay mayor prueba de responsabilidad y confianza  que darle a los muchachos -y muchachas voluntarias- que recién terminan su bachillerato, un arma para defender la Patria? Lástima que el profesor no pueda ver a alguno de esos “pepillos” de la calle G, a los artistas y estudiantes como Eliécer, a ese millón de obreros y trabajadores jóvenes,  convertidos en soldados y reservistas. Rápidos, atentos y serios,  para poner en minutos, en plena disposición combativa un tanque, para servir una batería, o tener la alta responsabilidad de patrullar la frontera. 

 ¿El Partido que no tiene vida propia?  

El avanzado ideario de José Martí (1853-1895), su colosal programa nacional liberador, fue la gran ventaja ideológica y política, que singularizó el pensar y hacer de los revolucionarios cubanos  en el Siglo XX. El nacimiento de primer partido comunista en 1925 resultaría un factor principal. La temprana articulación del marxismo con el pensamiento martiano y la cultura nacional, que tuvo en el joven comunista Julio Antonio Mella, su más brillante paladín, fijó el derrotero fundamental. La Revolución de 1930 y el hecho de que las ideas antiimperialistas, de justicia social y dignificación humana, penetraron desde entonces en la conciencia social de la nación, aún en aquellas fuerzas y sujetos honestos influidos por el liberalismo y el anticomunismo, completan el conjunto de especificidades históricas, que en Cuba  adelantaron la conformación de un sustrato de coincidencias ideológicas.  

La  Guerra de Liberación y el Ejército Rebelde como su instrumento unitario, se constituirían en decisivos catalizadores históricos. La lucha mancomunada para derrotar a la dictadura de Fulgencio Batista y a sus amos imperialistas, multiplicó, profundizó y fundió en el torrente del movimiento revolucionario, las ideas de consenso martiano y socialista, más allá de sectarismos, dogmatismos  y desencuentros, por entonces enquistados  en las organizaciones revolucionarias. 
 

El actual Partido Comunista de Cuba sería un resultado de esa historia revolucionaria, de los liderazgos y experiencias que se construyeron en la guerra de liberación, y de la fuerza telúrica de masas que desató el triunfo del 1 de enero de 1959.  El Partido nació de un entretejido brillante de hombres, eticidad  y principios revolucionarios, articulados y forjados en educación patriótica y voluntad unitaria por el genio político de Fidel Castro. Así se pudo lograr algo inédito hasta entonces en la historia del movimiento revolucionario internacional: Que del multipartidismo revolucionario, de unos y otros marxistas, leninistas, trotskistas, socialistas, nacionalistas y demócratas, de todos ellos y muchos más a los que precisamente identificaba el ideario martiano, surgiera el único Partido de la Revolución.  Tal parto histórico no fue por decreto, sino por sabia y compleja construcción política e ideológica de masas.   
 

El Partido posee un reducido aparato de cuadros profesionales para asumir las tareas funcionales, y el peso de toda su labor de dirección descansa en la propia militancia de fila. Los dirigentes partidistas son electos democráticamente por voto secreto, en los  burós, comités y direcciones de base, constituidas en territorios, zonas residenciales, fábricas y centros de los servicios, la educación, ciencia y cultura, y también en las Fuerzas Armadas y los órganos del Ministerio del Interior. Quedan entonces constituidas estas direcciones por activistas políticos, que asumen las tareas partidistas sin afectar sus responsabilidades laborales y/o sociales.
 

La propaganda contrarrevolucionaria ha intentado vanamente focalizar a la alta dirección del Partido y el Estado, como grupo privilegiado: una y otra vez fracasan. La dirección revolucionaria cubana se caracteriza por su austeridad y modestia. Los raros casos de corrupción que se han dado en cincuenta años de Revolución, se han ventilado con suma transparencia y han recibido una ejemplar sanción.
 

El Partido cubano nunca ha hecho propaganda sobre sí mismo. Ni siquiera es un partido electoral. Vive modestamente en y para el trabajo dentro de la Revolución. No pide –ni necesita- aplausos. Reclama la primera fila si de trabajo y lucha se trata. Su militancia está en el lugar de más complejidad, en el centro de los problemas, porque sólo desde dentro del movimiento real, las dificultades pueden resolverse y lo nuevo y progresivo crece. El Partido ha ganado ser la vanguardia combativa de la Revolución, porque es una organización querida y respetada por su pueblo, porque es en definitiva pueblo organizado –medio millón de militantes del Partido y la Juventud  Comunista- en ejemplaridad y entrega.
 

Los dirigentes del Partido, y sus militantes no gozan de ninguna prebenda. La entrada en el Partido cubano es de carácter voluntario. El partido selecciona a sus militantes entre aquellos que las asambleas de masas eligen como trabajadores y trabajadoras, ciudadanos y ciudadanas ejemplares. Nadie que no haya sido evaluado y considerado con méritos para estar en el Partido por las personas con las que trabaja, por sus compañeros y vecinos, puede llegar a ser admitido en el Partido.  Periódicamente esos colectivos que eligieron a los candidatos a militantes, participan de la vida de las organizaciones de base del Partido, son consultados sobre la ejemplaridad de la militancia, a ellos se les rinde cuenta incluso de la evaluación que se realiza a cada miembro del Partido: ¿Se sabe de algún otro Partido Comunista que haya desarrollado este estilo y método trabajo de masas? 

Los dirigentes de todos los niveles y los militantes, cumplen los mismos deberes que todos los ciudadanos, viven en cualquier comunidad, barrio o ciudad, ocupan las mismas funciones y todas las ocupaciones y trabajos, tienen los mismos problemas, los afectan como a todos los cubanos y cubanas, los salarios que no alcanzan, las insuficiencias de viviendas, la contracción del transporte… Y precisamente es en esas circunstancias donde el Partido crece en el pueblo, donde su militancia trabaja con ejemplaridad por defender y multiplicar los logros concretos de la Revolución, construir la felicidad de todos y cada uno de los ciudadanos –incluso de aquellos que se sabe que no son revolucionarios-, explica los problemas, persuade y también se deja persuadir, exige y lidera la lucha contra lo mal hecho. 
 

Por supuesto que el Partido cubano no es –ni puede ser- un conglomerado de certezas y relaciones idílicas. Mi Partido no está exento de lastres burocráticos, insuficiencias y retos. Como organismo de la Revolución está constituido por hombres y mujeres en conflicto de creación. El Partido es lo que hemos llegado a ser, y también claridad y trabajo honrado por lo que aún nos falta. Es conciencia de hoy y conciencia anticipada del comunismo.

 El “puñado” de dirigentes

En el Partido y la Revolución Cubana, coinciden y trabajan en plano de igualdad, todas las generaciones de revolucionarios, desde los que peinan canas, hasta los más jóvenes. Pero sin dudas posee una fuerte impronta el liderazgo histórico, lo tiene Fidel Castro –lo ha ganado Raúl Castro con el valor y los resultados demostrados desde el propio 26 de julio de 1953-. Fidel, Raúl y los dirigentes históricos poseen una autoridad moral y política, que ha funcionado como factor de unidad, como articulación eficiente de la personalidad histórica de nuestro pueblo en Revolución.  

La misma autoridad que hoy tienen los dirigentes históricos de la Revolución,  la tuvo José Martí cuando en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano (PRC), primer partido antiimperialista en la historia del movimiento revolucionario internacional. El marxista Carlos Baliño que estuvo junto a Martí en la fundación del PRC, entonces no se preocupó ni ocupó por lo que hoy a los ojos de algunos de nuestros actuales críticos, pudiera haber sido el “exceso de personalismo” de Martí en la dirección de la Revolución.  Baliño sería el fundador del primer partido comunista de Cuba, el maestro que reveló a Julio Antonio Mella el concepto  de Revolución en Martí, y el “misterio” de la unidad entre lucha de clases, justicia social, patriotismo, internacionalismo y antiimperialismo. 
 

Inspirado en el ejemplo de Martí y en las más genuinas tradiciones cubanas y latinoamericanas,  con certero método leninista, Fidel ha sabido desarrollar dentro y fuera del Partido cubano, un tipo distintivo de democratismo revolucionario, de relación y comunión líder-masa,  que ha sido funcional a su liderazgo, suficiente para la tarea histórica de fundar el Estado socialista, desarrollar la Revolución Cubana dentro y fuera de las fronteras nacionales, resistir y salvarla.  ¿Por qué esta correlación masas populares-liderazgo-Partido tiene que ser una debilidad y no una fortaleza? ¿A cuenta de qué manual de socialismo debemos auto flagelarnos, y cambiar lo que hemos construido conscientemente junto a Fidel, que además, nos ha dado inobjetables resultados? 
 

¿Y cómo haremos el día –inevitablemente próximo- en qué Fidel y la generación histórica ya no pueda estar al frente de la Revolución?  A quienes aún nos queda un trecho de pelea más largo –a eso aspiro-, a nuestros hijos y sus hijos, nos corresponderá defender esa voluntad de adelantar y continuar, de desarrollar dialécticamente el socialismo cubano, la democracia laboral, política y social, cada vez más participativa y propositiva, el más eficiente y vigoroso poder popular, y su Partido de unidad, inteligencia y liderazgo colectivo. 
 

En Cuba no se duerme para mañana. Aunque el profesor Almeyra no lo vea, la Revolución hoy transita hacia una nueva manera de ser y hacer. El énfasis de Raúl en el fortalecimiento de la labor del Partido y la institucionalización del país, en que cada militante, cuadro y trabajador, tenga bien clara su tarea específica, sepa y haga lo que le corresponde, expresa la conciencia de la necesidad del cambio y su tendencia más progresiva. ¿Y qué mejor “opción” que sean Fidel y los comandantes  y combatientes de la Sierra y el Llano, los que acompañen, compartan la dirección, eduquen, formen el relevo y adelanten trecho, en el necesario tránsito de generaciones, modos y estilos de hacer?

 Las Opciones de Raúl  

Guillermo Almeyra se hace una pregunta: “¿Por qué no convertir la conferencia extraordinaria que va a realizar el Partido cubano, en una discusión abierta, libre, propositiva, ampliada a los trabajadores en sus lugares de trabajo?” Habría que preguntarle al profesor por qué su propuesta es mejor que la que ya formuló Raúl Castro a nombre de Fidel y el Comité Central del Partido Comunista de Cuba:  

1)           Definir antes del VI Congreso del Partido, con la más amplia participación popular,  la sociedad socialista que aspiramos y podemos construir en las condiciones actuales y futuras de Cuba, el modelo económico que regirá la vida de la nación en beneficio de nuestros compatriotas y que asegurará la irreversibilidad del régimen sociopolítico del país, única garantía para su verdadera independencia. Preparar y fortalecer al Partido para liderar tal proceso  porque ése y no otro es el verdadero Congreso. El que discuta con los comunistas y con todo el pueblo todos los problemas. Si queremos dar un Congreso de verdad, en situaciones como la actual, buscándoles solución a los problemas y mirando hacia el futuro, debe ser así. Tiene que ser el pueblo, con su Partido en la vanguardia, el que decida.
 

2)           El aplazamiento del Congreso no significa en lo más mínimo una paralización en su preparación, todo lo contrario, esta decisión conlleva la necesidad de dar pasos inaplazables, como es la renovación de los organismos superiores de dirección del Partido.  El actual Comité Central está integrado por magníficos compañeros, pero muchos de ellos no ocupan hoy las responsabilidades que ostentaban al momento de su elección hace doce años, por un período que debió ser de cinco y se ha prolongado a causa del retraso acumulado en la celebración del Congreso. Entonces se realizará una Conferencia Nacional –acorde al Artículo 46 de los Estatutos del Partido-, fundamentalmente para elegir los nuevos organismos de dirección, es decir, el Comité Central, el Buró Político y el Secretariado, que son los responsables de continuar y culminar la preparación del Congreso. Es un evento que con anterioridad no habíamos realizado y que podemos organizar en un plazo relativamente breve y así lo haremos.

 ¿Consenso negativo? 

Pienso que conocer Cuba, su cultura y pueblo, aún para los que nacimos y vivimos en el archipiélago, siempre será un reto. Con frecuencia recorro mi país, y una y otra vez, me asombro de su complejidad humana, sociológica, cultural, ideológica y política, aprendo, descubro y me descubro.  La Revolución, para quienes la hemos vivido en medio siglo, no escapa a esa dialéctica de un conocimiento que siempre se sabe en deuda.  

Pero en la Revolución la deuda de saberes, no significa improvisación, ni ausencia de estudio, evaluación y análisis, mucho menos titubeos. Para asumir la responsabilidad de liderar a un pueblo en lucha, hay que tener una muy sólida seguridad en lo que se hace, y en las posibilidades de victoria que se tienen. Medio siglo de Revolución y articulación política de la dirección cubana, es una razón de peso suficiente a tener en cuenta, si de evaluar lo que se hace y pasa en Cuba se trata. Guillermo Almeyra ni se da por enterado de esta realidad, no pregunta, no toma la sabia distancia de quien propone sus reflexiones al diálogo: Asevera, juzga y excomulga. No nos sorprende su postura, a cada rato aparece un respetable profesor, que cree tener todas las respuestas y soluciones para Cuba. 
 

Las apelaciones a las necesidades de bienestar material del pueblo cubano, que ya son recurrentes en unas y otras argumentaciones críticas, desconocen –diríamos olímpicamente!-, los avances extraordinarios de mi pueblo.  En las condiciones de la más feroz y prolongada guerra económica de la historia universal, Cuba entre 1959-89 creció a un 4.3 por ciento promedio anual y el país invirtió en su desarrollo más de  63 000 millones de pesos. Cuando recién comenzamos a repuntar la crisis del periodo especial, entre el 2004 y el 2007, logramos un crecimiento del 42.5 por ciento en nuestro deprimido PIB.  Y lo más significativo, es que desde el propio 1959, el desempeño de la economía se dio simultáneamente con una progresiva redistribución de los ingresos y el desarrollo de programas sociales. 
 

La política centrada en el desarrollo humano y la felicidad del pueblo es la que ha logrado que hasta hoy, Cuba sea el único país latinoamericano –y del llamado Tercer Mundo- cuyos ciudadanos son los que más tiempo viven, sus niños los que menos mueren y mejor se educan; su pueblo el que en mayor proporción disfruta de electricidad y agua potable. La nación cubana en el concierto del mundo subdesarrollado –también entre no pocos países capitalistas de desarrollo medio, e incluso algunas de las potencias del capital-, es la que tiene el mayor número de profesionales y médicos por habitante, practican más deportes y sus atletas están entre los que más resultados obtienen, son los que proporcionalmente más participan en  bailables, conciertos, teatros, visitas a museos y bibliotecas, sus familias las que en mayor proporción son dueñas de las viviendas que habitan y su sociedad la que goza de la mayor seguridad social y menores índices de criminalidad. 
 

Cuba es el país que más ha aportado a la formación de recursos y la capacitación gratuita Sur-Sur, el único que ha movilizado a decenas de miles de sus ciudadanos y ciudadanas para realizar campañas masivas de educación y salud con sus hermanos de otras tierras. La independencia y la paz en el Cono Sur Africano y en otro números grupo de países de África, Asia y América Latina, tuvo el aporte de más de 350 mil hombres y mujeres de mi país voluntariamente devenidos en combatientes internacionalistas.  
 

El hambre azota a 963 millones de personas en el mundo, y el dato empeora día a día. Ninguno de esos hambrientos es cubano. El desempleo global subió a 189 millones en el 2008, pero ninguno de esos hombres y mujeres fue un compatriota. Tampoco serán cubanos los nuevos sin trabajo, que según cifras preliminares estarán este año entre los  210 - 239 millones de personas.  
 

El “olvido” de la huella civilizatoria de la Revolución Cubana, de sus resultados humanos, de lo que garantiza en seguridad, en presente y futuro, resulta inaceptable.  La Revolución además, ha salvado sus principales conquistas y más. El “Sí se puede” –aquella consigna lanzada por Raúl, a lo imposible-posible, hace casi veinte años, en los días más duros del período especial-, hoy se ha convertido en  ratificación de fortalezas y oportunidades, en capacidad de solucionar problemas y dificultades que tenemos, en  motor de auto-perfeccionamiento. En renovado y positivo consenso por el socialismo.

 ¿La mística? 

A diferencia del profesor Almeyra, acredito que la lucha por la independencia y soberanía nacional, por ser dueños de los destinos del país, serán  razones suficientes hoy y siempre “para despertar las energías y la mística necesarias”. Precisamente nuestros abuelos y padres dieron todas sus energías  por un proyecto “cuyos frutos se verían sólo a medio y largo plazo”, y defendieron la utopía realizable del socialismo, peleándola, acercándola en realidades  y cambios tangibles. Desde el Asalto al Moncada en 1953,  más de 6 mil patriotas ofrendaron sus vidas a esa causa:  ¿Acaso los cubanos y cubanas de hoy y de mañana, vamos a ser de menor condición, de un temple y coraje disminuido, corroídos por el pragmatismo del plato de lentejas, el pancismo, la desilusión y el miedo? ¿No merecemos los cubanos y cubanas de hoy, y los del mañana, más confianza, más respeto? 

Es muy difícil entender qué es el Partido Comunista de Cuba, ni nuestra singular correlación masas populares-liderazgo-Partido,  si se parte del imaginario del  partido de “aparatchi” que generalizó el estalinismo. Menos si se es presa de las viejas claves del anticomunismo y el antisovietismo. 

 

Cuando se excluye del análisis a la propia Revolución -lo que realmente es y representa-, no se acude a la historia, y se está lejos del movimiento de masas, cuando el pensamiento se encadena a los esquemas del liberalismo; si además se parte de que los jóvenes carecen de ideales revolucionarios, y los más “maduros” estamos obligados a pensar por el estómago: ¿Qué queda de la Revolución? 
 

Me satisface que nos acompañe el estudio y la crítica –las discrepancias y propuestas-, de nuestros compañeros y amigos en el mundo. Siempre necesitaremos  ideas frescas y renovadoras, desde un ejercicio de solidaridad responsable. Pero no nos hacen falta pálidos y desinformados reclamos de participación. Mucho menos precisamos de consignas descontextualizadas, reproches y elucubraciones insostenibles.

     

11/08/2009 GMT 1

¿Por qué las opciones de Cuba Socialista tienen que ser tan apocalípticas?

polillabaez @ 19:20

Por Orlando Cruz Capote

los-jovenes-no-fallaran.jpgHace unos poco días leí un artículo del camarada Guillermo Almeyra en Rebelión, y me dio la impresión que estábamos en los últimos momentos del proceso revolucionario cubano.

¿El camarada Almeyra conoce bien a mi país? ¿Por qué duda de la juventud cubana?

Como hemos vívido -todo el pueblo cubano- tiempos muy difíciles y complejos no encuentro razón alguna para que estos instantes históricos sean los más complicados y que nos lleven a una hecatombe sin remedio. Una mirada a la geopolítica mundial y regional actual nos da mucha razón para aseverar que es así. Otra es el desarrollo y crecimiento material y espiritual -no lineal, es cierto- que el país ha venido sosteniendo contra viento y marea -si hablamos de ciclones y penetraciones del mar-, y si tenemos en cuenta el terrible y genocida bloqueo de los EE.UU., que ha sido secundado por muchos países ricos del norte geopolítico.

Aunque el Imperio del Potomac continúa con su política agresiva, no obstante Cuba se ha mantenido firme y no ha realizado concesiones a su soberanía e independencia nacionales así como a su derecho a la autodeterminación. Aunque hemos perdido algunos niveles de equidad e igualdad social -debido al derrumbe del campo socialista y la URSS, el propio bloqueo e insuficiencias nuestras- hemos evitado una política de choque al estilo neoliberal que deteriore a los sectores más pobres de nuestra población.

Esa actitud ha sido reconocida por muchos, inclusive nuestros adversarios. Pero hay indicios de que el mundo está cambiando y que el único país que no ofrece una mínima expresión de transformación es el que administran la Casa Blanca. Incluso son la rara excepción de no acatar el mandato de la OEA, del Grupo de Río y otras organizaciones de Nuestra América. ¡Estados Unidos está aislado en su política anticubana! Todos los demás pueblos y gobiernos tienen relaciones con Cuba: cuando sea restituida la democracia legítima de Zelaya en Honduras esperamos que esas relaciones se normalicen otra vez.

Tenemos por primera vez en la historia de la Revolución, una diversificación del comercio y de los créditos como nunca antes. Tenemos a China Popular, a Rusia, Venezuela, Brasil y otros tantos más que nos han permitido evitar la dependencia hacia un solo país y un solo mercado. La Unión Europea, a pesar de sus veleidades y ambigüedades, comercia con Cuba y trata de mantener un diálogo constructivo con el gobierno cubano. Y si no se avanza con el bloque, se han realizado pasos positivos a nivel bilateral con algunos países.

Es verdad que la crisis capitalista estructural actual nos va a golpear a todos, también que el paso de los tres ciclones en el 2008 hizo grandes estragos en la Isla, y que nuestras reservas están muy apretadas. Pero, ¿por qué dudar del esfuerzo de nuestro gobierno y pueblo por dar un viraje en la autosuficiencia alimentaria y en el desarrollo industrial, educacional y cultural del país? ¿Por qué parte de la izquierda mundial debería tener incertidumbres de que otra vez la Revolución Cubana saldrá adelante, no obstante realizar grandes sacrificios?

Todos saben, incluso en el Pentágono, que una aventura militar contra Cuba sería costosísima, que sería esa “guerra infinita” de la que tanto han hablado y que nunca podrían vencernos y que sería la última que desarrollen. Que la solidaridad internacional sería enorme, pero que nuestra solidez defensiva propia es suficiente para destrozar a los marines si intentan hollar el suelo cubano. Y ese cálculo lo tienen realizado muy bien, con sus ganancias y pérdidas. Y a decir verdad no les cuadra, porque saldrían perdiendo. Morirían más soldados norteamericanos en un intento de desembarco en Cuba que en toda su historia bélica. Que la cercanía del Verde Caimán sería un problema para los corredores aéreos, que siempre seremos la Llave del Golfo, que solo estamos a 90 millas de sus costas, etc. Y que conste que Cuba nunca ha sido y nunca lo será un peligro de seguridad nacional para los EE.UU., pero que si osarán invadirnos o agredirnos por aire, mar y tierra le daríamos una respuesta muy asimétrica en el terreno militar. Y ese, el súper ejército norteamericano, nunca ha estado preparado para vencer una lucha popular prolongada, una guerra irregular incansable. Una mirada a Afganistán e Irak sería suficiente para cualquier analista militar y político.

¿El camarada Almeyra conoce bien a mi país? ¿Por qué duda de la juventud cubana? ¿Sabe lo que significa el heroísmo trascendental de un pueblo? ¿Lo diferencia del cotidiano y de los estados de opinión -muy críticos- que siempre han existido entre las masas populares, porque la Revolución nos enseño a criticar y a no ser conformistas? ¿Sabe que la Revolución Cubana es un proceso en permanente estado de subversión, que somos una utopía en construcción constante, que nada es definitorio y que luchamos por ir hacia un perfeccionamiento renovador, aunque algunos nos acusen de inmovilismo e inercia. ¿Y que tampoco queremos ser perfectos, porque el día que pensemos que lo somos, nos suicidamos como nación, nacionalidad y socialismo, esa autocomplacencia que es antagónica a los revolucionarios verdaderos?

¿Conoce el camarada Almeyra de nuestras tradiciones históricas y culturales y cómo las mismas se han convertido en una brújula y fortaleza del socialismo que construimos con miles de dificultades? ¿Comprende Ud. que las conquistas alcanzadas por la Revolución Cubana nadie se las puede arrancar al pueblo de un plumazo?

