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El Blog de la Polilla Cubana
para compartir contigo noticias de Cuba y del mundo

Categoría: Cuba-Historia

08/01/2009 GMT 1

Gracias, Fidel, por levantar en alto tus banderas

polillabaez @ 21:36

Hoy, como ayer, la Revolución hizo de la verdad, y de la unión con el pueblo, una bandera: lo demuestran las palabras de Raúl el pasado 1º de enero, lo anunció Fidel el 8 de enero, hace hoy, exactamente, 50 años:

"Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles."
Raúl Castro, 1º de enero de 2009

¡Jamás defraudaremos a nuestro pueblo!

Esa fue la promesa que hizo el Comandante en Jefe Fidel Castro aquel 8 de enero de 1959 en el campamento de Columbia (hoy Ciudad Libertad) al hablar ante una multitud que celebraba jubilosa la entrada a la capital del país de la Caravana de la Libertad.

Con la publicación del texto íntegro del discurso pronunciado aquella memorable noche, Granma comenzará a reflejar en sus páginas a lo largo de este año diversos documentos e intervenciones del líder de la Revolución, cuyas ideas y conceptos mantienen su plena vigencia medio siglo después y constituyen lecciones históricas de enorme valor para los días de hoy y los tiempos por venir.

Decirle siempre al pueblo la verdad

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a su llegada a La Habana, en Ciudad Libertad, el 8 de enero de 1959

(VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO)

Compatriotas:

Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956.

El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.

Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.

¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados.

Cuando nosotros teníamos un revés, lo declarábamos por "Radio Rebelde", censurábamos los errores de cualquier oficial que lo hubiese cometido, y advertíamos a todos los compañeros para que no le fuese a ocurrir lo mismo a cualquier otra tropa. No sucedía así con las compañías del Ejército. Distintas tropas caían en los mismos errores, porque a los oficiales y a los soldados jamás se les decía la verdad.

Y por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho, seguir— con el mismo sistema: el de decirle siempre al pueblo la verdad.

Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable. Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas. Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba.

Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo diría: prefiero mandar al pueblo.

Discurso íntegro en http://www.granma.cubaweb.cu/2009/01/08/nacional/artic01.html

GRACIAS FIDEL

A Raúl Gómez García

“Aquellos hombres dejaron sus huellas en la piedra
y
las aves los mencionan en sus cantos.
Ellos son cada d
ía mas.” ,

(Hernando Núñez, poeta peruano)

 

 

El ojo sabio despierta antes o quizás

mantiene en guardia la mente en el descanso

Quien habría de suponer

que removiera tanto el entorno en estos años

Giro alrededor mío y observo el momento

en que salí al ruedo

Entré al universo que me tocó

con las primeras nociones de vida

cuando accedí al origen de la idea

a la maravilla de Martì

entrega poética hecha carne en el Hombre

La interpretación en busca de equilibrio

condujo a lo que somos

a lo que la conciencia nos permitió

y hemos querido ser

A pesar de la distancia entre los ciclos

con gratitud me sentí próxima

a la generación soñada

portando sólo la percepción de lo inmediato

y las incógnitas que después despejarían

cuando quedó atrás por siempre

el desalojo de la existencia que representaba

la paradójica pesadilla que sufríamos

y que no era mas que un reflejo real

del continente de nuestras fronteras

cuando el pueblo encumbró en Enero

el compromiso inextinguible

del camino que debía hacia el futuro

orientado siempre por el Sol.

 Poema de Natacha Santiago, Diciembre 2008


30/12/2008 GMT 1

La Cumbre de América Latina y el Caribe: la OEA se fue a bolina V Parte y Final.

polillabaez @ 09:20

Por Orlando Cruz Capote

Una gran victoria y el reconocimiento a la resistencia heroica del pueblo cubano.

La VIII Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA. La separación del Gobierno Cubano.

La cita de los cancilleres comenzó el 22 de enero de 1962 (hasta el día 30), en Punta del Este, Uruguay, (6) lugar que, por ironías del destino, también fue el escenario de la aprobación de la Alianza Para el Progreso. El discurso de apertura del Canciller costarricense dejó claro, desde el inicio, los fines anticubanos del cónclave al plantear que “[...] las amenazas a que se enfrenta el Sistema Regional por la introducción de doctrinas condenadas en anteriores conferencias [...] (recordar la Resolución 93, de Caracas, contra Guatemala) y llamó a “[...] los presentes a tomar las medidas que se requieran para la defensa de las instituciones americanas.” (Acta y Documentos de la Octava Reunión de Consulta de la OEA. Washington, D.C., 1962. OEA/Serie F/62, Documento 11, p. 3; en, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba).

En el mismo tono se expresó el Secretario General de la OEA, cuando en sus palabras de saludo, que fueron aún más allá de las que correspondían a un funcionario quien debió mantener una actitud imparcial, señaló las posibles posiciones e insinuó las futuras decisiones que debían tomarse. En su alocución el dirigente expuso sin ambages y, quizás en un ataque de sinceridad clientelista, los problemas que acarreaba la Revolución Cubana en el continente al aseverar que “[...] las inquietudes sociales y las pasiones de los pueblos se han abierto paso y están ahora presentes en los debates de la OEA.” (Idem, Documento 12, p. 12) Todo parecía, si no lo era, un libreto preparado en cada uno de sus detalles, pero la defensa de Cuba y las contradicciones dentro de las posiciones latinoamericanas introdujeron algunos cambios en el guión elaborado a priori. Rebatiendo el famoso informe de la Comisión Interamericana de Paz, Cuba argumentó la imposibilidad de que EE.UU. y los países que ya no tenían relaciones con ella, fueran juez y parte en el caso que los ocupaba a todos, porque ello violaba el Estatuto de la propia Comisión, en su Artículo 10 donde se precisaba que “[...] Ningún Estado miembro de la Comisión podrá actuar en tal carácter cuando sea parte interesada en un conflicto o controversia en que se haya solicitado la actuación de la Comisión.” (Idem, Documento 18, p. 22).

La respuesta de la Comisión fue de “indignación y ofensa” hacia la “ilustre” institución que había basado su información en fuentes y testimonios “serios a toda prueba” como lo podían ser las entrevistas concedidas por personas salidas de la Isla recientemente o que habían visitado el país en el último tiempo y por “[...] los valiosos datos aportados por los gobiernos de Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, Venezuela y Perú”, (Informe de la Comisión Interamericana de Paz a la Octava Reunión de Consulta de la OEA, Idem. p. 26), los que respondieron un cuestionario previamente elaborado que indujo y reprodujo las acusaciones del imperialismo yanqui contra Cuba. El susodicho documento, ilegal y falaz, acusó al Gobierno de La Habana de violar los derechos humanos, de promover actos subversivos que configuran atentados a la paz y la seguridad hemisférica y acentuó al final que “[...] los actuales vínculos de Cuba con los países del bloque chino-soviético como ostensiblemente incompatibles con los principios y normas que rigen el Sistema Interamericana.

Tales ideas fueron las mismas que se habían elaborado como parte de la doctrina de política exterior de los norteamericanos desde los años cuarenta (teniendo a los nazis como objetivo) y que fueron corroboradas luego de la Guerra Fría con “la amenaza del comunismo internacional”, “las perturbaciones de la paz de las Américas”, “las amenazas a la seguridad, la paz y la integridad territorial de los países del hemisferio”, como sucedió en la Conferencia de Caracas en 1954. En los años que decursaron, desde 1959 hasta 1962, tal pensamiento dogmático y maniqueo se aplicó a Cuba con toda la intención y manipulación posible. El extremo sucedió en esta VIII Reunión de la OEA. En la misma estuvieron presentes el Presidente de Cuba Osvaldo Dorticós Torrado, y el Secretario de Estado de los EE.UU. Dean Rusk, lo que auguró un enfrentamiento entre ambos gobiernos y sistemas políticos al más alto nivel.

Los planes norteamericanos no salieron bien del todo desde el principio. En sus afanes de excluir o separar a Cuba de la OEA y de aplicarle sanciones diplomáticas, políticas, jurídicas, económicas y comerciales -incluidas las financieras- solo pudo llevarse a vías de efecto el primer objetivo. En su camino reaccionario no contaron con el apoyo de un grupo de países latinoamericanos que no respaldaron, por el momento, las sanciones económicas, jurídicas y comerciales y la ruptura de relaciones diplomáticas con el Gobierno de La Habana. Rápidamente en el seno del cónclave, se pudieron apreciar dos posiciones; un grupo de países como México, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Chile, en correspondencia con sus principios defendidos desde meses atrás, decidieron no coincidir con la denuncia colombiana y por lo tanto no aplicar sanciones a Cuba, el segundo grupo, compuesto por los países centroamericanos y las dictaduras del continente pujaron por las medidas más drásticas. Las maniobras para lograr uno de los dos objetivos fueron variadas. A tales efectos, unos días antes el 12 de enero de 1962, en la cancillería brasileña se realizó una reunión con algunos gobiernos de la región para informar la posición del gigante sudamericano en la próxima reunión de la OEA. El pragmatismo político de este país fue impresionante al afirmar que, las fórmulas intervensionistas o punitivas que no tenían fundamentos jurídicos y que producen como resultado práctico el agravamiento de las pasiones y la exacerbación de las incompatibilidades, no podían esperar su aprobación.

Y continuó exponiendo que “[...] Hemos observado con placer que de un modo general las Cancillerías Americanas coinciden en la condenación del recurso de sanciones militares contra el gobierno revolucionario. En primer lugar, la acción militar no dejaría de caracterizar una intervención por ser colectiva. En segundo lugar, la acción militar provocaría una justificada reacción en la opinión pública latinoamericana que favorecería la radicalización de la política interna de los países del Hemisferio y debilitaría los lazos de confianza mutua esenciales a la existencia misma del Sistema Interamericano. En el plano mundial, sería de temer repercusiones en otras áreas viniesen a deteriorar aunque fuese temporalmente las condiciones generales de paz [...] Las sanciones económicas parecerían también un remedio jurídico condenable, en los términos del Artículo 16 de la Carta, y políticamente ineficaz, ya que el comercio de Cuba con América Latina no ha pasado, en sus promedios, del 4,5 % del volumen global de las exportaciones y el 9 % de las importaciones [...] El rompimiento de las relaciones diplomáticas -finalizó Brasil- que se explica en el cuadro de las medidas bilaterales, solo se comprendería multilateralmente, en el presente caso, como un paso al que siguieran otros mayores, ya que disminuiría la posibilidad de influir sobre el gobierno con el que se rompe, privaría a los disidentes del recurso humanitario del asilo y sacaría del plano continental la cuestión cubana para colocarla en el área del litigio entre Occidente y Oriente, cuando desearíamos que no trascendiese los límites del hemisferio”.

Si los párrafos anteriores pueden convencer a cualquier observador de una realpolitik, el complemento de ese análisis también advirtió, a los más confusos, que no se podía sancionar a Cuba, pero daba la clave para la idea de elaborar una proposición que no fuera de las enmarcadas jurídicamente en el Hemisferio y sobre la cual debía pronunciarse la próxima reunión de la OEA. Se dio por sentado que el régimen cubano podía adoptar la forma de un gobierno marxista-leninista y, al mismo tiempo, se dejó “la puerta abierta” para proclamar la “famosa” tesis de la incompatibilidad entre un régimen marxista-leninista y el Sistema Interamericano. (8) Alrededor de esta concepción se debatieron los gobiernos en la VIII Reunión de Consulta de Cancilleres. Todos en mayor o menor medida apoyaron la concepción de la incompatibilidad. Las dudas estaban si esta nueva norma era un marco jurídico lícito para separar al Gobierno de Cuba de la OEA y aplicar las otras sanciones.

Muy tempranamente, el Secretario de Estado Dean Rusk, propuso en una intervención la necesidad de que la Conferencia debía “[...] proclamar la incompatibilidad del régimen cubano con los propósitos y principios del Sistema Interamericano” y en consecuencia “[...] excluirlo de participar en los órganos y organismos de dicho sistema.” (Informe de la Comisión Interamericana de Paz a la Octava Reunión de Consulta de la OEA; en Actas y Documento de la Octava Reunión de Consulta de la OEA. Washington, DC., 1962, OEA/Serie F/62, Documento 35, p. 13). Exigiendo, además, la suspensión de relaciones diplomáticas, consulares, económicas y de las comunicaciones de todo tipo con la Isla, así como la creación de una Comisión Especial de Seguridad que recomiende medidas individuales y colectivas contra cualquier acto o amenaza de agresión, directa o indirecta, de las potencias chino-soviéticas o de otras que estén asociadas con esos países. En una falsa argumentación -que ya hemos aclarado anteriormente- D. Rusk, aseveró que el discurso de Fidel Castro del 1ro de diciembre de 1961, fue la mayor evidencia de que Cuba había “[...] roto definitivamente con sus hermanos de América [...] y le ha proporcionado al comunismo una cabeza de puente en el Hemisferio.” (Idem. p. 15) El Secretario de Estado norteamericano estuvo todo el tiempo preocupado por conocer si se obtenía los ¾ -el 75 %- de los votos-países necesarios para aplicar las medidas de separación. Por cierto, este Reglamento fue extraído del TIAR y llevado al marco de la OEA como forma de propiciar la sanción, lo que constituyó otra flagrante violación. La tarea de separar al Gobierno Revolucionario de la OEA no fue fácil en ningún sentido, pues si la mayoría de los gobiernos estuvieron de acuerdo en este punto, un grupo de ellos le “forcejeó” a los yanquis la venta del voto. Otros fueron muy presionados para que apoyaran esta expulsión. Los gobiernos de México junto a los de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Chile tuvieron una posición justa pero, a la vez, muy ambigua. Varios ejemplos pueden ilustrar estas aseveraciones. La intervención del Canciller mexicano, Manuel Tello no dejaba lugar a dudas acerca de una contradicción diáfana entre varias concepciones: “[...] Parece, pues, indudable que existe una incompatibilidad entre la pertenencia a la OEA y una profesión política marxista-leninista [...] Con la misma energía con que defendemos el derecho de autodeterminación de los pueblos, del pueblo cubano, por consiguiente, sostenemos que es inconciliable la calidad de miembro de nuestra organización con la adopción de un régimen de Gobierno, cuyas características no son las de la democracia representativa”.

La tradicional “Doctrina Estrada” mexicana de no injerencia, intromisión e intervención en los asuntos internos de otros Estados y el derecho a la independencia y la autodeterminación nacional chocó con la ideologización extrema de la política exterior del gobierno burgués mexicano de ese momento. El delegado de Panamá, en un típico oportunismo, aunque apoyó la medida trató de imponer a los EE.UU. expuso que su gobierno vería de muy buen gusto abrir conversaciones sobre el Canal y la propiedad absoluta que poseían los norteamericanos sobre ese territorio istmeño. En otro acápite tragicómico, el gobierno del dictador Duvalier puso reticencias en apoyar a los EE.UU. El juego, nada serio, era para aprovechar la ocasión y vender su voto a un precio más alto, hecho que logró en los finales del cónclave al recibir mayores dádivas financieras por parte de Washington. Por su parte, los gobiernos centroamericanos, en especial los de Nicaragua y Guatemala se pronunciaron abierta e ingerencistamente sobre el tema y llamaron a “[...] devolverle al pueblo cubano su libertad, su fe, su religión, su moral, su derecho a seguir siendo cubano [...]”. Las presiones de los EE.UU., hicieron su mella en otro grupo de países. Blandiendo la amenaza de que los que no se uncieran a la política norteamericana verían afectados sus relaciones económicas con Washington y su participación en la Alianza para el Progreso, el Imperio del Potomac doblegó al grupo de países más proclives a no tomar medidas contra Cuba. Y aunque uno de ellos votó en contra (Cuba), el resto solo pudo abstenerse (México, Argentina, Chile, Ecuador, Brasil y Bolivia). Algunos de estos gobiernos hicieron constar en el Acta Final -otra contradicción- que el acuerdo de excluir a Cuba carecía de fundamento legal y violaba lo establecido en la Carta de la OEA, que no contenía mecanismos que justificaran tal medida. Como colofón de la VIII Reunión de Cancilleres de la OEA, Cuba y su Gobierno Revolucionario fueron separados de la Organización Interamericana. Los votos 13 y 14 se los brindaron el régimen dictatorial de Haití y, también, la genuflexión y entreguismo de última hora del gobierno del Uruguay. De ello, quedó constancia en la Resolución No. VI que, además, recomendaba “[...] la más continua vigilancia de parte de los países miembros [...] los que deben informar al Consejo de todo hecho o situación capaz de poner en peligro la paz y seguridad del Continente.”

Este intento de seguimiento fue muy peligroso para la Revolución Cubana y los movimientos revolucionarios en el subcontinente pues, a través de esta resolución y otras que se tomaron, la OEA se convirtió en una especie de policía en el hemisferio occidental al servicio de los EE.UU. en contra, esencialmente, de Cuba. En la Resolución No. VIII, sobre las relaciones económicas, se resolvió “[...] suspender inmediatamente el comercio y tráfico de armas e implementos de guerra de cualquier índole con Cuba”, (Idem, Documento 68, p. 21) recomendando que esta prohibición debía extenderse también hacia otros artículos. Fue la antesala del bloqueo económico continental contra Cuba. Finalmente, la Resolución No. II, la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, aprobó la creación de una Comisión Especial de Consulta sobre Seguridad contra la acción subversiva del Comunismo Internacional que tuvo la misión de asesorar a los gobiernos de los países miembros de la OEA, para prevenir cualquier acto de agresión, subversión y otros peligros que provinieran de la continuada intervención de las potencias sino-soviéticas en el Hemisferio.

La posición de la delegación cubana fue digna y firme. El Presidente Osvaldo Dorticós expuso que “[...] la OEA se hace incompatible con la liquidación del latifundio, con la nacionalización de los monopolios imperialistas, con la igualdad social, con el derecho a la educación, con la liquidación del analfabetismo [...] y en ese caso Cuba no debe estar en la OEA.” Y en otro momento de su intervención expresó que “ [...] Podremos no estar en la OEA, pero Cuba Socialista estará en América; podremos no estar en la OEA, pero el gobierno imperialista de los Estados Unidos seguirá contando a 90 millas de sus costas con una Cuba revolucionaria y socialista [...] El Gobierno cubano ha reiterado su decisión de mantener una política internacional basada en el apotegma de José Martí, que nos recomendó: “Marchar con todo el mundo y no con parte de él”. Los que respeten a Cuba, encontrarán el respeto de Cuba. Los que quieran comerciar con Cuba, hallarán en Cuba una disposición a comerciar. Los que estén dispuestos a negociar las diferencias que existen con Cuba, verán a Cuba dispuesta a debatir esos diferendos con una agenda abierta y sin limitación alguna. Pero si lo que se pretende es que Cuba se someta a las determinaciones de un país poderoso y de los que pueden ser sus instrumentos circunstanciales; si lo que se busca es que Cuba capitule, renuncie a las aspiraciones de bienestar, progreso y paz que animan su Revolución Socialista y entregue su soberanía; si lo que se intenta es que Cuba vuelva la espalda a los países que le han demostrado una amistad sincera y un respaldo cabal; si, en una palabra, se intenta esclavizar a un país que ha conquistado su libertad total después de siglo y medio de sacrificios, ¡sépase de una vez!: ¡Cuba no capitulará!“ (En revista Cuba Socialista, La Habana, 1962, pp. 98-99).

La derrota de Cuba no era absoluta sino relativa y también temporal. El solo hecho que algunos países latinoamericanos no se plegaran a los derroteros estadounidenses de lograr sanciones de mayor envergadura contra el Gobierno Revolucionario puede considerarse un triunfo de la diplomacia cubana en aquel contexto histórico. La victoria de los EE.UU., sin menospreciar su alcance y objetivos reales, fue pírrica en lo que a Cuba se refiere, por cuanto sus propósitos siempre tuvieron un mayor contenido. En un primer momento, la exclusión del Gobierno de la Isla de la OEA, ayudó a los gobernantes de la Casa Blanca a desatar una campaña anticubana de gran dimensión y, por ende, contra el movimiento revolucionario -de liberación nacional y social- del continente, bajo el pretexto de la amenaza comunista exterior; en un segundo momento, junto a la separación de uno de los miembros del sistema hemisférico, al margen de los marcos jurídicos de la Carta de la OEA, se desarrolló una crisis institucional de este organismo regional. La organización había perdido en legitimidad y credibilidad ante los ojos de los pueblos al convertirse en un instrumento más dúctil y dócil al servicio los intereses monopólicos y más reaccionarios del vecino de norte.

Luego de la VIII Reunión de la OEA, muchos países se vieron conmovidos por golpes militares y cambios institucionales al margen de las constituciones burguesas vigentes. Lo que los Estados Unidos no habían logrado en la conferencia, es decir, sancionar económica, comercial y financieramente a la Isla, debía hacerlo a través de la intromisión en los asuntos internos de los que, incluso, consideraron sus aliados.

La pequeña osadía de algunos países latinoamericanos de oponerse o abstenerse de votar a favor de los EE.UU., la pagaron caro un breve tiempo después. La experiencia de República Dominicana, al ser asesinado en mayo el dictador Trujillo y más tarde, la caída del gobierno de Brasil solo fueron los anuncios premonitorios de lo que sucedería posteriormente en otros lugares del continente. El 25 de agosto de 1961, anunció su renuncia el Presidente de Brasil Janio Quadros, cuatro días después que condecorara al Comandante Ernesto Che Guevara con la Gran Cruz de la Orden Cruceiro do Sul. Asumió la presidencia, el vicepresidente Joao Goulart, quien se encontraba de gira por el exterior, luego de tener que realizar concesiones a una facción militar del país. Finalmente, Goulart es derrocado también por un golpe de estado en 1964. El 8 de noviembre de ese propio 1961, es derrocado el presidente de Ecuador José María Velazco Ibarra, siendo sustituido por Julio Arosemena, un hombre más afín a los intereses norteños y a la oligarquía de su país. En El Salvador se hizo del poder un titulado Directorio Civil-Militar, que terminó con la institucionalidad burguesa representativa. Más adelante, en marzo de 1962 fue derrocado el gobierno de Argentina y en junio de ese año, el del Perú. Los gobiernos de Honduras, Guatemala y Uruguay fueron defenestrados en 1963.

La ola dictatorial y de terror se amplió a toda la región. Y el auge del movimiento revolucionario siguió creciendo en todos los rincones de la geografía de Nuestra América. Pero antes, los EE.UU. y las oligarquías de la región tuvieron que escuchar un nuevo documento programático de la proyección internacional de la Revolución Cubana.

La Segunda Declaración de La Habana. Profesión práctica latinoamericanista, antiimperialista y socialista.

La reunión de cancilleres de la OEA se hizo coincidir, por parte de los amigos de la Revolución Cubana, con una Conferencia de los Pueblos, inaugurada el 23 de enero de 1962, en el Teatro “Federico García Lorca” en La Habana. Ella constituyó la réplica de los humildes y oprimidos a la reunión de Punta del Este. El artífice principal fue el expresidente de México, Lázaro Cárdenas, quien al negársele su asistencia al evento envió un mensaje de gran profundidad política-analítica.

El “Tata” Lázaro, como se conocía entre los íntimos, expresó que,”[...] como en esta lucha de emancipación, Cuba tiene una posición de vanguardia, sufre la agresión de los monopolios imperialistas, enemigos de todo avance reivindicativo nacionalista, y se le desconoce su disposición para llegar a un arreglo conciliatorio en sus conflictos con el gobierno norteamericano, siempre que no se lesionen sus derechos de soberanía.” (En periódico Revolución, La Habana, 24 de enero de 1962, p. 1). Y continuaba su posición solidaria al expresar que, “[...] con fundamento en el derecho que asiste a todo país a darse el sistema de gobierno que elija el pueblo por su propia voluntad [...] Comparto con ustedes la profunda emoción de ver nuevamente cómo el pueblo de Cuba se levantad digna y resueltamente, defendiendo sus derechos de soberanía.” En el evento latinoamericanista se dieron cita otras agrupaciones, organizaciones y personalidades revolucionarias y progresistas. Entre ellos, la Central Única de Trabajadores de Chile, la Confederación de Trabajadores de México, la Federación Estudiantil Universitaria de Uruguay y su Central de Trabajadores, Las Ligas Campesinas del Brasil, la Federación de Trabajadores de Costa Rica, el Frente de Liberación Nacional del Perú, el Frente de Acción Popular de Chile y un numeroso grupo de partidos comunistas del subcontinente. Entre las importantes personalidades participantes se encontraron el senador chileno Salvador Allende, los venezolanos Fabricio Ojeda y Pedro Mir, el salvadoreño Roque Dalton, los guatemaltecos Jacobo Arbenz y Manuel Galich, el también chileno y comunista Volodia Teitelboim, la nicaragüense Blanca Segovia Sandino, etc.

Entre las manifestaciones de apoyo a la Revolución en la Mayor de las Antillas se destacaron las realizadas en el Brasil, en donde el líder comunista Luis Carlos Prestes, señaló que la Revolución Cubana es vanguardia de la revolución social en América. De igual forma, el diputado laborista y dirigente de las Ligas Campesinas, Francisco Juliao, afirmó que era necesario el apoyo a Cuba en esos difíciles momentos en que se fraguaba una agresión contra el Primer Estado Socialista del Hemisferio. De otras latitudes se escucharon voces de apoyo a la Cuba revolucionaria y de denuncia a las maniobras norteamericanas. Tales fueron los mensajes enviados a La Habana por Josif Broz Tito (Yugoslavia), Gamal Abdel Nasser (Egipto) y el también Presidente de la India, Jawaharial Nehru. El diario Pravda, órgano del PCUS, se pronunciaba en el sentido de que “[...] los círculos reaccionarios de los Estados Unidos no han podido esconder sus planes insidiosos para asegurar una denuncia colectiva contra Cuba, para levantar un cordón sanitario alrededor de la república independiente, para hacer más fácil iniciar después una agresión contra ella.” (En periódico Hoy, La Habana, 25 de enero de 1962, p. 1)

La Conferencia de los Pueblos fue un éxito. Tal fue su repercusión que la prensa norteamericana le dedicó algunos espacios con el objetivo de advertir que la propaganda comunista y castrista la había organizado para distraer la atención de los resultados de la reunión de la OEA. Pero el colofón de ese cónclave solidario, lo fue la gran concentración popular en la Plaza de la Revolución, el 4 de febrero de 1962. Allí se dio lectura por el Comandante en Jefe Fidel Castro, aprobándose por alrededor de un millón de personas,”La Segunda Declaración de La Habana”.

El programa de proyección internacional tuvo, y sigue teniendo, un impacto extraordinario. Con una análisis marxista-leninista creador, martiano y bolivariano, la Revolución Cubana realizó una verdadera disección y diagnóstico de la realidad latinoamericana e internacional. En especial, se precisó la situación de los países subdesarrollados, en particular de los latinoamericanos y caribeños y el estado de las relaciones entre estos y los EE.UU. La declaración identificó el impacto de la Revolución Cubana y sus transformaciones en el escenario regional y su intervinculación con las luchas que se desarrollaban en otras partes del planeta. En sus palabras iniciales se preguntó: “¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?”. (II Declaración de La Habana, 4 de septiembre de 1962, p. 38; en, Declaraciones de La Habana y Santiago de Cuba, Editora Política, La Habana, 1965).

El documento programático además de convertirse en un alegato político, no solo de defensa sino de contraataque revolucionario, tuvo un perfil histórico, al recorrer los principales acontecimientos de la humanidad en la contemporaneidad, simultáneamente ofreció respuestas acertadas a las interrogantes de las causas y las consecuencias de los hechos y procesos que habían conllevado a la opresión colonial, neocolonial, al racismo y la explotación de las grandes mayorías de los pueblos del mundo por unos pocos países metropolitanos, capitalistas y desarrollados. La acusación a los regímenes explotadores, en especial, al capitalismo y el imperialismo (su fase superior) del atraso, subdesarrollo, deformación estructural y sus secuelas sociales de las naciones del Tercer Mundo quedaron al desnudo, en un lenguaje claro y sencillo, de fácil acceso y lectura para las masas populares.

La necesidad de que Latinoamérica y el Caribe se incorporaran definitivamente a las luchas mundiales se destacó cuando se expresó que “[...] Cuba y América Latina forman parte del mundo. Nuestros problemas forman parte de los problemas que se engendran de la crisis general del imperialismo y la lucha de los pueblos subyugados: el choque entre el mundo que nace y el mundo que muere”. El llamado a la articulación internacional de las luchas nacionales y regionales fue de una importancia cardinal. No era posible llevar a cabo un combate contra el imperialismo norteamericano y sus aliados, por parte de las organizaciones revolucionarias del subcontinente, si no se unían tales empeños a los batallares del movimiento de liberación nacional y social de todo el planeta. El llamado a una unidad mundial de las fuerzas revolucionarias de los países del Tercer Mundo era decisorio para la causa y el éxito de la misma.

Y esa lucha entre lo viejo que muere y lo nuevo que nace lo insertó en la aguda polémica ideológica y política que se desarrollaba entre las organizaciones revolucionarias. Al respecto, se evaluó y sintetizó la experiencia histórica de la estrategia y táctica, de los métodos y formas de lucha, afirmando que “[...] Las condiciones subjetivas de cada país, es decir, el factor conciencia, organización, dirección, puede acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce [...] Que ésta tenga lugar por cauces pacíficos o nazca al mundo después de un parto doloroso, no depende de los revolucionarios, depende de las fuerzas reaccionarias de la vieja sociedad, que se resisten a dejar nacer la sociedad nueva, que es engendrada por las contradicciones que lleva en su seno la vieja sociedad”.

La lectura crítica de esta parte de la declaración sirve para desbaratar las apreciaciones y percepciones que hubo acerca de la imposición de la línea cubana de la lucha armada. Lo que se trató de plantear, era la urgencia de un análisis pormenorizado de la realidad en cada país concreto, el estudio de su sociedad y valorar las oportunidades de llevar adelante una lucha en estrecha vinculación con las demandas y anhelos de las masas populares. Pero, a la vez, la necesidad de que las vanguardias políticas tenían que impulsar, en un sentido positivo, la marcha de la historia siempre en la más estrecha unidad de acción, a pesar de las diferencias ideológicas persistentes en su seno. Y que a la violencia contrarrevolucionaria de la burguesía había que responder con la violencia revolucionaria de las fuerzas de izquierdas, la democráticas y progresistas. Añadiendo la Declaración que por mucho que algunos oculten y den la espalda al proceso revolucionario continental “[...] en muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie”.

