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Categoría: Cuba-Historia

24/03/2009 GMT 1

Christine Hatzky: Un nuevo libro sobre Julio Antonio Mella

polillabaez @ 22:43

Por Felipe de J. Pérez Cruz

La Feria del Internacional del Libro de La Habana, nos trajo entre sus propuestas la primera edición en español del libro Julio Antonio Mella. Una Biografía, (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008). La historiadora alemana Christine Hatzky, docente en la Universidad Duisburg-Essen, autora del nuevo texto, con modestia propone “una”, no “la” biografía de Mella. Y ya desde el título, anuncia su respeto por la historiografía nacional, que le ha dedicado al joven revolucionario una especial atención. Escrito primero como tesis doctoral, este libro constituye un acontecimiento historiográfico que motiva el comentario y la evaluación.

No conocía a la autora. Nos la presentó a la más amplia comunidad académica, en la revista Calibán, la prestigiosa historiadora cubana Angelina Rojas Blaquier, autoridad por excelencia en el estudio de la historia del movimiento comunista cubano, quien también hace el prólogo del libro. Al finalizar el Encuentro de Historiadores que se realizó día 14 de febrero, en La Cabaña como parte de programa académico de la Feria, el joven historiador Rainer Schultz, compatriota de Christine, me brindó el placer de conversar brevemente con la autora. Antes, ya había reparado en aquella mujer de ojos grandes, hermosos, que por casi tres horas, nos había seguido atenta a la lectura de ponencias y los debates que ellas suscitaron. Diez días después tuve la oportunidad de escucharla en la interesante intervención que realizó para los investigadores del Instituto de Historia de Cuba. Ya para entonces con la primera lectura recién terminada, felicité a la autora por su trabajo y le entregué personalmente mis primeras reflexiones sobre su obra.

En la proximidad del 25 de marzo, fecha que nos recuerda el nacimiento de Julio Antonio Mella en 1903, pienso necesario retomar las opiniones que le manifesté a la autora.

Julio Antonio Mella. Una Biografía

La única biografía sobre Mella que se ha publicado en el país, se remonta a los días del Primer Congreso de Partido en 1975, y se debió al esfuerzo de Erasmo Dumpierre, pionero en estos estudios. Desde entonces varios proyectos de corte biográfico, no han encontrado el favor y la posibilidad de su publicación. El libro de Christine ocupa por tanto un espacio que necesita atención. No obstante si existieran otras biografías, está proclamaría su propio mérito.

Se trata de un macizo texto biográfico donde Christine ha logrado compilar el conjunto de la información existente, reevaluarla y aportar nuevos elementos. No elude la autora el análisis de situación, sustentado en una abundante -y en varios temas novedoso- aparato referencial. En ciencia no solo vale el discurso del texto, lo más importante está en la demostración del camino del conocimiento, la verificabilidad de los resultados, y a ello Christine le ha concedido una especial atención en casi toda su obra.

Muy interesante la invitación que hace la autora a revisar varias “verdades establecidas”. Es muy probable que el método de trabajo que ha seguido para alcanzar resultados de investigación y construir el discurso de su texto, constituyen de por sí, una sustantiva contribución al difícil oficio de crear una biografía.

Julio Antonio Mella. Una Biografía, incluye como anexos la publicación íntegra por primera vez en el país, de documentos largamente esperados. La mayoría de los estudiosos y público solo habíamos tenido acceso a los fragmentos citados, como parte del ensayo de Alfredo Martin, Mella. Nacimiento de un líder (Ediciones Extramuros, La Habana, 2001), que al ser publicado por la capitalina Editorial Extramuros, no contó con el privilegio del formato hermoso, la cantidad de ejemplares y el impacto de circulación que otorgan las editoriales nacionales. No obstante el libro de Alfredo en buena lid es el primero que ahondó en los pormenores de la sanción de separación –no de expulsión- de Mella del partido cubano, después de su huelga de hambre a finales de 1925. Recomiendo a mi estimada colega Angelina, hacer justicia al libro de Alfredo, en una próxima –de seguro habrán varias- edición del prólogo.

Una biografía siempre será una construcción muy subjetiva de la corporalidad, idealidad y vitalidad de una persona. Por ello el biógrafo debe ser asumido con buena dosis de tolerancia. Más si se propone y lo logra, romper algunos esquemas que previamente nos hemos formado. El Mella de Christine es eminentemente el que esta investigadora se construyó, y el que ha fundamentado con mucho trabajo, paciencia y buena dosis de amor. El “discrepar” de uno u otro aspecto propiamente biográfico no será en mi criterio lo esencial. Si son varios los puntos que he subrayado como posibles sugerencias, más que sobre Mella, en lo relativo al escenario cubano y al movimiento revolucionario de la época. Solo me referiré a lo más sustantivo.

Sobre Cuba

Christine califica a las elecciones que se desarrollaron el 31 de diciembre de 1901 como “libres” (p 51 de la edición citada). Los documentos, prensa y testimonios de forma abrumadora, dan fe de qué tipo de proceso electoral de voto restringido, se desarrolló en el país intervenido y ocupado por el Ejército estadounidense. Fue tanto el ambiente de favoritismo de los ocupantes a favor del candidato Tomás Estrada Palma, y el clima de coacciones y fraude, que el digno patriota Bartolomé Masó, retiró su candidatura. A continuación la autora nos dibuja un Estrada Palma “primer presidente de la República” “muy proclive a los Estados Unidos, pero un hombre honesto”. Siempre es aconsejable que el historiador se atenga a los hechos y cuide colocarse en el papel de juez. Sugiero a la autora acercarse más a la obra de historiadores como Emilio Roig de Leuchsenring, que documenta y explica el servilismo de quien denomina “Padre Cubano de la Enmienda Platt”. La Historia siempre nos dejará tareas para la ética y en este caso para la ética política. Pienso que Christine después de profundizar más en la figura de Estrada Palma debe responderse una pregunta sustantiva: ¿Cómo se puede ser traidor a su patria y a la vez hombre honesto?

La propia historia que Christine reconstruye, contradice su dibujo del Embajador estadounidense Enoch H. Crowder: ¿Quiénes lo tenían “por persona íntegra, por un gran amigo” (p 56)? Sin dudas los oligarcas y su grupos afines. Leland Jenks, de quien no hay dudas “ideológicas” hizo la comparación exacta: Un procónsul romano. Por eso el joven Julio Antonio Mella y sus condiscípulos de la universidad habanera, interrumpen el acto de genuflexión con el que pretendían honrarlo por “sus servicios” y otorgarle el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana. La ausencia en la autora de un enfoque que le permita encontrar el eje del análisis cualitativo en las relaciones neocoloniales de poder, en los principales contrarios históricos, se hace sentir en este y otros pasajes del libro.

Si de Mella y la historia del movimiento obrero y comunista se trata, el texto es muy pálido en el abordaje de la figura de Carlos Baliño. El pensamiento y vínculo de quien en justicia fue considerado el primer marxista cubano, con el joven Julio Antonio resulta decisivo en su tránsito al pensamiento revolucionario, en la elaboración de su novedosa visión sobre José Martí. La obra de Baliño ha sido en Cuba objeto de variados trabajos, con diversas ópticas. Desde 1964 se editó una compilación de los Documentos de Carlos Baliño, que revisada fue reimpresa en 1976. Recomendamos a Christine tener presente estas referencias.

¿Mella “blanco”?

El Mella racialmente “blanco” de Christine no puede convencerme. Me acostumbré durante años al secreto de ver cada noche en el Noticiero de la Televisión Nacional, la imagen de un compatriota que se parecía mucho a Mella. Fue la confesión que me hizo Sarah Pascual, una noche que en su casa coincidí con la hora de nuestro popular noticiero. En aquella ocasión la entrañable amiga de Mella, señalo la pequeña pantalla, y me sorprendió con su peculiar gracia: “Como me recuerda ese joven locutor a Julio Antonio”, y se refería por supuesto a quien por entonces era un joven mulato –“mulato blanconazo” se dice en mi barrio-, que comenzaba sus lides de presentador, devenido hoy en una popular y querida personalidad de la locución cubana. Nelio Contreras, tan rápida y fatalmente desaparecido, recogió numerosos testimonios de quienes conocieron a Mella. En su entusiasmo juvenil mi querido amigo mulato, sentía además el orgullo de que en no pocas ocasiones sus entrevistados le afirmaban que el solo era un “poquito” más “trigueño” que Mella. El origen dominicano del joven biografiado es otra una pista que Christine puede reevaluar. En los dominicanos –como en muchos santiagueros y santiagueras-, es muy fuerte esa mezcla peculiar y maravillosa de nuestra negritud.

El Mella blanco de la autora le es necesario para conformar otras explicaciones. Al parecer de la mano de los estudios comparativos sobre el problema racial y el siboneyismo, hechos Matthias Röhring Assuncao y Michael Zauske para el Siglo XIX brasileño y cubano, Christine adjudica a los “XX Manicatos”, grupo de jóvenes convocados por Mella para luchar contra la corrupción en la universidad habanera, una herencia blanco- racista (p 71). No conozco la obra de Röhring Assuncao y Zauske que cita la autora, pero si tengo un conocimiento básico de la profusa producción culturológica e histórica que existe en el país sobre el siboneyismo y su época. Esta producción –que no aparece consultada por Christine- da otras claves para entender este movimiento cultural y su trascendencia.

Coincido con Fernando Martínez Heredia en el hecho de fijar que las construcciones sociales de raza y de racismo tienen su historia en Cuba —como en todas partes—, pero sus contenidos y funciones, sus conflictos y procesos en la historia del país son muy poco conocidos y manejados. Del momento decimonono de José Fornaris y Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) a La Habana de Mella y los Manicatos, había transcurrido medio siglo y treinta años de guerra de liberación, donde el protagonismo patriótico de los negros, tuvo entre otras consecuencias la de modificar profundamente la construcción racial y de racismo elaborada durante el siglo XIX.

Resulta también limitada la lectura que hace la autora de la llamada “negritud” en tanto no solo fue un movimiento tendiente a convertir la tradición afrocubana en “fenómenos artísticos representables”. Hay mucho más. Respondió sobre todo a una voluntad de identidad nacional, de demostración de mestizaje y sentido de unidad. El por qué definitivo de este movimiento no está entonces en “la moda internacional proveniente de París” (p 79), sino en procesos mucho más íntimos, que no solo son patrimonio de Cuba, sino que acreditan similar consonancia en toda la franja de cultura afro que recorre el Gran Caribe, llega hasta Brasil por el Sur y se emparenta al Norte con Nueva Orleans.

Insisto en el tema racial para abrir al debate un punto de vista que considero más esencial. La africanía en los cubanos y cubanas no es un problema epitelar, es una resultante histórica, condición psicológica, riqueza cultural, que la Revolución en 1959 recuperó para siempre, que hoy está en un nuevo momento de consolidación, en el fin de las reminiscencias prejuiciosas, en la defensa de lo alcanzado frente un capitalismo individualista y racista, que multiplica su impacto feroz desde el mundo comunicacional y audiovisual, y definitivamente en los retrocesos y/o no-avances que podamos tener, en la hegemonía del mundo moral y las relaciones materiales objetivas socialistas. “Queremos y amamos la fraternidad entre todas las razas y entre todos los pueblos pero a condición de estar en pie de igualdad”, definiría Mella en marzo de 1925 en un editorial de su revista Juventud. Y hoy seguimos en tal combate por la plenitud de la igualdad alcanzada.

No resiste análisis el lugar más débil de todo el libro: La especulación de Christine sobre un mestizaje de Mella como “construcción elaborada en Cuba después de 1959, con el objetivo de integrar en el sistema a la población afrocubana mediante una figura política con la fuerza simbólica de Mella” (p 212-13). Este es un favor que se que la autora no quiere hacerle a quienes intentan con fines diversionistas, introducir entre nosotros toda clase de tergiversaciones y manipulaciones sobre la problemática racial. Los hombres y las mujeres se conocen por sus obras, y todo su texto de Christine es una negación rotunda a tan flacos fines. Si hay un responsable de tal dislate, no es la autora que no tiene necesariamente que estar al tanto del día-día de la agresión ideológica que resistimos, en lo fundamental son sus editores cubanos los que debieron estar más atentos.

Una visión polar

No trasciende la autora la visión polar que privilegia la suma de críticas y juicios negativos, sobre la Internacional Comunista y la actuación histórica de los partidos comunistas. En tal perspectiva se desdibuja el desbalance brutal de las acciones imperialistas, en tanto antagonista principal de los acontecimientos cubanos y latinoamericanos.

La sanción de separación que le fue impuesta a Mella y el desarrollo de este conflicto en Cuba, México y el seno de la Internacional, ofrecen un material valioso para entender, con las pasiones desatadas y las miserias humanas incluidas, las limitaciones del movimiento comunista, y también los altísimos valores éticos, ideológicos y políticos que en sus filas prevalecían. La actuación de la Internacional más que medida, sabia en el manejo y solución de este complejo problema, merece destacarse. Sin embargo Christine se limita a narrar los hechos con distanciamiento y parcialidad. Nada le concede a la Internacional. Afortunadamente las simpatías y antipatías de la autora no nublan completamente su compromiso mayor con la ciencia, y nos adjunta valiosos documentos que nos permiten entender lo que evidentemente si sucedió en la historia.

El conflicto de Mella con los oportunistas –liquidacionistas y contrarrevolucionarios en su mayor parte-, que bajo el naciente estalinismo fueron copando el aparato de la Internacional, cuya huella ya se pueden encontrar en la Congreso Antimperialista de Bruselas en 1927, no ha sido suficientemente anotado, situación que impide apreciar el conjunto de circunstancias que desembocan en los choques con el sectarismo y el seguidismo acrítico a que se rendía la dirección del Partido Comunista Mexicano, después del VI Congreso de la Internacional, que concluyó en septiembre de 1928.

Christine se dedica a profundizar en el programa nacional liberador de la Asociación Nacional de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC). Pienso que le faltó subrayar -como si lo hace Lionel Soto en su obra sobre “La Revolución del 33” (Editorial de Ciencias Sociales La Habana, 1977, Tomo I, p 497) -, el hecho de que en la ANERC, Mella logra nuclear dentro del amplio grupo de exiliados cubanos, a los militantes comunistas que habían tenido que abandonar el país por la represión de la dictadura machadista, algunos como Alejandro Barreiro, miembro de Comité Central, que incluso había integrado el jurado que propuso la controvertida sanción de 1926. Ya en estos días de 1928 el Partido Comunista cubano compartía los criterios tácticos y estratégicos de Mella, a contrapelo de la “orientación” de la Internacional Comunista. Rubén Martínez Villena con el liderazgo efectivo del Partido secundaba a Mella en el archipiélago. Esta realidad vista desde los duros intercambios realizados en los momentos de la sanción a Mella, dan la dimensión ética y política de salida de aquel conflicto, y permiten con justicia considerarlo como un hecho desafortunado y coyuntural. Explicitar esta verdad hubiera permitido a la autora trascender la anécdota y brindar el proceso de la tan publicitada sanción, en su ineludible historicidad.

A diferencia de lo que anuncia la autora (p 36), el libro que nos brinda es demostrativo de la plena asunción por Mella de la ideología comunista. Sus contradicciones nunca fueron “ideológicas”. Tampoco difirió el joven cubano de la concepción política marxista. Fue un leninista consecuente. Discrepó y criticó orientaciones políticas específicas que sin dudas eran erróneas.

Christine no entiende a Mella porque no incorpora la dialéctica, que aún sin proponérselo devela la biografía que ha hecho. No comprende la articulación entre las tradiciones nacionales y el marxismo que en Mella se da de manera nítida, como proceso lógico e histórico. Este aspecto ha sido suficientemente dilucidado, en los más actuales estudios sobre historia del pensamiento político filosófico en el Siglo XX, que se han realizado en el país. Le propongo considerar los trabajos de los filósofos e historiadores marxistas, en especial los de Isabel Monal, Rigoberto Pupo Pupo y Olivia Miranda Francisco.

El APRA

No coincido con los criterios de Christine sobre Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA. Se puede probar con una masa abrumadora de evidencias, la evolución hacia el oportunismo y el reformismo que acreditó el político peruano ya desde 1926-1927. El APRA en tanto Partido fue –como lo señaló Mella en su momento- una asociación de arrepentidos y traidores al movimiento revolucionario y antimperialista, independientemente de que Haya de la Torre, logro confundir y cohesionar en sus filas a elementos revolucionarios y a no pocas personas honestas. No se trata en este punto de las opiniones distintas que como colegas podamos tener con la autora, el problema está en la insuficiente sustentación que en esta parte del libro se hace presente.

Christine construye un Haya de la Torre en lo fundamental, sobre la base de los criterios del teólogo católico y filósofo cubano Raúl Fornet-Betancourt. Un recorrido por la biobibliografía del compatriota Fornet-Betancourt, formado y radicado en Alemania, permite constatar su importante y profusa obra, junto al hecho de que el área de estudios de Christine no es precisamente un objeto central de su trabajo. Pero sobre todo es decisiva la ausencia de la importante historiografía peruana sobre el fundador del APRA, sobre José Carlos Mariátegui y el escenario latinoamericano y mundial que ambos comparten con Mella. Es ese Haya de la Torre esquemática e insuficientemente sustentado, el que la autora pone a dialogar con Mella. Las claves que el propio autobiografiado facilita para entender la evolución del político peruano son desatendidas por Christine. Para la autora constituyen solo “un alarga lista de errores políticos...(con el objetivo de) …poner en duda la integridad moral de su contrincante” (p 312). No explica por ninguna parte, porque desacredita a Mella a favor de Halla de la Torre.

Para Christine es la “dirección de Moscú” la que “rompió” (p 310) con Haya de la Torre. Ni siquiera autores comprometidos con el aprismo y su líder como Luis Alva Castro, sostienen esta victimización (El sueño del Libertador. Haya de la Torre y la unidad de América, Fondo Editorial Congreso del Perú, Lima, 2004, p 26). La parcialidad de la autora vuelve a manifestarse.

Christine recurre a la lectura de “¿Que es el ARPA?” conocido folleto de Mella, para realiza una comparación, donde a todas luces el cubano siempre es el equivocado. No voy a extenderme en el análisis de tales criterios. Lo esencial está en que la autora parte de considerar que “la crítica de Mella al APRA se movía en el marco de la reducción, de acuerdo con la lógica marxista, de todos los problemas sociales a la cuestión de las clases. Debido a ello no pudo comprender que el surgimiento del APRA estaba vinculado, ante todo, con la inadecuación de la teoría marxista para captar las complejas interrelaciones sociales que conducían al desarrollo de una conciencia nacional en América Latina” (p 306).

Claro está que Mella no estuvo –no lo podía estar- libre de las limitaciones del marxismo que se conocía y aplicaba por entonces y en “¿Que es el ARPA?” pueden hallarse esas huellas de lo que no podía saber. Lo significativo en el joven líder cubano, es cómo con las herramientas que poseía, tuvo una de las visiones más certeras de su entorno. Y el caso que nos ocupa así lo prueba. Christine no repara en que si del APRA se trata, Mella no discrepaba por razón de un clasicismo abstracto. La crítica a los apristas y a su pretendido marxismo y revolucionarismo indoamericano, bien dicha la dejó en el texto que tratamos: “…no es una defensa del dogma porque sus consignas sean antimarxistas, anticomunistas, antileninistas, si no porque están contra la realidad americana, son impracticables y reaccionarias, utópicas...” (Julio Antonio Mella: Glosas al pensamiento de José Martí”. Instituto de Historia del Movimiento Obrero y la Revolución Socialista de Cuba, Julio Antonio Mella. Documentos y Artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p 386) ¿Y alguien puede probar que no tenía razón?

La responsabilidad que la autora otorga al marxismo en el nacimiento del APRA no resiste análisis. Por ese camino pudiéramos acusar a los comunistas alemanes o italianos de ser responsables de la aparición del fascismo. En este particular Mella no falla al buscar la raíz del APRA más que en las ideas, en las condiciones económicas y sociales específicas del Perú.

También incursiona Christine en la comparación entre Mella y Mariátegui, y nuevamente Mella resulta el “atrasado”. Pienso que se repite la insuficiente sustentación que ya anotamos en el tratamiento del tema anterior. Un universo como el del Amauta peruano no se puede intentar atrapar solo con la lectura de los Siete Ensayos por muy sustantiva que llegue a ser esta obra, ni con textos generales de otros autores. No obstante en este punto Christine intenta un contrapunteo que las historiografías cubana y peruana aún no han sumido en magnitud. Su intención merece reconocerse.

Hito importante

Más de una lectura al texto de Christine, confirmaron mi impresión inicial: Se trata de un trabajo serio y enjundioso. Que se propuso metas ambiciosas y alcanzó buena parte de ellas. Sin dudas no comparto posicionamientos ideológicos e históricos de la autora, pero ello no me impide situar este libro como un hito a considerar en la historiografía que hasta ahora poseemos sobre Julio Antonio Mella.

Es saludable que la Revolución Cubana recupere y publique trabajos como el que comentamos. Se trata de un camino válido para confrontar nuestras opiniones, aprender y compartir saberes, fortalecer nuestras certezas y fijar lo que nos queda por crecer. Y si de Mella hablamos Christine Hatzky nos deja un reto: Vale que discrepemos de uno u otro pasaje de su libro, incluso que nos “autoproclamemos” poseedores de la visión más cercana a la verdad histórica, pero: ¿Dónde está la –o las- biografías y los ensayos cubanos que sobre Mella estos tiempos demandan? ¿Cuántos son ya proyectos terminados? ¿Cuántos están en las editoriales? Se al menos de una biografía que lleva un buen tiempo en proceso editorial, en espera de su definitiva publicación: ¿Nos sorprenderá en este marzo insular la alegría de la nueva entrega?

01/03/2009 GMT 1

Una envolvencia para güeyes y gilipollas

polillabaez @ 06:12

Circula nuevamente por listas de correo electrónico un texto de un humor muy particular, que entre bromas y veras cuestiona y analiza los acertos de un llamado "opositor" cubano, recogidos -¿dónde si no?- en el reaccionario periódico español ABC, en Noviembre de 2004.

Como quiera que los "opositores" y reaccionarios continúan contando sus mismas falsas historias, y los ejemplos reproducidos por el autor, tomados de la compilación del Historiador Julio Domínguez continuan siendo tautológicos [ver http://bdigital.bnjm.cu/secciones/publicaciones/libros/noticias_republica/inicial_2.htm ] los invitamos a una lectura que seguramente les hará sonreír más de una vez...

Una envolvencia para güeyes y gilipollas
Por Miguel del Padrón.

Quiero explicarles que la palabra güey, constituye uno de los graves insultos para los mexicanos. Es gritarles algo más que tontos, de una manera vulgar. Se parece a los insultos nuestros cuando le gritamos a alguien gilipolla.

Envolvencia es una palabra utilizada en Cuba para designar un tumulto, un rollo, una gran calumnia, un tremendo chisme. Tal vez ninguna de las tres estén recogidas por la Real Academia de la Lengua Española.

Las utilizo, porque acabo de leer un artículo publicado en el reaccionario periódico ABC, del día 21 de noviembre, que tuvo repercusión en México, firmado por uno de los llamados opositores cubano. Es una "envolvencia" de las grandes.