En uno de sus párrafos Ud. escribe “[...] ¿Por qué no consultar a la población sobre sus necesidades y sobre cuáles son las propuestas que tiene para resolverlas? ¿Por qué dejar todo en manos del aparato estatal, o sea, de una burocracia y de una tecnocracia cuyas intenciones nadie discute pero que tienen otra percepción que la gente común, y tender a resolver las cosas de modo administrativo, utilizando la mano de obra militar, y no movilizando la energía y la creatividad de los trabajadores? ¿Por qué no hacer asambleas populares para la producción y la mejora de la vida, donde la gente discuta, proponga, resuelva, directamente? Si el congreso del partido ha sido postergado, confirmando una vez más que el partido no tiene vida propia y no controla al Estado sino que depende de un puñado de dirigentes de éste, ¿por qué no convertir la conferencia extraordinaria en una discusión abierta, libre, propositiva, ampliada a los trabajadores en sus lugares de trabajo? La opción tecnoburocrática es una opción falsa. No se construye el socialismo sin la participación consciente del pueblo cubano. Cuba está en una emergencia y sólo saldrá de ella con la participación y la voluntad de todos los trabajadores e intelectuales”.

Y entonces, excúseme camarada Almeyra, en estas líneas impropias de un revolucionario, de una persona que se las puede tildar de izquierda hay mucha falta de respeto y de ética. Porque en Cuba siempre ha habido procesos de consulta con la población -80 mil asambleas de trabajadores se hicieron cuando el derrumbe del campo socialista en los años 90-, y en estos momentos se está preparando ese intercambio con el pueblo para la Conferencia Nacional del PCC y luego para su VI Congreso. ¿No leyó bien el discurso del Presidente de Estado y Ministros de Cuba, el compañero Raúl Castro? ¿Por qué repite como un papagayo esas sandeces acerca del Partido Comunista Cubano que tanto denigran las fuerzas más reaccionarias de la derecha y los conversos de la izquierda? ¿Por qué se arroga el derecho de denominar a la dirección revolucionaria -y el pueblo que son una misma cosa- de ser tecno-burocrática y de no estar viviendo en la realidad de toda la población?

Mire, no quiero hacer más larga mi exposición. Porque me da la impresión que nos está atacando de mala fe, aunque su discurso parece sugerirnos pasos, porque se le ha salido un tufillo de odio hacia el proceso socialista cubano, y de paso hacia el venezolano, porque afirma que nos dejarán solos y sin petróleo.

¿Cree Ud. en lo que escribe, camarada Almeyra? Si es así, está a un paso de cambiar su chaleco de revolucionario y usar un traje de corte burgués y entonces nuestro diálogo tomaría el rumbo de la confrontación. No se desconsuele y se desmerengue y asuma aquella máxima gramsciana -tomada de Romain Rolland- de que “al pesimismo de la inteligencia debemos imponer el optimismo de la voluntad”.

En Cuba no se le teme a la IV Flota, a las bases militares instaladas en Colombia, ni siquiera a la de Guantánamo, a las amenazas de agresión e intervención contra ella misma y contra cualquier país del hemisferio. Quizás ese sería el momento histórico de unirnos de una vez y para siempre y dar la sangre de todos por uno solo de los agredidos.

No se olvide de eso, camarada Almeyra. Aún Bolívar y Martí tienen mucho que hacer en Nuestra América, y junto a ellos Sandino, el Ché y otros tantos próceres y mártires de nuestras gestas independentistas y de las incesantes luchas por la justicia social.
www.kaosenlared.net/noticia/opciones-cuba-socialista-tienen-ser-tan-apocalipticas

14/05/2009 GMT 1

La vuelta del revisionismo y el oportunismo

polillabaez @ 19:59

Por Felipe de J. Pérez Cruz
 

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Agradezco a La Polilla publicar la totalidad de la correspondencia cruzada en días pasados con Roberto Cobas Avivar, un  cubano radicado en Europa, que desde una posición declarada socialista y antimperialista, adversa el proyecto revolucionario que hoy llevamos a cabo en Cuba [1] . También deseo felicitar la primera publicación en Kaos en la Red de dos de estas cartas [2].

 

La correspondencia vista en su conjunto, permite hacernos un dibujo del interlocutor que antes no teníamos. Conocemos la formalidad de su pensamiento, estilo y métodos.  Artículo a artículo, sofisma a sofisma, nos hubiera sido más difícil separar lo que dice, de lo que realmente lleva dentro de sí.  En la oportunidad de evaluar el intercambio, me interesa brindar al lector varios ángulos de análisis que le permitan -más que atender lo que dice y no hace Cobas-, conocer la naturaleza de esta propuesta de pensamiento

 

En la presente entrega me detendré en ubicar un marco referencial comparativo que permita dar cuenta del camino intelectual emprendido por Cobas.  Esto servirá para explicar el hilo conductor en que se mueve su pretendido marxismo y socialismo.

 Revisionismo y oportunismo 

La crítica al marxismo ortodoxo, con toda la carga peyorativa que el anticomunismo contemporáneo logró impregnarle al término “ortodoxo”, ha devenido en un lugar común para la actual literatura marxista, tanto para los esfuerzos de perspectiva revolucionaria, como para los nuevos revisionistas y oportunistas. En este repunte del debate teórico marxista, el concepto “Marxismo ortodoxo”, se asume como sinónimo de estalinismo. Así más allá de la lucha teórica en sí misma y enquistada en esta, nos enfrentamos a toda una mitología bien concebida por los aparatos propagandísticos del imperio. Cobas se mueve con holgura en este escenario. Lo domina.

 

El torrente de ideas en discusión no ha podido aún sacudirse del impacto de la derrota política del bloque soviético europeo y de la confusión reinante que ello generalizó. La necesidad no superada de reevaluación y enriquecimiento del legado revolucionario de los fundadores y más lúcidos continuadores del socialismo científico, la constante hostilidad del pensamiento contrarrevolucionario, y las tradiciones negativas que persisten en el seno de la izquierda marxista; crean un panorama en extremo complejo para el trabajo teórico. Un reto particular está en que la creación de teoría revolucionaria, debe cuidarse tanto de las contaminaciones de la ideología y la política burguesa, como de caer en nuevos dogmatismos, en nuevos sectarismos.

 

Hoy hay que evaluar todo lo progresivo que pueda tener uno u otro enfoque, aprender de nuestros errores antiguos y recientes, incluso aprender también de los adversarios. Cobas pretende hacernos creer que su posición responde a estas demandas revolucionarias, pero su propuesta pronto se nos devela en el sentido contrario. 

 

¿Por qué Cobas no es el camarada que dice ser? A simple vista se puede constatar como en la práctica este señor manipula y utiliza el arsenal creado por los aparatos del anticomunismo, los mitos y prejuicios vendidos por la propaganda enemiga, para desde ellos cuestionar la estrategia y la práctica de la Revolución Cubana. Pero tan magra labor no resulta lo principal.

 

Cobas ha emprendido una campaña publicística, proclamándose adalid de lo que califica como pensamiento –socialismo y marxismo- crítico. Tal empeño lo enfila contra los fundamentos ideoteóricos de la Revolución. En particular la labor de Cobas, aunque no lo proclama abiertamente, se dirige a desmontar los principios y valores del pensamiento del Comandante en Jefe  Fidel Castro Ruz.

 

Realmente Cobas representa algo muy viejo si de marxismo y teoría revolucionaria se trata. Lenin hace cien años –“Marxismo y revisionismo” 1908- ya nos dejó el alerta: “…cada problema más o menos "nuevo", cada viraje más o menos inesperado e imprevisto de los acontecimientos -aunque sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto-, provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo”. El genial conductor de la Revolución de Octubre vio además que aparecía en el horizonte de la lucha ideológica una nueva tipología de antagonista, aquella que unía lo peor del revisionismo y el oportunismo: La catalogó como revisionismo oportunista.    

 

Equivocar la imprescindible renovación del socialismo científico con adulteraciones simplistas, convertir las siempre necesarias negaciones dialécticas en irreconciliables antagonismos, constituyen las expresiones más nítidas del revisionismo. Desviarnos de las tareas de orden en la lucha revolucionaria, con apelaciones superrevolucionarias al debate teórico, por la pureza unas veces o por la renovación otras; es la táctica del revisionismo. El hipercriticismo subrayando pretendidas –o reales- insuficiencias teóricas en la estrategia revolucionaria, es lo más característico del actuar de Cobas. La misión del revisionismo quiéranlo o no sus representantes, se concentra siempre en desorientar y desarmar a las masas revolucionarias.

 

Como le resulta irrebatible el apoyo de que goza la dirección de la Revolución, Cobas adelanta la tesis de la fragilidad del “pacto social”, que puede estallar en cualquier momento. Acaban de marchar el 1 de mayo, por la Plaza de la Revolución en la Ciudad de la Habana y las plazas de decenas de capitales y pueblos, millones de cubanos, pero este avizorado profeta de la hecatombe, sigue intentando sembrar dudas.

 

“A las ideas optimistas, revolucionarias que defendemos –señalaba Fidel en fecha tan temprana como 1963-, no les faltarán críticos, calculadores, esa gente que tienen una posición absolutamente metafísica ante la vida; suman, restan, pero les falta una suma: es la suma de la voluntad, es la suma del valor, es la suma de la decisión, es la suma de los factores morales con los cuales los pueblos siempre han emprendido y han realizado las más grandes tareas en la historia de la humanidad” [3]

 

Particularmente importante es desnudar el método de análisis y de elaboración de política de este adversario. Cuando le cuestionamos más que el programa, el método de intelección, Cobas nos responde que “analiza la realidad en lo que llama sus contradicciones de fondo, las que determinan la cualidad de la formación socioeconómica. Es decir, aquellas que influyen determinantemente sobre la viabilidad de la alternativa socialista de desarrollo que nos queremos dar los cubanos en Cuba”.

 

El “método” de Cobas nada nuevo aporta. En teoría es esencialmente el método de Marx, pero: ¿Tiene una idea Cobas de lo que habla? En ciencia no solo vale el discurso, sino la demostración del camino del conocimiento: ¿Tiene una idea Cobas de cuánto trabajo estadístico, cuánta documentación, tuvo que procesar Marx –y después Engels- para descubrir y explicitar el sistema de contradicciones del capitalismo en el Siglo XIX, para redactar y publicar El Capital entre 1862 y 1894? 

 

¿Sabe Cobas cuánto trabajo de campo, cuanta masa de datos y evaluaciones se necesita, solo para acercarse a la determinación de “la cualidad de la formación socioeconómica” en la Cuba de hoy? Y lo pregunto porque se trata de un esfuerzo de ciencia que conozco. Porque en la práctica, la metódica que Cobas anuncia seguir, tampoco es algo novedoso para el estudio de nuestro país. Desde hace más de dieciocho años se aplica por un equipo de investigadores del Instituto de Filosofía de La Habana, quienes la han certificado, y publicado [4] en diversos y continuos estudios socio-filosóficos introducidos a la práctica social.

 

Método y metódica en definitiva, le quedan flacos a Cobas, quien carece del trabajo de campo que él se niega hacer en Cuba, y no posee la base de datos y evaluaciones cualitativas acumulada por los científicos cubanos durante dos décadas. También le falta la perspectiva que dan el trabajo de equipo y la cooperación académica socialista. A todo ello hay que añadir la  pasión, la honestidad y el compromiso revolucionario con que trabajan los científicos del Instituto de Filosofía.

 

El marxismo revisado y depurado por la genialidad de Cobas, no rebasa los programas históricos de la socialdemocracia de centro y sobre todo de  izquierda. Quien tenga dudas que compare las genialidades de este señor –y también de otros que nos quieren vender sus novedosísimos jarabes-, con la plataforma teórica y política que promovía la Fundación Friedrich Ebert Stiftung en los ochenta [5]. Como le manifesté en carta del 27 de abril, aprecio el intento de este adversario de la Revolución, de despegarse de la tradición liquidacionista de la perestroika, para buscar en el arsenal histórico de la socialdemocracia de izquierda, una posibilidad de existencia “revolucionaria”, “antimperialista” y “no capitalista” para Cuba.

 

Por ser socialista de izquierda Hitler asesinó a cientos de revolucionarios europeos. Por ser socialista, junto a comunistas, nacionalistas, curas revolucionarios y patriotas de las más diversas cosmovisiones, se sufrió cárceles, torturas  y asesinatos en  las dictaduras de Franco o Salazar en Europa, de Somoza, Stroessner y los gorilas de la CIA y el Plan Cóndor en América Latina. Ser hoy socialdemócrata de izquierda en Europa frente al reverdecer del neofascismo, el neoliberalismo y el imperialismo, constituye  una opción de resistencia y emancipación. Pero enarbolar aquí en Cuba esas doctrinas, superadas por el marxismo y el leninismo, y enriquecidas por la historia revolucionaria cubana, constituye una acción divisionista, tan extemporánea como  triste.

 

Fiel a la tradición histórica  del revisionismo –ideológicamente funcional a esta excrecencia de la forja revolucionaria- Cobas reclama una y otra vez espacios de debate para hacer gala de sus oropeles “teóricos”. En realidad más allá de algunas ideas interesantes (se lo he reconocido), termina en la “vana cháchara y el bizantinismo” que refería Antonio Gramsci. También en la misma tradición, Cobas se manifiesta intolerante y agresivo –dogmático recalcítrante- si de defender sus puntos de vista se trata. No existe para él la reflexión “de mérito” capaz de potenciar –aún en la discrepancia-, los reconocimientos y aprendizajes mutuos. Quien lo adverse está condenado irremediablemente a la hoguera.    

 El tema de la democracia 

Cobas en la correspondencia publicada y en no pocos de sus artículos de opinión, propone grandes soluciones democráticas para el socialismo cubano, y demanda que se le aporten pruebas de que no está en lo cierto. Esta es una burda trampa intelectualoide. Sin dudas en una Revolución la democracia siempre tendrá que ser un proceso de enriquecimiento y avance continuo. El situar como tarea de primer orden una aspiración histórica que resulte inobjetable, en este caso la conquista de “toda” la democracia posible, “desconociendo o pasando por encima de las condiciones del movimiento real, olvidándose de la situación concreta” es lo típico del oportunismo. 

 

En teoría la propuesta de Cobas es consecuente con la plataforma que le es afín: “El socialismo es libertad y auto determinación del individuo… empeño colectivo llevado por productores libres, no sometidos al dictad ni del Estado ni del Partido.”, afirma  Cobas.  Y ya en su trabajo de 1908 Lenin criticaba esta apuesta “democrática” y “libertaria”  de los revisionistas de entonces, en la dirección de debilitar el concepto histórico de Estado como órgano de dominación de clase. Lenin alertaba entonces contra “el intentó de revisar realmente los fundamentos del marxismo, o sea, la teoría de la lucha de clases”. 

 

El papel del Estado revolucionario en la defensa de la Revolución con el consiguiente aplazamiento histórico de la ampliación de la democracia, lo vivió Lenin con toda la crudeza de la guerra civil y la intervención militar de las potencias imperialistas recién nacida la República de los Soviets. Las tensiones entre dictadura y democracia las han vivido todas las revoluciones socialistas contemporáneas, frente a un imperialismo que no ha dado ni un día de paz. Los cubanos -con la nada rara excepción de personas como Cobas- bien lo sabemos con medio siglo de bloqueos y agresiones….

 

Cobas solo presenta un esfuerzo fallido de reargumentar el paradigma formal demoburgués de la democracia liberal, los “derechos humanos y  la “libertad de expresión”. No afirmo que el marxismo esté reñido con el democratismo y otros valores positivos procedentes de la filosofía burguesa en su época revolucionaria. De lo que se trata es que Cobas no quiere o no puede ver, que el avance de la democracia socialista tiene su propia dinámica, y sobre todo implica una nueva –en el sentido de radicalmente distinta- construcción:

 

Nuestra tarea –definía con sabiduría Lenin en “De nuevo acerca de un gabinete salido de la Duma”, 1906 -  no se limita, en modo alguno, a apoyar las consignas más difundidas de la burguesía reformista. Nosotros mantenemos una política independiente y solo convertimos en consigna nuestra aquellas reformas que interesan incondicionalmente a la lucha revolucionaria, que incondicionalmente contribuyen a elevar la independencia y el grado de conciencia y la combatividad del proletariado…Solamente mediante esta táctica –insistía Lenin-  podemos hacer inocuas las reformas (burguesas)… que son siempre de doble filo, siempre hipócritas, que encierran siempre trampas burguesas...”

 

Para Cobas solo valen sus disquisiciones teóricas. Desconoce que para hablar de construcción democrática, de Carlos Marx y Federico Engels  a nuestros días, el factor de la práctica  ocupa un lugar primordial [6]. No quiere o no puede ver las conquistas realmente sustantivas de la democracia socialista cubana, las formas de democracia directa, de participación y democratismo popular. En ese camino estamos y en el seguiremos avanzando, pues ni en este ni en ningún otro tema, creemos que ya hemos llegado a la cima.

 

Los revolucionarios de la derrotada Europa socialista, obviaron las alertas leninista y el costo del error ha sido colosal. Con las trampas de la superdemocracia liberal de perestroika y glasnost, el abandono de los instrumentos de lucha de clases por parte de los Partidos, el cerco y la paralización de los Estados como aparatos de desarrollo de la hegemonía socialista… se caminó hacia el caos, la subversión política y la involución histórica. La sociedad de “productores libres, no sometidos al dictad ni del Estado ni del Partido” que en aquellos países proclamaban irresponsablemente  los revisionistas de turno, terminó como sociedad sometida al capital, a la explotación del hombre por el hombre: ¿Es este el futuro a que nos invita el supermarxismo de Cobas?

 “Ser sin ser”: Un antiguo tema  

Cobas afirma muy seriamente, que “su pensamiento” e “identificación ideológica” está en lo que escribe. Sus “textos justamente (son)  los que dan fe de su posición ideológica”. Y ello nos debe bastar. Una pretensión de reduccionismo tan rampante, demuestra como el revisionismo y el oportunismo de Cobas está fuertemente arraigado desde la propia “subjetividad” con que se asume como sujeto histórico. Se trata de la vuelta de un antiguo tema de la lucha ideológica del marxismo en torno a la categoría de la práctica: Reaparece con Cobas, el intento tergiversador que pretende reducir la práctica a la actividad intersubjetiva, a la autoexpresión de un sujeto individual [7]. 

 

Hay que recordarle a Cobas, la solución que dieron los clásicos del socialismo científico al problema principal de la filosofía, y con él a la comprensión de la práctica en tanto actividad material sensorial humana adecuada a la solución de necesidades e intereses. La conciencia y por supuesto la ideología, no tienen existencia por sí mismas tal como probó Carlos Marx en “La Ideología Alemana” (1845-46). Son el resultado de ese ser social-hombre total “conjunto de todas sus relaciones”, en cuya definición se extendió el fundador del marxismo en “Tesis sobre Feuerbach”, (1845).

 

En las citadas obras de Marx -pioneras de la filosofía del socialismo científico- queda suficientemente sustentado que la “forma” de demostrar la unidad de los intereses del sujeto –y en ellos su conciencia teórica de clase- con su sociedad, se da en el mismo proceso objetivo de la producción y reproducción de la vida material y espiritual, en particular en la actividad revolucionaria práctico transformadora.

 

Al filósofo revolucionario Cobas le basta para ser “escribir sobre filosofía y política”. Así cierra el camino –se de pensar a Cuba y la Revolución se trata-, a su propia práctica humana autoconciente y con ello empobrece toda su perspectiva [8]. El filósofo se auto enajena. Esta posición es filosóficamente miserable. Recuerda el debate de Marx con el filósofo pequeñoburgués Pierre J. Proudhon –Miseria de la Filosofía, 1874-, quien coqueteaba de dialéctico, incapaz de manejar el materialismo histórico y la perspectiva revolucionaria que el marxismo abrió para la economía política.

 

Desde esta miseria de la filosofía se acomoda y afilia Cobas a la dicotomía que se establece en la academia burguesa –muy fuerte en el mundo anglosajón- entre el scholarship y el commitment. Ni que hablar de la tradición de la intelectualidad cubana. Cobas nunca ha reflexionado sobre la opción definitiva del más grande de los pensadores cubanos. De ser contemporáneo con José Martí, Cobas hubiera estado entre los críticos de su holocausto en Dos Ríos.

 

Sin el más mínimo intento de ontologizar la práctica, hay que plantearse con seriedad qué es un intelectual revolucionario, y en lo específico qué es ser filósofo o un politólogo, un economista o historiador marxista en la Cuba de hoy. “Ser socialista -afirma Armando Hart- no es solo pensar en abstracto sobre el socialismo, sino también tener en cuenta la imagen que proyectamos de nuestra política, sobre la base de una práctica concreta [9]

 

Ni la cátedra que imparto, ni el artículo, o el libro que escribí  bastan.  De muy poco valdrían estos productos literarios o científico-culturales, si no expresaran y multiplicaran mi participación en los más amplios espacios sociales, en sus entramados de relaciones materiales y subjetivas. Es en esa práctica donde se prueban, hacen y rehacen las ideas, en tanto se hace y rehace la vida misma. Esa práctica social en lo fundamental multiplica mi experiencia para nuevos empeños, me forma, y sobre todo me educa. Pero nada de esto resulta importante para Cobas.

 

Es tanto el filosofismo ciego y rampante de este crítico del socialismo cubano, que incluso hasta desprecia la posibilidad de visitar Cuba y apreciar por sí mismo el Objeto de su ocupación literario-filosófica.

 

Evidentemente, este adversario del proceso revolucionario cubano, falto de práctica social revolucionaria –aburguesado y amaestrado su revolucionarismo por el capital-, se atrinchera en una críptica criticidad científico filosófica, para buscar en ella una cómoda “exactitud” objetiva que le permita argumentar y demostrar, los errores” de nuestro socialismo y sus salvadoras tesis. Precisamente es este posicionamiento el que coloca a tan penitente crítico en la matriz de existencia  de todos los revisionistas y oportunistas.

 

Lenin refiriéndose a la desnaturalización revisionista del marxismo hecha por Kautsky, -quien suponía saberse a Marx casi de memoria-, afirmaba: “Por lo que se refiere a las raíces filosóficas de este fenómeno, esto se reduce a una sustitución de la dialéctica por el eclecticismo y la sofística”: Qué casualidad! Pudiéramos aquí colocar los caracteres que aparecen al inicio y final de algunas películas: “Cualquier similitud… es pura coincidencia”.

 Un hombre en pasado 

La primera realidad de un revisionista y un oportunista no es filosófica, ni política. Radica en su falta objetiva de optimismo histórico (así se lo expresamos a Cobas en la correspondencia).  Los revisionistas y oportunistas por muy “postmodernos” que se nos quieran vender, viven tortuosamente en el pasado, porque son incapaces de disfrutar la vida que corre en el movimiento revolucionario que realmente existe.

 

¿Cómo se identifica Cobas? Se trata de un individuo que afirma haber “disfrutado” los “logros” de la Revolución. Que afirma haber trabajado modestamente por estos logros durante “sus años de escuela, de labor profesional y de militancia partidista”. TODO EN PASADO. ¿A qué se dedica ahora? A “analizar” la Revolución “desde acá”, y claro su acá refiere a su residencia en Europa. Sobre qué más hace por Cuba, nada dice de sí y de su entorno el señor Cobas. No le interesa que lo conozcamos. A los pobres mortales nos debe alcanzar con su iluminada intelección. 

 

Mientras Cobas piensa, millones de cubanos y cubanas viven sus irrepetibles vidas, enfrentan con honor los avatares de la compleja cotidianidad en la nación, sin perder la sonrisa y el amor, estudian, producen, crean…  Pero esto carece de validez para el crítico. Ah, la minoría que delinque, los que roban y malversan, los pesimistas y acobardados que le cuentan sus miedos, los revolucionarios que se equivocan: Estos sin son los (y las) compatriotas objeto de “sus estudios”.