La Declaración acusó al imperialismo de la situación por la que atravesaba América Latina y el Caribe; denunció la Alianza Para el Progreso, a la OEA, rechazó la política de los golpes militares y el derrocamiento por la fuerza de los regímenes de democracia representativa a pesar del repudio a esa forma burguesa de sistema político de participación ciudadana y sancionó la intromisión en los asuntos internos y hemisféricos por parte de los EE.UU. como gendarme y potencia imperial hegemónica. Frente a la acusación de que Cuba quiere exportar su revolución se respondió que las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos y que lo único que Cuba podía dar a esas masas irredentas era el ejemplo.

En un momento cumbre del documento, Cuba llamó la atención sobre los problemas del divisionismo en el seno de las organizaciones revolucionarias como consecuencia de los prejuicios, ideas falsas y mentiras; el sectarismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, llamando a la unidad de acción contra el imperialismo. Confirmando que “[...] el deber de todo revolucionario es hacer la revolución.” La unidad entre todos fue el llamado fundamental de la Revolución Cubana. Esa unión era la única alternativa de las fuerzas que componían todas las organizaciones revolucionarias, en estrecho vínculo con sus pueblos, para oponerse con éxito al imperialismo y los aparatos de represión de los regímenes burgueses, tanto dictatoriales como representativos. La unidad había que lograrla superando las discusiones estériles y vacías acerca de quiénes tenían la verdad, quiénes podían ser las vanguardias del proceso nacional liberador y social. Había que eliminar los debates acerca de los caminos de cómo hacer la Revolución y no sentarse para ver pasar, inactivos, el cadáver del imperialismo, o lo más seguro, la muerte y fracaso de la marea revolucionaria. No fue un llamado voluntarista y aventurero como lo quisieron hacer ver algunos de los enemigos de la Revolución e, incluso, algunos grupos revolucionarios que no compartieron el planteamiento. Al final, el llamado a la Revolución fue inevitable. “ [...] Porque esta gran humanidad ha dicho: “¡Basta!” y ha echado a andar. Y su marcha de gigante, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia.”

La Segunda Declaración de La Habana fue una declaración de principios, una profesión de fe en el antiimperialismo y el latinoamericanismo militante, una visión esperanzadora de que los pueblos del subcontinente latinoamericano marcharían unidos junto a los demás pueblos del Sur subdesarrollado con vistas a alcanzar una sociedad más justa e independiente. El documento fue, como expresamos, el más coherente, abarcador, integral y sistémico de la política exterior de la Revolución Cubana en esos tres años posteriores al triunfo de 1959. La lucha continuó en todos los terrenos. A la posibilidad del aislamiento definitivo, aunque siempre relativo, la Revolución Cubana respondió con una proyección internacional más profunda, llevada de inmediato a la práctica, correspondiente con su carácter socialista, latinoamericanista, antiimperialista, internacionalista, tercermundista y humanista. Y ante el advenimiento de una agresión directa del imperialismo norteamericano se preparó en el terreno militar, político, económico y diplomático. Y confió, como nunca antes, en la capacidad del pueblo cubano de resistir y vencer, junto a la solidaridad de los países de la comunidad socialista y los pueblos del mundo.

Ahora, cuando entramos por la puerta grande al conglomerado de naciones latinoamericanas y caribeñas, comprendemos el porqué de esos combates y sus enormes resultados en el tiempo. Una Revolución vale por lo que sabe defenderse, y esa máxima leninista fue llevada a cabo por la dirección histórica de la Revolución Cubana, en primer lugar, Fidel y Raúl, Camilo y el Che, Dorticos y Roa, pero más que todo por el pueblo, el verdadero protagonista de esta epoyéyica resistencia y desarrollo.

La OEA se está yendo a bolina, como un viejo cometa que ya no posee ningún viento a favor y el timonel está desprestigiado y deteriorado moralmente. No podremos regresar jamás, porque continúa siendo un instrumento de los círculos de poder estadounidenses, con su denigrante “Carta Democrática” y la “gobernalidad democrática alterna de los partidos burgueses”. El Ministerio de Colonias Yanqui fue rebasado y desbaratado por los pueblos que marchan con Cuba y con la América Nuestra. Ahora sí podemos gritar: ¡Viva Cuba!, ¡Viva Venezuela!, ¡Viva Bolivia!, ¡Vivan todos los latinoamericanos y caribeños!

Patria o Muerte, ¡Venceremos!

Notas bibliográficas y referencias:

(6) Documentos de la Organización de Estados Americanos. Acta Final de la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, Punta del Este, Uruguay, 22 al 31 de enero de 1962; en, Archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.

(7) Carlos Lechuga Itinerario de una farsa, Ob. Cit. P. 216.

(8) Esta variante brasileña, aun discutida, no resulta descabellada al tener presente que los contactos de funcionarios norteamericanos y latinoamericanos habían sido intensos durante el segundo semestre de 1961 y que, como hemos descrito anteriormente, los EE.UU. si bien deseaban medidas radicales contra Cuba, podían aceptar una separación de la Isla de la OEA primero, y preparar el terreno para una futura reunión panamericana en la que el Gobierno Revolucionario fuera sancionado y se rompiera con el mismo en todos los terrenos. Ello sucedió en la IX Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, del 21 al 26 de julio de 1964.

La Cumbre de América Latina y el Caribe: La OEA se fue a bolina. IV Parte

polillabaez @ 07:46

Por Orlando Cruz Capote

Una gran victoria y el reconocimiento a la resistencia heroica del pueblo cubano.

La exclusión arbitraria cubana de la OEA. La defensa de Cuba y la Segunda Declaración de La Habana.

Nunca antes estuvo más cerca la posibilidad de una agresión militar directa de los EE.UU. contra Cuba que en el año 1962. Los planes anticubanos avanzaron a marcha forzada y nada parecía detenerlos. La Crisis de los cohetes, en Octubre de 1962, fue el colofón de esa situación tan peligrosa.

La coyuntura era dramática y no solo en el ámbito hemisférico. En Europa, la crisis sobre Berlín aumentaba. El posible enfrentamiento entre la URSS y los EE.UU., entre la OTAN y el Tratado de Varsovia fueron motivos de grandes titulares de la prensa y fuertes debates en los medios políticos en ambos bloques político-militares. No pareció encontrarse una solución a la confrontación y se tensaron las situaciones hasta extremos insospechados. La Guerra Fría y la política exterior de los EE.UU. constituyeron el gran motor de las diferencias y contradicciones. Para los regímenes neocolonizados del subcontinente, el grito de: ¡Cuba sí, yanquis no!, tuvo una trágica resonancia interna que no estuvieron dispuestos a tolerar. No solo fue una consigna solidaria de los pueblos para con la Cuba revolucionaria sino el preámbulo del momento en que las masas populares podrían lanzarse a la lucha por la liberación nacional y social, contra la dependencia del imperialismo norteamericano y las burguesías lacayunas. Para algunos de los gobiernos “democráticos” de la región había llegado el momento de quitarse sus caretas “progresistas” no solo para con la realidad de la Revolución en la Mayor de las Antillas sino hacia dentro de sus propias sociedades. A la actitud anticubana de los regímenes de Nicaragua, Haití, Paraguay, República Dominicana (Trujillo es asesinado en mayo) y Guatemala, se sumaron las “democracias representativas” de El Salvador (Junta Militar en el poder), Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica y Venezuela.

Los ataques contra Cuba eran de la misma sustancia que en los años anteriores, aunque algunos nuevos elementos de la propaganda se perfilaron. La idea de que en la Isla se violaban los derechos humanos (a la Comisión Interamericana de Paz de la OEA fueron llevados tales acusaciones) y que el Gobierno Revolucionario Cubano intervenía, a través de sus embajadas y funcionarios, en los asuntos internos de los países con los que mantenía relaciones diplomáticas y consulares, ayudó a agitar el fantasma de la “exportación de la Revolución” y la necesidad de fortalecer la seguridad nacional de esas naciones. En el caso de la violación de los derechos humanos se hizo énfasis en la necesidad de que Cuba no ajusticiara severamente a los mercenarios que habían sido encarcelados y estaban algunos pendientes de juicio. Las denuncias se basaron en que los mismos se “maltrataban y que no eran sometidos o no se someterían a procesos judiciales imparciales y justos”. El problema provocado por el gobierno de Costa Rica fue una demostración evidente de lo que se preparó. El régimen de ese país rompió relaciones con Cuba “al conocer” el ajusticiamiento de criminales de guerra como Ramón Calviño (mercenario capturado en Playa Girón, que tenía un amplio expediente de asesinatos de revolucionarios durante la dictadura de Fulgencio Batista). La causa de la ruptura de las autoridades “ticas” fue cínica: “la violación de los derechos humanos” por la parte cubana.

Ante la solución humanista de la Revolución Cubana, de que los mismos podían ser devueltos a EE.UU. si este país agresor pagaba, en especie, el costo de la agresión y el retorno de sus asalariados, las autoridades de la Casa Blanca elucubraron un nuevo plan maquiavélico que consistió en que a su regreso, los invasores derrotados -cambiados por alimentos, medicinas y otros productos, como tractores- y los nuevos reclutas contrarrevolucionarios pudieran ingresar en las fuerzas armadas norteamericanas, facilitando su entrenamiento encubierto y la futura intervención directa del ARMY-/USA en Cuba y otras partes del mundo. En el segundo caso, la histeria y el clima agresivo fue de tal magnitud que la Delegación de Cuba remitió al Secretario General de la OEA, a principios de octubre de 1961, un documento donde denunciaba que estas variadas provocaciones, podrían traer como consecuencia que los países latinoamericanos que mantenían relaciones con la Isla se sintieran compulsados a deteriorar las mismas como había sucedido con Guatemala y Nicaragua quienes rompieron los lazos con el “Gobierno de la Habana” por acusaciones de que las misiones cubanas en esos países se inmiscuían en la política interna.

El caso salvadoreño fue uno de los más graves, al asaltarse la embajada cubana por militares de ese país, llevarse preso y esposado al representante diplomático, amenazarlo de muerte y registrar todas sus pertenencias en búsqueda de correspondencia comprometedora que demostrara las acciones del Gobierno Revolucionario en contra del derecho internacional. En noviembre fue atacada y asaltada la sede diplomática cubana en Lima, por cinco individuos armados. (1) Posterior al hecho vandálico aparecieron en el diario La Prensa, de ese país noticias falsas -apoyadas en documentos espurios también- en las que se señalaba la supuesta intromisión de la Misión de Cuba en los asuntos internos de ese país. Otra provocación de esa índole sucedió en Argentina. Aprovechando la expulsión de un funcionario del Servicio Consular cubano y utilizándolo como instrumento para atacar a Cuba se intentó crear una situación similar a la del Perú al presentar documentos apócrifos “extraídos de la legación diplomática cubana de Buenos Aires”. El gobierno cubano, para demostrar la patraña, permitió que la Cancillería argentina revisara los libros de asiento y todos los documentos que deseara. El final fue previsible, los “famosos” documentos no se correspondieron con los números y las firmas de los funcionarios cubanos y, por tanto, mucho menos con los originales. Eran tan infieles como que el mismo personaje contrarrevolucionario, el susodicho Frank Díaz, reincidía en las acciones de la Argentina, como lo hizo en el Perú. El gobierno argentino se encargó de desinflar ese”pretexto” y calumnia al declarar que todo fue una burda invención. Hubo hasta la intención de crear una situación similar en la representación diplomática cubana en las Filipinas.

Mientras tanto, en el mismo documento cubano ante la OEA de octubre, el Gobierno Revolucionario advirtió que en Guatemala se estaban entrenando militarmente más de 600 hombres de varias nacionalidades, entre ellas la cubana, con el fin de agredir a la Isla. La ubicación de la base del ejército guatemalteco era sintomática, radicaba en la finca “La Rosa” perteneciente a la sobrina del presidente de ese país. Asimismo, la Nota Cubana señaló que en Nicaragua habían concentrados en la hacienda “Montelimar”, propiedad de Somoza, centenares de mercenarios; que en la zona de Constanza, República Dominicana, también existían campos de entrenamiento de contrarrevolucionarios y, en Puerto Rico, en la zona cercana al poblado de Santa Isabel, se habían construido pistas de aterrizaje para aviones bimotores y bombarderos. Los meses y días que antecedieron a Playa Girón volvieron a repetirse de forma más peligrosa, pues en estos momentos eran más los países involucrados. Los acontecimientos se aceleraron. El 4 de octubre, en el contexto de la campaña anticubana, la Junta Interamericana de Defensa decidió excluir totalmente de las labores de la misma al delegado cubano, lo que constituyó un acto arbitrario, pues Cuba era aun un Estado miembro de la OEA y debía disfrutar de sus derechos en el Sistema Regional.

El 6 de octubre, el Consejo Permanente y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA recibieron a los miembros del titulado Consejo Revolucionario Cubano -en el exilio de Miami-, quienes días antes había presentado a dichas instituciones un documento solicitando ayuda para derrocar al régimen “(...) que ha encadenado al pueblo cubano a la dominación soviética”. (Acta de la Sesión del Consejo del 16 de octubre de 1961, Fondo de la OEA, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba) Las “causas” para las futuras acciones en el marco de la OEA estuvieron casi preparadas. En ese momento, nuevamente el gobierno del Perú, fue el encargado de iniciar los intentos para convocar una reunión de la OEA con el fin de buscar una acción colectiva hemisférica contra el Gobierno Revolucionario. El 16 de octubre el régimen peruano solicitó al Consejo Permanente de la OEA que “(...) de acuerdo con el Artículo 6 del TIAR, convoque con carácter urgente al Órgano de Consulta y que, de conformidad con el Artículo 12 del mencionado tratado, se constituya y actúe provisionalmente como Órgano de Consulta con el objetivo de designar una comisión que se constituya en Cuba sin demora para investigar los hechos de materia de esta solicitud”. (Acta de la Sesión extraordinaria del Consejo de la OEA celebrada el 16 de octubre de 1961. OEA/Serie G/61, Documento 7, p. 32; en Archivo del MINREX de Cuba). La idea de concretarse, siempre con carácter urgente, consistió en que cualquier decisión que se tomara por el TIAR, era de estricto cumplimiento para todos los países miembros como lo estipulaban sus estatutos. La acusación fue congruente con la campaña anticubana en desarrollo: la violación de los derechos humanos y la represión que reinaba en Cuba. La “tragedia cubana” se declaró con las siguientes palabras: “(...) La efusión de sangre y la opresión que sufre el pueblo cubano por parte del régimen comunista que lo gobierna, constituye una afrenta para América, continente esencialmente libre, democrático y respetuoso de la persona humana.” En otro párrafo señaló que las ejecuciones arbitrarias del Gobierno cubano afectaban no solo a los adversarios políticos sino también a las mujeres, los menores de edad y altos representantes de la cultura y de la Iglesia. Haciendo uso cínico de la “Operación Peter Pan”, el documento peruano se hacía eco de la campaña inhumana de que “ (...) el Estado cubano le iba a quitar el derecho de la Patria Potestad a las madres de los niños en Cuba”. (2) Además, no estuvo ausente la acusación de la supuesta ingerencia de los diplomáticos y funcionarios cubanos en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

El desespero o la ineficiencia de Derecho, del representante del Perú, le hizo olvidar que para invocar el Artículo 6 del TIAR hacía falta una situación de agresión o amenaza de agresión externa e interna, por tanto el sustento jurídico no era valido. La acusación peruana se refería a un objeto inherente a la soberanía nacional de Cuba, por lo que la propuesta en sí fue un llamado a la intervención en los asuntos internos de un país, hecho que era violatorio de la propia Carta de la OEA. Por ende, simple y llanamente la propuesta no era viable. Ello fue aprovechado por la diplomacia cubana y la de otros países latinoamericanos (3) para negar el procedimiento. Finalmente, el 25 de octubre la propuesta se trasladó para la Comisión Interamericana de Paz con el objetivo de que fuera estudiada. El Embajador cubano en la OEA, Carlos Lechuga, respondió duramente al Gobierno peruano poniendo al desnudo las viejas intenciones del régimen de ese país de convertirse en punta de lanza dentro del hemisferio en las acusaciones a Cuba para motivar una acción colectiva de agresión. Las palabras de la Isla resonaron en los salones al expresar: “(...) O la Organización de Estados Americanos vuelve sus espaldas a los pueblos, ya sin remedio, para doblegarse a la demanda del más fuerte, o la Organización de Estados Americanos se yergue y define los derechos de todos los Estados miembros a la autodeterminación. No hay otra alternativa.” (4)

A estas alturas del debate, el gobierno colombiano salvó el “escollo jurídico y político” al proponer el 9 de noviembre que, “(...) se convoque una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores, de acuerdo con el Artículo 6 del TIAR, para considerar las amenazas a la paz y a la independencia política de la los Estados Americanos, que puedan surgir de la intervención de potencias extracontinentales.” (Acta de la Sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 14 de noviembre de 1961. OEA/ Serie G/61, Documento 10, p. 15; en Archivo del MINREX de Cuba). La fecha de la convocatoria, repetimos el 9 de noviembre, dejó sin efecto las elucubraciones y mentiras acerca de que el evento se había propuesto como consecuencia de las declaraciones del máximo líder de la Revolución, el compañero Fidel Castro, el 1ro de diciembre de ese año, en las que hubo de hacer pública su afiliación al marxismo-leninismo y la ratificación del carácter socialista del proceso cubano.

La solicitud colombiana no mencionaba a Cuba (recordar la Declaración de San José) pero el 10 de noviembre, el Canciller de ese país, Caicedo Castilla dijo que: “(...) la ruptura individual de relaciones con Cuba no arrojaría resultados” y que lo conveniente “(...) era la interrupción colectiva de las mismas.” (Periódico Revolución, 11 de noviembre de 1961, La Habana, p. 1) El debate comenzó alrededor de si era o no lícito intervenir en los asuntos cubanos. La posición colombiana y la de algunos de sus seguidores, incluidos por supuesto los Estados Unidos, fue la argumentación de que sería realizada -la injerencia- como una “medida defensiva contra la amenaza del bloque sino-soviético en el hemisferio”. El representante cubano en la OEA reabatió tales argumentos señalando que no existían pruebas evidentes y fehacientes de esa amenaza y solo podía mencionarse como elemento jurídico de prueba un fantasma que no existía. Era, dijo el Embajador de la Isla de la Libertad, un monumento a la intervención en los asuntos internos de Cuba y una interpretación “sui generis” del derecho internacional e interamericano. Y Lechuga hizo una larga acusación radiográfica de la violación de los derechos humanos más elementales en el Perú.

Los gobiernos latinoamericanos se dividieron, en mayor o menor grado, en la polémica; los seguidores de la política de Washington encontraron el pretexto largamente buscado, otros como México, expresaron serias reservas a la propuesta colombiana concluyendo que no existían elementos para poner en marcha el procedimiento. La posición mexicana fue seguida por Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina. Una lectura de las actas de la OEA demuestra que las refutaciones de los representantes latinoamericanos mencionados no eran sólidas y no estaban relacionadas con una oposición firme a una intervención contra Cuba, sino en todo caso sus palabras tuvieron más que ver con el temor de que se echara a andar un mecanismo ilegal que podría romper las bases del sistema interamericano y poner en marcha la temida intervención norteamericana en el subcontinente que llegaría a alcanzar a sus propios países en otros momentos y circunstancias. Por otro lado, los países centroamericanos y Venezuela -esta última había roto las relaciones de todo tipo con Cuba, el 11 de noviembre- se alinearon junto a la propuesta colombiana. El Embajador de Guatemala dio la mejor muestra del sentimiento anticomunista y reaccionario que primó en las exhortaciones y ataques al decir que “(...) Todo enfoque a la crisis cubana que signifique amnistía interamericana no es realista, ni práctico, ni operante, ni está en concordancia con nuestras insoslayables responsabilidades históricas. Estamos deliberando y actuando, si me permiten la expresión, con tiempo prestado.” (Acta de la Sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 14 de diciembre de 1961. OEA/ Serie G/61, Documento 13, p. 7; en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba). Por su parte, el Presidente de Venezuela Rómulo Betancourt, sumándose al concierto anticubano envió una Nota al Secretario General de la OEA, en la que con una doble moral y oportunismo de baja laya señaló que su gobierno era contrario a la idea de la intervención unilateral de cualquier país americano en Cuba, pero que el problema en su conjunto debía ser analizado y debatido ya que Cuba venía perturbando la tranquilidad política del hemisferio.

Concordando por iniciativa propia, dado el carácter oligárquico burgués de estos regímenes, o debido a las presiones y sobornos norteamericanos, los gobiernos latinoamericanos y caribeños demostraron que no estaban en condiciones per se de convivir con el ejemplo revolucionario, nacional liberador y socialista cubano. La historia volvió a corroborar que la reacción capitalista internacional (incluyendo la regional) hace siempre una “Santa Alianza” contra cualquier intento de construcción de un modelo de pluralismo ideopolítico diferente, que cuestione de raíz el status quo burgués y la sacrosanta propiedad privada. La miopía política de los regímenes latinoamericanos fue total como también su posición contrarrevolucionaria a toda ultranza.

Un nuevo elemento en la agenda de la discusión acerca del peligro a la paz y la seguridad hemisférica lo expuso Cuba, en una Nota enviada al Presidente del Consejo de la OEA, el recién nombrado canciller colombiano, Alberto Zulueta Ángel, al plantear la necesidad de que se convocase una sesión extraordinaria para analizar los planes norteamericanos de realizar una operación militar-intervensionista en los asuntos internos de República Dominicana, luego del asesinato del dictador Trujillo y la desestabilización en ese país. El acto acusatorio cubano advirtió que, con el fin taimado de “garantizar un camino de transición hacia la democracia,” lo que trataban los EE.UU., era de obstaculizar la actuación del movimiento democrático, popular y progresista en los cambios futuros de ese país. La moción cubana creó un gran embarazo en la sede de la OEA, pues si en el caso cubano se habló de hipotéticas amenazas a la paz y la seguridad colectiva, en el problema dominicano estos planes ingerencistas conjuntos eran reales. La denuncia dejó al desnudo la violación de numerosos artículos de la Carta del organismo interamericano y del propio Tratado de Río, por parte de los EE.UU. Pero la respuesta del representante norteamericano fue completamente hipócrita al declarar los propósitos “humanitarios” de la presencia de 15 barcos de guerra y de los cien aviones de combate cercanos a las costas quisqueyanas. Y se quejó indignado de que el Gobierno Revolucionario cubano había hecho pública su acusación también en la ONU.

La polémica en la OEA, se elevó de tono a raíz de la intervención cubana en las Naciones Unidas, realizada por el Canciller cubano Raúl Roa, en la que se apoyó la posición de la Unión Soviética de un desarme general y completo a través de un control internacional en contraposición a la posición norteamericana de reducir el control a la esfera de los armamentos. También la línea de principios de la política exterior cubana fue partidaria de restituir los derechos en la ONU, de la República Popular China, de concertar un pacto de no agresión entre los dos bloques militares, la celebración de un tratado de paz entre los dos Estados alemanes, la desaparición del colonialismo en todas sus formas y la abolición de las bases militares extranjeras establecidas en contra de la voluntad de los gobiernos y pueblos. En una profética demanda de nuestros días, el delegado cubano, llamó a la necesidad de reformar las estructuras democráticas de la ONU y de su Consejo de Seguridad, propiciando la entrada de nuevos miembros de las regiones de Asia y África.

Asimismo, el representante cubano reiteró las acusaciones referentes a la hostilidad de EE.UU. contra Cuba y sus planes de agresión, en contubernio con los gobiernos latinoamericanos y caribeños miembros de la OEA. Y reafirmó con fuerza: “(...) Déjese a Cuba en paz y se verá como se extingue, de súbito, el foco de tensión internacional deliberadamente creado por el Gobierno de los Estados Unidos con ostensibles fines de reconquista y hegemonía.” (Raúl Roa García Posición de Cuba ante la situación internacional, intervención en la Asamblea General de la ONU, el 10 de octubre de 1961; en, Raúl Roa García Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 267). Sin embargo, los matices de la política exterior soviética y sus planes militares dieron margen a ciertas dudas sobre el alcance de su propuesta de desarme. La URSS, en ese propio mes de noviembre, había realizado un ensayo nuclear en la zona ártica y la comunidad internacional lo rechazó. El Gobierno de Uruguay aprovechó la ocasión para presentar un proyecto de resolución en la ONU contra la Unión Soviética, después en la OEA, apoyando la decisión de la Asamblea General y esperó la votación de la misma con la intención de conocer la posición cubana.

La delegación cubana explicó que jamás guardaría silencio, como era política desde el triunfo de la Revolución sobre cualquier aspecto internacional y que su postura no podía ser académica, frívola y oportunista, recordando que en la reunión de Belgrado (MNOAL) había firmado conjuntamente con 24 países un llamamiento a las grandes potencias para que concluyeran un urgente acuerdo de prohibición de las pruebas nucleares y termonucleares. Inmediatamente hizo un recuento histórico y político del inicio de la carrera armamentista y de las armas nucleares demostrando que la URSS había asumido una posición defensiva y justa ante las amenazas de las potencias occidentales, en especial, los Estados Unidos que poseían el arma atómica, la bomba de hidrógeno y que en esos momentos desarrollaba las pruebas de la futura bomba de neutrones. Y entonces, explicó su voto de no rechazo a la prueba desarrollada por la Unión Soviética, aunque confirmó su posición de que se suspendieran todos los ensayos en la tierra, el mar y la atmósfera pero, por parte de todos y no de una potencia en particular, porque la paz y la seguridad mundiales eran una tarea de todos y también debía alcanzar a todos por igual. (Por ejemplo, Francia continuaba realizando ensayos nucleares y era una aliada militar de EE.UU.)

La verdad cubana acerca de quiénes eran los principales países que violaban los presentes y futuros acuerdos sobre las armas nucleares quedó confirmada cuando la delegación norteamericana votó, el 24 de noviembre, en contra de una resolución aprobada por la Asamblea General que declaraba que sería una violación a la Carta de la ONU, el usar armas atómicas en la guerra y que llamó a todos los miembros a que respetasen a África como una zona desnuclearizada. La posición cubana fue entonces clara y tajante, pero fue acogida con “júbilo” por las oligarquías gobernantes de la región y los EE.UU., como una prueba más de la alianza y la simpatía entre el Gobierno Revolucionario y la URSS. Todos los países latinoamericanos -conjuntamente a Estados Unidos y Canadá- votaron contra “el ensayo nuclear ruso” y Cuba quedó “aislada” en el seno de la OEA. La respuesta norteamericana era de esperarse. Las autoridades de Washington estuvieron muy molestas e irritadas por las declaraciones cubanas ante la ONU, la participación de la Isla en la fundación del Movimiento de Países No Alineados en Belgrado, y por las visitas del Presidente Osvaldo Dorticós a la URSS y China, y por ello emitieron un documento que circularon en la OEA, llamando la atención sobre esos hechos como evidencia del complot cubano-chino-soviético contra el hemisferio.

La hipocresía y la farsa fueron corroboradas tiempo después cuando en 1972, el ex-canciller de México, Manuel Tello, en su libro “México: una posición internacional”, planteó que el 19 de mayo de 1961 el Embajador de EE.UU., Thomas Mann, le solicitó una entrevista en la cual le dio a entender claramente la posición de su gobierno sobre el caso de Cuba. Se hacía necesario -le dijo Mann- resolver el problema cubano a través de una intervención directa y armada por parte del ejército de su país y las tropas regulares de algunos países latinoamericanos y que tal acción debía ser precedida por una Reunión de Consulta de la OEA en la que se aprobarían los siguientes puntos: 1) reconocimiento de que Cuba se había convertido en un Estado comunista y había caído en la órbita soviética; 2) como consecuencia de ello se romperían las relaciones diplomáticas, consulares y comerciales con Cuba; 3) creación de una patrulla aeronaval para vigilar e impedir que se enviaran tropas o elementos bélicos de Cuba para países latinoamericanos, y 4) constitución de un Comité de seis u ocho países que se encargaría de observar el cumplimiento de todas aquellas resoluciones relacionadas con Cuba y que al mismo tiempo, vigilaría que no se conculcara la libertad en América. Todo, como hemos demostrado en los párrafos anteriores, formó parte del gran plan para aislar, desacreditar, subvertir y destruir a la Revolución Cubana. Si las afirmaciones del ex-Canciller mexicano no fueran suficientes, los documentos de la “Operación Mangosta”, expuestos en el epígrafe anterior, son confirmatorias acerca de lo que se orquestó alrededor y contra Cuba revolucionaria.

El 4 de diciembre de 1961, se decidió por una votación de 14 países a favor, 2 en contra y 5 abstenciones, la decisión que daba el visto bueno a la realización de la Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, a pesar de que se le negó el derecho a la palabra al Ministro de Relaciones Exteriores de México (el Canciller mexicano Vicente Sánchez Gabito protestó ante tal arbitrariedad y proclamó que parecería ser que la votación estaba ganada). Inmediatamente, el 6 de diciembre el Gobierno de los Estados Unidos envió a la Comisión Interamericana de Paz, un documento que contenía información sobre los vínculos de Cuba con el bloque chino- soviético. Al día siguiente, la susodicha comisión le preguntó a Cuba si aceptaba una visita para investigar en territorio cubano la veracidad de las acusaciones. La respuesta de la Isla fue digna y declaró que el acuerdo de la Comisión era una intromisión en los asuntos internos cubanos que no iba a ser nunca aceptada, que no era a Cuba a la que tenían que investigar y que si se proponían realizarla debían hacerlo en pleno zafarrancho de combate.

Sin embargo, a estas alturas de la tensa discusión alrededor de Cuba, la reunión estuvo de hecho decidida. El largo recorrido del funcionario estadounidense Adlai Stevenson por la América Latina durante el mes de junio y las visitas de cancilleres y senadores, incluidos algunos presidentes latinoamericanos a Washington habían brindado a la Casa Blanca los resultados apetecidos. El viaje de John F. Kennedy por algunos países del subcontinente, Colombia y Venezuela, a mediados de diciembre de 1961, fue el punto semifinal de la compra de los votos necesarios para sancionar a Cuba. Pero la batalla continuó. A fines de ese año, una delegación cubana -como ya explicamos- presidida por el Viceministro de Relaciones Exteriores C. Olivares Sánchez realizó un periplo por varios países latinoamericanos con el fin de explicar la posición del país en relación con los principales problemas internacionales y de la región. Se trató de encontrar puntos de convergencia en asuntos comunes del derecho internacional e interamericano que imposibilitara una acción conjunta de América Latina contra el Gobierno Revolucionario. Por su parte, el Comandante en Jefe Fidel Castro, desde el 18 de enero de 1962, advirtió que la Isla asistiría a la cita interamericana “(...) a combatir por el derecho de los pueblos a la autodeterminación y a la soberanía nacional.” (En periódico Revolución, La Habana, 18 de enero de 1962. p. 1).