Trasmite la opinión con peste a orine de un supuesto viajero chileno, que visitó las ciudadelas habaneras. El desagradable olor llegó en la detallada descripción que hizo y sentí peste y tuve que taparme la nariz.

Parece que no tuvo tiempo de llevar a su amigo a recorrer La Habana Vieja, donde el doctor Eusebio Leal y el equipo de sus arquitectos, diseñadores, albañiles, pintores, jardineros, recogedores de basuras, poco a poco le devuelven todo el esplendor de la época en que los barcos llegaban a esa famosa, bella y legendaria bahía, para trasladar los cargamentos de oro, a nuestros puertos. Todos navegando juntos para protegerse de los corsarios y piratas. Sólo le faltó afirmar que en esa Habana horrible para él y su acompañante, no se ven las estrellas, las flores no tienen perfumes, las palmeras perdieron sus penachos y el Malecón su encanto, porque el mar lo abandonó y negar que La Habana esta considerada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Ni una palabra en su artículo de los 45 años de bloqueo de Estados Unidos, nada del sabotaje a la más lujosa tienda por departamento de América Latina, que la convirtió en cenizas. Tampoco del bombardeo a la capital cubana en víspera de la invasión mercenaria por Playa Girón, ni el provocado incendio al teatro Amadeo Roldán y los cientos de sabotajes y agresiones que ha tenido que sufrir la bella, encantadora y enamorada capital cubana.

El opositor, mercenario, disidente o terrorista, como quieran llamarlo y su supuesto amigo chileno, tienen una visión del mundo muy particular. Si pretenden culpar a Castro y su régimen de las ciudadelas heredadas del capitalismo o los barracones de la época de la esclavitud, o de los habaneros cochinos que se orinan en cualquier parte, seguramente estaban embriagados de algo raro.

Sería igual que culpar al presidente venezolano Hugo Chávez, porque en los cerros de Caracas, no existe agua potable y casi el 80 por ciento de la población, vive por debajo del nivel de extrema pobreza, o al honorable presidente de México Vicente Fox, por las ciudades perdidas de la mayor urbe del planeta, o a Lula Da Silva por las Favelas de Río de Janiero. El acompañante chileno no tiene que viajar a La Habana para encontrar peste a orine y ciudadelas sucias.

¿Pensarán ese MERCENARIO y el periódico ABC de España que, todos los mexicanos son GUEYES y nosotros GILIPOLLAS para creernos esas historias? Son verdaderamente increíbles las afirmaciones que hace. Parece que llegó a la cálida y acogedora Habana, procedente de Estocolmo u otra ciudad nórdica en pleno invierno, donde no orinan en las calles porque se les congela el instrumento para hacerlo, y además que viajó en vuelo directo, sin escalas en París y Madrid, donde en ocasiones la peste a orine se siente hasta en el metro.

A ese llamado opositor le gustan los lugares donde se respiran esos desagradables olores, porque en las recientes elecciones en Estados Unidos, los mercenarios cubanos asistieron a la oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Cuando se anunció la victoria de Bush, gritaron de alegría a más no poder y según la prensa de Miami, una de las señoras de la emoción se orinó en medio del salón.

¿Se pensará que no sabemos nada de La Habana antes del triunfo de la Revolución Cubana? Hay que recordarle que era la capital de mayor mendicidad per capita de América Latina, el gran prostíbulo y casino de Estados Unidos, donde los marines borrachos se orinaron sobre la estatua de José Martí y el señor Dupont, era dueño de la mitad de la famosa playa de Varadero y los negros y los blancos pobres no podían asistir a los clubes privados, ni bañarse en las playas del Este de La Habana.

El opositor hace un chiste grotesco, propio de alguien con muy baja catadura moral. Dice que a un niño cubano le preguntan: ¿Qué quieres ser cuando seas grande, médico, piloto, abogado, bombero? En el único país de América Latina donde esa pregunta tiene validez de respuesta es Cuba. Cualquier niño puede estudiar lo que desea y de forma completamente gratis, sin importar donde viva y la posición económica de su familia. Lo odioso esta en lo que según el MERCENARIO, respondió ese niño: “Yo quiero ser extranjero”. Ese niño, si en realidad existe, debe ser hijo o nieto de alguien exactamente igual al disidente que escribe:

Extranjeros en Cuba, se les dice a los norteamericano. Porque a los españoles nos dicen gallegos. Cierto que los catalanes, los vascos y algunos otros se ofenden, pero los cubanos lo dicen con tanta gracia, ternura y amor que terminamos por entenderlos. Los españoles en Cuba no somos extranjeros. A los mexicanos, que es el pueblo más querido y mimado de los cubanos, les dicen MEXICANOS, nunca extranjeros, igual a los VENEZOLANOS, ARGENTINOS y CHILENOS y hasta los SUECOS, son suecos y no extranjeros.

El disidente acusa a los cubanos de cobardes, por no denunciar los horrores de La Habana, parece ser que el único valiente es él. Seguramente el periódico ABC le cantó a este señor: MIENTEME MÁS, QUE ME HACE TU MALDAD FELIZ Y TE PAGARE MÁS Y MÁS, HASTA LA ETERNIDAD…

El mercenario disidente que quiere ser extranjero en La Habana, afirmó que antes de la Revolución Cubana, existían muchos periódicos. Voy a tomar los titulares de algunos de ellos y les aclaro que no voy a referirme a los muertos, asesinatos, asaltos, robos y violencias. He tomado los datos de un excelente libro, del escritor y teólogo cubano Julio Domínguez García, titulado Noticias de la República:

En la página 155 dice: “Desagradable incidente en Santiago de Cuba, en el café Los Aliados, entre soldados norteamericanos y prostitutas. Las borracheras y los escándalos de estos militares extranjeros tenían molesta y alarmada a la población”.
Página 163: “Grave enfrentamiento a tiros, pedradas y puñetazos entre estudiantes y policías en la capital…”
Página 165: “Estalló una bomba en una iglesia matando a una anciana. Siguen detonando artefactos en otros lugares de la ciudad”.
Página 178: “Los marinos americanos provocaron un grave suceso en Santiago de Cuba. El capitán de la goleta Parson se negó a izar la bandera cubana alegando que estaba en territorio yanqui. Dispararon contra los estibadores y dieron muerte a un niño”“.El entierro se convirtió en una enorme manifestación de protesta”.
Página 188: “ Fueron lanzados a las calles más de 600 niños becados en asilos y colegios, por la drástica reducción del presupuesto. Indignación en la población.
El alcalde permaneció indiferente ante las quejas y reclamaciones”.
Página 189: “De 750 mil niños en edad escolar, solo asistieron 184 mil a las escuelas. En el análisis se mencionó la falta de aulas, de maestros y el empleo infantil, como causas principales”.
Página 191: “La población cienfueguera se encuentra alarmada ante la propagación de la rabia pues muchas personas están atacadas de ese mal. Así mismo es preocupante el número de locos recluidos en el pequeño hospital civil…”
Página 194: “Pasan de 15 los casos de tifus reportados en Santa Clara. Es alarmante el estado sanitario de la población”. Noticias similares se reportan en otras ciudades, en Camagüey la epidemia es violenta y la prensa local dijo “que la muerte es una dulce liberación”. Impotentes las autoridades sanitarias por falta de recursos”.
Página 197: “En Santiago de Cuba un grupo de marinos norteamericanos se entregaron a toda clases de depredaciones en aquella ciudad. Indignación en la capital oriental por estos acontecimientos”.

Siguen las noticias:

Los obreros jamaiquinos se subastan en Camagüey.
En oriente se venden a 200 pesos cada negra haitiana para usarla como prostituta o sirvienta.
Alarmante el bien organizado comercio de drogas heroicas en la Habana.
Gran huracán azotó a pinar del río. No se recibió ayuda oficial. Cientos de campesinos en las calles sin viviendas.
Quinientos tuberculosos esperan turnos para ingresar en el sanatorio de La Esperanza.

El único gobierno medianamente democrático que conoció Cuba antes del triunfo de la Revolución, fue durante el período del doctor Ramón Grau San Martín. Esa época como todas, estuvo marcada por la corrupción. El colmo llegó cuando se robaron el brillante que marca el punto cero en el Capitolio Nacional y también una locomotora con doce vagones. El escándalo fue mayúsculo. Una empleada del Palacio encontró la joya en una de las gavetas del escritorio del Señor Presidente de la República. El reconocido y famoso periodista Mario García Kuchilán, se atrevió a sugerir en la columna de su periódico, que siguieran buscando en las mismas gavetas, porque tal vez encontraban la locomotora y los doce vagones perdidos. Lo apresaron, torturaron y le dieron una golpiza tan grande como el escándalo que se había generado. Al considerarlo muerto la policía lo lanzó a una cuneta a la salida de La Habana, rumbo a la ciudad de Matanzas. Al día siguiente unos pastores lo encontraron moribundo. Pudo salvarse y contar la historia, su libro de memorias es una pieza antológica de la libertad de expresión que reinaba en Cuba.

Ahora este mercenario escribe estas envolvencias y se cree que los mexicanos son güeyes y nosotros como gilipollas le vamos a creer.

26/02/2009 GMT 1

Paco Ignacio Taibo II y Christine Hatzky, sus libros y la Historia

polillabaez @ 20:44

Por Felipe de J. Pérez Cruz

Concluye la Feria Internacional del Libro en la Ciudad de La Habana, para continuar en las amplias dimensiones del archipiélago, su fiesta de masas emancipadas y en tanto cultas. Nos congratulamos con el Premio y el 50 aniversario de nuestra Casa de las Américas. Nuestros invitados especiales para tales eventos, los amigos del mundo y en especial de América Latina que nos visitan, enriqueciéndonos con sus culturas, inteligencias y obras, ya comienzan a regresar a sus hogares, a sus tareas cotidianas. Les agradecemos sobre todo la delicadeza de su acto soberano de visitar al pueblo que lleva medio siglo defendiendo el socialismo en este hemisferio. Para muchos esta visita será un acto de amor, que habla además de valentía personal. Sabemos las presiones que siempre se ejercen, los riesgos de represalias y exclusiones por ejercer el derecho a compartir con los cubanos y cubanas en Revolución.

Acabo de leer uno tras otro, los libros “Julio Antonio Mella. Una Biografía” (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008), de Christine Hatzky y “Tony Guiteras, un hombre guapo” (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009), de Paco Ignacio Taibo II. Es una oportunidad de regalo que los organizadores de la Feria nos ofrecieron...

Paco Ignacio Taibo II

El hispano mexicano Francisco Ignacio Taibo Mahojo, más conocido como Paco Ignacio Taibo II, sin dudas hoy uno de los más destacados escritores de la región, nos acompañó como jurado del Premio Casa y a la par presentó en la Feria la edición cubana de "Tony Guiteras, un hombre guapo" (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009). Cuba se prestigia con la presencia entre nosotros de amigos como Paco Ignacio, que nos dedican arduas horas en la lectura intensa de los manuscritos presentados al Premio. Más, si una figura como la de Antonio Guiteras Holmes le mueve a realizar la obra que nos ha entregado. Ya quienes seguimos los temas históricos habíamos tenido antes, dentro de su profusa producción literaria, sus entregas sobre Ernesto Che Guevara y Francisco Pancho Villa.

Lamento sin embargo que esta vez Paco Ignacio, entre las prioridades de su agenda, merecidos reconocimientos, el cariño y las sonrisas de sus más cercanos interlocutores cubanos y el respeto y la simpatía que a todos nos provoca, no haya tenido la oportunidad para dialogar sobre la historiografía de este país, con quienes en definitiva la hacemos. También para explicarle la labor que realiza el relativamente nutrido gremio de los historiadores, maestros y promotores de las disciplinas históricas, sus instituciones y organizaciones profesionales.

A los amigos se les va directo, y con razones sobre todo de amor. No pienso que haya que esperar a otra Feria, para que Paco Ignacio conozca que sus declaraciones sobre la historia nacional y los historiadores que trabajamos en Cuba, realizada en su intervención en el programa de la Mesa Redondo de la televisión nacional (), nos dejaron el mal sabor de la petulancia, a buena parte de los compañeros y compañeras que las escuchamos, No se trata de compartir o no los enfoques del autor sobre nuestra historiografía, tal como propone el editor y prologuista Iroel Sánchez. Desde el corazón y también con muy sólidas razones de la inteligencia, le podemos abundar al escritor y al camarada de trinchera, sobre lo feliz que resulta, aún para una persona tan culta e informada como él, esa vieja regla de sentido común, que recomienda no intentar sentar cátedra en un saber que se desconoce en su suma de totalidades.

El diálogo de respeto pule, educa y fertiliza. No me caben dudas de que nos reconoceremos con Paco Ignacio en lo esencial: el rechazo a lo que refiere como materiales simplificados que nos han pretendido ofrecer como historia, fenómeno sobre el que en Cuba hay una crítica y acción consecuente. Algo realmente horroroso, cuando nos tropezamos en España, México o los Estados Unidos, con los manuales mercenarios que pagan el capital y la oligarquía, no sólo “simplificados”, mentirosos.

Precisamente para tratar el tema de la historiografía cubana en la época de la Revolución, la Editorial de Ciencias Sociales repitió en esta nueva convocatoria de la Feria, el encuentro con los historiadores. El día 14 pasado, la Unión Nacional de Historiadores de Cuba presentó un panel en el que se abordó con mirada serena, los logros y retos de cincuenta años de la producción y el oficio de los historiadores.

No es la primera vez, ni será la última, que quienes nos visiten fracasen en el intento de generalizarnos, desde el pedazo de la Cuba y de los cubanos que piensa que conoció. Estaría por ver con Paco Ignacio cuáles son los historiadores “ortodoxos” y “oficialistas” que refiere y si son tales, pero lo más importante siempre será darle la oportunidad de que conozca lo que realmente vibra y toma alma de libros –muchos aún en espera de publicarse- desde el trabajo de la investigación y docencia de la Historia, no sólo en la capital, sino en toda la geografía académica y universitaria cubana.

Christine Hatzky

Como Paco Ignacio se confiesa un enamorado de ese otro Hombre Sol que fue Julio Antonio Mella, supongo que su estancia en la Feria le haya proporcionado la alegría del lanzamiento del libro -escrito primero como tesis doctoral-, por la historiadora alemana Christine Hatzky, docente en la Universidad Duisburg-Essen. Christine con modestia propone una, no la biografía de Mella. Y ya desde el título, anuncia su respeto por la historiografía nacional, que le ha dedicado al joven revolucionario una especial atención.

No conocía a la autora del nuevo libro sobre Mella. Nos la presentó a la más amplia comunidad académica, en la revista Calibán, la prestigiosa historiadora Angelina Rojas Blaquier, autoridad por excelencia en el estudio de la historia del movimiento comunista cubano, quien también hace el prólogo del libro. Al finalizar el Encuentro de Historiadores del día 14, el joven historiador Rainer Schultz, compatriota de Christine, me brindó el placer de conversar brevemente con la autora. Antes, ya había reparado en aquella mujer de ojos grandes, hermosos, que por casi tres horas, nos había seguido atenta a la lectura de ponencias y los debates que ellas suscitaron.

Julio Antonio Mella. Una Biografía

El de Christine es un macizo texto biográfico, que no por ello elude el análisis de situación, sustentado en una abundante -y en varios temas novedoso- aparato referencial. En ciencias no sólo vale el discurso del texto, lo más importante está en la demostración del camino del conocimiento, la verificabilidad de los resultados, y a ello Christine le ha concedido una especial atención. Muy interesante la invitación que hace la autora a revisar varias “verdades establecidas”; aporta Christine en esta dirección. Son varios los puntos que he subrayado como posibles sugerencias y discrepancias, no sólo sobre Mella, también sobre el escenario cubano y el movimiento revolucionario de la época. Me referiré a lo más sustantivo:

La propia historia que Christine reconstruye, contradice su dibujo de Enoch H. Crowder: ¿Quiénes lo tenían por persona íntegra, por un gran amigo? Sin dudas los oligarcas y su grupos afines. Leland Jenks, de quien no hay dudas “ideológicas” hizo la comparación exacta: Un procónsul romano. Por eso el joven Julio Antonio Mella y sus condiscípulos de la universidad habanera, interrumpen el acto de genuflexión con el que pretendían honrarlo por “sus servicios”. Si de Mella y la historia del movimiento obrero y comunista se trata, el texto es muy pálido en el abordaje de la figura de Carlos Baliño. Desde 1964 se editó una compilación de los Documentos de Carlos Baliño, que revisada fue reimpresa en 1976. La obra de este fundador, ha sido objeto de variados trabajos, con diversas ópticas. Los criterios de Christine sobre Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA precisan de una mayor sustentación. Es recomendable que la autora atienda la producción historiográfica peruana sobre estos temas.

El Mella racialmente “blanco” de Christine no puede convencerme. Me acostumbré durante años al secreto de ver cada noche en el Noticiero de la Televisión Nacional, la imagen de un compatriota que se parecía mucho a Mella. Fue la confesión que me hizo Sarah Pascual, una noche que en su casa coincidí con la hora de nuestro popular noticiero. En aquella ocasión la entrañable amiga de Mella, señalo la pequeña pantalla, y me sorprendió con su peculiar gracia: “Como me recuerda ese joven locutor a Julio Antonio”, y se refería por supuesto a quien por entonces era un joven mulato –“mulato blanconazo” se dice en mi barrio-, que comenzaba sus lides de presentador, devenido hoy en una popular y querida personalidad de la locución cubana. Nelio Contreras, tan rápida y fatalmente desaparecido, recogió numerosos testimonios de quienes conocieron a Mella. En su entusiasmo juvenil, mi querido amigo mulato, sentía además el orgullo de que en no pocas ocasiones sus entrevistados le afirmaban que el sólo era un “poquito” más “trigueño” que Mella. El origen dominicano del joven biografiado es otra una pista que Christine puede reevaluar. En los dominicanos –como en muchos santiagueros y santiagueras-, es muy fuerte esa mezcla peculiar y maravillosa de nuestra negritud.

Insisto en el tema racial para abrir al debate un punto de vista distinto, que considero más esencial. La africanía en los cubanos y cubanas no es un problema epitelial, es una resultante histórica, condición psicológica, riqueza cultural, que la Revolución recuperó para siempre, que hoy está en un nuevo momento de consolidación, en el fin de las reminiscencias prejuiciosas, en la defensa de lo alcanzado frente un capitalismo individualista y racista, que multiplica su impacto feroz desde el mundo comunicacional y audiovisual, y definitivamente en los retrocesos y/o no-avances que podamos tener, en la hegemonía del mundo moral y las relaciones materiales objetivas socialistas.

No resiste análisis el lugar más débil del libro: La especulación de Christine sobre un mestizaje de Mella como “construcción elaborada en Cuba después de 1959, con el objetivo de integrar en el sistema a la población afrocubana mediante una figura política con la fuerza simbólica de Mella”. Este es un favor que se que Christine no quiere hacerle a quienes intentan con fines diversionistas, introducir entre nosotros toda clase de tergiversaciones y manipulaciones sobre la problemática racial. Los hombres y las mujeres se conocen por sus obras, y todo su texto sobre Mella, es una negación rotunda a tan flacos fines. Si hay un responsable de tal dislate, no es Christine que no tiene necesariamente que estar al tanto del día-día del archipiélago, en lo fundamento son sus editores cubanos los que debieron estar más atentos para asesorarla.

“Julio Antonio Mella. Una Biografía”, incluye como anexos la publicación íntegra por primera vez en el país, de documentos largamente esperados. La mayoría de los estudiosos solo habíamos tenido acceso a los fragmentos citados como parte del ensayo de Alfredo Martin, “Mella.
Nacimiento de un líder” (2001), que al ser publicado por la capitalina Editorial Extramuros, no contó con el privilegio del formato hermoso, la cantidad de ejemplares y el impacto de circulación que otorgan las editoriales nacionales. No obstante el libro de Alfredo, en buena lid, es el primero que ahondó en los pormenores de la sanción de separación –no de expulsión- de Mella del partido cubano, después de su huelga de hambre a finales de 1925. Recomiendo a mi estimada colega Angelina, hacer justicia al libro de Alfredo, en una próxima –de seguro habrán varias- edición del prólogo.

Al terminar esta primera lectura del “Mella” de Christine, sentí el peso de un trabajo serio y enjundioso. Sin dudas me quedé con la necesidad de realizar un estudio más detenido, para comprender mejor el tejido de argumentos y su sustentación. Pronto lo haré. Pienso además, que me quedan muchas más visitas a este texto.

“Tony Guiteras, un hombre guapo”

El libro de Paco Ignacio, nos lo anuncia Iroel Sánchez, es un torbellino apasionante. Siempre las generaciones de revolucionarios cubanos que no conocimos a Guiteras, nos lo imaginamos tal como lo narra el buen oficio del autor: nos trasladarnos a aquellos días de explosión revolucionaria, caminamos junto a Guiteras, escuchamos su voz…

Muy bello el rescate de la colosal figura de Carlos Aponte. Nos recuerda una deuda tremenda de la historiografía latinoamericana y caribeña, casi vergonzosa si de los intelectuales revolucionarios de Cuba, más que de Venezuela se trata. Exacto el análisis “clasista” de otro procónsul: Benjamin Sumner Welles.

El Paco Ignacio definitivo de la literatura, nos solicita amablemente enviar críticas, correcciones y sugerencias, para mejorar futuras ediciones. Respeto el derecho de cada autor para con su obra, pero le adelanto mi opinión de lector atrapado, comprometido: Esta obra en su dignidad de narración histórica tiene ya su inconfundible y rotunda personalidad propia. No considero necesaria rectificación alguna.

Paco Ignacio demuestra haber realizado un mayúsculo ejercicio de investigación. Por si algún día desea convertir este acumulado, en ensayo o monografía histórica sobre los personajes y la época, me animo a comentarle: No coincido con algunos enfoques que realiza, en particular discrepo de su dibujo sobre el sectarismo de Rubén Martínez Villena. Es evidente que, en su notable búsqueda, parece que no llegó -o no atendió- a algunos documentos que resultan esclarecedores. Y sobre todo, le falla la evaluación cualitativa. Sigue presente en el autor el lastre de la historiografía que se deslumbra tanto con el poeta, que no llega a entender la poesía mayor del combatiente y dirigente comunista. Se nota que le falta en este caso, un estudio más incisivo del pensamiento político de Rubén.

Precisamente en esta Feria, la habanera Editorial Unicornio, puso a disposición con el título “Rubén Martínez Villena: Por los caminos de Martí” (La Habana, 2008), un sucinto resumen de la tesis doctoral de la historiadora Juana Rosales García, donde se precisa de manera inobjetable, entre otros, estos aspectos tan desconocidos de Rubén. Ojalá el libro de Juana, no corra la suerte del de Alfredo Martín. No pocas de nuestras editoriales de provincia ya llegan a su mayoría de edad, mientras sus posibilidades productivas son aún limitadísimas, para canalizar el movimiento intelectual que crece, que estalla en la literatura y se renueva en la Historia y las Ciencias Sociales. Se trata de un fenómeno de desarrollo sobre el que debemos meditar soluciones, sin abandonar la práctica de publicar lo bueno que facturan los colegas cubanos y extranjeros que laboran en el exterior.