 

Mientras, Cobas  sigue dando vueltas y más vueltas en sus cavilaciones filosóficas,  en el viejo continente –como en muchas otras partes del mundo-, hay más de treinta asociaciones de cubanos residentes, que desde casi todos los países comunitarios, trabajan intensamente por su patria, vinculados al movimiento de solidaridad [10]. Conozco a muchos de estos compatriotas, no todos profesan mi compromiso político e ideológico, pero sienten que es su deber hacer algo más que aplaudir o discrepar.  En estos cubanos corre la risa y la pasión, nunca hablan en pasado, para ellos el trabajo por y con Cuba revolucionaria tienen un presente. Ellos con su patriótico aporte también acercan el futuro ¿Existen estos cubanos y cubanas para el filósofo Cobas?

 

El trabajo en el movimiento de los Foros Sociales, la labor con las organizaciones, movimientos, iglesias y partidos de izquierda, me ha permitido conocer a otros muchos compatriotas que un día abandonaron nuestra tierra sin entender la Revolución, para reencontrarla definitivamente en las luchas contra el capital y el imperialismo, en el lugar donde decidieron echar sus raíces. Me ha dado mucha satisfacción y orgullo verlos sumergirse en las tareas de sus organizaciones, para hacer avanzar la lucha emancipadora en los pueblos que asumieron como suyos. Admiro la valentía de estos compañeros que no se amilanan y enfrentan el precio de ser revolucionarios activos, lo que significa riesgos bien  concretos por  “revoltoso” y/o “comunista” al que además se le puede endilgar la acusación de ser “agente de Castro”. Estos compatriotas tampoco hablan en pasado. Sienten lo que hacen –y definitivamente es así- como su marcha unida al día-día de los que aquí peleamos por un futuro mejor.

 La actitud frente a la Revolución  

Cuando Lenin trataba el tema del envilecimiento del marxismo por los oportunistas - El Estado y la Revolución, Capítulo VI, 1917- precisaba como en general el problema de la actitud  frente a la Revolución era un tema que los teóricos y publicistas de la II Internacional (1889-1914) “se habían  esforzado por eludir o no (lo habían) advertido”. Tal parece que esta situación se repite ahora con el marxismo de Cobas. El extrañamiento de la realidad objetiva y de la praxis de la lucha revolucionaria, el intelectualismo y filosofismo de este adversario de la Revolución Cubana, compite con aquellos militantes de los partidos socialdemócratas que a principios del Siglo XX, rindieron su marxismo frente a los intereses del capital. Y por supuesto si de actualizar ese escenario europeo se trata, es evidente la plena identidad de Cobas con quienes tras el derrumbe de  la URSS y el campo socialista, abandonaron el socialismo científico y las posiciones de izquierda y emigraron hacia los centros y las derechas.

 

Estoy convencido que Cobas nos entendería mucho mejor, si empleara una parte de su tiempo y energías, en luchar porque ese socialismo y  esa democracia con la que sueña, se concrete en España, Alemania o Polonia, en cualquier país de la Europa que recorre. ¿Por qué su sapiencia marxista no la emplea también en colaborar con quienes en Europa, luchan por rescatar el marxismo revolucionario como alternativa de organización y combate? ¿Por qué no se mete de lleno a organizar un sindicato, una organización, una célula revolucionaria para cambiar el status capitalista en alguno de esos países? Esa precisamente es la tradición de nuestra emigración revolucionaria: La de Pablo de la Torriente Brau, que acudió a la defensa de la República Española, ingresó en las filas del Partido Comunista Español, y dio su vida como comisario político. La del joven comunista Enrique Vilar, comandante de un batallón del Ejército Rojo, caído en combate por la liberación de Polonia.

 

Si Cobas tuviera práctica de lucha concreta, comprendería que “donde cambia el aspecto de la cuestión es cuando hay que practicar las frases. Entonces se da uno cuenta del gran abismo que va de la realidad a la teoría” [11]. Desde tal realidad pudiera Cobas reevaluar su propia intelección, comprender las limitaciones e inconsecuencias de su revisionismo oportunista.  Por esta vía de seguro que comprendería los retos de pelear el socialismo en las circunstancias concretas de nuestro país. Entendería porque José Carlos Mariátegui  afirmaba para su tiempo y todos los tiempos, que el socialismo es eminentemente estudio fertilizado por la audacia: “creación heroica”.


1) Polémica epistolar (I-III parte): http://lapolillacubana.wordpress.com, mayo 8, 2009

2)    Cuba: controversia política (I) (II): http://www.kaosenlared.net, mayo 5, 2009

3)    Fidel Castro Ruz: Ideología, conciencia y trabajo político.1959-1986, Editora Política, La Habana, 1987, p 314)    Ver: Jesús P. García Brigos y otros: Las contradicciones esenciales del desarrollo de la sociedad cubana contemporánea, Instituto de Filosofía, La Habana, 1990; Miguel Limia David: Las contradicciones esenciales de la sociedad cubana contemporánea, Revista Cubana de Ciencias Sociales, La Habana, No. 25, Año IX, enero-junio de 1991, pp 81-1085)    Ver entre otros: Thomas Meyer: El Socialismo Democrático. 36 tesis, Forschungsinstitut der  Friedrich- Ebert -, Stiftung, 19826)    Ver: August H. Nimtz, Jr: Marx and Engels- Their Contribution to the Democratic Breakthrough, State University of New York Press, Albany, 2000, p 3057)    Ver: Rigoberto Pupo Pupo: “La lucha ideológica contemporánea en torno a la categoría de la práctica”, en Colectivo de Autores: Estudios sobre aspectos de al lucha ideológica en Cuba: Academia de Ciencias de Cuba,  La Habana, 1985, pp 142-1648)    István Mészárov: La teoría de la enajenación en Marx, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, p 1989)    Ver: Armando Hart: Prólogo, en Antonio Gramsci: Gramsci y la filosofía de la praxis, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997, p XX10)  Ver: Eurocubanos: http://www.eurocubanos.eu11)  Julio Antonio Mella: Mella. Documentos y Artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p 200 

 

23/03/2009 GMT 1

El denominado “silencio cubano”

polillabaez @ 06:40

El denominado “silencio cubano” ante los “cambios” en la política del gobierno norteamericano con respecto a Cuba.
Por Orlando Cruz Capote

“Pasan los días y el gobierno de La Habana no dice nada”. Tal frase, parafraseada, se escucha una y otra vez en los disímiles medios de comunicación a nivel internacional. “No hay reacción en los medios oficiales cubanos”, es otra de esas construcciones lingüísticas que se escriben a diario en los poderosos informadores mediáticos transnacionales que tienen un amplio consumo de masas de alcance mundial. Al unísono, algunas izquierdas de variado espectro ideopolítico también se interrogan de cual puede ser la respuesta cubana, y nos solicitan, nos indican, nos sugieren..., que digamos o quizás hagamos algo. Es como si el balón esté situado en el campo cubano. Y no, no se encuentra de ningún modo en el Verde Caimán, ni remotamente.

¿Qué plantear sólo con percepciones y apreciaciones de actos muy superficiales? Por lo menos desde el ángulo académico del intelectual políticamente comprometido con la causa de la Revolución, se podrían expresar algunas ideas, pero nunca como una contestación definitoria ante tales preguntas, directas e indirectas, pero muy insinuantes.

Si observamos los hechos tal y como son, y no como quieren que sean, habría muy pocos cambios en la postura estadounidense hacia Cuba socialista. Porque detrás de las semi-medidas existe una intencionalidad malsana: poner en acción el “famoso” carril primero (Tracks I) de la Ley Torricelli. Ni ésta, como tampoco la Helms-Burton han sido mencionadas. Menos la Ley de Ajuste cubano. Se trataría de poner la zanahoria en un primer plano, para luego presionar y exigir transformaciones hacia el liberalismo económico y político en la Isla: el retorno al capitalismo. ¿Ilusiones o encantamientos ideologizantes dirigidos hacia aquellos que no leen con rigor y profundidad, y no son capaces de advertir segundas intenciones? Es lo más seguro.

¿Qué eliminó el presidente Obama que, supuestamente, pudiera conllevar a un gesto cubano? Nada más y nada menos, suprimió una cláusula o ley que no permitía que los norteamericanos-cubanos enviarán más remesas de dinero hacia Cuba, ampliando además el marco familiar del cubano común, aunque de todas formas continúa siendo muy limitada la cifra de dólares para gastar al otro lado del Estrecho de la Florida; eliminó los tres años de espera para visitar a los familiares y, a partir de esa firma presidencial, podrían hacerlo una vez al año; y también brindó facilidades para que las transacciones de compra y venta de alimentos que realiza Cuba a los granjeros norteamericanos pudieran realizarse con créditos, siempre a través de la banca de ese país, y el no tener que pagar instantánea o primeramente antes de recibir las mercancías, según el programa “cash in advance” (pago por adelantado).

Entonces el flamante nuevo mandatario solo ha eliminado algunas barreras que el ex-presidente neoconservador George W. Bush había (re)-impuesto como acto de recrudecimiento del bloqueo, en su afán de rendir y poner de rodillas a la nación y el pueblo cubano. Pero no se habla de levantar el bloqueo económico, comercial, financiero -el embargo como técnicamente le denominan-, y no hay mucho más. Incluso se prestaron para incluir a Cuba en un largo listado de países violadores de los derechos humanos -casi todos, menos los EE.UU. y sus aliados más cercanos. Y hace solo unos días el Departamento de Estado exigió al gobierno legítimo de la Mayor de las Antillas, que libere a todos los “presos políticos”, que según las cifras de sus mercenarios grupúsculos contrarrevolucionarios en Cuba, rondan los 200 individuos, todos encausados por poner en peligro la seguridad del Estado nación cubano. ¿Medidas de aflojamiento ante disposiciones creadas por los propios gobiernos de los EE.UU. y después ingerencias abiertas en los asuntos internos cubanos? ¿Qué tipo de diálogo, constructivo o no, como gustan llamarle, desea la actual administración de Washington con Cuba independiente y soberana? No lo sabemos a ciencia cierta, porque no ha habido, que sepamos, diálogo serio alguno.

Pero, ¿cuán efectivas han sido las medidas acuñadas? No muchas. Ya existe una petición de alrededor de quince Senadores, así como de productores y comerciantes, para que el Departamento del Tesoro y del Comercio las ponga en práctica, sin condicionamientos -léase trampas-, pues las mismas están confrontando lecturas equivocadas y tergiversadoras. ¿Se burlan del Presidente Obama en su propio gabinete?

Veamos brevemente lo que describen desde las agencias cablegráficas. “La Habana, 18 de marzo (EFE)- Tras normalizar relaciones con Cuba toda Latinoamérica -se incluye el restablecimiento de relaciones diplomáticas por iniciativa del gobierno de Costa Rica con la anuencia cubana, y el anuncio del triunfante presidente de El Salvador, Mauricio Funes, de que las restablecería nuevamente luego de su asunción el primero de junio- y avisar la Unión Europea que puede olvidar una “posición común” que fastidia a La Habana, diplomáticos y analistas opinan que es turno de que muevan ficha el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su colega Raúl Castro. [...] Por una parte, -continua esa agencia- el levantamiento del embargo que Washington aplica a Cuba desde 1962 supone eliminar o reformar varias leyes, lo cual requiere años de labor parlamentaria y un costo político que quizá Obama no pueda afrontar en estos momentos en que su prioridad es la recesión de su país y casi todo el mundo. [...] Por otra, el Gobierno cubano está habituado a tomar con mucha calma sus reacciones, manejándose con lo que algunos diplomáticos califican de “tiempos vaticanos”.

Otro. “Washington, marzo 17 (REUTERS)- Un grupo de 15 senadores estadounidenses se ha quejado que el Departamento del Tesoro no estaba flexibilizando los límites comerciales con Cuba, lo que dicen está contemplado bajo una nueva ley, según una carta divulgada el martes. [...] “El propósito de dichas cláusulas era facilitar el comercio agrícola con Cuba”, dijo el grupo en la carta del 16 de marzo. [...] El presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, Max Baucus, dijo que había una oportunidad para que Estados Unidos hiciera de Cuba un mayor socio comercial y que presionaría al Tesoro para resolver el tema. [...] “Espero plenamente que el secretario (del Tesoro, Timothy) Geithner revisará este asunto para retomar las relaciones Estados Unidos-Cuba, dijo Baucus mediante un comunicado. [...] Los legisladores dijeron que eso detenía el comercio, pero tenían esperanzas de que la nueva ley aprobada la semana pasada reiniciaría el flujo. [...] Sin embargo, eso se vio frustrado por Geithner, que dejó claro que los límites comerciales seguirían intactos en su gran mayoría cuando envió una carta a dos senadores demócratas, descontentos sobre la flexibilización de las restricciones a Cuba”.

Y dos más. “Washington, 12 de marzo (EFE)- Miembros del Grupo de Trabajo sobre Cuba de la Cámara de Representantes de EE.UU. solicitaron hoy una reunión con el secretario del Tesoro, Tim Geithner, en busca de explicaciones sobre cómo aplicará la modificaciones en las restricciones de viaje a la Isla. [...] Los cambios sobre los viajes a Cuba y las exportaciones de alimentos y medicinas a la isla están contenidos en una recién aprobada ley presupuestaria. [...] Geithner, en un intento por apaciguar a los senadores Bob Menéndez y Bill Nelson, que se oponían a las modificaciones, les envió cartas en las que aseguró que el Departamento del Tesoro haría una interpretación muy limitada de esos cambios y que, para efectos prácticos, no tendrían peso. [...] De hecho Geithner les comunicó que la ley no cambiaría los reglamentos que exigen pago por adelantado para las importaciones estadounidenses.[...] También les aseguró que la cláusula sobre los viajes de negocio para comercializar esos productos no abrirían un resquicio para flexibilizar ese tipo de traslados”. Y, “Washington, 13 de marzo (AFP)- Estados Unidos tiene la intención de aliviar las restricciones a los viajes de familiares y las remesas que se envían a Cuba, como parte de su nueva política hacia la isla, declaró este viernes el responsable de América Latina en el Departamento de Estado, Tom Shannon. [...] Creo que el presidente (Barack) Obama dejó claro, durante su campaña y luego, que su gobierno tomará medidas para abolir las restricciones para los viajes de familiares y el envío de remesas, aseguró Shannon en rueda de prensa. [...] La política estadounidense hacia Cuba sufrió un episodio de confusión esta semana al aprobar el Congreso, dentro de una ley presupuestaria para 2009, una serie de modificaciones a las restricciones de viajes y ventas de alimentos y medicinas a la isla”.

Después de esas declaraciones contradictorias, dubitativas y ambiguas, qué puede y podrá esperarse de una real-política del gobierno de Barack Obama. ¿Qué tipos de presiones están ocurriendo en los pasillos del Capitolio y en la Casa Blanca, por parte de algunos “halcones” de mantener el status quo de una política anticubana -disfrazada por el término de anticastrista- vilipendiada , desprestigiada y rechazada por todos los gobiernos de Latinoamérica y el Caribe, por la mayoría de los representantes de las naciones en la ONU, y por la indudable aplastante totalidad de los pueblos del mundo?

Valdría la pena preguntarse cual puede ser la reacción del gobierno revolucionario de Cuba, ante estas señales paradójicas, superficiales y nada consultadas en una mesa de negociaciones gobierno-gobierno, de igual a igual, con respeto mutuo, sin condicionamientos de ningún tipo, presiones y chantajes.

No hay “tiempos de Vaticano” para la política exterior cubana, sino la cautela y la espera de que las decisiones anunciadas sean cumplidas y no alteradas por “interpretaciones” falsas y convertidas entonces en una farsa política más. Una cosa dice la Casa Blanca, y otras se definen en la Cámara de Representantes y el Senado, más aun en el Congreso de Washington. Son tantos los lobbys de intereses, variados y entrecruzados, que no se puede iniciar nada serio, honesto y profundo hasta que las semi-medidas sean reales y no solo tendencias no confirmadas por la práctica.

Las enseñanzas de la historia nos indican que el presidente de la nación más poderosa de la Tierra puede tener consideraciones tales o más cuales, y luego se desplieguen otras políticas o se detienen esas ideas y consideraciones con subterfugios leguyescos, de muy baja o ninguna ética, sin compromisos establecidos. Veamos la Alianza Para el Progreso y los más recientes Tratados de Libre Comercio, que a pesar de ser instrumentos de ablandamiento y lucha indirecta para apropiarse de los recursos de América Latina, y sólo para beneficio de los EE.UU., después han sido obviados por los grupos más (neo)-conservadores y hasta liberales, en muchas instancias del gobierno norteamericano. No se ha cumplido la promesa presidencial, simple y llanamente.

Señores, no traten de engañarnos con falsas promesas. Las relaciones de La Habana con Washington no transitan con flexibilizaciones y limitaciones parciales de restricciones. Hay algo más serio y profundo en un proceso verdadero de normalización de relaciones entre ambos países, gobiernos y pueblos. Mientras esperaremos, sin apuros y con rigurosidad política. Ojalá se imponga en Washington la idea de un diálogo serio y profundo, sin trampas y mentiras.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

10/03/2009 GMT 1

Críticos y revolucionarios

polillabaez @ 18:08

Por Enrique Ubieta Gómez

Quiere el escritor contrarrevolucionario cubano –nótese que digo cubano, que no ignoro su origen por mucho que se empeñe en desmerecerlo--, Rafael Rojas, sumergir la discusión política en las aguas de la academia, para privarla de oxígeno. Quiere que se respeten las definiciones que ha construido o adoptado para enmascarar y eludir realidades sencillas, que pueden entenderse mejor si abre las ventanas de su biblioteca. O si revisa con desprejuiciada atención los libros de historia que atesora, ¿cuántos de ellos son “oficiales” y cuantos son “críticos”? ¿Es oficialista o crítico El Ingenio de Moreno Fraginals, que el Comandante Ernesto Che Guevara defendiera siendo uno de los más prominentes ministros de la Revolución, por considerar que era, precisamente, crítico y revolucionario?

En un artículo en el que responde, entre otros, a un comentario mío aparecido originalmente en este blog y no en Kaos como dice –no quiere al parecer mencionar esta dirección electrónica: www.cambiosencuba.blogspot.com-, insiste en la fabricada oposición entre “historiadores oficiales” e “historiadores críticos”, que le permite otorgar medallas de buen o mal comportamiento a sus colegas. ¿Colegas? Rojas estudió filosofía marxista en la Universidad de La Habana y su excelente tesis de grado mostraba su fascinación por El Capital (nadie imagine que desde posturas críticas). Ahora, como historiador “crítico”, se dedica a reivindicar la actuación del general Fulgencio Batista y de los ya por entonces muy desacreditados políticos que colaboraron con él o que se “hicieron de la vista gorda”, mientras no se tambaleaba su dictadura, en artículos periodísticos que publica El Nuevo Herald.

Porque ser crítico, para Rojas, significa –él lo ha dicho, con ínfulas academicistas--, oponerse al discurso de legitimación del socialismo (que el lector no se confunda con el uso de palabras como “régimen” o “gobierno”). Un esfuerzo que conlleva aparejado otro de intención contraria: construir un discurso de legitimación para una posible neocolonia. Porque no se puede concebir en términos “modernos” –él lo sabe, y por eso vende de contrabando conceptos como “nacionalismo suave” o “autonomismo”--, un capitalismo diferente para una isla pobre situada a noventa millas del imperialismo hegemónico. Toda su obra es la construcción oficiosa, para no decir oficial, de un contradiscurso neocolonial plagado de oposiciones maniqueas, que persigue el debilitamiento de todas las resistencias teóricas e históricas que se oponen a ese proyecto.

Bien, aceptemos que el discurso que legitima a la Revolución fortalece al Gobierno revolucionario; ¿a quién fortalece el discurso que legitima a la Contrarrevolución, sino a las trasnacionales que fueron nacionalizadas en 1959 y al imperialismo que las representa? El calificativo de “oficial” o de “oficialista” –más que como concepto académico, en sus textos funciona como estigma--, es muy inexacto, pero en cualquier caso habría que preguntar nuevamente, ¿con respecto a qué? Aceptar como discurso “crítico” aquel que defiende la doctrina neoliberal y neoconservadora (con Bush o sin él), es como aceptar como discurso contracultural la defensa de la Coca Cola y del “star system” de Hollywood. En el capitalismo, ¿ese no es un discurso “oficialista”?

Nada de posturas ingenuas. Rojas sabe que la historia legitima o deslegitima cualquier doctrina política. Su obra es un ejemplo de sostenido esfuerzo legitimador del capitalismo. Por eso escamotea la verdadera contradicción, la que existe entre intelectuales revolucionarios e intelectuales contrarrevolucionarios. Y disfraza la intencionalidad política de sus textos bajo el dudoso manto de una “objetividad” o de un “cientificismo” en el que no cree. Para confundir y dividir, incluye en su catálogo a escritores revolucionarios que hablan de las hormigas o que aportan elementos que enriquecen la visión de una época (lo cual en ambos casos está bien), junto a otros francamente contrarrevolucionarios que intentan desmontar los argumentos históricos de la Revolución. No le interesa ni la verdad, ni la pluralidad: quiere arrinconar o desaparecer al Che Guevara, y sustituirlo por Márquez Sterling; a la “racionalidad utópica (revolucionaria) y premoderna” que incluye según su definición a Luz, Varela, Martí y Fidel, para sustituirla por “la racionalidad utilitaria (contrarrevolucionaria), moderna”, que empieza, también según su visión, por Arango y Parreño y termina en Montaner. Habla de “parcialidad” revolucionaria, para entronizar una parcialidad contrarrevolucionaria.

Los intelectuales que defendemos la Revolución somos críticos por definición: críticos, en primer lugar, del sistema que impera hoy en el mundo y que ha llevado a la Humanidad a una crisis sin precedentes; críticos, en segundo lugar, de las imperfecciones de nuestra realidad, la única perfectible en ese mundo que previamente criticamos. Somos “oficialistas” de la contracultura revolucionaria en un mundo plagado de oficialistas de la cultura del poder trasnacional. No nos avergonzamos de ello. Pero debemos situar cada término en su lugar.

RAFAEL ROJAS: Qué es la historia oficial

ENRIQUE UBIETA: Retóricas oficialistas

05/03/2009 GMT 1

Una vieja deuda. Los núcleos duros y esenciales de una teoría política de izquierda (II)

polillabaez @ 21:19

Por Orlando Cruz Capote

El marxismo y otras concepciones de izquierda: las prácticas creadoras y heroicas.

Las realidades sociohistóricas incluidos, por sobre todo, sus contenidos de carácter relacionales-sociales objetivos y sus correlatos en la continuación, confrontación y superación de las ideas en el plano subjetivo y en las intersubjetividades -Vladimir I. Lenin planteó que “[...] la historia de las ideas es de la sucesión y, por lo tanto de la lucha de ideas”- son casi siempre irrepetibles aunque existan semejanzas generales y particulares en los distintos desarrollos civilizatorios, material y espiritualmente. Pero de forma invariable serán desiguales y asimétricos en cualquiera de las comparaciones históricas que se realicen.

A su vez, las singularidades aunque devienen en diferentes -algunas pueden hasta ser proclamadas como excepciones históricas- alcanzan en ocasiones su transformación en categorías y leyes generales-universales. Esas conclusiones, pocas veces reveladas a primera vista, en el pensamiento y accionar de los hombres son parte de la riqueza del marxismo y del leninismo, a pesar de que algunos autores contemporáneos olvidan a Lenin, relegándolo a un líder político y le niegan su aporte a la filosofía y a la teoría política científica. Y de paso, de esa forma “casualmente” también confinan a un último lugar, a la enorme personalidad de Federico Engels. Todo un operativo ideopolítico y cultural de hipnotizante desmemoria y des-segregación histórica llevado a cabo por los poseedores del capital, los Thins tanks y sus grandes poderes mediáticos.