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Uno de estos individuos era el contrarrevolucionario cubano Frank Díaz Silveira, residente en Miami, quien viajó al Perú a preparar esta burda operación en la que otros contrarrevolucionarios cubanos aparecían en las fotos publicadas recibiendo dinero de la Embajada de Cuba y también se llegó al extremo de incluir los nombres, en la citada acusación de injerencia, a personas ya fallecidas.

(2) El inicio de la “Operación Peter Pan” se puede calcular para diciembre de 1960, en el que con la ayuda de algunos elementos de la Jerarquía Iglesia Católica en Cuba, la CIA y otros elementos religiosos en los EE.UU. comenzaron una operación para enviar niños cubanos a los Estados Unidos bajo el pretexto engañoso de que estos iban a ser trasladados a la fuerza hacia la Unión Soviética (para adoctrinarlos y “hasta convertirlos en carne rusa”) y que los padres perderían el derecho a la Patria Potestad. Fue el ejemplo más evidente de la explotación cínica e inhumana de los rezagos anticomunistas presentes en la sociedad cubana, desde el punto de vista ideológica y psicológico, por los servicios de inteligencia de los EE.UU. y los contrarrevolucionarios en la Isla. Ver: Ramón Torreira y José Buajasán Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, Editora Política, La Habana, 2001.

(3) Los países latinoamericanos como México, Brasil, Argentina, entre otros, plantearon que su posición ante esta moción no estaba relacionada “con el fondo mismo de la materia” sino “con la forma en que ha sido presentada”. Ver: Acta de la sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 22 de noviembre de 1961. OEA/Serie G/61, Documento 11, P. 22; en Archivo del MINREX de Cuba.

(4) Carlos Lechuga Itinerario de una farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991, p. 181.

(5) Manuel Tello México: una posición internacional, Editorial Joaquín Muztiz, S.A. México, 1972, pp. 105-106.

27/12/2008 GMT 1

La Cumbre de América Latina y el Caribe: la OEA se fue a bolina. II Parte

polillabaez @ 04:37

Por Orlando Cruz Capote

Una gran victoria y el reconocimiento a la resistencia heroica del pueblo cubano

El plan “Mangosta” y América Latina.

Mientras el camino reformista-burgués intentaba abrirse paso, el Gobierno de los EE.UU. arreció su política de confrontación contra Cuba. La agenda de lo que sería la “Operación Mongoose” (1) se enriquecía con nuevos planes, (2) cuyos objetivos mediatos provocarían la intervención directa de las fuerzas armadas norteamericanas. En las variadas directrices de dicho plan, puestos al descubierto con mayor nitidez en los últimos años, se evidenciaron el odio hacia la nación y el socialismo cubano. Pero en ese múltiple esfuerzo para “derrocar a Castro”, los gobiernos latinoamericanos y caribeños debían desempeñar una parte no menos importante. Era necesario aislar a Cuba de la región logrando “las sanciones colectivas” contra la misma y alcanzar la separación o la expulsión del Gobierno Revolucionario de la OEA. Y los planes contra Cuba, en el marco de la región se intensificaron en el segundo semestre de 1961. La Isla de la Libertad, por su parte, dio pasos apresurados por buscar espacios en otras latitudes, tanto a escala planetaria -los países tercermundistas-, el campo socialista, así como en el estrechamiento de sus vínculos con los diferentes actores sociopolíticos del continente.

El 4 de mayo de 1961, la fuerza de tarea inter-agencias (3) de EE.UU., nombrada a raíz de la derrota de Playa Girón, presentó el primer documento al Presidente de los EE.UU. con un sinnúmero de recomendaciones para “doblegar al Gobierno de Fidel Castro”. El documento en cuestión se denominó “Cuba y el comunismo en el hemisferio”, (4) que partía de la realidad de que Cuba no constituía una amenaza directa a los intereses de los EE.UU. y mucho menos capaz de realizar un ataque directo a ese país. Al valorar diferentes alternativas para terminar con Cuba revolucionaria el estudio desde sus inicios planteaba que “[...] No existe un camino seguro para derrocar a Castro fuera de la intervención militar de EE.UU.” No obstante, ofreció una amplia gama de medidas unilaterales de los EE.UU. y en conjunto con los gobiernos más afines de la región para llevarla a vías de efecto. En uno de sus acápites, el número VII, se enumeraban los pasos para realizar “[...] la cuarentena y el debilitamiento del régimen comunista de Castro.” Para ello se llamó a realizar un “[...] esfuerzo por disuadir a otros gobiernos latinoamericanos para que den pasos con el objetivo de completar el aislamiento de Castro -tal como la retirada de embajadores, ruptura diplomática, apelaciones a Cuba para que se libere de los lazos chino-soviéticos, etc. La mayor probabilidad de éxito con estas medidas está entre aquellas naciones que no han roto sus relaciones, Venezuela, Colombia y posiblemente Argentina.” Además de promover un “[...] Plan para proveer cooperación a cualquier país latinoamericano requerido de ayuda contra la subversión o ataque inspirado por Castro. Dondequiera que sea posible este entendimiento entre nosotros y otros gobiernos debe estar formalmente incorporado dentro de un tratado de defensa bilateral. Esto sería un camino efectivo, dentro del marco existente de la ley internacional, al proporcionar una base para la acción estadounidense en la ayuda a la defensa de cualquier nación amenazada.” Y asimismo, para “[...] obtener la autorización legislativa necesaria y el apoyo presupuestario que nos permita ayudar a otros países a construir sus fuerzas de seguridad internas; [...] ofrecer enlaces de inteligencia y ayuda a otros países latinoamericanos que les permitan identificar acciones subversivas alentadas por Castro y otros comunistas, descubrir embarques de armas y financiamientos, enfrentar a organizaciones políticas subversivas, etc. Esto significa la ayuda y constitución de los esfuerzos de inteligencia local y poner a disposición nuestra propia información; “[...] alentar a los gobiernos latinos a llevar a cabo presión para detener el uso del servicio de prensa de Castro en sus países; “[...] intentar construir una fuerza caribeña (Fuerza de Seguridad Caribeña) dentro del marco de trabajo de la OEA. Esto podría constituir una serie de acuerdos bilaterales dentro de una estructura multilateral entre las naciones caribeñas y Estados Unidos.” (Idem)

El documento, que es pródigo en ampliar las bases de agresión contra Cuba, incluyó la posibilidad de que otros países, no precisamente caribeños, pudieran estar en esta cruzada anticubana, proponiendo un patrullaje naval conjunto y misiones de vigilancia colectiva. Sin embargo, advertía que algunos países del subcontinente no accederían gustosos a este engranaje y los señalaba por sus nombres: “[...] los indicios actuales son que Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú y Paraguay apoyarían la acción contra Castro. Es probable que Argentina, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Uruguay y Haití se unirían. Es casi cierto que Chile, Bolivia y Brasil se opongan a una acción directa de la OEA y la posición de México y Ecuador es de segura oposición.” (Idem) Para la truculenta acción directa de la OEA se llamaba a consultar el cumplimiento del Tratado de Río (1947) y sancionarlo de acuerdo a la violación de los principios básicos de la OEA y, específicamente, de acuerdo a los conceptos establecidos en la Declaración de Caracas (de 1954) contra la dominación o control comunista, la Declaración de Santiago (de 1959) llamando al respeto de los derechos humanos y la Declaración de San José (de1960) denunciando la intervención extracontinental por las potencias sino- soviéticas y la aceptación de esa intervención.

A tales efectos se pondrían en función otro conjunto de medidas como, 1) la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares; 2) la suspensión del comercio de todos los artículos excepto los suministros médicos, y la interrupción de todas las otras relaciones económicas; 3) la creación de un Comité para la Defensa Política del Continente y, además, una comisión permanente que observara e identificara la infiltración castrista o chino-soviética en los estados americanos y llevar a cabo las acciones pertinentes de seguridad o defensa colectiva. El 8 de mayo, era aprobada otra directriz, con el claro propósito de cambiar la opinión pública mundial sobre Cuba. El nuevo documento es tan explícito en la declaración de la guerra sicológica que los medios de comunicación desarrollarían, que puede proporcionar un ejemplo sin igual de cómo se destruye y construye un estado de opinión acerca de la realidad de un país, recurriendo a mentiras y medias verdades. En este documento se afirmó que “[...] Nuestro trabajo consiste en buscar modos y medios para combatir y eliminar este criterio -se refiere a la imagen de que el conflicto en Cuba era entre el gobierno, que se dedica al bienestar de los cubanos y un grupo de emigrados que pretende el regreso de Cuba al viejo orden- (y) demostrar que el conflicto esencial en Cuba es entre los totalitarios (o comunistas) y los libertarios (o el ala social democrática de la revolución cubana). Para lograrlo se necesita revelar (a) el verdadero carácter del régimen de Castro y su revolución traicionada; y (b) el carácter progresista del Consejo Revolucionario y su determinación de rescatar la Revolución.” (6)

Más adelante añadió que “[...] también debemos tratar de enviar figuras anticastristas de intachable conducta personal a Europa, por ejemplo, Rojas, (7) quien como embajador de Castro en Gran Bretaña dio enérgicos discursos pro-castristas en 1959, pudiera regresar allí para explicar sobre la traición de la Revolución Cubana. Figueres (José Figueres Torres, Presidente de Costa Rica) y Haya de la Torre (Víctor Raúl Haya de la Torre, dirigente del APRA peruano) podrían, por supuesto, hacer buenos trabajos en Europa y en el mundo subdesarrollado [...] habiendo de lograr en [...] América Latina la opinión de la mayoría de la élite probablemente esté bien convencida de las principales proposiciones, aquellos que aún no están convencidos, están más allá de la persuasión intelectual. Esto significa que en América Latina nuestros principales objetivos son los grupos populares -intelectuales, estudiantes, obreros, campesinos.”

Finalmente, el 30 de noviembre de 1961, se oficializa la “Operación Mongoose” mediante un Memorándum del presidente Kennedy, el cual dio carta abierta al curso de una serie de acciones, en muchos casos, mancomunadas y coordinadas con los regímenes latinoamericano-caribeños para destruir a la Revolución Cubana. Dos meses después las tareas encomendadas al Departamento de Estado eran claras y de estricto cumplimiento. El 16 de enero de 1962, se envió el “Memorandum del Oficial a cargo de los asuntos cubanos (Hurwitch) al Jefe de Operaciones de la Operación Mongoose (Lanzadle)” (8) señalándose en el mismo que “[...] El Departamento de Estado está enfrascado en discusiones y negociaciones continuas con otras naciones miembros de la OEA con vistas a alcanzar un amplio acuerdo en la próxima Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores (VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA a realizarse en Punta del Este, Uruguay, del 22 al 31 de enero de 1962) sobre las resoluciones que condenarían a Cuba y la aislarían del resto del Hemisferio [...] asumiendo que como mínimo si la reunión concluyera en acuerdo para condenar a Cuba como cómplice del Bloque Chino-Soviético y que en general adoptara un lenguaje a los efectos de que Cuba representa una amenaza para la Paz y la seguridad del Hemisferio, el Departamento de Estado estaría preparado para recomendar al Presidente que el comercio remanente entre Estados Unidos y Cuba fuera eliminado.” El Memorándum continuaba que “[...] Si a pesar de los embargos de Estados Unidos, como resultado de la Reunión de Ministros de Asuntos Exteriores de la OEA, el comercio con Cuba se mantuviera, el Departamento estaría preparado para acometer una determinada acción con sus aliados de la OTAN (bilateralmente y el foro de la OTAN, como más apropiado sea) para persuadir a estas naciones a dar pasos para aislar a Cuba de Occidente. Daríamos pasos similares con Japón, el cual posee un comercio comparativamente significativo con Cuba.” (9)

En ese esfuerzo por bloquear económicamente a la Isla, el gobierno estadounidense contaría con la cooperación de los sectores privados norteamericanos, la AFL-CIO (organizaciones obreras pro-patronales), la federación Internacional de Transporte y el Consejo Nacional de Comercio Exterior. El recuento pudiera hacerse mayor si tenemos en cuenta que solamente hemos citado tres documentos de un total de 35, de los muchos que han sido desclasificados, y que demuestran la organización, estructura y coordinación de los planes anticubanos de las diferentes agencias (o la unión de las inter-agencias) del gobierno norteamericano y el involucramiento presionante a que eran sometidos los diferentes regímenes latinoamericanos que, en muchos casos, eran acatados servilmente. Ello brinda una imagen real de las acciones del Imperio norteño contra Cuba, sus presiones sobre América Latina y el Caribe y el continuismo de las autoridades de esta región, en mayor o menor medida, a los lineamientos estadounidenses. Se demuestra, por primera vez, con documentación histórica de qué forma estaban concebidas estas ideas y su realización práctica. No fue una obsesión y una ficción del Gobierno Revolucionario Cubano que los objetivos de las élites de poder imperialistas y oligarcas locales se conjugaban en su afán por desacreditar, aislar y destruir a la Revolución Cubana. Todo era tan real como la historia demostraría fehacientemente solo unos meses más tarde.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Jacinto Valdés-Dapena Operación Mangosta: Preludio de la invasión directa a Cuba, Editorial Capitán san Luis, La Habana, 2002 y Tomás Diez La Guerra encubierta contra Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997.

(2) Los planes terroristas fueron tan disímiles que una enumeración completa de los mismos es casi imposible. Veamos algunos: atentados a los dirigentes de la Revolución; auto-provocaciones en la Base Naval de Guantánamo; auto-ataques a naves marítimas y aéreas con matrícula y pasajeros civiles o militares norteamericanos; auto-agresiones a objetivos norteamericanos militares (naves aéreas y barcos de guerra); campañas de difamación acerca del involucramiento de Cuba en los asuntos internos de países de la región (el fantasma de la “exportación de la Revolución comunista”); sabotajes a la economía nacional e instalaciones militares; constante aprovisionamiento logístico, asesoramiento y financiamiento a las bandas contrarrevolucionarias en el interior del país; secuestro y asesinato de funcionarios cubanos en el exterior; falsificación de documentos cubanos con el fin de demostrar la intromisión de la Isla en los asuntos de otros países y organizaciones; el intento de lograr la defección de funcionarios cubanos de alto y mediano rango diplomático y político que sirvieran con sus declaraciones a las campañas contra Cuba; lanzar agentes biológicos sobre Cuba para que los trabajadores azucareros enfermaran y no pudieran realizar la zafra; entre otros.

(3) Para la materialización de esta misión la administración Kennedy dispuso que el Secretario Asistente de Defensa para Asuntos de Seguridad Nacional, Paul H. Nitze, encabezara una fuerza de tarea integrada por representantes de los departamentos de Estado, Defensa, Justicia, así como de la CIA y de la USIA.

(4) Departamento de Estado, Fondo S/P-NSC: Leg. 62 D 1, Cuba y República Dominicana. Muy Secreto. Department of State, Foreign Relations of the United States, 1961-1963, Vol. X, Cuba 1961-1962, United States Government Printing Office, Washington, 1997, pp. 459-475; En, Tomás Diez La Guerra Secreta contra Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, pp. 13-29.

(5) Un día después de la presentación de este documento, el mismo fue aprobado por el Consejo Nacional de Seguridad de los EE.UU.

(6) Documento No 5. Memorandum del asistente especial del presidente (Schlesinger) al Subcomité de acción (guerra) política de la Fuerza de Tarea Cubana. Ver: Biblioteca Kennedy. Documentos de Arthur Schlesinger, Cuba 1961, Caja 31. Confidencial, en Foreign Relations. 1961-1963, Volumen X, Cuba, 1961-1962, Ob. Cit., pp. 490-492; en Tomas Diez Acosta La Guerra Secreta contra Cuba, Ob. Cit., pp.41-44.

(7) El traidor Sergio Rojas Santamaría.

(8) Departamento de Estado, Archivos del ARA/CCA, Lot. 66 D 501. Informe general de la Agencia. Secreto. Aprobado por el ARA por Goodwin y Woodward. En, Foreign Relations, 1961-1963, Vol. X, Cuba, 1961-1962, Ob. Cit. pp. 703-705; en Tomas Diez Acosta La Guerra Secreta contra Cuba, Ob. Cit., pp.121-122.

(9) Idem.



24/12/2008 GMT 1

Cuba: De la resistencia ideológica y cultural a...

polillabaez @ 20:12

Cuba: De la resistencia ideológica y cultural a una contraofensiva por la transición al socialismo y el comunismo

Claudio Ottone, de Nuestra Propuesta, Buenos Aires, entrevista a Felipe Pérez Cruz

Para Felipe de J. Pérez Cruz, la Revolución se abrió con el desfile de los barbudos, por la esquina de las calles Infanta y Carlos III, en el popular barrio capitalino de Centro Habana, a lo que siguieron los interminables y ruidosos combates infantiles, donde todos querían ser Camilo, Che Guevara, Raúl, cuando el conflicto más grande era el ponerse de acuerdo sobre quien sería Fidel. El hoy profesor e historiador cubano, cumple en estos días un programa de trabajo en Buenos Aires, invitado por la Cátedra Libre de Estudios Americanistas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y en tal oportunidad visitó la redacción de Nuestra Propuesta. El imprescindible 50 Aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, de inmediato ocupó nuestra atención, y no nos abandonó, pues la charla, una y otra vez, nos condujo a ese universo extraordinario que es la Cuba socialista.

-¿Cómo empieza a funcionar en la Cuba revolucionaria la construcción de un relato histórico que se diferencie y, por lo tanto, sea capaz de construir un imaginario colectivo liberador capaz de actuar en contraposición al hasta entonces vigente, vinculado al colonialismo cultural y al imperialismo político que, en líneas generales, se presenta como matriz en Latinoamérica?

La de Cuba es en primer lugar una gran Revolución de carácter cultural. Después del extraordinario hecho desenajenador que fue la propia guerra de liberación, tras el triunfo del 1º de enero de 1959, se extiende de inmediato la propia obra educacional y cultural de la Revolución, cuyo hecho mayor se concretó en 1961 con la alfabetización de 900.000 persona

s, y el alza general a nueve grados de instrucción entre 1962 y 1971 de todos los trabajadores cubanos. Hoy toda la población posee un promedio de 11 grados, y tenemos casi un millón de graduados universitarios, en una población de 11,2 millones de habitantes.

El tema de la hegemonía ideológico cultural es para nosotros muy importante. Un poder sobre la sociedad, no sólo se sustenta por la fuerza del aparato estatal. El capitalismo en particular ha desarrollado además de la coerción económica y política, mecanismos de dominación de caracteres ideológicos, culturales y psicológicos.

En Cuba la Revolución encuentra un sustrato relevante, ya que si bien existía una cultura oligárquica-imperialista impuesta desde los mecanismos de dominación neocolonial, también persistió y resistió una cultura popular, nacional y progresista, que arrancó desde el nacimiento de nuestra nacionalidad.

El primero que hace el rescate histórico de la lucha de emancipación es José Martí cuando realiza su lectura de la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868, de sus poetas y su cultura, de qué errores políticos existieron, pero además formula una plataforma ideológica para esa guerra. Martí rompe con el liberalismo, funda en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, el primer partido internacionalista y antiimperialista del hoy llamado Tercer Mundo, porque se creó para evitar con la independencia de Cuba y Puerto Rico, que los Estados Unidos continuaran sus planes de dominación y se extendieran por el Caribe y América Latina, la región que Martí asumía como Nuestra América.

Martí fija un paradigma de Revolución, un concepto de soberanía, justicia social y dignificación humana, que por mucho que se trató de ocultar, de borrar, permaneció en las entrañas del pueblo. Antinjerencismo, antimperialismo, solidaridad e internacionalismo, más que en conceptos muy elaborados, se incorporan al imaginario popular y fueron banderas que se levantan una y otra vez durante cincuenta años de neocolonial. En esos años de notable trabajo y resistencia, entre los sectores más lúcidos y comprometidos con los intereses nacional populares, puede advertirse un crecer de pensamiento y acción: De este caudal se nutren quienes ya desde la segunda década del Siglo XX, rescataban a Martí y en su búsqueda de vías de acción en las nuevas circunstancias, encuentran en el en el movimiento obrero, en el socialismo, en marxismo y el leninismo, su más certera guía, para fundar el primer partido comunista en 1925.

Quien más coadyuva a la fundación de este partido es Carlos Baliño, que precisamente, estuvo con Martí, ya siendo marxista, en la fundación del Partido Revolucionario Cubano. Precisamente en Baliño y en quien sería su discípulo superador, Julio Antonio Mella, están las bases de lo que pudiéramos considerar el socialismo –el marxismo- cubano, dado por la articulación de esa tradición avanzada del pensamiento martiano, con el marxismo y el leninismo.

Desde su fundación, el primer partido comunista realizó una labor extraordinaria en la cultura. Hasta en la más férrea clandestinidad el partido no dejó de publicar boletines y periódicos, y atender el frente ideológico cultural entre los obreros y campesinos. . Su presencia en el sector intelectual, en el mundo de la producción artística y literaria fue muy fuerte. En sus filas militaron destacados intelectuales.

En vísperas de la Revolución, en las décadas del 40 y 50, el partido de los comunistas, entonces con el nombre de Partido Socialista Popular, poseía además del periódico y la revista teórica, una emisora de radio, con la mejor programación cultura e informativa de la época. También una editorial. La Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, alentada por el partido agrupó a un amplio espectro de artistas, el hoy laureado cine cubano, nació con las iniciativas de cine club populares organizadas por el Partido.

Tanto en el primer partido comunista, como en otras fuerzas de carácter nacional-revolucionario, se desarrolló sistemáticamente una sólida tradición de trabajo cultural, donde se destaca el compromiso social y patriótico de los principales exponentes de la intelectualidad cubana.

Mención especial merece la escuela cubana y el magisterio nacional. Los maestros y maestras cubanos, fueron bastión de la tradición patriótica, aunque la escuela oficial intentara imponer un discurso reaccionario y proyanqui. En el alegato de autodefensa de Fidel Castro en el juicio que le hace la dictadura por haber dirigido los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, que luego bajo el título de La Historia me Absolverá, se convierte en el programa de liberación nacional de esa etapa de luchas, el joven líder revolucionario afirma: Vivimos orgullosos de nuestra historia. La prendimos en la escuela y hemos crecido oyendo hablar de libertad, de justicia de derechos…

-¿Cómo aportan estas tradiciones en la hora de la Revolución?

Estas tradiciones se fundieron en el crisol de la Revolución y en ella eclosionaron. La Revolución es una explosión de toda esta tradición acumulada, y a su vez fuente de creación de nuevas tradiciones. Desde las primeras semanas y meses, se funda todo un sistema de instituciones culturales y educacionales revolucionarias. Se rescatan instituciones que la dictadura de Fulgencio Batista intentó destruir como el Ballet Nacional de Alicia Alonso, hoy una de las joyas culturales de América Latina. Nace la Imprenta Nacional y la Casa de las Américas, comienzan las escuelas de arte, las de instrucción revolucionaria, el debate fuerte en los claustros sobre las perspectivas de una reforma universitaria con un contenido revolucionario, surge la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba… Es todo un despegue de instituciones que son instrumentos de desenajenación, de construcción de la hegemonía ideológico cultural revolucionaria.

Una batalla importante se ganó contra el anticomunismo. En todos los años de dominación neocolonial, el imperialismo había logrado sembrar ideas negativas y sobre todo prejuicios, contra el ideal comunista.

-¿Todo esto aportó a la unidad necesaria para llevar adelante la construcción de la Revolución y el socialismo?

La propia marcha de la Revolución impone la unidad. En 1958, la dirección del primer partido comunista se percata de lo erróneo de las tesis prevalecientes en el movimiento comunista internacional -ya parte de su militancia y base de simpatizantes participaba de la insurrección -, organizan un frente guerrillero, integran el Ejército Rebelde bajo la jefatura de Fidel, y conforman el multipartidismo revolucionario con que se arriba al triunfo de la Revolución.

Me detengo en el tema del multipartidismo revolucionario con el que triunfa la Revolución, porque resulta un tema fundamental para entender el sistema político que los cubanos y cubanas hemos elegido. Tres fuerzas políticas pelearon en la guerra de liberación: El Movimiento Revolucionario “26 de Julio”, la organización que fundó Fidel, y que rememoraba, junto al día, el programa de La Historia me Absolverá; el Directorio Revolucionario que fue una organización nacida del movimiento estudiantil, con gran tradición de lucha antidictatorial, y el Partido Socialista Popular conformado por los compañeros del primer partido comunista.

Nuestros enemigos y los críticos que se sitúan en las izquierdas liberales, socialistas y socialdemócratas, afirman como negativo el hecho de que en Cuba exista un partido único: No quieren atender a la historia. Unos no saben, otros ocultan interesadamente el proceso de unidad y fusión que realmente se dio en los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución.

La Revolución solo ilegaliza el Partido del dictador Fulgencio Batista, partido de connotados criminales de guerra, malversadores y hampones. No hay un solo decreto en la Revolución que disuelva el sistema de los partidos burgueses existentes en el momento del triunfo revolucionario. Estos partidos, por su trayectoria de corrupción y entreguismo, por la inacción y cobardía frente a la ruptura del orden constitucional por parte de la dictadura primero, y luego con desvergonzadas componendas con esta, sin apoyo de masas, completamente desprestigiados, se extinguieron solos. Súmese que sus principales dirigentes pasaron rápidamente a la contrarrevolución, y se refugiaron en Miami a la espera de que los amos yanquis le resolvieran el “problema”, y como había pasada en otras ocasiones, intervinieran y pusieran fin a la Revolución. Por supuesto que hasta hoy, se quedaron esperando que esto ocurriera

En las grandes batallas de masas, tanto por abajo, como a nivel directivo, este multipartidismo revolucionario evolucionó hacia un partido único de la revolución. Las pasadas rencillas y desacuerdos entre los revolucionarios, los personalismos, los sectarismos, las desconfianzas y prejuicios, no se resolvieron en un día, pero cedieron y muchas se pospusieron, ante la inmensidad de las tareas y los retos que se enfrentaban, ante el Amazonas -así lo describió el propio Fidel- desbordado de pueblo, que exigía más entrega, más compromiso.

El gran artífice de este proceso de unidad fue Fidel Castro. El tejió voluntades, educó, cohesionó, persuadió. Siempre con fiel apego a la defensa de los principios. Junto a él los más queridos líderes de la insurrección, Camilo Cienfuegos –hasta su desaparición-, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro, Juan Almeida, Ramiro Valdés, Faure Chomón... Y un lugar muy importante lo ocupó Blas Roca, el dirigente histórico de los comunistas cubanos, que supo aquilatar la magnitud del nuevo liderazgo revolucionario –martiano, marxista y leninista- que Fidel representaba.

Blas puso el Partido bajo la dirección del joven Fidel, y en contra de lo que aconsejaban otros dirigentes de partidos comunistas latinoamericanos y sus amigos de Moscú, propuso y convenció a la mayoría de la militancia del primer partido, para auto extinguir la organización, en aras de fundar el nuevo Partido unido de todos los revolucionarios cubanos. Así nace el actual partido Comunista de Cuba (PCC). No conozco que acontecimiento semejante se haya producido en la historia del Movimiento Comunista Internacional.

De hecho, los cubanos y cubanas en el tema partidista adelantamos la historia. Y en tal acontecimiento histórico más que Marx y Lenin, estuvo presente la tradición de unidad que latía en el legado de José Martí.

Mientras en muchos de nuestros compañeros de ideales, en el Caribe, América Latina y el mundo, andan aún divididos en varios, diría que en bastantes partidos, los cubanos dimos un paso adelante y forjamos un solo partido, crisol de voluntades, vanguardia martiana, marxista, leninista y fidelista de la Revolución Cubana. No fue fácil esta conquista, incluso se puso en peligro por una minoría que no logró crecer junto a la historia, y que tuvo que ser política e ideológicamente derrotada. Entonces…por qué dar un paso, dos pasos…muchos pasos atrás para dividirnos en varios partidos? No, de lo que se trata es de hacer del que tenemos, cada día, un mejor Partido, más vinculado a las masas, más democrático, más disciplinado, mejor preparado para su labor de dirección. Con una militancia cada día más ejemplar, más preparada para liderar junto a la emancipación socialista de todos y todas, su propia emancipación como sujetos en la Revolución.

-Se trata de la lucha por la hegemonía….

Si, el socialismo siempre debe ser una voluntad sobre las circunstancias y el propio hombre. Cambiar, revolucionar al hombre -y a las mujeres- y sus circunstancias, fue la indicación central de Marx y Engels.

Hay quien entendió el marxismo al revés, y de ahí salieron buena parte de los dogmatismos y economicismos vulgares. Olvidaron la certera alerta de Engels sobre la existencia de múltiples “instancias” de determinación, donde la económica era solo la última, entendida como base de la materialidad de las relaciones humanas, y no como corolario mecanicista de toda la múltiple complejidad de la sociedad humana, de sus diversos grupos, culturas e individuos.

No olvidemos que la economía la construimos los propios hombres y mujeres, a través de las decisiones económicas que tomamos. Que las políticas económicas responden a los intereses de determinados grupos y clases sociales. La política económica de un gobierno la hacen los que la pueden decidir y la cambian los que pueden presionarlos o arrebatarles a los que lo poseen, el poder de decidir; por lo tanto, estamos hablando de ideas materializadas en acciones de clase, en acciones de lucha.

En Cuba no hemos estado libres de errores, de mimetismos acríticos, pero siempre privilegiamos el factor ideológico. Los soviéticos afirmaron que iban a crear conciencia con riqueza. Fidel y el Che Guevara fueron muy tajantes en este debate desde los mismos años sesenta: Nosotros crearíamos primero conciencia y desde ella riqueza. Nunca nos apartamos de esta línea. Y cuando los mecanismos económicos que habíamos importado de la URSS, nos colocaron en la disyuntiva de una crisis más que económica, ideológica, hicimos nuestra propia Rectificación -“Perestroika”- a principios de los años ochenta, antes que de ello se hablara en la dirección y sociedad soviética. Precisamente el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas que se inició a partir del III Congreso del Partido en 1985, más que la imprescindible rectificación del modelo de gestión y desarrollo económico, fue una profunda y dinámica revolución ideológica.