El listado bibliográfico que se adjunto al libro, nos dice que Paco Ignacio no tuvo la feliz oportunidad de conocer los estudios realizados por Enrique Cirules y otros historiadores y especialistas, sobre el submundo de corrupción y tolerancia mercantilizada, que ya desde esa tercera década del Siglo XX los yanquis promovieron en La Habana de turistas y marines. En tal escenario hay que colocar el ejercicio habanero de la conducta sexual que le endilga al Embajador Sumner Welles. Este detalle nos puede poner a juicio si en la ciudad de prostíbulos y “casas de citas”, era tal la clandestinidad forzada del individuo. Para los ricos –fueran los amos del Norte o sus sirvientes de la burguesía aristocrática y parasitaria- su visita a La Marina, San Isidro o La Victoria, era en lo fundamental otra faceta más de su condición de explotadores.

El confundir la homosexualidad con la bisexualidad que realmente Paco Ignacio describe en la vida del personaje, también dificulta penetrar mejor esta faceta personológica en que ha decidido incursionar. En tiempos de empoderamiento de las identidades sexuales, frente a la impronta ética y política de asumir definitivamente la normalidad de las diferencias, se precisa mayor conocimiento en quienes como Paco Ignacio pueden dar un aporte sustantivo a la descontaminación machista y sexista de nuestras sociedades. En temas tan vulnerables, una intención loable mal emprendida, puede hacer el efecto de un elefante en una cristalería.
Al concluir la lectura del “Guiteras” de Paco Ignacio, busqué en mi librero los textos del historiador cubano José A. Tabares del Real y en especial su biografía de Guiteras (Guiteras, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973, Ciencias Sociales, 1990), a quien debemos la recuperación historiográfica de la figura de Guiteras. Releer ahora a Tabares me ratificó el aporte del libro de Paco Ignacio: el genio del escritor nos coloca en una dimensión enriquecida de la historia. Precisamente por ello, el arte y la ciencia son dos pares inseparables del saber, de la civilización humana.

La necesidad de volver a Tabares, es una bondad adicional de la lectura que propone este nuevo libro de Paco Ignacio. Avanzar lo que Tabares hizo, hacia nuevos horizontes del saber histórico, es una tarea de ciencia –por supuesto que también de la literatura y el arte-, que ojalá pueda emular la narración, fuerza y magia, que “Tony Guiteras, un hombre guapo”, nos entrega.

A propósito de los libros de Paco Ignacio y Christine

Gracias a Paco Ignacio Taibo II y a Christine Hatzky. Sus aportes ratifican además varios temas medulares que están en la agenda y en la carne del actual movimiento intelectual e historiográfico cubano.

Christine y Paco Ignacio abundan y documentan conocidos errores de estrategia y táctica en el movimiento comunista internacional y el primer partido comunista cubano. Frente a la errónea tendencia que predominó en la historiografía publicada en Cuba en los años setenta y ochenta, en la que se obviaba o desconocía el estudio y debate sobre este aspecto medular de la historia revolucionaria del pasado siglo, la aparición de los mencionados títulos ha sido recibida con beneplácito. Esta actitud merecida, dada la calidad de la obras, está además conectada con procesos muchos más sensibles que se dan al interior del movimiento historiográfico e intelectual nacional. Adelanto uno de estos temas:

Cuando a todas luces la historiografía cubana crece, y como nunca antes las editoriales nacionales y provinciales, están realizando un notable esfuerzo de edición histórica, el propio desarrollo impone retos. Hay que saltar sobre los errores ya evaluados, y de paso desbrozar los que aún no se perciben con suficiente claridad. Por demás hay que saber cómo y hacia dónde se salta, lo cual es imposible sin llegar a un consenso, con la participación de los historiadores y demás cientistas, la confrontación y comparación de diversos criterios, las disputas y discusiones científicas; cuidando siempre el respeto y la camaradería, que todas y todos nos merecemos.

Percibo del panorama que nos presentan las editoriales y revistas cubanas, como últimamente han arribado obras y criterios que subrayan su distancia con aquella historiografía que obligadamente tenía que tener por centro a la clase obrera y al Partido Comunista. Hay autores y posiciones que hoy alcanzan su máxima promoción, después de años de acumulación creativa, tiempo en que no encontraron la salida editorial masiva que en justicia merecían. Pero no todo es “color de rosa”, Los métodos y estilos del viejo modo de hacer, dan su pelea de sobrevivencia, se metamorfosean. Las mentalidades miméticas, los eclecticismos y seguidismos acríticos, el facilismo de apelar al juicio de la autoridad puesta de “moda”, comienzan a traernos en el torrente de logros, entregas residuales.

El ablandamiento que en los últimos lustros hemos padecido en la enseñanza de la filosofía marxista, la conversión bancaria y críptica de no pocas cátedras de teoría y metodología de investigación, mientras el intercambio fluido y propositivo –el mundo y el tronco que definió para todos los tiempos José Martí- con las escuelas y corrientes contemporáneas, sólo es ejercicio de muy pocos, incorpora una mayor complejidad a la situación. Estamos llamados a atender estos fenómenos negativos, discutirlos y resolverlos.

Me ocupa el estudio de cómo hoy comienza a manifestarse en zonas de la producción historiográfica –dentro y fuera del país- el reverso de lo que ya transitamos: a una historia predominantemente obrerista y partidocéntrica, no puede sucederle otra que desconozca, ignore, o se concentre solo en la hipercrítica de estos sujetos. Evaluar el curso progresivo de los sesenta, y sus fracturas posteriores, no implica desconocer lo que inmediatamente después se hizo de positivo en ciencia histórica, publicación y docencia, sus avances en medio de las contradicciones y luchas cienciológicas e ideológicas que entonces se manifestaron, sobre todo las grandes tareas masivas, culturales, educacionales y políticas que acompañaron.

Encontrar la justa medida, tanto en la historia, como en nuestra vida, resulta quizás la aspiración más difícil de lograr. En el caso cubano, tal meta está necesariamente contaminada de las urgencias de un combate que todo lo interpenetra. No tenemos el derecho a ser ingenuos. Hay un enemigo cruel e inescrupuloso, que mientras bloquea y acecha para la muerte física, factura y ejecuta las operaciones de sus servicios especiales, con el definido propósito de asesinarnos la memoria, la alegría y el futuro.

24/02/2009 GMT 1

24 de febrero de 1895: Cultura mambisa y revolución

polillabaez @ 18:20

Por M.SC. Antonio Álvarez Pitaluga*

La cultura generada por las revoluciones del 68 y del 95 necesita ser más estudiada en su relación con la Revolución de 1959

Pareciera que queda poco por decir sobre las revoluciones independentistas de Cuba (1868-1898) al estudiar la extensa historiografía producida sobre ellas en los 50 años de la Revolución. Sin embargo, aún existe un tema relativo a esta épica histórica que espera por un mayor acercamiento: la cultura artística que las revoluciones de 1868 y 1895 generaron; fenómeno tan importante como sus hazañas militares.

Usualmente sus grandes batallas y combates, los relevantes sucesos políticos, el pensamiento político-militar de sus magnos hombres, constituyen los principales tópicos de los cuales se nutre el arsenal ideológico de la nación. Pero hubo una destacada cultura artística que reflejó, desde el arte y la literatura, los fundamentos políticos e históricos de aquellas luchas. En sus creaciones se depositaron las aspiraciones y sueños de cientos de mambises por alcanzar la independencia. Nuestra cultura mambisa es el punto de partida de uno de los hitos esenciales en la formación de la nación cubana: el nacimiento y desarrollo de una cultura por y para la revolución.
Desde la madre revolución del 68

El clarín del 10 de octubre de 1868 convocó a miles de cubanos de diversos orígenes sociales. Muchos profesionales, escritores y poetas se incorporaron de inmediato. Desde los inicios y hasta el final de la insurrección compusieron ensayos, testimonios, cuentos, poemas, himnos y leyes a favor de una educación popular. Renombrados poetas fueron Luis Betancourt, Antonio Lorda, Carlos Manuel de Céspedes, Eduardo Machado, Miguel Gerónimo Gutiérrez y Juan Clemente Zenea. Sus versos, escritos con profundo patriotismo, desbordaron las ansias de libertad de los combatientes. Años más tarde, en 1893, Serafín Sánchez compiló una parte importante de aquellos poemas en el poemario Los poetas de la Guerra que, a su vez, contó con el prólogo de un genio literario: José Martí. Otros escritores como Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Fernando Figueredo, Rafael Morales, Enrique Collazo, Ramón Roa, Manuel Sanguily, Enrique Piñeyro, Manuel de la Cruz y el propio Martí, llenaron decenas de páginas narrando sus experiencias, sucesos, anécdotas y plasmando interpretaciones que dieron luz a la llamada literatura de campaña. Esta piedra angular de la cultura del 68 estructuró el legado escrito del ideario sociopolítico de la contienda.

La composición musical se privilegió con los aportes de Eduardo Agramonte, Perucho Figueredo y Antonio Hurtado del Valle. El segundo nos entregó la letra y música del Himno de Bayamo (1867-68), hoy nuestro Himno nacional; y Hurtado del Valle la letra del Himno de Las Villas (1874). Sus músicas y textos hicieron del combate el espíritu y sentimiento de un pueblo. Varios periódicos dieron cuenta de una prensa seriada en nombre tales como El Cubano Libre, La Estrella solitaria, La Revolución y La República, entre otros.

El gobierno revolucionario —Cámara de Representantes— también hizo de la cultura una bandera. La Ley de Instrucción Pública del 31 de agosto de 1869 concibió la educación masiva de todos los ciudadanos de la República en Armas a través de un sistema de educación primaria. Los dirigentes civiles estimaron que la lectura y la escritura resultaban necesarias para edificar la cultura revolucionaria, superadora de la sociedad esclavista. Sin lugar a duda, el Decreto de abolición de la esclavitud (27 de diciembre de 1870) fue el escalón mayor de la cultura del 68.

Todas estas creaciones ahondaron la ideología de la revolución. La cultura del 68, generada dentro y fuera de los campos insurrectos, legitimó un futuro independiente por conquistar.
Desde la revolución necesaria del 95

A cumplir la tarea pendiente del 68 convocó José Martí desde la dirección organizativa de la venidera lucha. El 24 de febrero de 1895 comenzó aquel gran esfuerzo nacional. El pensamiento martiano tuvo en la cultura del 68 sus premisas básicas. A su vez, las ideas y acciones del Maestro nacieron como pilares imprescindibles de la cultura del 95.

Durante el enfrentamiento bélico, nuevos artistas, intelectuales, profesionales y escritores se integraron al Ejército Libertador y los órganos civiles para combatir con las armas y crear obras con el único fin de obtener la definitiva soberanía nacional. Los diarios de campaña de Gómez, Martí, Bernabé Boza, José Miró Argenter, Manuel Piedra Martel, Fermín Valdés Domínguez, Enrique Loynaz del Castillo y otros, continuaron ensanchando la literatura de campaña. Desde sus visiones personales mostraron la independencia como la meta histórica a concretar; por lo que la derrota militar española era el primer requisito indispensable. Las problemáticas internas y externas de la revolución no escaparon a sus ojos. Dieron cuenta de los aciertos y desaciertos que los revolucionarios comprendieron críticamente en el bregar cotidiano. Los que vieron el fin de la guerra hicieron espacio a las ideas sobre la rara presencia norteamericana en 1898.

Los poetas no quedaron atrás. Enrique Loynaz del Castillo, Francisco Díaz Silveira, Bonifacio Byrne, Pedro Piñán de Villegas, Francisco González Marín, Luis de la Cruz Muñoz y Francisco Sellén, escribieron prosas cargadas de patriotismo a pesar de hacerlo sin un riguroso preciosismo académico. Por su parte, decimistas y repentistas cantaron a la naturaleza cubana, a la patria y sus héroes, al hombre del campo y la ciudad, a los mitos y leyendas (anécdotas o pasajes famosos) que iba forjando el independentismo.

Loynaz del Castillo fue el autor del Himno Invasor (15 de noviembre de 1895). Pero también el vicepresidente del primer Consejo de Gobierno, Bartolomé Masó, compuso un segundo himno, menos conocido, en dos estrofas. Otro aporte musical lo brindó el comandante Julián V. Sierra al componer los 36 toques de corneta que rigieron la vida en campaña. Como parte de esa producción cultural hoy sabemos que durante la revolución se editaron dentro y fuera de Cuba más de 50 periódicos proindependentistas. Patria, El Cubano Libre, La Sanidad, La República, El Boletín de la guerra, fueron algunos de ellos.

Con mayor fuerza que en la revolución del 68, las imágenes del 95 se plasmaron en varios bocetos, plumillas, caricaturas, óleos, lienzos y decenas de fotografías. El afamado pintor Armando Menocal captó hechos y figuras importantes de la contienda. Su permanencia como oficial en el Ejército Libertador durante aquellos años le posibilitó crear obras que hoy son patrimonio nacional, como su cuadro La muerte de Antonio Maceo (1908). El llamado teatro mambí escenificó momentos míticos y personalidades de la revolución.

La cultura del 95 fue hija de la del 68. Ambas aportaron obras al pensamiento político de la nación. Por ellas hoy podemos conocer las complejidades sociopolíticas de fines del siglo XIX, en las cuales Cuba tuvo que desarrollar sus luchas liberadoras. Además de cimentar las bases ideológicas de nuestro ideario revolucionario, legaron una estética, un modo de hacer y asumir la cultura cubana que, con el triunfo de 1959, se adentró en una nueva etapa hasta el presente, es decir, para reverdecer y legitimar la hegemonía revolucionaria a lo largo de estos 50 años.
Desde la revolución permanente del 59

El año 1959 inició una refundación de la cultura nacional. El rescate del legado martiano, comenzado desde la década del 20 de ese siglo, probablemente haya sido la primera conexión posterior al triunfo entre el 68, el 95 y el 59. Al unísono y a lo largo de la década de los 60 se estableció también una reinterpretación histórica e ideológica de las dos revoluciones mambisas. En 1968 el Comandante en Jefe Fidel Castro proyectó una lógica histórica entre independentismo decimonónico y revolución triunfante, cuando en su discurso por el centenario del 10 de Octubre expresó: «(...) Nosotros hubiéramos sido como ellos y ellos hubieran sido como nosotros (...)». Antes y después de esta memorable intervención ya se estaba produciendo la irrupción de una nueva historiografía sobre el 68 y 95 bajo las nuevas realidades históricas. Entre 1967 y 1970 se reeditó casi toda la literatura de campaña conocida hasta ese momento.

En la pintura nacional de los 70, Raúl Martínez nos entregó disímiles obras de un Martí más cercano y combatiente unido a los nuevos protagonistas de la Revolución del 59. En los 80, Juan Francisco Elso lo haría con una mayor cercanía a Latinoamérica. Desde los 90 e inicios del siglo XXI, Roberto Fabelo mantiene la tradición, como otros muchos creadores artísticos. Martí es motivo y tema permanente del arte en revolución.

Tal vez en la música la antológica pieza El Mayor de Silvio Rodríguez (1973), sea de las primeras canciones que dieron cuenta de una presencia de la cultura mambisa en el 59. En el cine Lucía, La primera carga al machete y Baraguá, ejemplifican esa conexión. Los versos martianos han sido musicalizados y cantados por más de una generación de artistas. La escultura ha diseminado por todo el país bustos, estatuas y monumentos que se encargan, desde su fuerza estética, de conservar la identidad entre las tres revoluciones. Entonces es indispensable que nuestro Día de la Cultura Nacional tenga una inspiración mambisa al tomar el 10 de octubre del 68 como su momento germinal. La cultura mambisa ha brindado a la Revolución del 59 todo un universo de ideas políticas y sociales que sostiene decisivamente su hegemonía cultural, ya por cinco décadas. Esa hegemonía no está sustentada únicamente en las ideas políticas y el discurso ideológico, sino en el sistema de relaciones sociales que estructura la sociedad. La cultura mambisa forma parte indispensable de ella a través de nuestro sentido nacional de patria y país, que se desenvuelven en determinadas asunciones cotidianas del cubano. El 68 y el 95 nos han transmitido la necesidad histórica de liberación nacional y revolución social como esencia de nuestro actual proyecto político. Aquellos pinceles, partituras, escenarios, versos, narraciones, ensayos y discursos todavía hoy nos convidan a defender una idea crucial: amar a esta Isla irrepetible.

*Profesor de Historia de la Cultura Cubana, Universidad de La Habana

Fuente http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2009-02-24/cultura-mambisa-y-revolucion/

04/02/2009 GMT 1

La espera de los cubanos: atractiva mistificación

polillabaez @ 22:08
Por René Vázquez Díaz

A no ser que se incurra en la mendacidad, no se puede describir la Historia de Cuba como un proceso en el que la espera haya jugado un papel importante. Invocar la espera como un elemento que ha llegado a integrarse en el subconsciente nacional para explicar el pasado y el presente, es una atractiva mistificación barajada por algunos escritores cubanos, pero que no pasa de ser una pose fraudulenta en tiempos de cambio. O sea de incertidumbre.

Desde la colonización hasta el 50 aniversario de la Revolución, por más que se busca un instante de espera no se encuentra otra cosa que un movimiento histórico constante del pueblo cubano, un bullir marcado por prolongadas batallas y aportes culturales, que desembocaron en estruendosos fracasos o en significativas victorias que, como en todos los países, dieron paso a periodos de retraimiento o marasmo. Pero en esas pausas se fraguaron, sin que nadie esperase nada, nuevos movimientos de cambio y progreso que de nuevo triunfaron o chocaron con dificultades que parecían insalvables.

Durante tres siglos y medio de esclavitud ningún africano sojuzgado esperó nada de nadie en la Isla de Cuba. Todo fue una agitación terrible, desaforada: trabajaban dieciséis horas diarias, su esperanza de vida en la plantación era de cinco años y no hubo un solo momento de sosiego. Imposible llamar espera a las sublevaciones constantes, a la represión sangrienta que no paró jamás, a los cimarrones perseguidos hasta la muerte y a los niños negros vendidos, alquilados y aplastados, o a la frenética acumulación de riquezas y de injusticias. ¿El barracón era una espera?

Los fabulosos entrecruzamientos de la transculturación, y los esfuerzos de deculturación que hizo el poder colonial de España, ¿fueron una espera o un hervidero de influencias mutuas y de contradicciones, que generaron formas cada vez más cubanas de entender cotidianidad, la política, la sexualidad, la religión y la cultura, pero también la ostentación, el arte de ser un bicho y esa tendencia de tantos cubanos, de ayer y de hoy, a subordinarse suavemente al extranjero poderoso en provecho propio? Junto a todo esto creció cierta modalidad, cada vez más criolla, de resistir, que no es lo mismo que esperar.

El periodo que condujo a las guerras de independencia, ¿qué fue sino otro hormiguero de búsquedas y choques, con el anexionismo, las expediciones y las ejecuciones; los plantadores pujando por sus ventajas, el reformismo, el autonomismo y las conspiraciones independentistas en el durísimo día a día de un pueblo sometido? No hubo espera en los que sentaron las bases de la cultura cubana; a su manera, todos actuaron con tremenda fuerza, incluso en contra de sí mismos. No logro entender cuál fue la espera de Heredia o de la Avellaneda, para no hablar de Plácido o Juan Clemente Zenea.

¿La Guerra de los Diez Años fue una espera? ¿Los reconcentrados de Weiler aguardaban, famélicos y desesperados y con un abanico en la mano, a que la contienda pasara como pasa una pieza de teatro, o eran objetos torturados de una Historia imparable que no esperaba ni un segundo para realizarse? ¿Qué clase de espera que representan un Máximo Gómez y un Maceo, junto a todos los que no eran ellos pero que los hicieron posibles en un avatar incansable de sacrificios, ritos, trabajos, victorias, claudicaciones y riesgos diarios?

Tampoco fueron una espera las odiosas divisiones de los emigrados cubanos, con los rencores y las rencillas de esa tendencia fratricida que tanto daño le ha hecho siempre a Cuba.

¿Alguien puede esclarecer en qué consistió la espera de José Martí, un ser humano al que casi resulta imposible imaginárselo no ya esperando, sino ni siquiera durmiendo? Martí es la antítesis de la supuesta espera cubana. Martí es el desvelado que no deja dormir a los demás.

¿Y si aquella República mal parida en 1902, con su Enmienda Platt y su Base Naval de Guantánamo resultó ser una espera, por qué EE UU tuvo la necesidad imperiosa de interrumpir a los esperadores interviniendo militarmente en 1906-1909, en 1912, en 1917-1920 y en 1933? ¿Qué fue la revolución de ese año? ¿Una espera? ¿A Julio Antonio Mella hubo que asesinarlo para que no esperase más? ¿De qué forma esperaban la embajada norteamericana en La Habana, la Confederación Nacional Obrera, Jesús Menéndez o la Guardia Rural?

Vendiendo, asesinando y vendiéndose, Batista no esperó ni un solo minuto de su vida para vivirla por lo grande a costa de la Nación. Resultaría de una frivolidad extraña, casi de opereta, formular el apogeo revolucionario contra la dictadura batistiana como una espera, y menos aún el frenético proceso revolucionario a partir del primero de enero de 1959. Estoy seguro de que si se pudiera encender una luz cada vez que en Cuba se ha cambiado, transformado, modificado y metamorfoseado algo (de atrás para adelante, y al revés, y para bien y para mal) en los últimos 50 años, no habría un solo mes de oscuridad en Cuba.

Tampoco ha habido espera en el llamado exilio cubano. Los grandes siquitrillados de los sesenta no tardaron en enviar a su Brigada de Asalto 2506, para recobrar lo perdido. En Playa Larga y Girón la espera fue tan inexistente que a las 64 horas ya habían sido derrotados. Las oleadas sucesivas de cubanos privilegiados que nos asentamos en EE UU y otros países no nos cobijamos tampoco en una espera apática, sino que reconstruimos nuestras vidas con trabajos sin cuento, alcanzando mejores condiciones económicas o pereciendo bajo el peso de la era imaginaria del exilio. Mientras tanto, otros ponían bombas, o recibían subsidios estadounidenses para sus revistas, mientras medraban diariamente de la industria anticastrista internacional. Eso sigue igual.

La única manera de adjudicarle al pueblo de Cuba una tendencia especial a la espera es dando un salto mortal intelectual: llamar espera a lo que ha sido y es una lucha continua por la existencia, la soberanía y la subsistencia, y una tozuda resistencia para poder seguir siendo cubanos.

Pero una vez sentado el embeleco de nuestra espera en el tiempo histórico, se puede forzar su aplicación al tiempo actual. ¿El bloqueo es una espera? Desde hace 50 años, bloquear las posibilidades de desarrollo de Cuba ha sido una actividad norteamericana marcada por un frenesí que no tiene parangón en la Historia. La principal tarea de la Foreign Office of Assets Control del Departamento del Tesoro es sancionar a las naciones que alberguen terroristas. Pero en el Washington Post del 11 de enero, Ann Louise Bardach cita un estudio de 2007 que revela la falta total de espera norteamericana con respecto al aplastamiento de los cubanos: desde el año 2000, más del 70 % de las sanciones impuestas por la Foreign Office of Assets Control fueron dirigidas contra todo el que violase lo que ellos llaman el embargo contra Cuba. Dos empleados de esa oficina trabajan para descubrir y penalizar a los aliados de Bin Laden, mientras que veinte abnegados trabajadores se dedican a tiempo completo a sancionar a quienes comercien con Cuba.