El Prometeo de Treveris, Carlos Marx advertía en su obra cumbre El Capital, cuyo segundo y tercer tomo ordenó y terminó de redactar F. Engels, que la ley social-objetiva “[...] no solo se impone como una tendencia predominante de un modo muy complicado y aproximativo como una media jamás susceptible de ser fijada entre perpetúas fluctuaciones”, (1) y Vladimir Ilich Lenin confirmaba que la teoría de ningún modo podrá abarcar los matices de un proceso real en su variedad concreta porque “[...] En el mejor de los casos solo traza lo fundamental, lo general, solo abarca de un modo aproximado la complejidad de la vida” (2), y “[...] porque nunca podemos conocer lo concreto completamente”. (3)

La propia Revolución Cubana, su triunfo y desarrollo a lo largo de medio siglo ha sido por largos momentos históricos, una herejía teórica y revolucionaria. En específico, la victoria de enero transcurrió por senderos y vericuetos imprevistos, subvirtiendo postulados marxistas que parecían inmutables. Por eso, sin menoscabar el aporte de los textos políticos e históricos Fidel Castro afirmó, en 1965 que “[...] el marxismo lo hemos aprendido en los libros, pero sobre todo lo hemos aprendido en la vida”. (4)

Ello significa que lo general, incluso aquello que ha estado corroborado por la experiencia histórica anterior, no es impertérrito ni abstracto, sino que debe observarse-analizarse en la corriente viva del proceso histórico, o sea en su unidad orgánica con lo particular y lo singular. Porque lo general y lo universal deja de serlo cuando abarca y “[...] encarna la riqueza de lo particular, de lo individual, de lo genuino”. (5) Al final la regularidad siempre implica la singularidad. Por lo que no se deben mezclar y yuxtaponer las leyes objetivas generales del desarrollo social e histórico con la situación concreta. La prácticas reales, activas y vivas, en la mayoría de las ocasiones, no “encajan” o no entran forzadamente en las categorías y cuerpos teóricos generales y particulares elaborados. Las verdades teórico-filosóficas no deben ocupar el lugar de la realidad, ello puede conllevar a declarar como ya existente lo que todavía está por conseguir. Ese es el eterno problema de la sociedad socialista del “deber ser” y “lo que es”, entre la idealidad del proyecto y su construcción-desarrollo concreto, que depende en mucho de las subjetividades, del trabajo investigativo incesante para tratar de descubrir nuevas leyes generales y verificarlas en la práctica o a la inversa, esa práctica que al decir de Lenin en sus Cuadernos Filosóficos, “está por encima del conocimiento porque tiene ella misma la dignidad no solo de la universal, sino también de lo real inmediato”. Y que debemos re-construir -la teoría socialista- de forma sistemática, sistémica, coherente e integral y permanentemente, porque además de superar siglos de atavismos, de realidades objetivas y subjetivas ancestrales, también existen otras que se reproducen en el propio medio socialista con un carácter negativo y contrariedad paradójica con el fin de propiciar la superación de los remanentes de las mentalidades coloniales y neocoloniales -la colonialidad heredada- que se constituyen en pesados fardos porque actúan en el presente a veces de forma imperceptible a través de manifestaciones de racismos, xenofobias, de discriminación por el color de la piel, del sexual, el de género, el etáreo, así como por la supervivencia de la explotación y las opresiones socioclasistas y étnica-nacionales, el machismo y el paternalismo enajenante y alienante. Por eso el Comandante Ernesto Che Guevara aseveraba que “[...] tenemos que empezar a construir el comunismo desde el primer día, aunque nos pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo”. (6)

Por tales motivaciones, los marxistas, los socialistas y las izquierdas radicales, los movimientos sociales y políticos antisistémicos actuales tienen que ser creativos, audaces y originales, porque si no lo son les va ir mal al menos en algunos aspectos de la actividad revolucionaria, ya que serán rígidos, esquemáticos y dogmáticos.

El ya fallecido dirigente político e intelectual cubano Carlos Rafael Rodríguez, en una memorable y esclarecedora intervención en el IV Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba -UNEAC, 1988-, expresó al respecto: “[...] En la resolución se nos propone también “el rechazo de toda desviación ética, política e ideológica, que pretenda erosionar nuestra voluntad de luchar por el socialismo” y se proclama la aspiración de estar “tan lejos del dogmatismo como del liberalismo, tan lejos de la intolerancia como de la complacencia” [...] Al llevarlo a la práctica, no debemos olvidar sin embargo que, aunque el liberalismo es peligroso y la autocomplacencia inaceptable, más peligrosos todavía, en el terreno de la cultura y la ciencia, son la intolerancia y el dogmatismo. Aquellos no pueden entrar -por su signo político- en nuestra unida y fuerte revolución. Pero si no vencemos el dogma, nos corroerá y nos cerrará el camino hacia la amplia y noble cultura del socialismo, en la cual la de Hombre tiene que ser, como lo proclamaba Máximo Gorki, “una hermosa palabra”. (Revista Cuba Socialista, No. 38, La Habana, Marzo-Abril 1988, p. 22) Pero en la política, tampoco saldremos adelante si nos entregamos al voluntarismo, al espontaneísmo-aventurerista, es decir si hacemos caso omiso a las regularidades generales que rigen, a pesar de nuestras conciencias, nuestra actividad práctica. Al unísono, es dable que las “reglas” y las regularidades, en determinados casos, se alteren pero lo imposible es que desaparezcan, sean ignoradas y obviadas. Pero cambiar algunas “reglas”, corregirlas, readecuarlas, redimensionarlas y/o aplicarlas crítica y acertadamente, luego de análisis concienzudos de la realidad sociohistórica concreta que pretendemos transformar, forma parte de la alta y consciente subjetividad política revolucionaria. Paralelamente, hay que poseer la visión de que es necesario impulsar los desarrollos independientes del marxismo (6) y que es urgente comprender que cada pueblo y nación con la plena autodeterminación, independencia y soberanía llegarán al socialismo por sus propios caminos, viviendo sus propias peculiaridades y experiencias. (7)

El dirigente del partido bolchevique, Vladimir Ilich Lenin expresaba que “La Revolución es una ciencia profunda, difícil y complicada” y el marxista italiano Antonio Gramsci confirmaba que “La Revolución [...] es una causa grande y pavorosa y no un juego para diletantes o aventura romántica”. Asimismo, el escritor Roman Rolland -tan citado por el propio Gramsci- escribía que en momentos de incertidumbre, dudas y perdida de la brújula revolucionaria había “que oponer al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”. Incluso una personalidad literaria tan controvertida y conservadora desde el ángulo político, como el famoso escritor argentino Jorge Luis Borges dijo que, la práctica errónea no invalida a la auténtica teoría.

Por su parte, el Amauta marxista peruano, José Carlos Mariátegui escribió: “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva”. Y Julio Antonio Mella, el primer marxista orgánico cubano, detalló en varios momentos de su fecunda vida la necesaria interpretación y adecuación de los preceptos generales. En 1925, acerca del ajuste acertado, original y creador del marxismo-leninismo subrayó que “[…] Donde cambia el aspecto en cuestión es cuando hay que practicar las frases. Entonces se da uno cuenta del gran abismo va de la realidad a la teoría.” (Julio Antonio Mella “Proletarios de todos los Países Unios. Juntarse es la palabra del mundo” en, Mella. Documentos y Artículos, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 200). En otro momento, en el año 1928 afirmó, atendiendo a la lucha que desarrollaba Augusto César Sandino en Nicaragua que, “[…] No debe creerse en una explicación mecánica de la experiencia de otros movimientos”. (Idem., “¿Hacia donde va Cuba?”, p. 408). Asimismo, y para no ser más extensos, en su trabajo crítico “¿Que es el ARPA?” (Alianza Popular Revolucionaria Americana y que Mella le denominaba, irónicamente, “Alianza Para Revolucionarios Arrepentidos”), en el propio año 1928, indicó que “[…] Los pueblos coloniales también presentan rasgos semejantes en Asía y en América […] luego la aplicación táctica ha de diferir en los detalles y en la oportunidad histórica. Pero las generalidades (papel de las clases, base del frente único, desarrollo del imperialismo y el proletariado, etc.) son invariables a la luz del marxismo y de su adaptación a la época moderna del imperialismo: el leninismo [...]”. (Ídem., “¿Qué es el ARPA?”, 1928, p. 378).

Todas estas aseveraciones, enunciadas por diversas personalidades, son justas y contienen verdades dialécticas indiscutibles, que son válidas para quienes y los que, desde diferentes partidos y agrupaciones, movimientos y redes, están a la izquierda del espectro ideopolítico y luchan de manera antisistémica y contrahegemónica al imperialismo-capitalista. Por eso es tan necesaria la articulación de todas estas fuerzas y los agentes sociales que la componen, en aquellos puntos comunes que puedan unirlos y no siempre en las agendas máximas, siempre tan variadas y heterogéneas, que puedan disgregarlos para beneficio de la burguesía transnacional y sus agoreros.

Nunca ha habido una revolución que la haya realizado una sola clase, una sola organización política o un movimiento social por muy amplio que se constituya. Ni siquiera en la época de Marx y de Lenin cuando se precisaba con ahínco y seguridad que era el proletariado el núcleo que debía encabezarla, porque indudablemente era la clase obrera industrial el eje principal del enfrentamiento clasista contra el capital, y se convertiría en su sepulturero. Pero se olvidó, por otros, que por las características cuantitativas el proletariado no muestra su verdadero rol en la vida política, sino que revela solamente su lugar en la estructura social. Únicamente cuando las clases, las capas populares y, en nuestros días, los nuevos actores y/o agentes sociales del cambio, tienen conciencia política del nivel de explotación y opresión socioeconómica, es que pueden llevar a cabo la revolución social. Quizás por tal motivo Lenin afirmó que “quien esperara una revolución social “pura” no la verá jamás”. Y el concepto de pueblo de Fidel Castro en “La Historia me Absolverá”, es en ese sentido una verificación en la práctica de tales enunciados teóricos.

Hoy es demasiada la envergadura del viraje histórico que estamos experimentando -época de cambios o cambios de época- para esperar, con los brazos cruzados o continuar acumulando fuerzas, un gran salto en la conciencia social y política, porque de lo que no hay dudas es que tenemos que prepararnos para propiciar ese viraje o salto en cada una de las clases y actores sociales actuantes, hacia un nuevo espacio nacional-liberador y social con un trabajo de concientización constante. Hay que recordar que Marx le escribió a Engels que “en los grandes procesos del desarrollo histórico veinte años equivalen a un día, pero hay días que condensan esos veinte años”. Y si observamos con realismo crítico los escenarios de hoy, posiblemente concordemos que estamos en el instante histórico cuando la revolución no solo está estallando por la impaciencia de los desposeídos, como tampoco por la sola tozudez de los privilegiados, sino porque ambas condicionantes están presentes en el contexto regional latinoamericano-caribeño.

Y no se puede temer -u obviar, que sería más peligroso- una inevitable confrontación violenta con las fuerzas oligárquicas burguesas y el imperialismo transnacionalizado mundial, específicamente, el estadounidense, porque esa opción, tantas veces practicada, no debe estar descartada entre los que luchan de forma pacífica, en los procesos eleccionarios, en la recuperación de tierras y fábricas, en el batallar por los derechos humanos y la democracia. El que olvida la lección del garrote imperial y oligárquico, puede recibir ese golpe que casi siempre anonada a las masas populares si no están preparadas para enfrentar la violencia contrarrevolucionaria. Y Lenin también llamaba la atención sobre el no estar preparados para el instante histórico y sus probables consecuencias porque, “la Revolución puede haber madurado, y sus creadores revolucionarios pueden carecer de fuerzas suficientes para realizarla; entonces la sociedad entra en descomposición y esta descomposición se prolonga a veces por decenios”. No podemos permitir que esta situación se repita en la historia de nuestro subcontinente.

Las izquierdas actuales, sus actitudes y la contemporaneidad.

Hoy no puede existir un Socialismo del Siglo XXI, en el Siglo XXI o para el Siglo XXI, sin una investigación seria de la historia de las ideas y las prácticas del socialismo del pasado que, inexorablemente, se reflejan en el presente y se proyectan hacia el futuro. El filósofo Benedetto Croce escribió “Toda historia es contemporánea”. Cualquier abandono, por desidia e ignorancia, de lo que ocurrió y de lo que ocurre en el plano de las ideas y las prácticas socialistas podría ser un terrible boomerang que nos golpee una y otra vez. ¿O es que acaso la experiencia socialista cubana, así como la China, la vietnamita, la coreana del norte y la laosiana, con todas las limitaciones que podamos advertir en ellas, no provienen del siglo XX y se relanzan hacia el XXI? La ironía del autor J. M. Martinelli, parece advertirnos contra los que desean mutar de manera absoluta olvidando el pasado: “Si todo cambiara, ¿qué sería lo nuevo?”

Por eso los procesos revolucionarios en América Latina, con sus diferentes matices, como la Venezuela Bolivariana de Hugo Rafael Chávez Frías, la Bolivia del líder social Evo Morales, el Ecuador del presidente Rafael Correa, el Brasil de Jose Inacio “Lula” da Silva y la Nicaragua del sandinista Daniel Ortega, así como el Uruguay de Tabaré Vázquez, la Guatemala de Álvaro Colom, el Paraguay de Fernando Lugo, el Chile de Michelle Bachelet, entre otros gobiernos progresistas en algún aspecto de su política interna o externa, son herederos, por muchas rupturas definitorias que se pronuncien, quiéranlo o no, de las elaboraciones y las praxis socialistas de las dos centurias anteriores, desde la elaboración del Manifiesto Comunista en 1848, el primer ensayo obrero-revolucionario en el poder: la Comuna de París en 1871, y la triunfante Revolución Socialista Rusa de 1917. De esta forma también tienen ante sí, más cercanas en el tiempo, las experiencias de la Europa Oriental surgida de los sangrientos combates de la Segunda Guerra Mundial, el impacto de la Revolución China en 1949, la Revolución Vietnamita y su valiente lucha de resistencia contra los japoneses, franceses y los estadounidenses, la Revolución argelina y a la Revolución Cubana, que al decir de algunos líderes de los movimientos revolucionarios latinoamericano-caribeños, esta última constituye y simboliza la matriz de estas subversiones y rebeliones actuales, y es parte imprescindible de su inspiración ética y militante. Y se está haciendo honor a la primicia subversiva y no a la repetición mecánica de sus prácticas, porque cuando se trató de imitar a Cuba, muchos procesos de luchas populares, armadas y pacíficas, políticas radicales y reformistas fueron al fracaso, en parte, porque no tuvieron en cuenta las singularidades de su situación sociohistórica específica y, porque tampoco tuvieron la capacidad de resistencia, previsión y readecuación táctica ante la ofensiva contrarrevolucionaria lanzada por el imperialismo y la oligarquía burguesa interna.

Las lecciones, enseñanzas y experiencias históricas no están para ser obviadas sino para ser aprendidas, aprehendidas y comprendidas, además de proceder a su revisión cuidadosa y rigurosa, con la pretensión de criticarlas constructivamente, así como para re-crear y re-inventar algunas de sus partes teórica-metodológicas, hasta reactualizar y eliminar aquello que ya no nos sirve porque el tiempo y las nuevas circunstancias rebasaron los conceptos y los accionares establecidos. Lo que sería contraproducente es que nos permitamos el lujo de que se repitan los decepcionantes y catastróficos acontecimientos socialistas euro-orientales y de la Unión Soviética del siglo XX, por no conocer lo que sucedió realmente en aquellas experiencias históricas.

Al unísono, hoy es necesario apoderarse, realistamente, del tan polémico debate sobre como asumir, respetar y desplegar, con toda la intensidad posible, la inevitable presencia de la emergencia de la diversidad sociocultural, nacional, étnica, racial, de género, etárea, de opciones sexuales, diferencias regionales y locales, etc., de los diferentes movimientos sociales y políticos contemporáneos. (8) Porque todos ellos son signos de la complejidad del sujeto social-popular múltiple contemporáneo, capaz de ser, en plural, el sujeto histórico político de la transformación social, porque se han multiplicado los sepultureros del sistema capitalista.

El capital no ha des-asalariado, tampoco ha hecho desaparecer al obrero, aunque haya aumentado el nivel de capacitación de grandes grupos de trabajadores en la industria de punta científico-tecnológica y de avanzada, o los haya reubicado en el gran sector terciario: servicios, cultura y finanzas, o los haya desplazado del campo a la ciudad, ubicándolos casi siempre en el mercado informal. Esa movilidad social, no significa que estos nuevos trabajadores sean poseedores de los medios de producción -a algunos le han hecho creer tal falacia porque lo dejaron “invertir” en sus empresas-, sino al contrario, ha conllevado a un nivel de cosificación, fetichismo, enajenación / alienación del trabajo y el trabajador como mercancía, mucho mayor, y a la necesidad de llevar a cabo una superior, más abarcadora y riguirosa labor de concientización y de cultura política para con esos grandes grupos.

Por eso el reconocimiento de las diferencias deviene punto de partida para aceptar la diversidad social, siendo la Identidad el punto inicial para concebir la misma. Y estos preceptos, de identidad-diversidad y de movimiento sociales y políticos, ya no pueden ser dicotómicos o antagónicos porque la mayoría coexisten, se complementan y urgen de la promoción de interacciones mancomunadas, relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, la tolerancia, el razonamiento, el fortalecimiento del tejido asociativo, la aportación constructiva y la coherencia ética. (9)

Esa ética de la articulación se construye sobre la base del aprendizaje y desarrollo de la capacidad dialógica, la disposición a construir juntos desde saberles, cosmologías y experiencias de acumulación y confrontación distintas, de potenciar identidades y subjetividades hasta el infinito. Es un enfoque ético-político que reconoce la multiplicidad y diversidad del sujeto social alternativo, de sus diferentes conceptualizaciones teóricas y aquellas que se producen desde el sentido común, por la legitimidad de epistemes y de reconocer que nadie en absoluto tiene la verdad absoluta. Donde estén representadas el conjunto de demandas emancipatorias-libertadoras y sociales, independientemente de las tendencias cosmovisivas ensayadas y, hasta confrontadas. (Idem.)

Las alternativas prácticas-transformativas de los tradicionales y nuevos movimientos sociales y políticos, fracasarán si no existe un pensamiento teórico alternativo para ir construyendo, en paralelo, ese socialismo necesario e imprescindible. “Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario”, (10) continuaría expresando Vladimir Ilich Lenin si estuviera hoy con nosotros.

Hay que partir de una realidad, y es que no todas las izquierdas son marxistas, algo que no debe preocuparnos, sino que forma parte de una realidad enriquecedora si sabemos establecer intercambios y diálogos constructivos, éticos y abiertos que nos conduzcan hacia el reconocimiento de la gran diversidad de puntos de partidas, metas y visiones, construcción y estructuración de programas mínimos y máximos, métodos de lucha, variados enfoques de la realidad concreta en que estas organizaciones maniobran y piensan, con diversas ideologías y políticas que determinan sus accionares, estrategias y tácticas en el enfrentamiento múltiple a las generalidades y particularidades del capitalismo que enfrentan en cada localidad, país, región y a nivel planetario.

Si analizamos la historia como proceso intervinculado y no como hechos empíricos aislados, podemos apreciar que en la historia de Nuestra América las luchas socioeconómicas y políticas, a la cual no ha sido ajena la confrontación ideológica y cultural, los cambios políticos han sido frecuentes tanto al interior como aquellos que se inducen desde el exterior lo que siempre ha motivado que las múltiples fuerzas de izquierda y revolucionarias tengan que dar batallas sociales y políticas simultáneas, contra enemigos diversos, en unión de aliados disímiles -algunos de corto y mediano compromiso- y utilizando consignas y formas de luchas también diversas. Eso es una regularidad de la historia pasada y presente del subcontinente. Todo ello enriquece el acervo de todos los que confrontamos al imperialismo-capitalista y sus heterogéneas manifestaciones fenoménicas, aunque sus esencias continúan siendo prácticamente similares.

Una definición de “izquierda, en el sentido de “ser de izquierda”, nos las brinda el Teólogo de la Liberación Frei Betto quien, en los “Diez consejos para mantenerse militando en la izquierda” (Aporrea / inSurgente) afirma, de forma amena y asequible a todos que: 1) se debe mantener viva la indignación en cuanto que la desigualdad social es una aberración a erradicar; 2) que la cabeza piensa donde pisan los pies, es decir que hay que luchar junto al pueblo, que la teoría no puede estar bien sin la práctica cotidiana; 3) que la izquierda no se puede avergonzar porque crea en el socialismo; que se debe ser crítico sin perder la autocrítica; 4) debe criticar y al mismo tiempo autocriticarse, y el admitir ser criticado; 5) el saber diferenciar quien es militante y quien no lo es -el autor lo llama militonto-, apreciando que “[...] el Militonto es aquel que presume de estar en todo, participar en todos los actos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de las grandes palabras y los efectos de su acción son superficiales [...] El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; se cualifica en una determinada forma y área de actuación o actividad, valora sus vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios [...]”; 6) el verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, ni orgulloso por estarlo [...] no se confunde a sí mismo con la función que ocupa; 7) asimismo, hay que alimentarse de la tradición de la izquierda o sea volver a las fuentes nutricias; 8) preferir el riesgo de equivocarse con los pobres, a la pretensión de acertar sin ellos; 9) defender siempre al oprimido, aunque aparentemente no tenga razón 10) y, finalmente, el militante de izquierda debe hacer de la oración un antídoto contra la alineación, o sea que orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar como Jesús amaba, liberadoramente.

Por su parte, el filósofo cubano Darío L. Machado Rodríguez, también analiza la actitud y la posición de las izquierdas “[...] en una perspectiva histórica integral, estratégica, de largo plazo, debe [...] incluir las cualidades de anticapitalista, científica, incluyente, ética, revolucionaria, activa y creativa e internacionalista”. (11) Aunque como advertía Lenin -continúa expresando Machado- a los movimientos políticos hay que valorarlos por lo que hacen no por lo que dicen, porque los hechos concretos resultan el principal indicador de sus motivaciones verdaderas. Esta aseveración se acerca a otra afirmación del propio Lenin cuando explicó, refiriéndose a los comunistas-marxistas pero que puede apegarse a una fuerza de izquierda radical -que viene etimológicamente de raíces-, que el mejor lugar para juzgar los revolucionarios, para verificar sus ideas teóricas es y será el campo de la actividad combativa, en donde, cómo y cuando el comunista y ese revolucionario radical pueden y deben convertir el marxismo -o su teoría revolucionaria- en acción liberadora. (12) Todas estas aserciones razonables y lógicas deben ser asumidas por los que enfrentan al capitalismo-imperialista.

Sin embargo, en las generalidades, las particularidades y singularidades que coexisten en el contexto sociohistórico concreto latinoamericano-caribeño, el accionar teórico y de método debe aplicarse de forma diferente para un país en que triunfó el socialismo hace ya 50 años, como es el caso de Cuba. Otra significación posee para el gobierno-poder, que no son lo mismo, que comienza su desarrollo incipiente pero representa a los intereses socioclasistas populares en algunas naciones del subcontinente; y una tercera opción, la pueden desempeñar aquellas fuerzas revolucionarias que accionan en terruños nacionales, regionales y planetarios en la más abierta o clandestina oposición, construyendo día a día el futuro de la emancipación nacional y social, desde abajo hacia arriba, arriba hacia abajo y desde las denominadas redes horizontales, momentos de una democracia participativa-directa que también son aplicables, pero adecuándolas, en los primeros ejemplos.

No obstante, puede que un nacionalismo populista, un reformismo de centro-izquierda y/o radical, un antiimperialismo no anticapitalista o sí, sea un paso de avance en los dos últimos casos enunciados, pero en Cuba sería dar un paso atrás de enormes consecuencias políticas negativas. A los cubanos solo nos resta marchar inexorablemente hacia el comunismo, aunque nos atrevamos a utilizar, controladamente, algunas de “las armas melladas del capitalismo”, y correr el difícil riesgo de atravesar las dificultades de no poseer aún una totalizadora economía política de esta etapa -porque el Programa de Gotha y otros textos marxistas no agotan esa problemática-, o una suficiente teoría política que nos indique qué Estado socialista re-construir una y otra vez, comprendiendo que hasta este momento el que poseemos, aunque sea radicalmente diferente al capitalista, está basado en los pilares del Estado-nación moderno, surgido precisamente en los albores del capitalismo como sistema mundial y se ha desenvuelto socialistamente en una sociedad que sólo ha estado viviendo esa experiencia por medio siglo, en medio de un brutal bloqueo genocida y agresiones constantes de los EE.UU. y sus aliados.

Y que ese Estado nación, sus estructuras, funciones y los componentes de la sociedad civil y política que fundamentan su carácter socialista, tiene un sistema de reproducción de ganancias -el denominado y necesario Producto Interno Bruto (PIB)- y lo realiza “quizás” con la lógica metabólica reproductiva de aquél que se heredó. Y aunque re-distribuye ese beneficio económico-material de la forma más equitativa posible, su dividendo no alcanza aún su total plenitud, porque prima el derecho burgués para esa etapa de tránsito de “a cada cual según su trabajo de cada cual según su capacidad” que tiene que cumplirse inexorablemente en este momento. Y al mismo tiempo, la Revolución debe producir una nueva subjetividad para la nueva sociedad que se construye; debe construirse un Hombre Nuevo, cuya conciencia necesita transformarse a partir de un conjunto de nuevos valores comprometidos con el mayor valor: el ser humano, su dignidad, su ética y honor.

Esta nueva conciencia humana, democráticamente apoderada y solidaria en todos los órdenes de la vida social, constituye la nueva palanca del desarrollo. Y hay que realizarlo estando, además, rodeado de un océano capitalista que impone casi todas las reglas del intercambio, el comercio, las finanzas, así como la competitividad para ese mercado ahora transnacionalizado y desigual, tan necesario para el desarrollo endógeno, y en donde la productividad, la eficiencia y la eficacia del modo de producción socialista es todavía muy insuficiente, aunque sus sistemas de salud, educacional, asistencia y seguridad social sean muy superiores en extensión y profundidad, y se comparen, inevitablemente, con el del resto de los países del sistema-mundo capitalista, y no precisamente con los menos ricos y opulentos.

Para este autor, no se debería realizar esta comparación entre ambos sistemas, -lo que se denominó en la era soviética “la “emulación de los dos sistemas”-, porque la fundamentación sobre la cual se parte es antagónica y no se corresponde en las premisas. Y siempre saldría muy mal parado el socialismo ante la inconmensurable productividad del capitalismo porque este super-explota para obtener la super-plusvalía, y no solo al obrero en su país, y es derrochador, consumista masivo, depredador, insostenible, etc.

La naturaleza y el ideal del socialismo es ser un sistema productivo eficiente, eficaz y auto-suficiente, pero sostenible y, por sobre todo, practicar la equidad, la libertad, la igualdad y la justicia social en el cuerpo societario. Y en esa competencia -eufemísticamente denominada emulación- se partirá de muchas premisas falsas, desiguales, porque son disimiles en su naturaleza, los contextos, el carácter, el contenido, la forma y espacio-tiempo de los dos sistemas antagónicos.

Cuba y su socialismo.

Sabiendo que la sociedad socialista que desarrollamos no tiene los mismos principios que ese modo de producción capitalista y que tampoco coinciden incluso en el propio tránsito, por eso tratamos de ser y somos -y seremos- más justos, más equitativos, más éticos, más solidarios e internacionalistas, y estos principios y prácticas las realizamos sobre la base de una conciencia patriótica-revolucionaria, solidaria-internacionalista y socialista, con hombres y mujeres libres y voluntarios, con niveles de conciencia política e ideológica variada, que se ven constantemente bombardeados por el consumismo que esquilma y derrocha, la seudocultura, la seudo-estética y los valores cuestionables que se producen y reproducen a través de los gigantescos poderes mediáticos-.mediatizados transnacionales capitalistas. Realidades y símbolos confusos y contradictorios que repetimos en nuestros sistemas de vida y valores espirituales, y en otras muchas esferas de nuestro socialismo (im)-perfecto. Porque no hemos hallado la forma de desconectarnos de ese sistema-mundo burgués, a pesar de los grandes esfuerzos por realizarlo.

Solo a finales del pasado año, nos hemos incorporado al Grupo de Río, con el derecho y la autoridad ganados por la resistencia y el desarrollo alcanzados. Y a pesar de ese reconocimiento, los imperialistas y sus lacayos han continuado los intentos por aislarnos de la región geográfica e histórica natural a la cual pertenecemos de modo natural. Y resistimos además las presiones, chantajes y sobornos de las vigentes, Ley de Ajuste Cubano (1966), la Ley Torricelli (1992), la Ley Helms Burton (1996) y el denominado “Plan Para una Transición en Cuba” (2004) que nos impiden competir en igualdad de condiciones con otros países y Estados naciones del mundo desarrollado, subdesarrollado y en vías de desarrollo.

Hace un año escribí un artículo titulado “La revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en su sistema socialista”, en el que expresé “[...] Por otra parte, no considero que las formas alternativas de autogestión y de autogobierno local, la sociedad de productores libres y la cooperativización por si solas, sin la presencia de un Estado Nación-Popular y Socialista fuerte -que no significa estatista y centralizador de todo-, puedan conllevar a un socialismo nuevo y más eficiente, como tampoco creo en la descentralización desmedida, el caos y la anarquía absolutas, aunque estén en manos de los trabajadores los destinos de la nación y el socialismo. Cualquier cosmovisión unilateral, podría conllevarnos a caminos o, mejor expresado, hacia atolladeros sin salida para un socialismo perfeccionado, pero que tiene que ser guiado por una teoría y práctica revolucionaria y, en el caso cubano, por un partido de vanguardia, que no significa que todos sus militantes tengan el mismo nivel de conciencia y ejemplaridad, de prestigio y méritos, pero que es una fuerza de avanzada, junto a la Unión de Jóvenes Comunistas, en que ambos suman alrededor de más de medio millón de cubanos”. (cubacoraje.blogspot.com, lapolillacubana.wordpress.com y Kaosenlared, entre otros, 3 de agosto de 2008)

En Cuba se juega el poder político conquistado por el pueblo, para el pueblo y con el pueblo, y sería bochornoso que un proceso de reformas no riguroso y no profundamente analizado conllevara a los caminos de la destrucción del socialismo en nuestro país, que sería la liquidación no solo de la justicia, la equidad y la igualdad lograda con tanta sangre y sudor, sino que pondría en peligro hasta la propia nación y la patria independiente y soberana.

Estamos abiertos al debate académico, político y desde la vida social cotidiana, pero tiene que ser una discusión y polémica seria y rigurosa, respetuosa y ética. Porque la unidad del pueblo alrededor de su proceso revolucionario socialista no puede ser quebrantada con llamamientos sobre una democracia abstracta que hasta hoy ningún gobierno y partido puede mostrarla como ejemplar y perfecta. El partido comunista es el partido de la nación cubana porque las condiciones históricas nos han enrumbado de forma natural a esa realidad objetiva y subjetiva. No es una construcción superficial y caprichosa. Se podrán mejorar los métodos y estilos de trabajo del partido, se podrá ser más crítico y autocrítico en el partido, pero dentro del partido. No habrá uniformidad y unanimidad, pero si una política de principios inalienables para la democracia socialista cubana. No existe socialismo democrático, sino democracia socialista. La fragmentación y la atomización social y política de los discursos de la posthistoria no nos interesan, porque no nos sirven.

Cuba no es una página digital alternativa de izquierda -ni virtual- donde se tengan cabida a expresiones caóticas, ambiguas y confusionistas. Cuba fue, es y será un opción legítima, viable y renovadora, en constante proceso de construcción socialista. Realizamos elecciones libres y soberanas, hacemos referendos cuando se necesiten, y esta es una sociedad heterogénea, diversa, pero es cubana, y todos nos comprometemos con la suerte del socialismo en Cuba, en mayor o menor medida. No tememos a los deslindes, a los vacíos en las filas. Siempre los hubo y los habrá, porque ello sucede, de forma perpetua, en toda Revolución auténtica y autónoma. Quien ataca a Cuba, escondiéndose en juegos de palabras seudo-revolucionarias, rectificadoras o reformadoras no podrán ejercer presión sobre los destinos del país. Mucho más si no están inmersos en el problémico cuerpo societal interno y luchan a diario junto al pueblo para solucionar nuestros derroteros, difíciles y llenos de obstáculos, pero socialistas.

No jugaremos con nuestra integridad e independencia y soberanía nacional. Han sido muchos años de guerras abiertas y encubiertas lanzadas contra la Revolución para que nos indiquen desde artículos, con doble intención, lo que debemos realizar.

La única solución para que Cuba emprenda nuevas y más profundas transformaciones con el objetivo de perfeccionar su sistema socialista transcurre por el inmediato cese del bloqueo imperialista-norteamericano, la retirada incondicional de la base militar de Guantánamo, la eliminación de la promoción y pago a los mercenarios-contrarrevolucionarios internos -como no han podido organizarlos masivamente a lo interno, nos los crean en el exterior- con el fin de subvertir a la Revolución, la culminación de las agresiones al espacio radio-televisivo nacional, el fin de todo tipo de hostilidad y presiones en su contra, especialmente el conjunto de leyes y normativas establecidas para producir el roll back del socialismo cubano, el respeto hacia su política interna y externa, el sentarse en una mesa de negociaciones de igual a igual para normalizar las relaciones con el gobierno de nuestro país con respeto, seguridad mutua y sin condicionamientos, concluir con los entrometimientos en los asuntos internos de la Patria y, también, de otro país hermano, entre otros. Estos son los factores externos que nos han golpeado a través de 50 años de victorias e ineficiencias, triunfos y errores, éxitos y deficiencias propias y ajenas.

Y no es que no hagamos cambios, pero lo realizaremos al ritmo que consideremos necesario y prudentemente, cuidando esta nación, nacionalidad y cultura revolucionaria y socialista: con el pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

Notas bibliográficas y referencias:
(1) Carlos Marx “El Capital”, en Tres Tomos, T. III, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965, p. 183.
(2) Vladimir I. Lenin “Cartas sobre Táctica”, en Obras Completas, 5ta edición, T. 31, Ed. Moskova, Politizdat, 1958-1965, P. 134. (En ruso)
(3) _____________ “Cuadernos Filosóficos”, T. 29, Idem., p. 152.
(18) Idem., p. 90.
(4) Fidel Castro Ruz Discurso por el XII Aniversario del asalto al Cuartel Moncada, Las Villas, Ediciones Orientación Revolucionaria, (17), La Habana, 1965, p. 28.
(5) Fernando Martínez Heredia “El Che Guevara: los sesenta y los noventa”, en El corrimiento hacia el rojo, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, pp. 254-255.
(6) V. I. Lenin “Nuestro Programa”, Obras Completas, Tomo 4, Editorial Progreso, Moscú, p. 194.
(7) V. I. Lenin “Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”, Ob. Cit., Tomo 30, p. 129.
(8) Entre ellos podemos mencionar: los indigenistas, étnicos, raciales, ecologistas, alterglobalización capital transnacional neoliberal, los antibélicos, sindicales, comunitarios, barriales; los antideuda externa, feministas, homosexuales (gay); los campesinos (como el Movimiento Sin Tierra, del Brasil), los movimientos anti-Tratados de Libre Comercio (como el que se desarrolla en América Latina contra el NAFTA, el ALCA y los TLC), los religiosos (como la Teología de la Liberación, en el subcontinente Latinoamericano-caribeño), las Abuelas de la Plaza de Mayo y las Madres de la Plaza de Mayo, ambos en Argentina, los pro-derechos humanos, los piqueteros, los cocaleros, etc.
(9) Informe Final de Investigación del Grupo de Axiología y Filosofía Social en América Latina (GALFISA), “Diversidad e Identidad en los Movimientos Sociales y Políticos en América Latina”, Instituto de Filosofía, CITMA, 2006, en Archivo del Instituto de Filosofía.
(10) V. I. Lenin “¿Qué hacer?”, Obras Escogidas, en Doce Tomos, T. II, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 22.
(11) Darío L. Machado Rodríguez ¿Qué es hoy ser de izquierda?, en tres partes, http://lapolillacubana.nireblog.com, agosto de 2008.
(12) V. I. Lenin Recopilación leninista, XXXVII, Moscú, 1970, p. 249. (En ruso)

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Una vieja deuda. Los núcleos duros y esenciales de una teoría política de izquierda (I)

polillabaez @ 07:53

Por Orlando Cruz Capote

La dudosa pluralidad de las izquierdas en los medios alternativos.

Cuando terminé de escribir hace un tiempo atrás el artículo “Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas”, (1) tuve el convencimiento que debía dedicar un breve trabajo conceptual, muy sintetizado, acerca de los “núcleos duros” y esenciales que toda agrupación de izquierda o movimientos sociales y políticos antineoliberales debían poseer por necesidad teórica y práctica, mucho más si se declaraban partidarios de un modelo socialista. Tal exigencia se hizo más imperiosa cuando examiné algunos de los comentarios al texto citado y leído por muchos lectores de Kaosenlared, y porque anteriormente me había referido a estos fundamentos sin entrar en explicaciones. Sin embargo, no pretenderé presentar cátedra y menos dar lecciones a nadie en un tema de por sí escabroso, porque eso es una tarea de reconstrucción colectiva y la vida enriquece cada día a la teoría, aunque existan, repito, principios esenciales.

Ante todo debo confesar, en honor a la verdad y a modo de aclaración, que escribo directamente para los medios digitales cubanos y después los textos son solicitados, enviados y colocados en otras páginas alternativas de izquierda. Cuando hago esta declaración, la realizo pensando en aquellos que imaginan que redacto mis trabajos sólo para Kaosenlared que, aunque se declara muy plural desde posiciones de izquierda, también no ha sido muy selectivo en cuanto a los trabajos críticos publicados sobre países, gobiernos y procesos revolucionarios, democráticos y progresistas, con el objetivo de brindar su espacio a interpretaciones variadas, las cuales, muchas veces, no han sido muy principistas en la misión informativa, teórica e histórica, ideológica, política y de formación que una página Web alternativa debe desempeñar. En la búsqueda incesante de un discurso opcional ante el capitalismo-imperialista transnacionalizado se ha puesto entredicho, sin embargo, esa denominada pluralidad desde y entre las izquierdas porque, muchas veces, tal parece que se carece de límites y fronteras. Tal apreciación se observa nítidamente con lo que se admite y se expone sobre la Revolución Cubana de manera continuada, incluyendo fotos vulgares y artículos nada serios y mucho menos rigurosos.

Para demostrar esa tendencia transcribo parte de la protesta de una autora, Nancy Valiño, quien expuso sin ambages que “[...] Cabe preguntarse entonces porqué se producen estas “coincidencias” -de publicación- con los medios de desinformación arriba mencionados (se refiere la autora a la FAES, en España, y lo que se escurre desde cada ONG financiada desde el imperio por la USAID o la NED, etc.) que trabajan abiertamente con fines contrarrevolucionarios, esos mismos que KAOS intenta contrarrestar mediante su accionar de información alternativa [...] Recordaremos que hace unos cuantos días, en estas mismas páginas de KAOS podíamos ver un reportaje de características similares, dedicado entonces a la supuesta prostitución infantil en Cuba (el de Tele5), cuyo propósito fuera rápidamente desenmascarado no solo por los lectores sino también por diversos y numerosos sectores de la solidaridad española, entre otros. Entonces KAOS no tuvo ninguna duda sobre lo que se trataba y supo mantener un perfil alternativo, contribuyendo así a contrarrestar las pretensiones difamatorias de los autores de dicho programa televisivo [...] No es de mi interés centrarme aquí a analizar la participación contrarrevolucionaria que artículos como estos ha facilitado; la trollística labor de esos pocos foristas que han venido proliferando con sus “opiniones” en cuanto foro sobre Cuba se abre en KAOS es a fin de cuentas inocua y hasta pintoresca, por más diatriba y empeño le coloquen colgándose en la página [...] Lo interesante sería que KAOS pudiera explicar el grado real de espacio que procesos como el cubano, con sus diferentes visiones, puede esperar para dar a conocer opiniones y experiencias en esta página, facilitando la información y el debate entre revolucionarios. Para lo otro, ya son suficientes los espacios de difamación y calumnia que el imperio dispone en su obsesión de hundir Cuba y la revolución”. (Nancy Valiño Acerca del anónimo “Indiferencia”, publicado en sección Cuba, en Kaosenlared, 2008).

Por mi parte, a pesar de las ambigüedades exhibidas, continuaré redactando textos en defensa de la Revolución Cubana y otras causas justas que se libren en cualquier lugar del mundo y no dejaré de agradecer al Consejo Editorial de Kaosenlared la colocación de mis trabajos, cortos y largos, en sus páginas. He asumido siempre la máxima que ningún espacio debe dejársele libre a los que critican a la Revolución. Si la batalla es en el terreno de las ideas, hay que ganarla con los pensamientos, como expresara el Apóstol de la independencia de Cuba José Martí, pero siempre con pensares y acciones racionales, dialéctico-lógicos y auténticamente revolucionarios. Nunca utilizaré una palabra obscena y vulgar contra mis oponentes, aunque no cejaré en tratar de denominar, en los términos que encuentre más apropiados, a esos que hipercritican todo, con el objetivo de no dejar lugar a dudas, de sus pretensiones abiertas y encubiertas muy intencionadamente negativas hacia Cuba socialista.

En la historia más reciente ese idioma del engaño, desde la semántica, los juegos lingüísticos y el simulacro desde la política fue algo que aconteció, por ejemplo, en el proceso de la Perestroika soviética cuando los autodenominados “reformistas”, “aceleradores”, “demócratas” y “socialistas” de la glasnost (transparencia informativa) y del nuevo pensamiento en las relaciones internacionales acusaron a muchos de los verdaderos revolucionarios y comunistas de “estalinianos” y “conservadores”, y bajo esas designaciones arbitrarias fueron expurgando a los individuos y grupos más consecuentes de los aparatos de dirección de la sociedad soviética, desprestigiando al partido y sus militantes -aunque es cierto que existía un anterior deterioro y corrupción en el aparichk-, para al final sustituirlos, con la ayuda de los auto-conversos y las agencias especiales capitalistas, por aquellos que provocaron el roll back del socialismo en ese país y lo condujeron hacia el capitalismo más salvaje.

Como conocen que las experiencias históricas fueron aprendidas por los revolucionarios cubanos y sabiendo que en Cuba no van a existir silencios cómplices, ni entregas ignominiosas de las banderas de la dignidad de la patria soberana, independiente y socialista, ni tampoco el gobierno cubano va a proceder al encarcelamiento y censura extrema de todo aquel que comente una inconformidad y un desacuerdo -sino lean lo que el cantautor Pablo Milanés ha estado declarando y diciendo desde España recientemente, (2) y regresa siempre a Cuba para dar sus conciertos-, no les queda más remedio que azuzar campañas de miedo, advirtiendo sin cesar además que si no cambiamos de forma acelerada los contenidos y formas de nuestro modelo socialista, nos encaminamos irremediablemente al desastre.

En ese caso, la intencionalidad y la manipulación “científica” es más evidente cuando se proclaman futurólogos y ven en todos los derroteros trazados -las medidas que han sido tomadas paulatinamente- sean de un tipo o de otro, un Apocalipsis irremediable para el socialismo cubano. Defensores de una pregonada diversidad y heterogeneidad “conceptualista” y practicista no admiten, sin embargo, nada que no sea lo que ellos escriben en raras entelequias políticas, económicas, sociales, ideológicas y culturales -podemos darles el marbete hasta de filosóficas- muy peligrosas para una Isla tan cercana a los EE.UU., su adversario principal, si se perdiera el consenso de apoyo mayoritario de la población a su independencia y socialismo nacional, que parecen promover de forma consciente, “ingenua” y premeditadamente con los persistentes llamados a disentir de todo lo que se proyecte realizar o se lleva a efecto. Para mayor coincidencia histórica, con los ejemplos del llamado socialismo real. están incitando a un aceleramiento en los cambios, a una mayor democracia -con tufillo liberal-, a utilizar el sistema de cooperativas y asociaciones libres de productores como forma esencial en la economía de la Isla, a cambios en la Constitución de la República y hasta lanzaron, antes del llamamiento al VI congreso del partido comunista cubano, un proyecto programático donde se expone sin ambages que el papel rector de esta organización de vanguardia debe eliminarse, y convocan a “foros políticos” de internautas en apoyo de tales proyectos que desean convertirlos en plataformas de obligada lectura y aprobación por todos los que tienen acceso a Internet.

Sin embargo, en ocasiones, no es tan fácil leerlos y comprender a las claras sus reales objetivos pues se dan el lujo de citar constantemente a Marx y Engels, a Martí, Fidel, al Che y Raúl, entre otros destacados teóricos y políticos revolucionarios, y luego lanzan sus interpretaciones muy confusas y enigmáticas, hasta para sus partidarios, quienes les reprochan e interrogan cuáles posiciones tienen y que aspectos critican en tan variados tonos, formas y contenidos, tan ambiguos y contradictorios. ¿Serán anarquistas y trotskistas trasnochados y, además, postmodernistas -de derecha- con un disfraz de izquierda marxista radicalizada? ¿No se percatan a quienes atraen hacia su lado y a quienes perjudican?

No es que presupongamos que cualquier crítica pueda resultar absolutamente infundada, incluso aquella que provenga del campo de los adversarios, opositores y los renegados. Hemos aprendido del leninismo y del pensamiento de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara que una información contentiva de una media mentira, con verdades manipuladas tiene su posible referencia en una realidad tangible o no, que a veces no es percibida ágilmente por los que están inmersos en la hechura teórica, ideológica y política de la obra revolucionaria. Aunque siempre la Revolución Cubana y sus ciencias sociales han declarado que su proceso socialista no es perfecto y si perfectible, tampoco se asumen los cuestionamientos con una actitud de negación metafísica, venga de donde venga, porque ello podría conllevar a un enclaustramiento muy escolástico que es antagónico al desarrollo de una teoría marxista y martiana, socialista creadora y original que, como sabemos, surgió en la crítica y la autocrítica continuada, como medio de auto-superación y que posee todas las potencialidades más eficientes para el uso adecuado y constructivo, precisamente, del arma de la crítica y en la correlación directa y dialéctica con la crítica de las armas.

No podemos temer a las disensiones y a los opositores -que siempre han existido a lo largo de la historia de la humanidad-, porque muchas veces la autocomplacencia, el triunfalismo y la apología desmesurada, conjuntamente con el dogmatismo pérfido, (3) han realizado más daño a la etapa de construcción del socialismo, que las duras críticas y autocríticas que ayudan a corrigen su rumbo. Tales asonadas hipercríticas de los denominados disidentes, los liberales burguesas y los neoconservadores de toda laya pueden llegar a ser, a fin de cuentas, un pequeño botón de muestra de que algo o muchas cosas no están funcionando bien en nosotros mismos, y entonces lo recepcionamos críticamente midiendo su dimensión cuantitativa y cualitativa, porque, lamentablemente, casi siempre son tremendistas.

Y eso lo conocen, lo comprenden y lo intentan responder y solucionar todos los que están comprometidos con los procesos de rectificaciones de los errores, deficiencias e insuficiencias dentro de Cuba -teniendo como antecedente inmediato aquel iniciado entre 1984-1986 hasta 1990, que hubo de posponerse por la implosión del denominado “socialismo real”-, y siempre junto al pueblo trabajador y de toda la sociedad cubana en su enorme diversidad socioeconómica, clasista, multirracial, política e ideológica, pluricultural y espiritual. Como escribiera acertadamente el sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal “[...] No se trata de no tener prejuicios teóricos sino de tener los prejuicios teóricos correctos”. Al que podíamos solo cambiar una palabra: no se trata de no tener prejuicios políticos sino de tener los prejuicios políticos correctos. Y agregaríamos, todo ello con ética revolucionaria.

El marxismo y sus núcleos duros.

Nada más difícil e imposible para un saber o ciencia filosófica-humanística, reflexiva y transformadora, que construir un sistema de principios eternos e inamovibles, porque ninguna teoría social puede ser cerrada ante los cambiantes tiempos y espacios de la realidad. La dialéctica y el historicismo han brindado demostraciones tangibles que lo auténtico y lo genuino están siempre en permanente movimiento y que los momentos de relativa inercia, quietud y hasta de unidad -de variados contrarios- son muy efímeros, especialmente, en los cuerpos societales.

En el caso específico del marxismo creativo e innovador, ajeno a la letra muerta, calcada y vulgar, y si muy congruente con el espíritu crítico-reflexivo y su praxis transformadora revolucionaria, debemos comprender que estamos en presencia de una teoría y metodología científica, una cosmovisión del mundo, una concepción materialista de la historia, una filosofía de la práctica, una guía para la acción, una lógica y una dialéctica viva, así como ante un conjunto de valores epistemológicos, éticos y humanistas, también ecologistas, de una elevada trascendencia. Estos serían sus primeros núcleos duros, los más esenciales. Sin embargo, sus fundadores Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin, así como sus auténticos continuadores jamás pensaron enclaustrar sus pensamientos y accionares en fórmulas y esquemas preconcebidas y dictaminadas a priori. Las denominadas crisis teóricas y prácticas del marxismo, también lógicas y dialécticas, nunca han sido terminales porque más que todo poseen un problema a solucionar de continuidad-ruptura que tiene, por sí, un carácter superador, dado por la naturaleza de su búsqueda incesante de la justicia social, la equidad, la igualdad y la libertad colectiva e individual, todos principios reflexionados y practicados de manera integral.

En el caso de los Estados-naciones, los nacionalismos y los pueblos que integran una nación determinada, aunque en momentos de su historia algunas variantes del marxismo subestimaron las luchas nacionales y el nacionalismo patriótico y universalista -si no se complementa con lo segundo es y será un nacionalismo estrecho, aldeano vanidoso o xenofóbico-, el marxismo se plantea el deber y el poder existir de esa nación y su Estado correspondiente en cada país, como derecho legítimo a la autodeterminación de cada pueblo en procurarse el gobierno y régimen político que desee y gane en el combate nacional liberador y social. Esto significa la independencia, soberanía y seguridad nacionales combinadas con la solidaridad complementaria y el internacionalismo socialista. Por eso la teoría se trazó como misión, a lo endógeno y lo externo de los países, la eliminación de la dependencia y el clientelismo hacia las metrópolis externas capitalistas-imperialistas, el poner fin al atraso y la deformación estructural de la economía, con sus secuelas sociales de explotación, opresión, racismo, discriminación, así como de marginación, pobreza extrema y exclusión. En ese sentido el Amauta Peruano, José Carlos Mariátegui, defendió en época tan temprana, como la década del 20 del pasado siglo, a los pueblos originarios de su terruño natal, dándoles un lugar protagónico en el batallar por un socialismo indoamericano, muestra elocuente de un marxismo adecuado a una realidad nacional, pero también continental, en la que los indígenas son parte y todo de nuestra propia naturaleza y sociedad. No podrá haber, ni puede existir el intento de mexicanizar, peruanizar, entre otros ejemplos, a ese originario porque el tiene ganado su espacio y tiempo anterior al conquistador y colonizador, al criollo y el nacional -porque el mismo lo es- y, por lo tanto, tiene plenos derechos a su autonomía dentro de los marcos de un Estado plurinacional o multinacional, como lo han refrendado las constituciones de Bolivia y el Ecuador, con sus semejanzas y diferencias.

Pero como meta final de esa etapa de tránsito, de construcción del socialismo hacia el comunismo, está la extinción paulatina del Estado, las clases y los antagonismos entre las mismas, hecho que comienza imperceptiblemente a suceder desde el inicio del triunfo del socialismo. No obstante, ante la realidad palpable de que el proceso de desconexión hacia el sistema-mundo capitalista no se ha logrado por parte de ninguna organización comunista y movimiento socialista auténtica desde el poder, es inevitable que ese Estado deba fortalecerse y cohabitar con la existencia de los pueblos (nacionalidades, etnias), las diversas estratificaciones socioclasistas existentes a lo interno y países con gobiernos de todo el espectro ideopolítico, por un largo período de tiempo.

Por lo que debe introducir en sus prácticas, paulatinamente, las maneras experimentales-alternativas y permanentes de diversas formas de producción, reproducción y distribución más descentralizadas, aunque las proporciones de esas variantes sean, por su peso económico, mucho menor que el del resto de la economía estatal. Toda forma cooperativa y de auto-gestión pueden introducirse controladamente y, regulándose por el Estado socialista, pero sobre todo por los propios ciudadanos, en el sentido de educarlos en la co-responsabilidad en los asuntos económicos, políticos y sociales, jurídicos, morales y culturales, y evitar que se sientan enajenados y alienados, por deficiencias burocráticas en la democracia participativa de los procesos productivos. Esa participación popular se constituye definitivamente en la parte decisoria, conjuntamente con su capacitación educacional, cultural e ideopolítica integral, del proceso constructivo socialista. Y ese proceso no puede ser un paso voluntarista, porque existen fuerzas enormes a lo interno y lo externo que se contraponen a su crecimiento y desarrollo.
Asimismo el marxismo delineó la unidad en la diversidad de las clases, pueblos explotados y oprimidos, y llamó a las naciones que transiten por las vías socialistas, ya sean a través de la revolución y/o la reforma, hacia la urgente articulación de las fuerzas revolucionarias a lo interno y, en nuestro caso de los pueblos latinoamericano-caribeños, el Sur geopolítico, a la integración-unidad de las naciones, en función de las grandes mayorías, sin menosprecio, subestimación u obviando las demandas de las minorías. Quizás en esa etapa integracionista los Estados-naciones puedan ceder parte de su soberanía, de forma relativa, que no es lo mismo que una soberanía limitada, en aras de esa integración complementaria-solidaria en lo político, económico-comercial-financiero, lo social y cultural, y que no elimina las diversidades, sino que las incluye.

Esta teoría marxista representa y se contrapone de forma dialéctica a otros cuerpos filosóficos especulativos y abstractos, empíricos y fenomenológicos, existencialistas y psicologistas, idealistas -objetivos y subjetivos-, entre otros, pero no con un rechazo absoluto y ciego hacia esas corrientes y tendencias, sino a través de diálogos constructivos, contradictorios y hasta posiblemente antagónicos, para enriquecer y tomar lo más positivo del pensamiento universal y enriquecer su acervo, con principios electivos-selectivos críticos.

Esa etapa copista y mimética de manuales y prácticas socialistas que muy poco tenían que ver con la teoría marxista en su espíritu, la vivimos en Cuba y comenzamos a rectificarla con orden, mesura y buscando posibles respuestas en nuestras mejores tradiciones patrióticas y culturales, en el pensamiento martiano y el marxismo a nivel latinoamericano-caribeño y universal, para reencontrarnos en una etapa superior con esa necesaria articulación o hibridación-síntesis dialéctica que nos permita consolidar un pensamiento teórico a la altura de los tiempos que transcurren. El propio máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro lo expresó, en la inauguración del IV Congreso del PCC, el 10 de octubre de 1991, de la siguiente manera: “[...] Nos percatamos de que una parte de los problemas que teníamos era como consecuencia de la copia de experiencias de los países socialistas, puesto que fueron los primeros y los que alcanzaron un enorme prestigio, no todo malo ni mucho menos, sería injusto decir eso. Siempre hay experiencias útiles en muchos campos que pueden utilizarse, pero desgraciadamente en nuestro país se cayó en una tendencia a la copia mecánica; todo lo que de allí venía era sagrado, todo lo que venía de allí era incuestionable, todo lo que estaba en un librito era indiscutible. Esa tendencia se desarrolló con notable fuerza y lo digo sinceramente no con poco desagrado por parte de algunos de nuestros compatriotas”. (4)

Cinco años antes, en el discurso pronunciado durante la clausura del V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Fidel había argumentado sobre la necesidad de estudiar y conocer sobre el marxismo creador: “[...] Por eso hablábamos de la instrucción revolucionaria, del marxismo-leninismo, que es una teoría revolucionaria que hay que aplicarla de una manera consecuente, de una manera revolucionaria. Hay principios que no se pueden olvidar [...] la aplicación viva, consecuente, revolucionaria, de las ideas del marxismo-leninismo. Los hombres interpretan e interpretan de muchas maneras diferentes, ¡pero nosotros debemos tener nuestra forma de interpretar las ideas revolucionarias del marxismo-leninismo!” (5)

El marxismo en Cuba encontró terreno fértil desde la segunda mitad del siglo XIX, con serias limitaciones. Y su asimilación crítica, que hoy continúa, sufrió y sufre los avatares de la lejanía eurocéntrica de este cuerpo filosófico y revolucionario, de las traducciones y versiones tardías e insuficientes de los textos de los clásicos y sus continuadores, y hasta de los errores y deficiencias del accionar de los propios marxistas, entre otras izquierdas cubanas y del movimiento socialista y comunista internacional. Pero estas ideas llegaron para quedarse. Cuando en agosto de 1925 surge el primer partido marxista-leninista en la Isla no fue un hecho fortuito o un traslado extemporáneo de concepciones ajenas a la realidad nacional. No fue extraño entonces encontrarse a Carlos Baliño creando junto a José Martí al Partido Revolucionario Cubano (1892) y luego verlo fundando, al lado de Julio Antonio Mella, al Partido Comunista de Cuba. Más tarde no es tampoco una rareza observar y ver a Fidel Castro creando, de lo mejor de las miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y del Partido Socialista Popular -las fuerzas fundamentales que batallaron contra la tiranía de Batista, aunque no las únicas-, al Partido Comunista de Cuba, el 3 de octubre de 1965. Los sólidos puentes históricos a través de las mejores tradiciones y generaciones revolucionarias se realizan cuando el espacio que separa las riberas de la historia popular, necesita de urgente comunicación y continuidad-ruptura superadora.

La explicación de este proceso, en sus esencias, fenómenos y mediaciones, deben ser lúcida y brillante. No valen comparaciones metafísicas y mucho menos forcejeos teóricos para tratar de encajar la realidad en los conceptos, las leyes actuantes en una etapa con la vida real de esa o de otra. Ni la República de Martí era socialista, ni la que proyecta el proceso revolucionario cubano coincide totalmente con la martiana, lo que se trata es de las esencias de ambos cuerpos de ideas y de las prácticas, del alma de esas concepciones, de los puntos de identidad o coincidencia en cuanto a valores nacionales-patrios, éticos, solidarios, de equidad y justicia social. De aquellos valores que resaltan la necesidad de la integración y unidad de los países de Nuestra América desde el latinoamericanismo, el antirracismo y el antimperialismo militante hasta la dignidad plena del hombre, la moral y la ética humanística que enarbolan en cada instante y espacio, acorde al momento sociohistórico concreto. Un ideario se complementa con el otro, con un elemento condicionante fundamental: el quehacer creador cotidiano, específicamente temporal y espacial, que debe rebasar las expectativas de ambos proyectos. La historia de Cuba, la pasada, la presente y la futura no podrá realizarse sin las ideas martianas y marxistas, como tampoco deben reducirse todo a estos ideales y accionares, y no verificar las influencia de otras escuelas de pensamiento en el decursar histórico cubano, pero estas son las esenciales.

La filosofía marxista, en su actual crisis de superación que ciertamente ha tenido un espacio-tiempo muy dilatado, está asumiendo un rol cada vez mayor en la polémica, aunque es deseable y necesario que formule valoraciones generales y universales, así como particulares y singulares para cada localidad, nación, región e internacionalmente, con fines diagnosticadores pero también propositivos, basados en las diversas realidades sociohistóricas y políticas concretas de la vida real. Sobre su situación real en Cuba el destacado politólogo, Fernando Martínez Heredia afirmaba, en el año 1995, que “[...] mi impresión es que el viejo “marxismo-leninismo” aún funciona, como una rueda cada vez más suelta, en unos casos desvaído y en otros ligeramente remozado y mezclado con ingredientes “occidentales” [...] lo más visible es una suerte de vacío ideológico aparente. Me preocupa mucho que la agonía vergonzante del “marxismo-leninismo”, que durante 20 años fue confundido con todo el marxismo, aumente el desaliento y la confusión actuales. Hay que evitar que esa ideología arrastre en su caída a todo marxismo posible”. (6) Y el filósofo José Ramón Fabelo, expresó que eran muchas las limitaciones de aquellas formas de interpretar el marxismo y el leninismo como la “(…) excesiva dependencia de la política, exagerado optimismo histórico, limitado filo crítico hacia la realidad socialista, elementos de teleologismo y de universalismo abstracto, visión cerrada y conclusiva de la teoría de Marx, Engels y Lenin, negación absoluta de todo posible aporte realizado en los marcos de filosofías no marxista, etc.” (7)

Y aún en nuestros días, luego de cerca de 19 años de Período Especial, se puede percibir que en Cuba, el marxismo auténtico y creador -o los marxismos, porque indudablemente son plurales y tienen gentilicios según los países, movimientos sociales y políticos y modelos- ha perdido relativamente el espacio hegemónico intelectual y político en el seno de la sociedad y la cultura política, con una repercusión inmediata en el sistema de enseñanza nacional y en los procesos formativos de las nuevas generaciones de cubanos, así como en su presencia en las interpretaciones y análisis de los problemas sociológicos, económicos, psicológicos etc., y en algunos discursos de la propia política ejercida que, aunque enuncie su profesión de fe hacia el mismo, (8) aun parece (des)-apuntar hacia varias cosmovisiones y cuerpos teóricos-filosóficos produciéndose, lógicamente, un eclecticismo muy paradójico o contraproducente para el socialismo cubano que queremos redefinir y reconstruir. Y estamos hablando de un marxismo coherente, sistémico e integral como teoría, como guía y método. La celebración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en este año 2009, puede realizar un aporte esencial en ese redimensionamiento y reactualización del presente y el futuro marxista-socialista, a corto, mediano y largo plazo.

No obstante, en estos duros y difíciles años de Período Especial en Tiempos de Paz -comenzado en septiembre de 1990, el cual no ha culminado- que continúa significando una difícil crisis económica con su secuelas sociales y conflictos de valores en la vida espiritual del cubano, colectiva e individualmente, y que nunca constituyó una crisis de ingobernabilidad e inestabilidad política, estamos tratando, paulatinamente, de reconstruir una teoría marxista y martiana articuladoras, pero reconociendo que el esfuerzo no es aún suficiente, porque pasan, y que se basan, en la ideología y la política, la ciencia, el arte de gobernar y ejercer el poder popular, las relaciones entre dirigentes-dirigidos, todos atravesados perpendicularmente por la ética.

Por lo que es urgente revisarla -sin sentido peyorativo-, revitalizarla y hasta reinventarla como expresó Alfredo Guevara, destacada figura intelectual cubana, y relanzarla hacia el presente-futuro. Ya que siendo una teoría y práctica subversiva-revolucionaria está necesitada de profundas transformaciones internas para convertirse en una guía para la acción en la contemporaneidad, no sólo para Cuba sino a nivel continental y planetario. Por ello, ya en nuestros días se dan pasos inteligentes para su reimplantación renovada en el sistema de enseñanza superior, para luego re-introducirla en los niveles secundarios y preuniversitarios, incluso en las Sedes Municipales Universitarias (SUM). Esos intentos intelectivos deben y tienen que ampliarse hacia los medios de comunicación e información masivos y los demás espacios culturales de la sociedad antillana.

Los tiempos de cambio no sólo son de incertidumbres. Más que todo, en las épocas transicionales -y esta es una de ellas a nivel planetario- se crean dudas e interrogantes permanentes, pero urgen de transformaciones que tienen a su vez que ser repensadas profundamente por el carácter muchas veces efímero y apresurado de lo que acontece, por lo que es un riesgo albergar rapideces en los necesarios cambios si no se definen diáfanamente los potenciales y las tendencias auténticas que, además de ser reales, forman parte de otras muchas que no son fundamentales, por lo que la espera, esa que algunos plantean agota, rutiniza e inmoviliza, se convierte en un momento de reflexión necesaria. La máxima marxista de que hay que transformar al mundo, no ignora o anula la permanencia de repensar también continuadamente en el mismo.

Aunque la espera no ha sido parte de la historia pasada, presente y futura de Cuba, sino el cambio inmanente de un pueblo nuevo en ebullición. Es la resistencia activa, aquella incluyente del desarrollo material y espiritual la única alternativa que resulta eficaz. Y eso no se construye armando pasarelas intelectuales -como si estos fueran el ombligo del mundo- entre las dos orillas que demarca el Estrecho de la Florida, sino que debe decidirse en Cuba, aunque podamos tender la mano a aquellos que aun en la emigración no han perdido sus raíces, incluso a lo mejor del pueblo norteamericano y de otros pueblos, en un intercambio de todo tipo sobre la base del respeto mutuo. Pero ese cambio es fundamentalmente a lo interno y ello no tienen cabida los apartidas y mercenarios, aquellos que Martí denominó sietemesinos.

El Hombre Nuevo, del que habló y escribió el Comandante Ernesto Che Guevara, que no es más que la transmutación del Sujeto Popular -el pueblo en su riqueza heterogénea de todo tipo- en el Sujeto Histórico-Político que será el hacedor principal en esta novísima etapa. Pero requiere de mecanismos de construcción desde muchos ángulos, y no será nunca un proceso natural espontáneo el que coadyuve a esa transformación, no exenta de grandes obstáculos, que debe permitir llevar a cabo la “labor filosófica” -como afirmaría Antonio Gramsci- con el fin de elevar el nivel educacional, político-ético y moral de ese sujeto popular, y ello se logra con revoluciones culturales y morales incesantes para escalar niveles superiores en el desarrollo de la cultura política-popular revolucionaria socialista. Ese sujeto histórico-político, nacido del sujeto popular, debe crecer y desarrollarse en todos los sentidos, con vistas a lograr la hegemonía ideológica y política, ética, cultural y científica -en donde estará en el lugar que le corresponde, la filosofía, por su carácter integral-generalizador-, porque solo ese es el camino real para proceder a la continuación y superación, con las inevitables rupturas, de la tarea de concientizar a los actores sociales -hoy redimensionados en el cuerpo societal- que deben proseguir el acto creador e histórico de construir el socialismo.

El núcleo duro y esencial del marxismo.

Pero el marxismo, como teoría compleja, que nació y se desarrolla constantemente con los adelantos de la ciencia y la técnica, más los nuevos e infinitos conocimientos de las ciencias sociales y humanísticas de todos los tiempos, en las esferas de la vida material y espiritual, tiene su núcleo duro y esencial, (9) no tan determinista como han querido imputarle, ni tampoco tan relativista a ultranza como han querido revestirlo, entre otros, los neomarxistas, los deconstruccionistas y los postmodernistas de derecha. La dialéctica marxista no es un material ni una idea elástica, moldeable a cualquier circunstancia y capricho de los hombres y la naturaleza, en la que ambos conviven mancomunadamente en esa realidad holística, sino que opera en la objetividad y la subjetividad relacional, incluyendo las intersubjetividades, en una intervinculación socioeconómica, política, ideológica, cultural urgente, transicional, efímera y durable. Aunque no podemos re-caer en el viejo y aún presente error de que la sobre-suficiencia de la razón instrumental y la penuria de los valores éticos y morales humanistas -que enunciaron en su momento los mejores exponentes de la modernidad- no sean cumplidos otra vez y se desvíen destructivamente las vías de los conocimientos científicos y sus resultados en la práctica societal. Nuestra imaginación y conciencia social, política y cultural tiene ahora, por experiencias y enseñanzas de la historia, que estar a la altura de la imaginación científica y tecnológica. De que forma se resolverá ese dilema nos va la supervivencia como especie humana.

Ese núcleo duro y fundamental, del que hemos ya expuesto partes importantes, además de ser flexible táctica y metodológicamente, está diseñado para acoger las dinámicas y tensiones, contradicciones antagónicas y no, objetivas-reales y subjetivas-ideales, para reajustarse, readaptarse y re-articularse con otros pensamientos y accionares revolucionarios. Pero tiene el marxismo, para este autor, los siguientes principios inalienables, sumados a los anteriormente enunciados:

A) El carácter científico -no cientificista- de sus explicaciones e interpretaciones acerca de las leyes fundamentales que rigen el desarrollo de la historia de la humanidad y, en especial, aquellas regularidades del modo de producción capitalista y la obtención de la plusvalía -el super-plus o la superganancia- por la burguesía explotadora y opresora, propietaria privada de los principales medios de producción, objeto central además de su crítica demoledora y hasta ahora tesis irrebatible, a pesar de la existencia y supervivencia de este sistema y sus formas de re-acomodarse a las diferentes problemáticas, tal como sucede en la actualidad en su etapa imperialista mundializada-transnacionalizada y neoliberal y sus crisis cíclicas que, en este momento, se prefigura como una crisis múltiple -económica-financiera, alimentaria, energética y ecológica- de carácter estructural;

B) El lugar de la práctica en la teoría del conocimiento como comprobación-demostración y criterio de la verdad;

C) El despliegue de las leyes objetivas que rigen, con sus mediaciones inevitables, en las formaciones económico-sociales, en especial, la dialéctica de la correlación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, las inter-vinculaciones de las formas de propiedad en ese sistema y, como correlato, las que subsisten en el propio socialismo, etapa de tránsito hacia el comunismo;

D) El estudio serio y riguroso de los factores que intervienen directa e indirectamente -las denominadas mediaciones- en el proceso de producción de la conciencia humana, su cultura y sus comportamientos (las costumbres, las idiosincrasias, las religiones, el arte, la estética, los ritos, los mitos, el folclor, la psicología social e individual, la sociabilidad y vida cotidiana etc.), y las formas que adoptan en las heterogéneas realidades sociohistóricas concretas, en las cuales las condicionantes económicas son “en última instancia” las que influyen en la definición de las formas de esa conciencia, pero que no significa que el factor subjetivo, en mayo grado de lo que anteriormente se suponía, desempeñe un rol importante y determinante en los cambios que se suceden en las diferentes sociedades históricamente determinadas;

E) El papel impulsor de las clases y la luchas de clases como motor de la historia y su papel en las revoluciones, hasta arribar a la Revolución Social superior: la comunista, cuya etapa de tránsito -no tan efímera en el tiempo como se pensaba optimistamente- es el socialismo, y que conduce hacia la eliminación del Estado y a la propia existencia de los antagonismos de clases, pero que asume esta realidad socioclasista como una esencia no reduccionista, sino que tiene en cuenta las otras diversidades sociales: las étnicas-nacionales, las raciales, las de género, las sexuales, las comunitarias, las generacionales, las lingüísticas, las culturales, etc., así como los emergentes y presentes nuevos movimientos sociales y políticos, aún necesitados de articulaciones duraderas;

F) El marxismo tiene que ser ampliamente democrático, dialogador y polémico. Aunque al interior del partido, históricamente construido, se practique el centralismo-democrático, en el cual la minoría se suma al consenso logrado por la mayoría de sus miembros seleccionados por su ejemplaridad y méritos, combatividad y espíritu de sacrifico, esa democracia debe ampliarse más allá de la propia organización que tiene que re-constituirse el Partido de la nación Cubana, como se proclamó en el V Congreso de 1997.

Pero por naturaleza, el socialismo es democrático. Aunque hoy día no utilicemos el término de dictadura del proletariado, por su connotación semántica y atemporal de contenidos, el significado leninista de la misma -al cual hizo aportes imprescindibles Rosa Luxemburgo y otros marxistas en las diferentes épocas- mantiene vigencia, porque no es que exista un socialismo democrático -paradoja repetitiva si no lo es-, sino que la democracia socialista de y para las mayorías, en sus distintas etapas de desarrollo, en los cuales existen momentos de estancamientos y retrocesos, por coyunturas internas y externas, es un hecho intrínseco consustancial al socialismo.

Uno de los fallos del socialismo que se desarrollaba en los países del campo socialista centro y este europeo fueron las limitaciones de los marcos democráticos del sistema, que no pueden reducirse a los actores sociales anteriormente explotados y oprimidos sino que tiene que incluir a todos los miembros de la sociedad civil y política que varía en su composición y estructura, educación cultural y preparación ideológica y política en el proceso transformador socialista, por muy conflictivos que se comporten en el seno del cuerpo societal. Porque el socialismo tiene la misión de persuadir ideopolíticamente a todas las clases, capas, grupos, sectores, estratos, segmentos y estamentos de la población, para ganárselos a la causa común, en dinámicas muchas veces tensionales;

G) El marxismo reflexiona y trabaja con los mecanismos objetivos y subjetivos que propician la enajenación / alineación y la cosificación / fetichismo, con el fin de revertirlos. No obstante, reconoce que estos se reproducen metabólicamente -del modo de producción capitalista- en el nuevo sistema, y que convierte en mercancía a todo objeto y sujeto, y no únicamente a nivel de los países que asumen ese sistema de dominación múltiple del capital sino que abarca a todos en el planeta Tierra, permeando y absorbiendo a las otras formas precapitalistas y postcapitalistas, porque es un sistema-mundo capitalizado -eurocéntrico y también norteamericanizador- que lo realiza a través de las relaciones existentes en ese mercado capitalista absolutizado con su sacrosanta propiedad privada, y también por los vínculos económicos, comerciales, financieros, informatizados, comunicacionales, mediáticos y culturales, del capital, hegemonizante y uniformador a través del denominado pensamiento único. Al que no escapa, lamentablemente, el socialismo en su contenido, al construir la nueva economía política, la cultura política y las formas de hacer política y democracia.

Estos principios, o el denominado “núcleo duro” del marxismo, también lo poseen otras ciencias sociales integrales, específicamente las filosóficas de cualquier escuela, tal como afirma Imre Lakatos, (10) pero con diferenciado carácter, sentido y contenido. De ninguna manera constituyen un recetario de normas invariables para todos los tiempos y espacios sociohistóricos, ni siquiera son fórmulas esquemáticas para aplicarlas mecánicamente. Recordamos ahora un graffiti escrito en una pared de una ciudad sudamericana, en la década del 90 del pasado siglo, en el que se leía: “¡Cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas!”, lo que denota que no hay recetas de solución finiquitada para todas las interrogantes, porque específicamente la vida social muta, se transforma continuamente y hay que estar preparados para investigar, estudiar y buscar posibles satisfacciones a viejas y nuevas problemáticas conflictivas. Ni practicismos divorciados de la teoría, ni teoricimos divorciados de la práctica. Eso significa la muerte del marxismo y de otras corrientes de izquierda, a las cuales les dedicaremos la segunda parte.

Notas bibliográficas y referencias:
(1) Orlando Cruz capote “Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas”, en Cubacoraje.cu, martes, 16 de diciembre de 2008 y Kaosenlared.net, diciembre de 2008.
(2) Pablo Milanés “El cantante cubano Pablo Milanés crítica al gobierno cubano de Raúl, en Kaosenlared.net, 15 de julio de 2008; “El socialismo cubano se ha estancado”, en Kaosenlared.net, 29 de diciembre de 2008.
(3) Claudio Katz “Los efectos del dogmatismo I.; Catastrofismo”; Esquematismo II, en http:// www.rebelión.org /
(4) Fidel Castro Ruz “IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. Santiago de Cuba, 10-14 de octubre de 1991. Discursos y documentos”, Editora Política, La Habana, 1992, p.43.
(5) Fidel Castro Ruz “Discurso de Clausura en el V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (7 de abril de 1987)”, en Por el Camino Correcto, Compilación de textos, 2da Edición, Editora Política, La Habana, pp. 137-138.
(6) Fernando Martínez. Heredia “Izquierda y marxismo en Cuba”, en Temas, No. 3, oct.-dic., La Habana, 1995, p. 23.
(7) José Ramón Fabelo Corzo “La filosofía y el socialismo en Cuba”, Revista Cubana de Ciencias Sociales, No. 36-37, Instituto de Filosofía, La Habana, jul/05-may/2006, p. 145.
(8) Orlando Cruz Capote “La Identidad Nacional y el Socialismo en Cuba. (1985-2007)”, Revista Cubana de Filosofía, No. 7, Septiembre- Enero, 2007, ISSN: 1817-0137. www.filosofia.cu
(9) Hemos utilizado el texto de Pablo Guadarrama González “El “núcleo duro” de la teoría marxista y su afectación por la crisis del marxismo” en, Humanismo, marxismo y postmodernidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998, pp. 244-261; pero le hemos realizado algunas reactualizaciones y readecuaciones propias.
(10) Imre Lakatos La metodología de los programas de investigación científica, Alianza Editorial, Madrid, 1983.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Un vuelo desde Cuba con polémica

polillabaez @ 05:28

Suelo cubano desder el avionUna cadena de tópicos, de expresiones de manual anticomunista básico y de falta de respeto, se dio hace unos días en un vuelo que salió de La Habana con destino Madrid. Todo comenzó en la fila de facturación de equipajes del aeropuerto José Martí, donde se escuchó, con acento castellano y casi en un grito, la frase, "vámonos ya de este país de mierda". La provocación había comenzado.

"Dentro del avión, la mayoría, compuesta por turistas con sombrero de paja y subidos de tono por el ron habanero, dio la razón al dueño del exabrupto anticomunista, y así se fueron sucediendo frases, desde varios asientos, como que Cuba estaba hecha un gran basural, que no había donde comprar nada (se ve que buscaron algo así como El Corte Inglés y no lo encontraron), que las casas se están cayendo, que los coches son una mierda, que las carreteras son infumables, que hables con quien hables todos se quieren ir del país, que intentan sacarte dinero con todas las estratagemas posibles, que no tienen libertad, que no hay partidos políticos ni democracia, que los jóvenes sueñan con comprar cosas que no tienen, que faltan algunos alimentos, que las mujeres quieren casarse con un extranjero para que las saque del país, que los que viven algo mejor son los que tienen familiares en EE.UU. o Europa y mandan dinero, que hay una casta de funcionarios comunistas que controlan todo y se llevan los privilegios, que abundan las jinetereas, que la gente no trabaja porque ganan la ridícula cantidad de 20 euros al mes... . Al festín se fueron sumando incluso algunos cubanos que residían en Europa, y que aportaron detalles y anécdotas que aspiraban a ser divertidas. Y así, durante un buen rato. Pocas voces dieron la réplica de un modo convincente y la victoria parecía contundente, pero… de la fila 16, ya con el avión abandonando La Habana, se levantó un hombre de unos sesenta años y dijo con voz serena y contundente:

"Buenas noches. He escuchado con atención lo que algunos de ustedes han dicho de lo que, al parecer, acaban de ver en Cuba, y sólo pido diez minutos a la tripulación del vuelo para responder. No se si esa mirada que dicen es producto de lo que traen aprendido desde España o realmente de lo que vieron, de cualquier modo, quiero añadir algunas cosas que, quizás por la premura de tiempo en sus vacaciones caribeñas, no pudieron ver y que pocos le pueden contar.

Les digo que viajo con mi hija, aquí a mi lado que padece de cáncer, en Madrid me dijeron que no estaría demás que en Cuba nos dieran una segunda opinión sobre su enfermedad, porque la medicina es de una gran calidad, tanto, que en vez de exportar armas como hacen algunas potencias capitalistas, incluso España le vende armas a Israel, ¿lo sabían?, Cuba prepara a miles de médicos de familias pobres de todas partes del mundo, incluso de EE.UU. y España, ¿quién lo diría, verdad?, y luego se dedican a curar enfermos en lugares inhospitos de América latina, África y Asia. Es una pena que no hayan podido ver con el cariño y la entrega con que trabajan en los hospitales. Dudo también que conozcan la "Operación Milagro", por la cual, miles, cientos de miles de personas pobres de América latina recuperan la vista de un modo gratuito, ni el programa "Yo sí puedo" por el que cientos de miles de personas han salido del analfabetismo, incluso en España, quién lo diría verdad.

He escuchado con atención a todos ustedes y en más de media hora no han citado la palabra bloqueo, que sino saben les digo, que es un embargo que padece Cuba por parte de EE.UU y que condiciona, y de qué manera, las relaciones con el resto de los países del mundo, bloqueo (quédense con la palabra, por favor, no la olviden) que ha sido condenado en la ONU en decenas de ocasiones. Me pregunto cuánto tiempo hubiera soportado el país al que nos dirigimos una situación similar, un día, una semana, desde luego no cincuenta años, para eso hace falta estar dotado de otro tipo de valores. Valores que no tienen que ver con el consumo de productos que niños tailandeses o laosianos hacen por un céntimo, para que nosotros, ciudadanos del primer mundo, podamos sentirnos felices de poder comprarlos por precios asequibles.

Porque a los que aquí hablaron se les olvidó un detalle, para mantener el consumo que hay en Europa o EE.UU es necesario extorsionar y explotar al tercer mundo, sino las cuentas no salen, no olviden este detalle, por favor. Es cierto, los cubanos ganan poco, pero no lo es menos que tienen casi todo gratis, incluso la comida es, para ellos, barata, la salud y la educación gratuita, por la luz y el agua pagan céntimos, cuando pagan algo, y por si fuera poco, le dan un trabajo y una casa para vivir, que no serán palacios imperiales pero no me negarán que el yugo de la hipoteca o el alquiler condiciona la vida entera de buena parte de ustedes y angustia a muchos de sus hijos.

Dicen que en Cuba hay jineteras y eso es una tragedia, su aparición, desde hace unos años, es un fracaso de esta sociedad que pelea por ser diferente, así lo reconocen ellos mismos, pero, no se ofendan, pero ¿por qué no combaten con el mismo entusiasmo la prostitución en España, ¿saben ustedes que ostentamos el récord de prostitución en toda Europa? y sobre todo, cuántos de ustedes ha venido sólo y exclusivamente a aprovecharse de esta dura realidad que padece Cuba y que ahora critica. Algunos de ustedes dicen que encontraron cubanos cuyo único deseo es emigrar, eso sí, siempre a EE.UU o a Europa, no hay un solo cubano que desee irse a Honduras, a Haití, a Guatemala, a Nicaragua a comenzar una nueva vida como obrero… es decir, no cambian su realidad por ningún país latinoamericano, sus referentes son Europa y EE.UU, sólo esos países, que por cierto, son muy pocos en el contexto mundial, viven mejor que Cuba, ese quizás sea uno de los mayores logros de la revolución, aunque ustedes no lo entiendan nunca.

No los voy a aburrir más diciendo que Cuba es un país económicamente pobre, apenas tiene azúcar, níquel y turismo pero le exigimos como si fuera un país rico y poderoso, como si estuviera ubicado entre Noruega y Dinamarca. Ni siquiera si aprovecharon la posibilidad de comprar libros actuales por céntimos de euro. Sobre la democracia y la libertad, y todas esas palabras prostituidas por el capitalismo, no voy a dar mi opinión porque no quiero que me detengan al llegar a Madrid, en este momento de mi vida que le hago tanta falta a mi hija.

Tampoco pretendo que pierdan más el tiempo con mis palabras, sólo recordarles las virtudes de un pueblo mil veces heroico, que ha parido deportistas, científicos y artistas de primer nivel, y que en este momento ejemplifican cinco revolucionarios detenidos arbitrariamente en EE.UU. no se si conocen el caso. No se tampoco que valoración de todo esto harán si la crisis del capitalismo se acentúa y comienzan a tener serias dificultades en su vida personal. Simplemente me quedo con lo que dicen en Cuba los niños en el colegio, "seremos como el Che", es un deseo, una utopía, un sueño, pero un argumento para caminar buscando una sociedad mejor. En otros sitios se dijo en su día "seremos como Franco" y aquí, en este avión, está el resultado.

Se hizo silencio, desde la cabina se apagaron las luces".

Le dedico esta narración de hechos a mi amigo habanero Carlos Tena.

Jorge López Ave

17/12/2008 GMT 1

Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas.

polillabaez @ 01:42

Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas. Las enseñanzas de la historia.
Por Orlando Cruz Capote

Hace unos meses, en julio de este año, escribí un artículo acerca de la ética y los debates ideopolíticos, teóricos y de opinión que se suceden entre las izquierdas, titulado: “Los principios éticos de una polémica desde la izquierda, difundido a través de algunos medios alternativos digitales. (1)
La intención de aquel trabajo, aunque tenía el propósito directo de defender a la Revolución Cubana y al Compañero Fidel Castro de una interpretación mal encaminada de un miembro inteligente de la izquierda norteamericana, era precisar sin subterfugios que cualquier diferencia puede ser discutible en un escenario privado (o público), en el tiempo oportuno, realizándose siempre con una ejemplaridad y moral individual consecuente con los principios revolucionarios. Y que existen principios político-éticos duros esenciales por lo cuales nos debemos regir para no dejarnos engañar por aquellos que todo lo relativizan o absolutizan, al suponer que las interrelaciones y los nexos reales entre las objetividades, subjetividades e intersubjetividades han desaparecido misteriosamente de algunas miradas menos preparadas, y otras quizás muy manipuladoras que al parecer no saben recepcionar y reflexionar sobre la realidad material y espiritual que nos circunda. ¿Acaso el capital y sus representantes, las clases, grupos y sectores burgueses dominantes y hegemónicos, no promueven -mejor sería decir que lo hacen de manera natural por la lógica reproductora del capitalismo- el “fetichismo” y la “cosificación” de todo lo existente, c
onvirtiéndolos en vulgares mercancías, que se producen, reproducen y se venden -entre ellos los objetos y los sujetos, las ideas y las culturas presentes en la sociedad-, y que provocan la enajenación y alienación en los individuos y los colectivos humanos en esta época transicional de la humanidad, colmada de virtualismos, juegos de lenguajes y marketing en la política, la información y la cultura?; ¿y no es cierto que de esa realidad, hoy mercantilmente globalizada, no escapan ni siquiera los países, naciones y pueblos que poseen un sistema político y socioeconómico diferente, o sea los que transitan hacia el comunismo en su etapa socialista, porque están inmersos en el sistema-mundo capitalista o en el también llamado sistema de dominación múltiple del capital, a través de la economía-comercio, las finanzas, la informática, las comunicaciones, las migraciones y la poderosa cultura capitalista transnacionalizada, desde hace tres décadas además neoliberal?

Ningún mérito histórico y político, individual o colectivo, puede considerarse válido para denigrar al oponente en la controversia desde y entre las izquierdas. Tampoco debe limitarse el debate, al ámbito circunscrito de los intelectuales y académicos de las diversas disciplinas y saberes científicos creyéndose estos la conciencia crítica de la sociedad por auto-nombramiento; por el contrario, esa discusión incumbe además a los grupos de avanzada del cuerpo societal, a todos los decisores políticos, incluyendo al poder popular u otra denominación que asuma, así como a la vanguardia política -no la autoproclamada sino la que gana cada día en la vida común y trascendente- y que, paralelamente, es necesario expandir esa polémica crítica-constructiva hasta al ciudadano común, aunque este último no fuera un dechado de virtudes, desde el ángulo conductual y en cuanto a su actitud activista positiva en la política diaria pero, repetimos, con una ética patriótica y ciudadana -y socialista si fuera posible- a la hora de plantear problemáticas serias y de saber escuchar los demás pareceres en curso. La complejidad del asunto no se beneficia con reduccionismos, pero puede contar con simples opiniones, muchas de ellas espontáneas y extraídas de la observación y la experimentación cotidianas aunque fueran de estas de índole fenoménicas. No obstante, si nos detenemos en ese nivel empírico del análisis es de un riesgo muy poco saludable para la política que se ejerza en los niveles micro y macro de la sociedad histórico-concreta que se trate, mucho más si se refiere a esta cada vez mayor mundialización transnacionalizada capitalista que nos impacta a todos de forma asimétrica. Es incuestionablemente necesario entonces reflexionar desde conocimientos y saberes, cosmovisiones y cosmogonías, que nos permitan ordenar, jerarquizar, cohesionar, criticar y sistematizar todo ese conglomerado de ideas y prácticas con el fin de transformar la realidad hacia el socialismo o el comunismo.

Cualquier porfía en las ideas, aunque sea obstinada, nos obliga ante todo a ser críticos sanos, constructivos y sopesados, y cualquier diálogo entre camaradas de lucha debe ser concienzudo y éticamente respetuoso, procedimiento que nos enriquece a todos por igual. En esa oportunidad expresé que “(...) Las discrepancias, contradicciones y hasta antagonismos entre los revolucionarios deben poseer, sin embargo, principios éticos inviolables. (...) porque el respeto hacia el pensamiento ajeno, el no imponer criterios desde una autoridad que no todos reconocen o tienen que reconocer como infalible, el intercambio de ideas provechoso aunque no se esté de acuerdo con el otro, el no inmiscuirse intrusamente en los asuntos internos de otras fuerzas revolucionarias, el deber de indicar al amigo o camarada de lucha sobre errores cometidos, insuficiencias y deficiencias sin extralimitarse y sobre la base de una crítica realmente constructiva son el pilar de una militancia y tolerancia proletaria y socialista, de izquierda y comunista, honesta y sincera. Cuando una de estas reglas elementales se violan o se distorsionan surgen serios problemas en la unidad del movimiento revolucionario. Nadie debe enjuiciar a otro revolucionario, a no ser que este haya perdido su condición de tal, porque una personalidad o una organización no puede ser juez supremo de las ideas y de las acciones de las otras”.

En otro trabajo, escrito en dos partes, al que titulé “La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en sus sistemas socialista”, (2) enuncié otros problemas si aceptábamos o no como debatible todo aquello que se nos propone desde fuera y dentro de Cuba, porque percibí egocentrías y deseos de protagonismos extremos en algunos de los hipercríticos de la Revolución, principalmente contra sus dirigentes, las políticas enunciadas y aplicadas, acertadas o no. Estos críticos desde dentro del escenario nacional -aunque lo dudo porque algunos de los intercambios y “tira-encoge” de sus miembros denotan que trabajan o viven en el exterior y que solo están en la Isla por lapsos muy breves- han presentado presuntuosamente ante-proyectos de programas al Partido Comunista de Cuba (PCC), incluso reformas a los articulados de la Constitución de la República, promoviendo visiones comparadas y, muchas veces, (a)-críticas y (e in)-moldeables acerca de los caminos-modelos económicos chinos, soviéticos, venezolanos, bolivianos, etc, con o hacia Cuba, sin un núcleo duro de principios. Aduciendo, muchos de estos autores, que son viejos ex-funcionarios o ex (y) miembros del partido comunista que no han sido escuchados, menos atendidos y no respondidas sus inquietudes por las instancias correspondientes de la vanguardia política. Pero la pregunta que me hago constantemente es la siguiente ¿no poseen un núcleo, un comité del partido, un nivel municipal y provincial de la organización al que hayan dirigido sus quejas y sugerencias?; ¿han agotado esos canales de comunicación e interrelación con esos y otros niveles de dirección?; ¿dónde se encuentran esos “disciplinados” y exhibicionistas auto-revolucionarios que escapan una y otra vez al centralismo democrático, que son las esencias de un partido comunista marxista-leninista y martiano?; ¿se han preguntado por qué no reciben contestación?; ¿por qué hacen ideología y política desde fuera, es decir, en medios de publicación alternativos y, como conozco, en otros países?; ¿se han cuestionado, por qué algunos amigos de Cuba se sorprenden de que se hagan tales planteamientos, y otros los aplaudan asumiendo amistades efímeras y tal vez inexistentes, mostrando simpatías sospechosas? Pudieran responder algunos de ellos, los “revolucionarios auténticos”, que la burocracia intermediaria, tan dañina para todos en Cuba, no les ha permitido llevar sus críticas y planteamientos a la mesa de discusión de la máxima dirección del país y el partido, o podrían contestar que, si bien existe en Cuba un partido único históricamente condicionado -aunque tienen que reconocer que el mismo es muy plural en su interior- no poseen los espacios democráticos suficientes para expresar sus inconformidades y proposiciones. ¿Pero hacia adonde conducirá ese debate que en ocasiones adquiere ribetes dramáticos y que tanto ruido provoca en el exterior y en el interior, buscando admiradores por doquier, pues asumen que su discurso es supuestamente subversivo, light y no oficialista?

A esta altura de la polémica y luego de leerme casi todo lo que han escrito y propuesto, he arribado a una conclusión: lo han realizado de forma ecléctica, como una sumatoria de calamidades y errores, yuxtapuesta, hipercrítica y generando un verdadero caos de opiniones, por lo que no me asombra que el silencio haya sido una forma de responderles, o que se hayan utilizado alusiones indirectas desarrolladas por otros articulistas serios y militantes, intelectuales orgánico-comprometidos que, sin desconocer las sombras, revelan con mayor fuerza las luces de una Revolución ejemplar. Estos “nuevos revolucionarios” están haciendo mucho daño en los momentos precisos en que el socialismo cubano se prepara para el VIII Congreso de su Partido Comunista, en los instantes en que existe una gran voluntad política por introducir cambios en lo realizado hasta hoy, en medio de un intenso debate partidista y popular interesante y trascendente, así como en el tiempo histórico en que concurre la plena convicción de casi todos de superar viejas deficiencias e insuficiencias, de rediseñar ese modelo socialista sin copias y borrar los viejos mimetismos, sin perder ni extraviar los principios. Estamos, sin embargo, conscientes de que no podemos seguir equivocándonos en lo que ya nos equivocamos, aunque en el largo camino de tránsito hacia el socialismo y el comunismo sea preciso vivir en el eterno terreno teórico y práctico de cometer errores y alcanzar éxitos, y rectificar los primeros de forma permanente. La Revolución es una subversión constante, pero hay que cuidar su unidad interna ante los enemigos que quieren destruirla y provocar su reversibilidad. No podemos olvidar que una crisis de inestabilidad e ingobernabilidad política en nuestro país puede desencadenar una agresión militar abierta por parte de los EE.UU. contra Cuba. La idea de que ese ataque directo no está en la agenda de política exterior del Imperio del Potomac es, y siempre será, una ceguera ideopolítica y una ingenuidad que puede pagarse de forma muy cara. Las susodichas agendas de prioridad en los círculos de poder de Washington nunca han descartado, por muy deslizantes, vigilantes y presionantes que sean, una intromisión bélica en los asuntos internos cubanos.

Algunos de estos críticos han caído en el vacío ideológico y político de hacerles el mal-juego a todas las escuelas de pensamiento críticas y marxistas, así como a las tendencias y las corrientes anarquistas, las anarcosindicalistas, las socialistas utópicas, las reformistas -porque no manejan bien ese dúo dialéctico entre revolución-reforma-, las trotskistas y las socialdemócratas; las prosoviéticas de la era de Josef Stalin -aunque a éste no lo mencionen-, de la “época del deshielo” de Jruschov, del “estancamiento” brezhnenianismo y de la perestroika, la glasnost y el nuevo pensamiento gorbachiano. Incluso, aunque tampoco hagan fe de ello, se remiten al maoísmo y el denxiaopingnismo chino. Algunos de estos autores, en su largo recorrido histórico teórico-empírico, toman prestado algunas de las ideas de cuerpos teóricos más coherentes y las reciclan, incluyendo hasta el marxismo occidental (estructuralistas, neomarxistas, funcionalistas, construccionistas, evolucionistas, y sus (im)-pares des, etc.); de los diversas conceptualizaciones post; de interpretaciones de la teología de la liberación; del denominado “guevarismo” -que no es lo mismo que el pensamiento original, auténtico y creativo de Ernesto Che Guevara- y de otras tantas vertientes de la izquierda latinoamericana y mundial. Como se imaginan muy bien dotados en la teoría y los métodos, las metodologías y las epistemologías de todos los tiempos intentan y re-interpretan a José Martí, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Aníbal Ponce, Jose Carlos Mariátegui, Antonio Gramsci, Georges Luckas, también Karl Korsh, Rosa Luxemburgo, etc , y otros tantos pensadores del marxismo, el leninismo y del comunismo internacional. Incluso, tales escritores realizan diletantes “paseos” por las tradiciones históricas de la nación cubana, reinterpretando ese devenir con anunciadas nuevas “miradas marxistas”. Pero al final, en muchos casos sus lenguajes están atrapados en los términos que desean denunciar, renunciar y rechazar, porque la relectura e interpretación que han realizado ha sido puramente ecléctica y no selectiva-crítica.

Sin embargo, es muy perjudicial para un Estado-Nación Popular y Socialista como el cubano, que se encuentra a sólo 90 millas de los Estados Unidos de América, su más hostil y agresivo adversario, propiciar escisiones y divisiones virtuales que pueden llegar a ser reales, brindando imágenes de desunión y quiebras en el consenso nacional, socioclasista y dentro de la heterogeneidad existente en nuestro cuerpo societal (uniétnico, multirracial y pluricultural), que aunque tensional, conflictivo y dinámico no es antagónico como para mostrar desacuerdos que pueden conllevar a visiones fracticidas. Porque, además, estos autores, de adentro y afuera, confeccionan una agenda política propia y de grupos -a veces de sumas de individuos- a través de las redes de Internet, sin consultar nada con el partido que rectorea el proceso revolucionario y que contienen decálogos (a veces suman más de 20 las intenciones “teóricas”) de premisas y propuestas de nuevos catecismos antidogmáticos que devienen inevitablemente en dogmas, que pretenden brindarles soluciones a todos los problemas, dando por inacabado o ya agotado, sin embargo, todo lo que existe y está vigente. La reelaboración de tales propuestas que se construyen como maneras de revisar supuestas políticas erradas y de proporcionar el conocimiento de contenidos y formas, muchas de ellas apresuradas y muy poco rigurosas, de programas políticos seudo-novedosos son parte de la búsqueda de respuestas, casi siempre no bien pensadas y sin contrapeso de unas con otras, por lo que pueden anularse entre sí o provocar más problemáticas que soluciones. Por eso, antes de arribar a conclusiones más decisorias, prudentes y profundas que sirvan para un intercambio provechoso, tienen que tener en cuenta o valorar como un todo único al escenario nacional, regional e internacional. Nadie puede sentirse con el derecho, aunque sea un grupito de 10 ó 15 personas (y si son más peor), de imponer líneas directrices y normativas a una organización política (que posee cerca de medio millón de miembros, la mayoría muy críticos y autocríticos pero al interior de su organización, que no es socialdemócrata), sólo porque piensen que los ritmos de ellos son los más adecuados y sus recetas las más acertadas y perfectas. Esos grupos de “iluminados” caen en el vicio de que pretenden combatir, la “iluminación” de los que están criticando y que, para sus puntos de vista, lo hacen mal, porque no están acorde con las cadencias de la marcha de la historia, los acontecimientos y los complejos-tensionales procesos contemporáneos.

La superación dialéctica esta constituida por la continuidad y la ruptura, incluyendo momentos de zigzaguees y retrocesos, y debe ser demostrada en la práctica, como uno de los momentos de aproximación a la verdad, o las múltiples verdades coexistentes. O ser extraídos de la práctica como criterio de la verdad, pero no a niveles micros, o encuestas de opinión que abordan a una mínima parte de una localidad, porque nunca llegan a una valoración nacional. Y muchas veces tales enunciados hipotéticos no se confirman en un hecho, sino casi siempre son verificables en procesos de corta, mediana y larga duración de dudosa conformación ideopolítica y teórica. Nadie tiene la verdad absoluta, porque no existe. Y ser conscientes y cercanamente científicos -que no es lo mismo que ser cientificista y convertirnos en la última y única conciencia- nos brindará un análisis más terminado de lo que sucedió, acontece y, además, el poder poseer una mirada de futuro apropiadamente estratégica-abarcadora, con sus variables tácticas ante las distintas coyunturas que atravesamos y podremos encontrar en ese camino incesante de búsqueda. Si Carlos Marx ante la pregunta de cómo sería el la sociedad futura del socialismo, contestó con esa gigantesca dialéctica y humildad que lo caracterizó, que él no era un profeta, nadie puede asumir ese papel, aunque haya escrito 10 libros, aunque este no es el caso que nos ocupa.

Y nos estamos refiriendo, en estos momentos, a todas las izquierdas con ese amplio espectro ideopolítico que siempre las ha caracterizado y las ha escindido y dividido, y que, luego de una batalla de más de veinte años frente a la hegemónica derecha neoconservadora capitalista internacional, ahora transnacionalmente más visible, desde las décadas de los 80 y los 90 de la pasada centuria y principios del actual siglo XXI, reconocemos que muchas de ellas, especialmente en Nuestra América, estaban y están resistiendo heroica y firmemente esos embates, y otras resurgen con inusitada fuerza y comienzan paulatinamente a ganar terreno, a pesar de tantas confusiones, olvidos e ignorancias. Pero ser de izquierda no es solo estar a la izquierda, porque necesariamente hay que contextualizar en que situaciones históricas están incidiendo y accionando en la vida real, mucho más rica que las más complejas teorizaciones. La retórica antiimperialista y contra la globalización capitalista neoliberal son posiciones a la izquierda, pero no significa que tal enfoque sea totalmente de una izquierda que esté apostando por el cambio social radical de eliminar el sistema-mundo capitalista, la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre a nivel planetario, regional y nacional-local, así como tampoco constituye una consigna variable o estática que sirva para perfeccionar el socialismo donde este ya triunfó y continúa construyéndose, contra viento y marea.

Aunque, no debemos subestimar ni subalterizar estos posicionamientos y visiones tan efectivas en instantes de in crescendo batallares socioclasistas, de género, indigenistas, raciales, antibélicos, antitratados de libre comercio, antideuda externa, feministas, barriales o comunitarios, gays, antipatriarcales, piqueteros, religiosos revolucionarios, guerrilleros, etc., como se dan actualmente en los disimiles y heterogéneos movimientos sociales y políticos latinoamericano-caribeños. Y aunque todos no sean antisistemicos, deben ser valorados como agrupaciones, movimientos y partidos de acumulación revolucionaria, en vías de construir al sujeto histórico-político del cambio socialista dentro del sistema capitalista mundial, que ahora no solo se reduce al proletariado, sino que puede ser un sujeto sociopolítico múltiple. Ese es el único discurso y construcción post que será la solución definitiva al problema económico, político, social cultural y ambiental del mundo de hoy y del provenir: la derrota del modo de producción capitalista y su dominación-hegemonía unilateral y única. Esa es la alternativa estratégica, aunque vayan junto a ella, alternativas tácticas variadas, todas válidas.

Igualmente, el ecumenismo ideológico y político extralimitado no nos permitiría trazar pautas, no para imponer jerarquías autoproclamadas, sino para comprender a los agentes del cambio, los aliados, los compromisos y relanzar hacia delante la lucha de forma permanente, rectificando las desviaciones a la brújula, que muchas veces se pierde consciente e inconscientemente. El análisis socioclasista e historicista, las clases, la lucha de clases, el capitalismo-imperialista, las crisis cíclicas y estructurales del capitalismo, la colonialidad y la dependencia neocolonial no han perdido ninguna vigencia y sería ingenuo o de una miopía política extraordinaria perder ese enfoque o ángulo del problema actual que parece tener la misma edad del capitalismo y de los análisis marxistas y leninistas del siglo decimonónico y del XX y el XXI, este último recién comenzado. La impaciencia revolucionaria no debe influenciar para que lancemos por la borda todo el arsenal histórico, político, teórico y práctico heredado y el que constantemente (re)-construimos desde las redes horizontales, desde el poder, antes de asumir el poder y desde la oposición al poder burgués y que hagamos espontaneísmos anárquicos y caotizadores que no nos permitan volver al orden, siempre efímero pero necesario.

En estos días, revisando con detenimiento los trabajos de muchos de los integrantes regionales e internacionales, hasta de los nacionales, de las heterogéneas izquierdas, volví a percibir ese gran mosaico multicolor de escuelas, tendencias y corrientes que están presentes y que, en algunos momentos, se muestran difusas, ambiguas y que toman incluso, como parte de sus construcciones conceptuales, elementos, términos y tesis de la derecha burguesa (que también son plurales), inclusive la (neo)-conservadora, la liberal, y las doctrinas sociales de las iglesias. Asimismo, en otros instantes, muestran una firmeza lindante con la vieja manía de poseer toda la verdad, y exteriorizar que todas las demás posiciones no concordantes con sus puntos de vista no están en lo cierto. Ese es el verdadero panorama de las disputas teóricas, ideológicas y políticas que intentan imponerse como realidades prácticas solucionadoras de los múltiples conflictos existentes.

Si estamos intentando construir una alternativa teórica para una alternativa práctica social-transformadora del sistema capitalista, o sea de izquierda revolucionaria y comunista -el socialismo sólo constituye una etapa de tránsito, evidentemente muy larga en el tiempo, hacia el comunismo-, no resulta errónea la idea de releer y revisar todo lo acontecido y producido en el campo material y espiritual de la historia revolucionaria y progresista de la humanidad. Desde volver a repensar a los clásicos del marxismo, a sus antecesores -las llamadas principales fuentes nutricias que, lamentablemente, quedaron reducidas a unos cuantos pensadores y hacedores, pero que fueron muchos más según las citas y las lecturas de los propios creadores-, así como a aquellos que prosiguieron estas indagaciones e hicieron aportes, mayores o menores, en su enriquecimiento humanista y científico. ¿Acaso los grandes adelantos en las denominadas ciencias naturales, puras o duras y las aplicadas no fueron objeto de atención por parte de los filósofos, politólogos, sociólogos, economistas, psicólogos y otras científicos sociales y humanistas marxistas de todos los tiempos?; ¿no es parte de esa herencia que tal división y subdivisión, artificialmente fundada, entre las ciencias sociales, las humanísticas y las ciencias naturales, no debió realizarse con un racionalismo puro que perjudicó tanto a unos como otros saberes y disciplinas científicas? Por ello, Carlos Marx afirmaba que la “(...) La naturaleza que se hace historia humana -la génesis de la sociedad humana- es la verdadera naturaleza del hombre...”, por lo que es concluyente de que solo cuando la ciencia procede de la naturaleza es verdadera ciencia.

Pero como el marxismo se desarrolló, y continúa haciéndolo, en lucha dialogadora, contradictoria y hasta antagónica con otros representantes de los diferentes comunidades académicas e ideopolíticas, tampoco es equívoca la pretensión de tomar lo más positivo de esos que pugnaron y contradijeron, y contradicen a este desde cualquier posición, siempre que no sean problemas que afecten los núcleos duros y de principio de nuestra concepción materialista de la historia, de la dialéctica materialista y de la cosmovisión filosófica e histórica de la teoría de la praxis. Aunque al final, inevitablemente, debe producirse la síntesis de tales estudios, investigaciones y prácticas, no como mezclas y yuxtaposiciones, porque si no se realiza esa articulación-superadora no serán más que meros “pastiches e instalaciones”, que en el arte son admisibles, pero que en la política, el pensamiento y en el saber científico y cotidiano requieren transformarlas en verdaderas reflexiones y prácticas innovadoras-creativas y originales. Aunque no toda creación tiene que representar algo nuevo, como extraído de la nada, sino que puede adoptar una adecuación renovada y acertada de lo pensado y ensayado en la praxis anterior. Lo preliminar no se niega negativamente -a no ser en la negación dialéctica-, sino que se retoma constructivamente, y si son elementos muy nocivos y, por lo tanto perniciosamente duraderos, debe precisarse del tiempo y de los espacios concretos y generales -la dialéctica de lo singular, lo particular, lo general y lo universal- en la lucha por superarlos con la persuasión, la concientización y la propia práctica revolucionaria, así como en el combate directo para eliminarlo-transformarlo de las mentes de las personas. Y esa es una misión de largo plazo.

Pero lo más peligroso de las polémicas en las izquierdas es cuando terminan en querellas, altercados y trifulcas incluidas. Porque alimentan y conducen al final, a divisiones y escisiones -rasgos también característicos de las izquierdas a nivel mundial, y bien acrecentados en Latinoamérica y el Caribe- que quiebran la necesaria articulación-unidad e integración de todos los que se enfrentan al capitalismo-imperialista transnacional e interno. Estas divisiones y cismas tienen una larga historia de sectarismos, fracciones, micro-fracciones y desprendimientos al interior de las organizaciones, partidos y movimientos, que conllevan a revisionismos -ahora este término lo utilizamos con su carga peyorativa- y separaciones-deslindes con respecto a los programas y líneas trazados por las agrupaciones dentro de las cuales pertenecen y militan que, al final, dejan de hacerlo, paulatina o abruptamente, deviniendo en la refundación de otras organizaciones “más democráticas”, con “rostro humano”, los denominados “socialismos democráticos, participativos y protagónicos”, “socialismos con derechos humanos”, “socialismos de masas” y cuantas adjetivizaciones puedan aportar anti-creativamente. Apartándose, según los protagonistas de tales fraccionamientos, de los tipos de “socialismos de Estado”, “socialismos autoritarios”, “socialismos neo-estalinistas”, “socialismos prosoviéticos”, “socialismos chinos tropicalizados”, etcétera, etcétera y etcétera.

En ese momento, se deja de conversar, dialogar y corregir las contradicciones, tensiones y dinámicas internas y se traspasan los límites del centralismo democrático y del pluralismo admisible -que no dependen de cómo se nombren, sino del contenido y la forma que asuman en la realidad práctica- transformándose en oposiciones comunistas, disidentes de izquierdas, nuevos comunistas de dudosa intencionalidad y otros grupos que, como la historia ha demostrado, caen en los brazos del liberalismo capitalista y de otras corrientes y escuelas burguesas. A pesar de que se sigan denominando de izquierdas ya no lo serán jamás. La conversión y el travestismo ideopolítico se convierte en un camino sin retorno.

Como ese decursar no es nuevo en la historia del movimiento socialista, comunista y de las izquierdas, sabemos hacia adonde conducen tales desmembraciones: a las desuniones de los pueblos y sus proyectos emancipatorios nacionales, regionales e internacionales y de lucha por la justicia social, la equidad y la igualdad -también la libertad-, a las disgregaciones fatales de las masas populares, las clases y agentes o sujetos histórico-políticos del cambio revolucionario, y a producir grandes confusiones que, casi siempre, son muy bien aprovechadas por el enemigo de clase burgués capitalista, ahora transnacionalizado y con un gran poder mediático-cultural capaz de absorber y cooptar a esos sectores que se escinden en nombre de una denominación contestataria y disidente. Y los líderes de tales fragmentaciones -ultraizquierdistas de confesión, reformistas “perfeccionadores” del socialismo y, lamentablemente, presentes y futuros oportunistas- pueden ser cooptados por el capital, siempre tan generoso con los secesionistas y todo lo que parezca a una división dentro del gran conglomerado movimiento revolucionario.

No estamos hablando de una historia en abstracto, sino de enseñanzas y experiencias sufridas en el campo revolucionario nacional, regional e internacional, y a todo los niveles sociohistóricos concretos desde hace más de dos siglos. Desde las divisiones y desvíos en la primera, segunda y terceras Internacionales, consecuencias teórica-prácticas de los prouhdonistas, los bakuninistas, los lassalleanos, entre otros; de los revisionistas de centro, derecha e izquierda, los Kautsky, Bernstein y Trotsky; las traiciones de sectores de la socialdemocracia antes de la primera conflagración mundial, etc.; de las mistificaciones del movimiento comunista en las sovietizaciones-rusificaciones absurdas -que Lenin advirtió como muy nocivas- en oposiciones de izquierda, derecha y de centro; del aprismo (1925-35...) (3) y el browderismo (1942-1947) (4) latinoamericano y norteamericano, respectivamente; la confrontación soviético-yugoslava de 1948-1948; (5) la chino-soviética (1960-1989); (6) el eurocomunismo (1977-1990), (7) llegando hasta el trans-revisionismo de la Perestroika, la glasnost (transparencia informativa) y el nuevo pensamiento en las relaciones internacionales (1986-1991). (8) Esos fenómenos que fueron y continúan siendo esencialmente destructivos, se volverían a mostrar en toda su magnitud y consecuencia sumamente negativa si no ponemos cotos a esas querellas inmovilizadoras, confucionistas y divisorias.

Y esa historia no merece ser repetida. Seria un craso error mostrar desavenencias, puntos de vista diferentes y realizarlo con manipulaciones mediáticas, aprovechándose de páginas alternativas digitales, sin realizar un aporte dentro de los principios comunistas o por lo menos dentro de una militancia anticapitalista consecuente. No podemos ser apocalípticos y mucho menos catastróficos, pero se puede vaticinar que los caminos escogidos por esos liberalistas, izquierdistas a ultranza y disconformes con todo lo que sucede dentro de la Cuba revolucionaria y socialista, puede llegar a una meta (in)-deseada por ellos mismos. Si ya se atreven a denominarse disidentes de izquierda, poco falta para que queden fuera del proyecto patriótico-nacional, emancipador y de justicia social de la Revolución Cubana. Entonces la historia se repetiría como un círculo, y no como en la espiral marxista, la cabeza de la serpiente se mordería su propia cola, o lo más inconveniente, la extrema izquierda se toparía con las posiciones de la derecha burguesa conservadora, trasmutándose la una en la otra. Esa gran tragedia ya ha sido vivida y no es provechoso que suceda en este momento de auge revolucionario, pero en medio también de una crisis alimentaria, energética, ambiental y económica-financiera del capitalismo de insospechadas consecuencias, y cuando peligra como nunca antes la existencia de la propia especie humana.

Notas bibliográficas y referencias:

  1. Orlando Cruz Capote “Los principios éticos de una polémica desde la izquierda”, Cubacoraje.cu, Lapolillacubana.cu, Kaosenlared (...), y otros medios alternativos digitalizados de izquierda, La Habana, julio de 2008.
  2. _________________ “La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en sus sistemas socialista”, Cubacoraje.cu, Lapolillacubana.cu, Kaosenlared (...), y otros medios alternativos digitalizados de izquierda, La Habana, agosto de 2008
  3. La Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), creada y dirigida por Víctor Raúl Haya de la Torre. Y quien desde la tercera década del siglo XX, aparece en la escena latinoamericana, como una alternativa ante los comunistas y marxista-leninistas del continente. Fue considerado el APRA como el “Koumintang” hemisférico. Pero su primera obra, en forma de libro, fue escrita en 1935 de forma oficial, aunque su actividad divulgativa y teórica fue de mayor aliento. Entre sus textos podemos citar: “El antiimperialismo y el APRA”; “Construyendo el Aprismo”, “Espacio-Tiempo Histórico”, “30 Años de Aprismo”, etc.
  4. Eroch Browder fue Secretario General del Partido Comunista de los Estados Unidos de América, y ya en mitad de la década del 30 del siglo XX, fue Vice-presidente de la Internacional Comunista. Es enjuiciado en su país, a inicios de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y estando en prisión escribe un libro donde desarrolla la idea de la convivencia -lo que luego se llamó convergencia- entre los dos sistemas políticos antagónicos: el socialismo y el capitalismo. Esa idea reformista y revisionista, denominada el “browderismo” es denunciada en 1947, por el comunista francés Jean Duclòs, iniciándose una lucha ideopolítica contra la misma, pero ya se había extendido entre algunos partidos comunistas de la región latinoamericana-caribeña.
  5. Esta confrontación se sucede en realidad entre el Buró de Información o el COMINFORN, surgido el 9 de septiembre de 1947, en Varsovia, Polonia, y constituido por los partidos comunistas de 9 países: URSS, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Francia e Italia y tuvo, en un inicio, como función ser un órgano de consultas y coordinación de acciones. Se disolvió el 14 de abril de 1956. Entre 1948-1949 sostuvo una fuerte e irrespetuosa polémica con la Liga de los Comunistas de Yugoslavia que conllevó a la expulsión de esta organización del movimiento comunista internacional. La disolución del COMINFORN tuvo mucho que ver con la entrada de las tropas soviéticas en Hungría (1956-1957) con el pretexto de ayudar a sofocar la contrarrevolución en ese país. Ver: Declaraciones. Conferencias de los partidos comunistas y obreros, Editora política, La Habana, 1984.
  6. La división entre la dirigencia china y soviética se pone de manifiesto públicamente en 1960, cuando el Partido Comunista de China lanza su folleto “¡Viva el Leninismo!”. En 1969, se produce un enfrentamiento bélico en la frontera siberiana de Manchurria entre los ejércitos de las dos naciones. La confrontación ideológica y política, económica y cultural entre el maoísmo y la línea marxista-leninista soviética abrió una pugna y división muy profunda en el seno del movimiento comunista y revolucionario mundial que perdura hasta nuestros días, que constituyó un elemento muy perjudicial para el desarrollo de la unidad revolucionaria en todo el planeta.
  7. En diciembre de 1977, los partidos comunistas de Francia, España e Italia, luego se sumarían otras organizaciones, principalmente, europeas, adoptan una línea diferente a la trazada por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Las estructuras funcionales de estos partidos fueron denominadas de “masas” y primó en su ideología un antisovietismo abierto y encubierto que dañó la unidad dentro del movimiento comunista. Tales “partidos de masas” que llegaron a ser las fuerzas de izquierda más votadas en las elecciones europeas se vieron fracturadas por divisiones internas y externas, sucumbiendo mucho antes del desmontaje del socialismo de las democracias populares este-europeas y del comienzo y desarrollo de la Perestroika de Mijail S. Gorbachov y su grupo de seguidores, aunque estos procesos reformadores del mal llamado socialismo real le dieron el “tiro de gracia”.
  8. Se pueden consultar, entre la amplia bibliografía existente a: Mijail S. Gorbachov La Perestroika y la nueva mentalidad para nuestro país y para el mundo entero, Editora Política, La Habana, 1993; Vitali Vorotznikov Mi Verdad, Editora Abril, La Habana, 1995; Helio Gallardo La crisis del socialismo histórico. Ideología y desafíos, Editorial DEI, Costa Rica, 1991; Colectivo de Autores Cubanos El Derrumbe del Socialismo en Europa del Este. Causas y Consecuencias, Dirección política de las FAR, La Habana, 1992; Colectivo de Autores Cubanos El derrumbe del modelo eurosoviético: una visión desde Cuba, Editorial Félix Varela, La Habana, 1994; Camilo Valqui Desde Cuba: el derrumbe del socialismo eurosoviético, Editorial Feijoo, Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1998; Ariel Dacal Díaz y Francisco Brown Infante Rusia. Del socialismo real al capitalismo real, Editorial de Ciencias Sociales y el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, JR, La Habana, 2006; Orlando Cruz Capote Unas notas y dos visiones sobre la Perestroika y sus consecuencias, Revista Cubana de Ciencias Sociales, No.36-37, Instituto de Filosofía, La Habana, 2006, pp. 108-126; del mismo autor “Apuntes para un estudio del impacto ideopolítico de la Perestroika en Cuba. 1985-1991”, (Inédito), 2004.