El tema ideológico y el tema político interpenetran toda la idealidad y socialidad de los seres humanos. Desde la cosmovisión hasta la vida privada de las personas. Además, hay que precisar que no lo hace de manera uniforme. Cada persona está en diferentes niveles de desarrollo. Hay quien avanza mucho en una dimensión, y se atrasa en otras. En el fondo tiene que ver con temas tan complejos como la problemática existencial de cada hombre y mujer, cuánto está comprometido y realmente entiende el sentido de la revolución, cuanto quiere y honestamente puede avanzar: En esta dirección sugiero uno solo entre muchos otros ejemplos: ¿Cuántos comunistas dispuestos a dar la vida por la Revolución, son señores feudales en sus casas, “dictadores “unipersonales”? ¿Cuántas de nuestras compañeras lo asumen y permiten por tradición, por mala tradición claro está? Cuantos de nuestros compañeros y compañeras son machistas, sexistas, homofóbicos. Estos sin dudas son problemas ideológicos, problemas de la emancipación tanto del intelecto, como de la práctica social.

-Sería algo así como pensar a la revolución sin olvidar que quienes la construyen son mujeres y hombres….

Definitivamente, sí: Es que el marxismo como filosofía, como ideología, y como metodología para la transformación revolucionaria, se realiza en la vida, en la sociedad, en los seres humanos realmente existentes… La naturaleza humana es la más compleja y dinámica que existe. Cada hombre y mujer, sus sociedades, tienen intereses y necesidades casi siempre contradictorios, pasiones, asombros y casualidades.

Por eso el campo de combate revolucionario más difícil, es el de la lucha ideológica. Hay que partir del hecho irrefutable de que todos, somos objeto de la enajenación, y no pocos funcionamos como sujetos de la enajenación en una u otra dimensión. Lo normal es que seamos seres con los prejuicios propios de la sociedad capitalista en que vivimos –algo de lo que en Cuba no estamos libres después de que nos vimos obligados en las circunstancias adversas del período espacial, a incorporar las relaciones de mercado en una escala social significativa-, porque de las relaciones materiales objetivas de esta sociedad desigual y opresora nacen los valores de las personas.

Lo anormal -y a eso apuntamos los revolucionarios- es transformar esa situación. Martí decía que para ser digno hay que ser próspero, al hombre indigente los explotadores y vende patrias, le negaron la posibilidad de ser digno. Lo raro es que con esos indigentes hagamos revolución y los elevemos a su tiempo, lo raro es que de los profesionales a los que el sistema lleva a amoldarse, a quienes tiene colocados en las claves del consumismo y la anomia social, hagamos intelectuales revolucionarios.

Lo interesante es que el obrero acostumbrado al patrón, que vive bajo la coerción económica, el embrutecimiento cultural y la extorsión psicológica, tome la fábrica como ha pasado en Argentina: Esa
es una respuesta anormal al sistema, y los revolucionarios apuntamos a dar respuestas anormales al sistema, porque trabajamos por destruirlo.

Lo que hacemos es presionar la historia, porque partimos de una socialidad e idealidad, que está construida para que la gente sea dócil y no sea digna, para que incluso –como alertaba Paulo Freire- la lógica del opresor se introproyecte hasta en los oprimidos. Cada vez que se rompe esa lógica es lo anormal, pero eso es lo que da el ritmo del avance de la Revolución, en primer lugar de “ruptura” de la normalidad burguesa, de revolución de las conciencias y los modos de actuación.

Ya en una obra fundadora del marxismo, como lo fue el ensayo de Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1848), se sitúa como la tarea más difícil el hecho de que el socialismo –entendido como ideología y teoría revolucionaria- debía penetrar en el movimiento obrero. Es que hay que hacer de las ideas revolucionarias carne de pueblos hambreados y bombardeados ideológicamente: Esta es la tarea inmensa de los revolucionarios.

Aquí además se encierra el hecho más hermoso de la realización humana. Continuamente debemos pedirles más entrega a las personas, incluso a veces actuaciones y realizaciones que están más allá de sus propias posibilidades: ¿Y acaso esta forja de lo imposible-posible no es el acto más sublime del humanismo? Es sin dudas una obra mayor de amor en la que se expresa toda la belleza de los seres humanos.

-¿Una de las claves sería no caer en ningún dogma?

Claro. Precisamente si asumimos que el ser humano es el centro de la transformación socialista, nunca podrá someterse su movimiento a viejas y nuevas escolásticas…

El ser humano es centro, como individuo y como sociedad, las dos dimensiones deben ir juntas. A veces en el socialismo que existió y en los proyectos que hasta hoy se mantienen en lucha, hemos colectivizado demasiado la vida. El capitalismo nos lleva a un proceso de individualismo, el socialismo nos tiene que llevar a uno de enriquecimiento e individuación, porque los hombres y las mujeres somos iguales en género y derechos, pero somos muy distintos en las aptitudes, en inteligencias, en voluntades, gustos y amores. El desarrollo de las individualidades tiene que ser un proyecto socialista, porque en la medida en que más se desarrollen las personas, mientras más realizadas y felices sean, más se multiplicarán los horizontes de emancipación de la sociedad en su conjunto.

El socialismo debe propender a la solución de las necesidades crecientes de los hombres y, esas necesidades, no sólo son colectivas, también son individuales. Cada ser humano tiene su individualidad, cada uno va construyendo su propia biografía con relativa independencia del medio en que esté. Eso lo lleva a la expresión de las fuerzas propias que posee, de su voluntad de cambio. El socialismo debe darle a cada quien esa posibilidad de desplegar positivamente y en función del bien social, todas las potencialidades, de manera que haya una interacción entre los intereses personales y los intereses colectivos ¿Y qué mejor interacción que favorecer el desarrollo del individuo de forma que eso ayude a la sociedad? Y ello incluye por supuesto el estímulo moral y material para los que más se destaquen.

El igualitarismo indebido es un serio error. En Cuba nos hemos dado cuenta de que en tal dirección, nos equivocamos. Son errores de idealismo, donde ha primado la mejor de las voluntades de servicio al ser humano, pero ello no excluye que sea un error. Por algo se precisa desde los clásicos del marxismo que la fórmula socialista aún debe ser desigual: De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo!! Sin dudas comprendemos hoy mucho mejor esta fórmula.

Es cierto que la capacidad de cada cual puede estar realmente limitada o potencialmente creada, por el entorno y la dotación biosicosocial de cada individuo, pero la experiencia acumulada dice que es el hombre, su constancia y trabajo, el factor determinante. Lo veo a diario en mi país donde todas y todos, disfrutamos de extraordinarias posibilidades de desarrollo, gratuidades y alientos sociales sin precedentes en ningún país del mundo.

-Estamos en un momento particular de Latinoamérica en el que este tipo de ideas comienza a encontrar su camino de desarrollo ¿Cómo juega la articulación a la que usted alude en este escenario donde empieza a primar un multilateralismo y un sentimiento antimperialista?

Vivimos un momento de recuperación de las tendencias progresivas y revolucionarias en América Latina, algo muy distinto a lo que ocurre en la Norteamérica imperialista o Europa. Es un momento complejo, pero también rico para las alternativas emancipadoras.

Tenemos un escenario producto de la debacle del neoliberalismo en nuestra región, y en más de un país se han producido lo que Lenin denominaba “situaciones revolucionarias”. La gente ya no quiere ni puede aguantar más la situación, y los grupos de poder no pueden seguir dominando como antes. Las salidas a tales situaciones han sido diversas, pero predomina un avance emancipador, el abandono de la situación de unilateral y cínico entreguismo a la política imperialista, a los intereses de oligárquicos.

En todos los escenarios los sujetos nacional-populares, los movimientos sociales, las organizaciones y fuerzas de izquierda, han retomado las plazas de la política pública, y en no pocos espacios territoriales y nacionales, alcanzaron una presencia sustantiva. A pesar de las diferencias, incluso de las concesiones y las inconsistencias de algunas de las izquierdas que han arribado al gobierno, todos estos nuevos liderazgos en curso, de una u otra manera le dicen no al Imperio estadounidense y le ponen objeciones a los monopolios estadounidenses, de la Unión Europea y Japón, algo que hasta hace solo unos años no pasaba.

Hay debates profundos, no pocas veces estériles, sobre la categorización de unos y otros procesos. Desde mi perspectiva, considero que hoy por hoy en Latinoamérica y el Caribe, junto a la Revolución Cubana, hay una revolución en curso que es la de la Venezuela Bolivariana, y también se destacan otros procesos donde se percibe junto a una mayor fractura del sistema de dominación, la existencia mucho más nítida, de una voluntad de radicalidad y compromiso nacional popular.

Hay un cambio sustantivo de la correlación de fuerzas en Suramérica. El triunfo electoral del ex obispo Ricardo Lugo en Paraguay ratifica esta tendencia, más que por la concentración de poder real para la transformación, por el acontecimiento histórico de romper la hegemonía oligárquica, y crear nuevas e inéditas posibilidad de avances para las demandas y luchas de ese heroico pueblo.

Las alternativas contrarrevolucionarias e imperialistas, como es el caso del Plan Colombia, no han logrado involucrar a los países de la región. La propuesta de un área colonialista de libre comercio no avanzó como era el interés de la fascista administración de Bush. Y gobiernos lacayos como el de Alain García se hunden en el más profundo descrédito.

También se están recuperando espacios perdidos, como es el caso de la vuelta de los sandinistas al gobierno en Nicaragua, y estamos ante la perspectiva real de que el Frente de Liberación Nacional triunfe en El Salvador. Para asombro de las élites más conservadoras –y también de no pocos en la izquierda-, el gobierno de Honduras se incorporó a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Entonces en una Centroamérica donde el imperio logró a fuerza de extorsión y con muy estrecho margen, imponer la aprobación de los tratados de libre comercio, Honduras y Nicaragua, dos de estos países, se le desgajan y asumen con su entrada en el ALBA un paralelismo, que les puede resultar liberador.

El escenario que refiero da una nueva perspectiva muy propositiva, en primer lugar para la integración y la unidad desde el propio Sur de Nuestra América.

-¿Es viable esta perspectiva?

Sí, sin dudas. La recién concluida Cumbre de América Latina y el Caribe, así lo confirma. Como afirmó el presidente Lula por primera vez en doscientos años conversan los pueblos de nuestra región sin interlocutores foráneos. La incorporación de Cuba al Grupo de Río resulta en este acontecer de fin de año, un acontecimiento trascendental. Es el golpe final a la política de exclusión alentada por los imperialistas estadounidenses. Honrar honra afirmaba José Martí, y si dudas este hecho dignifica también a todos sus protagonistas, a los actuales gobiernos de la región en primer lugar. Es un reconocer de estos gobernantes –un merecido y muy peleado regalo- a la solidaridad y la amistad que nunca pudo ser fracturada entre nuestros pueblos.

Yo parto del criterio de que todo proyecto de integración de América Latina, donde no estén los Estados Unidos y los poderes consolidados de los países del Norte capitalista, es positivo. Todo lo que se haga por la integración desde nosotros mismos, es positivo, y debe ser alentado. Ahora bien, este criterio que sostengo, considera también la necesidad de no ser ingenuos y atender bien a la naturaleza del proyecto de integración que se proponen unos y otros sujetos históricos, sus acuerdos y principales instrumentos. Se hace evidente que, tras algunas de las iniciativas en curso, lo que se busca es la recomposición de las zonas de influencia, el aumento de las ganancias de las trasnacionales con casa matriz en América Latina, un sueño de sustituir a la élite transnacional extranjera, por los sectores transnacionalizados, las burguesías y los proyectos de capitalismo de Estado en la región.

En mi criterio hay una sola alternativa para alcanzar la verdadera integración emancipadora, realmente solidaria y económicamente viable. Esta es la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que más que un convenio de libre comercio, propone un macroprograma de carácter geoestratégico para el desarrollo humano y autosustentable, con programas donde se promueve la solidaridad y la equidad, compensan las diferencias macroestructurales, y se multiplican los vínculos económico, sociales, educacionales y culturales entre los pueblos, que incorporan al movimiento social. En mi opinión el ALBA es el futuro de la unidad latinoamericana, y rescata los ideales integracionistas más puros de Bolívar y San Martín, de Morazán y Martí, y los plantea de cara a los retos actuales.

EL ALBA es el camino más idóneo para Nuestra América, sin que eso signifique insisto, negar o renunciar a los avances de otras alternativas de integración que se desarrollan sin los yanquis y los europeos. Soy partidario de ir construyendo convergencias, respetando lo hasta aquí alcanzado, cohesionando el bloque de gobiernos y pueblos hacia el fortalecimiento de la independencia económica de nuestras naciones, frente a una globalización eminentemente excluyente, expoliadora y recolonizadora.

En tal camino hay que dar solución a reivindicaciones y temas no resueltos. Exigir el fin del colonialismo e incorporar al seno de los pueblos latinoamericanos y caribeños a Puerto Rico, y a otros catorce territorios aún en poder de las potencias imperialistas –Las Malvinas ¡por supuesto!-, resolver la salida al mar de Bolivia, devolver a Paraguay los recursos que realmente le pertenecen en Utaipu…

-¿En este marco, cómo piensa el marxismo en el siglo 21?

El hispano-mexicano Wenceslao Roces decía que el marxismo tiene que abrirse a todo lo humano, y otro gran filósofo cubano, militante desde los tiempos del primer partido comunista, Gaspar Jorge García Galló, afirmaba que donde no estemos los marxistas “se nos cuela” el enemigo. La dialéctica de estos dos pensadores contemporáneos de la reciente segunda mitad del Siglo XX es clara. Entender esta realidad resulta algo decisivo. En el tema que refieres se constata esa amplitud

Se ha publicitado bastante el término Socialismo del Siglo XXI. Nuestro criterio es hablar del marxismo y el socialismo en el Siglo XXI. Y no se trata de una disquisición semántica, sino de un elemento que indica que el socialismo en este siglo que ya tenemos el privilegio de vivir, es continuidad –negación dialéctica-y no ruptura, con las tradiciones y experiencias pasadas.

La concepción de ruptura con el pasado, es insostenible, producto de la incultura histórica, o de aviesos intereses casi siempre diversionistas y divisionistas. El socialismo, desde antes de Marx y Engels, es una idea de humanismo, dignificación y emancipación humana, que busca lograr una sociedad de felicidad, y prosperidad para el conjunto de la sociedad. Ese es el ideal del socialismo, una sociedad donde no haya explotación del hombre por el hombre, donde no haya egoísmo.

En el logro de estos propósitos la humanidad acumula siglos de experiencias, y tuvo la oportunidad de adelantar como nunca antes este propósito, cuando los obreros y campesinos de Rusia derrocaron al zarismo y triunfaron en la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917. Hay quienes intentan votar junto con el agua, a la criatura. Y junto con los errores e insuficiencias, negar el enorme paso que dieron con el nacimiento de la URSS, los pueblos de aquel multinacional Estado, y con el toda la humanidad.

No caben dudas de que se quiso tergiversar el discurso del Presidente Hugo Chávez –de hecho se manipuló la buena voluntad del líder bolivariano-, donde se refería al Socialismo en el Siglo XXI. Se puso en acción una operación mediática –no casualmente monitoreada y multiplicada por los aparatos mediáticos del imperio-, que afirmaba el llamado Socialismo del Siglo XXI, como necesaria negación al socialismo que fracasó en la centuria anterior. Tal afirmación sazonada con extemporáneos discursos antiestalinistas y antisoviéticos, pronto dieron paso a los discursos anticomunistas, divisionista e irresponsables.

Ver el marxismo como receta es un dogma. Y desafortunadamente hoy, alrededor del socialismo en el siglo XXI, aparecen nuevas recetas. Están los que desde Europa y Norteamérica nos quieren “iluminar” e imponer sus posiciones. Convencernos, por ejemplo, de que el socialismo se puede construir desde las computadoras. No faltan lo que están tan a la izquierda de la izquierda, que definitivamente aparecen cual gurús superrevolucionarios, infalibles en sus juicios críticos de todo y de todos. Las elucubraciones de unos y otros no pasan de sus cuartos de soñar.

No se trata de que quienes sustentan la izquierda desde Europa o la Norteamérica imperialista, estén incapacitados para pensar la revolución en América Latina y el Caribe. Hay compañeros que en esta dirección realizan un loable trabajo. De ellos apreciamos sus aportes, incluidas sus críticas nacidas de la más solidaria militancia, de una sincera amistad.

Me refiero a los que se publicitan como nuevos Carlos Marx modernos, y presionan para ajustar la realidad a sus elucubraciones, para obligar a los compañeros a que asuman sus tesis, desechando cualquier otra lectura teórica, y toda construcción colectiva, desde la experiencia y la sapiencia de nuestros pueblos. En definitiva estos autoprotogenios carecen de objetividad y juicio histórico. Las posturas petulantes y egocéntricas que una y otra vez asumen, cuando se les contradice o critica, demuestran la subvaloración colonialista de que son portadores. No nos reconocen posibilidad de interlocución, ni capacidad de pensar y realizar lecturas propias.

El Presidente Chávez nunca ha colegiado con tales posturas. Parte el líder bolivariano de un profundo estudio y respeto por la historia latinoamericana, y en particular por la historia de las ideas emancipadoras, de los movimientos revolucionarios que le han antecedido. Su lógica que nace entonces de esa reflexión histórica y de su propia praxis, es la de una revolución con las masas populares. Es la seguridad de que el socialismo –como afirmara el Amauta José Carlos Mariátegui- se pelea todos los días, y no puede ser copia ni calco, sino creación heroica.

Volver al marxismo de Mariátegui, como al marxismo del cubano Julio Antonio Mella, nos coloca en un momento fundacional de riqueza extraordinaria. Cuando aún no se habían generalizado las exclusiones y los sectarismo que en unos y otros partidos y fuerzas revolucionarias de la región se multiplicaron, para debilitarnos y dividirnos, mientras el imperio y la oligarquía si se unían y cohesionaba en sus ofensivas contrarrevolucionarias. Tenemos que acabar de darnos cuenta de que tanto, en los movimientos revolucionarios de los años treinta-cuarenta, como en los sesenta-setenta del pasado siglo, la desunión, las disputas y los desencuentros entre los revolucionarios, constituyeron el factor principal, en las derrotas que sufrimos.

Este volver a los temas fundacionales del marxismo y el socialismo sin dudas nos lleva también a una lectura contemporánea de Marx, Engels, Lenin y sus más preclaros seguidores: ¿Dónde está en estos forjadores la receta del socialismo? ¿Dónde sus tesis? ¿Dónde la confrontación de esa tesis con la realidad, las circunstancias y los sujetos concretos? ¿Acaso Marx construyó la Internacional tal como pensó la necesidad y viabilidad de la organización? ¿Y Lenin llevó a cabo en la Rusia zarista que había heredado la Revolución, un proyecto socialista aséptico, previamente diseñado en su maravilloso cerebro? Ni ellos, ni Mao Zedong, Ho Chi Min, ni Fidel, el Che o Amílcar Cabral dirigieron proyectos lineales, químicamente puros.

La teoría se fertiliza con la práctica, y la política no es la realización de lo que se piensa, sino paso a paso, de lo posible. La teoría por demás no siempre precede a la práctica, la vorágine de la revolución supera toda posibilidad de intelección previa, impone nuevas circunstancias y retos. La teoría entonces es la sistematización del conocimiento aplicado, sobre todo de la praxis sostenida y exitosa.

Más que modelos, los más certeros precursores del presente combate por la emancipación económica y social, fijaron principios, métodos y certezas. ¿Por qué medir hoy el socialismo por los modelos preexistentes, si los que acometieron esas primeras y gigantescas audacias sociales y políticas no tenían modelos? Socialismo ayer y hoy es convencimiento y lucha intransigente por la liberación social, contra el imperialismo y el capitalismo. Es eticidad revolucionaria, confianza en el pueblo, organización y unidad, construcción de poder popular, combate emancipatorio, rescate y desarrollo cultural, dominio del conocimiento, solución de viejas y nuevas exclusiones, igualdad y fraternidad, solidaridad e internacionalismo.

Por el socialismo se combate todos los días, en el espacio íntimo de nuestras personalidades y familias, en los colectivos, en los movimientos, en los gobiernos, con el poder y en la lucha por el poder. Socialismo es en definitiva un combate continuo y permanente por desenajenar al hombre y sus circunstancias, y en ese camino vencer, en concreto, personalmente, las miserias, prejuicios y fantasmas que todos y todas tenemos.

Entonces el marxismo tal como lo comprendemos, mantiene hoy sus esencias revolucionarias. Porque nos proporciona en cada momento histórico, la articulación con lo mejor y más progresivo del pensamiento y la realización social. Y esto es lo que siempre dijeron los clásicos. Ellos nos legaron con sus obras magistrales, un método para investigar y pensar este mundo contradictorio y además nos dotaron de un sólido instrumental para transformar revolucionariamente a la sociedad y a cada uno de nosotros en sí mismo.

Y si hablamos de socialismo en el Siglo XXI Latinoamericano y Caribeño, lo primero que debemos situar es que ese socialismo ya existe en Cuba. En la Revolución Cubana que arriba precisamente en estos días, a su primer cincuentenario de realizaciones y heroísmo cotidiano.

¿Es casualidad que los mismos personajes que proponen la ruptura ahistórica con el socialismo del siglo XX, se estén dedicando últimamente a tomar distancia y a reprochar a Cuba? ¿A coincidir con los voceros del imperio en satanizarnos por estalinistas, ortodoxos, conservadores…? ¿En sus alertas sobre una cubanización de Venezuela o de Bolivia?

De lo que se trata es de que Cuba les descoloca su propuesta, con una realidad muy concreta: Existimos, peleamos todos los días por nuestro socialismo. Hemos logrado vencer el más colosal bloqueo, la agresión económica y política más larga y criminal de que se tenga cuenta en la historia contemporánea. Somos una sociedad organizada, con logros que resultan colosales e inobjetables.

Nuestro socialismo no es, ni puede ser perfecto. Es perfectible y esta posibilidad y voluntad ha resultado hasta hoy, el elemento más dinámico y decisivo del proceso revolucionario cubano. En Cuba no hay espacio para fabricar una disidencia contrarrevolucionaria, porque el disentir, discrepar, y debatir son ejercicios cotidianos en la construcción de la unidad de los revolucionarios. Y cada día nos percatamos de que solo así, fortaleceremos más la cohesión de las y los patriotas, solo así multiplicamos en certezas y sólidas realizaciones, la cultura superior, la inteligencia colectiva y los valores socialistas, que la propia Revolución ha creado.

Estamos produciendo cambios decisivos para nuestra nación desde hace cincuenta años, y hoy en el Siglo XXI, seguimos en esta dirección. Con voluntad, coraje y confianza. Con el genio de Fidel Castro y el Partido de toda la nación. Con Raúl Castro, que no por genes, sino por audacia, valor y resultados concretos, obtuvo el aprecio de un pueblo que no puede ser engañado, que es profundamente crítico, que no regala méritos. Así arribamos al medio siglo de la Revolución. Tiempo infinitamente corto en la historia humana, y a su vez decisivo, trascendental, en tanto coincide exactamente con mi propia vida, la de mis hijos y amigos, su futuro.

11/12/2008 GMT 1

La nación, el racismo y la discriminación racial... II Parte

polillabaez @ 19:17

La Nación, el racismo y la discriminación racial en la historia de Cuba y en la contemporaneidad. ¿Otra batalla ideológica? II Parte.

La problemática racial en Cuba, América Latina y el Caribe
Por
Orlando Cruz Capote

Luego del concluido este primer trabajo de la Identidad Nacional por el Instituto de Filosofía de Cuba, comenzamos a investigar la problemática racial y su reciente revelación y redimensionamiento en el debate académico y político mundial, regional y nacional, así como con las otras múltiples identidades que nos recorren. Se trata ahora de hallar vínculos entre Cuba y el Caribe. Porque Cuba al ser una nación uniétnica, pluriracial, multicultural, ello no niega que coexistan heterogéneas identidades que se asumen contradictoriamente, como esencias y fenómenos tensionales dentro de su cuerpo societal, así como que en los estudios de pensamiento producidos y comparados se pueden encontrar claves para el análisis cubano, salvando las diferencias. En esta breve exposición, si se quiere muy esquemática, sólo expondremos algunas ideas fundamentales que tratarán de acercarnos, parcialmente, a las preguntas formuladas en la primera parte de este artículo.

1) Al estudiar la intervinculación entre Nación y Raza, en el caso cubano, aunque sucedió un proceso análogo, con sus diferenciaciones y características específicas, en Latinoamérica y el Caribe hispano, portugués, ingles y francés fundamentalmente, -existió también presencia holandesa sueca y danesa-, debemos tomar como punto de partida la llegada azarosa del Gran Almirante Genovés Cristóbal Colón y sus acompañantes a las costas de la Isla, el 14 de octubre de 1492. Dos días antes, el 12 habían hallado tierra firme, iniciando el primer proceso de mundialización -hoy se llamaría globalización- de las relaciones internacionales o mundiales bajo la expansión continuada del capitalismo de las metrópolis europeas que, al unísono, realizaron sus viajes de conquista y colonización en búsqueda de las fuentes principales de la acumulación originaria del capital: el saqueo despiadado de América Latina y el Caribe. Sin embargo, la hazaña náutica de los tripulantes de las tres carabelas -aunque se ha aseverado que una fue del tipo nao- fue denominada, grandilocuentemente, como el “Descubrimiento” y, el 12 de octubre como el “Día de las Razas”. Tales percepciones e interpretaciones de los ibéricos acerca del inmediato “Encuentro entre las dos Culturas” -también “El Entrónconazo de las dos Culturas” o “La Confrontación o el Des-encuentro entre Dos Culturas”, como la han ido nombrado luego de esos 500 años-, fueron el presagio de la inmediata beligerancia violenta entre las dos o las varias civilizaciones y culturas, en lo socioeconómico y lo político, existentes entre ambos lados del Atlántico. Porque hablar, en ese instante, de una España como un Estado nación concluido -con catalanes, flamencos, vascos, gallegos, asturianos, entre sus pueblos-naciones, más la cultura y presencia mora que no fue nunca completamente exterminada- y de una Europa Occidental, tal como la conocemos hoy día, sin mencionar a América, es una ilusión o quimera que no conlleva a la verdad histórica. Ambas se construyeron o se produjeron recíprocamente: una no existe sin la otra, aunque haya correspondido a América, en especial, a la latinoamericana-caribeña, ser la parte perdedora en ese proceso histórico o sea, la colonizada, la racializada-discriminada, la desculturada, la desigualmente-inferior y la des-nacionalizada -este último proceso acaecido en ese instante con los imperios originarios existentes en América, y en un futuro no lejano de tres siglos, con la independencia real, aunque formal de sus naciones-países divididos en fronteras artificiales y no rigurosas de acuerdo a los pueblos originarios que la habitaban-, y, por otra parte, a la Europa como la gran ganadora, al constituirse en el centro de control del poder: el eurocéntrico.

2) Entonces el racismo surge en Cuba en el proceso de conquista y colonización de los pueblos aborígenes. El tipo de “sociedad” existente entre los diversos grupos poblacionales originarios, radicados en la isla de Cuba -en realidad un archipiélago- no era desarrollada, si la comparamos con las existentes en el Imperio Azteca, el Inca y la ya desaparecida civilización Maya. Su organización natural-social fue del tipo gentilicio primitivo y gregarios, con formas de cooperación simple y una división natural del trabajo por sexos y edades, no poseían una estructura clasista, solamente ciertas jerarquías dentro de sus grupos, convivencia clánica en algunas comunas e interclánicas en otras, las mujeres también trabajaban, principalmente en la recolección, por lo que es fácil imaginar que el excedente económico era relativo y no suficiente para poseer una división social del trabajo. Al inicio, el recibimiento aborigen a los auto-denominados eufemísticamente descubridores fue totalmente normal, plenos de curiosidad y asombro, aunque quizás un poco temerosos, fundamentalmente al verlos con sus trajes de metal y sus enormes caballos, así como al observar sus embarcaciones, su piel blanca, cabello de diferente color y la lengua extraña que hablaban. Sin embargo, los invasores comenzaron a masacrarlos ante la inocencia de algunos y la intransigencia de otros. Como consecuencia de la violenta intromisión en sus vidas, costumbres, culturas y la utilización desmesurada de ellos como mano de obra esclava, muchos ofrecieron resistencia pasiva y/o activa pero, la inmensa mayoría no soportó el trabajo pesado, las enfermedades de que eran portadores los hispano-europeos y el maltrato desmesurado, comenzando a ser liquidados, en el sentido literal del término. Los primeros que practicaron el cimarronaje en Cuba -en la mayoría de los casos como una forma de resistencia pasiva-, no fueron los esclavos africanos sino algunos grupos de indígenas que, conociendo bien la geografía de su isla, se internaron en parajes recónditos o de muy difícil acceso para los conquistadores y colonizadores españoles. Por ello, hoy se han encontrado individuos y colectividades con características fenotípicas, heredadas de los pueblos aborígenes y que, incluso, en los bailes africanos se estudien ritmos y ritos entremezclados que corresponden a los originarios de la Isla.

3) En realidad, el primer gran debate entre los ibéricos -españoles y portugueses, aunque no faltaron italianos y oriundos de otras nacionalidades-, versó sobre sí estos indígenas eran seres humanos o simplemente animales sin sentimientos, alma y raciocinio alguno. Esa polémica tuvo un punto decisorio, a principios de la década del 50 del siglo XVI, cuando Juan Ginés de Sepúlveda, clérigo e historiador del Emperador Carlos V, sostuvo una aguda polémica con el Fray Bartolomé de las Casas, declarando que había que guerrear contra los indios, por las siguientes causas: a) debido a la gravedad de los pecados cometidos entre ellos y contra la naturaleza y su adoración de los ídolos; b) por la rudeza de su naturaleza, lo cual los obliga a servir a personas más refinadas; c) con el fin de divulgar la religión sometiendo a los nativos y, para proteger a los nativos entre los propios nativos. Su propuesta se remitía a Aristóteles, -a los esclavos por naturaleza-, aunque declarando que los indios eran hombres de orden inferior, personas toscas, nacidas con capacidades limitadas. Además los acusaba de infanticidio, parricidio, demencia hereditaria, deshonestidad y de irrespetuosidad para con los cuerpos de los muertos. Al definirse que estos eran hombres y mujeres humanos, decisión completamente pragmática-utilitaria, se concluyó que había necesidad de conquistarlos, colonizarlos y cristianizarlos a la fuerza, con la cruz y con la espada, decisión que recayó esencialmente en el pensamiento religioso cristiano que, salvo honrosas excepciones, tuvo mucho que ver con la misión mesiánica de los conquistadores y colonialistas, recubierta bajo un manto paternalista. Ese proceso fue la síntesis de una civilización-barbarie extrapolada del denominado, posteriormente, como el viejo continente que varió definitivamente el rumbo de la historia natural de estas comunidades, civilizaciones y culturas. El choque había sido brutal para las dos o las varias culturas, las costumbres, la moral, la ética, la idiosincrasia, la estética y las diferentes y diversas miradas pero, lo malo, lo feo, lo incorrecto recayó en los pueblos conquistados y colonizados.