Cuando un pueblo está sometido a una poderosa agresión constante desde el exterior, las victorias parciales no existen. Si Cuba triunfa logrando que se produzca una inversioncita extranjera por aquí, o firmando un contratico para asegurar el aprovisionamiento de catéteres para los hospitales cubanos por allá, el Departamento del Tesoro ya se las arregló para bloquear y neutralizar esos logros.

Mientras el Estado cubano pugna por resolver (también frenéticamente) las numerosas dificultades, el pueblo no espera: mientras unos batallan otros se desesperan, se decepcionan, se encabronan y se cansan. Muchos jóvenes pierden la confianza en su futuro personal y se van. Su situación privada es un reflejo de la impuesta desde fuera, unida a factores internos que tienen su base en deformaciones del socialismo cubano. Muchas de esas deformaciones surgen como una respuesta a rajatabla contra el estado de continua amenaza, pero igual atentan contra el sentido de la justicia del pueblo, y a veces contra el sentido común.

Mientras todo eso trata de arreglarse en un tira y dale de participación ciudadana que no tiene nada de espera, la agresión externa deja de tomarse en cuenta . Sólo así puede hablarse de espera.

Eso es justamente lo que los estrategas del bloqueo llamaron hace ya 47 años causar el hambre y la desesperación y el derrocamiento del Gobierno. Son demasiadas décadas de vicisitudes para que los jóvenes cubanos que deciden marcharse del país tengan en cuenta el salvajismo inaudito de la Ley Helms Burton, o del Plan Bush. Es más sencillo hablar del bloqueo interno, pues como dice Chomsky siempre hay una tendencia a subestimar la eficacia de la violencia. Aunque el Gobierno cubano lo niegue, la violencia del bloqueo ha triunfado al ganarse las mentes y el corazón de muchos cubanos.

Otra sería la situación si nuestros escritores y artistas, dentro y fuera de la Isla e independientemente de la ideología de cada cual, pudiéramos unirnos en un gran frente común para lograr que los ciudadanos estadounidenses puedan viajar a Cuba con su curiosidad y su dinero; que los cruceros que hacen escala en todas las islas del Caribe también toquen puertos cubanos y que las relaciones comerciales de Cuba -con EE UU y con el mundo- al fin se normalicen y generen prosperidad. Tal vez sea en esa actitud silenciosa donde único se acurruque una sospechosa espera.

3 de febrero de 2009

* René Vázquez Díaz (Caibarién, Cuba, 1952)

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=80182

La espera de los cubanos

polillabaez @ 21:57


Por René Vázquez Díaz


 

A no ser que se incurra en la mendacidad, no se puede describir la Historia de Cuba como un proceso en el que la espera haya jugado un papel importante. Invocar la espera como un elemento que ha llegado a integrarse en el subconsciente nacional para explicar el pasado y el presente, es una atractiva mistificación barajada por algunos escritores cubanos, pero que no pasa de ser una pose fraudulenta en tiempos de cambio. O sea de incertidumbre.

 

Desde la colonización hasta el 50 aniversario de la Revolución, por más que se busca un instante de espera no se encuentra otra cosa que un movimiento histórico constante del pueblo cubano, un bullir marcado por prolongadas batallas y aportes culturales, que desembocaron en estruendosos fracasos o en significativas victorias que, como en todos los países, dieron paso a periodos de retraimiento o marasmo. Pero en esas pausas se fraguaron, sin que nadie esperase nada, nuevos movimientos de cambio y progreso que de nuevo triunfaron o chocaron con dificultades que parecían insalvables.

 

Durante tres siglos y medio de esclavitud ningún africano sojuzgado esperó nada de nadie en la Isla de Cuba. Todo fue una agitación terrible, desaforada: trabajaban dieciséis horas diarias, su esperanza de vida en la plantación era de cinco años y no hubo un solo momento de sosiego. Imposible llamar espera a las sublevaciones constantes, a la represión sangrienta que no paró jamás, a los cimarrones perseguidos hasta la muerte y a los niños negros vendidos, alquilados y aplastados, o a la frenética acumulación de riquezas y de injusticias. ¿El barracón era una espera?

 

Los fabulosos entrecruzamientos de la transculturación, y los esfuerzos de deculturación que hizo el poder colonial de España, ¿fueron una espera o un hervidero de influencias mutuas y de contradicciones, que generaron formas cada vez más cubanas de entender cotidianidad, la política, la sexualidad, la religión y la cultura, pero también la ostentación, el arte de ser un bicho y esa tendencia de tantos cubanos, de ayer y de hoy, a subordinarse suavemente al extranjero poderoso en provecho propio? Junto a todo esto creció cierta modalidad, cada vez más criolla, de resistir, que no es lo mismo que esperar.

 

El periodo que condujo a las guerras de independencia, ¿qué fue sino otro hormiguero de búsquedas y choques, con el anexionismo, las expediciones y las ejecuciones; los plantadores pujando por sus ventajas, el reformismo, el autonomismo y las conspiraciones independentistas en el durísimo día a día de un pueblo sometido? No hubo espera en los que sentaron las bases de la cultura cubana; a su manera, todos actuaron con tremenda fuerza, incluso en contra de sí mismos. No logro entender cuál fue la espera de Heredia o de la Avellaneda, para no hablar de Plácido o Juan Clemente Zenea.

 

¿La Guerra de los Diez Años fue una espera? ¿Los reconcentrados de Weiler aguardaban, famélicos y desesperados y con un abanico en la mano, a que la contienda pasara como pasa una pieza de teatro, o eran objetos torturados de una Historia imparable que no esperaba ni un segundo para realizarse? ¿Qué clase de espera que representan un Máximo Gómez y un Maceo, junto a todos los que no eran ellos pero que los hicieron posibles en un avatar incansable de sacrificios, ritos, trabajos, victorias, claudicaciones y riesgos diarios?

 

Tampoco fueron una espera las odiosas divisiones de los emigrados cubanos, con los rencores y las rencillas de esa tendencia fratricida que tanto daño le ha hecho siempre a Cuba.

 

¿Alguien puede esclarecer en qué consistió la espera de José Martí, un ser humano al que casi resulta imposible imaginárselo no ya esperando, sino ni siquiera durmiendo? Martí es la antítesis de la supuesta espera cubana. Martí es el desvelado que no deja dormir a los demás.

 

¿Y si aquella República mal parida en 1902, con su Enmienda Platt y su Base Naval de Guantánamo resultó ser una espera, por qué EE UU tuvo la necesidad imperiosa de interrumpir a los esperadores interviniendo militarmente en 1906-1909, en 1912, en 1917-1920 y en 1933? ¿Qué fue la revolución de ese año? ¿Una espera? ¿A Julio Antonio Mella hubo que asesinarlo para que no esperase más? ¿De qué forma esperaban la embajada norteamericana en La Habana, la Confederación Nacional Obrera, Jesús Menéndez o la Guardia Rural?

 

Vendiendo, asesinando y vendiéndose, Batista no esperó ni un solo minuto de su vida para vivirla por lo grande a costa de la Nación. Resultaría de una frivolidad extraña, casi de opereta, formular el apogeo revolucionario contra la dictadura batistiana como una espera, y menos aún el frenético proceso revolucionario a partir del primero de enero de 1959. Estoy seguro de que si se pudiera encender una luz cada vez que en Cuba se ha cambiado, transformado, modificado y metamorfoseado algo (de atrás para adelante, y al revés, y para bien y para mal) en los últimos 50 años, no habría un solo mes de oscuridad en Cuba.

 

Tampoco ha habido espera en el llamado exilio cubano. Los grandes siquitrillados de los sesenta no tardaron en enviar a su Brigada de Asalto 2506, para recobrar lo perdido. En Playa Larga y Girón la espera fue tan inexistente que a las 64 horas ya habían sido derrotados. Las oleadas sucesivas de cubanos privilegiados que nos asentamos en EE UU y otros países no nos cobijamos tampoco en una espera apática, sino que reconstruimos nuestras vidas con trabajos sin cuento, alcanzando mejores condiciones económicas o pereciendo bajo el peso de la era imaginaria del exilio. Mientras tanto, otros ponían bombas, o recibían subsidios estadounidenses para sus revistas, mientras medraban diariamente de la industria anticastrista internacional. Eso sigue igual.

 

La única manera de adjudicarle al pueblo de Cuba una tendencia especial a la espera es dando un salto mortal intelectual: llamar espera a lo que ha sido y es una lucha continua por la existencia, la soberanía y la subsistencia, y una tozuda resistencia para poder seguir siendo cubanos.

 

Pero una vez sentado el embeleco de nuestra espera en el tiempo histórico, se puede forzar su aplicación al tiempo actual. ¿El bloqueo es una espera? Desde hace 50 años, bloquear las posibilidades de desarrollo de Cuba ha sido una actividad norteamericana marcada por un frenesí que no tiene parangón en la Historia. La principal tarea de la Foreign Office of Assets Control del Departamento del Tesoro es sancionar a las naciones que alberguen terroristas. Pero en el Washington Post del 11 de enero, Ann Louise Bardach cita un estudio de 2007 que revela la falta total de espera norteamericana con respecto al aplastamiento de los cubanos: desde el año 2000, más del 70 % de las sanciones impuestas por la Foreign Office of Assets Control fueron dirigidas contra todo el que violase lo que ellos llaman el embargo contra Cuba. Dos empleados de esa oficina trabajan para descubrir y penalizar a los aliados de Bin Laden, mientras que veinte abnegados trabajadores se dedican a tiempo completo a sancionar a quienes comercien con Cuba.

 

Cuando un pueblo está sometido a una poderosa agresión constante desde el exterior, las victorias parciales no existen. Si Cuba triunfa logrando que se produzca una inversioncita extranjera por aquí, o firmando un contratico para asegurar el aprovisionamiento de catéteres para los hospitales cubanos por allá, el Departamento del Tesoro ya se las arregló para bloquear y neutralizar esos logros. Mientras el Estado cubano pugna por resolver (también frenéticamente) las numerosas dificultades, el pueblo no espera: mientras unos batallan otros se desesperan, se decepcionan, se encabronan y se cansan. Muchos jóvenes pierden la confianza en su futuro personal y se van. Su situación privada es un reflejo de la impuesta desde fuera, unida a factores internos que tienen su base en deformaciones del socialismo cubano. Muchas de esas deformaciones surgen como una respuesta a rajatabla contra el estado de continua amenaza, pero igual atentan contra el sentido de la justicia del pueblo, y a veces contra el sentido común.

 

 

Mientras todo eso trata de arreglarse en un tira y dale de participación ciudadana que no tiene nada de espera, la agresión externa deja de tomarse en cuenta . Sólo así puede hablarse de espera.

 

Eso es justamente lo que los estrategas del bloqueo llamaron hace ya 47 años causar el hambre y la desesperación y el derrocamiento del Gobierno. Son demasiadas décadas de vicisitudes para que los jóvenes cubanos que deciden marcharse del país tengan en cuenta el salvajismo inaudito de la Ley Helms Burton, o del Plan Bush. Es más sencillo hablar del bloqueo interno, pues como dice Chomsky siempre hay una tendencia a subestimar la eficacia de la violencia. Aunque el Gobierno cubano lo niegue, la violencia del bloqueo ha triunfado al ganarse las mentes y el corazón de muchos cubanos.

 

Otra sería la situación si nuestros escritores y artistas, dentro y fuera de la Isla e independientemente de la ideología de cada cual, pudiéramos unirnos en un gran frente común para lograr que los ciudadanos estadounidenses puedan viajar a Cuba con su curiosidad y su dinero; que los cruceros que hacen escala en todas las islas del Caribe también toquen puertos cubanos y que las relaciones comerciales de Cuba --con EE UU y con el mundo-al fin se normalicen y generen prosperidad. Tal vez sea en esa actitud silenciosa donde único se acurruque una sospechosa espera.

 

3 de febrero de 2009

 

* René Vázquez Díaz (Caibarién, 1952)

 

 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=80182

30/01/2009 GMT 1

Homenaje de Fidel y Raúl a José Martí

polillabaez @ 05:53

En ocasión del aniversario 156 del natalicio de nuestro Héroe Nacional

Eduardo Palomares Calderón

Ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro, y del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, fueron depositadas en ocasión del aniversario 156 del natalicio del Héroe Nacional José Martí, en el mausoleo que guarda sus restos, al iniciarse el acto con que también fue conmemorado aquí el aniversario 70 de la fundación de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), este 28 de enero.

Justamente frente al nicho cubierto por la Bandera Cubana, también fueron colocadas ofrendas florales del Consejo de Estado y en nombre del pueblo cubano, mientras cadetes del Instituto Técnico Militar José Martí, de La Habana, y alumnos de la escuela Militar Camilo Cienfuegos, de Ciego de Ávila, rendían este día la guardia de honor al Apóstol.

Trabajadores y dirigentes sindicales de todos los sectores, junto a combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el pueblo en general, asistieron al homenaje, donde al intervenir la integrante del secretariado provincial de la CTC, Ángela Clavel Peña, señaló que los trabajadores y el movimiento sindical han estado siempre al lado de la Revolución, haciendo realidad los sueños de Martí.

Encabezados por el miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y su primer secretario en el territorio santiaguero, Misael Enamorado Dáger, dirigentes políticos, de organizaciones de masas, jefes de las FAR y cientos de trabajadores, desfilaron por el interior del mausoleo para colocar flores al pie del túmulo que fija la tumba del Maestro.

Exactamente a las 12 del día, y ante la Llama Eterna que en el mismo sitio arde en homenaje a los mártires de la Patria, fueron disparadas 21 salvas de artillería por una batería del Ejército Oriental, en tradicional ceremonia que simultáneamente tiene lugar con otra similar en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en La Habana, en tributo a José Martí.

El Héroe Nacional de Cuba nació en esta fecha del año 1853, en una modesta casa de la parte antigua de La Habana, y en su incesante quehacer por la plena independencia del yugo español, encabezó junto a caudillos de la talla de Antonio Maceo y Máximo Gómez, la llamada Guerra Necesaria, iniciada el 24 de febrero de 1895.

Tras desembarcar por el extremo oriental cubano, cae en desigual combate frente a tropas de la metrópoli, el 19 de mayo del propio año en el sitio conocido como Dos Ríos, centro de la antigua provincia de Oriente ubicado a unos 120 kilómetros de esta ciudad, donde después de seis entierros en diferentes lugares, sus restos son depositados definitivamente en el mausoleo edificado con fondos de una colecta pública.

http://www.trabajadores.cu/news/homenaje-de-fidel-y-raul-a-jose-marti-1

29/01/2009 GMT 1

Desclasificando la Historia

polillabaez @ 01:45

Desclasifican documentos relacionados con Cuba.

La organización independiente National Security Archive, hizo público hace unas horas en Washington varios documentos relacionados con algunos contactos ejecutados por varias administraciones norteamericanas, explorando la posibilidad de normalizar las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

Los textos hasta ahora inéditos, recogen detalles de algunas acciones en esa dirección ejecutadas bajo la presidencia de John F. Kennedy, Gerald Ford, Jimmy Carter y Bill Clinton.

Entre los textos puestos a disposición pública están notas del Secretario de Estado Henry Kissinger, así como de otros funcionarios norteamericanos.

Basado en estos documentos, la revista Cigar Aficionado inserta en su edición del mes de febrero un artículo de Peter Kornbluh y William LeoGrande bajo el título de “Hablando con Castro” donde se ofrecen detalles de esos manejos secretos.

Hoy se conoce que en 1975, el Secretario de Estado H. Kissinger elaboró un informe secreto sobre la posibilidad de rebajar las tensiones con La Habana. En el documento titulado “Normalizando relaciones con Cuba”, el jefe de la diplomacia norteamericana afirmaba que “nuestro interés es lograr poner el asunto de Cuba detrás, y no prolongarlo de manera indefinida”.

Según los documentos ahora desclasificados fue Jimmy Carter quien más lejos llegó en esa dirección, al emitir en marzo de 1977 una directiva secreta para buscar una normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Ese texto marca la primera y única vez en que un presidente ordenó la normalización de las relaciones con el gobierno cubano: “He concluido que deberíamos lograr la normalización de nuestras relaciones con Cuba”, afirma la directiva presidencial NSC-6. En todos los casos la pretensión norteamericana de mediatizar la independencia y soberanía de la isla laceró cualquier avance serio.

Durante el gobierno de Carter fueron establecidas Oficinas de Intereses en ambos países, no obstante exigencias norteamericanas con carácter injerencista hacia La Habana referentes a la amistad de Cuba con la Unión Soviética y la ayuda internacionalista de la isla a Angola impidió otras acciones en la búsqueda de una normalización en las relaciones entre ambas naciones.

Ahora cuando el mundo rechaza de manera enérgica la existencia del bloqueo económico norteamericano contra Cuba y la isla fortalece y acrecienta su prestigio internacional, muchas voces reclaman poner fin a la hostil política de Estados Unidos contra el pueblo cubano.

En más de una ocasión las autoridades cubanas han ratificado su disposición de discutir sobre esos temas con Estados Unidos, siempre que las pláticas se realicen sobre la base de respeto mutuo, igualdad de condiciones y sin exigencias que laceren la independencia y soberanía de Cuba.

Los documentos ahora desclasificados evidencian la pretensión norteamericana en las acciones pasadas de imponer determinadas condiciones para lastrar la soberanía de la isla, algo que Cuba jamás aceptará.

Consultar documentos desclasificados … AQUÍ

Tomado de http://rreloj.wordpress.com/2009/01/28/desclasificando-la-historia/


27/01/2009 GMT 1

Las grandes victorias política-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. II Parte

polillabaez @ 06:15

Desde San José de Costa Rica hasta Playa Girón: Las grandes victorias política-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. II Parte

Por Orlando Cruz Capote

Eisenhower y Kennedy: Playa Girón, el gran fracaso estadounidense. (1)

 

En 1961 la Revolución Cubana iba a ser causa de grandes movilizaciones en su apoyo en el seno de las sociedades latinoamericanas y no solo en los sectores de los obreros, campesinos e intelectuales, sino en las bases campesinas, agrupaciones juveniles y estudiantiles e incluso entre algunos elementos nacionalistas de los ejércitos de América Latina y el Caribe. Esas fuerzas iban a mostrar su nivel de decisión en el primer cuatrimestre de ese año. Nunca antes la Revolución había estado tan acompañada en la esfera regional e internacional. Y aunque estos acontecimientos fueron tomados o aprovechados por los gobiernos de la región latinoamericana-caribeña para acusar a Cuba de “ayudar a los revoltosos”, la idea no prosperó porque EE.UU. quería ante todo “ocultar el entrenamiento de los mercenarios cubanos", principalmente en Guatemala y Nicaragua. No obstante, las autoridades de Washington enviaron dos portaviones y otras fuerzas militares de tarea (unidades aéreas y anfibias) para apoyar a los regímenes de estas dos naciones ante la posibilidad de rebelión en el interior de sus sociedades.

Mientras, la escalada contra la Revolución Cubana tomó, desde finales de 1960 y mediados de 1961, ribetes dramáticos no solo en el plano externo sino en la proliferación de numerosas bandas contrarrevolucionarias en el interior del país. En la propia medida en que la Revolución se fortalecía internamente y su proyección internacional se abría paso entre innumerables obstáculos, el Gobierno de los EE.UU. instruía a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre la necesidad de acelerar los planes subversivos y de desestabilización en la Isla. A esta actividad se sumaron algunos gobiernos de la zona, principalmente los centroamericanos.

 

Como ya hemos expresado, desde marzo de 1960 el presidente D. W. Eisenhower dio instrucciones para la organización y preparación de una fuerza mercenaria. La misma desde fines del primer semestre tuvio como bases de entrenamientos los campamentos en la Florida, en EE.UU., en la finca Helvetia, en el Departamento de Retalhuleu, en Guatemala y en Puerto Cabezas en Nicaragua. En la XV Asamblea General de la ONU, a la que hemos hecho referencia anteriormente, el canciller cubano acusó en varias ocasiones, con datos precisos, la participación del régimen guatemalteco en las acciones hostiles contra Cuba. Así el 7 de octubre, Roa en el plenario de las Naciones Unidas dijo que “[...] Es notorio el arribo constante a Guatemala, por distintas vías, de aventureros y mercenarios de toda laya contratados por agentes contrarrevolucionarios cubanos y norteamericanos, los cuales son inmediatamente concentrados en campos de entrenamiento militar. Uno de estos campos está situado en la finca Inca de la United Fruit Company, muy cercana a la frontera con Honduras [...] En la finca Helvetia, [...] adquirida recientemente por Roberto Alejo, hermano del embajador de Guatemala en los Estados Unidos [...] están recibiendo entrenamiento especial numerosos exiliados y aventureros de Puerto Rico, bajo el mando de militares norteamericanos. El número total de extranjeros asciende a 185, de los cuales 45 son norteamericanos. En la citada finca, se ha construido una pista de aterrizaje de concreto, con hangares subterráneos y se está construyendo una carretera hacia la costa del Pacífico. Se han instalado, además, aparatos de detención [...] En el aeropuerto de la Aurora se han visto aviones de bombardeo con insignias cubanas. Es rumor público que tienen la doble misión de servir para agredir a Cuba o para simular una agresión cubana contra Guatemala. Este plan fue denunciado, hace pocas semanas, en la propia Guatemala, por adversarios políticos del Gobierno”. (Réplica al delegado de Guatemala, 7 de octubre de 1960, XV Asamblea General de la ONU, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 164-165).

 

No pudo haber lugar a dudas. Los propios medios de prensa norteamericanos y de algunos países de América Latina y el Caribe brindaron abundante información sobre los preparativos de la invasión. El carácter abierto de la agresión formó parte del cinismo y la seguridad por parte de los EE.UU. y sus seguidores de que si se desarrollaba la misma, la Revolución Cubana iba a ser seguramente destruida.

En Cuba, por otra parte, desde el mes de septiembre de 1960 se desplegó la primera fase de la Limpia del Escambray. (2)


Esta operación en la zona central de la Isla, dirigida por el Comandante Manuel “Piti” Fajardo en un primer momento hasta su muerte en noviembre, y luego por el también Comandante Dermidio Escalona, dio lugar a enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior y las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) contra los bandidos al servicio de una potencia extranjera. En realidad, para estar a tono con la verdad histórica, el pueblo uniformado tuvo prácticamente que ir en busca de estos bandidos contrarrevolucionarios y cercarlos, pues los mismos evitaron a toda costa una confrontación frontal con las fuerzas esenciales de la Revolución, porque más bien se dedicaron a la espera de la anunciada invasión y, mientras tanto, llevaron a vías de hecho asesinatos de campesinos, brigadistas alfabetizadores, sabotajes, ataques a granjas y pequeños propietarios, además de practicar la presión, el chantaje y el soborno para buscarse una ínfima base social de apoyo para sus acciones. Dicha operación de limpieza culminó en su primera etapa, en marzo de 1961, en la que miles de combatientes de todas las provincias del país, principalmente de la capital, y colaboradores campesinos y trabajadores de esa región se incorporaron a la lucha para aplastar ese foco contrarrevolucionario. Cerca de 1 200 bandidos fueron liquidados y con ello se logró evitar cualquier posible apoyo interno a la futura invasión mercenaria. (En, Tomo V Historia de la Revolución Cubana, Op. Cit.)

 

La situación en las ciudades era también tensa aunque se mantenía el control por parte de las organizaciones revolucionarias. Sin embargo, las ideas anticomunistas y el comportamiento contrarrevolucionario pronorteamericano encontró en el sector retrógrado de la jerarquía católica a uno de sus más fieles aliados. La lucha de clases engendró una enconada lucha ideológica en el seno de la sociedad entre gran parte de esa dirección eclesiástica (católica, apostólica y romana) (3) y la mayoría del pueblo. Muy enconado fue el enfrentamiento en los centros estudiantiles y, especialmente, en la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva. Esa confrontación, evitada todo el tiempo por la dirección de la Revolución, se situó en uno de los primeros planos políticos en los años 1960 y 1961. A finales de 1960, aconteció el clímax del choque entre ambas posiciones que, aunque pareciera limitado al ámbito filosófico e ideopolítico, escondía intereses económicos, financieros y una pretendida, y auto-estimada además, “influencia social” perdida desde hacia algún tiempo por parte de la iglesia. Sobrestimando su fuerza en los sectores juveniles y estudiantiles, la jerarquía católica en su pastoral titulada “Roma o Moscú”, (María del Pilar Díaz Castañón Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, pp. 289-295), de noviembre de ese año, urgió a los fieles a elegir a favor de la Revolución o contra de ella. Y estos, naturalmente, no eligieron entre una Roma distante y un Moscú también lejano pero cercano en la solidaridad hacia la nación cubana, por lo que optaron con pasión y razón por una Revolución que había ofrecido ya a esas alturas, beneficios inconmensurables a todos los ciudadanos. Pero ese enfrentamiento interno y estimulado desde el exterior fue sobredimensionado en el ámbito regional y Cuba fue acusada en la OEA de violar los derechos humanos acerca de la libertad religiosa.

 

Sin embargo, el hecho más significativo desde el punto de vista internacional de principios de 1961, fue el rompimiento de relaciones diplomáticas y consulares del Gobierno de los Estados Unidos con el Gobierno Revolucionario de Cuba el 3 de enero. (The Department of State Bulletin, Vol. XLIV, No. 1126, Washington, D.C., enero 23 de 1961, pp. 103-104). La nota cubana que reducía el personal norteamericano a 11 diplomáticos -de cerca de 300 que realizaban labores de espionaje- en su embajada en La Habana fue el pretexto para tal acción. La medida fue en respuesta a una acción similar iniciada por EE.UU., (aunque Cuba nunca tuvo cientos de funcionarios en Washington) pero la verdadera causa del fin de las relaciones era que se aproximaba el momento de la acción armada contra la Revolución. Un diario norteamericano conocedor del proceder internacional de esa nación lo reflejó directamente: "De acuerdo con las tradiciones norteamericanas la ruptura de relaciones diplomáticas es un acontecimiento inusitado que se realiza como precursor de hostilidades". (Herald Tribune, 8 de enero de 1961, Miami, Florida, p. 2). Ni siquiera la prensa norteña estuvo en esta ocasión equivocada.

El 3 de febrero de ese año, el Departamento de Defensa de los EE.UU. recibía de la CIA la petición de que evaluara el Plan Trinidad. Ello era una indicación directa del recién elegido Presidente de ese país John F. Kennedy. Posteriormente, ante las diferentes opiniones existentes que analizaron los pro y los contra del plan, se realizaron reuniones en el seno del Departamento de Estado y otras dependencias del gobierno, consultándose a altos funcionarios acerca de la viabilidad de la posible acción armada mercenaria y las posibilidades del éxito. La variedad de documentos, consultados por este autor, permite detenernos en uno de ellos, en que dos dirigentes se contradicen y dicen algunas verdades inusitadas (objetivas, para una autoridad de ese nivel) junto a las consabidas medias mentiras.


Richard Bissell, uno de los directivos de la CIA, opinó que “[...] Por supuesto, Cuba nunca representará una amenaza directa para Estados Unidos y no es probable que Cuba intente también invadir abiertamente a otro país latinoamericano, ya que Estados Unidos podría entrar en el conflicto del lado del país invadido y lo haría casi con total posibilidad. De todas formas, en la medida en que Castro continúe estabilizando su régimen, obtenga armamento más avanzado y entrene más a sus milicias, Cuba constituirá una base eficaz y bien defendida para las operaciones soviéticas y la expansión de la influencia de ésta en el hemisferio occidental. A partir de Cuba se pueden suministrar armas, dinero y apoyo de organización y de otros tipos a los dirigentes y grupos disidentes de toda América Latina para crear inestabilidad política, incitar el comunismo, debilitar el prestigio de los Estados Unidos [...] la llegada de Castro ha ofrecido a los comunistas una base propicia para la propaganda y la agitación en el resto de América Latina y un ejemplo sumamente explotable de conquistas revolucionarias y de enfrentamiento exitoso a Estados Unidos”. En el mismo memorando, Thomas Mann, Secretario Auxiliar del Departamento de Estado, acotaba sin ambages que, ante la agresión, “[...] Habría que esperar que el régimen de Castro inste a los otros estados americanos [...] a que lo ayuden a rechazar el ataque y solicite al Consejo de seguridad [...] que adopte medidas [...] Sería por tanto en extremo difícil lidiar con las maniobras diplomáticas de Castro en este sentido [...] Y lo que es más importante, la mayoría de los pueblos de América Latina estarían en contra de la operación y cabría esperar que los comunistas y castristas organizaran y dirigieran manifestaciones destinadas a provocar el derrocamiento de nuestros gobiernos amigos. En el mejor de los casos, se perjudicaría nuestra postura moral en todo el hemisferio.” (Memorandum para el Presidente de McGeorge Bundy, 18 de febrero de 1961. Biblioteca Kennedy, Memorandum for the President, 18 de Feb. 1961, NSF, Caja 35. En Tomás Diez La Guerra Encubierta contra Cuba. Documentos desclasificados de la CIA, Editora Política, La Habana, 1997, pp. 64-64).

 

El 15 de marzo, luego de variadas discusiones es aprobado definitivamente el Plan Pluto y su variante Zapata, y con ello se le daba luz verde a la invasión militar mercenaria contra Cuba por Playa Girón o Bahía de Cochinos. Las élites de poder norteamericanas decidieron derrotar al Gobierno Revolucionario a través de la vía militar. El nuevo Presidente de los EE.UU. John F. Kennedy que heredaba el plan de invasión de Eisenhower no tuvo la valentía y responsabilidad de voltear la maquinaria bélica enfilada contra Cuba. Aunque dicho proyecto de ataque estaba muy avanzado a finales de 1960, en la propia campaña electoral Kennedy se pronunció por realizar variaciones en su política con respecto a La Habana pero, en realidad, en los últimos días de su labor política para alcanzar el poder, habló de que estaba dando una alta prioridad al asunto de Cuba y de la "exportación de su Revolución" hacia toda América Latina. Así, posterior e inmediatamente a su triunfo John F. Kennedy decidió apostar por la invasión armada mercenaria.

 

Sin embargo, antes del rompimiento de las relaciones, el Comandante en Jefe Fidel Castro había pronunciado un discurso el 2 de enero de 1961, en la Plaza Cívica de La Habana, ante un millón de mujeres y hombres en el cual, junto a la decisión cubana de luchar ante una agresión norteamericana, daba “un margen de duda” acerca de la política del nuevo mandatario estadounidense J. F. Kennedy al expresar que “[...] El peligro que se cierne sobre la patria no acobarda, sino que enardece al pueblo; esperemos confiados cualquier eventualidad; por cruel y traicionero que pueda ser el zarpazo, no nos intimida. Viviremos días de peligro, de verdadero peligro, y la responsabilidad no será solo de esta administración (Eisenhower), sino que será también del Presidente electo de los Estados Unidos, porque si cree que va a descargar la responsabilidad sobre la Administración actual, nosotros denunciamos que cualquier agresión no se llevaría a cabo sin la complicidad de los nuevos gobernantes [...] Nosotros esperamos de la nueva Administración algunas rectificaciones; nosotros sabemos que las circunstancias políticas y del mundo y las circunstancias del cambio que va a tener en los Estados Unidos, obliga a la nueva Administración a una política más sensata y más serena, si no quiere llevar al mundo a una verdadera hecatombe y a un holocausto apocalíptico. El mundo tiene derecho a esperar que haya un mínimo de sensatez en esos hombres, y el mundo tiene derecho a esperar que estos 18 días transcurran sin que la podrida dirigencia de la actual Administración lleve a los Estados Unidos al más criminal, al más vergonzoso, al más cobarde y al más repugnante de sus actos”. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en la Plaza Cívica de La Habana, el 2 de enero de 1961, Periódico Revolución, 3 de septiembre de 1961, pp. 1-4).

 

Por su parte la cancillería cubana, después del rompimiento de relaciones, retomó de nuevo la iniciativa en las Naciones Unidas y denunció en el Consejo de Seguridad, en reiteradas ocasiones, las intenciones agresivas e intervensionistas de los EE.UU. El ministro cubano Raúl Roa lo realizó el día 4 de enero de 1961, aclarando que “[...] Nadie se llame a engaño al respecto. Cuba puede ser invadida por la Infantería de Marina norteamericana y los criminales de guerra cubanos y mercenarios alquilados por la Agencia Central de Inteligencia; pero sépase, también, que su gobierno y su pueblo están decididos a repelerla con todos los recursos a su alcance. Cuba no está sola. Y, si su suelo es hollado, el Gobierno Revolucionario y el pueblo cubano tendrán la ayuda, el apoyo y el respaldo de quienes se han comprometido, espontáneamente, a defender su independencia, autodeterminación, soberanía e integridad territorial [...]”. (Raúl Roa García Fundamentos, cargos y pruebas de la denuncia de Cuba, Consejo de Seguridad de la ONU, enero 4 de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit., pp. 183-187).

 

En otro momento de su intervención el canciller cubano ponía al desnudo las falacias y las presiones de Washington para obligar a tomar parte en la cruzada anticubana a gobiernos del continente al declarar que “[...] La diplomacia norteamericana, empeñosamente dedicada a torcer el camino de la liberación de Cuba, ha logrado ya que gobiernos títeres le hagan el juego, abiertamente, a sus turbios planes. La Guatemala de Idígoras, el Paraguay de Stroessner, la Nicaragua de los hermanos Somoza, la República Dominicana de Trujillo y el Perú de Prado y Beltrán, han obedecido sumisamente, las órdenes bruscas emanadas de la ciudad del Potomac [...]” Y refiriéndose al porqué Cuba resistía aclaró que “[...] debe su sobrevivencia, en esta coyuntura trascendental de su historia, en primer término a la determinación inquebrantable del Gobierno Revolucionario y al coraje prodigioso de su pueblo, y en segundo término, a los países y pueblos que acudieron en su ayuda sin imponerle sometimiento ni compromisos políticos. Cuba pudo salvarse de la catástrofe económica a que la condenó el Gobierno de los Estados Unidos y la Revolución proseguir su marcha, debido, en apreciable medida a la cooperación económica, comercial y técnica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la República Popular China, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, la República Árabe Unida, Japón y Canadá, y como estímulo, contó y cuenta con la solidaridad y el apoyo de todos los pueblos de América Latina, África y Asia. Repito: Cuba no está sola. Y, asimismo, repito: Cuba peleará hasta vencer o morir, y peleará acompañada. No quisiéramos provocar el suicidio de la humanidad; pero, de estallar una conflagración atómica como consecuencia de su intervención militar en Cuba, la responsabilidad caerá, por entero, en el Gobierno imperialista y reaccionario del general Eisenhower”.

 

El propio presidente norteamericano J. F. Kennedy, en su primera intervención oficial como mandatario, expuso que se hacía necesario comenzar de nuevo, recordando a ambas partes que la civilidad no es un signo de debilidad y la sinceridad tiene que estar sujeta siempre a prueba, y que la negociación no se debía realizar por temor pero que no había que temer negociar. Aunque advirtió, en ese mismo discurso del 20 de enero, que "[...] todos nuestros vecinos sepan que estaremos con ellos para oponernos a la agresión y a la subversión en cualquier parte de América y que todas las potencias sepan que este Hemisferio tiene toda intención de seguir siendo el amo en su propia casa." (The Kennedy Presidential Press Conferences, Library of Congress Cataloguing Publication Data, Earl M. Coleman Enterprises, Inc, Publishers, New York, 1978, p. VI). Pero en su Informe ante el Congreso de los EE.UU., retomó la idea de no resolver las diferencias con Cuba mediante negociaciones bilaterales ya que era imposible y afirmó que no negociaría "la dominación comunista" en el Hemisferio, comprometiéndose a trabajar con los demás gobiernos para librar a América de esa expansión extranjera que había establecido una base en Cuba. Del discurso retórico, Kennedy regresó al lenguaje más agresivo.

Los acontecimientos que propiciarían la invasión a Cuba se precipitaron. En los sondeos realizados en la OEA, el Gobierno de los EE.UU. pudo comprobar que no reunía aún los tres cuartos de gobiernos-votos para separar a Cuba de ese organismo. Por otra parte, como ya explicamos, la contrarrevolución interna recibió duros golpes en los tres primeros meses de 1961 por parte del pueblo uniformado. Y un tercer elemento fue que los preparativos estaban tan avanzados y tan escandalosamente conocidos, que la propia prensa norteamericana y de Centroamérica se encargaron de divulgarlo sin ningún recato. El 3 de abril se publicó, por el Departamento de Estado, el llamado “Libro Blanco” en el cual se repitieron las ya viejas tesis que Cuba planteaba un reto muy serio al Hemisferio Occidental y que la Revolución Cubana había sido traicionada. (4) El 11 de ese propio mes Cuba era acusada por Guatemala de preparar un complot para derrocar al gobierno de ese país y que por ese motivo se preparaban en los campamentos militares fuerzas del ejército -los mercenarios cubanos con asesoría yanqui- para repeler la invasión cubana. Finalmente, el día 12 de abril, el Presidente John F. Kennedy, en conferencia de prensa, aseguró que bajo ninguna circunstancia habría una intervención en Cuba por fuerzas de los Estados Unidos y que ningún norteamericano estaría involucrado en acciones dentro de la Isla. La campaña de desinformación parecía llegar a su fin.

 

El colofón de las mentiras del gobierno norteamericano sucedió, finalmente, el día 15 de abril de 1961, cuando aviones B-26, de fabricación norteamericana, provenientes de ese país y de naciones centroamericanas, bombardearon simultáneamente las bases aéreas de San Antonio de los Baños, de Ciudad Libertad en La Habana y la de Santiago de Cuba, en Oriente y el embajador estadounidense en la ONU aseveró que eran aeronaves de la propia Fuerza Aérea Revolucionaria. Fue el preludio de la invasión militar mercenaria apoyada por buques de la armada estadounidense.

La batalla política-diplomática de Girón.

El propio 15 de abril el jefe de la diplomacia cubana solicitó la palabra en la Asamblea General de la ONU, no por ser de orden formal, sino de orden vital para ese organismo encargado de conocer todas las cuestiones que afectan a la paz y la seguridad internacionales y acusó, "[...] ante el más alto foro de las Naciones Unidas y la opinión pública mundial, al Gobierno imperialista de los Estados Unidos de ser el máximo responsable de ese brutal atentado a la integridad territorial, independencia y soberanía de Cuba, que pone en gravísimo riesgo la paz y la seguridad internacionales [...]" (Raúl Roa Cuba acusa, Asamblea General, abril 15 de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit. P. 205).

 

Horas más tarde, el Canciller cubano lanzaba un inolvidable discurso en la Sesión de Emergencia de la Comisión Política y de Seguridad de la ONU, en el que iniciaba su acusación formulando lo violado por los EE.UU., en la Carta de la organización mundial, y que este país continuaba una Guerra No Declarada que hacía más de un año le estaba haciendo a Cuba, añadiendo a continuación que "[...] Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y financiada por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras satélites del hemisferio occidental y el concurso de cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia." Y culminó su intervención con la rotunda afirmación de que "[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba acusa solemnemente al Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica [...] de haber recurrido al uso de la fuerza para dirimir sus diferencias con un Estado Miembro de la Organización."

 

En una controversia política y diplomática con el representante de EE.UU. en las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, Roa le refutó las mentiras de que los aviones eran de la “Fuerza Aérea Cubana” piloteados por miembros disidentes de la misma, señalando que en anteriores sesiones de la ONU, Cuba había advertido que en los aeropuertos militares de Guatemala, los aviones B-26 tenían los emblemas de las FAR e incluso la bandera cubana en el fuselaje, por lo que todo era un trucaje para engañar a los combatientes cubanos, a las Naciones Unidas y a la opinión pública internacional. Y al replicarle acerca de las declaraciones de John F. Kennedy de que los EE.UU. no intervendrían en Cuba expresó que "[...] de más está decir que no ofrece garantías de ninguna clase. Esas declaraciones la formulan usualmente los altos dirigentes de las potencias imperialistas y colonialistas, y en este caso sólo constituyen una cortina de humo tendida sobre la operación intervencionista que el Gobierno norteamericano está efectuando, en estos momentos, en la República de Cuba”. Tiempo después se conoció que el embajador norteamericano no conocía realmente el grado de involucramiento directo de su gobierno en los planes de invasión militar contra Cuba, elemento político que afectó su carrera hacia la presidencia de los EE.UU.

 

En otra parte de su intervención el canciller cubano arremetió contra las palabras afirmativas del representante de los EE.UU. acerca de que en la Isla existía una dictadura y un régimen autoritario: "[...] El señor Stevenson se ha permitido calificar de "tiránico" al Gobierno de Cuba, a sabiendas de que falsea los hechos. Permítaseme que yo, ajustándome a los hechos, califique al Gobierno de los Estados Unidos de régimen totalitario, angélicamente disfrazado de "democracia representativa".

Mientras en la Isla, la respuesta de la Revolución Cubana no pudo ser más digna y viril. Los aviones agresores fueron inmediatamente repelidos por los jóvenes artilleros antiaéreos que se llenaron de gloria en su bautismo de fuego. Siete cubanos habían caído producto de la cobarde y traicionera acción enemiga, y el 16 de abril en el sepelio de los mártires, el Comandante en Jefe Fidel Castro, proclamó ante una manifestación de habaneros armados, representativos de todos los patriotas de la nación, la decisión cubana de defender la patria, porque "[...] lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba [...] Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos! [...] ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con esos fusiles! ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! [...] Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria, ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes? (Gritos de, Sí)". (Fidel Castro Ruz Discurso en el sepelio de las víctimas del bombardeo del 15 de abril de 1961, 16 de abril de 1961. En, Discursos. Fidel Castro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, pp. 32-33).

 

Y entonces el pueblo cubano, involucrado en la vorágine subversiva de dos años y medio de duras y dinámicas transformaciones revolucionarias y en la que fue el principal protagonista de esa hechura revolucionaria, se percata de su alta conciencia política y asimila el socialismo como un hecho normal que, sin embargo, había rechazado anteriormente por viejos prejuicios, pero que lo ha ido construyendo en la práctica cotidiana y trascendente. Es el momento de las definiciones y el héroe indiscutible es ese pueblo que trascendió lo común y se alzó con la suficiente estatura política para preparase a derrotar la invasión mercenaria y extranjera.

 

La batalla político-diplomática en la ONU se convertiría, ahora con una Cuba socialista, en un punto crucial de apoyo y definiciones desde el ángulo regional y mundial. Aunque tuvieron que transcurrir dos días para que se demostraran las acusaciones y las verdades de Cuba, el mundo ya estaba avisado de lo que sucedía en el Caribe. Otra vez la diplomacia revolucionaria y popular cubana tomó la iniciativa y acusó al imperialismo yanqui no solo de desarrollar planes agresivos contra la Isla sino de llevar a vías de hecho una invasión militar real contra la misma. El 17 de abril se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón (en realidad se desembarcó por ese lugar, aunque además por Playa Larga y se produjo un lanzamiento de paracaidistas en la zona de San Blas y Tapaste). Mientras que en Cuba se combatía en sus arenas, en New York, sede de la ONU, la batalla se reanudó por la diplomacia cubana con el mismo ímpetu con que los milicianos se enfrentaban a los mercenarios. Dos escenarios, pero la misma lucha.

 

Ese mismo día, el Canciller cubano puso al descubierto la invasión mercenaria y presentó un largo y sustancioso alegato de defensa y al mismo tiempo acusatorio, con pruebas tangibles de las agresiones norteamericanas contra la Isla que corroboraba lo necesario y real de las peticiones cubanas en la ONU y en la OEA para evitar que el poderoso "vecino del norte" se envalentonara aún más en sus acciones hostiles e incrementara su agresividad, que ya era un hecho evidente. El canciller de la dignidad, Raúl Roa expresó indignado que "[...] En ningún caso, huelga decirlo, Cuba obtuvo garantía ni justicia de los organismos internacionales en su heroica batalla contra el imperialismo norteamericano [...] Pero, en todos los casos, [...] la diminuta y erguida patria de Martí [...] obtuvo el respaldo de la opinión pública mundial, la solidaridad de los pueblos subdesarrollados de América Latina, África y Asia, el voto de los gobiernos amantes de la paz y el apoyo de los países que luchan contra todas las formas imperialistas y coloniales de dominio económico, político, racial y cultural”. (Raúl Roa David y Goliat, Intervención en la Comisión Política y de Seguridad de la ONU, 17 de abril de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit. 209-232.

 

Paralelamente expuso todo un arsenal de pruebas acerca de la participación norteamericana en la invasión, explicando que “[...] el Presidente Kennedy dijo que evitaría la presencia de ciudadanos norteamericanos en cualquier acción; pero no negó que ayudaría, como es notorio que lo ha estado haciendo, a los contrarrevolucionarios. Ni tampoco negó que ayudaría a las invasiones indirectas o desde territorio extranjero”. Y ante una nota recién entregada en las Naciones Unidas en la cual el Secretario de Estado Dean Rusk, admitía que los Estados Unidos no ha tenido participación alguna en la invasión mercenaria de Cuba; pero que el pueblo norteamericano estaba con los contrarrevolucionarios, afirmó irónicamente que "[...] Si el pueblo de los Estados Unidos está con los contrarrevolucionarios, habrá que enterrar, por segunda vez, a Jefferson, a Hamilton y a Lincoln".

En la defensa de la Revolución Cubana, el Ministro de Relaciones Exteriores acusó al Gobierno de Estados Unidos de haber desatado contra Cuba una guerra de invasión para apoderarse de sus recursos, tierras, fábricas y transportes y retrotraerla a su oprobiosa condición de satélite del imperialismo norteamericano, de delito internacional de agresión, y demandó de las Naciones Unidas la adopción de rápidas, eficaces y enérgicas medidas para evitar que se consumen los planes de agresión y actos de intervención que denuncia. Y culminaba con gran emoción su alocución con la confirmación de que "[...] Un clamor unánime estremece hoy a toda Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia, África y Europa. Mi pequeña y heroica patria está reiterando la clásica pugna entre David y Goliat. Soldado de esa noble causa en el frente de las relaciones internacionales, permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!".

 

El terreno de las discusiones entre las delegaciones de Cuba y los EE.UU. tomó el camino de la confrontación ideológica al intervenir Adlai Stevenson y repetir una y otra vez las acusaciones de que "la Revolución Cubana había sido traicionada", al permitir que el comunismo internacional la convirtiera en una base contra los países del hemisferio. Incluso, llegó al extremo de plantear que Roa no había reconocido el papel de Estados Unidos en la independencia de Cuba en su lucha contra España, a fines del siglo XIX. Los debates se trasladaron también al campo histórico y político. El canciller cubano, intelectualmente muy superior al embajador norteamericano, y políticamente mucho más, lo atacó con vehemencia y sin compasión al decir que “[...] el representante de los Estados Unidos opina y dictamina sobre los sentimientos y las aspiraciones del pueblo de Cuba con la suficiencia y seguridad de quien no sólo conoce a fondo sus problemas, sino de quien hubiese penetrado en la intimidad de su conciencia; pero el señor Stevenson opina y dictamina sobre lo que ignora". (Raúl Roa Réplica al delegado yanqui, Comisión Política y de Seguridad, abril 17 de 1961, Idem., p. 237). Y añadió que la Revolución cometió el crimen de "cubanizar" a Cuba y que el conflicto no era entre el pueblo y gobierno cubano con el pueblo norteamericano, y tampoco un conflicto con el hemisferio, sino una confrontación del pueblo de Cuba con los intereses norteamericanos, aclarando que "[...] En Cuba la palabra miedo no existe. Y sepa también, de una vez por todas, que la delegación de Cuba no ha venido a pedir protección ni ayuda de las Naciones Unidas para repeler a los agresores, que están siendo ya batidos por aire, tierra y mar [...] el señor Stevenson se ha ido cínicamente por peteneras y no ha respondido a uno solo de los cargos".

 

Al tercer día de invasión, la representación cubana en la ONU presentó pruebas contundentes de la participación de pilotos norteamericanos en la zona de combate, gracias a que algunos de los aviones B-26 habían sido derribados por las defensas antiaéreas cubanas. El nombre del piloto que no hacía dudar sobre la presencia de ciudadanos norteamericanos en la agresión fue el de Leo Francis Berliss. Era el tripulante de uno de los cuatro aviones derribados en la mañana del 19 de abril, que ya alcanzaba la cifra de nueve aparatos abatidos desde que empezó la invasión. Y Roa culminaba su exposición con una de sus grandes humoradas y sátiras "[...] Naturalmente -y es el único comentario que voy a hacer al respecto- estos aviones vinieron de la Luna." (Raúl Roa Comunicado oficial, Intervención en la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas,19 de abril de 1961, Idem., p. 246).

 

No podía descansarse en la denuncia. La idea del gobierno norteamericano era la de crear una "cabeza de playa" en territorio nacional, en caso de no triunfar rápidamente la invasión, y desde ese momento comenzar una guerra de desgaste contra la Revolución para propiciar el respaldo regional y mundial de los gobiernos al fantoche "gobierno provisional" que intentaban enviar a Cuba, de consolidarse los mercenarios en ese pedazo de tierra cubana ocupado. No podía legitimarse internacionalmente una agresión extranjera (arropada con cubanos traidores) y una "representación gubernamental" de la contrarrevolución en la Isla, por lo que la lucha por la victoria, dirigida personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro, tenía que ser relampagueante.

 

El día 20 de abril, la situación política-militar en Cuba cambió radicalmente y ello significó un enorme acicate para la representación diplomática cubana. De la defensa por una patria que había sido hollada por fuerzas invasoras ésta tuvo la gran oportunidad de pasar a mostrar una victoria total en el plano diplomático gracias a la derrota militar de la invasión. En un repaso de las largas listas de intervenciones orales extranjeras, la mayoría mostrando la inquietud por lo que pasaba en Cuba, Roa hace alusión a otras peroratas pronunciadas por los distintos representantes de algunos países que, a su decir "son nubes de palabras tras nube de palabra (sic), campana neumática vacía de conceptos". Y llamó la atención sobre el proyecto presentado por Venezuela y respaldado sospechosamente por un grupo numeroso de gobiernos latinoamericanos (Argentina, Guatemala, El Salvador, entre otros) y los propios Estados Unidos -se refiere al Proyecto de Resolución contenido en el documento A/C.1/L. 267, al cual se sumaron los aliados de la OTAN, la CENTO y la SEATO. Documentos del Consejo de Seguridad de la ONU, 1961, New York, ONU-, en que se regresó a la idea de que el conflicto entre EE.UU. y Cuba debía discutirse y dirimirse en el marco hemisférico, o sea en la OEA. Tal proyecto era incongruente tras el discurso de J. F. Kennedy, ese propio día en que señalaba que si las naciones latinoamericanas no tomaban una acción obligatoria contra la agresión comunista del exterior, su país no vacilaría en adoptar resoluciones unilaterales en "defensa de la seguridad de la nación". Y frente a estas y las viejas acusaciones de que el conflicto era entre cubanos, Roa recordó cómo se barrió con más de 1 400 mercenarios por parte de la mayoría aplastante del pueblo uniformado y que tanto la OEA como la ONU, eran los escenarios legítimos para que Cuba expusiera su posición firme e independiente. Y que, al contrario de ese proyecto, Cuba aprobaría el presentado por México en el que se llamaba al respeto de la autodeterminación de los pueblos y a la no injerencia e intervención en los asuntos internos de otros estados.

 

Raúl Roa leyó entonces emocionado el comunicado final de la victoria de Girón en el seno de la ONU. Y como hijo de su pueblo expresó que "[...] yo, como cubano y como representante en las Naciones Unidas del Gobierno Revolucionario y del pueblo de Cuba, quiero rendirles fervoroso tributo a los hombres y mujeres de mi patria que, a pie firme y unidos en compacto haz, han destrozado la fuerza mercenaria de invasión, organizada, financiada y equipada por el Gobierno de los Estados Unidos". (Raúl Roa Derrota Aplastante, Comisión Política y de Seguridad, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit., p. 251).

 

La voz exterior de la Revolución Cubana, con infinita modestia y sinceridad, agradecía a los que en el principal escenario militar y político, habían decidido la victoria. Era el apotegma de una política internacional que siempre respondió, y responde, en consonancia y armonía con el discurso y sentir, razones y emociones combinadas del pueblo y que no ocultaba su misión de representarla dignamente en cualquier tribuna regional y mundial.

 

La tragedia de los gobernantes de los EE.UU. era total, como absoluto fue el descalabro de la intervención bélica y grande era la desesperación y la frustración de Adlai Stevenson que se vio inmerso en un rotundo ridículo internacional. Si los mercenarios hechos prisioneros en Cuba declararon que habían sido "embarcados", el embajador norteamericano pudo muy bien repetir lo mismo. Los Estados Unidos habían sido derrotados y desenmascarados. La llegada en tiempo, desde marzo y todo el segundo semestre de 1960, del armamento soviético, chino y del resto del campo socialista (checoslovacos entre otros) y su rápida asimilación por los miembros de las FAR -muchos de ellos estudiantes universitarios que entraron en el ejército de forma voluntaria-, los milicianos, los policías y otras fuerzas revolucionarias corroboró que la ayuda militar solidaria de las naciones socialistas eran suficientes para un pueblo patriótico y aguerrido en su afán de derrotar una invasión militar mercenaria entrenada, asesorada y armada por una potencia extranjera poderosa. No hubo tiempo para que desembarcaran y se establecieran los famosos integrantes del gabinete del exilio (5) que luego recibirían el apoyo de los EE.UU. y los gobiernos lacayos latinoamericanos de la OEA. Para los invasores no hubo un momento de respiro. Desde su primer intento de poner pie en tierras cubanas se les respondió con un enorme caudal de fuego y coraje. La pequeña guarnición de milicianos ubicada en Playa Girón ante la andanada de morteros y cañonazos fue invitada a rendirse, y ante el asombro de la Brigada 2506, esta menuda tropa respondió bravamente con un Patria o Muerte definitorio. Los batallones de milicianos, la Escuela de Matanzas y las unidades de las FAR, el MININT, la Policía Nacional Revolucionaria, los pilotos cubanos con pocos y maltrechos aviones, habían realizado una gran proeza: en menos de 72 horas (se calcula que fue en 64) habían destrozado los planes norteamericanos y mojaban sus botas y las esteras de los tanques en las costas de Girón y Playa Larga.

 

En la arena internacional, los gobernantes de Washington no pudieron ni siquiera pasar por verdad lo que era una burda mentira y no recibieron apoyo alguno de sus aliados. Fue tal el desastre que las querellas al interior del gobierno estadounidense fueron en aumento en los días siguientes, hasta que el propio Presidente J. F. Kennedy, el 24 de abril, se hizo responsable de la invasión y sus consecuencias. Surgió entonces la famosa frase kennedyana de que "la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana".

La hazaña que el pueblo cubano había desarrollado en menos de tres años de enfrentamientos diversos contra el imperialismo y la contrarrevolución, se convirtió en una nueva experiencia y leyenda internacional para los pueblos del Tercer Mundo. Cuba, Primer Territorio Libre de América -recordar que el 22 de diciembre de ese año se culminó la Campaña de Alfabetización- fue también, el 19 de abril de 1961, el lugar o país donde se produjo La Primera Gran Derrota Militar-Política del Imperialismo Yanqui en América. El paradigma revolucionario cubano creció con la batalla exitosa de Girón. Para decirlo en el argot popular del momento: "Norteamérica (EE.UU.) llegó a Cuba… y quedó" y a partir de entonces, el proceso revolucionario se consolidó y los pueblos de América Latina fueron más libres. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girón y de la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución, en Revista Cuba Socialista, No. 6, Segunda Etapa, septiembre- octubre de 1986, p. 12).

 

La repercusión regional e internacional de la batalla y la victoria de Playa Girón.

 

Inmediatamente que se conoció del ataque a Cuba, la voz solidaria e internacionalista de los pueblos de América Latina hacia el proceso revolucionario se hizo patente. Numerosos políticos, intelectuales y diversos sectores populares iniciaron fuertes movimientos de protesta y, en la medida que los días pasaron, comenzaron a estructurarse brigadas de voluntarios para venir a la Isla a combatir junto al pueblo cubano.

 

Un lugar destacado que siempre habrá que mencionar y recordar será el del ex -presidente mexicano, General Lázaro Cárdenas, (6) quien en un acto sin paralelo solicitó incorporarse a las milicias cubanas, hecho que solo le fue imposibilitado por el gobierno de su país que le negó la visa al conocer su deseo. Por otra parte el Presidente de México, Adolfo Pérez Mateos, ratificó la política de su gobierno de no intervención y el derecho de autodeterminación de los pueblos. En ese hermano país, el día 18 de abril, más de mil voluntarios se inscribieron formalmente para combatir la agresión y alrededor de medio millón de ciudadanos, estuvieron presentes en las numerosas manifestaciones de apoyo a Cuba en las distintas ciudades y pueblos.

Otro tanto sucedió en Brasil, donde el Presidente de ese país Janio Quadros, expresó su "[...] preocupación por los sucesos que se desarrollaban en la Isla con motivo de la invasión mercenaria salida de Guatemala y Estados Unidos" y demandó respeto a la soberanía y el derecho de autodeterminación de las nacionales y los pueblos. Las consignas de "Cuba sí, Yanquis no", "No sólo es Cuba la que está en juego, sino toda América Latina" y "Vamos a la calle a defender a Cuba y a su bravo pueblo" recorrieron las calles de Río de Janeiro, Sao Paulo, Porto Alegre y otras importantes ciudades y municipalidades. Dirigentes de la talla de Luis Carlos Prestes (Secretario General del Partido Comunista del Brasil) pronunciaron encendidos discursos condenando la agresión y afirmando que la lucha del pueblo cubano es invencible.

 

En Chile, la Central Única de Trabajadores Chilenos decretó el día 19 de abril una huelga general nacional en apoyo a la Revolución Cubana. Fuertes choques entre la policía y los manifestantes se sucedieron en Santiago de Chile y otras ciudades ante atentados dinamiteros y apedreamiento de empresas y algunos almacenes de propiedad norteamericana. Quinientos mineros de una localidad cercana a la capital de la república se inscribieron como voluntarios para defender a la Revolución Cubana con las armas en la mano. Salvador Allende, senador y Presidente del Frente de Acción Popular (FRAP), declaró que "[...] Cuba es el símbolo de la lucha de nuestros pueblos a lo largo de toda nuestra historia [...]", y más tarde al conocer la victoria revolucionaria cubana expresó también que "[...] El caso de Cuba no es el de Guatemala y los agresores han tenido que reconocer su total derrota ante la respuesta del pueblo cubano. Seguiremos en pie de lucha, y en pie de guerra golpearemos al imperialismo en todos los países latinoamericanos".

 

El movimiento general de los pueblos (7) fue de tal envergadura, gracias a la rápida victoria cubana, que a los gobiernos latinoamericanos les fue imposible tomar medidas de apoyo logístico a la invasión. La celeridad de los acontecimientos y el apoyo popular a la causa cubana y de rechazo a los EE.UU. fueron tan fuertes que solamente esos regímenes pudieron proponer tres documentos en el ámbito regional; el primero, preocupándose por la detención de un corresponsal de la United Press International, que ya había sido liberado cuando surge esa proposición; el segundo, el ya mencionado proyecto en la ONU que reiteraba que el diferendo entre Cuba y EE.UU. debía discutirse en la OEA y no en las Naciones Unidas; y el tercero, el mensaje del Secretario General y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la propia OEA, en que se llamaba a Cuba a respetar los derechos humanos de los mercenarios detenidos.

 

En otras latitudes la respuesta popular -acorde a la información que tuvieran los pueblos- fue también de respaldo irrestricto al pueblo cubano, incluso en los propios EE.UU. Los países socialistas y la Unión Soviética hicieron llegar un mensaje a través de la agencia de prensa TASS, el 18 de abril, que expresó "[...] La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y otras naciones socialistas, es decir, todas las naciones amantes de la paz, que son sus más decididos amigos están listas a dar al pueblo cubano su ayuda y apoyo" y terminaba diciendo: "No toquen a Cuba -esta es la exigencia de toda la gente honrada". La propia URSS emitía un comunicado oficial ese propio día exponiendo que "[...] El Gobierno Soviético se reserva el derecho, si no cesa la injerencia armada en los asuntos del pueblo cubano, de tomar en unión de otros países, todas las medidas necesarias para prestar la indispensable ayuda a la República de Cuba". (Comunicado Oficial del Gobierno Soviético, 18 de abril de 1961, en Historia de una Agresión. El juicio a los mercenarios de Playa Girón, Ediciones Venceremos, La Habana, 1962. p. 486). Y el Primer Ministro Nikita Jruschov, en carta al presidente J. F. Kennedy le advirtió que "[...] En cuanto se refiere a la Unión Soviética, no debe haber confusión respecto a nuestra posición: prestaremos al pueblo cubano y a su Gobierno toda la ayuda necesaria para rechazar la agresión armada a Cuba. Estamos sinceramente interesados en el debilitamiento de la tensión internacional, pero si otros van a empeorarla, les responderemos en plena medida". (Mensaje enviado por el Primer Ministro de la Unión Soviética Nikita Jruschov, al Presidente John F. Kennedy, el 18 de abril de 1961, Idem., p. 488).

 

Luego de la victoria revolucionaria cubana los gestos de amistad y solidaridad para con Cuba se multiplicaron, así como el prestigio y la fuerza internacional de la Revolución. La Isla de la Libertad (así la habían denominado los soviéticos) había demostrado no solamente que podía construir una nueva sociedad socialista a 90 millas del imperialismo norteamericano, sino que era capaz de derrotar una agresión mercenaria armada, organizada y financiada, además de ser apoyada directamente, por el gobierno estadounidense. El mito del fatalismo geográfico recibió otra gran conmoción.

La opción del ataque militar con mercenarios, versión modernizada del caso guatemalteco (1954), no había surtido efecto en la Cuba de 1961. Las enseñanzas podían extraerse sin necesidad de una gran información. No pudieron existir equívocos al respecto. A pesar de que los propios gobernantes de Washington se dedicaron a propagar las ideas de que el lugar escogido (la Ciénaga de Zapata) no fue el adecuado; que la CIA había ofrecido falsas informaciones sobre la realidad interna en la Isla; que no se apoyó a la fuerza mercenaria con la intervención directa del Ejército de EE.UU.; que los invasores no estaban debidamente preparados (desde el punto del armamento y el entrenamiento) y otros tantos y variados análisis "justificativos", la verdad era una e irrefutable: el pueblo cubano unido, organizado y armado, con una gran moral política-combativa, bien dirigido y consciente de la justeza y fortaleza de la Revolución, que él mismo estaba desarrollando, fue el artífice real de la victoria. (8)

 

En el plano interamericano e internacional, la doble moral del gobierno de los EE.UU. quedó al desnudo. La diplomacia cubana logró un debate mundial, de alrededor de diez días, sobre esta agresión y la denunció demostrando con la verdad a toda prueba, la realidad de lo que aconteció: el imperialismo norteamericano en contubernio con los gobiernos más reaccionarios del hemisferio occidental la agredió impunemente en flagrante violación del derecho interamericano e internacional. El gesto "honesto y valiente" del presidente J. F. Kennedy al responsabilizarse totalmente con la invasión y sus resultados fueron una consecuencia del desenmascaramiento de los planes y acciones de su país en la arena internacional y del aplastamiento de la agresión militar en suelo cubano.

El lacayismo pronorteamericano de la mayoría de las autoridades gubernamentales y de los representantes de la derecha en América Latina y el Caribe fue evidente. Las aisladas y escasas denuncias al acto de agresión, injerencia e intromisión de los EE.UU. en los asuntos internos de un Estado americano fueron la "última señal" de que la OEA no era el foro adecuado para Cuba y cualquier otro país del subcontinente para ventilar adecuadamente la confrontación, diferendo y conflicto con los EE.UU. La potencia norteña desempeñó otra vez el maltrecho papel de juez y parte y además, representó el mayor peligro para la seguridad y la paz hemisférica. Como contraparte, el antiimperialismo cobró un nuevo impulso en todas las fuerzas de izquierda, de diferente signo, en la región y en el Tercer Mundo. Simultáneamente, la contrarrevolución continental había unido, otra vez, sus fuerzas.

Para Cuba, a pesar de la victoria, se visualizaban nuevas amenazas y peligros. De las lecciones de Girón podía el gobierno estadounidense extraer dos enseñanzas contradictorias: primero, cesar en sus intentos de agredir a la Revolución Cubana a través de la vía militar; y segundo, ampliar sus esfuerzos por derrotarla con la invasión militar directa de sus fueras armadas. La soberbia y prepotencia de los EE.UU. escogerían la segunda opción y a la Revolución Cubana no le quedó más alternativa que la continuación e intensificación de su preparación, en todos los terrenos, para enfrentarla y derrotarla. La futura crisis de los mísiles de octubre de 1962, se avizoraba en el horizonte. (9)

 

En el ámbito de la proyección internacional serían los momentos de fortalecer sus vínculos con la URSS, el campo socialista este-europeo, la China Popular, de ampliar sus relaciones con todos los países del Tercer Mundo y consolidar y profundizar sus relaciones con las tradicionales y nuevas izquierdas del subcontinente.

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Para profundizar en el tema de Girón y la lucha contra bandidos debe consultarse el Tomo V de Historia de la Revolución Cubana, elaborado por un colectivo de autores bajo la coordinación del Instituto de Historia de Cuba. Inédito.

(2) La zona montañosa del Escambray, en el centro de Cuba, fue el escenario predilecto para que el imperialismo norteamericano organizara, preparara, financiara y brindara apoyo logístico de todo tipo a las bandas contrarrevolucionarias que también se expandieron a casi todo el país, incluida en la provincia Habana. El Escambray fue el lugar donde operó el Segundo Frente Nacional del Escambray quienes cometieron fechorías e injusticias entre los campesinos y otros pobladores que allí habitaban, además algunos de los representantes de la Revolución aplicación con insuficiencias la primera Reforma Agraria y fueron erráticos en llevar adelante las transformaciones revolucionarias de una forma casuística; todo ello unido al mal trabajo político e ideológico entre las masas del territorio y a las condiciones geográficas de aislamiento y difícil acceso hizo que la CIA seleccionara esta región como su zona de operaciones más adecuada para llevar a cabo una especie de guerra irregular sucia contra la Revolución Cubana. Esta guerra civil contra la contrarrevolución interna persistió hasta 1966, aunque después de ese año reaparecieron brotes esporádicos de bandas de alzados.

(3) Un buen grupo de los sacerdotes en la Isla era de nacionalidad española y además con concepciones muy reaccionarias en el propio seno de la iglesia. Muchos de ellos eran propietarios de bienes raíces, escuelas y otras propiedades, aunque también eran depositarios de beneficios de los círculos burgueses cubanos.

(4) Lo redactó el asesor presidencial e historiador Arthur M. Schlesinger. En el Libro Blanco se podía leer: "Los Estados Unidos y las naciones del hemisferio expresan una profunda determinación de asegurar futuros gobiernos democráticos en Cuba y total y positivo respaldo en sus esfuerzos de ayudar al pueblo cubano a lograr la libertad, la democracia y la justicia social [...] Pedimos nuevamente al régimen de Castro que rompa sus vínculos con el comunismo internacional". En, Libro Blanco, Departamento de Estado, EE.UU., Centro de Documentación del MINREX, p. 34.

(5) Este triste y famoso gobierno tenía el eufemístico nombre de "Consejo Revolucionario Cubano" y a su cabeza estaba el traidor José Miró Cardona.

(6) Lázaro Cárdenas declaró al conocerse la agresión el propio día 17 de abril: " [...] todos los países exigirán rendición de cuentas a los responsables de este gran crimen: una agresión contra un país pequeño por otro de poderosos y fuertes recursos." En, Historia de una agresión, Ediciones Venceremos, La Habana, 1962, p. 438.

(7) Hubo también múltiples manifestaciones en Argentina, Uruguay, Bolivia (300 voluntarios para ir hacía Cuba), Colombia (centenares de jóvenes estuvieron dispuestos a combatir junto a los cubanos), Venezuela, Perú, Ecuador, Uruguay (10 mil uruguayos dispuestos a marchar hacia Cuba), Guatemala, Costa Rica, Panamá, etc.

(8) No pueden ni deben obviarse que la supuesta sorpresa no pudo destruir la aviación de combate cubana debido a la dispersión de los aparatos y tampoco que las primeras armas recibidas de la URSS, China, Checoslovaquia y otros países socialistas fueron asimiladas rápidamente por los jóvenes combatientes cubanos que la usaron eficientemente contra los invasores.

(9) Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado el 19 de abril de 1962, en el primer aniversario de la victoria del pueblo de Cuba en Playa Girón, aplastando la invasión mercenaria lanzada por los imperialistas yanquis, en Historia de una Agresión, Op. Cit., pp. 9-39.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

09/01/2009 GMT 1

Julio Antonio Mella en los corazones de Nuestra América.

polillabaez @ 00:38

A 80 años de su vil asesinato en México.

Por Orlando Cruz Capote

Cada cierto tiempo la figura atlética de Julio Antonio Mella regresa a todos los cubanos y latinoamericano-caribeños. Sus fotos inmortales, tomadas muy artísticamente por su enamorada Tina Modotti, nos muestran su carisma y personalidad viril. Pero si hurgamos en su historia revolucionaria, martiana y marxista-leninista reafirmaremos que este hombre constituye, sin lugar a dudas, uno de los pilares de la nación cubana y que su pensamiento y acción se inscriben con letra de oro en las mejores tradiciones históricas de la Isla y de Nuestra América. En el “re-despertar de la conciencia nacional” o la “década crítica” de los años de la tercera década del siglo XX, Mella es uno de los imprescindibles. Luego de la gran frustración de la República martiana, truncada y segada por la intervención y ocupación militar norteamericana de 1898 a 1902, hecho que se repetiría entre 1906 hasta 1909, Julio Antonio Mella significó la necesaria articulación entre la vieja generación mambisa y clasista-revolucionaria y la savia juvenil de la gran hornada que irrumpe y retoma las banderas de la lucha y les reimprime un nuevo accionar e ideario, muy acorde con la nueva situación histórica-concreta. Pero esa ruptura es continuidad, y por lo tanto, una superación dialéctica trascendental. Por eso se encuentra junto con Carlos Baliño, fundador del Partido Revolucionario Cubano de José Martí (1892), otros líderes y simples obreros en la creación del primer Partido Comunista de Cuba en agosto de 1925.

Pero su obra transformadora -teórica y práctica- no había comenzado en ese instante. Ya estuvo dirigiendo las sesiones de trabajo del Congreso de Estudiantes y es el inspirador máximo del surgimiento de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en 1922, primera organización juvenil cubana. Además está involucrado en la Liga Anticlerical y la Liga Antiimperialista de Cuba, en la Universidad Popular José Martí y en la Agrupación Comunista de La Habana. Es amigo y camarada de lucha de Alfredo López, dirigente obrero que consolida la Federación Obrera de La Habana en 1921, de quien admira su valor y carácter clasista intransigente a pesar de que posee como corriente ideopolítica el anarcosindicalismo. El asesinato del dirigente proletario en 1926, por sicarios de la tiranía de Gerardo Machado (1925-1933) le hace escribir bellas palabras sobre el hombre que llamó su maestro, y le demuestra que el camino emprendido de unir en un solo haz a los estudiantes, los campesinos y otras clases y capas patrióticas de la sociedad cubana de entonces, con los obreros de la ciudad y el campo, eran de una urgencia vital para el triunfo de la Revolución Social en Cuba que, para él, únicamente era la socialista.. También es un hermano, real y de convicción marxista, de una gran parte de esa generación de vanguardia de los años álgidos años de los años 20 de la pasada centuria: Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente Brau, Gabriel Barceló, Leonardo Fernández Sánchez, Raúl Roa García, Alejo Carpentier, Emilio Roy de Leuchsenring, y muchos otros no tan jóvenes, como Gustavo Aldereguía, Juan Marinello, Isidro Figueroa, etc.

La figura de Mella vuelve de tiempo en tiempo, tal como afirmamos al inicio de este artículo. Pero no sólo es motivo de recuerdo y enseñanza revolucionaria y comunista. Al lado de quienes lo enarbolamos como bandera de combate militante, existen otros que retoman a Mella para intentar denigrarlo, manipular su vida sentimental y, como una mentira reciclada, para hablar de fantasías de complots por parte de sus propios camaradas de lucha y llegar a la falaz conclusión que fue asesinado por estos marxistas, fueran cubanos o mexicanos o agentes de la KGB soviética enviados por J. Stalin. La relación amorosa de Mella con Tina y, después, de esta desprejuiciada, extraordinaria y militante mujer con Vittorio Vidali (Carlos Contreras), comunista italiano que vivió y luchó en nuestras tierras latinoamericana-caribeñas, han servido para escribir miles de páginas de conspiraciones y hasta de un posible crimen pasional. Sin embargo, nada más lejos de la verdad histórica, la cual tenemos que defender a capa y espada, porque el adversario trata, una y otra vez, de confundir, principalmente, a las nuevas generaciones.

¿Por qué Mella otra vez en el 80 aniversario de su asesinato?

Cuando ya se escuchan disímiles voces en foros científicos y se escriben variados artículos, ensayos y libros al interior y exterior de Cuba, acerca de la urgencia de restablecer constructivamente, aunque sin obviar errores e insuficiencias, la historia y la teoría del socialismo -sus ideas y las prácticas ejercidas- se hace necesario introducir en el debate y la polémica de las ciencias sociales y/o humanísticas otras visiones críticas, basadas en un novedoso material fáctico e interpretativo, que continúen esta tarea con el objetivo de mostrar en su dimensión adecuada ese difícil, complejo y contradictorio decursar histórico. Más que todo se debe participar en la discusión con el diáfano propósito de ayudar en la aproximación a la verdad y no al extravío de la memoria histórica. En este sentido es ineludible recuperar la historia de la etapa fundacional del marxismo y el leninismo en Cuba (1) en sus relaciones con el movimiento comunista internacional y latinoamericano.

Después del derrumbe del socialismo este-europeo y de la Unión Soviética, entre 1989 y 1991, (2) respectivamente, la clase burguesa transnacionalizada, neoconservadora y neoliberal, así como los sectores de la derecha de distinto espectro y sus tanques pensantes (Thins Tanks) desataron una campaña denigrante contra la praxis socialista con el fin supremo de enterrar y olvidar, junto al auto-llamado “socialismo real” -término exclusivo y exclusivista-, a la teoría marxista, a todos los pensadores de esta escuela y también a los partidarios del pensamiento social crítico. Sobre todo trataron de borrar de la mente de las personas, a escala global, las experiencias acometidas en los distintos países en que éste había triunfado y que se construía de disímiles formas y con diferentes contenidos, en las que sus éxitos y derrotas, principalmente estas últimas, fueron atribuidas completamente a todas las lecturas y elaboraciones de esta cosmovisión del mundo, concepción materialista de la historia, metodología científica, filosofía de la praxis y guía para la acción, lógica y dialéctica, sin realizar una distinción de las diversas corrientes y tendencias que no siempre la representaron dignamente, ni en su letra y mucho menos en su espíritu. La arremetida reaccionaria fue de tal envergadura que muchos se confundieron, otros desertaron y traicionaron, coincidiendo algunos con tales hipótesis y “tesis” cayendo en la trampa de desacralizar y desmitificar, aunque el objetivo era la desacreditación, a la teoría y la práctica más reflexiva, crítica-transformativa y revolucionaria de la historia, debido también a su carácter socioclasista, internacionalista y solidario, ético y humanista universal. (3)

Y esa propensión crítica también se hizo extensiva en América Latina y Cuba, cuando los estudios marxista-leninistas parecieron perder su hegemonía en la educación, en la cultura científica y política, aunque se continuara haciendo profesión de fe en los mismos. También en ese espacio-tiempo se manifestaron otras preferencias teóricas, incluyendo al denominado marxismo occidental -bastante pudiente en su teoría pero muy pobre en su práctica- y se asumieron acríticamente otras escuelas de pensamiento, corrientes y tendencias, en muchos casos eclécticas. El distanciamiento se hizo más evidente cuando algunas de las agendas de discusión teórica sobre muchas disciplinas de las ciencias sociales, incluida la filosofía, parecían impuestas desde el exterior por las modas postmodernistas, (4) el pensamiento único, el fin de la historia, de las ideologías y las utopías, (5) predominando los estudios y los pensares empíricos, positivistas en esencia, o en su reverso, una teoría abstracta y analítica muy alejada de los problemas sociales y políticos de las sociedades contemporáneas.

A la sazón, no se realizó una “revisión” muy seria y madura sobre ese movimiento comunista en el mundo, en Latinoamérica y en Cuba. Hubo además otras tendencias, como aquellas que se parapetaron tras las variadas asimilaciones y lecturas de un viejo marxismo denominado por algunos como pro-soviético y manualístico, pero que era y sigue siendo ante todo esquemático, reduccionista, sesgado y escolástico, sin lograr distinguir las obras que no eran precisamente de ese corte, elaboradas por una pléyade de importantes científicos sociales marxistas y leninistas de los ex-países socialistas y otros teóricos muy afines a las mismas en las más disímiles latitudes geográficas.

Parecía ser la hora de poner en la picota pública los desastres y los naufragios. Algunos historiadores, filósofos, sociólogos, sicólogos sociales, antropólogos y etnólogos del patio y de la región destacaron a otras figuras políticas y procesos socioeconómicos e ideopolíticos de la historia nacional y regional, objetivos legítimos y necesarios, pero también se ocultaron, se subestimaron y se criticaron fuertemente por otros estudiosos e investigadores a aquellas figuras y proyectos que pertenecían a las fuerzas de la izquierda más radical. Se contrapusieron personalidades y procesos, en los que algunos de ellos parecieron perder su verdadero lugar en la larga historia de las luchas emancipatorias nacional-antiimperialistas y socioclasistas.

Hoy no puede existir un Socialismo del Siglo XXI, en el Siglo XXI o para el Siglo XXI, sin una investigación seria de la historia de las ideas y las prácticas del socialismo del pasado que, inexorablemente, se reflejan en el presente y se proyectan hacia el futuro. Cualquier abandono, por desidia e ignorancia, de lo que ocurrió y de lo que ocurre en el plano de las ideas y las prácticas socialistas podría ser un terrible boomerang que nos golpee una y otra vez. ¿O es que acaso la experiencia socialista cubana, así como la China, la vietnamita, la coreana del norte y la laosiana, con todas los éxitos y limitaciones que podamos advertir en ellas, no provienen del siglo XX y se relanzan hacia el XXI?

Los procesos revolucionarios en América Latina, con sus diferentes matices, como la Venezuela Bolivariana de Hugo Rafael Chávez Frías, la Bolivia del líder social Evo Morales, el Ecuador del presidente Rafael Correa y la Nicaragua del sandinista Daniel Ortega, entre otros, son herederos por muchas rupturas definitorias que se pronuncien, quiéranlo o no, de las elaboraciones y la praxis socialistas de las dos centurias anteriores, desde la elaboración del Manifiesto Comunista en 1848, del primer ensayo obrero-revolucionario en el poder, la Comuna de París en 1871 y de la Revolución Socialista Rusa de octubre de 1917.

Las lecciones, enseñanzas y experiencias históricas no están para ser obviadas sino para ser aprendidas, aprehendidas y comprendidas, además de proceder a su revisión cuidadosa y rigurosa, con la pretensión de criticarlas constructivamente, así como para re-crear y re-inventar algunas de sus partes teórica-metodológicas, hasta reactualizar y eliminar aquello que ya no nos sirve porque el tiempo y las nuevas circunstancias rebasaron los conceptos y los accionares establecidos. Lo que sería contraproducente es que nos demos el lujo de que se repitan los decepcionantes acontecimientos socialistas euro-orientales del siglo XX, por no conocer lo que sucedió realmente en aquellas experiencias históricas.

Al unísono, hoy es necesario apoderarse, realistamente, del tan polémico debate sobre como asumir, respetar y desplegar, con toda la intensidad posible, la inevitable presencia de la emergencia de la diversidad sociocultural, nacional, étnica, racial, de género, etárea, de opciones sexuales, diferencias regionales y locales, etc., de los diferentes movimientos sociales y políticos. (6) Porque todos ellos son signos de la complejidad del sujeto social-popular múltiple contemporáneo. El reconocimiento de las diferencias deviene punto de partida para aceptar la diversidad, siendo la Identidad el punto inicial para reconocer la misma. Y estos ya no pueden ser dicotómicos o antagónicos, simple y llanamente, sino que la mayoría coexisten y urgen de la promoción de interacciones, relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, el razonamiento, el fortalecimiento del tejido asociativo, la aportación constructiva y la coherencia ética. (7)

Esa ética de la articulación se construye sobre la base del aprendizaje y desarrollo de la capacidad dialógica, disposición a construir juntos desde saberles, cosmologías y experiencias de acumulación y confrontación distintas, de potenciar identidades y subjetividades hasta el infinito. Es un enfoque ético-político que reconoce la multiplicidad y diversidad del sujeto social alternativo, de sus diferentes conceptualizaciones teóricas y aquellas que se producen desde el sentido común, por la legitimidad de epistemes y de reconocer que nadie en absoluto tiene la verdad absoluta. Donde estén representados el conjunto de demandas emancipatorias y libertarias, independientemente de las tendencias cosmovisivas ensayadas y, hasta confrontadas.

Las alternativas prácticas-transformativas de los tradicionales y nuevos movimientos sociales y políticos, fracasarán si no existe un pensamiento teórico alternativo para ir construyendo, en paralelo, ese socialismo necesario e imprescindible. “Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario”, (8) continuaría expresando Vladimir Ilich Lenin si estuviera hoy con nosotros.

Si asumimos que esta es la situación actual del planeta, agravada por la crisis estructural del sistema capitalista que por primera vez es múltiple: económica-financiera, alimentaría, energética y ambiental-ecológica; del recién comenzado ataque genocida sionista contra los palestinos en a Franja de Gaza -territorio ocupado por los israelíes-; y asumimos que junto a estas serias calamidades los pueblos de Nuestra América han dado pasos positivos y extraordinarios en su integración complementaria y unidad: el ALBA, UNASUR, Petrocaribe; y que la Revolución Cubana, en su 50 aniversario de la victoria del primero de enero de 1959, ingresó al Grupo de Río y participó por derecho propio en la Primera Cumbre de los Países de América Latina y el Caribe, sin la presencia de extraños -los Estados Unidos de América, ni ninguno de sus aliados europeos-, tendremos los motivos y las claras sospechas de que los ataques diversionistas, maquiavélicos y manipuladores contra las conciencias de nuestros pueblos van a ir en aumento. Por eso, surge como “ave fénix”, la seudo-historia acerca de la muerte de Mella, ahora publicada en La Jornada de México, aunque el autor del artículo reconoce la verdad histórica. Pero, ¿por qué escribir de una historia pasada que ya está verificada por documentos de la época y otros más recientes?, ¿por qué se tiene que dedicar un artículo para desmentir otra historia violatoria de la realidad?

Algunos antecedentes necesarios del movimiento comunista cubano y latinoamericano.

Al escribir la historia del movimiento comunista latinoamericano y, específicamente, del cubano debemos analizar obligatoriamente la ascendencia real que tuvo sobre estos la III Internacional (Internacional Comunista, IC o KOMINTERN) fundada entre el 2 y el 6 de marzo de 1919, en Moscú, por los bolcheviques rusos y los comunistas de otros países -la mayoría de ellos ex-miembros de los partidos socialdemócratas que se separaron de la II Internacional, por su traición oportunista y socialchovinista-, (9) y por iniciativa del líder del primer Estado socialista del mundo, Vladimir Ilich Lenin que la dirigió hasta su muerte en 1924. A su vez, la Internacional Comunista se auto-disolvió en mayo de 1943. (10) Anteriormente, algunos importantes acontecimientos internacionales y regionales habían repercutido en las luchas nacionales del subcontinente latinoamericano, nos referimos a la Revolución Mexicana (1910-1917), el triunfo de la Revolución Socialista en la Rusia de los Zares, en 1917 y el Movimiento por la Reforma Universitaria de Córdova, Argentina, en 1918.

La influencia de la IC abarcó la mayoría de las soluciones teóricas y prácticas que elaboraron los primeros marxistas y comunistas de la región latinoamericana y caribeña, (11) así como los impactos ineludibles, directos e indirectos, sobre el amplio espectro de las fuerzas de izquierda del continente y, en especial, de Nuestra América. (12) La labor más positiva de la KOMINTERN fue la de darle forma organizativa y de acción definitiva a ese movimiento socialista y comunista en ciernes, de consolidarlo, relacionarlo y depurarlo de sus enemigos externos, encaminarlo e impulsarlo a mayores empeños y conquistas teóricas y prácticas. Pero, además, difundió el marxismo y el leninismo, así como la experiencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre, profundizó en el pensamiento y el accionar antiimperialista e internacionalista en el seno del movimiento revolucionario mundial, denunció y desenmascaró las corrientes oportunistas y revisionistas, reformistas y anarquistas, anarcosindicalistas y trotskistas en el seno del movimiento obrero y comunista internacional, ayudó a la educación ideológica y política de la clase obrera, la campesina, las masas trabajadoras manuales e intelectuales, el estudiantado, etc. Esa fue su gran misión histórica. (13)

Sin embargo, no se deben ignorar las semejanzas y diferencias entre las historias de la IC y el movimiento comunista latinoamericano y caribeño que tienen como premisas, primero, el impulso inicial y vital que significó la presencia de la KOMINTERN en la organización, las estructuras, en la construcción de los primeros programas políticos mínimos y máximos de los destacamentos comunistas, en las implementaciones acertadas o no de la teoría y la práctica, de las consumaciones en la estrategia y la táctica, de los métodos y acciones para organizar, dirigir, convocar y movilizar a la clase obrera y las masas populares por los caminos de la Revolución proletaria y socialista; segundo, las maneras independientes de interpretar y resolver por cada partido comunista fundado en esos años, las distintas problemáticas histórico concretas de sus países; tercero, las formas en que aplicaron creadoramente o no el marxismo y el leninismo que se recepcionó, sus percepciones y traducciones incluidas, (14) en las distintas etapas históricas, aportando al enriquecimiento del marxismo o copiando de aquellas versiones que resultaron ser las más esquemáticas y escolásticas. Sin embargo, es correcto reconocer que Carlos Marx y Federico Engels se conocieron a través de Vladimir Ilich Lenin, el teórico y práctico más traducido aunque también tardíamente, (15) sin subestimar las obras de sus seguidores. Y, cuarto, la colaboración teórico práctica entre los comunistas latinoamericanos, los cubanos y la III Internacional se manifestó de diversos modos, con diferentes intensidades en la propia región, sus sub-regiones y en cada país en particular, confiriendo que todo este intercambio colaborativo estuvo contextualizado en los distintos momentos de la propia historia de la Internacional Comunista. (16)

En el transcurso del año 1925, la Internacional Comunista re-inicia una mirada diferente, diríamos más interesada, hacia la región latinoamericana (17) y se re-crea el Secretariado Latinoamericano, radicado en Moscú y, es fundado el Secretariado Sudamericano, con sede en Buenos Aires, Argentina. Más tarde, entre 1930-1931, surgió el Buró del Caribe, con su dirección en Nueva York, en los Estados Unidos de América, a instancia de las peticiones y necesidades de algunas delegaciones nacionales, en específico, las centroamericanas y caribeñas, en la Primera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina realizada en Buenos Aires, Argentina, en 1929, cuando critican al Secretariado Sudamericano, por no atender de forma igual y adecuada a los destacamentos marxista-leninistas de los diferentes países y sus subregiones. (18)

El primer Partido Comunista de Cuba (PCC) se funda en agosto de 1925. (19) Sus máximos inspiradores fueron, como ya señalamos, Carlos Baliño (20) y Julio Antonio Mella. (21) Era, si se quiere apreciar de esta forma, una época de re-despertar político, pero con mayor pasión y voluntad revolucionaria que con conocimiento profundo de la teoría marxista y de las ideas socialistas. A pesar de las dificultades intrínsecas de una nueva organización que fue duramente golpeada desde sus inicios por la dictadura de Machado (1925-1933) -recordar los procesos anticomunistas de 1925 y 1927-1928, respectivamente-, de las represalias, persecuciones, expulsiones (exilio obligado) y asesinatos de algunos de sus miembros, de la ilegalidad extrema impuesta y de la gran campaña anticomunista en su contra, el partido marxista-leninista cubano ya estuvo en recomposición desde finales de 1927, organizando sus células clandestinas y creciendo en número, organización, capacidad movilizativa y también en influencia política e ideológica, clímax aun prematuro que alcanza desde 1929, (22) y que adquiere otra dimensión, luego de la primera huelga general de masas revolucionaria efectuada el 20 de marzo, las manifestaciones obreras por el Primero de Mayo y los acontecimientos estudiantiles del 30 de septiembre, todas en el año 1930. (23)

El inigualable joven Julio Antonio Mella, el primer marxista orgánico de la Isla, -aunque algunos autores plantean que fue Carlos Baliño- desplegó su actividad herética e irreverente ante los ojos insólitos de los comunistas de la también denominada Casa Matriz, en el Kremlin, y sus seguidores en la región. No es que no tuviera dificultades mayores, ni que no sufriera incomprensiones por su apreciación y percepción creadora del marxismo y el leninismo, pero su actividad práctica fue exuberante y de un albedrío increíble. Luego de su sanción en el PCC, en 1925, por haber sido indisciplinado y, más que todo por contactar, durante su histórica huelga de hambre, con sectores sociales y políticos de las más diversas afiliaciones ideológicas -fue separado, provisionalmente, por dos años de las filas del partido comunista-, (24) el propio Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (CEIC) de la III Internacional, le devolvía en 1927, la militancia que él había mantenido incólume, gracias en parte, por el apoyo de los comunistas latinoamericanos y mexicanos (hasta fue miembro y Secretario General del CC del Partido Comunista de México por un tiempo), pero más que todo porque no se sintió jamás castigado y no tuvo nunca una declaración pública suya de queja y de molestia para con sus compañeros de lucha. Su labor dirigente-fundacional durante esos años en la Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA), la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) y en el Comité Manos Fuera de Nicaragua (MANFUENIC); su paso como líder por varias organizaciones obreras y campesinas mexicanas; su presencia en el Congreso Mundial contra la Opresión Colonial y el Imperialismo, celebrado en Bruselas en 1927; su visita a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en los primeros meses de ese año; su amistad inquebrantable con Rubén Martínez Villena y otros camaradas cubanos; sus escritos en el periódico de los comunistas mexicanos El Machete; sus mensajes y manifiestos de apoyo a la lucha de los estudiantes, obreros, intelectuales y comunistas cubanos que enviaba clandestinamente a la Isla, lo muestran como un comunista pleno de acción y sin limitaciones. Aunque debe subrayarse que sí padeció las desavenencias y las miradas recelosas de algunos dirigentes comunistas propios, regionales e internacionales que se regían por las orientaciones emanadas de la Internacional Comunista y el PCUS.

Un hombre como él, que ya en 1924 escribía que “(…) No pretendemos implantar en nuestro medio copias serviles de revoluciones hechas por otros hombres en otros climas, [...] en algunos puntos no comprendemos ciertas transformaciones, en otros nuestro pensamiento es más avanzado, pero seríamos ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el camino de su liberación [...]” (25) y, que en ese propio año expresaba: “(…) La causa del socialismo en general, es la causa del momento, en Cuba, en Rusia, en la India, en los Estados Unidos y en la China. En todas partes. El solo obstáculo es saberlo adaptar a la realidad del medio [...]”, (26) entre otras ideas creadoras y originales posteriores, no podía pasar inadvertido para los dogmas y esquemas que estaban tratando de imponerse en el panorama del movimiento comunista internacional.

Pero sin contradecirnos hay que exponer que Mella solo enfrentó los primeros embates y amenazas provocadas por las luchas internas del Partido Comunista de la Unión Soviética, la KOMINTERN y su repercusión en la arena internacional. Por ejemplo, la presencia en el mencionado Congreso de Bruselas, en 1927, del líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Raúl Haya de la Torre, (27) contrarió al comunista cubano y a otros latinoamericanos, incluyendo al Amauta peruano José Carlos Mariátegui, porque el representante del denominado “Koumintang latinoamericano” fue un invitado de última hora gracias a la iniciativa inconsulta de la IC, posiblemente de su Secretariado Latinoamericano, con sede en Moscú y del Secretariado Sudamericano (1925), con sede en Buenos Aires, bajo las égidas del comunista suizo Embert Droz (que estuvo en ese cargo hasta el año 1931) y del argentino Vittorio Codovilla, respectivamente. Sin embargo, el VI Congreso de la IC se celebra en junio de 1928 y es, en este conclave, en que se aprueba el Programa y los Estatutos de esa organización, consolidándose de una vez y para siempre la pretendida hegemonía y dominación del PCUS sobre el resto del movimiento comunista y obrero internacional. Asimismo también habría que recordar que León Trotsky es separado de las filas del PCUS en 1927 y expulsado de la URSS entre 1928-1929, por lo que estas y otras divergencias enconadas estaban aun, pudiera decirse, en sus inicios. Y Mella es asesinado en México, por sicarios del dictador Machado, el 10 de enero de 1929 (muriendo el 11 por la madrugada en el hospital), por lo que podemos apreciar que esa gran presión desde Moscú aun no era determinante.

Observando de forma analítica y profunda la época, es Rubén Martínez Villena (1898-1934), quien tiene ante sí la necesidad de conducir al PCC y confrontar, sin llegar a la escisión, a la KOMINTERN y sus órganos regionales, promoviendo un reacomodamiento y adecuación con sus lineamientos y directrices, porque este es el momento del enraizamiento del estalinismo en el movimiento comunista internacional y el inicio de los graves obstáculos para las iniciativas singulares y originales de los partidos comunistas y para el propio desarrollo creador de la teoría marxista y leninista. Y también porque es el instante histórico de un auge del movimiento revolucionario y social en Cuba que desencadenó en la Revolución del 33 coincidente, además, con los procesos revolucionarios de Nicaragua (1927-1933), El Salvador (1932) y Brasil (1924-1927-1930), entre otros.

El vil asesinato de Mella.

Es muy poco lo que hay que añadir con respecto al asesinato de Julio Antonio Mella. La pérdida de su vida un 10 de enero de 1929 -en realidad muere en el hospital el 11 por la madrugada y es enterrado el 12- fue obra de los sicarios machadistas. Incluso el partido comunista cubano le había enviado algunos mensajes acerca de que en tierras aztecas se encontraban algunos individuos con órdenes muy precisas de matarlo. Ya se había montado un espectáculo propagandístico en su contra aduciendo que había profanado la bandera cubana al pisarla intencionalmente en una actividad y el propio Mella se defendió de esa calumniosa mentira.

Como hombre de acción, Mella no era cobarde, solo eso explica que saliera de noche con Tina y se expusiera a los revólveres de sus asesinos. Según Tina Modotti, sus últimas palabras fueron: “Muero por la Revolución”. Su amigo entrañable, Rubén Martínez Villena lloró de rabia al conocer su muerte y se propuso continuar su obra -original y creativa- a pesar de las directrices de la Internacional Comunista, y aun más, se comprometió a traer sus cenizas de regreso para Cuba.

Esta acción recayó en la figura de Juan Marinello y otros camaradas, quienes viajan a México en 1933, y logran cremar parte de sus restos mortales en el cementerio de la capital mexicana. Estos fueron traídos a La Habana en un buque y son multitudinariamente recibidos por una parte de la población citadina. Ya se había preparado un pequeño y humilde obelisco en el Parque de la Fraternidad donde, supuestamente, deberían ser depositados sus restos.

El 29 de septiembre fueron veladas sus cenizas en el edificio donde radicaba la Liga Antiimperialista de Cuba, en la calle Reina. Allí habló por última vez en público Rubén Martínez Villena, desde el balcón, con un estado febril muy alto y con su enfermedad -la tuberculosis- en estado terminal. Allí Villena expresó: “Camaradas, aquí está, pero no en ese montón de cenizas sino en este formidable despliegue de fuerzas [...] Pero no estamos sólo aquí para rendir este tributo a sus merecimientos excepcionales. Estamos aquí, sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos, de vibrar al calor de su generoso corazón revolucionario. Para eso estamos aquí, camaradas, para rendirle de esta manera a Mella, el único homenaje que le hubiera sido grato: el de hacer buena su caída por la redención de los oprimidos con nuestro propósito de caer también si fuera necesario [...]”

Pero el régimen que había sustituido a Machado no iba a permitir que sus cenizas descansaran en paz en tierra cubana, porque ello significaba un símbolo subversivo y una reivindicación política para las masa populares que estaban transitando por un período revolucionario muy complejo. Aunque se había autorizado el entierro por parte del gobierno, la reacción burguesa, liderada por Fulgencio Batista -jefe del ejército-y en pleno contubernio con el embajador estadounidense Welles, comenzó una infernal balacera contra la manifestación popular que estaba en la calle esperando para escoltar las cenizas hasta su última morada. También grupos de derecha como Pro-Ley y Justicia y Ejército Caribe se apostaron y comenzaron a ametrallar al pueblo. Allí muere asesinado el niño pionero Paquito González, cuya organización había sido fundada en 1931 (La Liga de Pioneros de Cuba).

A pesar de la gran matanza y confusión, algunos hombres y mujeres del partido comunista logran sacar las cenizas de Mella y las llevan de forma azarosa hasta la imprenta clandestina del PCC, en la Calle Lamparilla, entre Compostela y Aguacate, en la Habana Vieja. Mella entonces no pudo ser enterrado en su patria.

Tendrían que pasar 26 años para que sus cenizas pudieran reposar en una patria libre y soberana, mientras permanecieron atravesando algunas brutales épocas de persecución y terror, en manos de fieles luchadores revolucionarios que la guardaron con celo y amor. El excelso intelectual y dirigente comunista cubano Juan Marinello Vidaurreta, se la entregó al Comandante en Jefe Fidel Castro después del triunfo revolucionario, y estas fueron depositadas en un mausoleo erigido, prácticamente, delante de la escalinata de su Universidad de La Habana, en ocasión del primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en diciembre de 1975. En aquella trascendental ocasión Fidel afirmó: “La reacción persiguió a Mella en vida incansablemente, y lo persiguió también en muerte. Es increíble cómo el pueblo cubano no pudo siquiera dar sepultura a Mella, y cómo los restos mortales de Mella peregrinaron en el clandestinaje para preservarse de la persecución de los enemigos [...] Hoy, detrás de las cenizas de Mella, escoltándolas están juntos a los soldados, marchaban también los pioneros. Los pioneros son el símbolo del porvenir, del mañana, de la marcha de la futura de la Revolución, de sus futuras victorias”.

Finalmente, como puede percatarse cualquier lector, esta es la historia real, la auténtica, no aquella que se deriva de lascivas especulaciones y manipulaciones dañinas, enfiladas a causar divisiones y escisiones entre las fuerzas revolucionarias y los pueblos. La Historia como verdad, o aproximación a la misma, es aquella que no miente, porque solo la verdad es revolucionaria. Julio Antonio Mella sigue hoy más que nunca en el corazón de todos los cubanos patriotas, revolucionarios y socialistas. No habrán campañas, artículos, libros y otros textos apócrifos que puedan torcer su estatura de gigante político y líder indiscutible latinoamericano-caribeño.

 

Notas bibliográficas y referencias:

(1) Angelina Rojas Blaquier Historia del Partido Comunista de Cuba, en Dos Tomos, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005 y 2006.

(2) Helio Gallardo La crisis del socialismo histórico. Ideología y desafíos, Editorial DEI, Costa Rica, 1991; Colectivo de Autores Cubanos El Derrumbe del Socialismo en Europa del Este. Causas y Consecuencias, Dirección política de las FAR, La Habana, 1992; Colectivo de Autores Cubanos El derrumbe del modelo eurosoviético: una visión desde Cuba, Editorial Félix Varela, La Habana, 1994; Vitali Vorotznikov Mi Verdad, Editora Abril, La Habana, 1995; Camilo Valqui Desde Cuba: el derrumbe del socialismo eurosoviético, Editorial Feijoo, Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1998; Ariel Dacal Díaz y Francisco Brown Infante Rusia. Del socialismo real al capitalismo real, Editorial de Ciencias Sociales y el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, JR, La Habana, 2006; Orlando Cruz Capote Unas notas y dos visiones sobre la Perestroika y sus consecuencias, Revista Cubana de Ciencias Sociales, No. 36 - 37, Instituto de Filosofía, La Habana, 2006, pp. 108-126; y, del mismo autor, “Apuntes para un estudio del impacto ideopolítico de la Perestroika en Cuba. 1985-1991”, 2004. Inédito.

(3) Javier Amadeo Mapeando el marxismo; Ellen Meiksins Estado, Democracia y globalización; Pablo González Casanova Colonialismo interno (Una Redefinición); Francois Houtart Los movimientos sociales y la construcción de un nuevo sujeto histórico; John Bellamy El Redescubrimiento del Imperialismo; Terry Eagleton ¿Un futuro para el socialismo?, en La Teoría marxista hoy. Problemas y perspectivas, Atilio Borón, Javier Amadeo y Sabrina González (Compiladores), CLASO, Buenos Aires, 2006.

(4) Alfonso Ibáñez Modernidad y posmodernidad en la política, Memorias (CEMOS), México DF, febrero de 1992, pp. 53-57; Adolfo Sánchez Vázquez Liberalismo y socialismo, en revista Dialéctica, No. 22, primavera de 1992, Puebla, México, 1992; Néstor García Canclini Culturas hibridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad, Editorial Grijalbo, México, 1995; Frederic Jameson Ensayos sobre el Postmodernismo, Imago Mundi, Buenos Aires, 1995; Pablo Guadarrama Humanismo, Marxismo y Postmodernismo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998; El Postmoderno, el postmodernismo y su crítica en Criterios, Selección de Desiderio Navarro, Centro Teórico-cultural Criterios, La Habana, 2007.

(5) Ignacio Ramonet Un mundo sin rumbo, Debate, Madrid, 1997; Como nos venden la moto. Información, poder y concentración de medios, Editorial Paidos, Barcelona, 1998; y Propagandas Silenciosas, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2000; Francis Fukuyama ¿El final de la Historia?, The National Interest, No. 16, 1989, en Comentarios, Artículos y Editoriales, Departamento de Orientación Revolucionaria del CC del PCC, 21 de marzo de 1990, p. 1-7; The End of History and Last Man, Peguin Books, USA, 1992; Samuel Huntington El Choque de las Civilizaciones y la reconfiguración de un nuevo orden mundial, Ediciones Paídos, Ibérica, S.A., Barcelona, 1997; Daniel Bell El fin de las ideologías. Sobre el agotamiento de las ideas políticas en los años cincuenta, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992; Inmanuel Wallerstein Utopística o las opciones históricas del siglo XXI, Editorial Siglo XXI, México, 1998; Eric Hobsbawm Sobre la historia, Colección crítica, Editorial Grijalbo-Mondalori, Barcelona, 1998; Paul Ricoeur Ideología y utopía, Gedisa editorial, Barcelona, 1998; Yamandú Acosta Utopía y política en América Latina: entre el capitalismo utópico y el nihilista, en Utopía y Praxis Latinoamericana, Año 8, No. 23, oct.-nov., Universidad de Zulia, Venezuela, 2003; Franz Hinkelammert Crítica a la razón utópica, Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2002; Adolfo Sánchez Vázquez A tiempo y destiempo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004.

(6) Entre ellos podemos mencionar: los indigenistas, étnicos, raciales, ecologistas, alterglobalización capital transnacional neoliberal, los antibélicos, sindicales, comunitarios, barriales; los antideuda externa, feministas, homosexuales (gay); los campesinos (como el Movimiento Sin Tierra y la Vía Campesina del Brasil), los movimientos anti-Tratados de Libre Comercio (como el que se desarrolla en América Latina contra el NAFTA, el ALCA y los TLC), los religiosos (como la Teología de la Liberación, en el subcontinente Latinoamérica y caribeño), las Abuelas de la Plaza de Mayo y las Madres de la Plaza de Mayo, ambos en Argentina, los pro-derechos humanos, los piqueteros, los cocaleros, etc.

(7) Informe Final de Investigación del Grupo de Axiología y Filosofía Social en América Latina (GALFISA), Diversidad e Identidad en los Movimientos Sociales y Políticos en América Latina, Instituto de Filosofía, CITMA, 2006, en Archivo del Instituto de Filosofía.

(8) Vladimir Ilich Lenin ¿Qué hacer?, Obras Escogidas, en Doce Tomos, T. II, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 22.

(9) Vladimir Ilich Lenin La Bancarrota de la II Internacional, Obras Escogidas (Ob. Cit.), T. V, Editorial Progreso, Moscú, 1976, pp. 219-275.

(10) En el propio 1919, bajo la égida de la KOMINTERN, se creó la Internacional Juvenil Comunista; la Internacional Sindical Roja se fundó en 1920 y la Organización Internacional de Ayuda a los Luchadores de la Revolución, más conocida como el Socorro Rojo Internacional, en 1922, entre otras organizaciones y organismos dirigidos por los comunistas desde su sede en Moscú. Ver: Vladimir Ilich Lenin Las tareas de la III Internacional, Obras Escogidas, T. X,. (OB. Cit), pp. 80-97; Instituto de Marxismo Leninismo La Internacional Comunista, Editorial Progreso, Moscú, s/f; Manuel Caballero La Internacional Comunista y la Revolución latinoamericana. 1919-1943, Editorial Nueva Sociedad, Caracas, 1987.

(11) Antes del surgimiento del Partido Comunista de Cuba (1925) se habían fundado: el Partido Comunista de Argentina, en 1918; México, en 1919; Uruguay, en 1920; Chile, en 1921; Brasil, en 1922; Guatemala, en 1922, y Honduras, en 1924. Mas tarde fueron creados el PC de Ecuador, en 1926; Paraguay, en 1928; Panamá, en 1930; Perú, en 1930; Colombia, en 1930; Venezuela, en 1931; Costa Rica, en 1931, etc.

(12) V. I. Lenin La Tercera Internacional y su lugar en la historia, Obras Escogidas, T. IX., (Ob. Cit.), pp. 403-411.

(13) El marxismo llega a tierras latinoamericanas y caribeñas a través de algunas traducciones de los textos originales de C. Marx, F. Engels y V. I. Lenin, en el siglo XIX y el XX, realizadas en México, Argentina, los Estados Unidos de América y en otros países europeos como España, Portugal y Francia; pero, principalmente, por el arribo de oleadas de inmigrantes europeos y de la prensa ibérica al subcontinente. Las traducciones de los clásicos fueron incompletas y confusas por el desconocimiento del idioma y porque estuvieron influenciadas, en parte, por otras escuelas, tendencias y corrientes de pensamiento. En, Arnulfo Martínez Verdugo Partido Comunista Mexicano. Trayectoria y Perspectivas, Fondo de Cultura Popular, México D.F., México, 1971; Boris N. Brodovich Las Obras de Marx en América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, y Astroghildo Pereira Formacao do PCB (Partido Comunista de Brasil), Lisboa, 1978.

(14) En este esfuerzo por conocer el marxismo-leninismo en América Latina-Caribe hay que destacar, a partir de la década del 20, a la Editorial Europa-América de España; la Anderlecht-Bruselas de Bélgica; de algunas editoriales mexicanas, estadounidenses, argentinas, etc. Asimismo, las publicaciones de las revistas La Internacional editada en Moscú y traducida a varios idiomas, en especial, en inglés, francés y alemán; Venezuela Libre y América Libre, ambas gracias a los esfuerzos de la Liga Antiimperialista de las Américas; La Correspondencia Sudamericana, del Secretariado Sudamericano (Argentina); Mundo Obrero, del Buró del Caribe, “Luchador del Caribe”; El Machete del PC de México, entre otros órganos de prensa comunistas de la región. En Cuba se destacaron los periódicos del primer Partido Comunista de Cuba (1925): “Lucha de Clases (entre 1924 y 1925), Justicia” (1925-1927), “El Trabajador” (1931-1933), “Bandera Roja” (1933-35) y “Hoy”, (desde 1938, conjuntamente con “Carta Semanal” (1953-1959), hasta 1965 cuando se funde con el periódico Revolución y, se crea, el diario “Granma”. También circularon el diario Juventud Obrera (órgano de la Liga Juvenil Comunista fundada entre 1928 y 1929), MellaEl centinela” (dirigido a los soldados y marinos), “Línea” (del Ala Izquierda Estudiantil-1931), Confederación(de la CNOC- 1934), órgano de Defensa Obrera Internacional-1931), “ entre otros.

(15) Orlando Cruz, Ídem; El movimiento revolucionario latinoamericano. Primera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina, junio de 1929; en Archivo del Instituto de Historia de Cuba.

(16) La historia de las distintas organizaciones socialistas y marxistas que antecedieron al PCC antes de 1925 es la siguiente: Partido Socialista Cubano (1899), Partido Popular (1900), Club de Propaganda Socialista (1903), Partido Obrero (1904), Partido Obrero Socialista (1904), Partido Socialista Internacional (1905), Partido Socialista de Cuba (1906), Agrupación Socialista de La Habana (1918), Agrupación Comunista de La Habana y otras, de ocho regiones del país, entre 1923 y 1925. En Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba Historia del Movimiento Obrero Cubano. 1865-1958, en dos tomos, Editora Política, La Habana, 1985, y Angelina Rojas Historia del Primer Partido [...], Tomo I, Ob. Cit.

(17) Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba Carlos Baliño. Documentos y Artículos, Editado por el DOR del CC del PCC, La Habana, 1976.

(18) Erasmo Dumpierre Julio Antonio Mella: Biografía, Editorial Orbe, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975; Pedro Luis Padrón Julio Antonio Mella y el movimiento obrero, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980.

(19) Rubén Martínez Villena Las contradicciones internas del imperialismo yanqui en Cuba y el alza del movimiento revolucionario, en revista Mundo Obrero, órgano del Buró del Caribe de la IC, mayo 1933, Nueva York, EE.UU., en Archivo del Instituto de Historia de Cuba.

(20) Alfredo Martín Fadragas Mella. Nacimiento de un líder, Ediciones Extramuros, Centro Provincial del Libro y la Literatura, Ciudad de La Habana, 2001.

(21) Aunque, en el juicio interno al que lo sometió el CC del PCC, Mella si estuvo muy irritado y molesto con sus compañeros. En el Acta de dicha reunión Julio Antonio respondió acerca de sí había pedido autorización para la huelga de hambre: “[...] Sólo recibí un posible acuerdo del CC en carta sin firma y sin cuño y en forma tal de injusticia insultante que nunca creí pudiese ser acuerdo de un CC del PC a un moribundo, a los 17 días de huelga.” Y en carta posterior afirmó que “[...] Es una cobardía que se me esté acusando sin haberme juzgado. Solo a envidiosos y cobardes se les ocurre esto. [...] sino me dejan defenderme son todos unos miserables” Ver: Acta de la discusión con Julio Antonio Mella, fondo 6, primer Partido Comunista de Cuba y Carta de Julio Antonio Mella al Comité Central, Ídem., en Archivo del Instituto de Historia de Cuba.

(22) Orlando Cruz Capote La Liga Antiimperialista de las Américas: el antiimperialismo y las primeras intenciones de articular el marxismo y el latinoamericanismo en la América Latina y el Caribe. (1925-1935-37). Pendiente de publicar en los Anuarios Martianos. Inédito.

(23) La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se fundó en diciembre de 1922. Mella la visita desde el mes de febrero hasta aproximadamente abril de 1927. Allí participó en el IV Congreso de la Internacional Sindical Roja y se entrevistó con dirigentes del Socorro Rojo Internacional. Además que escribió y discutió diversas ponencias en la KOMINTERN, que fueron publicadas en ese país posteriormente. Ver: Erasmo Dumpierre Julio Antonio Mella. Biografía, Ob. Cit.

(24) Raquel Tibol Julio Antonio Mella en El Machete, Fondo de Cultura Popular, México, 1968.

(25)Julio Antonio Mella Lenine Coronado (febrero de 1924), en Mella. Documentos y Artículos, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 87-88.

(26) Ídem., Los Nuevos Libertadores (noviembre de 1924), p. 124.

(27) La obra escrita, revisionista y oportunista, de Víctor Raúl Haya de la Torre fue prolifera, entre las que podemos citar: “El antiimperialismo y el APRA”; “Construyendo el Aprismo”, “Espacio-Tiempo Histórico”, “30 Años de Aprismo”, etc. En 1931, ya está proponiéndose para la presidencia del Perú, entre otros intentos frustrados que repetiría a lo largo de su vida. Además, mintió cuando creó una farsa al pretender enrolarse en las huestes del famoso “Pequeño Ejército Loco” del General de Hombres Libres Augusto César Sandino, en Nicaragua, hecho que nunca consumó. La visión aprista de que era el campesinado, los estudiantes y las capas de la pequeña y mediana burguesía quienes dirigirían los combates antiimperialistas, fue una revisión profunda del marxismo y el leninismo en América Latina y el Caribe.

(28) Ana Núñez Machín Rubén Martínez Villena, UNEAC, La Habana, 1970; Rubén Martínez Villena, Colección Órbita, Instituto Cubano del Libro, La Habana, diciembre de 1972; Testimonios de varios compañeros de lucha de Rubén Martínez Villena, en revista Santiago, No. 16, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, diciembre de 1974; Ana Núñez Machín El joven Rubén, Editorial Gente Nueva, Ciudad de La Habana, 1981; Raúl Roa García El fuego de la semilla en el surco, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982; Rubén Martínez Villena Poesía y prosa. Antología, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, 1983; Angelina Rojas y Ana Núñez Machín Asela mía, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2000; Olivia Miranda Francisco Rubén Martínez Villena: ideario político, Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), La Habana, 2003; Carlos E. Reig Romero Correspondencia de Rubén Martínez Villena (mayo 1912-mayo 1933), Selección y Notas del Autor, Editorial Unicornio, La Habana, 2006; Mella, 100 años. Selección, prefacio y notas Ana Cairo, Editorial Oriente, Editorial La Memoria, Santiago de Cuba, La Habana, 2003; Caridad Massón Rubén: desde el recuerdo y la esperanza, Editorial Unicornio, La Habana, 2006.

(23) Podemos mencionar, la lucha del “General de Hombres LibresAugusto César Sandino y su “Pequeño Ejército Loco” contra la intervención militar norteamericana (1927-1934); la insurrección campesina en El Salvador dirigida por el PC y su dirigente Farabundo Martí (1932) y, el “Movimiento Tenentista” en Brasil (1930-1935), encabezado por Luis Carlos Prestes; también la llamada República Socialista en Chile (1931-1932) y el ascenso del patriotismo militar pequeñoburgués en Bolivia y Paraguay.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba