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El Blog de la Polilla Cubana
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Categoría: Cultura cubana

10/03/2009 GMT 1

Concluyó la XVIII Feria Internacional del Libro Cuba 2009

polillabaez @ 04:02

La XVIII Feria Internacional del Libro, que desde el 12 de febrero último abrió sus puertas en la capital de Cuba, ya es historia y se ratifica otra vez como el evento más aglutinador de la cultura nacional.

Como ningún otro suceso cultural en el país, la fiesta de la lectura concluyó en Santiago de Cuba sus actividades por más de 30 ciudades cubanas, en las cuales dedicaron homenajes a los autores Fina García-Marruz, Premio Nacional de Literatura, y a Jorge Ibarra, Premio Nacional de Ciencias Sociales.

En el Patio de la Oficina del Conservador de la Ciudad, en la capital provincial, fueron las conclusiones de esta cita, que quedó avalada como un acontecimiento excepcional, por intelectuales y artistas allí presentes.

Abel Prieto, miembro del Buró Político del Partido y ministro de Cultura, presidió la clausura, que constituyó un balance de lo acontecido por más de 30 días en el importante evento, el cual superó los pronósticos de producción y distribución de textos, similares a los logrados en las últimas ediciones.

Iroel Sánchez, presidente del Instituto Cubano del Libro, expresó que vendieron dos millones 600 mil ejemplares en todo el país y reconoció el esfuerzo de los trabajadores del Centro del Libro, las direcciones de cultura y los gobiernos de cada provincia, por su contribución al éxito de uno de los encuentros más esperados por el público de la Isla.

Destacó que en esta edición se hicieron ajustes en su extensión, debido a los ciclones que el año pasado azotaron al país, sin embargo esto no impidió que los lectores cubanos adquirieran sus libros de preferencia y se realizaran con calidad las actividades culturales, eventos, debates y encuentros teóricos.

Reinaldo González, Premio Nacional de Literatura, agradeció que la Feria del año próximo esté dedicada a él y manifestó sentirse comprometido desde ahora.

También el escritor Roberto Fernández Retamar reconoció que por primera vez la fiesta del saber en Cuba la dedican a una institución y señaló que Casa de las Américas se siente honrada en su aniversario 50, por haber merecido los honores de esta cita de la palabra impresa.

El historiador Jorge Ibarra, de igual manera, agradeció los homenajes y reconocimientos del pueblo en esta feria literaria, la cual devino espacio para estimular el movimiento historiográfico del país.

Participaron los escritores Aida Bahr, Jaime Sarusky, Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet y la periodista Martha Rojas, entre otros intelectuales e invitados.

La ocasión fue propicia para anunciar que la 19 edición de la Feria Internacional del Libro Cuba 2010, se dedicará a los intelectuales cubanos María del Carmen Barcia y a Reinaldo González, al aniversario 50 de la fundación de la imprenta nacional y a Rusia como país invitado de honor.

http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/noticias.tpl.html&newsid_obj_id=14380

26/02/2009 GMT 1

Paco Ignacio Taibo II y Christine Hatzky, sus libros y la Historia

polillabaez @ 20:44

Por Felipe de J. Pérez Cruz

Concluye la Feria Internacional del Libro en la Ciudad de La Habana, para continuar en las amplias dimensiones del archipiélago, su fiesta de masas emancipadas y en tanto cultas. Nos congratulamos con el Premio y el 50 aniversario de nuestra Casa de las Américas. Nuestros invitados especiales para tales eventos, los amigos del mundo y en especial de América Latina que nos visitan, enriqueciéndonos con sus culturas, inteligencias y obras, ya comienzan a regresar a sus hogares, a sus tareas cotidianas. Les agradecemos sobre todo la delicadeza de su acto soberano de visitar al pueblo que lleva medio siglo defendiendo el socialismo en este hemisferio. Para muchos esta visita será un acto de amor, que habla además de valentía personal. Sabemos las presiones que siempre se ejercen, los riesgos de represalias y exclusiones por ejercer el derecho a compartir con los cubanos y cubanas en Revolución.

Acabo de leer uno tras otro, los libros “Julio Antonio Mella. Una Biografía” (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008), de Christine Hatzky y “Tony Guiteras, un hombre guapo” (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009), de Paco Ignacio Taibo II. Es una oportunidad de regalo que los organizadores de la Feria nos ofrecieron...

Paco Ignacio Taibo II

El hispano mexicano Francisco Ignacio Taibo Mahojo, más conocido como Paco Ignacio Taibo II, sin dudas hoy uno de los más destacados escritores de la región, nos acompañó como jurado del Premio Casa y a la par presentó en la Feria la edición cubana de "Tony Guiteras, un hombre guapo" (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009). Cuba se prestigia con la presencia entre nosotros de amigos como Paco Ignacio, que nos dedican arduas horas en la lectura intensa de los manuscritos presentados al Premio. Más, si una figura como la de Antonio Guiteras Holmes le mueve a realizar la obra que nos ha entregado. Ya quienes seguimos los temas históricos habíamos tenido antes, dentro de su profusa producción literaria, sus entregas sobre Ernesto Che Guevara y Francisco Pancho Villa.

Lamento sin embargo que esta vez Paco Ignacio, entre las prioridades de su agenda, merecidos reconocimientos, el cariño y las sonrisas de sus más cercanos interlocutores cubanos y el respeto y la simpatía que a todos nos provoca, no haya tenido la oportunidad para dialogar sobre la historiografía de este país, con quienes en definitiva la hacemos. También para explicarle la labor que realiza el relativamente nutrido gremio de los historiadores, maestros y promotores de las disciplinas históricas, sus instituciones y organizaciones profesionales.

A los amigos se les va directo, y con razones sobre todo de amor. No pienso que haya que esperar a otra Feria, para que Paco Ignacio conozca que sus declaraciones sobre la historia nacional y los historiadores que trabajamos en Cuba, realizada en su intervención en el programa de la Mesa Redondo de la televisión nacional (), nos dejaron el mal sabor de la petulancia, a buena parte de los compañeros y compañeras que las escuchamos, No se trata de compartir o no los enfoques del autor sobre nuestra historiografía, tal como propone el editor y prologuista Iroel Sánchez. Desde el corazón y también con muy sólidas razones de la inteligencia, le podemos abundar al escritor y al camarada de trinchera, sobre lo feliz que resulta, aún para una persona tan culta e informada como él, esa vieja regla de sentido común, que recomienda no intentar sentar cátedra en un saber que se desconoce en su suma de totalidades.

El diálogo de respeto pule, educa y fertiliza. No me caben dudas de que nos reconoceremos con Paco Ignacio en lo esencial: el rechazo a lo que refiere como materiales simplificados que nos han pretendido ofrecer como historia, fenómeno sobre el que en Cuba hay una crítica y acción consecuente. Algo realmente horroroso, cuando nos tropezamos en España, México o los Estados Unidos, con los manuales mercenarios que pagan el capital y la oligarquía, no sólo “simplificados”, mentirosos.

Precisamente para tratar el tema de la historiografía cubana en la época de la Revolución, la Editorial de Ciencias Sociales repitió en esta nueva convocatoria de la Feria, el encuentro con los historiadores. El día 14 pasado, la Unión Nacional de Historiadores de Cuba presentó un panel en el que se abordó con mirada serena, los logros y retos de cincuenta años de la producción y el oficio de los historiadores.

No es la primera vez, ni será la última, que quienes nos visiten fracasen en el intento de generalizarnos, desde el pedazo de la Cuba y de los cubanos que piensa que conoció. Estaría por ver con Paco Ignacio cuáles son los historiadores “ortodoxos” y “oficialistas” que refiere y si son tales, pero lo más importante siempre será darle la oportunidad de que conozca lo que realmente vibra y toma alma de libros –muchos aún en espera de publicarse- desde el trabajo de la investigación y docencia de la Historia, no sólo en la capital, sino en toda la geografía académica y universitaria cubana.

Christine Hatzky

Como Paco Ignacio se confiesa un enamorado de ese otro Hombre Sol que fue Julio Antonio Mella, supongo que su estancia en la Feria le haya proporcionado la alegría del lanzamiento del libro -escrito primero como tesis doctoral-, por la historiadora alemana Christine Hatzky, docente en la Universidad Duisburg-Essen. Christine con modestia propone una, no la biografía de Mella. Y ya desde el título, anuncia su respeto por la historiografía nacional, que le ha dedicado al joven revolucionario una especial atención.

No conocía a la autora del nuevo libro sobre Mella. Nos la presentó a la más amplia comunidad académica, en la revista Calibán, la prestigiosa historiadora Angelina Rojas Blaquier, autoridad por excelencia en el estudio de la historia del movimiento comunista cubano, quien también hace el prólogo del libro. Al finalizar el Encuentro de Historiadores del día 14, el joven historiador Rainer Schultz, compatriota de Christine, me brindó el placer de conversar brevemente con la autora. Antes, ya había reparado en aquella mujer de ojos grandes, hermosos, que por casi tres horas, nos había seguido atenta a la lectura de ponencias y los debates que ellas suscitaron.

Julio Antonio Mella. Una Biografía

El de Christine es un macizo texto biográfico, que no por ello elude el análisis de situación, sustentado en una abundante -y en varios temas novedoso- aparato referencial. En ciencias no sólo vale el discurso del texto, lo más importante está en la demostración del camino del conocimiento, la verificabilidad de los resultados, y a ello Christine le ha concedido una especial atención. Muy interesante la invitación que hace la autora a revisar varias “verdades establecidas”; aporta Christine en esta dirección. Son varios los puntos que he subrayado como posibles sugerencias y discrepancias, no sólo sobre Mella, también sobre el escenario cubano y el movimiento revolucionario de la época. Me referiré a lo más sustantivo:

La propia historia que Christine reconstruye, contradice su dibujo de Enoch H. Crowder: ¿Quiénes lo tenían por persona íntegra, por un gran amigo? Sin dudas los oligarcas y su grupos afines. Leland Jenks, de quien no hay dudas “ideológicas” hizo la comparación exacta: Un procónsul romano. Por eso el joven Julio Antonio Mella y sus condiscípulos de la universidad habanera, interrumpen el acto de genuflexión con el que pretendían honrarlo por “sus servicios”. Si de Mella y la historia del movimiento obrero y comunista se trata, el texto es muy pálido en el abordaje de la figura de Carlos Baliño. Desde 1964 se editó una compilación de los Documentos de Carlos Baliño, que revisada fue reimpresa en 1976. La obra de este fundador, ha sido objeto de variados trabajos, con diversas ópticas. Los criterios de Christine sobre Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA precisan de una mayor sustentación. Es recomendable que la autora atienda la producción historiográfica peruana sobre estos temas.

El Mella racialmente “blanco” de Christine no puede convencerme. Me acostumbré durante años al secreto de ver cada noche en el Noticiero de la Televisión Nacional, la imagen de un compatriota que se parecía mucho a Mella. Fue la confesión que me hizo Sarah Pascual, una noche que en su casa coincidí con la hora de nuestro popular noticiero. En aquella ocasión la entrañable amiga de Mella, señalo la pequeña pantalla, y me sorprendió con su peculiar gracia: “Como me recuerda ese joven locutor a Julio Antonio”, y se refería por supuesto a quien por entonces era un joven mulato –“mulato blanconazo” se dice en mi barrio-, que comenzaba sus lides de presentador, devenido hoy en una popular y querida personalidad de la locución cubana. Nelio Contreras, tan rápida y fatalmente desaparecido, recogió numerosos testimonios de quienes conocieron a Mella. En su entusiasmo juvenil, mi querido amigo mulato, sentía además el orgullo de que en no pocas ocasiones sus entrevistados le afirmaban que el sólo era un “poquito” más “trigueño” que Mella. El origen dominicano del joven biografiado es otra una pista que Christine puede reevaluar. En los dominicanos –como en muchos santiagueros y santiagueras-, es muy fuerte esa mezcla peculiar y maravillosa de nuestra negritud.

Insisto en el tema racial para abrir al debate un punto de vista distinto, que considero más esencial. La africanía en los cubanos y cubanas no es un problema epitelial, es una resultante histórica, condición psicológica, riqueza cultural, que la Revolución recuperó para siempre, que hoy está en un nuevo momento de consolidación, en el fin de las reminiscencias prejuiciosas, en la defensa de lo alcanzado frente un capitalismo individualista y racista, que multiplica su impacto feroz desde el mundo comunicacional y audiovisual, y definitivamente en los retrocesos y/o no-avances que podamos tener, en la hegemonía del mundo moral y las relaciones materiales objetivas socialistas.

No resiste análisis el lugar más débil del libro: La especulación de Christine sobre un mestizaje de Mella como “construcción elaborada en Cuba después de 1959, con el objetivo de integrar en el sistema a la población afrocubana mediante una figura política con la fuerza simbólica de Mella”. Este es un favor que se que Christine no quiere hacerle a quienes intentan con fines diversionistas, introducir entre nosotros toda clase de tergiversaciones y manipulaciones sobre la problemática racial. Los hombres y las mujeres se conocen por sus obras, y todo su texto sobre Mella, es una negación rotunda a tan flacos fines. Si hay un responsable de tal dislate, no es Christine que no tiene necesariamente que estar al tanto del día-día del archipiélago, en lo fundamento son sus editores cubanos los que debieron estar más atentos para asesorarla.

“Julio Antonio Mella. Una Biografía”, incluye como anexos la publicación íntegra por primera vez en el país, de documentos largamente esperados. La mayoría de los estudiosos solo habíamos tenido acceso a los fragmentos citados como parte del ensayo de Alfredo Martin, “Mella.
Nacimiento de un líder” (2001), que al ser publicado por la capitalina Editorial Extramuros, no contó con el privilegio del formato hermoso, la cantidad de ejemplares y el impacto de circulación que otorgan las editoriales nacionales. No obstante el libro de Alfredo, en buena lid, es el primero que ahondó en los pormenores de la sanción de separación –no de expulsión- de Mella del partido cubano, después de su huelga de hambre a finales de 1925. Recomiendo a mi estimada colega Angelina, hacer justicia al libro de Alfredo, en una próxima –de seguro habrán varias- edición del prólogo.

Al terminar esta primera lectura del “Mella” de Christine, sentí el peso de un trabajo serio y enjundioso. Sin dudas me quedé con la necesidad de realizar un estudio más detenido, para comprender mejor el tejido de argumentos y su sustentación. Pronto lo haré. Pienso además, que me quedan muchas más visitas a este texto.

“Tony Guiteras, un hombre guapo”

El libro de Paco Ignacio, nos lo anuncia Iroel Sánchez, es un torbellino apasionante. Siempre las generaciones de revolucionarios cubanos que no conocimos a Guiteras, nos lo imaginamos tal como lo narra el buen oficio del autor: nos trasladarnos a aquellos días de explosión revolucionaria, caminamos junto a Guiteras, escuchamos su voz…

Muy bello el rescate de la colosal figura de Carlos Aponte. Nos recuerda una deuda tremenda de la historiografía latinoamericana y caribeña, casi vergonzosa si de los intelectuales revolucionarios de Cuba, más que de Venezuela se trata. Exacto el análisis “clasista” de otro procónsul: Benjamin Sumner Welles.

El Paco Ignacio definitivo de la literatura, nos solicita amablemente enviar críticas, correcciones y sugerencias, para mejorar futuras ediciones. Respeto el derecho de cada autor para con su obra, pero le adelanto mi opinión de lector atrapado, comprometido: Esta obra en su dignidad de narración histórica tiene ya su inconfundible y rotunda personalidad propia. No considero necesaria rectificación alguna.

Paco Ignacio demuestra haber realizado un mayúsculo ejercicio de investigación. Por si algún día desea convertir este acumulado, en ensayo o monografía histórica sobre los personajes y la época, me animo a comentarle: No coincido con algunos enfoques que realiza, en particular discrepo de su dibujo sobre el sectarismo de Rubén Martínez Villena. Es evidente que, en su notable búsqueda, parece que no llegó -o no atendió- a algunos documentos que resultan esclarecedores. Y sobre todo, le falla la evaluación cualitativa. Sigue presente en el autor el lastre de la historiografía que se deslumbra tanto con el poeta, que no llega a entender la poesía mayor del combatiente y dirigente comunista. Se nota que le falta en este caso, un estudio más incisivo del pensamiento político de Rubén.

Precisamente en esta Feria, la habanera Editorial Unicornio, puso a disposición con el título “Rubén Martínez Villena: Por los caminos de Martí” (La Habana, 2008), un sucinto resumen de la tesis doctoral de la historiadora Juana Rosales García, donde se precisa de manera inobjetable, entre otros, estos aspectos tan desconocidos de Rubén. Ojalá el libro de Juana, no corra la suerte del de Alfredo Martín. No pocas de nuestras editoriales de provincia ya llegan a su mayoría de edad, mientras sus posibilidades productivas son aún limitadísimas, para canalizar el movimiento intelectual que crece, que estalla en la literatura y se renueva en la Historia y las Ciencias Sociales. Se trata de un fenómeno de desarrollo sobre el que debemos meditar soluciones, sin abandonar la práctica de publicar lo bueno que facturan los colegas cubanos y extranjeros que laboran en el exterior.

El listado bibliográfico que se adjunto al libro, nos dice que Paco Ignacio no tuvo la feliz oportunidad de conocer los estudios realizados por Enrique Cirules y otros historiadores y especialistas, sobre el submundo de corrupción y tolerancia mercantilizada, que ya desde esa tercera década del Siglo XX los yanquis promovieron en La Habana de turistas y marines. En tal escenario hay que colocar el ejercicio habanero de la conducta sexual que le endilga al Embajador Sumner Welles. Este detalle nos puede poner a juicio si en la ciudad de prostíbulos y “casas de citas”, era tal la clandestinidad forzada del individuo. Para los ricos –fueran los amos del Norte o sus sirvientes de la burguesía aristocrática y parasitaria- su visita a La Marina, San Isidro o La Victoria, era en lo fundamental otra faceta más de su condición de explotadores.

El confundir la homosexualidad con la bisexualidad que realmente Paco Ignacio describe en la vida del personaje, también dificulta penetrar mejor esta faceta personológica en que ha decidido incursionar. En tiempos de empoderamiento de las identidades sexuales, frente a la impronta ética y política de asumir definitivamente la normalidad de las diferencias, se precisa mayor conocimiento en quienes como Paco Ignacio pueden dar un aporte sustantivo a la descontaminación machista y sexista de nuestras sociedades. En temas tan vulnerables, una intención loable mal emprendida, puede hacer el efecto de un elefante en una cristalería.
Al concluir la lectura del “Guiteras” de Paco Ignacio, busqué en mi librero los textos del historiador cubano José A. Tabares del Real y en especial su biografía de Guiteras (Guiteras, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973, Ciencias Sociales, 1990), a quien debemos la recuperación historiográfica de la figura de Guiteras. Releer ahora a Tabares me ratificó el aporte del libro de Paco Ignacio: el genio del escritor nos coloca en una dimensión enriquecida de la historia. Precisamente por ello, el arte y la ciencia son dos pares inseparables del saber, de la civilización humana.

La necesidad de volver a Tabares, es una bondad adicional de la lectura que propone este nuevo libro de Paco Ignacio. Avanzar lo que Tabares hizo, hacia nuevos horizontes del saber histórico, es una tarea de ciencia –por supuesto que también de la literatura y el arte-, que ojalá pueda emular la narración, fuerza y magia, que “Tony Guiteras, un hombre guapo”, nos entrega.

A propósito de los libros de Paco Ignacio y Christine

Gracias a Paco Ignacio Taibo II y a Christine Hatzky. Sus aportes ratifican además varios temas medulares que están en la agenda y en la carne del actual movimiento intelectual e historiográfico cubano.

Christine y Paco Ignacio abundan y documentan conocidos errores de estrategia y táctica en el movimiento comunista internacional y el primer partido comunista cubano. Frente a la errónea tendencia que predominó en la historiografía publicada en Cuba en los años setenta y ochenta, en la que se obviaba o desconocía el estudio y debate sobre este aspecto medular de la historia revolucionaria del pasado siglo, la aparición de los mencionados títulos ha sido recibida con beneplácito. Esta actitud merecida, dada la calidad de la obras, está además conectada con procesos muchos más sensibles que se dan al interior del movimiento historiográfico e intelectual nacional. Adelanto uno de estos temas:

Cuando a todas luces la historiografía cubana crece, y como nunca antes las editoriales nacionales y provinciales, están realizando un notable esfuerzo de edición histórica, el propio desarrollo impone retos. Hay que saltar sobre los errores ya evaluados, y de paso desbrozar los que aún no se perciben con suficiente claridad. Por demás hay que saber cómo y hacia dónde se salta, lo cual es imposible sin llegar a un consenso, con la participación de los historiadores y demás cientistas, la confrontación y comparación de diversos criterios, las disputas y discusiones científicas; cuidando siempre el respeto y la camaradería, que todas y todos nos merecemos.

Percibo del panorama que nos presentan las editoriales y revistas cubanas, como últimamente han arribado obras y criterios que subrayan su distancia con aquella historiografía que obligadamente tenía que tener por centro a la clase obrera y al Partido Comunista. Hay autores y posiciones que hoy alcanzan su máxima promoción, después de años de acumulación creativa, tiempo en que no encontraron la salida editorial masiva que en justicia merecían. Pero no todo es “color de rosa”, Los métodos y estilos del viejo modo de hacer, dan su pelea de sobrevivencia, se metamorfosean. Las mentalidades miméticas, los eclecticismos y seguidismos acríticos, el facilismo de apelar al juicio de la autoridad puesta de “moda”, comienzan a traernos en el torrente de logros, entregas residuales.

El ablandamiento que en los últimos lustros hemos padecido en la enseñanza de la filosofía marxista, la conversión bancaria y críptica de no pocas cátedras de teoría y metodología de investigación, mientras el intercambio fluido y propositivo –el mundo y el tronco que definió para todos los tiempos José Martí- con las escuelas y corrientes contemporáneas, sólo es ejercicio de muy pocos, incorpora una mayor complejidad a la situación. Estamos llamados a atender estos fenómenos negativos, discutirlos y resolverlos.

Me ocupa el estudio de cómo hoy comienza a manifestarse en zonas de la producción historiográfica –dentro y fuera del país- el reverso de lo que ya transitamos: a una historia predominantemente obrerista y partidocéntrica, no puede sucederle otra que desconozca, ignore, o se concentre solo en la hipercrítica de estos sujetos. Evaluar el curso progresivo de los sesenta, y sus fracturas posteriores, no implica desconocer lo que inmediatamente después se hizo de positivo en ciencia histórica, publicación y docencia, sus avances en medio de las contradicciones y luchas cienciológicas e ideológicas que entonces se manifestaron, sobre todo las grandes tareas masivas, culturales, educacionales y políticas que acompañaron.

Encontrar la justa medida, tanto en la historia, como en nuestra vida, resulta quizás la aspiración más difícil de lograr. En el caso cubano, tal meta está necesariamente contaminada de las urgencias de un combate que todo lo interpenetra. No tenemos el derecho a ser ingenuos. Hay un enemigo cruel e inescrupuloso, que mientras bloquea y acecha para la muerte física, factura y ejecuta las operaciones de sus servicios especiales, con el definido propósito de asesinarnos la memoria, la alegría y el futuro.

24/02/2009 GMT 1

Ultimas presentaciones de la Feria del Libro

polillabaez @ 06:06

Una de las últimas presentaciones en la edición de La Habana de la Feria del Libro, realizada con un lleno absoluto, fue la de la obra "Imperio del Terror":

Investigador cubano desentraña terrorismo del imperio

Argumentos sólidos y un análisis con una visión diferente a la luz del tercer Milenio que ratifica la esencia imperial de Estados Unidos, distinguen al libro Imperio del terror.

Alejandro Castro Espín es el autor de este título calificado como necesario, útil y de absoluta vigencia y que fue presentado en la XVIII Feria del Libro y que recomiendo a los lectores de todo el país.

Dedico este libro, dijo el ingeniero e investigador, al pueblo de Cuba y a todos los pueblos del mundo, incluido el norteamericano, que han sido víctimas a lo largo de la historia de intereses espurios, urdidos por élites oligárquicas que pretenden legitimar el imperialismo global.

El texto es un recorrido por momentos clímax de ataques terroristas contra Cuba orquestados por Estados Unidos, la doctrina de la Seguridad Nacional que tanto reclama la administración norteamericana, y los ataques del 11 de septiembre de 2001, realizó el autor del libro, editado por la Editorial Capitán San Luis.

Reveló Alejandro que gracias a reciente desclasificación de archivos del Pentágono, en el libro se inserta un análisis de la llamada Operación Northwood, propuesta en 1962, y que nunca se llevó a cabo, pero cuyo origen era buscar pretextos para una nueva invasión a Cuba, plan que tiene gran similitud con los hechos terroristas del 11 de septiembre.

En la presentación, Jorge Hernández, director del centro de Estudios de Estados Unidos, destacó la visión histórica del autor, la acumulación infatigable de datos y documentos, hasta el más reciente proceso electoral dentro de la nación norteña.

El texto constituye, dijo un aporte a la tradición cubana de estudios sobre el terrorismo de Estado practicado desde EEUU.(AIN)

http://www.radiosantacruz.icrt.cu/noticias/cultura/investigador-cubano-desentrana-terrorismo-imperio.htm

Clausurada Feria Internacional del Libro Cuba 2009

La Habana.- El presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, afirmó que la Feria del Libro 2009 demostró cómo se puede convocar masivamente a los lectores, sin los esquemas de las transnacionales que dominan el mercado.

Al clausurar esta 18 edición, en la que participaron más de 650 intelectuales y editoriales de 43 países, destacó la calidad y variedad del programa académico, que incluyó presentaciones de títulos, lecturas de poesías, encuentros, coloquios y mesas redondas.

Sánchez precisó que hasta la fecha visitaron el recinto ferial casi un millón de personas y fueron vendidos en el Parque Morro-Cabaña y las 46 librerías de la capital más de un millón 200 mil ejemplares de libros.

En declaraciones a Prensa Latina el ministro de Cultura, Abel Prieto, destacó el gran esfuerzo de Chile, país invitado de honor, que acudió a la feria con una delegación de unos 200 artistas, escritores e intelectuales y dos mil títulos.

Esta ha sido una gran fiesta de la cultura chilena que no termina aquí porque todos los volúmenes dedicados a ese país, impresos por las editoriales cubanas, llegarán a las 14 provincias de la isla, señaló.

Al referirse al esfuerzo de Cuba por mantener la feria, expresó que ha sido un paso en la formación de un pueblo lector en medio de un mundo en el cual las personas leen menos.

La edición de 2010 estará dedicada a Rusia y a los escritores cubanos Reynaldo González y Maria del Carmen Barcia.

Desde el jueves venidero, la cita editorial comenzará su recorrido por el occidente del país hasta concluir el 8 de marzo en la oriental Santiago de Cuba.

http://www.tiempo21.cu/Cultura/febrero09

21/02/2009 GMT 1

Imperialismo del siglo XXI. Las guerras culturales

polillabaez @ 01:26

Por Rogelio Viera

Luego de El Apocalipsis según San George y Siglo XX: Intelectuales Militantes, Eliades Acosta nos trae, con la urgencia de los tiempos que corren, la tercera parte de su trilogía, Imperialismo del siglo XXI. Las guerras culturales, presentado en esta nueva edición de la Feria Internacional del Libro.

Considerada por el autor una obligación en los tiempos que corren y en la urgencia de las batallas que libramos, el investigador del Instituto de Historia y MsC Eliades Acosta Matos prometió desde el pasado evento, traer a esta XVIII Feria Internacional del Libro el título Imperialismo del siglo XXI. Las guerras culturales, tercera parte de una trilogía que, antecedida por El Apocalipsis según San George y Siglo XX: Intelectuales Militantes, cierra el profundo ensayo histórico político que contienen. Este lunes, para alegría de los que aspiramos a un mundo mejor, vimos cumplida la promesa.

En lo que considero ya un obligado texto, Eliades nos presenta en 7 capítulos la verdadera cara de la guerra que el imperio libra contra los países y movimientos progresistas, incluyendo los de los propios Estados Unidos.

Basados en los propios documentos desclasificados de las agencias de inteligencia norteamericanas, discursos, artículos, memorias, informes y muchas otras fuentes documentales de los propios Estados Unidos y sus aliados, nos trae en una primera parte por aquellas guerras donde los medios de la cultura fueron determinantes para dar al traste con gobiernos nacionalistas y marcadamente antiimperialistas, como fue Irán en 1953 y Guatemala en 1954. Muestra descarnadamente como fueron aplastados los movimientos por los derechos civiles y pacifistas en los propios Estados Unidos, que en las décadas del 60 y los 70 tuvieron un gran auge y cuya represión perdura hasta hoy.

Una segunda parte nos trae al actual siglo, donde, junto a las guerras desatadas por Bush, el análisis llega hasta el ya próximo cambio de poder a un período demócrata. En él nos muestra lo que ya hoy estamos viendo. El imperio necesita cambiar su imagen para poder seguir siendo el imperio que todos conocemos.

De la introducción cito las siguientes palabras de su escritor:

“Hoy los arrolladores avances en las ciencias, las telecomunicaciones y las tecnologías hacen de la esfera cultural y de la mente de los hombres el campo de batalla definitivo, la última frontera a conquistar, el último reducto enemigo a asaltar”.

El libro, editado por la Casa Editora Abril, fue presentado por el Dr. en Ciencias Históricas y Profesor Titular de la Universidad de La Habana, Carlos Alzugaray el pasado lunes 16 a las 5:30 pm la Sala Fernando Ortiz y contó con la presencia del autor y otras personalidades invitadas para dar a conocer su obra.

17/02/2009 GMT 1

La Cultura es un arma de la Revolucion

polillabaez @ 08:47

La cultura es un arma de la Revolución

Pues si, hoy de nuevo enrumbe mis pasos a uno de los mayores acontecimientos culturales de Cuba: la Feria del Libro, que algunos encuentran con menos visitantes, sin comptemplar el hecho de que se han abierto numerosas "filiales" locales desde varios dias antes de inaugurarse la festividad en la Cabaña.

Como siempre, me confieso habitual de la tribu de poetas y sus poemas desgranados casi pegados al cielo: este año la Feria dio a sus poetas el mas alto sitial, geograficamente hablando...

Hoy con placer escuche los versos -que no por breves dejaban de ser intensos- de mi querido amigo Carlos Zamora -rodeado por otros poetas de igual valía, de Cuba y del extranjero, léase Chile y Francia, amén del habitual presentador del espacio...

Luego del recorrido por los puntos de venta, me dí el gustazo de asistir a la presentación de dos obras que serán de obligada lectura para estudiosos y publico en general:

"Cultura Politica en Cuba: una aproximación sociológica", del Lic. Darío Machado Rodríguez, con prólogo y presentación del Licenciado Eliades Acosta Matos

Y, del propio Eliades: "Imperialismo del Siglo XXI: Las Guerras culturales", presentado por el Dr. Carlos Alzugaray

Si por las presentaciones realizadas como avance para el gusto del lector y por el publico de excelencia reunido en la sala Fernando Ortiz de la Cabaña nos guiamos, esta sera una verdadera fiesta de la cultura.

Acompañamos con fotos del evento. Para más imágenes ver slider:

14/02/2009 GMT 1

Feria del Libro de La Habana

polillabaez @ 07:30

Feria del Libro de La Habana

Primer dia de Feria:

Desde las primeras horas de la mañana, un mar de pueblo esperaba en el punto de salida de los omnibus en Prado y en los accesos a la Cabaña: como hormigas, todos convergían hacía la esperada cita... presentaciones de libros, actividades culturales, venta de numerosos títulos: los libros con un acceso mucho más fácil gracias a la inteligente estrategia de comenzar desde días antes la venta de los títulos más esperados en diferentes puntos de la Capital.

Un verdadero muestrario de la obra de la Revolución; desde el módico precio de la entrada, que causaba admiración al alemán Matthias Apitz, al comparar los más de 60 euros exigidos en la Feria de Leipzig, con la modesta cifra de nuestra Feria; una enorme cantidad de nuevos títulos, reediciones, etc. y sobre todo, la presencia de nuestro pueblo sin diferencias en cuanto a edades o géneros: la joven embarazada, el bebe en su cochecito, papá o mamá, abuela o abuelo, acompañando a sus pequeños, el matrimonio de jóvenes de la tercera edad que compartían lecturas en un sombreado banco, o los que tirados en la hierba, comprendían que cualquier edad es buena para aprender de sexo. No faltaban, cruzando a nuestro lado, escritores, músicos, trovadores, cineastas...

La presencia de amigos muy queridos chilenos nos congratulaba y el tiempo nos hacía volar de una sala a otra, de una presentación a un stand tras el título no conseguido... Finalmente el grato encuentro con los amigos de siempre; editorialistas, colegas, los poetas -ah, esa tribu poética que no acaba de conseguir lugar fijo y tranquilo!!- y la infaltable tropa de miembros del Comité de Solidaridad con nuestros 5 compatriotas.

Para terminar, una anécdota: en un banco, un hombre ostentaba un pulover con las siglas F. B. I
Special New York City Departament... mientras comentaba lo inapropiado del hecho en aquel contexto, me doy cuenta que la poeta Natacha Santiago ya no estaba a mi lado, y al volverme, la encuentro compartiendo con el hombre documentacion sobre el caso de los 5 y sacandole la promesa de difundir su caso entre sus conocidos!!

Nada, que no podemos perder una oportunidad en esta lucha!!

Los dejo con un breve acercamiento a la Feria, a través de las imágenes que esta redactora reunió para ustedes:

08/02/2009 GMT 1

"Mi compromiso se convirtió en una razón de ser"

polillabaez @ 05:26

Silvio Rodríguez: "Mi compromiso se convirtió en una razón de ser"
Por Pedro de la Hoz

Desde que con aspecto de adolescente apareció con una guitarra en un casi olvidado programa de la televisión hasta los conciertos multitudinarios más recientes en diversas plazas del mundo, Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 29 de noviembre de 1946) ha sido consecuente en sus cantos y sus actos.

Renovador de la trova hacia el final de la década de los 60 junto a Pablo Milanés y Noel Nicola, su obra ha dejado una huella indeleble en la banda sonora de la vida de muchos cubanos y otros tantos jóvenes y no tan jóvenes en Iberoamérica. Entre sus numerosos reconocimientos se halla el Premio Nacional de Música 2004.

En aras de la precisión, Silvio prefirió acceder a esta entrevista por escrito. He aquí sus respuestas.

¿Guarda entre sus recuerdos el primero de enero de 1959?

En los años 50 mi padre, mi padrino y yo, en la colina universitaria, vimos a la policía de Batista cargar contra los jóvenes que bajaban con una bandera cubana desplegada. El 13 de marzo de 1956 mi abuela Isabel me sacó de mi escuela bajo una recia balacera. Por entonces, junto a mi familia, escuchaba Radio Rebelde en casa de la tía Nena, que vivía frente al Capitolio. Todo nuestro barrio de San Miguel y Gervasio sabía que en la panadería de enfrente se vendían bonos del 26 de julio. Un hijo de mi maestra de primaria, la doctora Josefa Torres, estaba alzado en la Sierra Maestra. Un año antes del primero de enero, los soldaditos de goma con que jugaba con mis amigos estaban divididos en casquitos y en rebeldes. Una de aquellas figuritas tenía una Thompson y era el Che Guevara. ¿Cómo no recordar el primero de enero de 1959?
¿Puede evocar cómo transcurrió ese día para usted y su familia?

Acababa de cumplir 12 años y me es inevitable evocar también el poema del Indio Naborí, que comienza describiendo la mañana del 1º de enero con versos realistas ―porque fue un día de cielo muy azul, especialmente luminoso. Mi madre, mi hermana María y yo habíamos ido a pasar aquel fin de año a casa de mis abuelos, que quedaba en el barrio de La Loma, en la calle Caridad número 12, a unos metros del placer de pelota de San Antonio de los Baños. Aquella mañana, desde temprano, la casa se llenó de trasiegos, porque había empezado a circular la noticia de que Batista se había ido y había una huelga general. Se pedía a los ciudadanos que se mantuvieran en sus casas, pero el júbilo era incontrolable. Los que no se lanzaron a la calle, cosa que para mí estaba vedada por la edad, pasamos el día pegados a la radio. Por la tarde mi abuelo decidió que no regresáramos a La Habana hasta que no se definiera la situación, así que nos quedamos en el pueblo un par de días más de lo previsto. Aquellos días agregados a las vacaciones de fin de año fueron el primer beneficio que me hizo la Revolución, y los empleé en reintegrarme a la pandilla de ripiosos con la que andaba y en seguir explorando el monte y el río de mi pueblo.

¿En qué medida las transformaciones revolucionarias del país tuvieron que ver con su iniciación en la música y con su obra como trovador?

El gusto por la música me llega por mi familia materna, que es especialmente musical; yo desde pequeño mostraba vocación. La guitarra y las canciones sí aparecieron cuando era un adolescente. Como muchos otros jóvenes, participé de los cambios que proponía la Revolución. Así que el origen de algunos de mis temas y enfoques habría que buscarlos en la Historia de Cuba de la década del 60 ―cuando yo hacía el tránsito de niño a hombre. De por entonces tengo mucha memoria de sucesos que concientizaban, incluso a los menores: diferentes tipos de agresiones, tiendas quemadas, bombas, propaganda contrarrevolucionaria, avionetas que pasaban tiroteando. Durante una buena cantidad de años los días y las noches eran un espectáculo encendido, muchas veces estremecedor. El país prácticamente vivía en las trincheras.

Cuando la invasión por Girón me integré a las milicias estudiantiles y tocaba puertas, pidiendo latas para los que combatían. Poco después empezó la Campaña de Alfabetización, en la que participé con entusiasmo. Gracias a eso conocí la realidad de nuestros campos ―y que los alzados asesinaban niños alfabetizadores. La madrugada de octubre del 62 en que los aviones norteamericanos sobrevolaron la Isla con cargas nucleares, yo hacía guardia de dos a cuatro en la puerta del semanario Mella (Desagüe 110), con un máuser de la Primera Guerra Mundial. Los dirigentes llegaron de una reunión con Fidel y allí en la puerta dijeron que posiblemente al amanecer sería el ataque. Aquella noche también la recuerdo muy nítidamente, porque había una luna llena idéntica a las de las películas de misterio. Dos años más tarde estuve entre los que inauguraron el Servicio Militar Obligatorio, cuyas primeras experiencias fueron duras. Entre las cosas interesantes que viví por entonces estuvo conocer a Vilo Acuña y a algunos combatientes que estuvieron con el Che en África. También conocí, de lejos, a Raúl Díaz Argüelles ―que caería en Angola―, y a otros militares que iban a ser jefes durante mi experiencia por aquellas tierras, diez años después.

¿Cuándo empezó a componer canciones?

Vivencias así eran mi memoria a corto plazo y mi historia latente cuando en 1965 empecé a hacer canciones con regularidad. En 1967 ya tenía un puñado y tuve la suerte de que Mario Romeu se fijara en mí y me llevara a la televisión. Hasta ese momento mi relación con la sociedad había sido más bien armónica y los problemas que empezaron a surgir entre luces y cámaras me sorprendieron y me deprimieron. Inmediatamente, por dignidad, reaccioné y mis canciones iniciaron una especie de diálogo más complejo con lo que me rodeaba. Creo que aquello consolidó mis características como trovador y que a partir de entonces, y gracias a aquellas contradicciones, se ahondó mi compromiso con lo que hacía, al punto en que se convirtió en una razón de ser. Desde entonces todo lo que me ha pasado, para bien y para regular, ha seguido enriqueciendo mi trabajo-vida. Mucho me han servido mis avatares personales, pero más las venturas y desventuras de esta sociedad en la que he escogido vivir.

¿Cómo cree usted que la hostilidad de Estados Unidos contra la Revolución cubana ha influido en el desarrollo y proyección de nuestra música?

Me parece peregrino calcular en qué medida y en cuántas direcciones fuéramos diferentes si ese país poderoso y vecino nos hubiera tratado ―siquiera― con tolerancia. Creo que de cualquier forma la Revolución hubiera desarrollado la educación y las escuelas de arte, como estaba en sus planes e hizo. Quizá en el terreno de la música hubiéramos alcanzado aún más desarrollo, por la facilidad de intercambio y por no tener restricciones al acceso de nuevas tecnologías. No conozco un estudio ―puede ser interesante que se haga― del impacto de la hostilidad y el bloqueo en la música cubana. Como músico individual, o más bien como aspirante, recuerdo que en los años de mis comienzos era prácticamente imposible conseguir ya no un instrumento sino un humilde jueguito de cuerdas.

Cierta vez conté cómo tuvimos que grabar la canción “Cuba va” con un contrabajo que en vez de cuerdas llevaba cables de teléfono. Aquellas limitaciones nos hacían razonar que era más importante tener imaginación para hacer música que buenos instrumentos para ejecutarla. Aunque eso sea cierto, en nuestro caso ese es un razonamiento desesperado, producto de las limitaciones que nos ha impuesto el bloqueo de los gobernantes norteamericanos ―que no es, como ellos dicen, contra el gobierno cubano sino también contra todo el que vive y contra todo lo que sucede en Cuba. Claro que tantas acciones contra nuestro país no solo nos han creado problemas: también nos ha identificado con la mayoría, con nuestros iguales, porque formamos parte del sur de América y del sur del mundo. Un mundo, por cierto, en el que las sonoridades cubanas siempre han corrido buena suerte.

¿Sería oportuno recordar cómo ese sonido cubano había comenzado a expandirse desde mucho antes?

Recordemos que en el siglo XIX, a la vez que comenzaban a cuajar nuestras características como pueblo, la habanera empezó a viajar y a ejercer su fascinación. A principios del siglo XX Miguel Matamoros y su trío divulgaron internacionalmente el son y la canción. Después Lecuona, desde el cine, siguió prestigiando la huella cubana y, poco después, Pérez Prado universalizó el mambo. Por entonces despuntaba Beny Moré, otro gran proyector de nuestra música. En los años 50, Jorrín, el chachachá y las canciones de amor del filin, en forma de boleros, le dieron la vuelta al mundo. O sea que cuando triunfó la Revolución la música cubana ya tenía resonancias incuestionables. Entonces lanzaron el mito de que lo mejor de Cuba se había ido. Pero la verdad fue que la secuencia de nuestra música continuó invitándonos a la creación y una vez más hubo continuidad ―ese fenómeno que a veces es analógico y otras se pelea con la tradición. La gran diferencia con el pasado consistió en que ―gracias a los planes de enseñanza y a la creación de las escuelas de arte―, el traspaso de conocimientos, que antes ocurría por privilegios de clase o por albur, se masificó, se sistematizó y se convirtió en torrente.

¿Entonces pudiera decirse que la nueva realidad favoreció la emergencia de nuevas contribuciones en la música?

Cuba es un país de talento musical congénito, pero hubo un gran salto de excelencia con la proliferación de las escuelas. Aún así algunos medios, prensa y libros del exterior de Cuba, porfiados en no reconocerle logros a la Revolución, tergiversaron ese salto. Ese estigma ha dado lugar a que durante décadas músicos de aquí ―y música hecha aquí― hayan sido segregados de concursos, festivales y otros eventos. En años recientes fue muy obvia la hostilidad, a partir de la manipulación política de eventos internacionales que fueron mudados a la ciudad de Miami. Otro aspecto en que el bloqueo nos ha hecho daño es en el de los derechos autorales. Calculan que en los Estados Unidos hay millones que pertenecen a Cuba, sólo por la Guantanamera de Joseíto Fernández. Tampoco permiten que los músicos cubanos residentes en su propio país reciban honorarios por actuar en los Estados Unidos. La precaria industria musical cubana tiene que hacer malabares para adquirir insumos, gracias al acoso del bloqueo. Pero ya se sabe que esas leyes no nos dejan comprar alimentos ni nada, incluso cuando un huracán nos destroza el país. Lamentablemente, también hay que reconocer que la poca valoración de nuestros progresos a veces la practicamos nosotros mismos. No hace mucho un dirigente latinoamericano me dijo que quería estudiar y poner en práctica en su país la experiencia cubana en enseñanza artística. Me preguntó si teníamos algún manual, algún libro, algún documental, materiales que recogieran esas prácticas y las explicaran. Cuando llegué a Cuba y pregunté, descubrí que eso no existe. Es absurdo que no tengamos registros documentales del beneficio que ha representado para nuestra cultura la enseñanza artística.

Usted cantó El necio en Santiago de Cuba, 1991, en los días del Congreso del Partido, antes de que el país se sumiera en la crisis de esa década. ¿Suscribiría nuevamente aquella declaración de principios? ¿Cree que “la necedad” se ha multiplicado, para bien, entre nosotros?

No es la primera vez que en momentos de crisis (que son a menudo) un periodista me pregunta si mantengo mi postura anterior. Por los días en que escribí El necio también me pasó. Esa canción es de cuando el derrumbe del campo socialista. Muchos habíamos invertido la vida, o buena parte de ella, creyendo y defendiendo que el socialismo es una sociedad más justa y que por lo tanto no debería fracasar. Los que vivíamos aquí confiábamos en que el nuestro era mejor que otros socialismos conocidos, aunque también distaba de ser perfecto. En aquellos días apocalípticos hubo quien entendió que se acababa todo, incluso la Historia. El necio fue como decir: bien, puede que se haya terminado La Historia con mayúsculas, pero esta mía, aunque sea mínima, todavía respira y me da la gana de defenderla. Aún así, ante la debacle del socialismo universal no esperaba que asumiéramos una posición numantina sino una flexibilidad sincera que, a la vez, garantizara nuestros logros sociales. Gracias a lo acontecido posteriormente, hoy por hoy quizá existan varios tipos de “necios”.

“Necio”, a su manera, también pudiera ser el joven que no entiende la pelea histórica de su país, un diferendo que heredó por haber nacido aquí y que desde su perspectiva le ha sido impuesto por la suerte. Ese joven que no asume los puntos de vista de sus padres y abuelos, que dice: esta no es mi bronca y se hace de una balsa y se lanza al mar ―o sencillamente busca la forma de emigrar―, también es una suerte de “necio”. Al menos así lo entiendo yo, aunque personalmente, por vivencias y manera de procesar la información, me sienta más cercano al tipo de “necio” que alude la canción. Todo el que se juega la existencia por una forma de pensar es un “necio” ―lo que por supuesto no niega que unas “necedades” parezcan más necesarias que otras, según se mire.

Foto: Kaloian (La Jiribilla) y Archivo

25/11/2008 GMT 1

Pasear entre estatuas

polillabaez @ 09:47

En un atrasado ejemplar en papel del periódico Trabajadores, encontré esta joyita que despertará anhelos... y nostalgias

por Iliana Hautrive, con fotos de César A. Rodríguez

"Impacta la sensación de pasear con personajes célebres, rendirles homenaje, conocer sus historias, sentirlos más cercanos…

No se les ve como simples obras de arte. Impacta la sensación de pasear con personajes célebres, rendirles homenaje, conocer sus historias, sentirlos más cercanos…

Cualquiera puede compartir con Carlos Puebla, con su guitarra, en el Parque Céspedes, de Manzanillo, y también con Benny Moré, en el Prado cienfueguero".

A la Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz en 1979, muchos admiradores
le ponen
flores en el libro que lee, sentada
en su remanso del jardín del Convento
de San Francisco de Asís



A la entrada del restaurante Floridita, Ernest Hemingway se mantiene en el mismo lugar donde siempre acudió a degustar su daiquirí. En hermoso gesto, los bármanes del lugar le sirven cada día el trago que tanto le gustaba al autor de El Viejo y el Mar.

Casi frente al embarcadero hacia el poblado de Regla, está Makarios III, líder grecochipriota, arzobispo ortodoxo de Chipre y primer presidente de ese país. Sereno, firme y decidido en su mole escultórica, revela la personalidad de lucha que lo caracterizó hasta su muerte el 3 de agosto de 1977.


En la intersección de la Avenida del Puerto y la calle Jesús María, la escultura del compositor mexicano Agustín Lara recuerda su influencia en la cultura nacional. Allí está emplazada desde finales del año 2002, donada por el pueblo y el Gobierno de Veracruz. Es una modalidad escultórica que se extiende por todo el país.

"La mayoría de las más recientes creaciones pertenecen a artistas del patio, pero también las hay donadas por otras naciones amigas. Con un aire de modernidad, esos seres famosos, cubanos y extranjeros, que se confunden con el transeúnte, se suman al patrimonio cultural de la Isla.

Paseando entre estatuas mucho se disfruta y conoce..."

Muchos se sientan a su lado a conversar. En el parque de 17 entre 6 y 8, en el Vedado, John Lennon, 

 apacible, parece esperar cada 8 de diciembre el concierto que recuerda la fecha de su asesinato en 1980 en Nueva York.

15/11/2008 GMT 1

Cuba y los desafíos culturales del siglo XXI

polillabaez @ 09:01

por Enrique Ubieta

Los seres humanos nos sentimos más tranquilos y seguros cuando alguien nos vende una clasificación en la que cabe el mundo. Esa tendencia innata hacia el esquematismo nos permite resolver la humana necesidad de hallarle respuesta a todo. Dicen que en La Habana hay tres grupos fundamentales de adolescentes según la música que escuchan: esta lo marca todo, la ropa, las amistades, el estilo de vida.

Los roqueros o los friquis -que parecían cosas distintas en los ochenta, ahora parecen ser lo mismo-, los miquis y los punkie (estos últimos, a medio camino entre los friquis y los miquis, más aceptados por los segundos, con quienes comparten el culto a la moda), y los reparteros, conocidos también como repa. Los reguetoneros están más cerca (o forman parte) de los repa. Por lo general, los friquis también escuchan trova, aunque para los trovadictos hay un término especial, no exento de ironía: los profundos.


Pero me interesa especialmente, por su trascendencia socio-clasista, la oposición de miquis y reparteros. Los primeros son hijos de familias de mayores recursos, viven obsesionados por la moda y la ropa de marca, el pulóver muy apretado al cuerpo; las muchachas prefieren el color rosado o el amarillo, ostentan el dinero y las posibilidades materiales que puedan tener. Gustan de la música tecno, house o disco, pero aceptan otros tipos de música, incluso el reguetón, basta con que esté de moda. Fueron los iniciadores de las llamadas fiestas house, en casas particulares, para las que había que pagar un cover de cinco o diez cuc (a veces más) y en las que se vendía cerveza o bebida de marca, fiestas a las que los muchachos llegaban en los carros de sus papás.

De origen más humilde, los reparteros o repa -la palabra alude a quienes viven en repartos periféricos, y escuchan música salsa y reguetón--, son despreciados por los miquis y en general, nombrados en sentido peyorativo por otros sectores juveniles, aunque en realidad comparten todos los espacios educacionales de aquellos. Tienen su propia estética en la forma de vestir, sus señas de identidad. En realidad, no es una tendencia exclusivamente de adolescentes o jóvenes. Se les atribuye cierta agresividad, sobre todo cuando media el alcohol. A diferencia de los miquis y de los friquis, los repa en su mayoría son hijos de padres (o son padres) no profesionales y a veces pertenecen a familias disfuncionales. Pero uno los encuentra incluso en el Instituto Preuniversitario Vocacional V. I. Lenin, una escuela que exige altas calificaciones a sus pupilos. En realidad, la oposición o el rechazo de cierto sector capitalino hacia los muchachos de la periferia que se identifican más con la música salsa ya existía en los setenta; entonces se calificaban de pepillos a los primeros y de guapos o cheos a los segundos.

 

En Cuba conviven e interactúan todos los grupos -los adolescentes se reúnen según sus preferencias y hábitos socio-culturales-, pero no hay bordes muy definidos ni definitivos para sus elecciones musicales y conductas grupales. Tratándose generalmente de adolescentes, la permanencia en uno u otro grupo es variable. Por lo general, esas diferencias extremas se borran con los años. Entre los reparteros existe además una capa de "nuevos ricos" -con más deseos de parecer, que razones para ser-, que adora las cadenas, los anillos y los dientes de oro, la música alta en el carro, lleno de baratijas luminosas y si son hombres, de muchachas bonitas y plásticas. Ya sabemos que los miquis escuchan y bailan cualquier cosa, si está de moda, y si el acompañante y el ambiente son adecuados. Hay un punto final donde lo miqui y lo repa se tocan, como siempre sucede con los extremos. El refinamiento de los primeros se disuelve frente al dinero contante y sonante.

Adrián Berazaín, un trovador de los novísimos, narra su "encuentro" con una chica miqui, en su canción "Pobre corazón":

Esa muchacha, con sus ojos verdes Benetton, / un Chanel de excusa por olor, / y su vestido corto Cristian Dior. ¡Qué facha! / Lleva un celular / para cuando llame su papá, / tiene carro y lo saca a pasear / vive muy feliz en Miramar. ¡Qué estampa! / Pobre corazón, que no se da cuenta / Me la encontré, por supuesto, fuera de pecera. / Y me le acerqué como si fuera el galán de sus telenovelas. ¡Qué pena! / Pero como yo no soy ni Brad Pitt ni Alain Delon, / y solo llevaba por dinero un poco de mi buena intención, ¡desilusión! / Nunca más la he visto, / porque en su planeta yo no existo, / seguro que baila al ritmo repetido que rigen la moda, / y su pobre corazón; / es el rosado que la ayuda en su especulación.


http://videos.cubasi.cu/adrian-berazain/index.htm

Adrián me comentó que para su composición tomó como referentes musicales la "Chica Plástica" del panameño Rubén Blades y la "Barby Super Star" del español Joaquín Sabina. Viejas canciones que ahora adquirían todo su sentido en Cuba. En realidad, existe una mirada crítica mayoritaria entre los jóvenes cubanos frente a ese tipo de comportamiento ostentoso: creyentes, suelen llamar a los varones que "se creen mucho". Como resultado, hay miquis que no se autodefinen como tal. Puede afirmarse que en la cancionística y en el refranero popular cubanos -culturalmente machistas-, siempre existieron mujeres "fatales" interesadas sólo en el dinero, pero en los noventa comienza a resurgir una tendencia social que -entre tantas carencias, privilegia el consumo; a pesar de ello, no se hablaba aún de un grupo social (capitalino) tan sofisticado y numéricamente significativo como es el miqui.

El diario cubano Juventud Rebelde, publicaba un reportaje el domingo 11 de noviembre de 2007 con el asombroso título de "¿Un macho menos 'macho'?", mientras que en Internet aparecía como "Aumentan hombres (cubanos) que usan atributos femeninos":

 

Hoy está claro que los productos y servicios en función de la belleza se venden más después que los medios han legitimado el surgimiento de un «nuevo hombre» -que no es un hombre nuevo- al que no le importa violar los límites acuñados por la cultura falocéntrica. (*) Pero, ¿qué se ha entendido por metrosexualidad? Fue el periodista inglés Mark Simpson, en 1994, quien la definió como la actitud de aquel hombre joven, habitante de una metrópoli, que gusta de una vida sofisticada, cuida su cuerpo, no tiene prejuicio para hacerse la manicura, y viste ropa de diseñador. Según Simpson, el metrosexual está enamorado de sí mismo y se obsesiona por estar siempre a la moda. (.) Al borde del narcisismo, ser metrosexual no implica una orientación sexual específica.

 

El reportaje periodístico no ofrece una explicación única de su aparición en Cuba -quizás sea mejor decir, prudentemente, en La Habana-, y muestra el abanico de respuestas obtenidas: ¿rebeldía juvenil?, ¿verdadero cambio de concepciones estéticas y de comportamiento?, ¿moda, influencia del mercado? Más adelante consigna:

 

La banalidad de algunos, permeados casi siempre por la publicidad, los ha llevado al extremo de pensar que serán más bellos según el producto que consuman: Gillete, Palmolive, L'Oreal, Loewe, Bvlgari, Biotherm Homme, Vichy Homme, Lancome, Channel... También en Cuba hay hombres que son capaces de multiplicar panes y peces para lucir un poco mejor, aun cuando los precios de estos productos harían quebrar el bolsillo medio (1).

 

Y aquí surge un elemento decisivo: el culto al cuerpo es inútil sin afeites y ropas caras, de marca. El "metrosexual" cubano suele ser un exhibicionista -un especulador, se diría en el barrio-, no sólo de su cuerpo, también de su poder adquisitivo.

 

En una ocasión, una joven y bella colega de trabajo, mencionó a un amigo del que todos hablaban porque era "muy poderoso": "llega a las fiestas en un Porsche". Sentí curiosidad ante lo que me parecía inusitado, casi imposible, ¿un Porsche en Cuba? ¿cómo lo obtuvo? Y claro, la primera pregunta que hice fue tonta: pero, ¿quién es su papá?, ¿dónde trabaja? Mi colega tardó unos minutos en entender mi pregunta; "eso qué importa, hay muchas maneras de hacer dinero en Cuba", respondió. El malentendido tenía como base diferentes experiencias de vida: en mi época los "hijos de papá" andaban en Ladas, porque los padres eran funcionarios o profesionales destacados, tenían ropa quizás de marca -si aquellos viajaban-, pero no necesariamente dinero en el bolsillo. Aquellos papás malcriaban a sus hijos, pero eran revolucionarios (en el peor de los casos, simulaban serlo).


Sin embargo, la composición social actual de los papás es sorprendentemente diversa: hay hijos de funcionarios, es cierto, pero sobre todo son hijos de gerentes, de negociantes improvisados, de empleados de firmas extranjeras, a veces de músicos exitosos, y entre estos, hay "estrellas del día", cantantes del momento o locutores de algún programa de éxito en la televisión. Los poderosos papás de ahora no necesariamente son revolucionarios, a veces todo lo contrario. Y el Porsche del que se hablaba con admiración era por supuesto de los cincuenta, quizás del 60 o del 61. El Lada era un símbolo de la inserción social de la persona, de sus méritos o responsabilidades; los "almendrones" -carros americanos o europeos de los cuarenta y cincuenta--, son símbolos de un éxito self made, que no depende de las instituciones, del sistema. Ahora el nivel social incluye la exhibición de "almendrones" meticulosamente reconstruidos, devueltos al esplendor del primer día, de carros "cómicos", es decir, modernos, asociados a empresas mixtas o extranjeras, y de Ladas recomprados (ilegalmente) a sus antiguos dueños revolucionarios, siempre al "éxito" económico de su dueño.

 

No es casual que los empresarios extranjeros hayan captado de inmediato el filón nostálgico y simbólico de la recuperación de aquella década, en un contexto internacional de agotamiento de valores y estéticas de vanguardia. Lo que fue sin dudas un símbolo de la resistencia revolucionaria -mantener esos carros en funcionamiento frente al bloqueo-, se presentaba ahora como su contrario: la resistencia del pasado a desaparecer. Los promotores cubanos del turismo siguieron la lógica del mercado, y crearon incluso una línea de taxis en divisa para que el visitante pudiese cumplir su sueño más insólito: evadir el presente abrumador en una máquina del tiempo que lo paseara por una ciudad detenida en su evolución arquitectónica, en autos que fueron lujosos cuatro, cinco o seis décadas atrás. Si en aquella ciudad se movían decenas de miles de profesionales y una cifra similar de estudiantes universitarios, si entre los transeúntes observados o filmados en cámaras de video -como los personajes de Spielberg, los turistas del tiempo toman muestras de esa misteriosa isla donde todavía habitan los dinosaurios, para tener constancia del descubrimiento-, no existían analfabetos y la mayoría poseía un extraño noveno grado de instrucción general, o apenas fallecían cinco por cada mil nacidos vivos, o la expectativa de vida de sus habitantes era de 78 años, eran datos que las imágenes no reflejaban.

 

Lo mismo sucedía con la música: un avispado comerciante había reunido a un grupo de maravillosos intérpretes ancianos -en un país de maravillosos intérpretes de todas las edades- y los había hecho famosos. La música, los autos, los edificios y ¿por qué no? el empecinado socialismo -una "ideología del siglo XX" ya en desuso-, se complementaban para que el turista pudiese vivir el pasado de forma "real". Paradójicamente, los símbolos del socialismo -un Patria o Muerte o el rostro del Che en una pared, la pañoleta en el uniforme escolar-, aún cuando no pertenecían a las décadas de culto, reforzaban la ilusión de un tiempo detenido. Superposición de tiempos pasados, en un pastiche postmoderno. Algunos incluso se apresuraban a venir antes de que -como pensaban que ocurriría, todo se desvaneciera con la muerte de Fidel, y los dinosaurios desaparecieran.

 

¿Qué sentido tenía decir que en las calles de La Habana o de Santiago, por ejemplo, podían encontrarse miles de excelentes músicos jóvenes graduados en las Escuelas Nacionales de Arte? La escenografía abarcaba toda la primera mitad del siglo XX, hasta los sesenta; el pueblo cubano ostentaba los índices educacionales y de salud que anhelaba la sociedad latinoamericana del siglo XXI. Pero, ¿qué importaba? Como los peninsulares del siglo XVI en América, veían sin ver. Tras ellos, los pintores-artesanos encontraron una mina de oro reproduciendo en sus cuadros en serie, en artesanías de madera o de papel maché, los viejos modelos de autos, y algunos tópicos del teatro vernáculo ya desaparecido, ahora escenificado en plena calle para el incauto (o no) "gallego", o en una versión más actualizada, para el italiano(a).

 

Los trabajadores más viejos del hotel Meliá Cohiba -inaugurado en 1994--, coinciden en señalar al primer gerente español como la persona que tuvo la idea de diseñar el cabaret Habana Café como un espacio retro de los cincuenta, con un Chevrolet del 57, una moto Harley Davidson y una avioneta, auténticas joyas de la época dispuestas entre las mesas. Cierto que en una esquina hay fotos de las manifestaciones estudiantiles y de la represión policial de los cincuenta, pero entre tanto esplendor de época, entre el glamour de los cantantes nacionales y extranjeros que aparecían sonrientes en centros nocturnos, o a su llegada al aeropuerto y las luces de neón de una ciudad que simulaba estar eternamente de fiesta, aquellos episodios son más bien notas aisladas de una obstinada prensa roja. No se trata de entender el mundo, sino de sentirlo. Para convertir el pasado en nostalgia, se llena el recuerdo de fragmentos sin articulación posible, y se evita su reconstrucción racional.

 

Hace unos años, en una esquina de la ciudad de Estocolmo, tropecé con el KGB Bar. En su interior, desgajados de su contexto, sin orden, se amontonaban banderas, carteles, bustos, medallas, del desaparecido orbe soviético. Pedazos de historia, piezas de un viejo retrato que ahora, desde la anarquía, incitan a la nostalgia. A pesar de su apariencia, el extraño bar no era un museo, sino más bien un templo. No atesoraba explicaciones o verdades sino emociones, añoranzas de una identidad perdida. Era apenas una evidencia muda, un espacio que transformaba, entre libaciones alcohólicas, el pasado en mito. El arquitecto cubano Juan Luis Caveda, quién participó en la adaptación del diseño original del hotel Meliá Cohiba, me comentaba:

 

"No, mire, yo creo que aquí en el Habana Café se gastó dinero de más, porque han puesto una cantidad de fotos, una cantidad de cosas que nadie mira; yo nunca he visto a ningún extranjero mirar, ni las fotos, ni la máquina de escribir vieja, ni el molino de café viejo, lo que más llama la atención son los carros y las motos, por la escala que tienen, pero lo otro, no lo ven, ni el reloj que hay por allá, ni el letrero que dice 'Coca Cola, cinco centavos', ni el anuncio de la cerveza Cristal, no sé, han querido hacer como un museo, pero no es un museo porque la gente no va ahí a ver las cosas, la gente va a sentarse a comer, a tomar, a ver un show".

Probablemente a Caveda se le escapa que el efecto de nostalgia elude cualquier concreción, y se produce no ante un objeto específico, sino ante un ambiente evocativo. Ante la muerte por decreto mediático de las ilusiones en torno a la posibilidad de un futuro mejor, esas estéticas cultivan la nostalgia por el pasado (todo pasado fue mejor), una nostalgia desmovilizadora, de puertas cerradas: el pasado puede libarse, soñarse, pero al final hay que despertar, volver al presente. Cuba simula ser un parque temático del pasado -de todos los pasados que tuvo el siglo XX-, y esos empresarios la venden no como museo, sino como bar, no para la intelección de su presente y su futuro, sino para el deleite nostálgico en una estación detenida, a punto de desaparecer.

 

A veces la nostalgia por ese pasado pierde su justificación mercantil, como cuando se restaura una institución como el Country Yatch Club -antiguo centro de recreación de la aristocracia habanera-, para diplomáticos, residentes extranjeros y celebraciones nacionales, y alguien decide situar en la galería de entrada las fotos color sepia de aquellos aristócratas desplazados, mientras festejaban, paseaban en sus yates o participaban en eventos náuticos. Hay autores francamente contrarrevolucionarios que delimitan las dos épocas, el antes y el después del 59, por su supuesta actitud social ante La Fiesta: derroche, despreocupación y alegría antes; austeridad, seriedad y tristeza después. Uno de ellos, José Manuel Prieto, escribe sobre sus años de Revolución desde el "exilio":


"Éramos buenos, no cabía duda, pero nos moríamos de aburrimiento". Y a propósito de su reconciliación como lector de Tres tristes tigres, el clásico de Guillermo Cabrera Infante, sintetiza su mensaje, que coincide con los nuevos valores de ese grupo generacional: "los hombres a salvo en el reducto de su piel; anteponer lo personal, la motivación que puede ser tildada de frívola y egoísta, pero que cuenta con la gran ventaja de ser tuya y de nadie más"(2). También los llamados metrosexuales se sienten literalmente a salvo en el reducto de su piel, ¿lo están?

Otro autor, Antonio José Ponte, considera que el pequeño recinto -por cierto, también un bar, parece que la nostalgia y el alcohol, como en los boleros, espontáneamente se asocian-, que recoge la historia del emblemático Hotel Nacional, es un "museo de la fiesta", y se detiene en las fotos de los huéspedes famosos, que han sido colocadas por décadas:

 

En esas paredes puede seguirse la historia de esplendor y decadencia del hotel. Los años treinta trajeron al Nacional no sólo a estrellas de cine y personajes como los duques de Windsor, sino también a mafiosos estadounidenses que adoptaron el hotel como cuartel de invierno. Las siguientes dos décadas constituyen, a juzgar por la afluencia, el período de mayor florecimiento. Y a partir de los sesenta, luego del triunfo revolucionario, la cosecha de figuras ocurre cada veinte años en lugar de decenio a decenio. (Se necesita el doble de tiempo para aparentar continuidad en el flujo de huéspedes de rango. Pero ni aún así la suma de años recientes tiene comparación con las del pasado.) (3)

 

No sé si en efecto en las décadas de Revolución se hospedaron en ese hotel menos personajes famosos, pero la comparación obliga a definir a qué tipo de "estrellas" el autor se refiere: si por tales entiende a los actores y actrices de Hollywood, o a los nobles y burgueses del jet set europeo, o a la mafia del Norte, tiene toda la razón; si se trata de hombres y mujeres de verdadera relevancia en el mundo del arte y la escena, cabría apuntar que los convocados cada año desde 1959 por Casa de las Américas, por el Ballet Nacional, por el ICAIC, por el Instituto del Libro o directamente por el Gobierno Revolucionario, son muchos más, tantos que la casi totalidad de los escritores, bailarines, actores y cineastas latinoamericanos y europeos de importancia, de derecha o de izquierda, surgidos o consagrados en esas décadas, pasaron por La Habana. Invitados que, probablemente, no eran tan "divertidos".

 

Es cierto que el socialismo trazó objetivos demasiado "serios" en el horizonte personal; quizás el mejor ejemplo de la conversión "exigida" sea el de Tina Modotti: de gran dama de la farándula, sexualmente libre, musa de artistas, creadora ella misma, pasa a ser la "monja" consagrada, la Madre Teresa de la Internacional Comunista (de "la futilidad pequeño burguesa" al sacrificio de una vida entregada a la clase obrera). Julio Antonio Mella, su pareja cubana, en cambio, que murió joven, conserva el encanto del hombre culto, atlético, bien parecido, sin prejuicios. Que los soviéticos producían acero en proporciones inusitadas, aviones y naves espaciales y no podían hacer zapatos hermosos y de calidad, es una verdad ya manida. Que el capitalismo envuelve la vida cotidiana de aspiraciones (insaciables, siempre insatisfechas) fútiles, asociadas al mercado, al consumismo y desconectadas de proyectos colectivos, también es conocido. "Alegres pero profundos", es el slogan que la Unión de Jóvenes Comunistas promovió en Cuba para contrarrestar esa contradicción de propósitos. El pero trataba de marcar la diferencia, porque los jóvenes cubanos -por tradición e idiosincrasia-, no podían imaginarse en la tristeza. La acumulación excesiva de frivolidad que José Manuel Prieto detecta en la Cuba de los cincuenta, probablemente produjo la explosión de trascendentalismo de los sesenta; y ya lo sabemos, si la Revolución alguna vez es destruida, se desencadenaría en Cuba una desenfrenada pasión por lo frívolo, un individualismo feroz centrado en el cuerpo, en la piel, que bien pudiera desentenderse del destino nacional.

Suele interpretarse el concepto de Modernidad como un eufemismo cultural del Capitalismo y de hecho, autores marxistas y antimarxistas lo utilizan abierta o solapadamente en esa acepción. Pero el Socialismo es también un producto de la Modernidad, es decir, del Capitalismo, aunque sea su negación. Hubiese querido en este punto hablar de negación dialéctica, de superación, pero la práctica de los socialismos históricos ha demostrado que -hasta el momento-, el nuevo orden social se ha mantenido en el molde preestablecido por el capitalismo, diseñado para reproducir de forma espontánea los viejos contenidos. Sólo un esfuerzo conciente, sacrificial, heroico, mantuvo -en el caso de Cuba, mantiene-, el nuevo contenido en ese espacio reducido, donde inevitablemente tiende a deformarse.

Es preciso insistir en ello: el socialismo se ha intentado construir en el molde cultural del capitalismo. No existe una cultura alternativa porque el Mercado globalizado lo abarca todo, y penetra por los poros abiertos de la piel nacional. Lo más que se ha hecho es intentar dotar a ese espacio ya modelado de "nuevos" contenidos. Pongo ejemplos cubanos: en lugar de la NBA en el baloncesto, la LSB (Liga Superior de Baloncesto); en lugar de la Coca Cola, la Tropi Cola; en lugar de la cadena Mc Donalds, la "cadena" El Rápido; en lugar de la alfombra roja convertida en pasarela para entrar al Kodak Theatre de Los Ángeles durante los premios Oscar, la alfombra roja que en ocasiones se colocó a la entrada del cine Charles Chaplin de La Habana, durante la premiación del Festival Latinoamericano. En Cuba, a pesar de sus cincuenta años de Revolución y de sus innegables logros educativos y sociales, el imaginario colectivo de una zona no despreciable de la sociedad todavía se identifica con el modelo norteamericano.

 

La moda atraviesa todas las aduanas, y modela los gustos, las costumbres, los valores, las formas de recreación. Nos convierte en seguidores de los cantantes, actores y deportistas de éxito -el éxito es dinero-, e imitadores inconscientes de sus formas de vestir y comportarse. Y los cantantes, actores y deportistas "socialistas" terminan siendo versiones opacas de aquellas estrellas, no importa su calidad. Es cierto que esa preeminencia es posible por el dominio que posee el capital sobre los grandes medios de comunicación -sobre la industria de los sueños, sea Hollywood para el mundo o las diferentes televisoras hispanas (Venevisión, O Globo o Univisión) que producen telenovelas--, y su capacidad para sembrar normas de conducta y sueños de vida. Pero, cuando el socialismo toma posesión de los medios nacionales, ¿los utiliza racionalmente? ¿es capaz de desembarazarse del molde cultural capitalista?

 

Esta fue una de las mayores preocupaciones teóricas que tuvo el Che Guevara. Su decepción del "modelo" soviético y este europeo estaba signada por la certidumbre de que esos países avanzaban sobre raíles culturales capitalistas (el cálculo económico, el estímulo material, y a veces la solidaridad internacional condicionada), aún cuando el fundamento económico era "socialista". Entonces aparece el factor cultural: la guerra definitiva, la que puede transformar o no el socialismo en un estadio natural, duradero, es cultural. Porque el socialismo no sitúa la ganancia individual como motivación; su horizonte es la justicia social, la solidaridad entre todos los seres humanos. Y esas no son categorías económicas. Para el socialismo, según el Che, no se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad.

 

Es decir, de darle un sentido nuevo a la relación de lo individual y lo colectivo. En sus escritos y apuntes "económicos", el Che -creador del concepto y la práctica del trabajo voluntario en días y horarios de asueto-, vuelve una y otra vez sobre la misma preocupación: ¿cómo incentivar al trabajador con métodos socialistas? ¿cómo educarlo en una concepción colectivista y no individualista de la vida?

Desde luego que no es posible construir un nuevo orden mental (cultural) desde la pobreza. Para que el ser humano pueda cultivar su espíritu es necesario que primero tenga garantizadas algunas condiciones mínimas de vida y un acceso ilimitado al conocimiento. En la medida en que estos sean mayores, también serán mayores sus necesidades espirituales y materiales. Pero el consumismo, a diferencia del consumo racional, inevitablemente creciente (al igual que crecen las necesidades y los avances tecnológicos genuinos), sitúa al individuo no como sujeto, sino como objeto del consumo.


El bloqueo económico a Cuba incentiva la insatisfacción material en una población con altos niveles de instrucción. Es muy sospechoso que en el contexto de una intensa campaña mediática que enarbola un "tránsito" hacia el capitalismo en Cuba, teóricos "de izquierda" como Heinz Dieterich aconsejen al gobierno cubano renunciar a sus proyectos sociales -a su defensa de la ética-, para proporcionar a sus miles de profesionales un nivel de vida similar al de la clase media del primer mundo. Por otra parte, el modelo cultural capitalista es inviable desde el punto de vista ecológico, una sentencia que en los últimos años ha dejado de ser una simple conjetura a largo plazo, para convertirse en una amenaza concreta, visible a la vuelta de la esquina.

La urgencia individual que todos sentimos frente a los problemas económicos que enfrenta la Revolución, puede ocultar o desvirtuar la comprensión de la herencia cultural que nos legó el llamado Período Especial, o más exactamente, el derrumbe del socialismo este-europeo y soviético. La carencia de dinero en el bolsillo del ciudadano común, es decir, de moneda dura, en condiciones de doble circulación monetaria, el crecimiento del sector terciario en divisas, la disminución de los productos subsidiados y la inversión de la pirámide social, así como la disfuncionalidad progresiva del discurso revolucionario -ante la desaparición del horizonte histórico del socialismo conocido, de una parte, y las diferencias sociales engendradas por la contradictoria realidad nacional, de otra-, han hecho que la sociedad cubana empiece peligrosamente a girar en torno al tener o no tener, al dinero que se tiene o al que no se tiene, y a las estrategias individuales (individualistas) para su obtención. No olvidemos que todo el sentido de la llamada cultura moderna nos induce hacia el consumismo. El capitalismo tiene su expresión cultural en el consumismo, es decir, en la máxima fetichización de la mercancía y consecuentemente, en la enajenación humana. En los últimos 17 años, la conciencia social en Cuba se ha reproducido en condiciones francamente adversas para el socialismo.

 

Es ya inevitable la cada vez mayor interacción de la población cubana con el sistema reproductor de valores del capitalismo. Es necesario construir estrategias culturales eficientes para la reproducción de valores socialistas. No pueden estas sustentarse en largas y aburridas explicaciones sobre cómo deben ser sacrificadas nuestras vidas: el socialismo debe pensarse como una relación cualitativamente nueva entre lo individual y lo colectivo, en la que la satisfacción espiritual (aquí incluyo lo material) de las cada vez más ricas y diversas individualidades que el socialismo crea no contradiga, sino que confirme el interés colectivo. ¿Puede hacerse en condiciones de bloqueo económico, de subdesarrollo, de asedio mediático?


Los retos que el socialismo cubano enfrenta en las décadas por venir no son simplemente económicos: son, en primer lugar, retos políticos, es decir, culturales.

30/10/2008 GMT 1

Las cenizas del Profe

polillabaez @ 21:19

Una de las voces más autorizadas de la jurisprudencia cubana ha muerto. Más de una vez escuchamos su verbo en las Mesas Redondas Informativas, dándonos las razones jurídicas y morales por las que eran injustas las condenas a nuestros 5 compatriotas presos en Estados Unidos.

En homenaje a este cubano sin par, Cuba coraje tiene el honor de reproducir el texto que nos enviara uno de sus alumnos, el abogado Roberto Ginebra, así como una breve reseña de la repercusión de su muerte en la prensa.

Finalizamos con el prólogo que escribiera el Dr. Fernández Bulté al libro "Estados Unidos vs. Cinco Héroes : Un juicio silenciado"

Honor y gloria a quien hiciera de la defensa de los derechos patrios su ley y su meta más alta:


Las cenizas del profe por Roberto Ginebra

Anoche, mientras hacía algo olvidado, sentí los gritos de mi esposa frente al televisor. Preocupado por su embarazo, estuve a su lado en cuestión de segundos. Pero la verdadera conmoción llegó cuando Serrano, el locutor del Noticiero Nacional, terminó la lectura de la noticia.

Aún en la bruma del desconcierto, entre la multitud de estudiantes, que lo éramos todos ante el profe, logré caminar unos pasos por el Aula Magna. No pude seguir. Vi después, al concluir la procesión gigantesca, como Julito (Julio Antonio Fernández Estrada), su hijo y otros familiares, esparcían las cenizas en la tierra luctuosa de la Plaza Cadenas, rebautizada hace años con el nombre de Ignacio Agramonte. Entre las flores martianas de la honra, contuve algunas lágrimas… y sonreí. No fue irreverencia, fue gratitud. Sólo al final, cuando casi se marchaba en el auto, fue que pude abrazar a Julito. Así, sin palabras.

Como aquellos sabios antiguos que más de una vez reseñara en sus clases y en su obra, el Dr. Julio Fernández Bulté logró el summum: la armonía entre el conocimiento y la pasión. Desde ese alto valladar de la cultura que nos impuso tuvo que ser, coherentemente, un hombre completo. La historia no contada de su vida va más allá de laureles y títulos cesarianos. Alguna vez le comenté a mi esposa, también jurista, que escuchar a Bulté era como leer “El Principito”, pues tenía, como el libro de Exupery a la lectura común, esa extraña capacidad de lograr comunicarse con todos y cada uno de sus oyentes sin un ápice de esfuerzo, con una naturalidad casi mística. Nunca avasalló a nadie con su sapiencia descomunal, sino que hizo de su profesión un arte maravilloso, tan cercano al “miocardio inocente” (como el poema de Villena que citaba con frecuencia) como a la propia verdad de sus razonamientos.

No heredé de mis padres, como Julito, la vocación pedagógica. Cuando me siento en un aula con su libro de Filosofía del Derecho en las manos, colaborando con el noble programa de multiplicar la enseñanza universitaria en cada municipio del país, me siento un poco como el estudiante huraño que expone un seminario, no como alguien que imparte una clase y menos todavía un portador de conocimientos integrales de la materia, como sí los tuvo el profe, quien fue pionero de esa y otras asignaturas en la Facultad de Derecho de la Colina. Siempre lo cito, irremediablemente, y aún cuando discrepe de algún que otro detalle, como la influencia definitiva que ejercen las posiciones primeras de Heráclito de Éfeso sobre el pensamiento iusfilosófico, más remarcadas por mi retórica de bolsillo que la propia obra de Aristóteles. Si el profesor Bulté era vehemente cuando sus ideas versaban sobre el Estagirita; tal vez ese mismo ímpetu es el que le incorporo al análisis del padre de la dialéctica. Aún pienso seriamente que no soy profesor de nada, aunque me pare frente a un aula repleta de muchachos y muchachas ávidos, porque para serlo tendría que ser la mitad de bueno que fue Bulté. Y no puedo.

Cuando atiné a reconocer el suelo marmóreo de la Universidad de La Habana, también me topé con rostros de otro tiempo. Ahí estaban muchos de mis compañeros de aula, solemnes. Abogados de este otro Jardín de Academo contemporáneo, cuyo paradigma humano fue común para todos. Ante la tierra veteada por el polvo gris de las cenizas del profe, sonreí al búho centenario de ojos azules, que perpetuamente posado en la cumbre del Rectorado inclinaba su cabeza con un ademán respetuoso, y parafraseando al griego de mi recurrente inconsistencia “pedagógica” recité: “Una misma cosa es en nosotros lo vivo y lo muerto, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo: lo uno, movido de su lugar, es lo otro, a su lugar devuelto…”

El profe ha sido devuelto a ese sitio privilegiado de la memoria que el idealismo marginal nombró eternidad. Somos los únicos garantes de su lugar entre nosotros. Aquí permanece… joven, despierto, vivo. Aquí. 

Repercusión en la prensa

* Estados Unidos vs. Cinco Héroes : Un juicio silenciado; fragm. / Prólogo de Julio Fernández Bulté

Todas las acciones terroristas que ha sufrido el país han sido concebidas, organizadas, financiadas y dirigidas por distintas agencias del gobierno de Estados Unidos, muchas veces actuando a través de, o escudándose en organizaciones contrarrevolucionarias anticubanas.

Ante esa situación irregular Cuba ha tenido que defenderse; nos hemos visto obligados a protegernos contra tales propósitos de destrucción y muerte y en esa dirección, cinco patriotas cubanos consagraron los mejores años de sus vidas a tratar de conocer y evitar las acciones terroristas de una serie de organizaciones contrarrevolucionarias anticubanas radicadas en Estados Unidos. Nunca fue su propósito conocer planes o intenciones agresivas del gobierno de ese país. Por demás, para ello no es necesario, en el mundo de hoy, la acción de cinco ciudadanos en un estado del sur del gran imperio.

La misión de esos hombres era proteger al pueblo cubano y también al estadounidense.

Pero el 12 de septiembre de 1998 fueron detenidos en un ruidoso operativo del FBI y desde entonces sufren un verdadero calvario de injusticia y violación de las más elementales normas del derecho norteamericano, del Derecho Internacional Público y de los principales instrumentos jurídicos de la comunidad internacional en relación con los derechos humanos.

Lo cierto es que esos luchadores cubanos contra el terror han sido sometidos a todo género de irregularidades en un juicio que viola las normas del debido proceso e incluso las normas constitucionales norteamericanas. […]

Los juristas cubanos, desde el inicio del proceso hemos trabajado en el estudio de la causa, y en sus particularidades e incidencias, a fin de brindarle a todo el pueblo la interpretación de cada momento procesal, de cada situación jurídica de dicho proceso. Para ello las mesas redondas han sido el vehículo esencial, y todos los medios de prensa han servido también a estos fines.

Apenas concluida la lucha por el regreso del niño cubano secuestrado en Miami por su parentela contrarrevolucionaria, tuvimos que afrontar las amarguras de estudiar, interpretar y divulgar las incidencias jurídicas de este juicio singular. El compañero Rodolfo Dávalos Fernández, profesor titular de nuestra Facultad de Dere­cho, y el que escribe las líneas de este prólogo hemos tenido el honor y el privilegio de participar en la mayoría de las mesas redondas en que se ha tratado lo concerniente a la causa de nuestros cinco compatriotas y hemos seguido las particularidades jurídicas en todos sus pormenores, junto a otros juristas cubanos.

Rodolfo Dávalos, con una dedicación admirable fue publicando semanalmente ricos, inteligentes y esclarecedores comentarios sobre el juicio, su significado, sus irregularidades y todo lo que en torno a él se iba tejiendo en la entraña del imperio. Esos artículos, en crecido número, fueron publicados semanalmente por el diario Juventud Rebelde.

Ahora el profesor Dávalos entrega no sólo al lector cubano, sino al de todo el mundo, una versión corregida, ampliada, mejorada y actualizada de esos análisis sobre esta causa singular. Este es el libro que ponemos ahora en manos de todos los lectores.

El libro Estados Unidos vs. Cinco Héroes, analiza todos los particulares del juicio, sus entornos políticos y las violaciones jurídicas y éticas cometidas durante el proceso y, de ese modo constituye no sólo una minuciosa información sobre todo ello, sino una comprometida denuncia de tales injusticias.

Es una nueva y esclarecedora voz encaminada a romper el muro del silencio que quisieron construir en torno a esta causa vergonzosa y que poco a poco se ha ido erosionando y fracturando gracias a la solidaridad internacional y la perseverancia de las fuerzas po­pulares en todo el planeta.

Con lenguaje sencillo, ameno, popular, sin petulancias tecnicistas pero con todo el rigor de la verdad jurídica y con toda la finura del discurso legal, el profesor Dávalos va descorriendo los telones de esta causa llena de sombras y vergüenzas y las ofre­ce ahora al lector.

Los valores académicos de Dávalos son bien conocidos: es un profesor de crédito internacional en el Derecho Internacional Privado, laureado muchas veces en foros e instituciones jurídicas internacionales y con una obra escrita que es verdaderamente significativa. Pero el hombre que escribe este libro no es el erudito académico, sino el militante revolucionario, apasionado en esta causa que nos toca a todos en lo más profundo de nuestros sentimientos.

Actualmente las apelaciones contra las desmesuradas y arbitrarias sentencias dictadas contra nuestros compatriotas, han sido apeladas al Onceno Circuito de Atlanta, donde el 10 de marzo del año se celebró la vista de apelación. El juicio, en consecuencia, está concluso para sentencia. El panel de tres jueces designados el 24 de febrero de 2004, para conocer de esa apelación, estudia la voluminosa causa. Es este pues, un momento de alta tensión y enormes expectativas en esta causa penal que puede ser históricamente trascendental.

La lectura de este libro descubre la esencia misma del juicio irregular, ofrece reflexiones cargadas de rigor jurídico y de hondos sentimientos humanistas. Es pues, no sólo un libro revelador, sino que además contribuye al enriquecimiento de los valores esenciales en que se sustenta nuestro proceso revolucionario.

Ha habido causas penales en las que se ha juzgado algo más que a algunos hombres. De hecho en ellas se ha juzgado la esencia humanista de nuestra civilización y el porvenir de los seres humanos. Menciono entre esas causas especiales el proceso seguido en Francia contra Dreyfus, el proceso de Leipzig contra Ernest Thaelman; los procesos penales de la posguerra, en Nuremberg y Tokio, la causa contra los esposos Rosenberg, la causa de Nelson Mándela. Creo sinceramente que el juicio seguido en Estados Unidos contra los cinco patriotas cubanos, luchadores antiterroristas, es una de esas causas extraordinarias en que está en juego, de modo particular, la credibilidad en la supuesta lucha antiterrorista que ha proclamado Estados Unidos y los fundamentos mismos de la legalidad norteamericana.

Este libro debe contribuir a que todos ganemos conocimientos sobre la responsabilidad que como seres humanos, que vivimos en los inicios del tercer milenio, tenemos con un hecho de esta naturaleza.


*Estados Unidos vs. Cinco héroes. Un juicio silenciado, de Rodolfo Dávalos Fernández. -- Editorial Capitán San Luis, 2005.

Recién impreso este libro, la Corte de Apelaciones de Atlanta se pronunció declarando nulo el juicio celebrado en Miami.