4) Ante el extermino masivo, más paulatino o rápido, de los pueblos originarios fueron traídos a la fuerza los esclavos africanos y, más tarde, hasta chinos culies y cantoneses. Desde 1515, ante ese etnocidio, ¿o el primer gran genocidio de la historia?, cometido contra los indígenas, los españoles comienzan a desarrollar la Trata Negrera desde Africa, aprovechando sus experiencias y la del vecino Portugal en ese triangular negocio. Entonces, llegaron a la Isla y toda América, millones de esclavos de las zonas que hoy conforman más de 15 naciones del continente negro, que en aquel momento tenían muy diverso grado de desarrollo originario gentilicio y tribal. También continuó el proceso migratorio español y europeo hacia Cuba en las centurias siguientes hasta la primera mitad del siglo XX.

5) Es evidente que la problemática racial se convirtió en un problema social y cultural a partir de la conquista y la colonización de América por los europeos. Constituía una necesidad socioeconómica y requería de una urgente construcción socio-ideológica y cultural para ponerla en función de la total dominación de los pueblos originarios del Nuevo Mundo y, más tarde, de otras regiones del planeta, sojuzgados y explotados desde entonces por ese capitalismo que nació, como escribió Carlos Marx, echando lodo y sangre por todos los poros, hasta la actualidad. La emergente clase burguesa apremiaba de ese aparato de represión y coerción-coacción económica e ideológica, para llevar adelante sus ambiciosos planes de enriquecimiento, expansión y hegemonía sobre otros pueblos y naciones. Y al mismo tiempo luchaba contra el feudalismo, las monarquías, la nobleza feudal, apoyados por las clases y capas más pobres y explotadas de sus pueblos. La renombrada “novedosa” ideología sociocultural, racista y discriminatoria, tiene su punto de partida en que los no europeos -los Otros o la Otredad- fueron percibidos e interpretados “científicamente” como seres inferiores, subalternos o sea, de segundo o tercer orden. El modo de producción esclavista implantado en América Latina y el Caribe, en función del mercado capitalista internacional en expansión, obligaba a una extensiva e intensiva extracción de oro, plata y otros metales preciosos, recursos naturales y minerales para la ya mencionada acumulación originaria de capital. Las razas, como terminología, no surge entonces como un problema puro, aislado del resto de la esfera societal con sus múltiples manifestaciones. Su estudio debe enfocarse con categorías económico-sociales y culturales determinadas sociohistóricamente y reflejadas por la propia realidad. Asimismo este concepto tiene que correlacionarse con los fundamentales conocimientos de las leyes de la vida social -desde el punto de vista marxista-, de las demás formas de la conciencia social operativizadas por los aparatos ideológicos, religiosos y las doctrinas políticas, sociales, filosóficas, económicas, etc. En este sentido, las teorías acerca de las diferentes formaciones económicas sociales, los disímiles modos de producción y las heterogéneas comunidades étnicas y nacionales, así como aquellas que iban conformando con el tiempo a los pueblos y las naciones, incluyendo sus interrelaciones con la comunidad política internacional, tienen una intervinculación decisiva con la problemática racial, e igualmente comparten un lugar contiguo a las tradiciones histórico-culturales, las idiosincrasias, la psicología individual y colectiva de diferentes grupos y sectores de las diversas sociedades, a nivel macro y micro, que relacionan a los seres humanos como entes subjetivos que interactúan entre sí, también subjetivamente. Por ello, no es casual que el racismo, con su contenido ideológico, religioso, cultural y, eminentemente, clasista esté vinculado de forma íntima con el desarrollo de las comunidades étnicas y tribales en su camino hacia la conformación de los pueblos y las nacionalidades y, específicamente, con el nacimiento y desarrollo de los Estados Naciones de la Modernidad Capitalista. A partir de los siglos XV y XVI, las diversas teorías racistas en Francia, Reino Unido, Estados Unidos de América y por otros científicos y políticos alemanes, suecos e italianos, etc., tomaron una conformación tremebundamente seria con los aportes de los franceses Gobineau, Lapouge, coincidentes con los seguidores del social-darwinismo, el malthusianismo y hasta el positivismo spenceriano y de lamarckiano en el siglo XIX. Incluso hombres ilustres en el campo de la ciencia, como el botánico y naturalista sueco Karl de Linneo (1707-1778), fue el primero de los hombres de ciencia que propuso una clasificación “más o menos científica” de las razas humanas sobre la base de sus peculiaridades físicas aunque, no obstante, atribuyó al “hombre asiático” la crueldad, la melancolía, la terquedad y la avaricia; al “africano” la maldad, la astucia, la pereza y la indiferencia; al “europeo” la movilidad, el ingenio, la inventiva, es decir elevadas facultades intelectuales. De esta manera, Linneo colocó a la raza blanca por encima de las demás razas. Sin hablar de su madura, macabra y genocida trascendencia, en las teorías nacional-socialistas del nazi-fascismo alemán (III Reich) en la pasada centuria. Si es cierto que algunos autores expresan que desde el viejo testamento y otros textos religiosos se brindan elementos de políticas discriminatorias y racistas por causales religiosas -antisemitismo por ejemplo- y pertenencias a grupos étnicos y pueblos diferentes, sólo a partir del desencuentro de la cultura europea y la amero-india es que se puede hablar del racismo partiendo de la pigmentación de la piel.

6) Pero es la conquista y la colonización del Hemisferio Occidental lo que permite la consolidación del Estado nación moderno capitalista en Europa, y más tarde, en los Estados Unidos de América, y en ese contexto es que el sistema de dominación social se asocia a un nuevo sistema de explotación social: todas las formas conocidas y por conocer de explotación del trabajo -la esclavitud (en sus diferentes variantes), la servidumbre feudal, la pequeña producción mercantil, la reciprocidad (el modo de producción asiático y, por ejemplo, el Andino, en que el intercambio de trabajo y de fuerza de trabajo no pasa necesariamente por el mercado) y el capitalista- son articuladas en un único sistema de producción de mercaderías para el mercado capitalista mundial, supeditas y asociadas entre sí, estructuralmente, en torno a la pretensión hegemónica del capital para producir, vender y consumir para el futuro libre cambio mundial, aunque después devendría con la monopolización -concentración del capital industrial, comercial y financiero- de las riquezas y del propio mercado.

El círculo vicioso, cruel y criminal de explotación, racismo y discriminación se repitió con mayor fuerza y profundidad contra los africanos, otros inmigrantes y los remanentes aborígenes en Nuestra América. La cultura eurocéntrica capitalista -con rasgos subyacentes pre-capitalistas-, racista y discriminatoria, explotadora y opresora, homofóbica y patriarcal, paternalista por demás, conllevó a nuevas relaciones sociales, intersubjetvidades incluidas, de producción y propiedad individual-privada, división social del trabajo y el surgimiento de diferenciaciones clasistas antes inéditas para los oriundos de la América y el África. Todos los colonizados, principalmente los de piel negra, india, amarilla y mestiza constituyeron objetos-mercancías que eran comprados y vendidos, castigados, torturados y asesinados, además de ser obligados a trabajar las horas que el dueño desease y, en muchos casos, acusados de herejes y brujos(as), principalmente cuando manifestaban sus ritos y mitos, mágicos y religiosos en ceremonias públicas o encubiertas, en la cual la mano divina de los Ministros de Dios, los sacerdotes y curas católicos españoles, partes indispensables en la colonización, ejercitaron sin compasión, la tristemente famosa Inquisición contra estos practicantes paganos y bárbaros. La misión de este colonizaje no era la de excluirlos, sino incluirlos con la visión de que serían, eternamente, seres inferiores. Asimismo fueron enajenados y alienados en las relaciones sociales de la moderna sociedad capitalista impuesta a la fuerza, de forma directa e indirecta.

7) Y lo más importante para este breve resumen, las conductas y prácticas racistas y discriminatorias fueron calando en la mente y la consciencia de todo ese conglomerado social heterogéneo, desde las clases ricas de origen español y los criollos que fueron naciendo en la Isla y en otras regiones americanas, así como en las clases, grupos y sectores medios, los intelectuales y profesionales, hasta permear las capas, estratos y segmentos más pobres y humildes, es decir, a los propios excluidos y marginados.

Aunque en el siglo XIX se produjo la independencia Latinoamericana-caribeña de España y de otras metrópolis europeas -en menor escala o ninguna en el Caribe hispano, ingles y francés-, las sociedades de Nuestra América, continuaron siendo coloniales. “El colonialismo había producido un tipo de poder cuyo carácter era y sigue siendo, su colonialidad”. (1) Y las razas condicionadas por disimiles formas no esenciales antropomórficas, color de la piel, adaptados al entorno geográfico-ambiental, fue convertida en racismo como producto ideológico-mental, social-cultural y estructural de la conquista y la colonización. Por eso, es justo señalar que las primeras víctimas de esa categoría -raza, racismo y discriminación racial- fueron los indios, aunque el color y la raza no son lo mismo, encontraremos similitudes en estos términos por la construcción europea que se hizo de ellos en los siglos XV y XVI, alcanzando una nueva dimensión en el siglo XVIII y XIX, con la reconfiguración de esos Estados naciones capitalistas, en tránsito hacia su fase imperialista, específicamente el decimonónico. Pero una mujer de raza blanca “superior”, será por definición superior de un varón de raza negra, amarilla y mestiza “inferior”, ejemplo tácito de lo ordenado y manipulado alrededor de esa categoría, (2) que se convierte en el criterio de clasificación social básica y universal de todos los miembros de la especie humana, universalizándose a medida que la dominación colonial de los europeos se expande por todo el orbe, adquiriendo el carácter de mundialización. Como afirma el estudioso Teun A. Van Dijk, el problema no radica en el comportamiento de las masas populares, aunque no sean indiferentes a ese problema, sino que “[...] Diferentes grupos de la élite participan en las tomas de decisión política concernientes a grupos étnicos minoritarios, escriben informes, o investigan, tienen acceso a los mass media y producen saber y las creencias que influyen en la función y el cambio de opinión de la gran mayoría de la población. Por consiguiente, además de la dominación política, la élite ejerce una dominación social, moral y cultural”.

8) En el caso específico de Cuba, el proceso nacional-liberador y revolucionario, a lo largo de cerca de ciento cincuenta años, desde 1868 hasta el triunfo revolucionario de 1959 (aunque, según el concepto expresado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 10 de octubre de 1968, “[...] en Cuba solo ha habido una Revolución”, que comprende la iniciada en 1868 y que continúa hasta nuestros días), (3) ha desarrollado una franca lucha por alcanzar la verdadera independencia y soberanía nacionales, así como lograr la más plena justicia social y poner fin, en “última instancia”, al colonialismo español primero y, la dependencia neocolonial hacia los EE.UU., después. De igual forma, los procesos que se desarrollaron en la Isla de asimilación, adaptación, mezcla, yuxtaposición y síntesis-crítica de los núcleos poblacionales, es decir los procesos de aculturación y desculturación, fueron superados por la transculturación (4) y el sincretismo religioso (5) muy singulares en la formación del cubano y su nación -pueblo nuevo y mestizo lo denominó el sociólogo brasileño Darcy Ribeiro- (6) constituyeron también valladares muy serios que fueron salvaguardados y salvaguardadores, históricamente, del proceso de conformación nacional. Aunque no debemos olvidar la sentencia que plantea que en países y pueblos nuevos relativamente, todos padecemos de interrogantes vitales. Por eso, la “[...] universalidad del Pensamiento Cubano está, en primer lugar, en esa universalidad de la conformación del pueblo cubano; en segundo lugar, en la colocación geopolítica estratégica de Cuba en el “crucero universal” entre América y Europa y entre la América Anglosajona y la Latina; y, en tercer lugar, en el hecho de que el debate sobre su realidad se ha hecho sobre el conocimiento de las teorías universales”. (7) Finalmente, fue tan importante y poderoso el profundo impulso concientizador nacional-liberador y social, patriótico, latinoamericanista y antiimperialista en el seno del pueblo cubano -con sus auges y reflujos, sus estancamientos y retrocesos- que las instituciones educativas y culturales, al igual que los partidos, organizaciones y asociaciones burguesas proclives al vasallaje, entreguismo y clientelismo no pudieron evitar el uso, aunque fuera de forma demagógica, de ciertos discursos, consignas y símbolos nacionalistas -los atributos nacionales, los héroes y mártires, de cualquier color de la piel- para atraerse a algunos sectores sociales y limitar, ante todo, el accionar radical de los programas de las fuerzas de izquierda de variado signo, incluidos el pensamiento martiano y el marxismo, que actuaron en el escenario socio-político cubano.

9) Pero han existido a lo largo del decursar histórico de la Isla, cinco obstáculos fundamentales para la construcción de su Identidad Nacional. a) El primer obstáculo, para la conformación de la Nación y la Nacionalidad Cubana, la Identidad Nacional y el Estado-Nación, lo fue el coloniaje español y las divergencias entre las corrientes independentistas, las pro-colonialistas, las reformistas y, más tarde, las autonomistas y las anexionistas, las cuales eran atravesadas por la idea y la práctica de realizar o no, el abolicionismo, y los ritmos para ejecutarlo. En ese batallar, la Guerra de los 10 Años, fue el momento de la cristalización de la nacionalidad y, en el desarrollo político-militar y cívico-jurídico de la misma, de la nación cubana; b) El segundo obstáculo, fue la presencia hegemónica y dominante del capital norteamericano en la economía cubana, desde mediados del siglo XIX, y la injerencia e intervención política-militar constante del imperialismo estadounidense en los asuntos internos de la Isla, a partir de finales del siglo decimonónico y todo el siglo XX, así como la penetración ideológica, educacional y cultural del “modo de vida norteamericano” (8) en la sociedad cubana, entre otros mecanismos de dominación neocolonial que fueron ensayados, por primera vez, en Cuba. De esta forma, el Estado nación que nace el 20 de mayo de 1902 -aunque fue forjado por el Gobierno de la República en Armas, en la manigua redentora mambisa-, lo hace como seudorrepública, sesgada, truncada y frustrada, porque en la Constitución aprobada en 1901 se inscribió, obligadamente, por el gobernador norteamericano el apéndice denigrante para la soberanía nacional, la Enmienda Platt.

Aunque como bien expresara -aunque agregaríamos matices que no podemos añadir en este breve artículo- el estudioso cubano Jorge Ibarra Cuesta, y muy de acuerdo al tema que estudiamos, “[...] Mientras lo estadounidense fue injertado, porque bien lo asimilamos de motu propio o nos lo impusieron, lo español (agregaríamos que lo Africano también) lo llevamos en la savia de nuestra cultura, en nuestra manera de ser. Lo estadounidense representa elementos externos que se funden, sin alterar en lo esencial la matriz de nuestra nacionalidad. De esa manera, la presencia ibérica en nuestra historia tiene un carácter indeleble, de larga duración, porque es consustancial a nuestro ser, mientras la incidencia anglosajona, a pesar de la proyección absorbente de la penetración cultural, tuvo un carácter coyuntural en el proceso de formación nacional cubano”.

Por su parte, el investigador Marcos Roitman afirma que en América Latina, que es valido también como marco referencial para Cuba que, “[...] La nacionalidad estatal se funda en una hegemonía étnico-clasista y el Estado, en su dimensión represiva, configura un tipo de violencia que se torna estructural al reprimir y negar la participación y ejercicio de derechos a los pueblos indios conquistados”. (10) A la cita del investigador Roitman, en el caso cubano debe agregársele a los negros africanos que primeramente fueron esclavizados y luego excluidos de la denominada sociedad capitalista moderna, así como a los mestizos -esas mezclas sumamente explosivas y también dubitativas ante muchas de las problemáticas nacionales, sociales, étnicas y raciales. Pero, prosigue Roitman “[...] Todo el quehacer de tres siglos de colonia se presenta bajo la égida del mito étnico-racial legitimando el “éxito” del orden colonial alcanzado en la América hispana como mérito de la civilización occidental y del proceso de aculturación. Por consiguiente, presentado como un triunfo de la modernidad y el progreso. Todos beneficios de la supremacía blanca en el dominio y control social de pueblos inferiores ya castellanizados, evangelizados, colonizados y conquistados institucionalmente [...] Peninsulares, criollos y mestizos comparten esta peculiar visión del poder y sistema de explotación. No existen fisuras dado que el mito de la superioridad étnico-racial es interiorizado y otorga estabilidad a su fórmula etnocéntrica. Sólo cuando una parte de sus beneficiarios solicitan rehacer el pacto social y realizar modificaciones en la estructura de poder se pone de manifiesto la discriminación a que es sometido parte de la etnia dominante. El reverso del mito comienza a funcionar”; (11) c) El tercer obstáculo, fue la composición y división socioclasista de la sociedad cubana. Con un capitalismo atrasado, subdesarrollado y dependiente, estructuralmente deformado y atrofiado, las clases sociales, capas, grupos, sectores, segmentos y estratos de la Cuba neocolonial, con mucho del conservatismo de la colonia -la mentalidad colonial, como la denominaba José Martí y que el escritor Arturo Arango nombra como “[...] la reproducción de las “oligarquías coloniales” en la “república de generales y doctores”,- (12) en los primeros 30 años del siglo XX, tuvieron una característica sui géneris en su desarrollo y en la lucha por las reivindicaciones clasistas y por una justicia social superior.

Esta impronta de combate clasista atravesaba, irremediablemente también, por el batallar a favor de la verdadera independencia y soberanía nacional, así como en el enfrentamiento contra la dependencia al imperialismo estadounidense. Este vínculo esencial entre la emancipación nacional y lo social -inclúyase lo racial- fueron problemas que intentaron resolver las diversas fuerzas políticas y las diferentes corrientes, tendencias ideopolíticas: reformistas, anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas utópicas las marxista-leninistas y otras, en el siglo XIX y durante parte del siglo XX; e) El cuarto obstáculo, lo constituyó el constante flujo migratorio que arribó a la Isla hasta, aproximadamente, el año 1931. Después del arribo forzado de los esclavos africanos, los colonizadores españoles también trajeron chinos, japoneses, etc. Además, existió una emigración española permanente de todas las regiones de la península hacia la Isla, incluso al terminar la guerra de liberación nacional con la consabida derrota hispana. Ya en las primeras décadas del siglo XX, muchos españoles llegaron a Cuba con el objetivo de hacerse de propiedades y enriquecerse y, quizás, retornar posteriormente a su terruño natal con dinero, pero esta situación fue propiciada o aupada por las intervenciones militares, políticas y económicas norteamericanas y los gobiernos cubanos de turno, con el fin de profundizar las diferencias entre los propios cubanos con relación al peninsular. Asimismo, hasta finales de la década del 20, Cuba necesitó de mano de obra barata para el trabajo en los campos de caña y, con ese fin, emigraban hacia la Isla, para laborar de forma permanente y temporal trabajadores de Jamaica y de Haití, fundamentalmente. Según las Memorias inéditas del Censo de 1931 (13) y las estadísticas que allí se presentan, señalan que en Cuba ya se había conformado un suficiente “ejercito de reserva”, de desempleados. Ese proceso migratorio fue muy contradictorio y complejo para el proceso de conformación de la Nacionalidad, la Nación y la Identidad Nacional en los primeros cuarenta años del siglo XX, porque afectaba seriamente la asimilación - adaptación y síntesis, así como el proceso de transculturación, sincretismo religioso incluido, que permitiera al extranjero transformarse y sentirse como un cubano más, de convicción y sentimiento, identificado con la historia y la cultura del país. Por eso, consideramos muy cierta la aseveración motivada por la percepción y reflexión rigurosa que la década del 40 del siglo XX, signan decisoriamente otro de los hitos históricos en la formación del Cubano, de su Identidad Nacional, y de Cuba como Nación y Estado-Nación, porque también es aprobada una Constitución muy progresista para su época, habiendo un proceso de renacionalización de la nación; d) El quinto obstáculo fue, fue la estructura socio-racial -muchas veces coincidentes con las clasistas- del país, herencia de la colonia, la neocolonia y de la cultura racista atávica y presencial, aunque también de la exportación ideológica que emanaba desde esa parte del mundo capitalista, racista y xenofóbico, que proseguiría, de forma sutil, en la etapa revolucionaria. El andamiaje social-cultural e ideológico racista predominante, anterior al triunfo de la Revolución Cubana, fue uno de los problemas más evidentes y críticos para el logro de una Identidad Nacional, en tanto sentimiento, representación y voluntad de pertenencia a un espacio político común y a un mismo universo simbólico, que permitiera y sigue admitiendo la comunicación normal entre todos los elementos del cuerpo societal y comprende, también, la posibilidad de participación colectiva por parte de la mayoría de las personas, en el ejercicio de sus derechos y deberes en relación con los destinos de la nación. Aunque los negros africanos traídos a Cuba, desde el siglo XVI, lucharon arduamente por la independencia de la Isla, desde la primera guerra de independencia (1868-1878), momento en que obtienen su libertad por la osadía del precursor de ese subversión, el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, proceso que se consolida en las leyes emitidas por el Gobierno en Armas, con sus respectivas constituciones no solo en esa contienda bélica sino también en la reiniciada bajo el liderazgo de José Martí y el Partido Revolucionario Cubano en 1895, y obteniendo su decisoria libertad en 1886, y por su continuada participación en todas los combates nacional-liberadores y sociales, lo cierto es que los negros y mestizos fueron constantemente discriminados, excluidos y marginados, muy a pesar de que las Constituciones republicanas, las de 1901 y la de 1940, lo prohibían en su letra, aunque con serias limitaciones en sus derechos ciudadanos.

La situación racial y discriminatoria se hizo crítica, incluso, desde el campo insurrecto e independentista cubano. Los grados de oficiales no se distribuían por méritos de guerra solamente, sino que se crearon dificultades para que lo obtuvieran los más destacados guerreros de piel negra. En algunas cartas el Lugarteniente General Antonio Maceo, el Titán de Bronce, se queja con su dignidad incólume de esa actitud hacia su persona entre la oficialidad mambisa. Y en el siglo XX, las actitudes racistas alcanzan gran magnitud con los pocos derechos ciudadanos que poseen los cubanos negros. Incluso la matanza del movimiento insurreccional de los independientes de color -dirigidos por el Partido Independiente de Color- en 1912, brutalmente reprimido. Aunque parece ser, por las últimas investigaciones concluidas, que las muertes nunca alcanzaron las 3 mil víctimas divulgadas, lo peor fue la indiferencia en la sociedad cubana de la época ante ese hecho, que fue parcamente reflejado en la prensa, pero casi nada por los periódicos obreros y socialistas -en realidad en manos de españoles- y por las otras publicaciones. La parálisis que conllevaba el acápite de la Enmienda Platt, mediante el cual los EE.UU. tenían el pretexto y justificación jurídica para intervenir en los asuntos internos cubanos era tan real que hasta los mismos sectores independentistas, nacional-liberadores, antiimperialistas y por la justicia social estuvieron impregnados de la teoría del fatalismo geográfico y de ese efecto inmovilizador.

Entonces, las sociedades negras y otras agrupaciones de gente de color tuvieron un significado muy positivo, ante el exclusionismo y exclusivismo “Only White”, impuestos en parques, clubes, restaurantes y otras zonas privadas y públicas del país. En esas sociedades negras también se forjó la nacionalidad cubana, así como en las expresiones artísticas de una vanguardia literaria, musical y pictórica negra, pero por sobre todo multirracial muy cubana que rescató no sólo la herencia africana, que deslumbró al mundo europeo y latinoamericano-caribeño, en el discursar de un Gustavo Urrutia, Walterio Carbonel, Salvador García Agüero -uno de los mejores oradores de toda la historia cubana-, entre otras personalidades negras convertidas en intelectuales a sangre y fuego y en franca polémica con las otras corrientes culturales e ideopolíticas, y en las sociedades secretas de las creencias africanas en la Isla. Un verdadero torbellino diverso-nacional que no pudo detener el imperialismo estadounidense y la oligarquía burguesa criolla, cada vez menos nacional y no representante de los intereses de la nación y el pueblo cubano. Aunque predominó el racismo, la discriminación y los prejuicios raciales en muchos sectores sociales al cual no fueron ajenos los mismos explotados y oprimidos. Y hubo ausencias y carencias en la historiografía nacional y en el estudio de las ciencias sociales acerca del problema negro, aunque existieron figuras tan descollantes como Don Fernando Ortiz, Elías Entralgo, etc., así como en el campo de las ideas sociopolíticas de la izquierda en Cuba, como Blas Roca, Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias, verdaderos líderes orgánicos del comunismo nacional, regional e internacional.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Aníbal Quijano El fracaso del moderno Estado-nación, en La Otra América en debate, Aportes del I Foro Social Americas, Irene León, Ed, Quito, Ecuador, 2006, p. 65.

(2) Idem., p. 67.

(3) Fidel Castro expresó que “[...] Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la revolución en Cuba, porque en Cuba sólo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instante.”. En, Fidel Castro Ruz Discurso en la velada conmemorativa de los Cien años de Lucha. 10 de octubre de 1968, En Discursos, en tres tomos, T.1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, p. 61.

(4) Fernando Ortiz Contrapunteo cubano del azúcar y el tabaco, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, Cuba, 1963, pp. 136.

(5) Carlos Manuel de Céspedes ¿Puede afirmarse que el pueblo cubano es católico o no?, Temas, No. 4, La Habana, 1995.

(6) Darcy Ribeiro El proceso civilizatorio, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992.

(7) Eduardo Torres Cuevas Apología de Nuestra Historia, (segunda parte), en Contracorriente, Año I, No. 2, La Habana, P. 6

(8) José Diosdado y J. Aldama La agresión ideológica de los Estados Unidos contra Cuba revolucionaria: tendencias y perspectivas, Trabajo Diploma, No. 27, Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) “Raúl Roa García”, La Habana, 1989.

(9) Jorge Ibarra Cuesta Patria, etnia y nación, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 223.

(10) Marcos Roitman Rosenmann Las razones de la democracia en América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 190.

(11) Idem., p. 191.

(12) Arturo Arango Otra teleología de la racionalidad cubana, en Casa de las Américas, No. 194, enero-marzo, La Habana, 1994, p. 110.

(13) Memorias Inéditas del Censo de 1931, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

03/12/2008 GMT 1

La Revolucion Cubana, Latinoamerica y el Caribe en 1959 IV

polillabaez @ 00:50

La Revolución Cubana y su inserción en la realidad contradictoria latinoamericana-caribeña en 1959. (IV Parte)

  • El apoyo cubano a las organizaciones revolucionarias del continente

Por Orlando Cruz Capote

Desde el propio comienzo de la Revolución los vínculos de la dirigencia y los revolucionarios cubanos y los latinoamericano-caribeños se estrecharon y profundizaron de forma acelerada. Muchos patriotas, nacionalistas, antiimperialistas, socialistas, comunistas y representantes de otras corrientes políticas progresistas fueron arribando a La Habana, unos para visitarla en estancias temporales relativas y otros para cumplir con un exilio político obligado dada la persecución a la que eran sometidos en sus países de origen, pero todos estuvieron motivados por el legítimo derecho y el deber de conocer, aprender y apoyar al proceso revolucionario triunfante. (1) En ese marco se establecieron contactos y compromisos renovados que brindaron una nueva dimensión de continuidad a las relaciones de amistad, colaboración y solidaridad militante entre la izquierda de la región que contó, a partir de entonces como novedad, con el respaldo moral y material -éste último muy limitado- del poder revolucionario cubano y su pueblo.

Este apoyo de la Revolución Cubana, desde el punto de vista material, fue moderado en estos años iniciales por muchas razones de índole práctica. En primer lugar, porque las fuerzas militar-logísticas de la Revolución no estaban preparadas para empeñarse en acciones internacionalistas de gran amplitud; en segundo lugar, porque se debía ser cauteloso ante el trabajo de inteligencia y contrainteligencia de los Estados Unidos, que podía poner al descubierto el involucramiento directo cubano y ofrecer las excusas para la agresión contra Cuba; en tercer lugar, porque los incipientes órganos de la seguridad cubana (2) no contaban aún con la preparación y organización adecuadas para desarrollar operaciones de gran envergadura en apoyo a movimientos revolucionarios en el exterior; en tercer lugar, porque debían conocerse con mayor profundidad el alcance de los objetivos de lucha y programas políticos de las diversas organizaciones y movimientos de izquierda para proceder a su ayuda efectiva, sin comprometerse con figuras y agrupaciones que no fueran realmente revolucionarios; en cuarto lugar, porque en estos dos primeros años la revolución necesitaba consolidarse y fortalecerse a lo interno para evitar y derrotar cualquier intento de una agresión directa de los EE.UU. y la OEA; en quinto lugar, porque Cuba debía limitar, de algún modo, actividades solidarias de nacionales y extranjeros individuales, desde su territorio, sin control oficial por parte del Gobierno Revolucionario y, finalmente, porque no se podían brindar pretextos a las autoridades de Washington y las oligarquías de la región de que la Isla “exportaba su Revolución” hacia el subcontinente. Además, Cuba jamás exportaría la revolución, sino que apoyaría a los revolucionarios que iniciaran sus combates nacional-liberadores y por la justicia social. Y, al mismo tiempo, iba a ser muy respetuoso con los gobiernos que no se involucraran en actividades anticubanas agresivas.

Pero las reuniones entre los dirigentes y militantes revolucionarios latinoamericanos y caribeños se realizaron en casas de seguridad, en las oficinas del gobierno y en las propias residencias de los líderes cubanos. Sus anfitriones fueron, principalmente, el propio Comandante en Jefe Fidel Castro y los Comandantes Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Juan Almeida, siendo los dos primeros los más recurrentes en estas conversaciones. (3) El intercambio era amplio y retroalimentador, jamás se impuso una línea o método de lucha, todos eran escuchados por igual aunque el referente armado cubano tuviera un peso fundamental en los debates. (4) Estos encuentros, muy poco conocidos por la historiografía en la actualidad, dieron lugar, en algunos casos, a coordinaciones y la elaboración conjunta de planes de apoyo cubanos para llevar a cabo las luchas ya iniciadas o por ejecutar. Cuba brindó, en esta primera etapa 1959-1960, asesoría política y militar, cierta cobertura informativa y de propaganda, campos de entrenamiento, entrega limitada de armamento, documentación y financiamiento, ofreciendo también la incorporación voluntaria de algunos oficiales y combatientes cubanos para la lucha contra los ejércitos y las fuerzas represivas de las dictaduras. (5) Asimismo, cual tal ayuda no fue solicitada por opiniones divergentes de algunos dirigentes de organizaciones de izquierda, ella no fue emprendida. Nunca se violó el principio de soberanía de una agrupación o movimiento revolucionario, ni se vulneró los asuntos internos de los mismos. El aprendizaje crítico de esos años fue decisorio para la proyección internacionalista cubana del futuro.

Y aunque el involucramiento más numeroso directo humano fue una excepción, salvo en el caso dominicano ya analizado, si se puede afirmar que existía la voluntad y la convicción en la vanguardia política cubana de apoyar con hombres y armas todos aquellos esfuerzos por reiniciar la lucha y que resultaran exitosos por su preparación y ejecución en las etapas tempranas del combate insurreccional. De esta manera, combatientes nicaragüenses, paraguayos y dominicanos, entre otros, recibieron una desinteresada ayuda en su preparación combativa. En campamentos militares cubanos, preparados al efecto, fueron entrenados y realizaron prácticas de tiro real participando en las mismas, en muchas ocasiones, comandantes y oficiales del Ejército Rebelde. Por ejemplo, el Comandante Ernesto Che Guevara y otros compañeros de su Columna Guerrillera No. 8, Ciro Redondo”, realizaron simulacros de combate conjuntamente a exiliados paraguayos en 1959.

Prosiguiendo este mismo comportamiento internacionalista, político y ético en la aplicación de su proyección internacional, en una reunión acaecida en Cuba, surgió el Comité para la Liberación de Nicaragua, el cual en febrero de 1959 publicó un llamado a las armas conocido como “Carta de La Habana”. La coalición estuvo conformada por un diverso grupo de organizaciones revolucionarias de la patria de Sandino y algunos de sus miembros habían llegado a Cuba desde la propia Nicaragua, del exilio mexicano y el venezolano, luego del Primero de Enero de 1959.

Entre los integrantes del mismo se encontraban destacadas figuras revolucionarias como las de Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge y Rodolfo Romero, éste último viejo amigo del Che Guevara cuando ambos se encontraron en la Guatemala agredida de Jacobo Arbenz, en 1954. Los antecedentes inmediatos de esta beligerancia insurreccional lo encontramos en 1958, cuando se reinicia la lucha armada guerrillera en esa nación por un grupo, dirigidos por el veterano combatiente sandinista (integrante de las huestes de Augusto César Sandino), Ramón Raudales y el joven Carlos Fonseca Amador, ya mencionado. En el mes de marzo, el Comandante Ernesto Che Guevara comenzó a cooperar activamente con los preparativos de la insurrección nicaragüense que tuvo su base de entrenamiento e infiltración en la vecina Honduras. El ex-oficial somocista Rafael Somarriba, quien dirigió ese empeño guerrillero, recibió el apoyo permisible de aseguramiento, la solidaridad de la dirección cubana y el compromiso personal del Che para sumarse más tarde a la contienda guerrillera una vez instalado el destacamento guerrillero. Además se enrolaron en la futura acción varios oficiales y soldados cubanos, entre ellos, los compañeros Carlos Lugo, el Comandante Onelio Hernández Taño, Marcelo Fernández Isla y, más tarde en otro preparativo, el también nacional Renán Montero.

El grupo del Comandante Rafael Somarriba, [en la foto, se acomoda gorra] compuesto por cincuenta y cinco miembros y otros veintisiete hombres en entrenamiento, fue bautizado como “Brigada 21 de septiembre Rigoberto López Pérez”, y fue masacrado el 24 de junio por la acción mancomunada del Ejército de Honduras y la Guardia Nacional de Nicaragua, en El Chaparral, en el propio territorio hondureño. Allí murieron los cubanos Onelio Hernández y Marcelo Fernández. Poco tiempo después, Carlos Fonseca Amador, quien había sido herido en este desigual y sorpresivo combate -el campamento guerrillero había sido detectado por los servicios de inteligencia de Honduras y Nicaragua- fue trasladado prisionero a Tegucigalpa y luego arribó a La Habana para recuperarse de su salud en el Hospital Calixto García. A su salida conoció al viejo militante del Partido Socialista Popular, Pedro Monet y a su esposa Rosa García, entablando una singular amistad personal y revolucionaria. Carlos Fonseca comenzó entonces a vivir en la casa de estos, en el vedado habanero, y aunque el Gobierno Revolucionario le brindó una residencia en el barrio de Miramar, éste pidió permiso a Monet para realizar reuniones, en un cuarto de la casa, con otros revolucionarios nicaragüenses. (8)

Allí sostuvieron importantes encuentros políticos el propio Carlos Fonseca, así como Silvio Mayorga, Tomás Borge, Noel Guerrero y otros, con el objetivo de preparar y organizar la lucha y perfilar una futura organización revolucionaria guerrillera y clandestina, la que años más tarde se denominaría Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Este proceso organizativo y conspirativo contó con el apoyo de las autoridades revolucionarias cubanas (9) que desde ese momento ofreció facilidades para las actividades de Carlos Fonseca Amador y sus compañeros, desde el segundo semestre de 1959 hasta el primer semestre de 1960, en que Carlos Fonseca regresa clandestinamente a su país y es asesinado por las fuerzas represivas. Aunque, esa solidaridad militante se sostuvo de por siempre.

Años después, el Comandante Daniel Ortega, líder del FSLN y nuevamente Presidente de ese país, ofrecería el siguiente testimonio ratificador de ese apoyo, aunque con algunas imprecisiones históricas y olvidos de la etapa inicial, quizás por problemas de memoria (10) de que, “[...] Mi primer contacto con Cuba fue en 1966. El Frente había tenido un primer período de relaciones con Cuba en el sesenta y dos y en el sesenta y tres, cuando ocurrieron algunas acciones armadas en Nicaragua. [...] en julio del sesenta y seis yo tenía veinte años. Me quedé en Cuba unos meses haciendo un entrenamiento para la lucha guerrillera que se desarrollaba en Nicaragua [...] En la medida que la Revolución cubana resistía le inyectaba más moral a los revolucionarios latinoamericanos, más esperanza [...] Quiero insistir en algo: la solidaridad de Cuba, el compromiso de Fidel, fue determinante para el triunfo de nuestra Revolución (en 1979). Sin esa solidaridad de Cuba, sin ese compromiso personal de Fidel de apoyar al Frente Sandinista, difícilmente hubiese triunfado la Revolución en Nicaragua [...] en ese momento fue determinante el compromiso y el apoyo de Cuba en la preparación, en el armamento.” (11)

Otros movimientos revolucionarios continentales y la posición cubana.

Sin embargo, otros hechos guerrilleros en la región, no tuvieron un involucramiento oficial cubano directo. En el desembarco de algunos revolucionarios haitianos en su país, el 13 de agosto de 1959, para derrocar al régimen tiránico de Duvalier, no hubo participación del Gobierno Revolucionario Cubano. Si hubo alguna implicación fue de tipo moral, por el ejemplo que inspiraba la Revolución en su área geográfica. Tal expedición, que fue destrozada y asesinados casi todos sus miembros -muchos de ellos del partido marxista-leninista-, sirvió finalmente de pretexto al dictador haitiano para involucrar a La Habana en los planes conspirativos en su contra. (12)

Las relaciones con Haití fueron alcanzando mayor tirantez al acusar el régimen dictatorial al embajador cubano en esa nación con lo sucedido y tuvieron su clímax con dos atentados perpetrados contra el representante de la Mayor de las Antillas que, más tarde, según se conoció fueron preparados por grupos duvalieristas. El gobierno de Cuba retiró su embajador y posteriormente se retiraron los consulados haitianos en Santiago de Cuba y en Camaguey. A finales de 1959, el gobierno de Haití rompió relaciones diplomáticas con el Gobierno Revolucionario.

Otros casos, en los cuales los EE.UU. y, en especial, la CIA, trataron de involucrar al Gobierno Revolucionario fue una invasión a Nicaragua a principios de junio de 1959, (13) así como otros “intentos desestabilizadores” contra Guatemala. Es oportuno destacar que esos países, “extrañamente”, fueron los más implicados en los planes de EE.UU., en los preparativos y agresión contra Cuba por Playa Girón.

El caso panameño fue el más complejo. El 3 de abril de 1959, un grupo de 45 estudiantes se alzó en el Cerro de Tute, provincia de Veraguas, siendo apresados inmediatamente, pero a mediados del mismo mes, una pequeña agrupación de soldados del Ejército Rebelde desembarcó en ese país por la zona de Puerto de Dios, dirigidos por un individuo de origen cubano, César Vega -sin méritos revolucionarios, los cuales intentaba alcanzar con esa acción- y sin ninguna autorización de la dirección política y militar de la Revolución. Ya en tierras panameñas, en coordinación con algunos elementos revolucionarios oriundos, iniciaron operaciones armadas. La respuesta cubana fue la de colaborar con la OEA y el gobierno panameño para determinar el grado de responsabilidad y culminar con ese intento de subvertir el orden en ese país y desmentir que hubiera una interferencia estatal cubana en los asuntos internos de esa nación. El Comandante Raúl Castro expresó que la Revolución estaba dispuesta a enviar oficiales del Ejercito Rebelde para persuadir a los miembros cubanos de la expedición a que depusieran las armas. (14) Ese comportamiento que, en aquel momento se denunció por las autoridades cubanas como de “aventurero y invasionista”, tenía cierta explicación lógica en el panorama político en que vivía el sujeto popular de la Revolución. Algunos estudios realizados al respecto señalan que la predica revolucionaria y solidaria del discurso político y su actividad práctica real, impregnó a muchos jóvenes de la sociedad cubana que percibieron, en las acciones de apoyo directo a los pueblos tiranizados, una vía para lograr un protagonismo semejante al de los combatientes rebeldes y los luchadores de la Sierra y el Llano.

Un ejemplo lo encontramos en el periódico Combate, del DR-13 de Marzo, el 25 de octubre de 1959, cuando se publicó una petición que decía: “Rebeldes con causa: Un grupo de muchachos de 12 a 15 años, visitó Palacio para dejar una carta dirigida al Primer Ministro, Fidel Castro, expresando que ellos, vecinos de la Sierra Chiquita, están dispuestos a partir hacia Santo Domingo a combatir a Trujillo. Que solo quieren autorización de Fidel.” (15) El espíritu revolucionario y la concientización política estaba calando rápida y profundamente en las mentes de las masas populares. Pero, por razones de seguridad nacional y respeto a las normas internacionales de convivencia pacífica, la Revolución Cubana no podía darse el lujo de que se acometieran acciones de ese tipo, sin control oficial y, mucho menos, si no eran ciertas las causas que motivaban la práctica. En el caso panameño no existía una causa mayor anticubana que sirviera de mínimo pretexto para inmiscuirse en sus asuntos internos.

En muy poco tiempo, Cuba había logrado una reinserción independiente y soberana en el conjunto de las naciones del continente, en un clima de respeto mutuo y sin interferencias en las problemáticas endógenas de los países. En el área caribeña a diferencia de los dos casos señalados, Haití y República Dominicana, la Revolución Cubana observó con detenimiento y moderación, el inicio del proceso de descolonización de las posesiones británicas, que culminaron con la independencia de Jamaica y Trinidad Tobago en 1962, y de Guyana y Barbados en 1966. Pero no hubo ningún intento de intromisión en los asuntos internos de estas naciones. Las relaciones con Jamaica eran formales desde antes del triunfo revolucionario cubano, concretadas en la presencia de un Consulado cubano en Kingston. Y los gobernantes de esta nación no se plegaron a la campaña de aislamiento contra Cuba. En estos primeros años (1959-1962) las relaciones no rebasaron el nivel consular. El caso de Guyana, aunque sin relaciones diplomáticas y consulares, fue singular por la posición del líder del Partido Progresista del Pueblo (PPP) Cheddi Jagan, y en este caso, si hubo intercambios comerciales, de cooperación técnica y financiera con Cuba, que se mantuvieron hasta 1964, cuando esta singular y progresista personalidad abandonó el gobierno.

Pero lo más importante para la Revolución Cubana fue que se granjeó el apoyo de los trabajadores, campesinos, intelectuales, estudiantes y las demás masas explotadas de la región. Había que contar, a partir de entonces, con la Revolución Cubana en el ámbito latinoamericano y caribeño y con el respaldo de estos pueblos hacia su proceso. Y Cuba correspondió con su apoyo solidario desinteresado y puesto a prueba en múltiples ocasiones. Otro mapa geopolítico se configuraba en el Hemisferio Occidental muy diferente al exigido por las autoridades de Washington y las oligarquías clientelistas del subcontinente.

Notas bibliográficas y referencias:

  1. Luis Suárez Salazar Barbarroja. Selección de Testimonios y discursos del Comandante Manuel Piñeiro Lozada, Ediciones TRIcontinental-SIMAR S.A., La Habana, 1999, pp. 25-26.
  2. Al principio de la Revolución se creó el Departamento General de Inteligencia del Ejército Rebelde o Departamento de Investigaciones de Ejército Rebelde (DIER), que ya había funcionado como Servicio de Inteligencia y la Policía Rebelde en el II frente Oriental “Frank País”, durante la epopeya guerrillera en 1958. Un poco de tiempo después se crearon también el Departamento de Operaciones Especiales, los Órganos de Seguridad del Estado (G-2) y, el 6 de junio de 1961, el Ministerio del Interior. En ese intermedio se conformó un Vice-Ministerio Técnico (1961-1970) y una Dirección Nacional de Inteligencia (1961) que atendieron la diversa solidaridad cubana hacia los movimientos revolucionarios y populares latinoamericanos y del resto del mundo. En 1970, surge la Dirección General de Liberación Nacional hasta fines de 1974, momento en que se estructura el Departamento América (1975), como aparato auxiliar del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y que asume las principales tareas en el terreno de las relaciones políticas internacionales. En, Idem., pp. 9, 17, 22, 47 y 125.
  3. En estas conversaciones estuvieron presentes también otros Comandantes como, Ramiro Valdés y Manuel Piñeiro, Ministro y Viceministro de MININT, a partir de 1961.
  4. Entre los que llagaron a Cuba estuvieron los revolucionarios, Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge, Salvador Allende, Luis Carlos Prestes, Rodney Arismendi, entre otros.
  5. Idem., pp. 21-40. También debe consultarse a Piero Gleijeses Misiones en Conflicto. La Habana, Washington y África. 1959-1976, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002; y Matilde Zimmermann Carlos Fonseca Amador y la revolución nicaragüense, Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa del Caribe Nicaragüense, PAVSA, Managua, 2003.
  6. Luis Suárez Salazar Barbarroja, Ob. Cit., p. 112.
  7. Idem., pp. 111-112; y Matilde Zimmermann, Ob. Cit., pp. 70-73.
  8. La autora norteamericana, Matilde Zimmermann advierte de los problemas existentes para precisar la fecha de fundación del FSLN, por los diversos criterios vertidos por los propios sandinistas. Pero, Pedro Monet le contó a este autor que el FSLN se constituyó en su casa en 1961 o principios de 1962. De todas formas, este dato que parece ser intrascendente para este trabajo tiene, por otra parte, una relevancia importante porque evidencia la labor organizativa de los exiliados revolucionarios nicaragüenses en Cuba y el apoyo de la Revolución Cubana hacia los mismos. En, Entrevista de Pedro Monet con el Dr. Orlando Cruz Capote, 22 de noviembre de 1980.
  9. Matilde Zimmermann, Ob. Cit., pp. 67-111.
  10. La estudiosa Matilde Zimmermann hace alusión a esos olvidos de los dirigentes nicaragüenses en los años de la década del 80 del siglo pasado, cuando sus posiciones revolucionarias habían perdido el filo más radical por las divisiones internas de índole ideológicas y políticas, al señalar que el distanciamiento de los dirigentes sandinistas del núcleo revolucionario que constituía el Programa Histórico, de las ideas y la práctica de Carlos Fonseca Amador, conllevaron a no identificar a Sandino con el Che Guevara y la Revolución Cubana como los guías y la inspiración del FSLN. “[...] Los miembros de la Dirección Nacional de los ochenta raramente mencionaban a Cuba excepto para reconocer su ayuda financiera generosa y la indispensable contribución de los doctores y maestros cubanos. Solamente Tomás Borge hablaba acerca de la inspiración de la revolución socialista cubana, y lo hacía menos, y menos a menudo, cuando la década transcurría. Sandino y el sandinismo fueron cada vez más contrapuestos al Che y al marxismo”. En, Matilde Zimmermann, Ob. Cit. P. 269.
  11. Enrique Ubieta Gómez La utopía rearmada. Historia de un viaje al nuevo mundo, Casa Editora Abril, La Habana, 2002, pp. 47-48.
  12. Aunque esta expedición salió desde Puerto padre, provincia de Oriente, no hubo vinculación oficial alguna, que conozcamos hasta ahora, con los revolucionarios haitianos implicados, muchos de los cuáles eran miembros del partido marxista de ese país.
  13. Las versiones sobre esta invasión, que era tan diferente a los planes apoyados por Cuba, fueron tan variadas como sospechosas: primero, se dijo que habían participado en esa expedición dos aviones con hombres armados que habían salido desde Costa Rica; segundo se planteó que uno de los DC-3 había partido de Miami, haciendo escala en La Habana; tercero, en julio, se informó que los hombres eran revolucionarios de varias nacionalidades y que existía un alto funcionario cubano vinculado a las mismas.
  14. Periódico New York Times, 27 de abril de 1959. En, José A. Benítez Cabrera David Goliat Siglo XX, Ediciones Granma, La Habana, 1967, p. 95.
  15. “Mesa Revuelta”, en periódico Combate, del DR-13 de Marzo, 25 de octubre de 1959, La Habana, p. 2.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

27/11/2008 GMT 1

La Revolucion Cubana, Latinoamerica y el Caribe en 1959 III

polillabaez @ 07:21

La Revolución Cubana y su inserción en la realidad contradictoria latinoamericana-caribeña en 1959. III Parte.

Por Orlando Cruz Capote

  • La Organización de Estados Americanos (OEA) y los primeros síntomas de la crisis del sistema interamericano.

Si las percepciones de las autoridades de Washington habían sido negativas sobre Cuba, prácticamente desde el propio triunfo revolucionario, la Organización de Estados Americanos (OEA) se convirtió de inmediato en uno de los puntos neurálgicos de la tensión de las relaciones de los gobiernos de América Latina y el Caribe hacia La Mayor de las Antillas. Por su parte, Cuba delineó tempranamente su comportamiento en esa organización. En un discurso, el 18 de marzo de 1959, el nuevo representante cubano en ese organismo, el Dr. Raúl Roa valoraba acertadamente lo sucedido en la Isla y destacaba, ante todo, el carácter político-popular y armado del triunfo al afirmar que “[...] En largos años no se había erguido y escuchado la voz genuina de Cuba en el Consejo de la OEA. [...] No resulta ocioso recordarlo por lo que tiene de novedad histórica y de obvio estímulo a los pueblos todavía oprimidos. El derrocamiento de una tiranía mediante la acción armada no es un suceso insólito en nuestra América; si lo es, en cambio, la que derribó la de Fulgencio Batista en Cuba. El estilo, la organización, la trayectoria y el desenlace de esa acción difieren radicalmente de todas las conocidas hasta ahora, constituyendo, por eso, un hecho nuevo en el proceso político hispanoamericano. Esta vez el cuartel no jugó papel determinante alguno”. (Carlos Lechuga Itinerario de una farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991, p. 18).

Para un análisis de la inserción y actividad de Cuba en la OEA, la problemática de sus vínculos con esta organización y, por ende, de sus Estados miembros, el enfoque debe realizarse a nuestro entender desde tres ángulos: primero, el gobierno norteamericano desde un inicio incluyó en sus planes contra Cuba la utilización del sistema interhemisférico por lo que los gobiernos más afines al imperio jugaron ese papel desde el inicio o fueron presionados al máximo para que lo hicieran; segundo, muchos regímenes oligárquicos del subcontinente, sin ni siquiera esperar una orden o presión de los EE.UU., se proyectaron autónoma o concertadamente con los intereses yanquis en los planes anticubanos, y tercero, la actitud-posición cubana, independiente e intransigente hacia los postulados retrógrados del sistema interamericano y los contraataques a la actividad desplegada contra su Revolución.

Y aunque siempre la mano de los yanquis sugería y dictaminaba las direcciones estratégicas y tácticas a tomar en contra del gobierno revolucionario cubano, muchos de los sicarios latinoamericanos y caribeños coincidieron, en el tiempo y el espacio, con tales pretensiones. E incluso, algunos de ellos, motivaron las acciones en el seno de la OEA, y se adelantaron, en cierto sentido, a las directrices norteamericanas. Tal fue el caso, ya analizado, de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana. Si existen dudas de la utilización norteamericana de la OEA, un documento recientemente desclasificado por los EE.UU. expone que el Director de la CIA, Allen Dulles señaló el 9 de julio que “[...] parecía probable que la mayoría de los gobiernos de la OEA serían capaces de ver la conveniencia de una reunión de los Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas para tratar el problema general de la situación en el Caribe, en respuesta a la argumentación de la República Dominicana de que la misma estaba siendo atacada por enemigos extranjeros”. (Memorandum of Discussion at the 412th Meeting of the National Security Council, Washington, July 9, 1959. Eisenhower Library, Whitman File, NSC Records. TOP Secret. Documento 331, pp. 555. En, Tomás Diez Confrontación Cuba- Estados Unidos. (1959-1960), Editora Política, La Habana, 2003, p. 33).

Es de señalar además, que una emisora radial oficial de ese país, “La Voz Dominicana”, en un programa denominado “Para Cuba que sufre”, comenzó a emitir noticias hacia la Isla en bandas de ondas cortas con el fin de llamar a la subversión del orden interno y lanzar campañas difamatorias y mentirosas acerca del rumbo interno y externo de la Revolución. Paralelamente, la Voz de las Américas, radioemisora de la USIA, dependencia del gobierno de los EE.UU., fue utilizada con los mismos fines, así como la emisora instalada en Las Islas Cisnes, bajo la jurisdicción hondureña. A la campaña del tirano “Chapitas” -así le denominaron a Trujillo por la cantidad de medallas en su uniforme-, se unieron las difamaciones de la Nicaragua de Somoza, del gobierno panameño y de la dictadura haitiana acerca de que Cuba intentaba desestabilizar los procesos internos de esos países a través de la intromisión y la “exportación de la Revolución”. Todo parecía confluir en un clima que propiciara una reunión de la OEA en donde se trataría de acusar a La Habana y, de esa forma, tomar medidas de seguridad colectiva contra ella.

La conjura trujillista, a la cual el gobierno de los EE.UU., le dio el visto bueno y se “alejó” lo suficiente para que quedara en el plano de las relaciones entre los gobiernos americanos, tomó mayor fuerza cuando se produjo el desembarco de dominicanos y cubanos, fundamentalmente, en Santo Domingo, el 14 de junio, para apoyar la lucha antidictatorial y de liberación nacional y social de ese pueblo. Análogamente, el gobierno revolucionario cubano acusó a Trujillo de continuar la preparación de una conspiración armada externa contra la Revolución. En esa última dirección coincidió el gobierno venezolano, quien ya había sido agredido por el dictador dominicano.

En el mes de junio y concordando “casualmente” con las preocupaciones de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los EE.UU. que se mostró “perturbada por la magnitud y el aumento creciente de ayuda militar a América Latina”, el Presidente del Perú, Manuel del Prado propuso una conferencia de desarme en América Latina que, lógicamente, ganó el respaldo de los círculos de poder norteamericanos que estaban enfrascados en que el Gobierno de Cuba no adquiriera ningún armamento del exterior, aunque estos hubieran sido contratados por el gobierno de Batista. Entrado el verano de 1959, específicamente el 6 de julio, el gobierno haitiano a través de su embajador en la OEA, llamó a realizar una Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores, porque al decir del diplomático, la situación del Caribe era tensa y merecía el interés común de todos los estados del hemisferio. Ello concordaba perfectamente con la queja de Trujillo de que Cuba había agredido a su país.

Luego de varias complicaciones dadas por las distintas solicitudes de los gobiernos de Ecuador, Perú, República Dominicana y los Estados Unidos y, más adelante, el de Venezuela, quien acusó a los agresores trujillistas, el delegado dominicano, extrañamente, retiró su queja contra Cuba y Venezuela, sumándose a la idea de una reunión de cancilleres, la cual se aprueba el 13 de julio. El gobierno de Cuba, dando por consumada tal pretensión presentó, en las sesiones previas a la misma, un tema esencial para que fuera incluido en la agenda de dicha conferencia: “Subdesarrollo económico e inestabilidad política”, considerando que las situaciones del subdesarrollo dependiente en cada país, con sus nefastas secuelas económicas y sociales, eran las causas básicas para que no pudiera mantenerse una paz y una democracia en la región en su conjunto. Tal propuesta, definitivamente, no obtuvo los dos tercios de los votos necesarios para ser aprobada. (1)

Sin embargo, algunos días más tarde, los mismos países que no habían votado a favor del proyecto cubano expusieron que, en realidad, el tema cubano quedaba incluido en el “Punto No. 1” del temario, referido a la necesidad de observar y cumplir los principios de no intervención y agresión en la situación de tensión internacional existente en el Caribe. Tan rara inclusión, estuvo dada por la interpretación que se le asignó al proyecto cubano, el cual fue aprobado por 17 países. Finalmente, la V Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA comenzó, a pesar de las diferencias y la oposición cubana, el 12 de agosto de 1959 hasta el día 17, en la ciudad de Santiago de Chile. (2) La situación política como consecuencia de los debates fue muy complicada y aguda, principalmente las discusiones entre el canciller cubano y el dominicano.

El ministro cubano Raúl Roa, un mes antes de iniciarse la misma, apoyándose en un profundo conocimiento de la historia del continente y de los instrumentos del orden internacional y regional vigente, puso al descubierto la patraña de la queja dominicana y evidenció que solo las dictaduras en el hemisferio eran las que violaban los artículos de la Carta de la OEA, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca e inmediatamente, enumeró los crímenes del régimen de Trujillo y lo sentó en el banquillo de los acusados. Y declaró inatinente la aplicación del Tratado de Río de Janeiro (TIAR), porque Cuba no podía ser acusada de agresiones ya que la figura constitutiva de agresión estaba fuera de lugar.

El “Canciller de la Dignidad” -como sería nombrado por el Comandante en Jefe Fidel Castro y los pueblos latinoamericano-caribeños- expuso de manera contundente que “[...] La razón profunda por la cual la zona del Caribe está embravecida, y no ahora, sino desde hace mucho tiempo, es simplemente la carencia de democracia. Esta es la razón por la cual hay numerosos núcleos de exiliados que van y vienen de uno y otro país y que cuando les llega la hora tratan de volver al suyo, con un legítimo derecho. Estos exiliados provienen exclusivamente de países en los cuales la democracia ha sido abolida. [...] Habrá intranquilidad en el Caribe, porque a los regímenes dictatoriales les interesa mucho que exista perturbación en el Caribe, porque al amparo de ella es que viven y medran”. (Raúl Roa García Sesión Extraordinaria, Consejo de la OEA, 2 de julio de 1959. En, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 31-33). Y finalmente expresó que, el Gobierno de Cuba está convencido que todo esas acusaciones lo que pretende es “[...] crear a Cuba un ambiente internacional hostil, y organizar en Cuba una conjura internacional de tipo intervensionista, a los efectos de interferir, obstaculizar o malograr el desarrollo de la Revolución Cubana”. En su intervención en la V Reunión de Consulta de Cancilleres, Roa reafirmó que ésta es la primera vez que el pueblo de Cuba comparece tan plena y genuinamente representado en una Reunión de Cancilleres. Confirmando que el triunfo de la Revolución Cubana representa, en su más pura y efectiva acepción, el ejercicio del poder en nombre del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Nunca la democracia tuvo en América expresión más directa y auténtica que en esta coyuntura estelar de nuestra agitada existencia. Y más adelante, respondiendo a las acusaciones de comunista y apéndice de la URSS y China, que comenzaban a endilgarle al proceso revolucionario cubano dijo que “[...] No resulta ocioso precisarlo. La Revolución Cubana no está a la derecha ni a la izquierda de nadie: está al frente de todos, con posición propia e inconfundible. No es tercera, ni cuarta, ni quinta posición. Es nuestra propia posición”. (Raúl Roa García Intervención en la V Reunión de Consulta de Ministros de relaciones Exteriores de la OEA. En, Idem., p. 34).

A las razones de las tensiones políticas que podían afectar la paz en Nuestra América, Roa fue recurrente al tema de las dictaduras añadiendo que éstas se “[...] enseñorean de los pueblos que subyugan y tratan de derrocar los regímenes democráticos de los países aledaños, son el producto de una serie de factores que configuran un tenebroso complejo que integran la miseria, el analfabetismo, la posesión feudal de la tierra, la deficiencia técnica, la carencia de capitales de inversión, la dependencia del comercio exterior, el libe juego de intereses foráneos, consecuencias todas del bajo nivel de desarrollo económico”. (Idem., p. 36) Y reafirmaba que frente a esta situación trágica que vivían los pueblos del Caribe, el Gobierno Revolucionario de Cuba se muestra en la mejor disposición de cooperar con todos los esfuerzos enderezados a llevar la realidad viva del sistema interamericano, más allá de las declaraciones y compromisos inoperantes, y preservando intacto el principio fundamental de la no intervención, las medidas que garanticen el ejercicio efectivo de la democracia representativa, el respeto irrestricto a los derechos humanos y la obra colectiva por acelerar el desarrollo económico de todos los pueblos americanos, a fin de que todos disfruten de los beneficios de una democracia real, sustentada en la libertad, y con pan para todos y cada uno de los habitantes del Hemisferio.

El final de la reunión era previsible. La acusación contra Cuba de que interfería en los asuntos internos de otros países fue desbaratada (no hubo consenso) y con ello la posibilidad de que se activaran los instrumentos de seguridad colectiva y una intervención de la OEA en los asuntos cubanos. Sin embargo, a pesar del triunfo diplomático, los EE.UU. lograron que dos órganos de la OEA, la Comisión Interamericana de Paz y la de Derechos Humanos se pusieran en funcionamiento y desplazaran de los debates la propuesta cubana de la necesidad de la solución de los problemas del desarrollo económico. A partir de entonces, estos órganos comenzaron a archivar distintas acusaciones contra la Revolución Cubana y prepararon un dossier para futuras reuniones de la OEA. Cuba comenzó a ser monitoreada políticamente con el fin último de, en el momento adecuado, lograr lo que no habían alcanzado en la V Reunión de Cancilleres.

Las conclusiones de la V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, además de la derrota de la maniobra anticubana, demostraron dos problemáticas paradójicas del sistema interamericano. Por una parte, la Revolución Cubana, aunque hostigada en el seno del organismo hemisférico, había logrado insertarse en el mismo con una voz independiente y propia logrando una tribuna política pública para exponer los planes y realizaciones del proyecto revolucionario tanto en el plano socioeconómico y político y, a la vez, acusar constantemente los planes de agresión contra Cuba. Su discurso no se remitió solamente a la defensa de la nación cubana sino que se pronunció contra las dictaduras militares, la falacia de la democracia representativa burguesa y contra el imperialismo norteamericano y todas las formas de explotación y opresión nacional.

Se alcanzó entonces un espacio internacional y regional importante para exponer sus lineamientos esenciales en política exterior. El aislamiento absoluto de la Revolución Cubana, a partir de ese momento, se hizo prácticamente imposible porque su eco positivo aumentó por instantes. La solidaridad de ella y hacia ella fue in crescendo y la opinión pública latinoamericana creció y tomo partido a favor de la Revolución Cubana.

Por otra parte, los EE.UU. y las oligarquías latinoamericanas y caribeñas, incluidas las perennes tiranías, también obtuvieron ciertos avances en la campaña anticubana. Las acusaciones de que Cuba era la causa de las tensiones en el subcontinente ganaron terreno bajo el signo ideologizante de “la amenaza del comunismo” y la “exportación de la revolución”. La activación de la Comisión Interamericana de Paz fue símbolo de los propósitos de las futuras batallas en el terreno diplomático y político. Pero el consenso para aislar, sancionar y atacar a la Revolución Cubana, aún no se había logrado lo que hizo evidente que la presión norteamericana debía aumentar sobre los representantes de las democracias burguesas del continente.

Sin embargo, una conclusión si era diáfana y fue que se inició una crisis del sistema interamericano al levantarse una voz completamente disidente dentro de los cánones establecidos por la OEA. El estallido, a lo interno, de una organización creada para servir a los intereses de EE.UU. y las élites locales fue, por primera vez, una realidad posible. A partir del triunfo revolucionario cubano y, especialmente, luego de la realización de la V Reunión de Cancilleres, la imposibilidad de esta organización para enfrentar un proceso nacional- revolucionario genuino, a través de la vía diplomática y las taimadas y abiertas agresiones económicas y políticas, la obligaba a recurrir al viejo “expediente guatemalteco”, la vía manu militari para resolver el problema de las revoluciones se convirtió, prácticamente, en la única opción.

Y aunque se persistió en la necesidad de acusar y hasta expulsar a Cuba de la OEA, antes de llevar a cabo una agresión militar, la alternativa más agresiva primó, aunque por primera vez en la historia del continente podía ser también destrozada. Los hechos históricos corroborarían tal afirmación.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) La proposición cubana obtuvo el voto favorable de Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras, México, Panamá, Perú y Venezuela; cuatro en contra: Chile, República Dominicana, Haití y Nicaragua, y nueve abstenciones, entre ellas la de EE.UU.

(2) V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA. En, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

23/11/2008 GMT 1

La Revolucion Cubana, Latinoamerica y el Caribe en 1959 II

polillabaez @ 13:39

La Revolución Cubana y su inserción en la contradictoria realidad latinoamericana-caribeña en 1959. (II Parte).
Por Orlando Cruz Capote*


El aborto de la ingerencia militar trujillista en Cuba.

El régimen tiránico de Rafael Leónidas Trujillo fue uno de los primeros en América Latina y el Caribe en lanzar una cruzada contrarrevolucionaria contra el proceso cubano. Las causas eran diáfanas, Trujillo apreció como un serio peligro para su supervivencia como dictador, la existencia de la Revolución Cubana y porque conocía, además, que los revolucionarios cubanos y dominicanos tenían vínculos y contactos solidarios muy profundos desde antes del triunfo revolucionario en La Mayor de las Antillas.

La llegada a su país del dictador Fulgencio Batista, luego de huir de Cuba con una buena suma de dinero robado, le brindaba la oportunidad de conformar, prácticamente el dos de enero, una fuerza militar para atacar a la Revolución. El sueño de una “Legión Extranjera” -caribeña- resurgió en esos momentos y prácticamente en tres meses fueron reclutados centenares de hombres y, entre ellos, alrededor de 200 ex-militares batistianos. (1) Los gobernantes norteamericanos al informarse de tales planes, enviaron a Santo Domingo a un alto oficial de la CIA, Gerry Droller (alias Frank Bender), alemán de nacimiento que había servido de espía a EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, el cual se entrevistó con el dictador y el jefe de su inteligencia, Coronel Johnny Abbes García, y precisó cuáles eran esos planes anti-revolución cubana. A su regreso a Washington, éste informó a las autoridades y solo recibió la recomendación de apoyar ese proyecto injerencista, sin inmiscuir directamente a los EE.UU., pero creando una red en el interior de la Isla para brindar una imagen “real” de que en Cuba se luchaba contra el gobierno revolucionario. Entre sus posibles hombres a reclutar se encontraba William Alexander Morgan, (2) quien era Comandante del Ejército Rebelde, aunque ya en la reserva. Tales grados lo había obtenido en el II Frente del Escambray.

Tras algunos encuentros y desencuentros, Morgan logró ponerse en contacto con la conspiración trujillista. Sus vínculos con la CIA, la mafia y las autoridades norteamericanas lo llevó a afirmar, en una reunión clandestina en una habitación del Hotel Capri, en La Habana, que haría todo lo posible para alistar individuos, algunos de ellos los famosos “comevacas” (3) del II Frente del Escambray, para ponerlos al servicio de la conjura, si se le ofrecía, personalmente, un millón de dólares en pago. La preparación de la expedición armada mercenaria cobró mayor fuerza cuando Trujillo aceptó el pago de la suma. El 15 de abril, Morgan viajó a Miami y sostuvo reuniones con el Cónsul dominicano, con mafiosos y con el contrarrevolucionario de origen cubano Manuel Benítez. Al frente de las fuerzas agresoras vendría el batistiano y asesino José Eleuterio Pedraza. (4) Luego, Morgan impuso de los planes al Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo y a otros de los jefes del susodicho frente, quienes en su mayoría aceptaron participar en el complot y, conjuntamente, a los miembros de la organización contrarrevolucionaria “La Rosa Blanca”. (5)

Las traiciones de Menoyo y Morgan estaban en marcha y los planes de la invasión iban tomando contenido. La zona escogida para desembarcar la fuerza mercenaria había sido la ciudad de Trinidad, la cual poseía un aeropuerto cercano y, además, contaba como trasfondo geográfico a la cordillera del Escambray, lo que posibilitaría operaciones armadas de cobertura. La llegada de los complotados, junto a las acciones que se desarrollarían en territorio cubano y el establecimiento de un Gobierno Provisional, ejercería un efecto desencadenante entre los opositores al gobierno revolucionario que, según los planes elaborados, llevarían al derrocamiento de éste. El plan consistía, además, en el aterrizaje de varios aviones con mercenarios y un desembarco de más de 3 mil hombres por la playa “El inglés”. Asimismo, los grupos contrarrevolucionarios ya estructurados internamente llevarían a vías de efecto varios actos de sabotaje, terrorismo y otras acciones desestabilizadoras. Entre los complotados estaba el sacerdote español Ricardo Velazco Ordóñez, el ex-senador Arturo Hernández Tellaheche, entre otros. Solo una mirada al futuro gobierno daba una imagen del resto de los conspiradores, para Primer Ministro y Ministro de Gobernación fueron propuestos el ex-dueño de la Compañía Constructora Naroca, Ramón Mestre Gutiérrez y el criminal de guerra, paramilitar y mafioso, Rolando Masferrer, respectivamente.

El 5 de junio se produjeron graves sucesos con el personal diplomático cubano en Santo Domingo, algunos de los mismos resultaron heridos en atentados y la sede de la embajada fue asaltada y destrozado su inmueble. Estos hechos constituían una grave provocación. Ante estos ataques contraproducentes al orden jurídico internacional vigente y la inminencia del ataque invasor mercenario trujillista, el Gobierno Revolucionario Cubano decide romper relaciones diplomáticas con Santo Domingo, el 26 de junio de 1959. Paralelamente, y como consecuencia de que la naciente seguridad cubana conoció de los planes conspiradores, Eloy Gutiérrez Menoyo temió ser sorprendido y en una entrevista solicitada al Comandante en Jefe Fidel Castro, le comunicó los pormenores del plan de la invasión trujillista. El máximo líder de la Revolución le sugirió a Menoyo que se continuara con los preparativos para de esta forma tomar prisioneros, por sorpresa, a los involucrados en la expedición y desbaratar a las bandas contrarrevolucionarias de apoyo. Con ello, además de eliminar la acción, el dictador Trujillo quedaría al desnudo ante la opinión pública regional e internacional y no serían invenciones de Cuba decir que éste preparaba una agresión contra la Isla. El otro traidor, William Morgan, quien no fue notificado a tiempo del “viraje” de Menoyo, cuando arribó a Cuba con un cargamento de armas, no tuvo más remedio que aceptar los hechos y “volver a pasar por revolucionario”, aunque por muy poco tiempo.

De esta forma, el G-2 -Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde, DIER, en específico, o la Seguridad del Estado- conoció de todos los planes, las fechas y los nombres de los miembros que iban a ejecutar la invasión y el levantamiento interno. Haciendo creer a Trujillo que la guerra había comenzado en territorio cubano y que ya se habían obtenido victorias importantes, se les conminó a los complotados la ejecución de lo planeado. Así, un avión dominicano aterrizó en la zona de Trinidad y volvió a Santo Domingo informando que todo marchaba perfectamente. No obstante, ante algunas filtraciones de las agencias de prensa que comunicaban que se habían realizado numerosos arrestos de los miembros de las bandas contrarrevolucionarias, Trujillo receló de la posibilidad de llevar adelante todos los planes de una vez. La detención de numerosos contrarrevolucionarios en esa zona y otros lugares del país era cierta. Y en la noche del día 12 de agosto, Trujillo envió a un avión C-47 con el cura Velazco al frente, para conocer in situ la realidad cubana. La ciudad de Trinidad estuvo totalmente apagada, se “escuchaban tableteos de ametralladoras” y un contingente de miembros del Ejército Rebelde, perfectamente disfrazados de campesinos, le dieron la bienvenida. El cura Velazco regresó e informó al sátrapa que todo marchaba bien. La noche del 13 de agosto, otro avión C-47 sobrevoló la zona y al aterrizar, sus miembros se dirigieron a saludar a las autoridades de las instalaciones del aeropuerto. El mando revolucionario, al frente del cual estaba el propio Fidel, dio la orden de sorprender a los enviados, pero casualmente se escapó un disparo desde el lado rebelde, y se sucedió un tiroteo, muriendo dos combatientes revolucionarios y dos “legionarios.” La acción paralizó los planes trujillistas. De cómo se desarrollarían los acontecimientos de haberse logrado sus objetivos, se conoció por la narración que hizo el segundo teniente y piloto de la República Dominicana, Vinicio Antonio Vicioso González - el cual había huido de su país-, el 25 de agosto en el periódico Revolución: “[...] Se preparó con personal cubano, pero ya había preparadas fuerzas dominicanas, porque creían que la contrarrevolución estaba triunfando [...] El transporte de armas y todo lo demás se preparaba en la base de San Isidro [...] Las relaciones de Trujillo con la invasión eran directas. Eso era público en las fuerzas [...] No sé si Trujillo insiste en la locura de invadir a Cuba, pero si sé que tiene una fuerza aérea de 130 aviones, entre ellos cinco B-26 livianos de dos motores adquiridos hace pocos días en los Estados Unidos”. (6)

De esta forma, se aniquilaron los peligrosos planes ingerencistas trujillistas.

Si la acción de Trujillo fue la primera tentativa de derrocar a la Revolución Cubana mediante la vía militar, también constituyó la primera derrota de una invasión mercenaria pagada y entrenada, desde el exterior, cuyo cerebro tras bambalinas fueron las autoridades de los EE.UU. A la luz del tiempo, esta acción puede considerarse como un pequeño Playa Girón adelantado. El 14 de agosto de 1959, Fidel Castro denunció ante las cámaras de televisión y los micrófonos de la radio cubana al régimen de República Dominicana. En esos mismos momentos, se celebraba la V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, donde se trató de acusar a Cuba de tensionar las relaciones en el Caribe y de exportar la Revolución. La batalla en la OEA no fue nada fácil, desde el punto de vista político y diplomático para la joven revolución. Una expedición dominicano-cubana había arribado a República Dominicana desde el 14 de junio, la mayoría de sus miembros exterminados (asesinados en casi todos los casos) y los sobrevivientes habían sido detenidos, entre ellos un alto jefe rebelde cubano. Y el régimen de Trujillo utilizó este hecho, manipulando los medios de información e, incluso, haciendo un alarde de trucaje televisivo, tergiversó las declaraciones de los prisioneros cubanos y dominicanos torturados salvajemente.

  • La expedición dominicano-cubana a Santo Domingo. ¿Una respuesta o una acción independiente de Cuba revolucionaria y solidaria?.

La historia de la expedición armada dominicano-cubana a Santo Domingo es un ejemplo relevante de cómo debe analizarse el comportamiento exterior de Cuba desde 1959. Sin conocer sus raíces programáticas se podría llegar a la falsa conclusión que la misma se preparó y realizó sólo como un acto de legítima defensa contra el régimen de Trujillo y nunca como un accionar propio e independiente, latinoamericanista y solidario de la Revolución Cubana. La amistad y deseos de cooperación entre los revolucionarios cubanos y los dominicanos siempre fueron parte de la historia de ambas naciones. Sirva otra muestra de esa hermandad, la del Generalísimo Máximo Gómez, en el siglo XIX, para ilustrar o simbolizar estos empeños internacionalistas. En la última fase de la guerra de liberación cubana, 1953-1958, exactamente en diciembre de 1958, arribó a la Sierra Maestra un avión procedente de Venezuela, en el cual se traían armas y otros pertrechos bélicos para la insurrección armada cubana. En este vuelo arribó el dominicano Enrique Jiménez Moya, quien era portador de un mensaje de la Unión Patriótica Dominicana (UPD), (7) radicada en Caracas, para que se hiciera conocer el apoyo de los emigrados revolucionarios dominicanos a la causa cubana y solicitar que estos combatientes y otros fueran entrenados en la contienda para que, en un futuro, pudieran servir en la lucha contra el dictador Trujillo.

Aunque los acontecimientos desbrozaron el camino del triunfo revolucionario en el transcurso de ese mes y el resto de los revolucionarios quisqueños no pudieron llegar a Cuba antes, el pacto o alianza entre ambos movimientos revolucionarios estuvo de facto realizado. El combatiente Enrique Jiménez Moya fue ascendido a Capitán del Ejército Rebelde y se convirtió, de esa forma, en el segundo dominicano que participó en la última guerra de liberación cubana. (8) Durante la visita del líder de la Revolución Cubana a Venezuela, del 23 al 27 de enero de 1959, como ya expusimos, ambos gobiernos llegaron a un acuerdo de apoyar e impulsar la lucha de los revolucionarios dominicanos. En febrero de ese propio año, Fidel se reúne con el Capitán Enrique Jiménez y el Comandante del Ejército Rebelde Delio Gómez Ochoa, quien había sido el Jefe del IV Frente Oriental “Simón Bolívar” -creado el 10 de octubre de 1958, para operar en los llanos orientales- con el fin de coordinar los esfuerzos del apoyo cubano a la causa dominicana. De aquel encuentro sale la decisión de que el Comandante Delio Gómez fuera el delegado de la joven Revolución Cubana para facilitar la entrada al país de los futuros expedicionarios, (9) prepararlos en las técnicas del combate guerrillero y darles el entrenamiento y organización necesarios con el fin de que esta misión liberadora tuviera todo el éxito posible.

La tarea fue asumida con prontitud. (10) Luego de varios análisis para ubicar el campamento guerrillero se decidió que fuera en las “Mil Cumbres”, en la Sierra de los Órganos, en la provincia de Pinar del Río. Este lugar, donde había operado el frente occidental insurreccional, era muy adecuado para los preparativos. La experiencia de los Comandantes Dermidio Escalona y José Argibais, primer y segundo jefe del V Frente, aseguraba que esa zona montañosa y agreste podía ser ideal para llevar a cabo las labores de entrenamiento. Además, la cercanía a la ciudad de la Habana y su aeropuerto nacional e internacional fueron también factores que determinaron que esa localidad fuera la escogida. Rápidamente, y dadas las orientaciones emitidas por Fidel, algunos armamentos de los antiguos frentes guerrilleros fueron trasladados a la finca “Mil Cumbres”. Todo se realizó en el más absoluto silencio y discreción posibles. Varios dirigentes de la vanguardia política cubana apoyaron tal empeño y, de tal forma, los Comandantes Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara, Juan Almeida y otros, además de ofrecer armas, dispusieron o prescindieron de algunos de los hombres bajo su mando para cooperar con la expedición. Ello estaba en plena coincidencia con la idea de Fidel de que no debían ir solo hombres del IV Frente Oriental. Igualmente, a la llegada de los emigrados dominicanos se sumaron revolucionarios de otros pueblos entre ellos, puertorriqueños, estadounidenses, venezolanos, guatemaltecos y españoles, aunque siempre se trató que la masa fundamental de beligerantes fueran de tierra quisqueyana. Se enrolaron en un inicio un total de 261 combatientes, pero entre el fragor de los preparativos, el duro entrenamiento, la decisión de los jefes de la operación y la disposición de cada uno de los participantes, al final solo quedaron alistados para la acción unos 198 guerrilleros. De ellos, 155 fueron dominicanos, alrededor de 18 cubanos (de los 21 que estuvieron inicialmente), 13 venezolanos, 7 puertorriqueños, 2 norteamericanos, 2 españoles y un guatemalteco. La estructura militar del grupo quedó definida con la composición inicial de 5 pelotones de 50 miembros y 5 escuadras de 10 combatientes. (11) La participación cubana debe tomarse con cierta cautela, porque no existe documentación desclasificada y tampoco testimonios que corroboren la cifra brindada y los nombres de los participantes, pero no hay dudas de que, posiblemente, el grupo antillano fuera mayor y que, parte de ellos, quedaron en Cuba para incorporarse, luego del establecimiento de los frentes guerrilleros, en el combate emancipador.

Mientras se sucedían los entrenamientos, se iba forjando en La Habana la unidad organizativa de las fuerzas de la nación hermana. Para evitar un comprometimiento cubano, a esas reuniones solo asistieron los oriundos de Santo Domingo con el fin de que dirimieran sus discrepancias ideológicas y políticas que eran múltiples. (12) Al fin, entre los días del 27 al 29 de marzo de 1959, los patriotas de ese país acordaron, en el Palacio de los Trabajadores, sede de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), que la organización se denominara Movimiento de Liberación Dominicano (MLD). (13) Paralelamente, los preparativos fueron en aumento. El Comandante Delio Gómez realizó varios viajes a Venezuela con el fin de conseguir el comprometido apoyo financiero y logístico del Presidente Rómulo Betancourt. En esos intercambios se percibió inmediatamente que las opiniones dentro del gobierno venezolano no eran concordantes. El presidente fue muy renuente a cumplir la promesa y solo envió una mínima parte del dinero -de un compromiso de medio millón de dólares solo envió en efectivo alrededor de 150 mil dólares- para apoyar la expedición. Sin embargo, otros miembros del gabinete, y fuera de él, fueron partidarios de cooperar al máximo y cumplir con lo pactado. El mayor temor del mandatario venezolano era que se afectara la imagen regional e internacional venezolana y provocar la hostilidad de los EE.UU., por lo que expuso que la expedición no debía partir del territorio de su país. Y trató de comprometerse lo menos posible con esta acción, a pesar de lo conversado y acordado con Fidel. Puede decirse que ese fue un momento de inflexión en las ideas del dirigente venezolano y el inicio de su traición posterior al pueblo bolivariano y a Cuba. Incluso, en esos viajes Delio Gómez conjuntamente con el embajador cubano en ese país, Francisco Pividal Padrón, llevaron algunas armas a los demócratas venezolanos ante la inminencia de un golpe de estado contra el gobierno de Rómulo Betancourt.

Luego de las vicisitudes de todo preparativo de esa naturaleza, la parte cubana asumió con seriedad el compromiso con los revolucionarios dominicanos. No se trataba de una acción en respuesta a la agresividad del dictador Trujillo, sino la ejecución de una política de principios que iba a ser aplicada de forma ininterrumpida a lo largo del desarrollo de la Revolución. Incluso, en los momentos en que el Comandante en Jefe Fidel Castro visitaba los EE.UU., del 15 al 26 de abril, una delegación cubana compraba armas y hasta un avión, un viejo C-46, en tierras estadounidenses (Miami) que iba a servir para hacer llegar a tierras dominicanas al primer grupo de combatientes. En los inicios del mes de junio todo estaba listo. El Comandante Camilo Cienfuegos fue el más asiduo colaborador y asegurador de la misión e, incluso, se fotografió junto a los combatientes y despidió a los mismos antes de partir hacia tierras dominicanas. El Comandante Enrique Jiménez Moya fue nombrado el Jefe máximo del grupo guerrillero, y otro dominicano, Rinaldo Sinitiago fue Segundo Jefe y miembro del Estado Mayor, mientras que el Comandante Delio Gómez Ochoa partió como asesor militar y responsable de los cubanos. Estos últimos irían en avión y debían iniciar las acciones guerrilleras y crear el frente en la región de Constanza. Asimismo dos naves, que pertenecieron a familias del antiguo régimen batistiano, se pusieron a disposición de los expedicionarios, un total de 144 hombres, -el yate “Carmen Elsa” que era propiedad de la esposa de Batista, Martha Fernández, y una segunda embarcación, que fue sustituida a última hora por el yate “Tinima”-, con las misiones de abrir dos frentes guerrilleros en la región montañosa de Estero Hondo y otro en la zona de Maimón.

El 14 de junio los primeros guerrilleros, un total de 54 hombres, aterrizaron bajo fuego enemigo, en el aeropuerto de Constanza, en República Dominicana. La odisea, de la cual poco se conoce, comenzaba con muchas dificultades. Hubo dispersión de los combatientes, que llegaron por aire, porque fueron detectados rápidamente en suelo dominicano por las fuerzas del ejército que se lanzaron a su persecución y exterminio. Todo parece indicar que indiscreciones y delaciones internas y externas dieron al traste con los que llegaron días después por vía marítima, -en las primeras acciones luego de la llegada del avión se perdió una mochila que tenía algunos mapas que indicaba los lugares del desembarco marítimo - ya que, prácticamente, fueron esperados y tuvieron que entrar en combate de forma inmediata. La masacre de esos grupos fue absoluta. Ante esta disyuntiva y ante la pérdida del contacto del grupo de Enrique Jiménez (luego se supo que esta tropa fue aniquilada rápidamente y el Comandante Jiménez, muerto el 19 de junio) el Comandante Delio Gómez fue nombrado Jefe del grupo guerrillero actuante.

La probabilidad de que las autoridades del dictador conocieran parte de los planes es sustentada por algunas pruebas presentadas por el régimen trujillista, en que se mostraba unas fotos, en tierras cubanas, del Comandante Camilo Cienfuegos junto a varios expedicionarios. Algunos documentos revelados más tarde dan cuenta que los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de Santo Domingo conocieron muchos aspectos de la expedición. (14) A su vez, las traiciones posteriores de Pedro Luis Díaz Lanz (Jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria), Eloy Gutiérrez Menoyo y William Morgan pueden dar fe de la filtración de los detalles de la acción internacionalista. Estos dos últimos conocían de las actividades conspiradoras de Trujillo, y es muy posible que hayan realizado el papel de dobles agentes, al poner al descubierto ante Fidel la conjura del dictador y continuar conspirando e informando a las autoridades norteamericanas y dominicanas. En pago, pudieron muy bien enviar informaciones de la expedición revolucionaria dominicano-cubano. La hipótesis de que el gran traidor fue Pedro Luis Díaz Lanz, la enuncia el propio Comandante Delio Gómez, teniendo presente que en días posteriores al desembarco, un avión de la Fuerza Aérea Rebelde de Cuba -o Fuerza Aérea Revolucionaria- debía lanzar armas y avituallamiento a la incipiente guerrilla y que, por lo tanto, el mando superior de esta arma conocía de los planes y los lugares en que esta guerrilla debía moverse y encontrarse. La segunda hipótesis, la traición de Menoyo y Morgan, la deduce el autor de este trabajo partiendo del análisis de los hechos, del comportamiento de estos dos individuos y conociendo, además, que Morgan ya era desde la lucha guerrillera cubana un agente de la CIA encubierto. La actividad de William Morgan es evidente si se lee un telegrama del Departamento de Estado enviado a su embajada en La Habana donde se da a conocer que éste está vinculado a alguna actividad contrarrevolucionaria al ser líder de un grupo que se proponía asesinar a Fidel Castro.

Por otra parte, errores tácticos y estratégicos también fueron fatales. El Comandante y Jefe, Enrique Jiménez Moya, al que acompañaba el Comandante cubano Nene López, no tomó el camino acordado y fue sorprendido y eliminado con su tropa inmediatamente, como hemos planteado. Varias emboscadas, la ubicación de la tropa guerrillera, su bombardeo y el seguimiento permanente desatado sobre ella, más la ausencia del apoyo que debía llegar posteriormente (las expediciones marítimas, por ejemplo) dieron al traste con la acción. Asimismo, existieron algunas indisciplinas e insuficiencias en la preparación física entre los grupos de revolucionarios no cubanos. Algunos relatos, contados en diarios de campaña y los testimonios recogidos denotan estas problemáticas en la tropa guerrillera. Todos los hombres, salvo cinco, fueron muertos en las acciones combativas y la mayoría fueron torturados y asesinados. Otras de las razones, y no de menor peso, fueron que no se produjeron actividades de soporte interno a las acciones combativas de los expedicionarios. Las ilusiones de los revolucionarios dominicanos de que podría producirse un levantamiento popular instantáneo -más bien espontáneo- no se llevaron a vías de efecto. No existían las condiciones subjetivas para que el campesinado, los obreros agrícolas y la población de las zonas por donde desembarcó el grupo guerrillero facilitaran la cooperación o el silencio ante la arremetida y la represión gubernamental contra ellos. De igual forma los grupos revolucionarios internos no estaban lo suficientemente unidos y organizados para dar una respuesta de apoyo lo más rápidamente posible.

El día 11 de julio, Delio Gómez y el pequeño grupo de otros tres compañeros (los últimos de su tropa) -lo que él llamó el “reducto guerrillero”- fueron hechos prisioneros, luego de tratar realizar maniobras para alejarse de la zona de operaciones del ejército profesional. A principios del mes de septiembre, los últimos hombres del desembarco marítimo, el norteamericano Larry Bevins y el español Francisco Álvarez cayeron en combate. La operación militar no fue exitosa y situó a la Revolución Cubana en “el banquillo de los acusados” en el seno de la OEA. Y aunque salió airosa de aquella peligrosa prueba, fue un momento muy difícil para la joven diplomacia cubana.

Sin embargo, en la valoración de este hecho histórico es necesario resaltar que el intento revolucionario de abrir frentes guerrilleros sirvió como un detonante inicial, aprovechado poco tiempo después por las fuerzas democráticas y revolucionarias dominicanas para el surgimiento de una oposición estructurada y genuinamente popular que dieron vida al “Movimiento 14 de junio” que comenzó diversas acciones contra el dictador. El mito de la impunidad e inmunidad de la que estaba revestida la tiranía de Trujillo fue completamente desbaratado. Ni siquiera la represión más sangrienta detuvo al movimiento progresista. Incluso, los EE.UU., bajo la presidencia de John. F. Kennedy, “tomaron cartas en el asunto” y, dando un giro a sus posiciones de apoyo al dictador, comenzaron a criticarlo y aislarlo. No es casual, entonces, que se vincule a la CIA en los planes de asesinar al dictador y abrir una etapa “democrática” en esa nación, a partir de 1961. Trujillo ya no encajaba en los planes del “nuevo rumbo” o las “nuevas fronteras” de Kennedy, y el Imperio que estaba más preocupado porque no surgieran “nuevas Cubas” en el subcontinente, lo desechó totalmente, luego que lo utilizó en su cruzada “anticomunista cubana” con el fin de reprimir a su pueblo y a las democracias latinoamericanas. El viejo apotegma imperial norteamericano que, "los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses", volvió a ser puesto en práctica en la década del 60.

El movimiento revolucionario dominicano tomó un auge de tales proporciones, entre 1961 y 1965, que las autoridades de Washington determinaron, en ese último año, desatar una invasión directa de sus marines a ese país. Fue el epílogo de la contienda revolucionaria quisqueyana en aquellos años. (15)

La misión guerrillera de carácter antidictatorial y nacional-liberadora dominicana-cubana de 1959, aunque también con participación de combatientes de otras nacionalidades, fue la primera acción latinoamericanista e internacionalista directa y, relativamente numerosa, de la Revolución Cubana. Ella constituyó el signo vital de que sólo una Revolución es verdadera y auténtica si además de resolver los graves problemas endógenos de su país, es capaz de brindar su internacionalismo resuelto y militante ante las urgencias del movimiento revolucionario regional e internacional. Por ello, el proceso histórico de la conformación y ejecución de la expedición a dominicana, donde se involucraron alrededor de 100 cubanos, directa e indirectamente, y donde murieron 17 compañeros cubanos y cientos de otros países -cifra un poco menor de los combatientes nacionales en la guerrilla del Che en Bolivia, en 1967- es una página gloriosa en la historia de Cuba y Latinoamérica.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Una más copiosa información sobre este hecho se puede obtener de la lectura del diario Revolución, (La Habana, Cuba), en los meses desde junio hasta septiembre de 1959.

(2) William Alexander Morgan era de origen norteamerican

o y agente de la CIA. Logró con la ayuda de Eloy Gutiérrez Menoyo una participación en la lucha insurreccional y también alcanzar los grados de Comandante.

(3) El término “comevacas” se los impuso el propio pueblo y las fuerzas insurreccionales del país, porque parte del II Frente Escambray, se dedicó a desarrollar muy pocos combates contra el ejército batistiano y, por el contrario, se dedicaron a acciones de pillaje en la zona de operaciones, robando y comiéndose, en ocasiones, el ganado vacuno de los campesinos y otros propietarios de ese lugar. De esa manera los denominó también Ernesto Che Guevara.

(4) Este hombre era un asesino y sicario por naturaleza, desde la década de los años 30. En el año final de la lucha contra la tiranía, Batista lo nombró Jefe de la Policía Nacional, con el fin de que reprimiera duramente al movimiento revolucionario.

(5) “La Rosa Blanca” fue una de las primeras organizaciones contrarrevolucionarias organizadas. La integraron ex-batistianos, ex-militares (ex-casquitos) y representantes de la oligarquía burguesa desplazada del poder, como fue el caso del doctor Amando Caiñas Milanés, ex-presidente de la Asociación de Ganaderos de Cuba.

(6) Declaraciones al periódico Revolución, La Habana, 25 de agosto de 1959, p. 1.

(7) Los firmantes fueron el Dr. Francisco Castellanos, Rinaldo Sinitiago Pou, Cecilio Grullón y Miguel Ángel Gómez Rodríguez por la UPD de Venezuela. En, Emilio Cordero Michel Los Expedicionarios de junio de 1959, Ponencia en el Curso “Contra el Olvido”, hacia la recuperación de la Memoria Histórica Nacional, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Museo Nacional de Historia y Geografía, 7 de diciembre de 1990. Archivo del Instituto de Historia de Cuba, Rg. 19/93, Tema: Firmeza.

(8) Enrique Jiménez Moya fue herido en la Batalla de Maffo, en la provincia de Oriente, en 1958.

(9) La emigración o los exiliados políticos revolucionarios y antitrujillistas estaba dispersa por varios países del continente.

(10) Para conocer y abundar sobre esta temática se pueden consultar y ver: Delio Gómez Ochoa Constanza, Maimón y Estero Hondo: La Victoria de los Caídos, Editora ALFA & Omega, Santo Domingo, República Dominicana, 1998; Anselmo Brache Batista Constanza, Maimón y Estero Hondo, Testimonios e Investigación sobre los acontecimientos, Editora Taller, República Dominicana, 1994; Justino José Del Orbe Del Exilio Político Dominicano Antitrujillista en Cuba, Editora Taller, Santo Domingo, D.N., 1983; Juan Enrique (Johnny) Puigsubirá Miniño Diario de Campaña, Editorial Corripio, Santo Domingo, República Dominicana, 1984, entre otros.

(11) Esta es la versión que dejó el hermano de uno de los combatientes caídos. Ver: Emilio Cordero Michel, Ob. Cit., p. 5

(12) Muchas de esas reuniones se realizaron en la Iglesia de la Caridad, del municipio de Centro Habana, con la autorización del padre Madrigal, quien había sido tesorero del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la capital. El sacerdote Madrigal poco tiempo después se marchó de Cuba, a raíz de las discrepancias de la Jerarquía Católica Cubana con el rumbo radical y socialista de la Revolución.

(13) Gobierno Dominicano. Invasión Report: Constanza, Maimón y Estero Hondo. Communist Aggression Against The Dominican Republic, Santo Domingo. En, Emilio Cordero Michel, Ob. Cit., pp. 7-8.

(14) Telegram 150 to Habana, August 2, 1959. Department of State, Central Files, 737.00/8-259. En, Tomás Diez Acosta Confrontación Cuba- Estados Unidos. (1959-1960), Editora Política, La Habana, 2003, p. 46.

(15) Juan Bosch De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera Imperial, Colección Nuestros Países, Serie Rumbos, Casa de las Américas, La Habana, 1981; Gregorio Ortega Santo Domingo, 1965, ediciones venceremos, La Habana, 1966.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

21/11/2008 GMT 1

La Revolucion Cubana, Latinoamerica y el Caribe en 1959

polillabaez @ 18:28


La Revolución Cubana y su inserción en la contradictoria realidad latinoamericana-caribeña en 1959
. (I Parte)
Por Orlando Cruz Capote*

En el desfavorable marco ideopolítico regional latinoamericano y caribeño, la Revolución Cubana, a partir del primero de enero de 1959, desplegó una intensa proyección internacional. (1) A la dirigencia revolucionaria del proceso no le eran ajenas o desconocidas las doctrinas al uso en la política exterior de Washington. Desde finales de la década del 40, las élites de poder de esa potencia imperialista-capitalista se habían pronunciado a través de numerosos discursos, documentos oficiales y artículos de prensa, acerca de cuáles eran los lineamientos de ese país hacia América Latina y el Caribe, y con respecto al resto del mundo. Tales cuerpos doctrinarios eran claramente agresivos e iban desde la política de “contención del comunismo”, la “represalia masiva”, hasta la “disuasión atómica”, conjuntamente con la “política al borde del abismo” (brinkmanship), que se habían elaborado bajo el pretexto de la Guerra Fría y se enfilaron hacia el naciente campo socialista este europeo y la Unión Soviética. Pero tales políticas, ideologizadas al máximo, trataron de contener “en última instancia” al movimiento de liberación nacional y social en todas las regiones del planeta. Uniéndose a estas formulaciones, las viejas intenciones de la Doctrina Monroe -“America para los americanos”-, el Destino Manifiesto y las permanentes estrategias de considerar a Latinoamérica como su “traspatio natural” o “tercera frontera”.

La defensa del “mundo libre” y el “occidente cristiano” contra el comunismo, constituyó la coartada perfecta para evitar el surgimiento de nuevos países y gobiernos con una alternativa nacionalista y social radical -socialista- que pusiera en crisis la hegemonía norteamericana en el área latinoamericana-caribeña y en el Sur subdesarrollado. La percepción de las autoridades del Imperio del Potomac sobre la realidad mundial, consistía en que la presencia del bloque socialista en la Europa del Este, incluyendo en primer lugar a la URSS y al que se sumaría la China popular, servían como un contrapeso estratégico que permitiría una retaguardia de apoyo para los cambios socioeconómicos y políticos en los países periféricos. Aunque esta reasimilación y relectura, muy ideologizante, de los Acuerdos de Yalta (1945), no era ni siquiera creíble porque en ese pacto, en realidad, se concebía al mundo dividido en zonas de influencias, euroasiáticas esencialmente, entre los EE.UU. y la URSS, y nunca más allá de esas fronteras. Sin embargo, los gobernantes estadounidenses trataron de ahogar cualquier intento de variar el mapa político planetario, con el slogan muy publicitario pero efectivo de “¡Ahí vienen los rusos!”. Y esa retórica política-reaccionaria se aplicó en el caso de la Guatemala del nacionalista Jacobo Arbenz en 1954, al amparo de la tristemente famosa “Resolución 93”, aprobada en la lX Conferencia Interamericana de Caracas, de la Organización de Estados Americanos (OEA) que señalaba, sin tapujos, “la necesidad de la solidaridad continental para la preservación de la integridad política de los Estados Americanos contra la intervención del comunismo internacional” (Declaración de la solidaridad para la preservación de la integridad política de los Estados Americanos contra la intervención del comunismo internacional", Inter-American Conference 10th. Caracas, 1954. Final Act., Washington, 1954, en Archivo del MINREX de Cuba).

Por ello, ante tal contexto hemisférico y mundial, uno de los primeros pasos de la política exterior de la Revolución Cubana fue la de insertarse en el sistema de relaciones políticas internacionales, en especial, en su región geográfica natural, la América Latina y el Caribe, a pesar de la omnipresencia de los EE.UU. y de su instrumento panamericano, la OEA, creada en 1948 y del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR-1947). Pero esa incorporación cubana se realizó con un nuevo discurso que llevó como sello indiscutible el signo político del bloque socioclasista que había tomado el poder en la Isla. Tal proyección internacional tenía que ser necesariamente patriótica, nacional-antiimperialista, latinoamericanista, tercermundista, solidaria y en plena correspondencia con la actitud que asumieran los gobiernos con respecto a Cuba.

El Comandante en Jefe Fidel Castro lo hizo tangible en un programa televisivo en el primer trimestre de 1959, cuando expresó que “[...] Se habla mucho de antiimperialismo, pero un antiimperialismo verbal [...] Nosotros lo primero que hemos hecho aquí, es restablecer plenamente nuestra soberanía nacional, como un derecho del pueblo cubano, y de una manera abierta y clara y terminante. [...] Después hemos promovido la necesidad de estrechar los vínculos entre los pueblos de América Latina; primero, sobre una base de identificación política, sobre una base de identificación con una causa justa, con la Revolución Cubana, que ha servido en este momento de vínculo entre los distintos pueblos de la América Latina. Les hemos pedido el respaldo a los pueblos de la América Latina; les hemos dicho que estamos conscientes de que la fuerza de la opinión pública de los pueblos de la América Latina la necesita la Revolución Cubana para triunfar. [...] Una de las primeras cosas de las que deben convencerse los pueblos de América Latina, es que tienen que eliminar ese cáncer que se llama las castas militares, y que constantemente están en acecho de los pueblos para tratar de subyugarlos”. (Fidel Castro Ruz Comparecencia por CMQ- TV, La Habana, 6 de marzo de 1959, Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado, Archivo del Instituto de Historia de Cuba)

En los primeros pronunciamientos de la dirección revolucionaria posterior al triunfo del Primero de Enero de 1959, se evidencia una línea de continuidad con respecto a aquellas concepciones y expresiones proclamadas en el exilio y luego en la Sierra Maestra y, aún más, la prosecución del ideal latinoamericanista solidario de las epopeyas libertarias del siglo decimonónico y de lo mejor del pensamiento y accionar revolucionario radical y antiimperialista del siglo XX. Al unísono, continuaba latente y con pleno potencial, el espíritu nacional revolucionario y latinoamericanista de la gesta liberadora y social cubana en sus diferentes períodos y etapas. Por eso, en un lugar prominente, la dirección revolucionaria se declaró partidaria del respeto inalienable de cualquier pueblo de implantar en su país el sistema sociopolítico y económico que decidiera; contraria a la violación de los principios de no intromisión e intervención en los asuntos internos de otros Estados; acorde con la idea de la convivencia, la cooperación, la amistad y la solidaridad entre los gobiernos y pueblos, y abanderada de la lucha por el desarrollo y la paz hemisférica y mundial.

En ese afán de búsqueda de unidad y articulación urgente, la vanguardia política cubana distinguió dos grupos fundamentales de formas de gobiernos en la América Nuestra: las democracias burguesas representativas y las dictaduras. Hacia cada una de ellas se elaboró una política diferenciada, e incluso, muy variada al interior de cada una de las mismas.

Esclareciendo meridianamente la posición cubana acerca de la interpretación del derecho internacional y la solidaridad entre los desposeídos y oprimidos, el máximo líder del proceso revolucionario afirmaba, el 24 de abril de 1959, desde el Parque Central de Nueva York que, “[...] Desde aquí decimos que Cuba y el pueblo de Cuba y los cubanos, dondequiera que estemos, seremos solidarios con los anhelos de liberación de nuestros hermanos oprimidos [...] No quiere decir que nosotros vayamos a intervenir en otras naciones, porque hay un principio que es vital para los pueblos de nuestra América, el principio de no intervención, el derecho a que no se intervenga en nuestros pueblos [...] Se nos ha preguntado si creemos que las revoluciones deben exportarse y hemos respondido que no [...], que las revoluciones se hacen por los propios pueblos, que los propios pueblos son capaces de conquistar su libertad. Pero hay algo que los pueblos oprimidos necesitan y es la solidaridad. [...] sembremos fe y estaremos sembrando libertades; sembremos aliento y estaremos sembrando libertades; sembremos solidaridad y estaremos sembrando libertades. [...] Cuba está ahí. Allá en nuestra patria tienen acogida generosa los perseguidos políticos. Allá en nuestra patria los demócratas de todo el continente encontrarán siempre el aliento y la fe de todos los cubanos”. (Fidel Castro Ruz Discurso en el acto de masas en el Parque Central de Nueva York, el 24 de abril de 1959. En, El Pensamiento de Fidel Castro. Selección temática, T. I, Vol.II, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución socialista de Cuba, Editora Política, La Habana, pp. 608-609).

De esa forma, fueron duramente repudiadas las dictaduras de República Dominicana, Paraguay, Nicaragua y Haití, las cuales fueron emplazadas y criticadas en la arena internacional, ya fuera en el marco de la OEA o en la Organización de Naciones Unidas (ONU), proclamando que la Isla sería una segunda patria para aquellos combatientes que necesitaran de un exilio seguro y una base de apoyo para continuar la lucha en sus países. Muy en especial, fueron acusadas las tiranías caribeñas de Santo domingo y Haití. Hacia estos gobiernos tiránicos, aunque no se tomó la iniciativa de romper las relaciones diplomáticas, a excepción de Santo Domingo, se establecieron vínculos de muy bajo nivel o de una relación crítica, realizándoseles denuncias sistemáticas por violar los más elementales derechos humanos de sus ciudadanos, además de ser serviles lacayos de los imperialistas norteamericanos y componentes esenciales de su sistema hegemónico.

En fecha tan temprana, como el 15 de enero de 1959, Fidel Castro en un pronunciamiento en el Club de Rotarios, en La Habana, además de resaltar la importancia y el significado del proceso revolucionario cubano para los demás pueblos latinoamericanos, condenó a la dictadura trujillista, la acusó de ponerse del lado de las campañas anticubanas de algunos círculos de poder y de la prensa norteamericana y profetizó el derrocamiento inevitable de ésta y otras tiranías en el hemisferio gracias a la lucha mancomunada de sus pueblos, el apoyo solidario de los gobiernos y pueblos democráticos y progresistas del continente. Y el 22 de enero, en una conferencia de prensa, definió su pensamiento bolivariano y martiano, ante la pregunta de un periodista, al decir que, “[...] Yo quisiera, un sueño que tengo en mi corazón [...] sería ver un día a la América entera unida y no solamente dándonos la mano ahora para resolver nuestro problema, sino ser todos una sola fuerza como debiéramos serlo, porque tenemos la misma raza, el mismo idioma y el mismo sentimiento. [...] Esto tal vez sea una utopía, pero yo les digo mi sentimiento en eso. [...] Se le han hecho muchas estatuas a Bolívar y muy poco caso a sus ideas, es la verdad [...]. ” (Fidel Castro Ruz Conferencia de prensa, en el hotel Habana Riviera, la Habana, 22 de enero de 1959, Idem., p. 565.)

Magnitud especial tuvo la referencia hacia el caso puertorriqueño. Al respecto expresó que “[...] soy martiano sobre el problema de Puerto Rico. Usted sabe que Martí era partidario de un Puerto Rico libre. [...] Creo que esa es una opinión que la puedo sostener, un sentimiento que emana de nuestra tradición libertadora [...]”. (Fidel Castro Ruz, Idem., p. 607.) La solidaridad con los presos políticos nacionalistas de esa pequeña Isla hermana fue incesante así como la lucha por su liberación inmediata. También se convirtió en accionar de primera línea de la incipiente política exterior cubana, la reincorporación del caso borinquen al grupo-comité de des-colonización de la ONU y, con ello, el reinicio de lograr su inclusión en la lista de países coloniales a los cuales Estados Unidos debían otorgarles su independencia y soberanía, aunque en la década del 50 le había concedido el eufemístico estatus de Estado Libre Asociado.

Los pronunciamientos de solidaridad con las causas justas y democráticas y el rechazo a los gobiernos totalitarios-tiránicos tenían sólidos basamentos. Y no solo vistos desde el ángulo político y diplomático sino a través de una óptica revolucionaria y ética de profundas raíces humanistas, que estaban en correspondencia con el pensamiento antidictatorial que animó la lucha político insurreccional y con la política democrática-popular de la Revolución Cubana. Como lo afirmó el historiador y politólogo haitiano Gerard Pierre Charles, al escribir que “[...] Cuba no solo instaba a la opinión pública y a las naciones del continente a combatir a esos regímenes, sino también proclamaba su derecho y decisión de brindar toda clase de ayuda a los revolucionarios de estos países, en su combate emancipador”. (Gerard Pierre-Charles El Caribe a la hora de Cuba, Casa de las Américas, La Habana, 1981, p. 183).

La Revolución Cubana necesitó insertarse en su medio natural geográfico, histórico, lingüístico y cultural fundamental, aunque con una visión latinoamericanista y antiimperialista, por lo tanto nacional y antipanamericanista autóctona, siempre del lado de los pueblos y las fuerzas sociopolíticas más avanzadas. Ello además le granjeaba prestigio y le permitía consolidar un amplio movimiento solidario para con su proceso revolucionario. Y este objetivo debía lograrse con principios, pero con una realpolitik que les permitiera, sin concesiones, una selección crítica hacia cuáles gobiernos democráticos burgueses podía asociarse o coexistir, aunque fuera transitoriamente, para lograr el propósito cubano de preservar su Revolución y lograr la unidad latinoamericana. En tal sentido fue significativo el nombramiento de Raúl Roa García en febrero de 1959, como embajador cubano en la Organización de Estados Americanos y en junio como Secretario de Estado, luego Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba. La presencia de esta personalidad revolucionaria en las esferas del poder político, a pesar de la continuidad de algunos ministros reformistas, despertó amplios resquemores y recelos no solo en las autoridades de Washington, sino en las propias democracias representativas del subcontinente y sus oligarquías en el poder, porque su amplia trayectoria política latinoamericanista y antiimperialista era destacable desde la década del 30 del propio siglo XX.

Los discursos iniciales de éste y otros dirigentes de la Revolución Cubana, llamando a las masas populares a incorporarse de manera protagónica a los cambios, eran observados con admiración por parte de algunos y, como un mal ejemplo a seguir, por la mayoría de los políticos burgueses tradicionales. No obstante, el impacto del éxito guerrillero rebelde y revolucionario cubano fue in crescendo y su repercusión marchó simple y llanamente indetenible en la opinión pública subcontinental. En esa lógica, la naciente Revolución debía aprovechar ese eco positivo en muchos sectores, incluso burgueses -aquellos que proclamaban su derecho nacional capitalista, separados de las ansias monopolistas exógenas-, para servir de ejemplo en la lucha antitiránica y contra la dependencia norteña, levantar la solidaridad con el proceso en curso, evitar un aislamiento prematuro del mismo y neutralizar las intenciones norteamericanas de desviar y revertir el cauce revolucionario isleño. Se trataba de alejar al máximo posible la intervención estadounidenses y un dictamen-pronunciamiento de la OEA en contra de la Revolución Cubana. Y a decir verdad, estos últimos objetivos se lograron en cierta medida durante ese primer año 1959. Todos los gobiernos latinoamericanos y caribeños reconocieron al nuevo gobierno de Cuba. Esta actitud estuvo justificada, en parte, porque los EE.UU. habían dado ese paso el 7 de enero.

Por ello, y gracias a la política diferenciada hacia las democracias representativas burguesas, el primer gobierno en reconocer al joven proceso revolucionario fue el de Venezuela y no por azar. Ello sucedió el 6 de enero de 1959, un día antes del reconocimiento de Cuba por los EE.UU. Como tampoco correspondió a la contingencia el hecho de que el inicio del periplo internacional del Comandante en Jefe Fidel Castro, por los diferentes países del hemisferio y el mundo se diese en tierra bolivariana, país al cual arribó el 23 de enero de 1959. Ese fue el pueblo que había derrocado al dictador Marco Pérez Jiménez. Así comenzó “La Operación Verdad” en la cual Cuba, en las palabras de su máximo líder, expuso tempranamente las ideas de la Revolución y, al mismo tiempo, intentó desbaratar las campañas insidiosas en su contra, a raíz de los juicios a los criminales de guerra.

El caso venezolano ocupó un lugar especial en los intentos de Cuba revolucionaria de reinsertarse en la región. La oposición democrática y progresista venezolana había derrotado al régimen dictatorial de Pérez Jiménez, en 1958. Poco después hubo un tránsito democrático que llevó al poder y a la presidencia de ese país, al Dr. Rómulo Betancourt. Tal proceso interno venezolano sirvió de acicate a los revolucionarios cubanos en la contienda guerrillera y clandestina contra Batista. Además, el triunfo popular venezolano amplió la base de solidaridad hacia Cuba, al convertir a ese país latinoamericano-caribeño en la sede de uno de los principales grupos de exiliados político-revolucionarios cubanos. La Radio Rebelde, inaugurada el 24 de febrero de 1958, contó a partir de entonces con la posibilidad de reproducir y amplificar con mayor potencia su señal de trasmisión hacia Cuba, gracias a las instalaciones venezolanas a las cuales tuvo acceso y apoyo. También en esa capital se celebró la reunión entre las diferentes fuerzas insurreccionales y oposicionistas a Batista, en julio de 1958, firmándose el conocido Pacto de Caracas. Asimismo algunas expediciones aéreas que trajeron armas y otros medios para la lucha guerrillera se organizaron y partieron desde tierras venezolanas.

Esa amistad y solidaridad provenía desde las gestas independentistas latinoamericanas encabezadas por El Libertador, Simón Bolívar, el cual en una carta escrita en Kingston, Jamaica, el 6 de septiembre de 1815, expresó que, “[...] Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar de discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. [...] Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas, pueden formar una población de 700 a 800.000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independentistas. Más, ¿no son americanos estos insulares?, ¿no son vejados?, ¿no desean su bienestar? [...]” (Documentos. Simón Bolívar, Colección Literatura Latinoamericana, 2da Edición, Casa de las Américas, La Habana, 1975, pp.41-43). Y retomando el tema de portorriqueño y cubano, en una misiva dirigida al General Andrés Santa Cruz, Bolívar reafirmó, en 1827, que [...] Parece llegado el momento de que hagamos la deseada expedición a La Habana y Puerto Rico, pues que ninguna ocasión se presenta más favorable. La Inglaterra nos dará buques y dinero. Así debe Ud. tener las tropas colombianas y peruanas en el mejor pie de marcha para cuando yo las pida”. (Idem., p. 319).

No era nada extraño entonces que entre las democracias representativas burguesas en América latina y el Caribe, la nación venezolana (2) ocupara un lugar especial para Cuba revolucionaria. Esta actitud estaba también respaldada por la actitud hostil del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo contra el proceso democrático de ese país. En aquellos momentos, en el panorama político latinoamericano, Venezuela democrática aunque burguesa, era la antítesis de la República Dominicana dictatorial. Las coincidencias políticas e ideológicas de los procesos cubano y venezolano no eran ni siquiera lo más importante para promover un compromiso o una alianza de Cuba y las fuerzas representadas en el gobierno de Caracas -muy heterogéneas en su espectro ideopolítico-, en especial, de su Presidente Rómulo Betancourt, sino lo básico fueron las movilizaciones populares encabezadas por los trabajadores sindicalizados y los estudiantes venezolanos, fundamentalmente, que se sucedían en esa nación solicitando mayor radicalización de su proceso y que, además, mostraron de inmediato una gran solidaridad y apoyo hacia la Revolución Cubana.

Para el Gobierno Revolucionario constituyó una política de principios apoyar y encontrar una mancomunidad con ese pueblo y las fuerzas progresistas de la Venezuela democrática con el fin de enfrentar de forma unida las campañas difamatorias contra los dos gobiernos, respaldar la lucha del pueblo dominicano y, como corolario, contar con el voto favorable a Cuba del gobierno venezolano en la OEA, y el voto de Cuba a favor de la tierra de Bolívar en el mismo organismo regional, en caso de que fueran sentenciados por los EE.UU. y sus acólitos. Y tales fueron los múltiples objetivos de la visita de Fidel Castro a ese hermano país entre el 23 y el 27 de enero. Pronunciando varios discursos, brindando entrevistas y reuniéndose con el Presidente Rómulo Betancourt, así como con otros ministros, senadores y representantes, el 25 de enero, el máximo dirigente cubano hizo llegar la verdad de Cuba al pueblo y gobierno venezolano. Allí expuso los propósitos de la Revolución en la Isla en su presente y para el futuro y, como punto clave, se conversó acerca de la realidad dictatorial en República Dominicana y se acordó, entre ambos mandatarios, un plan conjunto para ayudar a los patriotas de ese país. Ello evitaría que el sátrapa quisqueño continuara sus planes desestabilizadores contra Venezuela y Cuba. La idea de crear y apoyar una fuerza dominicana e internacional para derrocar al dictador se la hizo llegar el propio Betancourt a Fidel. Este último fue receptivo a los planteamientos venezolanos, no por la propuesta de su presidente, sino por los principios internacionalistas que sustentaba la Revolución. Además, se previó -a juicio de este autor- la posibilidad de iniciar la creación de un frente común, con dos países en un comienzo, contra el imperialismo norteamericano, los gobiernos tiránicos y los más clientelistas y seguidistas al mismo. A Cuba le era necesaria una revolución o frente continental para poder hacer frente a la ya incipiente embestida imperial norteamericana y de sus seguidores.

El llamado de solidaridad del máximo líder cubano con el proceso democrático venezolano llegó hasta el extremo de expresar la convicción, en el Congreso de ese país el 24 de enero, de que Cuba estaba dispuesta a apoyar al pueblo bolivariano no solo moralmente sino con el posible envío de hombres y armas en caso de agresión externa. Fidel expresó en aquel momento histórico que, “[...] De ahora en adelante, sepan los tiranos que para hacer daño a Venezuela, hay que contar con Cuba, así como hay que contar con Venezuela cuando se piense en dañar a los cubanos. Allá tenemos hombres y armas para cuando se necesiten [...]” (Fidel Castro Ruz Discursos para la historia, Imprenta Gall, Monte 516, La Habana, 1959).

Otro momento, en la consolidación de las nuevas relaciones que se intentaban construir con América Latina, fue la continuación de la gira de Fidel Castro por Trinidad-Tobago, Brasil, Argentina y Uruguay, entre el 26 de abril hasta el 8 de mayo. (3) Una mirada aguda hacia ese viaje permite corroborar los esfuerzos cubanos de mejorar las relaciones con los gobiernos democráticos de la región, incluso de hacer coincidir algunas ideas radicales de Cuba con la de otros procesos nacional-reformistas, que se manejaban por algunos mandatarios latinoamericanos. Tal fue el caso del Presidente de Brasil Juscelino Kubitschek, quien había proclamado la necesidad de que se aprobara un plan económico-financiero por parte de los Estados Unidos de América, denominado “Operación Panamericana”, de ayuda hacia los países de la región. (4) Sin similitudes en el monto de la ayuda, la forma de pagos y usos de tales financiamientos y otras medidas comerciales y tributarias, Fidel Castro arribó a Buenos Aires, Argentina, el 1ro de mayo, (la visita se extendió hasta el día 3 de propio mes), con la idea de lanzar la idea de un apoyo financiero de mayor alcance y dimensión para los países latinoamericanos.

En tierras argentinas, Fidel participó en la Reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) y adelantó una propuesta cubana de desarrollo económico social para la región. En ese plan Fidel solicitó un préstamo de EE.UU., por un monto de 30 mil millones de dólares, pagaderos en 10 años. Ello incluía transformaciones estructurales profundas en las economías latinoamericanas, como las reformas agrarias y otras medidas sociales, pero el trasfondo fundamental del pronunciamiento cubano era el llamado urgente a la liberación y la unidad latinoamericana. La propuesta cubana en Buenos Aires, quedó en el vacío relativo, al declarar el delegado norteamericano que era completamente idealista. Sin embargo, un año después el propio presidente D. Eisenhower enarboló un plan de ayuda al subcontinente, consistente en 500 millones de dólares. Y el próximo presidente del imperio, J. F. Kennedy en 1961, lanzó su programa denominado Alianza Para el Progreso, con un presupuesto de 20 mil millones para América Latina y el Caribe. Aunque los propósitos de ambos mandatarios -en especial Kennedy- eran los de evitar el surgimiento de “nuevas Cuba”.

Igualmente, a su paso por los demás países mencionados, Fidel Castro expuso las líneas fundamentales del proyecto revolucionario cubano, ganándose no solo la admiración de los pueblos y los sectores más revolucionarios y progresistas, sino de algunos demócratas sinceros en los gabinetes ministeriales, congresos y cámaras, así como en los partidos de oposición de esas naciones. Otros pasos dados en ese sentido, fue la visita del Presidente Osvaldo Dorticós Torrado efectuada al año siguiente, entre el 22 de mayo y el 14 de junio de 1960, a Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela y México,

A pesar de las presiones norteamericanas y algunos antagonismos con las dictaduras de Trujillo, Duvalier (hijo), Somoza y contradicciones con el gobierno de Panamá, Cuba logró reinsertarse en el panorama político latinoamericano y caribeño, aunque con ciertas limitaciones políticas y económicas. Ello constituyó un logro de la joven diplomacia revolucionaria, a pesar de algunos acontecimientos que fueron aprovechados por los EE.UU. y algunos gobiernos de la región para acusar a Cuba de intervencionista y convocar a la OEA, para analizar las tensiones en el Caribe.

Por otra parte, algunos de los principios básicos de esa política regional diferenciada, según el carácter democrático-representativo o dictatorial de los gobiernos, tuvieron también una rápida aplicación práctica hacia los regímenes que tenían un orden represivo a lo interno de sus sociedades, un rumbo exterior anticubano y un alto grado de entreguismo con respecto a los Estados Unidos. La solidaridad con los movimientos revolucionarios fue la respuesta cubana.

 

Notas bibliográficas y referencias:

  1. La proyección internacional de Cuba es más abarcadora que la política exterior, esta última remitida a su Ministerio de Relaciones Exteriores. En el caso de la primera, participan otras instituciones y organizaciones partidistas, de masas y sociales.
  2. Otros gobiernos con estas características fueron: México, Brasil, Uruguay, Chile, Argentina, etc.
  3. Esta gira contempló, además, a los EE.UU., Canadá y, finalmente, Puerto España.
  4. El plan de Kubitschek estaba a tono con los conceptos que habían ganado adeptos en los EE.UU., luego de la gira de Milton Eisenhower por el sur del hemisferio, en 1958. Y que fue aprobado, además, por el republicano Nelson Rockefeller (candidato a la presidencia) y el senador demócrata John F. Kennedy. Sin embargo, Richard Nixon era opuesto a esa ayuda económica y sí a un aumento en la ayuda militar a los regímenes latinoamericanos, fundamentalmente, sus fuerzas armadas y aparatos de seguridad.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba