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El Blog de la Polilla Cubana
para compartir contigo noticias de Cuba y del mundo

Categoría: America Latina

28/06/2009 GMT 1

UIRGENTE AL PUEBLO HONDUREÑO, A TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO

polillabaez @ 20:19
Prisionera la Canciller de Honduras. Golpeados y secuestrados embajadores cubano y venezolano en Honduras: luego son dejados abandonados y buscan posteriormente apoyo, refiere el Presidente Chávez en entrevista a través de Tele Sur.
r3633154993.jpgLa Unión Europea (UE) condena unánimemente el golpe militar en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya y ha pedido la inmediata restitución del orden constitucional.

NO RECONOCER A NINGUN GOBIERNO,

A NINGÚN PRESIDENTE GOLPISTA,

EL PUEBLO DE HONDURAS EN LA CALLE HASTA EL REGRESO DE SU PRESIDENTE ZELAYA

PUEBLO DE HONDURAS, EL 13 DE ABRIL DE 2002 -ANTE UN CRIMEN SEMEJANTE- EL PUEBLO VENEZOLANO RECUPERÓ LA DEMOCRACIA. NO CEDAS ANTE LA IGNOMINIA.

SOLDADO HONDUREÑO, NO MASACRES A TU PUEBLO!!

Actualización en:

http://www.juventudrebelde.cu/internacionales/2009-06-28/urgente-afirma-zelaya-que-los-golpistas-han-traicionado-a-honduras/

Los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) respaldaron este viernes en el pleno del Consejo Permanente que se reunió de forma extraordinaria, la propuesta de Honduras de aplicar en este país centroamericano la Carta Interamericana a fin de promover la institucionalidad democrática y el gobierno legalmente constituido, tras el intento de golpe de Estado técnico, reportó TeleSur.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, convocó para este domingo una reunión urgente del Consejo Permanente del organismo, para analizar la crisis en Honduras y "defender la estabilidad democrática" de ese país.

Así lo informó la secretaria de prensa de Insulza, Patricia Esquenazi, al señalar que la reunión está prevista a partir de las 15:00 GMT, en Washington.

Honduras tenía previsto celebrar este domingo una consulta popular no vinculante sobre la posibilidad de realizar una Asamblea Constituyente, un objetivo del presidente Manuel Zelaya, pero rechazado por amplios sectores de la sociedad.

Este domingo se conoció de la detención, por parte de militares, del Jefe de Estado, quien fue trasladado a una base de la Fuerza Aérea, en las afueras de Tegucigalpa.

¡¡ALERTA ALERTA ALERTA LOS PUEBLOS DE NUESTRA AMERICA, TODOS A LAS PLAZAS PÚBLICAS EN PROTESTA CONTRA EL ZARPAZO!!
¡¡ALTO A LA IGNOMINIA!!
¡¡NUNCA MAS GOLPES DE ESTADO, NUNCA MAS CONTRA LOS PUEBLOS!!
EN HONDURAS SE VA CONTRA TODOS, TODOS ENTONCES A LA UNA
¡¡VIVAN NUESTROS PUEBLOS DE AMERICA!!, ¡¡VIVA EL PRESIDENTE ZELAYA!!

Transmisión en VIVO de la Televisión Cubana sobre el golpe de estado en Honduras


El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, aclaró este domingo que en ningún momento ha pedido asilo político en Costa Rica, donde se encuentra tras ser secuestrado por fuerzas militares hondureñas.

Entrevistado por la televisora Telesur, el mandatario hondureño explicó las circunstancias en las cuales fue sacado del país, y reclamó la restitución de sus poderes inmediatamente, al tiempo que exigió a Estados Unidos que aclare su posición con respecto a los acontecimientos.

Los Estados Unidos pueden detener esta farsa inmediatamente y evitar un baño de sangre, queremos que el embajador en Tegucigalpa condene este vil golpe de Estado, porque sin el apoyo de Estados Unidos los golpistas no podrán sostenerse ni 48 horas, declaró.

Zelaya relató que había conversado con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, el cual le manifestó su apoyo total y le ofreció ayuda para trasladarse a Managua, donde se celebrará una reunión de Presidentes de Centroamérica a partir del lunes.

Quiero que todas las fuerzas democráticas se pronuncien ahora, incluyendo al resto de los militares hondureños, el clero y las autoridades eclesiásticas, los que estaban a favor de la consulta y los que no, agregó.

Que no vayan a atreverse a atacar a nadie en el país, deben respetar al pueblo y buscar una solución a través del diálogo, hay que darle seguridad a quienes se manifiestan en contra del golpe, señaló.

Quiero decirles a los soldados que no permitan que se perpetúe este crimen en el país, que no se instale la fuerza del terror en Honduras, porque luego la vamos a padecer todos, se crearía un monstruo muy difícil de detener, que es el de la fuerza y la violencia, dijo.

Los derechos sociales, civiles y políticos de los hondureños están siendo violados, y un gobierno como el que se pretende instalar no tendrá el apoyo de nadie y el propio pueblo los hará salir avergonzados y arrepentidos de haber tomado esa vía, acotó finalmente.

Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, ANSA, AFP, XINHUA, TASS, DPA, AP.

http://www.radiohc.cu/espanol/a_noticiasdelmundo/junio/09/28/pre.htm

 


Honduras: solo el pueblo podrá revertir el golpe de estado

Por Enrique Ubieta Gómez

 

El presidente de Honduras ha sido secuestrado en su residencia por militares armados y conducido, según algunas versiones, a una base aérea. [Hoy ya sabemos que obligado a salir hacia Costa Rica]

 

Se inicia en ese pequeño estado centroamericano, en pleno siglo XXI, un golpe de estado. Reviso los titulares de la prensa “democrática” y encuentro algunos verdaderamente ejemplares (quiero decir, ejemplos de falacia y de hipocresía): el órgano de PRISA en Miami, El Nuevo Herald, no se ha enterado todavía del suceso, y en cambio mantiene una afirmación espuria, preparatoria, de titular: “Zelaya ignora oposición generalizada”.

 

Sin dudas, es general la oposición de la aristocracia hondureña a una posible reforma constitucional que afecte sus intereses antinacionales. Sin embargo, el apoyo de la población a Zelaya es inmensamente mayoritario.

 

¿Y a qué se oponen los representantes de la “democracia”? ¡A una consulta popular! No se oponen a medidas arbitrarias, o al desconocimiento de la voluntad del pueblo (supuesta base de toda democracia), sino por el contrario, a que se tome en cuenta esa voluntad. El órgano de PRISA en España, El País, no habla de golpe de estado, palabras anacrónicas que suscitarían el rechazo inmediato de los lectores: dice “detenido” el presidente hondureño y la palabra adquiere cierto matiz leguleyo. Si se busca “golpe de estado” en Google, nada referente a Honduras aparecerá…

 

Nada puede esperarse de los medios que defienden intereses trasnacionales, nada podrá esperarse de ningún gobierno “democrático” europeo, ni de Zapatero, cínico y escurridizo, ni de Obama, más blanco ahora en su silencio de zorro, a la espera de la presa que humilló al imperio en la pasada Cumbre de la OEA. Sólo el pueblo hondureño y la más amplia solidaridad internacional de los pueblos de América Latina y del mundo podrán frenar esta violación de la democracia. ¿Quieren que los pueblos tomen nuevamente las armas?

 

La democracia es una casa de espejos, de esas que existen en los parques de diversión, en las que uno puede ver su propio cuerpo de diferentes formas: gordo, flaco, alto, bajo, etc. Los espejos proporcionan la ilusión necesaria de pluralidad: yo escojo una imagen, cualquiera, pero no puedo elegir a “otra persona”. Cuando algún intruso repara la “deficiencia” y sustituye los espejos por verdaderas opciones, gritan desesperados que se ha violado “la democracia”. La casa de espejos se hizo para conservar el capitalismo. Chávez, Evo, Correa, Ortega, Zelaya, son intrusos.

 

¡No nos dejemos confundir! ¡Viva el Gobierno del Pueblo! Defender a Zelaya ahora, con las palabras, con las armas –más justas ahora que la Justicia sorda, ciega y muda-, con las piedras, con el corazón. Hay que defender al hombre que encarna la voluntad popular, más allá de cualquier discrepancia, de cualquier criterio que nos divida!!.

 

.-.-.-.-.

Titular de Voanoticias.com:

 

 Honduras: “golpe” y “secuestro”

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue detenido por militares y sacado a la fuerza hacia Costa Rica donde fue recibido por su par Oscar Arias.

Y el comentario que dejamos en esa página:

Gramaticalmente, politicamente, éticamente, señores míos, el entrecomillado de las palabras GOLPE y SECUESTRO, están de más!!
HAY GOLPE DE ESTADO Y HAY SECUESTRO!!

26/06/2009 GMT 1

Las mentiras de la derecha continental V parte

polillabaez @ 19:35

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos V parte.

Por Orlando Cruz Capote*

 

Mientras transcurría el segundo semestre del año 1961, los osvaldo-dorticos.jpglíderes de la Revolución Cubana percibieron e interpretaron con acierto el desarrollo de los acontecimientos que inevitablemente irían a desencadenar en la separación de Cuba de la OEA y en la agresión contra la Isla por parte del Ejército de los EE.UU. Como consecuencia, y causa endógena, la actividad diplomática y de las otras instituciones, organizaciones políticas, de masas y sociales del país se intensificaron con vistas a fortalecer sus vínculos con todos los actores progresistas -reales y potenciales- de la arena internacional y regional y los miembros del  movimiento revolucionario mundial.

 

Algunos eventos internacionales celebrados en La Habana y otras capitales del mundo son hechos fehacientes de ese accionar solidario. Se conoció por la opinión pública que muchos ex-mercenarios de Girón y otros apátridas se estaban incorporando al Ejército de los EE.UU. y  que algunos también se enrolaron en los cuerpos represivos de algunos países latinoamericanos, centroamericanos en específico. Un ejemplo de lo que se tramó fue la denuncia realizada el 4 de mayo, por algunas personalidades democráticas y progresistas costarricenses acerca de que existían campos de entrenamiento de mercenarios en su país para agredir a Cuba. Con este plan de mercenarismo encubierto se intentó darle alguna cobertura legal a acciones desde territorio extranjero a ex-cubanos que fueron nacionalizados en estos países para formar parte del plan contrarrevolucionario continental y anticubano.

 

Entre el 18 al 22 de agosto, se celebró el Primer Congreso Latinoamericano de Escritores y Artistas donde se mostró el grado de compromiso político de la intelectualidad de la región, siendo clausurado el mismo por el Comandante Fidel Castro. Por su parte, el Comandante Ernesto Che Guevara, en esa misma fecha, realiza una visita a su  Argentina natal, en la que es recibido por el mandatario A. Frondizi. Posteriormente llegó a Brasil, donde le es impuesta la condecoración más alta de la nación, la “Cruz del Sur”, por el presidente de ese país, Janio Quadros. La ofensiva diplomática cubana no cesó y en el mes de diciembre una delegación encabezada por el Vice-Ministro de Relaciones Exteriores Carlos O. Sánchez, sostuvo entrevistas y negociaciones con los jefes de varios Estados del subcontinente, entre ellos, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina y Bolivia.

 

A su vez, la actividad exterior del Gobierno Revolucionario, más allá del hemisferio occidental, se desarrolló con la participación de una delegación oficial que asistió, como observadora en el mes de abril,  a la reunión del Consejo de Solidaridad de los Pueblos Afroasiáticos, pertenecientes a la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia y África, celebrada en Bandung, Indonesia. Este evento fue el antecedente  de la reunión de 22 países en El Cairo, Egipto, -Cuba asistió como miembro pleno- efectuada del 5 al 12 de junio, en la que se convocó a la Primera Conferencia de Países No Aliados a Pactos Militares. La novedosa organización tercermundista se celebró, finalmente, en Belgrado, Yugoslavia, entre el 1ro de agosto y el 6 de septiembre. La delegación cubana estuvo liderada por su Presidente Osvaldo Dorticós Torrado, quien pronunció su discurso el día 2 de septiembre.

 

En el mismo, el dirigente cubano expuso el orgullo de su delegación de ser miembro fundador y único de la región latinoamericana y caribeña, asimismo señaló que la gran tarea de ésta era la de unir los esfuerzos y la solidaridad de los gobiernos y pueblos subdesarrollados en su lucha contra el imperialismo mundial, de apoyar el desarme general y completo, por el derecho a la paz y la propia existencia de la humanidad; por un mundo más justo y equilibrado, desde el punto de vista económico, comercial, financiero y social, por el progreso y el desarrollo para todos con igualdad de condiciones tanto en el plano interno de las sociedades como en el ámbito internacional.

 

El presidente de Cuba demandó también el desmantelamiento de todas las bases militares en territorios extranjeros que, contra la voluntad de los pueblos, mantenían los imperialistas menoscabando la independencia y soberanía de las naciones. Denunciando la explotación colonial,  se alentó a los pueblos que luchaban por su liberación y se propuso un proyecto de reestructuración de la Secretaría General de la ONU, por los graves sucesos acaecidos en el Congo y el asesinato de su líder Patricio Lumumba, con la tolerancia de la organización mundial. Esto último, aseveró el mandatario cubano, constituyó una violación flagrante del derecho internacional y de las normas vigentes de no intromisión e ingerencia en los asuntos internos de los Estados, de los cuales el recién inaugurado organismo tenía que ser un celoso guardián. 

 

Este fue el origen del Movimiento de Países No Alienados, que ratificó su condición y tomó la denominación definitiva  en la  Segunda Conferencia en el Cairo, Egipto, en 1964. En Belgrado, con la presencia de alrededor de 25 naciones de todas las latitudes, menos el primer mundo industrializado (incluidos los de la OTAN) y los países socialistas miembros del Pacto de Varsovia, surgió a la vida  política un original organismo internacional que al pasar de los años tuvo una gran resonancia en la arena internacional, a pesar de la heterogeneidad ideopolítica de los gobiernos que la conformaron. Su misión tuvo y sigue teniendo una amplitud tan diversa y, a la vez, tan común para la mayoría de sus miembros, que ello permitió concertar en su seno acciones conjuntas contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo,  el racismo, el “Apartheid” y otras formas de discriminación, opresión y dominación de los pueblos.

 

La posición de Cuba, sin embargo, siempre fue diáfana desde los inicios. El hecho de no pertenecer a ningún pacto militar, afirmó el presidente Dorticós, no podía llevar a la neutralidad en las posiciones de principios, ante problemáticas internacionales y regionales que involucraran, incluso, a los bloques ideopolíticos y militares existentes. No constituyó un dilema antagónico para el Gobierno Revolucionario, saber distinguir de qué lado estuvo la razón en los múltiples conflictos internacionales. El Imperialismo norteamericano y sus aliados eran los enemigos principales y esenciales de los pueblos y, si existieron contradicciones con el campo socialista y la China popular, estas no fueron relevadas de recibir una crítica constructiva por la parte cubana, tanto en el seno del movimiento o en el plano bilateral. Pero  Cuba siempre hizo constar que los aliados naturales eran los Estados Socialistas.  Esa posición beligerante e independiente de la Isla caribeña le dio un carácter más acentuado al MNOAL y le fue reciprocado a la Isla cuantas veces necesitó del apoyo del mismo. La inclusión de Cuba, por decisión propia, en el seno del movimiento tercermundista organizado le ofreció a la Revolución una nueva tribuna de denuncia contra los planes anticubanos, un lugar destacado en la organización que contenía el mayor número de países subdesarrollados del planeta, la posibilidad de pronunciarse en apoyo de las causas por la liberación nacional y social y multiplicó su proyección nacional y exterior.

 

En el escenario latinoamericano, la política cubana también realizó ingentes esfuerzos por radicalizar su enfrentamiento contra el imperialismo norteamericano. El apoyo a las fuerzas de izquierda más proclives a la acción directa armada contra los regímenes tiránicos y lacayos aumentaron como contramedida al planteamiento de doble vía lanzado por los EE.UU. Aunque todas las iniciativas de la Isla estuvieron motivadas por sus principios ético-revolucionarios y solidarios. El caso de la concesión de la ciudadanía nacional, el 19 de febrero de 1961, a los borinqueños Juan Tuarbe y Doña Laura Albizu Campos, a quienes el Gobierno Revolucionario  designó como miembros de la delegación cubana ante la ONU, fue un acto de dignidad y soberanía nacionales y un gesto de latinoamericanismo sin precedentes.

 

Los resultados de la política estadounidense de contrainsurgencia y reformas se hicieron evidentes al romper relaciones con el Gobierno Revolucionario, a mediados y finales de 1961, las autoridades de Colombia, Costa Rica, Honduras, Uruguay y Venezuela. Ese es el viraje de la política del presidente Rómulo A. Betancourt, pues al fin se había quitado del rostro su máscara de democratismo-burgués y torció a la derecha el rumbo de la política exterior de su país, dándole un contenido exacto a su doctrina, enunciada en la primera parte.

 

Muchos de ellos, aunque revocaron a sus embajadores en La Habana conservaron sus legaciones diplomáticas. Este tipo de situación se prestó, en muchos casos, para brindar cierta cobertura oficial al espionaje, acoger a individuos que pidieron asilo político por sus actividades contra la seguridad del Estado y para contactar a miembros de las organizaciones contrarrevolucionarias. El caso de la Embajada de Venezuela  en La Habana,  fue el que más demostró tales propósitos. En una alocución por la televisión cubana,  el contrarrevolucionario Reynold García, denunció que en esa sede diplomática se llevaban a cabo actividades en contra de Cuba con la presencia del Encargado de Negocios de ese país.

 

El interés y camino emprendido por la vanguardia de la Revolución no fue el de “exportar la Revolución” sino el de aumentar el respaldo a los grupos de revolucionarios latinoamericanos y caribeños que arribaron a la Isla solicitando solidaridad material y moral. Los encuentros de la dirección política de Cuba con estas agrupaciones y personalidades, que en muchos casos estaban en las primeras etapas de organización y en los preparativos insurreccionales o ya habían iniciado la acción guerrillera, constituyeron una continuación de las reuniones  y del apoyo aportado en los años 1959 y 1960, pero siempre respondieron a los planes autóctonos de esas organizaciones.

 

No obstante, se trató que el sustento más directo se les diera a aquellos hombres y mujeres que radicaron y lucharon en los países con dictaduras o que sus gobiernos cedieron ante las presiones estadounidenses y tomaron un rumbo anticubano abierto. De esa forma nuevos nombres y nacionalidades se sumaron a la larga lista de revolucionarios que recibieron entrenamiento militar, cursos de superación política y algunos medios logísticos (algún financiamiento y armamentos) para reiniciar el combate.

 

Los futuros líderes de los movimientos guerrilleros de Venezuela, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Uruguay, entre otros, se reencontraron en Cuba y fueron recibidos como en su propia casa. Un informe de la CIA, intentó acercarse a la realidad al plantear que “[...] Para 1961-1962, el apoyo de Cuba comenzó a tomar muchas formas, que fluctuaban de la conspiración y el entrenamiento a elementos tan tangibles como el apoyo financiero y de comunicaciones, así como algo de asistencia militar.” Incluso, otro informe de la agencia, al que no daremos toda la rigurosidad histórica, expresó que entre 1961 y 1964 de 1,500  a 2,000 latinoamericanos recibieron entrenamiento guerrillero o adoctrinamiento político en Cuba. Esta cifra no ha sido desclasificada por el gobierno cubano, por lo que no está confirmada y carece de toda seriedad.

Pero un nuevo escollo se presentó ante los empeños cubanos y los integrantes de la  Nueva Izquierda. Algunos dirigentes de los partidos comunistas de la región que no estaban de acuerdo con los métodos de la lucha armada criticaron muy cautelosamente y en privado a la Revolución Cubana por tratar de entrometerse en asuntos que consideraron de su no incumbencia y por apoyar a grupos disidentes que optaron por una vía que para ellos era “aventurera e izquierdizante”.

 

Otros fueron más allá y dieron sus quejas directamente a Moscú. Aunque, para no errar en la valoración histórica, la mayoría de la dirigencia y la membresía comunista latinoamericana y caribeña, en esos años de 1960-1961, nunca hicieron públicas sus diferencias con la Revolución Cubana y la continuaron apoyando incondicionalmente.

 

Todas las divergencias estuvieron condicionadas, en parte, porque la línea del movimiento comunista internacional, dirigida por la URSS y su partido comunista, nunca contempló acciones armadas en el continente donde los EE.UU. tenían su poderío hegemónico. Nuestro criterio al respecto es que los soviéticos no comprendieron el panorama político del subcontinente y a sus fuerzas revolucionarias más radicales; no desearon ayudar -el apoyo a Cuba fue muy costoso- a los movimientos revolucionarios en este hemisferio a quienes observaron bajo el prisma de grupos contestatarios a su línea política, porque su práctica se asemejaba más a la enarbolada por los maoístas chinos; como tampoco tuvieron interés en disuadir a los partidos comunistas más ortodoxo-dogmáticos, para que aceptaran y propiciaran un cambio en el método de lucha, la táctica y las vías para realizar la Revolución, y porque estas organizaciones fueron “fieles” seguidores de los lineamientos reafirmados en los Congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

 

Finalmente, porque los soviéticos tampoco deseaban involucrarse en una confrontación directa con los EE.UU., a miles de kilómetros de distancia de su territorio. Según información de dos investigadores norteamericanos (rusos nacionalizados) que tuvieron acceso a los archivos soviéticos, entre 1961-1962, “[...] Moscú mostró ambivalencia hacia los méritos de la ofensiva regional de Castro.” Aunque estos estudiosos plantean que pudieron revisar algunas de las fuentes originales soviéticas acerca de sus relaciones con Cuba, lo cierto es que se puede intuir, con buen sentido analítico-político, que en ese año (1961) la situación en Europa del Este constituyó la de mayor prioridad para la política exterior de los soviéticos dada por la tensa coyuntura creada en la frontera entre las dos Alemanias y la construcción acelerada de un fatídico “Muro” de separación en la RDA y la RFA, y que por lo tanto no prestaron atención a los nuevos aconteceres revolucionarios en América Latina y el Caribe.

 

La Revolución Cubana, su posición independiente y solidaria hacia Latinoamérica significaron, desde entonces, un serio problema para los dirigentes comunistas soviéticos, los de Europa del Este y los que seguían su línea ciegamente en Nuestra América. Sin embargo, los soviéticos decidieron que no podían perder a Cuba, como parte del movimiento comunista y el campo socialista, ya que en ello se jugaban su moral revolucionaria, el prestigio de gran potencia y hasta los principios del internacionalismo socialista que tanto habían propagado.

 

Pero una Revolución Continental no estuvo en sus planes estratégicos inmediatos y mediatos. Una derrota en Cuba era una derrota para la URSS y el movimiento comunista internacional que, en cierta forma, habían apostado muy alto y seriamente por su consolidación. Pero el resto de América Latina y el Caribe fueron otra problemática por la cual no se sintieron jamás comprometidos. El respaldo militante cubano a la Nueva Izquierda, produjo agudos debates al interior de los partidos comunistas, los cuales tuvieron que soportar una vez más en su historia desgajamientos y divisiones, por no asumir una posición independiente ante Moscú y analizar, sopesadamente, las posibilidades reales de encauzar la radicalización de algunos sectores populares en el enfrentamiento contra sus regímenes burgueses y el imperialismo norteamericano.

 

Esta situación contradictoria perduró -en cierto sentido relativo- hasta la Conferencia Extraordinaria de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe, que se celebró secretamente en La Habana, en noviembre de 1964, en la cual se llegaron a algunos acuerdos, pero donde Cuba no cedió en sus posiciones de principios ante la posibilidad real de apoyar con todos los medios a su alcance a los movimientos revolucionarios de la región. La afirmación que realiza el estudioso Piero Gleijeses de que la mirada solidaria cubana estuvo más inclinada desde entonces hacia Africa, es una verdad a medias.

 

Incluso el informe de inteligencia de los funcionarios de la Embajada de la RDA en La Habana, de que Cuba no quiso afectar las relaciones con la URSS y el resto del campo socialista y realizó concesiones en esa reunión de los comunistas latinoamericanos acerca de su apoyo a los movimientos guerrilleros en el continente, también es falsa cuando se observa detenidamente que la lucha insurgente revolucionaria en el subcontinente alcanzó en esos años sus cotas más altas, así como el comprometimiento militante cubano. La presencia de  numerosos combatientes en la Guerrilla del Che Guevara, en Bolivia, 1966-1967, y la de oficiales y combatientes  en la guerrilla venezolana 1967-1969, desmienten cualquier aseveración al respecto. 

 

Sin embargo, para ser muy honestos con la historia, la ayuda soviética a Cuba nunca cesó y ésta apoyó a la Revolución Cubana incondicionalmente en esos duros años contra la agresión imperialista estadounidense. Aunque la venidera Crisis de Octubre, de los mísiles o los cohetes de ese propio año 1962, abriría algunas incógnitas de hasta dónde se arriesgarían por Cuba.

Algunos datos e información más rigurosos, aunque no conclusivos, permiten aseverar que guerrilleros guatemaltecos, bolivianos y argentinos comenzaron sus actividades de preparación militar en la Patria de Martí, a finales de 1961. El hecho comprobado de que el futuro miembro de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia (1966-1967), José María Martínez Tamayo (Papi), tuvo estrechos vínculos con esos grupos es una realidad irrebatible. Incluso, sin poder aún precisar la fecha de la partida ni de la caída en combate y el presidio de los cubanos Hermes Peña y Alberto Castellanos, respectivamente, podemos afirmar que estos fueron los primeros cubanos en arribar y combatir en tierras argentinas entre 1961 y 1964.

 

Entre los combatientes que partieron hacia otros países de la región, también se encontró el periodista cubano-argentino Jorge Ricardo Masetti, quien en 1958 había conocido al Che en la Sierra Maestra y que posterior al triunfo del 1ro de enero de 1959 regresó a Cuba y dirigió la Agencia de Prensa Latina, recibiendo también entrenamiento militar e integrando la incipiente inteligencia cubana. En octubre de 1961, se le encomiendan algunas misiones de apoyo al Frente de Liberación Nacional de Argelia, como hemos explicado en los párrafos anteriores, y luego en la propia tierra argelina, obtuvo una experiencia práctica que aprovecha para conocer la lucha en las zonas urbanas y rurales.

 

El actual General de Cuerpo de Ejército y Ministro del Interior de Cuba, Abelardo Colomé Ibarra (Furry), narró su partida, a principios de 1962 (aunque con contactos previos desde 1961), hacia Argentina, con una breve estancia en Bolivia -como potencial base de apoyo logístico- para analizar el posible teatro de operaciones y el desarrollo de un futuro Ejército Guerrillero de los Pobres, en el país sudamericano. En 1963, el propio Furry y Tamayo (Papi) continuaron trabajando para preparar las condiciones de la guerrilla argentina en la región de Salta, conjuntamente con patriotas bolivianos, los hermanos Inti y Coco Peredo y Rodolfo Saldaña, entre otros. Al frente de la misma iría el propio Comandante Ernesto Che Guevara (Comandante Primero), aunque en la avanzada partió Jorge Ricardo Masetti (Comandante Segundo), con cerca de 30 combatientes, en 1963, con pasaportes diplomáticos facilitados en la Argelia liberada del Presidente Ahmed Ben Bella. En 1964, se perdió contacto con el mismo, después se conoció que fue cercado y murió o fue asesinado en circunstancias poco aclaradas hasta nuestros días. El Che se sintió muy frustrado, amargado y con una carga de conciencia muy alta ante esta pérdida y se sintió más comprometido que nunca para marchar a luchar en otras tierras del mundo, y finalmente cumplir con el proyecto de abrir un frente guerrillero en Argentina.

 

Tal era el panorama de las actividades guerrilleras en América Latina y el Caribe y del compromiso de la Revolución Cubana, en el segundo semestre de 1961, para con las mismas.

 

La exclusión arbitraria cubana de la OEA. La defensa de Cuba y la Segunda Declaración de La Habana.

 

Nunca antes estuvo más cerca la posibilidad de una agresión militar directa de los EE.UU. contra Cuba que en el año 1962. Los planes anticubanos denominados como la “Operación "Mongoose” -Operación Mangosta-  avanzaron a marcha forzada y nada parecía detenerlos. La Crisis de los cohetes, en Octubre de 1962, fue el colofón de esa situación tan peligrosa.

 

La coyuntura era dramática y no solo en el ámbito hemisférico. En Europa, la crisis sobre Berlín aumentaba. El posible enfrentamiento entre la URSS y los EE.UU., entre la OTAN y el Tratado de Varsovia fueron motivos de grandes titulares de la prensa y fuertes debates en los medios políticos en ambos bloques político-militares. No pareció encontrarse una solución a la confrontación y se tensaron las situaciones hasta extremos insospechados. La Guerra Fría y la política exterior de los EE.UU. constituyeron el gran motor de las diferencias y contradicciones.

 

Para los regímenes neocolonizados del subcontinente, el grito de: ¡Cuba sí, yanquis no!, tuvo una trágica resonancia interna que no estuvieron dispuestos a tolerar. No solo fue una consigna solidaria de los pueblos para con la Cuba revolucionaria sino el preámbulo del momento en que las masas populares podrían lanzarse a la lucha por la liberación nacional y social, contra la dependencia del imperialismo norteamericano y las burguesías lacayunas. Para algunos de los gobiernos “democráticos” de la región había llegado el momento de quitarse sus caretas “progresistas” no solo para con la realidad de la Revolución en la Mayor de las Antillas sino hacia dentro de sus propias sociedades. A la actitud anticubana de los regímenes de Nicaragua, Haití, Paraguay, República Dominicana (Trujillo es asesinado en mayo) y Guatemala, se sumaron las “democracias representativas” de El Salvador (Junta Militar en el poder), Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica y Venezuela.

 

Los ataques contra Cuba eran de la misma sustancia que en los años anteriores, aunque algunos nuevos elementos de la propaganda se perfilaron. La idea de que en la Isla se violaban los derechos humanos (a la Comisión Interamericana de Paz de la OEA fueron llevados tales acusaciones) y que el Gobierno Revolucionario Cubano intervenía, a través de sus embajadas  y  funcionarios,  en  los  asuntos  internos de los países con los que mantenía relaciones diplomáticas y consulares, ayudó a agitar el fantasma de la “exportación de la Revolución” y la necesidad de fortalecer la seguridad nacional de esas naciones. En el caso de la violación de los derechos humanos se hizo énfasis en la necesidad de que Cuba no ajusticiara severamente a los mercenarios que habían sido encarcelados y estaban  algunos pendientes de juicio. Las denuncias se basaron en que los mismos se “maltrataban y que no eran sometidos o no se someterían a  procesos judiciales imparciales y justos”. El problema provocado por el gobierno de Costa Rica fue una demostración evidente de lo que se preparó. El régimen de ese país rompió relaciones con Cuba “al conocer” el ajusticiamiento de criminales de guerra como Ramón Calviño (mercenario capturado en Playa Girón, que tenía un amplio expediente de asesinatos contra muchos revolucionarios durante la dictadura de Fulgencio Batista). La causa de la ruptura de las autoridades “ticas” fue cínica: “la violación de los derechos humanos” por la parte cubana.

 

Ante la solución humanista de la Revolución Cubana, de que los mismos podían ser devueltos a EE.UU. si este país agresor pagaba, en especie, el costo de la agresión y el retorno de sus asalariados, las autoridades de la Casa Blanca elucubraron un nuevo plan maquiavélico que consistió en que a su regreso, los invasores derrotados -cambiados por alimentos, medicinas y otros productos, como tractores- y los nuevos reclutas contrarrevolucionarios pudieran ingresar en las fuerzas armadas norteamericanas, facilitando su entrenamiento encubierto y la futura intervención directa del ARMY-USA  en Cuba y otras partes del mundo.

 

En el segundo caso, la histeria y el clima agresivo fue de tal magnitud que la Delegación de Cuba remitió al Secretario General de la OEA, a principios de octubre de 1961, un documento donde denunciaba que estas variadas provocaciones, podrían traer como consecuencia que los países latinoamericanos que mantenían relaciones con la Isla se sintieran compulsados a deteriorar las mismas como había sucedido con Guatemala y Nicaragua quienes rompieron los lazos con el “Gobierno de la Habana” por acusaciones de que las misiones cubanas en esos países se inmiscuían en la política interna.

 

El caso salvadoreño fue uno de los más graves, al asaltarse la embajada cubana por  militares de ese país, llevarse preso y esposado al representante diplomático, amenazarlo de muerte y registrar todas sus pertenencias en búsqueda de correspondencia comprometedora  que demostrara las acciones del Gobierno Revolucionario en contra del derecho internacional. En noviembre fue atacada y asaltada la sede diplomática cubana en Lima, por cinco individuos armados. Posterior al hecho vandálico aparecieron en el diario La Prensa, de ese país noticias falsas -apoyadas en documentos espurios también- en las que se señalaba la supuesta intromisión de la Misión de Cuba en los asuntos internos de ese país. Otra provocación de esa índole sucedió en Argentina. Aprovechando la expulsión de un funcionario del Servicio Consular cubano y utilizándolo como instrumento para atacar a Cuba se intentó crear una situación similar a la del Perú, al presentar documentos apócrifos “extraídos de la legación diplomática cubana de Buenos Aires”. El gobierno cubano, para demostrar la patraña, permitió que la Cancillería argentina revisara los libros de asiento y todos los documentos que deseara. El final fue previsible, los “famosos” documentos no se correspondieron con los números y las firmas de los funcionarios cubanos y, por tanto, mucho menos con los originales. Eran tan infieles como que el mismo personaje contrarrevolucionario, el susodicho Frank Díaz, un aventurero, reincidía en las mismas acciones con Argentina, como lo hizo en el Perú. El gobierno argentino se encargó de desinflar ese ”pretexto” y calumnia al declarar que todo fue una burda invención. Hubo hasta la intención de crear una situación similar en la representación diplomática cubana en las Filipinas.

 

Mientras tanto, en el mismo documento cubano ante la OEA de octubre, el Gobierno Revolucionario advirtió que en Guatemala se estaban entrenando militarmente más de 600 hombres de varias nacionalidades, entre ellas cubanos, con el fin de agredir a la Isla. La ubicación de la base del ejército guatemalteco era sintomática, radicaba en la finca “La Rosa” perteneciente a la sobrina del presidente de ese país. Asimismo, la Nota Cubana señaló que en Nicaragua habían concentrados en la hacienda “Montelimar”, propiedad de Somoza, centenares de mercenarios; que en la zona de Constanza, República Dominicana, también existían campos de entrenamiento de contrarrevolucionarios y, en Puerto Rico, en la zona cercana al poblado de Santa Isabel, se habían construido pistas de aterrizaje para aviones bimotores y bombarderos. Los meses y días que antecedieron a Playa Girón volvieron a  repetirse de forma más peligrosa, pues en estos momentos eran más los países involucrados. Los acontecimientos se aceleraron. El 4 de octubre, en el contexto de la campaña anticubana, la Junta Interamericana de Defensa decidió excluir totalmente de las labores de la  misma al delegado cubano, lo que constituyó un acto arbitrario, pues Cuba era aun un Estado miembro de la OEA y debía disfrutar de sus derechos en el Sistema Regional.

 

El 6 de octubre, el Consejo Permanente y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA recibieron a los miembros del titulado Consejo Revolucionario Cubano -que radicaban en el exilio de Miami-, quienes días antes había presentado a dichas instituciones un documento solicitando ayuda para derrocar al régimen “[...] que ha encadenado al pueblo cubano a la dominación soviética”. (Acta de la Sesión del Consejo del 16 de octubre de 1961, Fondo de la OEA, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de  Cuba).

 

Las “causas” para las futuras acciones en el marco de la OEA estuvieron casi preparadas. En ese momento, nuevamente el gobierno del Perú, fue el encargado de iniciar los intentos para convocar una reunión de la OEA con el fin de buscar una acción colectiva hemisférica contra el Gobierno Revolucionario. El 16 de octubre el régimen peruano solicitó al Consejo Permanente de la OEA que “[...] de acuerdo con el Artículo 6 del TIAR, convoque con carácter urgente al Órgano de Consulta y que, de conformidad con el Artículo 12 del mencionado tratado, se constituya y actúe provisionalmente como Órgano de Consulta con el objetivo de designar una comisión que se constituya en Cuba sin demora para investigar los hechos de materia de esta solicitud”. (Acta de la Sesión extraordinaria del Consejo de la OEA celebrada el 16 de octubre de 1961. OEA/Serie G/61, Documento 7, p. 32; en Archivo del MINREX de Cuba). La idea de concretarse, siempre con carácter urgente, consistió en que cualquier decisión que se tomara por el TIAR, era de estricto cumplimiento para todos los países miembros como lo estipulaban sus estatutos. La acusación fue congruente con la campaña anticubana en desarrollo: la violación de los derechos humanos y la represión que reinaba en Cuba.

 

La “tragedia cubana” se declaró con las siguientes palabras: “[...] La efusión de sangre y la opresión que sufre el pueblo cubano por parte del régimen comunista que lo gobierna, constituye una afrenta para América, continente esencialmente libre, democrático y respetuoso de la persona humana.” En otro párrafo señaló que las ejecuciones arbitrarias del Gobierno cubano afectaban no solo a los adversarios políticos sino también a las mujeres, los menores de edad y altos representantes de la cultura y de la Iglesia. Haciendo uso cínico de la “Operación Peter Pan” (Ramón Torreira  y José Buajasán Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, Editora Política, La Habana, 2001), el documento peruano se hacía eco de la campaña inhumana de que “[...] el Estado cubano le iba a quitar el derecho de la Patria Potestad a las madres de los niños en Cuba”. Además, no estuvo ausente la acusación de la supuesta ingerencia de los diplomáticos y funcionarios cubanos en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

 

El desespero o la ineficiencia de Derecho, del representante del Perú, le hizo olvidar que para invocar el Artículo 6 del TIAR hacía falta una situación de agresión o amenaza de agresión externa e interna, por tanto el sustento jurídico no era valido. La acusación peruana se refería a un objeto  inherente  a la soberanía nacional de Cuba, por lo que la propuesta en sí fue un  llamado a la intervención en los asuntos internos de un país, hecho que era violatorio de la propia Carta de la OEA. Por ende, simple y llanamente la propuesta no era viable. Ello fue aprovechado por la diplomacia cubana y la de otros países latinoamericanos para negar el procedimiento. Finalmente, el 25 de octubre la propuesta se trasladó para la Comisión Interamericana de Paz con el objetivo de que fuera estudiada. El Embajador cubano en la OEA, Carlos Lechuga,  respondió duramente al Gobierno peruano poniendo al desnudo las viejas intenciones del régimen de ese país de convertirse en punta de lanza dentro del hemisferio en las acusaciones a Cuba para motivar una acción colectiva de agresión. Las palabras de la Isla resonaron en los salones al expresar: “[...] O la Organización de Estados Americanos vuelve sus espaldas a los pueblos, ya sin remedio, para doblegarse  a la demanda del más fuerte, o la Organización de Estados Americanos se yergue y define los derechos de todos los Estados miembros a la autodeterminación. No hay otra alternativa.” (Carlos Lechuga Ob. Cit.) 

 

A  estas  alturas del debate, el gobierno colombiano  salvó  el “escollo jurídico y político” al proponer el 9 de noviembre que “[...] se convoque una reunión de  Ministros de Relaciones Exteriores, de acuerdo con el Artículo 6 del TIAR, para considerar las amenazas a la paz y a la independencia política de la los Estados Americanos, que puedan surgir de la intervención de potencias extracontinentales.” (Acta de la Sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 14 de noviembre de 1961. OEA/ Serie G/61, Documento 10, p. 15; en Archivo del MINREX de Cuba).

 

La fecha de la convocatoria, y la repetimos fue el 9 de noviembre, dejó sin efecto las elucubraciones y mentiras acerca de que el evento se había propuesto como consecuencia de las declaraciones del máximo líder de la Revolución, el compañero Fidel Castro, el 1ro de diciembre de ese año, en las que hubo de hacer pública su afiliación al marxismo-leninismo y la ratificación del carácter socialista del proceso cubano.

 

La  solicitud colombiana no mencionaba  a Cuba  (recordar la Declaración de San José) pero el 10 de noviembre, el Canciller de ese país, Caicedo Castilla dijo que: “[...] la ruptura individual de relaciones con Cuba no arrojaría resultados” y que lo conveniente “[...] era la interrupción colectiva de las mismas.” (Periódico Revolución, 11 de noviembre de 1961, La Habana, p. 1) El debate comenzó alrededor de si era o no lícito intervenir en los asuntos cubanos. La posición colombiana y la de algunos de sus seguidores, incluidos por supuesto los Estados Unidos, fue la argumentación de que sería realizada -la injerencia- como una “medida defensiva contra la amenaza del bloque sino-soviético en el hemisferio”. El representante cubano en la OEA reabatió tales argumentos señalando que no existían pruebas evidentes y fehacientes de esa amenaza y solo podía mencionarse como elemento jurídico de prueba un fantasma que no existía. Era, dijo el embajador de la Isla de la Libertad, un monumento a la intervención en los asuntos internos de Cuba y una interpretación “sui generis” del derecho internacional e interamericano. Y Lechuga hizo una larga acusación radiográfica de la violación de los derechos humanos más elementales en el Perú. 

 

Los gobiernos latinoamericanos se dividieron, en mayor o menor grado, en la polémica; los seguidores de la política de Washington encontraron el pretexto largamente buscado, otros como México, expresaron serias reservas a la propuesta colombiana concluyendo que no existían elementos para poner en marcha el procedimiento. La posición mexicana fue seguida por Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina.  Una lectura de las actas de la OEA demuestra que las refutaciones de los representantes  latinoamericanos mencionados no eran sólidas y no estaban relacionadas con una oposición firme a una intervención contra Cuba, sino en todo caso sus palabras tuvieron más que ver con el temor de que se echara a andar un mecanismo ilegal que podría romper las bases del sistema interamericano y poner en marcha la temida intervención norteamericana en el subcontinente que llegaría a alcanzar a sus propios países en otros momentos y circunstancias.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

(Continuará)

 

Las mentiras de la derecha continental IV

polillabaez @ 18:48

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos IV parte.

Por Orlando Cruz Capote*

 

oea.jpgSin embargo, una conclusión si era diáfana luego de la V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, y fue que se inició una crisis del sistema interamericano al levantarse una voz completamente disidente dentro de los cánones establecidos por la OEA. El estallido, a lo interno, de una organización creada para servir a los intereses de EE.UU. y las élites locales fue, por primera vez, una realidad posible. A partir del triunfo revolucionario cubano y, especialmente, luego de la realización de la V Reunión de Cancilleres, la imposibilidad de esta organización para enfrentar un proceso nacional-revolucionario genuino, a través de la vía  diplomática y las taimadas y abiertas agresiones económicas y políticas, la obligaba a recurrir al viejo “expediente guatemalteco”, la vía manu militari  para resolver el problema de las revoluciones se convirtió, prácticamente, en la única opción.

 

Y aunque se persistió en la necesidad de acusar y hasta expulsar a Cuba de la OEA, antes de llevar a cabo una agresión militar, la alternativa más agresiva primó, aunque por primera vez en la historia del continente podía ser también destrozada. Los hechos históricos corroborarían tal afirmación.

 

Limitaciones de una política de aislamiento: la OEA en su VI y VII Reunión de Cancilleres.

 

La dinámica cada vez más vertiginosa y radical de los acontecimientos revolucionarios cubanos, la evolución (involución) de las relaciones entre La Habana y Washington, la ductibilidad de las posiciones de los gobiernos latinoamericanos más tendientes al apoyo de los planes norteamericanos contra Cuba y el reinicio de las luchas populares y guerrilleras en sus países  provocaron que 1960 se convirtiera en un año decisorio en el accionar anticubano del  sistema interhemisférico.

 

Durante ese año, el presidente estadounidense D. W. Eisenhower aprobó el plan de entrenar una fuerza invasora e, igualmente, redujo la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano. La misma, como hecho sintomático, fue repartida entre algunos de los gobiernos latinoamericanos y caribeños (aunque fueron incluidos también Hawai y Filipinas). De alrededor de un millón y medio de toneladas de azúcar que esos países vendían a EE.UU. en 1960, ya en 1961 pasaron a tres millones y medio de toneladas. Las agresiones económicas, sabotajes, declaraciones contra Cuba en el seno del gobierno y la prensa norteamericana aumentaron de manera geométrica. Prácticamente eran del conocimiento público los intentos reales de agresión, solo se desconocía el momento y el lugar de la invasión. Se sabía, además, qué países de Centroamérica estaban involucrados directamente: Nicaragua, Guatemala, Honduras (Islas Cisnes), Panamá y República Dominicana.

 

Desde el primer trimestre del año, las autoridades estadounidenses continuaron con los planes de acusar a Cuba en el organismo interamericano. En un memorando sobre una conferencia con el Presidente efectuada en la Casa Blanca, el 17 de marzo, se decía que a pesar de que otros países miembros de la OEA “[...] no pueden oponérsele (a Fidel) con mucha fuerza, debido a que se sienten inseguros con respecto a las capacidades de acción de las masas dentro de sus propios países, a las que le simpatiza el tipo de demagogia de Castro [...]  había que tratar por todos los medios [...] en esencia de lograr que la OEA nos apoye”. (Memorandum de una Conferencia con el Presidente en la Casa Blanca, Washington, 17 de marzo de 1960, 2:30 p.m. En Biblioteca Eisenhower, Documento del Proyecto Clean Up (Limpieza). Cuestiones de Inteligencia. Estrictamente confidencial. Preparado por el Brigadier General A. J. Goodpaster, el 18 de marzo de 1960. Ver: Tomás Diez La Guerra Encubierta contra Cuba. Documentos desclasificados de la CIA, Editora Política, La Habana, 1997, p. 19).

 

Incluso, el debate era más profuso, cínico y antagónico puesto que se discutió a propuesta de D. W. Eisenhower si esa actuación de la OEA debía ser fundamentada  “[...] en la palabra “comunismo” o si lo podíamos basar en la palabra dictadura, confiscación, amenazas de muerte y otros. El seño Nixon dijo que pensaba que la Resolución de Caracas se basaba en el término “comunismo internacional”. (Idem). Lo paradójico de tal planteamiento, lo constituía el hecho de que los EE.UU., en estos primeros meses no estaban seguros de realizar una operación conjunta contra Cuba “[...] y si lo solicitaba y no lo obtenía la OEA volaría más alto que un papalote” (Memorandum de una Conferencia en el Departamento de Estado, Washington, 27 de junio de 1960. En Departamento de Estado. Archivos S-P: Lot. 67 D 548, Cuba 1959-1961. Secreto. Distribución limitada. Redactado  por Stevenson y aprobado el 26 de julio de 1960. En Idem., p. 26)., aunque se valoró la variante de que los propios norteamericanos lo realizaran solos “[...] o apoyar a un grupo que trate de derrocar a Castro y a la vez pedirle apoyo a la OEA”. (Idem) En el mes de abril de 1960, Cuba denunció en el seno de la OEA, que los informes de la Comisión Interamericana de Paz, que rendía valoraciones desde la V Reunión de Cancilleres, tenían un lenguaje abstracto y hermético por lo que era muy difícil comprender si se acusaba al régimen de Trujillo por sus acciones anticubanas y antivenezolanas o se pretendía un rodeo táctico para ocultar las responsabilidades de ese gobierno y culpar a otro país -Cuba-  sin mencionar su nombre en los textos.

 

Paralelamente, las audiencias en el senado norteamericano y las declaraciones anticubanas de los diferentes dirigentes de ese país, conjuntamente al arreciamiento de las campañas de prensa contra Cuba, dieron una imagen diáfana de cuáles eran los objetivos del gobierno de EE.UU. que consistieron en conformar la idea de que las “inclinaciones comunistas”, las “filtraciones comunistas” y la “influencia del comunismo internacional” en el gobierno revolucionario habían convertido a éste en una amenaza y fuente de conflictos en el hemisferio occidental.

 

El 21 de junio, los Estados Unidos presentaron un Memorando a la Comisión Interamericana de Paz de la OEA, intitulado “Acciones provocadoras del Gobierno de Cuba contra los Estados Unidos que han contribuido a aumentar las tensiones en la zona del Caribe” (Documentos de la Organización de Estados Americanos, Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, San José, Costa Rica, 22 al 29 de agosto de 1960, Unión Panamericana, Washington DC., 1961, Anexo F,  p. 1, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba), como parte del plan de llevar a Cuba al seno del organismo interhemisférico en la condición de culpable. En tal coyuntura, dos nuevas situaciones se sumaron al complicado panorama político latinoamericano relacionadas con Venezuela y Cuba.

 

El 24 de junio se produjo un atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, siendo acusado inmediatamente el régimen de Trujillo. Unos días más tarde, el 9 de julio, el Primer Ministro de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, en gesto solidario con la Revolución Cubana, hizo unas improvisadas y espontáneas declaraciones, según versiones de la influyente publicación  norteamericana The New York Times, de dura advertencia a los EE.UU. con respecto a su política hacia Cuba. En la misma, N. Jruschov afirmó que “[...] Debía recordarse que los EE.UU. no están ya a una distancia tan inalcanzable de la Unión Soviética como antes. Hablando en sentido figurado, si fuere necesario, los artilleros soviéticos podrían apoyar al pueblo de Cuba, con el fuego de sus cohetes, si las fuerzas agresivas del Pentágono osan iniciar una invasión de Cuba. Y el Pentágono debía estar bien aconsejado de no olvidar que, como demuestran las últimas pruebas, tenemos cohetes que pueden caer con precisión sobre un blanco situado a 13 000 kilómetros de distancia. Esto es, si así os gusta, una advertencia a aquellos que gustarían de resolver los problemas internacionales por la fuerza y no por la razón”. (En, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 86).

 

Ante la disyuntiva internacional creada por la declaración soviética, el máximo líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, el 10 de julio, expuso los puntos de vistas de la Isla acerca de la misma que “[...] Cuando nuestro país está realmente frente al poder del imperio económico más grande del mundo, de la oligarquía más poderosa que no es la primera vez que ha lanzado sus zarpazos sobre los pueblos de América [...] la Unión Soviética se manifiesta de manera absolutamente espontánea -eso es lo que hay que destacar-; porque nosotros no hemos estado contando con los cohetes soviéticos para defendernos; nosotros hemos estado contando con nuestra razón; hemos estado contando con nuestra dignidad; hemos estado contando con el heroísmo de nuestro pueblo, con su voluntad de resistir [...]”

 

Pero el revuelo en la OEA ante el atentado a Rómulo Betancourt fue enorme. Se creó una comisión investigadora y a petición del gobierno de Caracas se solicitó una reunión de cancilleres. En esta situación, los EE.UU. lograron en unión con otros gobiernos de la región, vincular las violaciones de los derechos humanos en República Dominicana con las llamadas tensiones en el Caribe. Por otra parte, las consecuencias del pronunciamiento del dirigente de la URSS, hicieron exaltar la campaña acerca de la presencia del comunismo internacional en el gobierno cubano y el peligro que ello implicaba para el hemisferio americano. A tales efectos, el gobierno peruano solicitó la reunión de los cancilleres para analizar “las exigencias de la solidaridad continental, la defensa del sistema regional y de los principios democráticos americanos ante las amenazas que puedan afectarlos”. La insinuación no era tan “confusa” como en el año anterior, en este momento la dirección del futuro ataque era, indudablemente, Cuba.

 

Fueron tales las presiones y amenazas contra la Isla que el Gobierno Revolucionario Cubano decidió plantear sus quejas y acusaciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ante la inercia y la pasividad cómplice  de la OEA. El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, se dirigió a ese órgano el 18 de julio de 1960. Desde un primer momento, Roa aclaró las facultades de la ONU para escuchar a cualquier país integrante del mismo si éste lo solicitara porque “[...] No puede discutirse el derecho de ningún Estado Miembro de las Naciones Unidas a acudir al Consejo de Seguridad. Las organizaciones de tipo regional no priman sobre las obligaciones de la Carta. Nacen al amparo de la misma, pero nunca pueden representar para los Estados que las forman un medio menos, sino un medio más”. (¡Cuba no está sola! Intervención de Raúl Roa en el Consejo de Seguridad, 18 de julio de 1960,  en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Ob. Cit., p. 135). 

 

Sin retóricas de ningún tipo, el jefe de la diplomacia cubana expuso los derechos de Cuba de acudir a ese órgano aunque la Carta de la OEA estipulaba que todas las controversias internacionales que surgieran entre los Estados Americanos debían ser sometidas a los procedimientos pacíficos señalados en la organización interamericana antes de ser llevadas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Su aseveración jurídica estaba avalada porque, en otro de los articulados de la Carta de la OEA, se exponía que ninguna de las normas del sistema interhemisférico se podrá interpretar en el sentido que se menoscabaran los derechos y obligaciones de los Estados Miembros de acuerdo con la Carta de la ONU. Inmediatamente, el Canciller cubano expuso que “[...] La Cuba revolucionaria no es satélite ideológico o efectivo de ningún país. Miente, a sabiendas, quienes la acusan de tal. Cuba es hoy, también, por primera vez, un diminuto planeta que recorre su órbita histórica con absoluta autonomía de traslación y rotación. De ahí la divisa de nuestra política exterior: amigos de todos; siervos de nadie. Y, en consecuencia, aspiramos a convivir, libre y pacíficamente, con todos los pueblos y naciones del mundo, sobre la base de igualdad, respeto mutuo y recíproco beneficio, independientemente del carácter de sus respectivos sistemas sociales”. (Idem).

 

La voz de Cuba, a través de Roa, enumeró el minucioso glosario de las agresiones norteamericanas contra la Isla, incluso, ofreció datos acerca de los pilotos norteamericanos muertos o hechos prisioneros en los vuelos piratas para realizar acciones de sabotajes contra objetivos civiles y económicos. Y luego de realizar un recuento histórico de las relaciones de EE.UU. con la Cuba prerrevolucionaria, expuso los principales motivos por los cuales la administración estadounidense estaba agrediendo a la Revolución Cubana que, para el Gobierno Revolucionario no eran otros que su liberación e independencia de los monopolios norteamericanos y los logros ya palpables del proceso revolucionario. Por lo que solicitaba una resolución de ese órgano para ayudar a contener la agresividad de los EE.UU. Al finalizar su larga exposición declaró el deseo diáfano de su país de que se solucionara por vías pacíficas el diferendo exponiendo que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba reitera, pues, en este parlamento universal de naciones, su disposición a dirimir por los canales diplomáticos normales, en pie de igualdad y a la luz de las obligaciones internacionales contraídas por ambos países, sus diferencias con el Gobierno de los Estados Unidos”. Y dejó constancia del liderazgo cubano, de su determinación inquebrantable a resistir, en apretado haz con su pueblo, a quienes osaran desembarcar en las costas cubanas en son de conquistadores. No sería empresa fácil  derrotar a Cuba  porque su destino era el destino de todos los pueblos subdesarrollados de América Latina, Asia y África. Finalizando con la convicción de que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba solicita, por mi conducto, del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que adopte las medidas congruentes con la naturaleza de la cuestión planteada”.

 

Al día siguiente, al retomar la palabra para responder la resolución de la ONU, en la cual no se condenaban los actos de acoso, represalias y agresión de los EE.UU. y se consideraba que la denuncia de Cuba estaba siendo considerada en la OEA, el Canciller de la Isla advirtió que su país reafirmaba su pleno derecho a elegir la vía del Consejo de Seguridad y ratificaba, en todas sus partes, la denuncia que había formulado y negaba categóricamente que la grave situación existente entre EE.UU. y Cuba estaba siendo analizada en la OEA. Más adelante exponía que el “famoso memorando” del gobierno norteamericano sobre las supuestas provocaciones que le atribuía al Gobierno Revolucionario Cubano, en detrimento de las buenas relaciones en el Caribe, había sido remitido a la Comisión Interamericana de Paz, que era un organismo colateral de la OEA y no una denuncia formal presentada, como correspondería, al Consejo de la Organización. Otra vez los EE.UU. se erigían como juez y parte, además de mentir ante las Naciones Unidas. 

 

Mientras, en el edificio de la OEA, en Washington, los preparativos de la reunión de cancilleres continuaban a pasos agigantados. La sede ya estaba designada, sería San José, Costa Rica. El 1ro de agosto, el gobierno norteamericano dirigió otro memorando a la Comisión Interamericana de Paz donde se expresaba honda preocupación por las relaciones del Gobierno Revolucionario Cubano y el “bloque sino-soviético” y advertía sobre “una tendencia dictatorial de control político en Cuba”.  El 17 de agosto de 1960 se inauguró  la Sexta Reunión de Consulta de Ministros de la OEA  que culminó el día 21. El evento fue definitorio en cuanto a las acusaciones y la condena al régimen de Trujillo que abandonó la conferencia el día 18. Los EE.UU. y sus aliados hemisféricos denostaron al dictador dominicano por dos razones fundamentales, en primer lugar, porque eran evidentes las acciones agresivas de éste contra Venezuela y las violaciones de los derechos humanos que cometía internamente en su país; y, en segundo lugar, porque tenían que sacrificarlo para llevar adelante su misión contra Cuba. Primó nuevamente el pragmatismo a lo norteamericano de que “los EE.UU. no tienen amigos sino intereses”. Se encomendó, de acuerdo a las sanciones impuestas, el rompimiento de relaciones diplomáticas de los gobiernos latinoamericanos y caribeños con Santo Domingo, aunque el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Christian Herter, deslizó la idea de que debía crearse un Comité Especial de la OEA para supervisar unas elecciones que se convocarían en dominicana. El fantasma de la intervención encubierta o directa era la opción yanqui a los castigos (sanciones) que ya estaban definidos.

 

La delegación cubana votó a favor de las medidas propuestas siempre que se tuviera en cuenta o estuvieran en conformidad con los preceptos contenidos en los pactos, convenios y tratados internacionales, pero también enjuició a los EE.UU. por ser el protector de Trujillo y llevar a cabo agresiones constantes contra Cuba. Por lo que solicitó sanciones también contra Washington. La réplica y contrarréplica no se hicieron esperar. El señor Herter lanzó la difamación de las implicaciones ideológicas del acercamiento de Cuba con la URSS y la dependencia de  la  primera  con  respecto  a  la segunda. Roa respondió que Cuba  no era un satélite efectivo o ideológico de nadie gracias a la Revolución popular que le había conquistado el pleno ejercicio de la soberanía, y sentenció que “[...] De quien Cuba dejó de ser satélite para siempre, desde el primero de enero de 1959, es del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica”. (Raúl Roa Contrarréplica en la VI Reunión de Cancilleres de la OEA, en: Carlos Lechuga Itinerario de una Farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991,  pp. 85-86).

 

Un día más tarde, el 22 de agosto, se iniciaba la Séptima Reunión de Cancilleres de la OEA. Las intenciones de la misma, dada su rápida convocatoria, quedaron meridianamente claras en el acto de inauguración cuando el Canciller de Colombia Julio César Turbay Ayala, expresó que el encuentro tenía lugar para analizar el caso de Cuba y la solidaridad que le extendía la Unión Soviética; porque el Gobierno Cubano pretendía, además, debilitar la solidaridad continental hasta extinguirla y que la Mayor de las Antillas al minar la unidad hemisférica, lo que deseaba era sustituirla por una alianza de países subdesarrollados de todas las latitudes geográficas, cuyas doctrinas políticas no eran precisamente democráticas, y que intentaba darle una dimensión clasista a las relaciones entre los pueblos, sitiando a los Estados Unidos en su propio entorno. El cinismo, la hipocresía y la falta de ética no podían alcanzar un lugar más “alto”. Turbay Ayala defendía a los EE.UU. del “cerco que la pequeña Cuba pretendía tenderle”. La batalla diplomática y política había recomenzado. La tónica del discurso del colombiano era solo la antesala de lo peor.

 

Al hablar en la primera sesión de la VII reunión, el ministro cubano hizo una disertación de citas de Bolívar, Juárez, Martí y otros próceres latinoamericanos que enjuiciaban negativamente a los EE.UU. Su objetivo era claro, tenía que desenmascarar a Herter quien había señalado en el evento anterior, que en el lenguaje del canciller cubano se advertía cierta “influencia soviética”. Y cuando le preguntó a Herter y a los demás representantes latinoamericanos y caribeños quiénes escribieron o expresaron tales ideas antiimperialistas, él mismo contestó irónicamente que no habían sido obras de Carlos Marx o Nikita Jruschov y entonces nombró las fuentes revolucionarias latinoamericanas. Ya en los inicios de su intervención había declarado que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba no ha venido a San José de Costa Rica como reo, sino como fiscal. Está aquí para lanzar de viva voz, sin remilgos ni miedos, su yo acuso implacable contra la más rica, poderosa y agresiva potencia capitalista del mundo que, en vano, ha pretendido intimidarlo, rendirlo o comprarlo”. (Raúl Roa Intervenciones en la Séptima Reunión de Consulta de Cancilleres de las Repúblicas Americanas, en: Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Ob. Cit., p. 53).

 

Los argumentos del representante de la delegación cubana fueron muy sólidos desde el punto de vista histórico, político y ético. Las responsabilidades de los gobiernos de EE.UU. con respecto a la deformación estructural de la economía cubana, su atraso y subdesarrollo fueron narradas y expuestas con razonamiento lógico. No hubo una acusación o difamación que Cuba no respondiera y contraatacara. “[...] Y ahora, porque estamos dando fin a ese nuevo sistema de coloniaje, el coloniaje económico, -decía en otra parte de su intervención-  se nos proclama herejes dentro de la “democracia americana”. Antidemocráticos se nos llama, porque nuestro Gobierno no responde a los intereses de la oligarquía monopólica sino a los intereses del pueblo de Cuba. Porque distribuimos los latifundios y creamos cientos de miles de nuevos propietarios, dicen que estamos contra el derecho de propiedad. Porque hacemos al cubano dueño de sus tierras y de sus fábricas, nos dicen que estamos al servicio del comunismo internacional. Porque no tuvieron resultados los planes para bloquearnos económicamente, cortándonos el suministro de petróleo y privándonos de nuestro tradicional mercado, y porque hemos tratado de sobrevivir comprándole petróleo a quien se ha dispuesto a vendérnoslo y vendiéndoles azúcar a todos los pueblos que han querido comprarnos la que ellos rechazaron, dicen que abandonamos el sistema interamericano. En resumen, porque no nos hemos resignado a morir, quieren matarnos. Pero no quieren matarnos por sí solos, sino que están reclutando cómplices, porque necesitan justificar su crimen ante la opinión de América para que nuestra sangre no los ahogue”.  Al referirse a los intentos de convertir a Cuba en uno de los puntos polémicos de la Guerra Fría, y que desde el propio año 1959, EE.UU. propagó la idea de “la filtración comunista” en el gobierno cubano, el representante cubano tomó como ejemplo el último hecho promovido por la administración norteamericana que,  justificándose en  la apreciación de que la Isla había transgredido la disciplina de la OEA al aprobar la declaración del Premier Soviético Nikita Jruschov de solidaridad con Cuba, se preguntó y respondió acertadamente, “[...] ¿Quién provocó la declaración de Jruschov? ¿Constituye, propiamente, un intento de intervención en los asuntos privados del hemisferio? ¿O es la réplica oportuna a una larga cadena de agresiones y represalias? El único y verdadero responsable de esa declaración es el Gobierno de los Estados Unidos” .

 

Y continuó con una importante afirmación de principios en la arena internacional “[...] Si anudar relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con la Unión Soviética y otros países socialistas significa transgredir esa disciplina, transgredida queda [...] El Gobierno Revolucionario no puede supeditar su soberanía a decisiones ajenas. Si mantener esas relaciones, que benefician al pueblo cubano -de no haber tenido la previsión y el valor de establecerlas estaría hoy alimentándose con los sobrantes del azúcar- trae aparejado el marbete de comunista, venga el marbete”.  Señaló asimismo que Cuba había declarado que seguiría comerciando con todos los pueblos que quisieran comprarle o venderle, gústasele o no al Gobierno de los Estados Unidos y, a la vez, acusó a dicho gobierno de extorsionar al pueblo de Cuba en el ejercicio de la libertad de comercio, como violación flagrante de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. 

 

En cuando al principio de no intervención e intromisión en los asuntos internos de cualquier Estado o grupo de estos, planteó que Cuba apoyaba resueltamente dicho precepto y se oponía a estos actos ingerencistas provinieran de este continente o de cualquier otro, en la jurisdicción interna o externa de los Estados americanos. Asimismo declaró que las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales que estableciera la URSS con cualquier país de América, el tipo ayuda que le prestara o declaración que hiciera de defender a éstos contra una potencia intra-continental, como los Estados Unidos -incluyendo una invasión militar- no constituiría una forma de intromisión o intervención. Porque en todo caso, la declaración soviética debía tomarse como un apoyo al derecho de no intervención y no agresión militar. Encarando a los gobiernos del área les preguntó si estarían dispuestos a apoyar a Cuba en caso de una agresión norteamericana y qué harían si prosiguieran las agresiones económicas contra la Mayor de las Antillas, que representaban un manifiesto menosprecio de la Carta de la OEA. Ante esa interrogante el silencio inundó la sala.

 

Sin embargo, a pesar del tono confrontativo, en otra intervención el Canciller cubano daba muestras de iniciar, aun en ese contexto, un diálogo constructivo con los EE.UU., expresando que su gobierno estaba dispuesto a “[...] examinar, a analizar, a negociar, sus gravísimas diferencias con el Gobierno de los Estados Unidos, por vía bilateral, en un pie de igualdad absoluta, y con agenda abierta, es decir, con inclusión de todos los temas que puedan interesar [...] que estas negociaciones deben desarrollarse en el marco estricto del derecho internacional. Cuba no ha agredido ni agredirá a nadie. Cuba aspira a vivir en armonía y en paz con todos los pueblos del mundo”. Para añadir a continuación que su país y pueblo “[...] ama tanto la paz que ha podido convertir los cuarteles en escuelas y los tanques en tractores. [...] Y ha podido hacer algo más: ha podido, gracias a su carácter genuinamente democrático, aunque no proceda del voto, armar a su pueblo. ¿Qué gobierno que no lo sea, el mismo Gobierno de los Estados Unidos, puede armar al pueblo norteamericano, a determinada zona del pueblo norteamericano, como a los negros del Sur, como en estos momentos el Gobierno de Cuba ha armado a su pueblo, el cual está presto a defender, bajo la consigna de Patria o Muerte, la sobrevivencia de la nación cubana, agredida y amenazada?”

 

A pesar de los debates y de las contundentes declaraciones y respuestas de Cuba, las presiones norteamericanas y las genuflexiones de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños habían logrado que se compusiera un texto, que sin nombrar a Cuba, la denunciaba de manera indirecta. Se redactó la denominada Declaración de San José  en cuyos artículos más importantes se exponía: “1- Condena enérgicamente la intervención o amenaza de intervención, aun cuando sea condicionada, de una potencia extracontinental en los asuntos de las Repúblicas americanas, y declara que la aceptación de una amenaza de intervención extracontinental por parte de un Estado americano pone en peligro la solidaridad y seguridad americanas, lo que obliga a la Organización de Estados Americanos a desaprobarla y a rechazarla con igual energía [...]; 2- Rechaza asimismo la pretensión de las potencias chino-soviéticas de utilizar la situación política, económica o social de cualquier Estado americano, por cuanto dicha pretensión es susceptible de quebrantar la unidad continental y de poner en peligro la paz y la seguridad del Hemisferio, [...]; 4- Reafirma que el sistema interamericano es incompatible con toda forma de totalitarismo y que  la  democracia  solo  logrará  la  plenitud  de  sus objetivos en el Continente cuando todas las repúblicas americanas ajusten su conducta a los principios enunciados en la Declaración de Santiago de Chile, [...]; 5- Proclama que todos los Estados miembros de la Organización Regional tienen la obligación de someterse a la disciplina del sistema interamericano voluntaria y libremente convenida, y que la más firme garantía de su soberanía y su independencia política proviene de la obediencia a las disposiciones de la Carta de la Organización de Estados Americanos.”  (Acta Final de la Séptima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, San José, Costa Rica, 22 al 29 de agosto de 1960, en Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Documentos de la OEA, Unión Panamericana, Washington, DC, 1961,  pp. 1-2)

 

La delegación cubana al comprobar que la resolución iba a ser aprobada por consenso, no obstante, pronunció otras intervenciones para dar a conocer algunas tesis fundamentales acerca de la supuesta “soledad” de Cuba y sobre la posible agresión militar contra el país. En este sentido se argumentó que “[...] El Gobierno y el pueblo de Cuba están plenamente convencidos de que se hallan bajo la inminencia de una agresión militar del Gobierno de los Estados Unidos. [...] Y nuestro país está absolutamente desamparado en el hemisferio. [...] Cuba no ha encontrado en los gobiernos democráticos del continente ni en la Organización de los Estados Americanos el apoyo que debía encontrar [...] (Intervenciones de Raúl Roa en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, en Raúl Roa, Canciller de la Dignidad, Ob. Cit. p. 118), continuando Raúl Roa, “[...] Pero si nos sentimos oficialmente solos, no estamos vitalmente solos. El pueblo de Cuba, en ésta, la más dramática coyuntura que ha afrontado a lo largo de su fecunda y agitada historia, se sabe amparado por millones de brazos y corazones que se vuelcan sobre las costas doradas de mi patria en oleadas sucesivas, levantando, por así decirlo, un farallón que puede resultar inexpugnable. Y si este farallón fuese horadado, sépase también que lo único que habrán de recoger los invasores, mezclado al polvo de la patria, será la sangre de sus hijos, que se trocaría al cabo en símbolo inmortal, para ser, ya que no norma sustantiva de la Organización de Estados Americanos, sí ejemplo y lección para nuestros pueblos [...] Si ante esta situación de peligro inminente para la sobrevivencia de Cuba como nación, cualquier otro Estado continental o extracontinental, le ofreciera su cooperación y apoyo para subsistir, el Gobierno Revolucionario lo aceptaría jubiloso y agradecido. No podía ser otra su actitud, so pena de traicionar el mandato de su pueblo y algo que es aún más importante que eso: el compromiso irrenunciable que tiene adquirido con la nación, como tal, para preservar su sobrevivencia a toda costa. Esa  es,  pues, la posición de Cuba ante el punto primero del Proyecto de Declaración [...] Saldríamos de aquí encendidos de fe, si en nombre de los principios en que teóricamente descansa la Organización de los Estados Americanos, se adoptase una resolución condenatoria de los actos de intervención y agresión perpetrados por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba”.

 

Ante las maniobras de última hora que pretendían crear una comisión que investigara las acusaciones de Cuba a EE.UU. y a la inversa, el canciller cubano fue renuente a la misma sabiendo que los resultados no iban a arrojar un saldo positivo en beneficio del pueblo cubano. Sin embargo, para demostrar la no tozudez cubana con respecto a la solución por vías pacíficas y diplomáticas del conflicto con el Imperio del Norte, Roa indicó que el gobierno cubano estaba presto, incluso, a aceptar una gestión de buenos oficios de parte de aquellos Estados latinoamericanos respetados y respetables de la Organización para, en efecto, dirimir sus diferencias con el de los Estados Unidos, en negociación de tipo bilateral, en pie de igualdad y con agenda libre.

 

Y cuando en la conferencia era inminente la aprobación de la Resolución de San José, el canciller cubano declaró  que la  delegación  de Cuba  se  retiraba  de la  VII  Reunión  de Consulta porque, “[...] La razón fundamental que la mueve inexorablemente a ello es que, no obstante todas las declaraciones y protestas que aquí se han formulado en el sentido de que Cuba podía contar con la protección y el apoyo de la Organización de los Estados Americanos, a la cual pertenece, contra los actos de intervenciones y agresión de otro Estado americano, las pruebas que han aducido no han tenido eco, ni resonancia, ni acogida alguna. Los gobiernos latinoamericanos han dejado sola a Cuba [...] Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de Nuestra América”.

 

La aprobación de la Declaración de San José mostró la debilidad y el lacayismo de los gobiernos y otros actores políticos de la región quienes desde supuestas posturas liberales burguesas se quebraron y fueron copartícipes de la resolución. Ante las presiones norteamericanas y los intentos de mediatizar el proyecto político, democrático y participativo de la Revolución Cubana, ésta no tuvo otra alternativa que responder con un documento trascendental: La Primera Declaración de La Habana, aprobada por todo el pueblo cubano, primeramente en un acto masivo en la Plaza de la Revolución, en la capital de la República. 

 

Pero el mal estaba hecho, porque los EE.UU. recibieron la luz verde para agredir militarmente a Cuba. El 15 de abril de 1961, aviones norteamericanos con las insignias de las Fuerzas Aéreas Revolucionarias en sus fuselajes, bombardearon los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños, en La Habana, y el de Santiago de Cuba, en la provincia Oriental. Dos días después se iniciaba la invasión mercenaria por Playa Girón y Playa Larga, se le conoce más como Bahía de Cochinos, y fue aplastada por el pueblo revolucionario armado y combativo de Cuba en menos de 72 horas.

 

Y esa aventura bélica organizada, preparada, entrenada y apoyada por la logística estadounidense, en contubernio con los gobiernos de Nicaragua y el de Guatemala, se convirtió en la primera gran derrota militar y política de los EE.UU. en América Latina y el Caribe.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

(Continuará)

 

Las mentiras de la derecha continental III

polillabaez @ 17:24

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos. III parte

Por Orlando Cruz Capote*
 

La historia de la expedición armada dominicano-cubana a Santo Domingo es un ejemplo relevante de cómo debe analizarse el comportamiento exterior de Cuba desde 1959. Sin conocer sus raíces programáticas se podría llegar a la falsa conclusión que la misma se preparó y realizó sólo como un acto de legítima defensa contra el régimen de Trujillo y nunca como un accionar propio e independiente, latinoamericanista y solidario de la Revolución Cubana. La amistad y deseos de cooperación entre los revolucionarios cubanos y los dominicanos siempre fueron parte de la historia de ambas naciones. 
 

gomez-en-los-campos-de-cuba.JPGSirva otra muestra de esa hermandad, la del Generalísimo Máximo Gómez, en el siglo XIX, para ilustrar o simbolizar estos empeños internacionalistas. En la última fase de la guerra de liberación cubana, 1953-1958, exactamente en diciembre de 1958, arribó a la Sierra Maestra un avión procedente de Venezuela, en el cual se traían armas y otros pertrechos bélicos para la insurrección armada cubana. En este vuelo arribó el dominicano Enrique Jiménez Moya, quien era portador de un mensaje de la Unión Patriótica Dominicana (UPD), radicada en Caracas, para que se hiciera conocer el apoyo de los emigrados revolucionarios dominicanos a la causa cubana y solicitar que estos combatientes y otros fueran entrenados en la contienda para que, en un futuro, pudieran servir en la lucha contra el dictador Trujillo. (Delio Gómez Ochoa La Victoria de los Caídos, Editora Alfa & Omega, República Dominicana, 1998)
 

Aunque los acontecimientos desbrozaron el camino del triunfo revolucionario en el transcurso de ese mes y el resto de los revolucionarios quisqueños no pudieron llegar a Cuba antes, el pacto o alianza entre ambos movimientos revolucionarios estuvo de facto realizado. El combatiente Enrique Jiménez Moya fue ascendido a Capitán del Ejército Rebelde y se convirtió, de esa forma, en el segundo dominicano que participó en la última guerra de liberación cubana. Durante la visita del líder de la Revolución Cubana a Venezuela, del 23 al 27 de enero de 1959, como ya expusimos, ambos gobiernos llegaron a un acuerdo de apoyar e impulsar la lucha de los revolucionarios dominicanos. En febrero de ese propio año, Fidel se reúne con el Capitán Enrique Jiménez y el Comandante del Ejército Rebelde Delio Gómez Ochoa, quien había sido el Jefe del IV Frente Oriental “Simón Bolívar” -creado el 10 de octubre de 1958, para operar en los llanos orientales- con el fin de coordinar los esfuerzos del apoyo cubano a la causa dominicana. De aquel encuentro sale la decisión de que el Comandante Delio Gómez fuera el delegado de la joven Revolución Cubana para facilitar la entrada al país de los futuros expedicionarios, prepararlos en las técnicas del combate guerrillero y darles el entrenamiento y organización necesarios con el fin de que esta misión liberadora tuviera todo el éxito posible. 
 

En la expedición contra Trujillo estuvieron finalmente enrolados para la acción unos 198 guerrilleros. De ellos, 155 fueron dominicanos, alrededor de 18 cubanos (de los 21 que estuvieron inicialmente), 13 venezolanos, 7 puertorriqueños, 2 norteamericanos, 2 españoles y un guatemalteco. La participación cubana debe tomarse con cierta cautela, porque no existe documentación desclasificada y tampoco testimonios que corroboren la cifra brindada y los nombres de los participantes, pero no hay dudas de que, posiblemente, parte de ellos quedaron en Cuba para incorporarse, luego del establecimiento de los frentes guerrilleros, en el combate emancipador.
 

Los preparativos entonces fueron en aumento. El Comandante Delio Gómez realizó varios viajes a Venezuela con el fin de conseguir el comprometido apoyo financiero y logístico del Presidente Rómulo Betancourt. Y en esos intercambios se percibió inmediatamente que las opiniones dentro del gobierno venezolano no eran concordantes. El presidente fue muy renuente a cumplir la promesa y solo envió una mínima parte del dinero -de un compromiso de medio millón de dólares solo envió en efectivo alrededor de 150 mil dólares- para apoyar la expedición. 
 

Sin embargo, otros miembros del gabinete, y fuera de él, fueron partidarios de cooperar al máximo y cumplir con lo pactado. El mayor temor del mandatario venezolano era que se afectara la imagen regional e internacional venezolana y provocar la hostilidad de los EE.UU., por lo que expuso que la expedición no debía partir del territorio de su país. Y trató de comprometerse lo menos posible con esta acción, a pesar de lo conversado y acordado con Fidel. Puede decirse que ese fue un momento de inflexión en las ideas del dirigente venezolano y el inicio de su traición posterior al pueblo bolivariano y a Cuba. Incluso, en esos viajes Delio Gómez conjuntamente con el embajador cubano en ese país, Francisco Pividal Padrón -ya fallecido, y gran estudioso de la vida y obra de Simón Bolívar-, llevaron algunas armas a los demócratas venezolanos ante la inminencia de un golpe de estado contra el gobierno de Rómulo Betancourt.
 

Luego de las vicisitudes de todo preparativo de esa naturaleza, la parte cubana asumió  con seriedad el compromiso con los revolucionarios dominicanos. No se trataba de una acción en respuesta a la agresividad del dictador Trujillo, sino la ejecución de una política de principios que iba a ser aplicada de forma ininterrumpida a lo largo del desarrollo de la Revolución. Incluso, en los momentos en que el Comandante en Jefe Fidel Castro visitaba los EE.UU., del 15 al 26 de abril, una delegación cubana compraba armas y hasta un avión, un viejo C-46, en tierras estadounidenses (Miami) que iba a servir para hacer llegar a tierras dominicanas al primer grupo de combatientes. En los inicios del mes de junio todo estaba listo. El Comandante Camilo Cienfuegos fue el más asiduo colaborador y asegurador de la misión e, incluso, se fotografió junto a los combatientes y despidió a los mismos antes de partir hacia tierras dominicanas. 
 

El Comandante Enrique Jiménez Moya fue nombrado el Jefe máximo del grupo guerrillero, y otro dominicano, Rinaldo Sinitiago fue Segundo Jefe y miembro del Estado Mayor, mientras que el Comandante Delio Gómez Ochoa partió como asesor militar y responsable de los cubanos. Estos últimos irían en avión y debían iniciar las acciones guerrilleras y crear el frente en la región de Constanza. Asimismo dos embarcaciones, que pertenecieron a familias del antiguo régimen batistiano, se pusieron a disposición de los expedicionarios, un total de 144 hombres, con las misiones de abrir dos frentes guerrilleros en la región montañosa de Estero Hondo y otro en la zona de Maimón.
 

El 14 de junio los primeros guerrilleros, un total de 54 hombres, aterrizaron bajo fuego enemigo, en el aeropuerto de Constanza, en República Dominicana. La odisea, de la cual poco se conoce, comenzaba con muchas dificultades. Hubo dispersión de los combatientes, que llegaron por aire, porque fueron detectados rápidamente en suelo dominicano por las fuerzas del ejército que se lanzaron a su persecución y exterminio. Todo parece indicar que indiscreciones y delaciones internas y externas dieron al traste con los que llegaron días después por vía marítima, ya que prácticamente fueron esperados y tuvieron que entrar en combate de forma inmediata. La masacre de esos grupos fue absoluta. Ante esta disyuntiva y ante la pérdida del contacto del grupo de Enrique Jiménez (luego se supo que esta tropa fue aniquilada rápidamente y el Comandante Jiménez, muerto el 19 de junio) el Comandante Delio Gómez fue nombrado Jefe del grupo guerrillero actuante.
 

El día 11 de julio, Delio Gómez y el pequeño grupo de otros tres compañeros (los últimos de su tropa) -lo que él llamó el “reducto guerrillero”- fueron hechos prisioneros, luego de tratar realizar maniobras para alejarse de la zona de operaciones del ejército profesional. A principios del mes de septiembre, los últimos hombres del desembarco marítimo, el norteamericano Larry Bevins y el español Francisco Álvarez cayeron en combate. La operación militar no fue exitosa y situó a la Revolución Cubana en “el banquillo de los acusados” en el seno de la OEA. Y aunque salió airosa de aquella peligrosa prueba, fue un momento muy difícil para la joven diplomacia cubana.
 

Sin embargo, en la valoración de este hecho histórico es necesario resaltar que el intento revolucionario de abrir frentes guerrilleros sirvió como un detonante inicial, aprovechado poco tiempo después por las fuerzas democráticas y revolucionarias dominicanas para el surgimiento de una oposición estructurada y genuinamente popular que dieron vida al “Movimiento 14 de junio” que comenzó diversas acciones contra el dictador. El mito de la impunidad e inmunidad de la que estaba revestida la tiranía de Trujillo fue completamente desbaratado. Ni siquiera la represión más sangrienta detuvo al movimiento progresista. Incluso, los EE.UU., bajo la presidencia de John. F. Kennedy, “tomaron cartas en el asunto” y, dando un giro a sus posiciones de apoyo al dictador, comenzaron a criticarlo y aislarlo. No es casual, entonces, que se vincule a la CIA en los planes de asesinar al dictador y abrir una etapa “democrática” en esa nación, a partir de 1961. Trujillo ya no encajaba en los planes del “nuevo rumbo” o las “nuevas fronteras” del presidente norteamericano John F. Kennedy, y el Imperio que estaba más preocupado porque no surgieran “nuevas Cubas” en el subcontinente, lo desechó totalmente, luego que lo utilizó en su cruzada “anticomunista cubana” con el fin de reprimir a su pueblo y a las democracias latinoamericanas. El viejo apotegma imperial norteamericano que, "los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses", volvió a ser puesto en práctica en la década del 60. 
 

El movimiento revolucionario dominicano tomó un auge de tales proporciones, entre 1961 y 1965, que las autoridades de Washington determinaron, en ese último año, desatar una invasión directa de sus marines a ese país. Fue el epílogo de la contienda revolucionaria quisqueyana en aquellos años. 
 

La misión guerrillera de carácter antidictatorial y nacional-liberadora dominicana-cubana-latinoamericana de 1959, aunque también con participación de combatientes norteamericanos y españoles, fue la primera acción latinoamericanista e internacionalista directa y, relativamente numerosa, de la Revolución Cubana. 
 

Ella constituyó el signo vital de que sólo una Revolución es verdadera y auténtica si además de resolver los graves problemas endógenos de su país, es capaz de brindar su internacionalismo resuelto y militante ante las urgencias del movimiento revolucionario regional e internacional. Por ello, el proceso histórico de la conformación y ejecución de la expedición a dominicana, donde se involucraron alrededor de 100 cubanos, directa e indirectamente, y donde murieron 17 compañeros y más de cien de otros países -cifra un poco menor de los combatientes nacionales en la guerrilla del Che en Bolivia, en 1967- es una página gloriosa en la historia de Cuba y Latinoamérica.
 

Pero no debemos pasar algo por alto. La ambigüedad y el incumplimiento del presidente venezolano Rómulo A. Betancourt fue totalmente desconcertante. Solo se nos ocurre pensar que fue el inicio de la deserción-traición del mandatario Betancourt, su decline como líder democrático, al interior y el exterior de su país, al plegarse a la política estadounidense de aislar y atacar a Cuba.

 Cuba, Venezuela y la OEA. 

Si las percepciones de las autoridades de Washington habían sido negativas sobre Cuba, prácticamente desde el propio triunfo revolucionario, la Organización de Estados Americanos (OEA) se convirtió de inmediato en uno de los puntos neurálgicos de la tensión de las relaciones de los gobiernos de América Latina y el Caribe hacia La Mayor de las Antillas. Por su parte, Cuba delineó tempranamente su comportamiento en esa organización. En un discurso, el 18 de marzo de 1959, el nuevo representante cubano en ese organismo, el Dr. Raúl Roa valoraba acertadamente lo sucedido en la Isla y destacaba, ante todo, el carácter político-popular y armado del triunfo al afirmar que “[...]  En largos años no se había erguido y escuchado la voz genuina de Cuba en el Consejo de la OEA. [...] No resulta ocioso recordarlo por lo que tiene de novedad histórica y de obvio estímulo a los pueblos todavía oprimidos. El derrocamiento de una tiranía mediante la acción armada no es un suceso insólito en nuestra América; si lo es, en cambio, la que derribó la de Fulgencio Batista en Cuba. El estilo, la organización, la trayectoria y el desenlace de esa acción difieren radicalmente de todas las conocidas hasta ahora, constituyendo, por eso, un hecho nuevo en el proceso político hispanoamericano. Esta vez el cuartel no jugó papel determinante alguno.” (Carlos Lechuga Itinerario de una farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991, p. 18).  

Para un análisis de la inserción y actividad de Cuba en la OEA,  la problemática de sus vínculos con esta organización y, por ende, de sus Estados miembros, el enfoque debe realizarse a nuestro entender desde tres ángulos: primero, el gobierno norteamericano desde un inicio incluyó en sus planes contra Cuba la utilización del sistema inter-hemisférico por lo que los gobiernos más afines al imperio jugaron ese papel desde el inicio o fueron presionados al máximo para que lo hicieran; segundo, muchos regímenes oligárquicos del subcontinente, sin ni siquiera esperar una orden o presión de los EE.UU., se proyectaron autónoma o concertadamente con los intereses yanquis en los planes anticubanos, y tercero, la actitud-posición cubana, independiente e intransigente hacia los postulados retrógrados del sistema interamericano y los contraataques a la actividad desplegada contra su Revolución.
 

Y aunque siempre el cerebro y la mano de los yanquis sugería y dictaminaba las direcciones estratégicas y tácticas a tomar en contra del gobierno revolucionario cubano, muchos de los sicarios latinoamericanos y caribeños coincidieron, en el tiempo y el espacio, con tales pretensiones. E incluso, algunos de ellos, motivaron las acciones en el seno de la OEA, y se adelantaron, en cierto sentido, a las directrices norteamericanas. Tal fue el caso, ya analizado, de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana. Si existen dudas de la utilización norteamericana de la OEA, un documento recientemente desclasificado por los EE.UU. expone que el Director de la CIA, Allen Dulles señaló el 9 de julio que “[...] parecía probable que la mayoría de los gobiernos de la OEA serían capaces de ver la conveniencia de una reunión de los Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas para tratar el problema general de la situación en el Caribe, en respuesta a la argumentación de la República Dominicana de que la misma estaba siendo atacada por enemigos extranjeros.” (Memorandum of Discussion at the 412th Meeting of the National Security Council, Washington, July 9, 1959. Eisenhower Library, Whitman File, NSC Records. TOP Secret. Documento 331, pp. 555. En, Tomás Diez Confrontación Cuba- Estados Unidos. (1959-1960), Editora Política, La Habana, 2003, p. 33).
 

Todo parecía confluir en un clima que propiciara una reunión de la OEA en donde se trataría de acusar a La Habana y, de esa forma, tomar medidas de seguridad colectiva contra ella. La conjura trujillista, a la cual el gobierno de los EE.UU., le dio el visto bueno y se “alejó” lo suficiente para que quedara en el plano de las relaciones entre los gobiernos americanos, tomó mayor fuerza cuando se produjo el desembarco de dominicano-cubanos y latinoamericanos en la lucha contra Trujillo (ya expuestos anteriormente), En esa última dirección coincidió el gobierno venezolano, quien ya había sido agredido por el dictador dominicano. 
 

En el mes de junio y concordando “casualmente” con las preocupaciones de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los EE.UU. que se mostró “perturbada por la magnitud y el aumento creciente de ayuda militar a América Latina”, el Presidente del Perú, Manuel  del Prado propuso una conferencia de desarme en América Latina que, lógicamente, ganó el respaldo de los círculos de poder norteamericanos que estaban enfrascados en que el Gobierno de Cuba no adquiriera ningún armamento del exterior, aunque estos hubieran sido contratados por el gobierno de Batista. Entrado el verano de 1959, específicamente el 6 de julio, el gobierno haitiano a través de su embajador en la OEA, llamó a realizar una Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores, porque al decir del diplomático, la situación del Caribe era tensa y merecía el interés común de todos los estados del hemisferio. Ello concordaba perfectamente con la queja de Trujillo de que Cuba había agredido a su país.
 

Luego de varias complicaciones dadas por las distintas solicitudes de los gobiernos de Ecuador, Perú, República Dominicana y los Estados Unidos y, más adelante, el de Venezuela, quien acusó a los agresores trujillistas, el delegado dominicano, extrañamente, retiró su queja contra Cuba y Venezuela, sumándose a la idea de una reunión de cancilleres, la cual se aprueba el 13 de julio. El gobierno de Cuba, dando por consumada tal pretensión presentó, en las sesiones previas a la misma, un tema esencial para que fuera incluido en la agenda de dicha conferencia: “Subdesarrollo económico e inestabilidad política”, considerando que las situaciones del subdesarrollo dependiente en cada país, con sus nefastas secuelas económicas y sociales, eran las causas básicas para que no pudiera mantenerse una paz y una democracia en la región en su conjunto. Tal propuesta, definitivamente, no obtuvo los dos tercios de los votos necesarios para ser aprobada.  
 

Sin embargo, algunos días más tarde, los mismos países que no habían votado a favor del proyecto cubano expusieron que, en realidad, el tema cubano quedaba incluido en el “Punto No. 1” del temario, referido a la necesidad de observar y cumplir los principios de no intervención y agresión en la situación de tensión internacional existente en el Caribe. Tan rara inclusión, estuvo dada por la interpretación que se le asignó al proyecto cubano, el cual fue aprobado por 17 países. Finalmente, la V Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA comenzó, a pesar de las diferencias y la oposición cubana, el 12 de agosto de 1959 hasta el día 17, en la ciudad de Santiago de Chile. La situación política como consecuencia de los debates fue muy complicada y aguda, principalmente las discusiones entre el canciller cubano y el dominicano.
 

El ministro cubano Raúl Roa, un mes antes de iniciarse la misma, apoyándose en unraul-roa_canciller.jpg profundo conocimiento de la historia del continente y de los instrumentos del orden internacional y regional vigente, puso al descubierto la patraña de la queja dominicana y evidenció que solo las dictaduras en el hemisferio eran las que violaban los artículos de la Carta de la OEA, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca e inmediatamente, enumeró los crímenes del régimen de Trujillo y lo sentó en el banquillo de los acusados. Y declaró inatinente la aplicación del Tratado de Río de Janeiro (TIAR), porque Cuba no podía ser acusada de agresiones ya que la figura constitutiva de agresión estaba fuera de lugar. 
 

El “Canciller de la Dignidad” -como sería nombrado por el Comandante en Jefe Fidel Castro y los pueblos latinoamericano-caribeños- expuso de manera contundente que “[...] La razón profunda por la cual la zona del Caribe está embravecida, y no ahora, sino desde hace mucho tiempo, es simplemente la carencia de democracia. Esta es la razón por la cual hay numerosos núcleos de exiliados que van y vienen de uno y otro país y que cuando les llega la hora tratan de volver al suyo, con un legítimo derecho. Estos exiliados provienen exclusivamente de países en los cuales la democracia ha sido abolida. [...] Habrá intranquilidad en el Caribe, porque a los regímenes dictatoriales les interesa mucho que exista perturbación en el Caribe, porque al amparo de ella es que viven y medran”. (Raúl Roa García Sesión Extraordinaria, Consejo de la OEA, 2 de julio de 1959. En, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 31-33). 
 

Y finalmente, expresó que el Gobierno de Cuba está convencido que todo esas acusaciones lo que pretenden es “[...] crear a Cuba un ambiente internacional hostil, y organizar en Cuba una conjura internacional de tipo intervensionista, a los efectos de interferir, obstaculizar o malograr el desarrollo de la Revolución Cubana”. En su intervención en la V Reunión de Consulta de Cancilleres, Roa reafirmó que ésta es la primera vez que el pueblo de Cuba comparece tan plena y genuinamente representado en una Reunión de Cancilleres. Confirmando que  el triunfo de la Revolución Cubana representa, en su más pura y efectiva acepción, el ejercicio del poder en nombre del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Nunca la democracia tuvo en América expresión más directa y auténtica que en esta coyuntura estelar de nuestra agitada existencia. Y más adelante, respondiendo a las acusaciones de comunista y apéndice de la URSS y China, que comenzaban a endilgarle al proceso revolucionario cubano dijo que “[...] No resulta ocioso precisarlo. La Revolución Cubana no está a la derecha ni a la izquierda de nadie: está al frente de todos, con posición propia e inconfundible. No es tercera, ni cuarta, ni quinta posición. Es nuestra propia posición.” (Raúl Roa García Intervención en la V Reunión de Consulta de Ministros de relaciones Exteriores de la OEA. En, Idem., p. 34).
 

El  final de la reunión era previsible. La acusación contra Cuba de que interfería en los asuntos internos de otros países fue desbaratada (no hubo consenso) y con ello la posibilidad de que se activaran los instrumentos de seguridad colectiva y una intervención de la OEA en los asuntos cubanos. Sin embargo, a pesar del triunfo diplomático, los EE.UU. lograron que dos órganos de la OEA, la Comisión Interamericana de Paz y la de Derechos Humanos se pusieran en funcionamiento y desplazaran de los debates la propuesta cubana de la necesidad de la solución de los problemas del desarrollo económico. A partir de entonces, estos órganos comenzaron a archivar distintas acusaciones contra la Revolución Cubana y prepararon un dossier para futuras reuniones de la OEA. Cuba comenzó a ser monitoreada políticamente con el fin último de, en el momento adecuado, lograr lo que no habían alcanzado en la V Reunión de Cancilleres. 
 

Las conclusiones de la V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, además de la derrota de la maniobra anticubana, demostraron dos problemáticas paradójicas del sistema interamericano. Por una parte, la Revolución Cubana, aunque hostigada en el seno del organismo hemisférico, había logrado insertarse en el mismo con una voz independiente y propia logrando una tribuna política pública para exponer los planes y realizaciones del proyecto revolucionario tanto en el plano socioeconómico y político y, a la vez, acusar constantemente los planes de agresión contra Cuba. Su discurso no se remitió solamente a la defensa de la nación cubana sino que se pronunció contra las dictaduras militares, la falacia de la democracia representativa burguesa y contra el imperialismo norteamericano y todas las formas de explotación y opresión nacional. 
 

Se alcanzó entonces un espacio internacional y regional importante para exponer sus lineamientos esenciales en política exterior. El aislamiento absoluto de la Revolución Cubana, a partir de ese momento, se hizo prácticamente imposible porque su eco positivo aumentó por instantes. La solidaridad de ella y hacia ella fue in crescendo y la opinión pública latinoamericana creció y tomo partido a favor de la Revolución Cubana. 
 

Por otra parte, los EE.UU. y las oligarquías latinoamericanas y caribeñas, incluidas las perennes tiranías, también obtuvieron ciertos avances en la campaña anticubana. Las acusaciones de que Cuba era la causa de las tensiones en el subcontinente ganaron terreno bajo el signo ideologizante de “la amenaza del comunismo” y la “exportación de la revolución”. La activación de la Comisión Interamericana de Paz fue símbolo de los propósitos de las futuras batallas en el terreno diplomático y político. Pero el consenso para aislar, sancionar y atacar a la Revolución Cubana, aún no se había logrado lo que hizo evidente que la presión norteamericana debía aumentar sobre los representantes de las democracias burguesas del continente.

 *Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba 

(Continuará)

FIDEL: Un gesto que no se olvidará

polillabaez @ 13:31

Reflexiones del compañero FIDEL: Un gesto que no se olvidará

reflexiones-de-fidel_banderas.JPGHago un alto en el trabajo que estaba elaborando desde hace dos semanas sobre un episodio histórico, para solidarizarme con el presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya.

Fue impresionante verlo a través de Telesur, arengando al pueblo de Honduras. Denunciaba enérgicamente la burda negativa reaccionaria de impedir una importante consulta popular. Esa es la “democracia” que defiende el imperialismo. Zelaya no ha cometido la menor violación de la ley. No realizó un acto de fuerza. Es el Presidente y Comandante General de las Fuerzas Armadas de Honduras. Lo que allí ocurra será una prueba para la OEA y para la actual administración de Estados Unidos.

Ayer tuvo lugar una reunión del ALBA en Maracay, en el Estado venezolano de Aragua. Los líderes latinoamericanos y caribeños que allí hablaron, brillaron tanto por su elocuencia como por su dignidad.

Hoy escuchaba los sólidos argumentos del presidente Hugo Chávez denunciando la acción golpista a través de Venezolana de Televisión.

Ignoramos qué ocurrirá esta noche o mañana en Honduras, pero la conducta valiente de Zelaya pasará a la historia.

Sus palabras nos hacían recordar el discurso del presidente Salvador Allende mientras los aviones de guerra bombardeaban el Palacio Presidencial, donde murió heroicamente el 11 de Septiembre de 1973. Esta vez veíamos a otro Presidente latinoamericano entrando con el pueblo en una base aérea para reclamar las boletas para una consulta popular, confiscadas espuriamente.

Así actúa un Presidente y Comandante General.

¡El pueblo de Honduras jamás olvidará ese gesto!

         

firma-fidel.jpgFidel Castro Ruz
Junio 25 de 2009
8 y 15 p.m.

 

25/06/2009 GMT 1

Se incorporan al ALBA tres nuevos países

polillabaez @ 07:01

Por Juan DIego Nusa Peñalver

alba-tres-nuevos-paises.JPGHugo Chávez, presidente de Venezuela, destacó la importancia histórica de la incorporación de Ecuador y de otras dos naciones caribeñas a la Alternativa Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), al inaugurar hoy la VI Cumbre Extraordinaria del grupo en Maracay, estado de Aragua.

Al iniciar la cita en un hotel de la ciudad de Maracay, a unos 120 kilómetros al oeste de Caracas, Chávez recordó que el ALBA cumplirá cinco años el próximo diciembre y dijo que en ese lapso se han celebrado seis cumbres extraordinarias y otras tantas ordinarias, de acuerdo a una transmisión de la televisora regional TeleSur.

\"Nos honra la incorporación de Ecuador\", dijo Chávez, quien también subrayó las nuevas adhesiones al grupo regional de San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda.

El Presidente venezolano destacó el carácter antiimperialista de esta alianza, en referencia al ALBA, y la calificó de espacio de construcción de un modelo nuevo.

Con las nuevas incorporaciones oficializadas este miércoles, el ALBA, integrado por Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Dominica, pasa a tener nueve miembros plenos, además de dos observadores, Paraguay y Granada.

José Ramón Machado Ventura, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, preside la delegación de la Isla al magno encuentro en Maracay.

La delegación de la nación antillana la integran, además, Ricardo Cabrisas, vicepresidente del Consejo de Ministros, y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla. (AIN)

http://www.granma.cubaweb.cu/2009/06/24/interna/artic26.html

Las mentiras de la derecha continental II

polillabaez @ 05:52

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos. II parte

Por Orlando Cruz Capote *

 

castro-en-caracas.jpgEn primer lugar, que no existe una declaración del gobierno venezolano, en los documentos de la OEA de entonces (bien archivados en Washington y en otros países, incluso en el Archivo del Ministerio de Relaciones de la República de Cuba-MINREX), que diga que en 1962, oficiales cubanos estén en ese país matando soldados y asesinando a campesinos, porque esa no es la ética de los revolucionarios cubanos: no se asesina a nadie, ni a oficiales, soldados y a gente inocente, y porque además no fue cierto.

 

En segundo lugar, que no fue Venezuela quien propició la expulsión de Cuba de la OEA, aunque tomó parte en la conjura y expresó que Cuba perturbaba la paz del hemisferio; en tercer lugar, el gobierno de Cuba no era un adversario mortal para Venezuela, solamente esta última dio cobija a la contrarrevolución cubana-americana, incluyendo a Luis Posada Carriles y Orlando Bosh, entre otros muchos, quienes trabajaron para los servicios de inteligencia de ese país, en la primera época de Carlos Andrés Pérez y quizás, antes y después de ese ADECO corrupto; en cuarto lugar, cuando sí se produjo una ayuda más numerosa de combatientes cubanos en ese hermano país fue entre 1967-1969, (Luis Báez / Secretos de Generales, Editorial SIMAR, S.A., La Habana, 1996) y allí murió en un desembarco el Comandante cubano Briones Montoto, pero esa presencia fue a solicitud del movimiento revolucionario venezolano, y estos guerrilleros -entre los que se encontraban de otras nacionalidades- no fueron derrotados por el Ejército constitucional venezolano, si no que fueron victimas de las divisiones internas en las fuerzas de izquierda de ese país, que se fueron a la vida política-electoral dejando a sus camaradas de combate -no sólo cubanos, sino venezolanos- en las montañas y las selvas, aunque otro grupo de compañeros de las mismas y otras fuerzas revolucionarias ayudaron a salir a los cubanos en la operación de rescate más grande realizada por los servicios de seguridad cubanos -según contó en un libro el Comandante Manuel Piñeiro Lozada (Barbarroja), y estos regresaron a su patria; en quinto lugar, Cuba nunca fue la causante de la expulsión ni de las sanciones en la OEA, fue la política agresiva y hostil de los gobernantes norteamericanos, de sus élites de poder conservadoras y reaccionarias y las oligarquías burguesa-terratenientes de América Latina y el Caribe, incluyendo a su casta militar siempre proclive a liquidar el ejercicio democrático y libre de los pueblos, quien arremetió contra el proceso revolucionario cubano por temor a su ejemplo moral (Luis Suárez Salazar Barbarroja / Selección de testimonios y discursos del Comandante Manuel Piñeiro Lozada, Editorial TRIcontinental-SIMAR S.A., La Habana, 1999).

 

Y en sexto lugar, porque la presencia cubana actualmente en la Venezuela Bolivariana que dirige Hugo Rafael Chávez Frías, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no es de intromisión en los asuntos internos de ese país, y no se controla nada como expresa el periódico “El Nacional”, si no debían hablar de los miles de médicos, enfermeras y técnicos cubanos de la salud, de la Misión Cultura en Barrio Adentro, de los maestros, instructores de arte y de educación física que hicieron que la población fuera alfabetizada y que tenga otra forma de vivir con dignidad y honor, pero que se hace en forma solidaria, como cooperantes y complementación internacionalista entre dos pueblos y gobiernos hermanos, iniciadores e impulsores de la Alternativa Bolviariana para América Latina (ALBA).

 

Pero démosle argumentos históricos y políticos a esa derecha dolida y virulenta para que se den cuenta de su error malintencionado, lleno de odio y con mucha carencia de educación y cultura histórica y política.

 Una aproximación a la verdad histórica 

No pretendemos repetir lo que ya hemos publicado en las páginas digitales cubanas y que tuvo amplia repercusión en los medios alternativos de izquierda y de otras altitudes, incluso de variado espectro ideo-político. Pero resulta indispensable refrescarle la memoria histórica a los desdibujados y malintencionados derechistas venezolanos de la actualidad, aunque también los hay de vieja data como los entonces de izquierda Pompeyo Márquez (este elegido Secretario General del Partido Comunista de Venezuela- PCV, en 1957), y Teodoro Petkoff (líder del Movimiento Al Socialismo-MAS), entre otros conversos y trasvestis políticos de mala especie que hoy se encuentran en la oposición de Chávez, el primero un viejo ricachón y desprestigiado en la televisión por un joven revolucionario que lo acusó de traidor, y el otro viviendo en los EE.UU. y que fue Ministro del gobierno de Rafael Antonio Caldera Rodríguez, perteneciente al partido COPEI, el inventor de la concertación y la alternancia democrática en el poder, más conocida como el Pacto Fijo, entre ADECOS y COPEYANOS.

 

La verdad histórica no debe ni puede ser pisoteada y debe salir a la luz y alguien debe de salirle al paso a esa mentira que de seguro se repetirá en otros medios de (in)-comunicación masiva.

 

Ante el contexto hemisférico y mundial muy adversos, uno de los primeros pasos de la política exterior de la Revolución Cubana, triunfante el primero de enero de 1959, fue la de insertarse en el sistema de relaciones políticas internacionales, en especial, en su región geográfica natural, la América Latina y el Caribe, a pesar de la omnipresencia de los EE.UU. y de su instrumento panamericano, la OEA, creada en 1948, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR-1947) y la Junta Interamericana de Defensa (JID) fundada en 1946. Pero esa incorporación cubana se realizó con un nuevo discurso que llevó como sello indiscutible el signo político del bloque socioclasista que había tomado el poder en la Isla. Tal proyección internacional tenía que ser necesariamente patriótica-popular, nacional-antiimperialista, latinoamericanista, tercermundista, solidaria y en plena correspondencia con la actitud que asumieran los gobiernos con respecto a Cuba. (Orlando Cruz Capote / La Revolución Cubana, Latinoamérica y el Caribe en 1959, en cuatro partes, Cubacoraje, Lapolillacubana.cu, Kaosenlared y otros medios digitales alternativos, diciembre de 2008)

 

El Comandante en Jefe Fidel Castro lo hizo tangible en un programa televisivo en el primer trimestre de 1959, cuando expresó que “[...] Se habla mucho de antiimperialismo, pero un antiimperialismo verbal [...] Nosotros lo primero que hemos hecho aquí, es restablecer plenamente nuestra soberanía nacional, como un derecho del pueblo cubano, y de una manera abierta y clara y terminante. [...] Después hemos promovido la necesidad de estrechar los vínculos entre los pueblos de América Latina; primero, sobre una base de identificación política, sobre una base de identificación con una causa justa, con la Revolución Cubana, que ha servido en este momento de vínculo entre los distintos pueblos de la América Latina. Les hemos pedido el respaldo a los pueblos de la América Latina; les hemos dicho que estamos conscientes de que la fuerza de la opinión pública de  los pueblos de la América Latina la necesita la Revolución Cubana para triunfar. [...] Una de las primeras cosas de las que deben convencerse los pueblos de América Latina, es que tienen que eliminar ese cáncer que se llama las castas militares, y que constantemente están en acecho de los pueblos para tratar de subyugarlos”. (Fidel Castro Ruz / Comparecencia por CMQ- TV, La Habana, 6 de marzo de 1959, Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado, Archivo del Instituto de Historia de Cuba).

 

En los primeros pronunciamientos de la dirección revolucionaria posterior al triunfo del Primero de Enero de 1959, se evidencia una línea de continuidad con respecto a aquellas concepciones y expresiones proclamadas en el exilio y luego en la Sierra Maestra y, aún más, la prosecución del ideal latinoamericanista solidario de las epopeyas libertarias del siglo decimonónico y de lo mejor del pensamiento y accionar revolucionario radical y antiimperialista del siglo XX. Al unísono, continuaba latente y con pleno potencial, el espíritu nacional revolucionario y latinoamericanista de la gesta liberadora y social cubana en sus diferentes períodos y etapas. Por eso, en un lugar prominente, la dirección revolucionaria se declaró partidaria del respeto inalienable de cualquier pueblo de implantar en su país el sistema sociopolítico y económico que decidiera; contraria a la violación de los principios de no intromisión e intervención en los asuntos internos de otros Estados; acorde con la idea de la convivencia, la cooperación, la amistad y la solidaridad entre los gobiernos y pueblos, y abanderada de la lucha por el desarrollo y la paz hemisférica y mundial.

 

En ese afán de búsqueda de unidad y articulación urgente, la vanguardia política cubana distinguió dos grupos fundamentales de formas de gobiernos en la América Nuestra: las democracias burguesas representativas y las dictaduras. Hacia cada una de ellas se elaboró una política diferenciada, e incluso, muy variada al interior de cada una de las mismas.

 

Esclareciendo meridianamente la posición cubana acerca de la interpretación del derecho internacional y la solidaridad entre los desposeídos y oprimidos, el máximo líder del proceso revolucionario afirmaba, el 24 de abril de 1959, desde el Parque Central de Nueva York que, “[...] Desde aquí decimos que Cuba y el pueblo de Cuba y los cubanos, dondequiera que estemos, seremos solidarios con los anhelos de liberación de nuestros hermanos oprimidos [...] No quiere decir que nosotros vayamos a intervenir en otras naciones, porque hay un principio que es vital para los pueblos de nuestra América, el principio de no intervención, el derecho a que no se intervenga en nuestros pueblos [...] Se nos ha preguntado si creemos que las revoluciones deben exportarse y hemos respondido que no [...], que las revoluciones se hacen por los propios pueblos, que los propios pueblos son capaces de conquistar su libertad. Pero hay algo que los pueblos oprimidos necesitan y es la solidaridad. [...] sembremos fe y estaremos sembrando libertades; sembremos aliento y estaremos sembrando libertades; sembremos solidaridad y estaremos sembrando libertades. [...] Cuba está ahí. Allá en nuestra patria tienen acogida generosa los perseguidos políticos. Allá en nuestra patria los demócratas de todo el continente encontrarán siempre el aliento y la fe de todos los cubanos”. (Fidel Castro Ruz / Discurso en  el  acto  de  masas en el Parque  Central de Nueva York, el  24 de abril  de  1959. En, El Pensamiento  de  Fidel  Castro. Selección temática,  T. I, Vol.II, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución socialista de Cuba, Editora Política, La Habana, pp. 608-609).   

 

De esa forma, fueron duramente repudiadas las dictaduras de República Dominicana, Paraguay, Nicaragua y  Haití, las cuales fueron emplazadas y criticadas en la arena internacional, ya fuera en el marco de la OEA o en la Organización de Naciones Unidas (ONU), proclamando que la Isla sería una segunda patria para aquellos combatientes que necesitaran de un exilio seguro y una base  de apoyo para continuar la lucha en sus países. Muy en especial, fueron acusadas las tiranías caribeñas de Santo domingo y Haití. Hacia estos gobiernos tiránicos, aunque no se tomó la iniciativa de romper las relaciones diplomáticas, a excepción de Santo Domingo, se establecieron vínculos de muy bajo nivel o de una relación crítica, realizándoseles denuncias sistemáticas por violar los más elementales derechos humanos de sus ciudadanos, además de ser serviles lacayos de los imperialistas norteamericanos y componentes esenciales de su sistema hegemónico.

 

En fecha tan temprana, como el 15 de enero de 1959, Fidel Castro en un pronunciamiento en el Club de Rotarios, en La Habana, además de resaltar la importancia y el significado del proceso revolucionario cubano para los demás pueblos latinoamericanos, condenó a la dictadura trujillista, la acusó de ponerse del lado de las campañas anticubanas de algunos círculos de poder y de la prensa norteamericana y profetizó el derrocamiento inevitable de ésta y otras tiranías en el hemisferio gracias a la lucha mancomunada de sus pueblos, el apoyo solidario de los gobiernos y pueblos democráticos y progresistas del continente. Y el 22 de enero, en una conferencia de prensa, definió su pensamiento bolivariano y martiano, ante la pregunta de un periodista, al decir que, “[...] Yo quisiera, un sueño que tengo en mi corazón [...] sería ver un día a la América entera unida y no solamente dándonos la mano ahora para resolver nuestro problema, sino ser todos una sola fuerza como debiéramos serlo, porque tenemos la misma raza, el mismo idioma y el mismo sentimiento. [...] Esto tal vez sea una utopía, pero yo les digo mi sentimiento en eso. [...] Se le han hecho muchas estatuas a Bolívar y muy poco caso a sus ideas, es la verdad [...]. ” (Fidel Castro Ruz / Conferencia de prensa, en el Hotel  Habana Riviera, la Habana, 22 de enero de 1959, Idem., p. 565.)  

 

Magnitud especial tuvo la referencia hacia el caso puertorriqueño. Al respecto expresó que “[...] soy martiano sobre el problema de Puerto Rico. Usted sabe que Martí era partidario de un Puerto Rico libre. [...] Creo que esa es una opinión  que la puedo sostener, un sentimiento que emana de nuestra tradición libertadora [...]” (Fidel Castro Ruz, Idem., p. 607.) La solidaridad con los presos políticos nacionalistas de esa pequeña Isla hermana fue incesante así como la lucha por su liberación inmediata. También se convirtió en accionar de primera línea de la incipiente política exterior cubana, la reincorporación del caso borinquen al grupo-comité de des-colonización de la ONU y, con ello, el reinicio de lograr su inclusión en la lista de países coloniales a los cuales Estados Unidos debían otorgarles su independencia y soberanía, aunque en la década del 50 le había concedido el eufemístico status de “Estado Libre Asociado”.

 

Los pronunciamientos de solidaridad con las causas justas y democráticas y el rechazo a los gobiernos totalitarios-tiránicos tenían sólidos basamentos. Y no solo vistos desde el ángulo político y diplomático sino a través de una óptica revolucionaria y ética de profundas raíces humanistas, que estaban en correspondencia con el pensamiento antidictatorial que animó la lucha político insurreccional y con la política democrática-popular de la Revolución Cubana. Como lo afirmó el historiador y politólogo haitiano Gerard Pierre Charles, al escribir que “[...] Cuba no solo instaba a la opinión pública y a las naciones del continente a combatir a esos regímenes, sino también proclamaba su derecho y decisión de brindar toda clase de ayuda a los revolucionarios de estos países, en su combate emancipador”. (Gerard  Pierre-Charles / El Caribe a la hora de Cuba, Casa de las Américas,  La Habana,  1981, p. 183).

 

La Revolución Cubana necesitó insertarse en su medio natural geográfico, histórico, lingüístico y cultural fundamental, aunque con una visión latinoamericanista y antiimperialista, por lo tanto nacional y anti-panamericanista autóctona, siempre del lado de los pueblos y las fuerzas sociopolíticas más avanzadas. Ello además le granjeaba prestigio y le permitía consolidar un amplio movimiento solidario para con su proceso revolucionario. Y este objetivo debía lograrse con principios, pero con una realpolitik que les permitiera, sin concesiones, una selección crítica hacia cuáles gobiernos democráticos burgueses podía asociarse o coexistir, aunque fuera transitoriamente, para lograr el propósito cubano de preservar su Revolución y lograr la unidad latinoamericana. En tal sentido fue significativo el nombramiento de Raúl Roa García en febrero de 1959, como embajador cubano en la Organización de Estados Americanos y en junio como Secretario de Estado, luego Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba. La presencia de esta personalidad revolucionaria en las esferas del poder político, a pesar de la continuidad de algunos ministros reformistas, despertó amplios resquemores y recelos no solo en las autoridades de Washington, sino en las propias democracias representativas del subcontinente y sus oligarquías en el poder, porque su amplia trayectoria política latinoamericanista y antiimperialista era destacable desde la década del 30 del propio siglo XX.

 

Los discursos iniciales de éste y otros dirigentes de la Revolución Cubana, llamando a las masas populares a incorporarse de manera protagónica a los cambios, eran observados con admiración por parte de algunos y, como un mal ejemplo a seguir, por la mayoría de los políticos burgueses tradicionales. No obstante, el impacto del éxito guerrillero rebelde y revolucionario cubano fue in crescendo y su repercusión marchó simple y llanamente indetenible en la opinión pública subcontinental. En esa lógica, la naciente Revolución debía aprovechar ese eco positivo en muchos sectores, incluso burgueses -aquellos que proclamaban su derecho nacional capitalista, separados de las ansias monopolistas exógenas-, por servir de ejemplo en la lucha anti-tiránica y contra la dependencia norteña, levantar la solidaridad con el proceso en curso, evitar un aislamiento prematuro del mismo y neutralizar las intenciones norteamericanas de desviar y revertir el cauce revolucionario isleño. Se trataba de alejar al máximo posible la intervención estadounidenses y un dictamen-pronunciamiento de la OEA en contra de la Revolución Cubana. Y a decir verdad, estos últimos objetivos se lograron en cierta medida durante ese primer año 1959. Todos los gobiernos latinoamericanos y caribeños reconocieron al nuevo gobierno de Cuba. Esta actitud estuvo justificada, en parte, porque los EE.UU. habían dado ese paso el 7 de enero. 

 

Por ello, y gracias a la política diferenciada hacia las democracias representativas burguesas, el primer gobierno en reconocer al joven proceso revolucionario fue el de Venezuela y no por azar. Ello sucedió el 6 de enero de 1959, un día antes del reconocimiento de Cuba por los EE.UU. Como tampoco correspondió a la contingencia el hecho de que el inicio del periplo internacional del Comandante en Jefe Fidel Castro, por los diferentes países del hemisferio y el mundo se diese en tierra bolivariana, país al cual arribó el 23 de enero de 1959. Ese fue el pueblo que había derrocado al dictador Marco Pérez Jiménez en 1958. Allí comenzó “La Operación Verdad” en la cual Cuba, en las palabras de su máximo líder, expuso tempranamente las ideas de la Revolución y, al mismo tiempo, intentó desbaratar las campañas insidiosas en su contra, a raíz de los juicios llevados a cabo contra los criminales de guerra, con todas las garantías de un Estado de derecho.

 

El caso venezolano ocupó un lugar especial en los intentos de Cuba revolucionaria de reinsertarse en la región. La oposición democrática y progresista venezolana había derrotado al régimen dictatorial de Pérez Jiménez. Poco después hubo un tránsito democrático que llevó al poder y a la presidencia de ese país, al Dr. Rómulo A. Betancourt. Tal proceso interno venezolano sirvió de acicate a los revolucionarios cubanos en la contienda guerrillera y clandestina contra Batista. Además, el triunfo popular venezolano amplió la base de solidaridad hacia Cuba, al convertir a ese país latinoamericano-caribeño en la sede de uno de los principales grupos de exiliados político-revolucionarios cubanos. La Radio Rebelde, inaugurada el 24 de febrero de 1958, contó a partir de entonces con la posibilidad de reproducir y amplificar con mayor potencia su señal de trasmisión hacia Cuba, gracias a las instalaciones venezolanas a las cuales tuvo acceso y apoyo.

 

También en esa capital se celebró la reunión entre las diferentes fuerzas insurreccionales y oposicionistas a Batista, en julio de 1958, firmándose el conocido Pacto de Caracas. Asimismo algunas expediciones aéreas que trajeron armas y otros medios para la lucha guerrillera se organizaron y partieron desde tierras venezolanas. Esa amistad y solidaridad provenía desde las gestas independentistas latinoamericanas encabezadas por El Libertador, Simón Bolívar, el cual en una carta escrita en Kingston, Jamaica, el 6 de septiembre de 1815, expresó que, “[...] Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse [...] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar de discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. [...] Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas, pueden formar una población de 700 a 800.000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independentistas. Más, ¿no son americanos estos insulares?, ¿no son vejados?, ¿no desean su bienestar? [...]” (Documentos. Simón Bolívar, Colección Literatura Latinoamericana, 2da Edición, Casa de las Américas, La Habana, 1975, pp.41-43). Y retomando el tema de portorriqueño y cubano, en una misiva dirigida al General Andrés Santa Cruz, Bolívar reafirmó, en 1827, que ”[...] Parece llegado el momento de que hagamos la deseada expedición a La Habana y Puerto Rico, pues que ninguna ocasión se presenta más favorable. La Inglaterra nos dará buques y dinero. Así debe Ud. tener las tropas colombianas y peruanas en el mejor pie de marcha para cuando yo las pida”. (Idem., p. 319).

 

No era nada extraño entonces que entre las democracias representativas burguesas en América latina y el Caribe, la nación venezolana ocupara un lugar especial para Cuba revolucionaria. Esta actitud estaba también respaldada por la actitud hostil del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo contra el proceso democrático de ese país. En aquellos momentos, en el panorama político latinoamericano, Venezuela democrática aunque burguesa, era la antítesis de la República Dominicana dictatorial.

 

Las coincidencias políticas e ideológicas de los procesos cubano y venezolano no eran ni siquiera lo más importante para promover un compromiso o una alianza de Cuba y las fuerzas representadas en el gobierno de Caracas -muy heterogéneas en su espectro ideopolítico-, en especial, de su Presidente Rómulo A. Betancourt, sino lo básico fueron las movilizaciones populares encabezadas por los trabajadores sindicalizados y los estudiantes venezolanos, fundamentalmente, que se sucedían en esa nación solicitando mayor radicalización de su proceso y que, además, mostraron de inmediato una gran solidaridad y apoyo hacia la Revolución Cubana.

 

Para el Gobierno Revolucionario constituyó una política de principios apoyar y encontrar una mancomunidad con ese pueblo y las fuerzas progresistas de la Venezuela democrática con el fin de enfrentar de forma unida las campañas difamatorias contra los dos gobiernos, respaldar la lucha del pueblo dominicano y, como corolario, contar con el voto favorable a Cuba del gobierno venezolano en la OEA, y el voto de Cuba a favor de la tierra de Bolívar en el mismo organismo regional, en caso de que fueran sentenciados por los EE.UU. y sus acólitos.

 

Y tales fueron los múltiples objetivos de la visita de Fidel Castro a ese hermano país entre el 23 y el 27 de enero. Pronunciando varios discursos, brindando entrevistas y reuniéndose con el Presidente Rómulo Betancourt, así como con otros ministros, senadores y representantes, el 25 de enero, el máximo dirigente cubano hizo llegar la verdad de Cuba al pueblo y gobierno venezolano. Allí expuso los propósitos de la Revolución en la Isla en su presente y para el futuro y, como punto clave, se conversó acerca de la realidad dictatorial en República Dominicana y se acordó, entre ambos mandatarios, un plan conjunto para ayudar a los patriotas de ese país. Ello evitaría que el sátrapa quisqueño continuara sus planes desestabilizadores contra Venezuela y Cuba.

 

La idea de crear y apoyar una fuerza dominicana e internacional para derrocar al dictador se la hizo llegar el mismísimo  Rómulo A. Betancourt a Fidel Castro. Este último fue receptivo a los planteamientos venezolanos, no por la propuesta de su presidente, sino por los principios internacionalistas que sustentaba la Revolución. Además, se previó -a juicio de este autor- la posibilidad de iniciar la creación de un frente común, con dos países en un comienzo, contra el imperialismo norteamericano, los gobiernos tiránicos y los más clientelistas y seguidistas al mismo. A Cuba le era necesaria una revolución o frente continental para poder hacer frente a la ya incipiente embestida imperial norteamericana y de sus seguidores.

 

El llamado de solidaridad del máximo líder cubano con el proceso democrático venezolano llegó hasta el extremo de expresar la convicción, en el Congreso de ese país el 24 de enero, de que Cuba estaba dispuesta a apoyar al pueblo bolivariano no solo moralmente sino con el posible envío de hombres y armas en caso de agresión externa. Fidel expresó en aquel momento histórico que, “[...] De ahora en adelante, sepan los tiranos que para hacer daño a Venezuela, hay que contar con Cuba, así como hay que contar con Venezuela cuando se piense en dañar a  los cubanos. Allá tenemos hombres y armas para cuando se necesiten [...]” (Fidel Castro Ruz Discursos para la historia, Imprenta Gall, Monte 516, La Habana, 1959).

 

A pesar de las presiones norteamericanas y algunos antagonismos con las dictaduras de Trujillo, Duvalier (hijo), Somoza y contradicciones con el gobierno de Panamá, Cuba logró reinsertarse en el panorama político latinoamericano y caribeño, aunque con ciertas limitaciones políticas y económicas. Ello constituyó un logro de la joven diplomacia revolucionaria, a pesar de algunos acontecimientos que fueron aprovechados por los EE.UU. y algunos gobiernos de la región para acusar a Cuba de intervencionista y convocar a la OEA, para analizar las tensiones en el Caribe.

 

Por otra parte, algunos de los principios básicos de esa política regional diferenciada, según el carácter democrático-representativo o dictatorial de los gobiernos, tuvieron también una rápida aplicación práctica hacia los regímenes que tenían un orden represivo a lo interno de sus sociedades, un rumbo exterior anticubano y un alto grado de entreguismo con respecto a los Estados Unidos. La solidaridad con los movimientos revolucionarios fue la respuesta cubana.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

(Continuará)

23/06/2009 GMT 1

Las mentiras de la derecha continental (I)

polillabaez @ 00:16

Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos. I parte

Por Orlando Cruz Capote *

 

romulob.jpgHan pasado algunos días desde que se tomó la decisión histórica en la XXXIV Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), de anular por consenso la separación impuesta al gobierno cubano en el seno del Ministerio de Colonias Yanqui, en el no tan lejano año 1962 -gracias a la firme actitud de la mayoría de los gobiernos de Nuestra América-, y ya se está orquestando una campaña derechista regional contra el mea culpa necesario, justo y reivindicativo no solo para con el pueblo de la Mayor de las Antillas, sino hacia todos los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.

 

Anteriormente, en diciembre del 2008, luego de casi medio siglo de bloqueo norteamericano, de presiones, chantajes -expulsión incluida- y sanciones injustas en el seno de la OEA, la Mayor de las Antillas se reincorporó a la comunidad de Estados naciones y gobiernos latinoamericano-caribeños, con y por derecho propio, en la Cumbre de Países de América Latina y el Caribe.

 

La entrada paralela del gobierno revolucionario y socialista cubano al Grupo de Río, el rechazo a la política anticubana de 10 -ahora 11- gobernantes estadounidenses y a la hostilidad de las oligarquías burguesas que dominaban el escenario regional hace más de cuatro décadas, simbolizan el colofón triunfal de 50 años de luchas y resistencias ante múltiples agresiones directas e indirectas sufridas con estoicismo, audacia, heroicidad y sagacidad, sin olvidar nunca el apoyo desinteresado brindado a sus hermanos del Sur geopolítico. La presencia del Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba General de Ejército Raúl Castro Ruz, en las cumbres convocadas en San Salvador, Brasil, también es síntoma  inequívoco de los nuevos tiempos para Nuestra América y todo el hemisferio. en la Cumbre Latinoamericana

 

El gran precio pagado por construir una sociedad alternativa socialista, con un sistema político, socioeconómico, educacional-cultural diferente, en el sentido práctico y conceptual, ha sido desagraviado y admitido por todos como un error y un clientelismo antihumano. Ese crimen fue y sigue siendo cometido por las élites de poder de Washington y sus serviles lacayos. (Orlando Cruz Capote La Cumbre de América Latina y el Caribe: La OEA se fue a bolina, en 5 partes, Cubacoraje.cu y Lapolillacubana.cu, entre otros medios alternativos digitales, diciembre 2008-enero 2009)

 

Pero con el voto de la anulación de esa medida indigna, ha surgido en los medios de comunicación privados -terroristas- de la Venezuela Bolivariana la idea -mentirosa y engañosa, manipuladora y maquiavélica- de restar importancia a ese hecho, tergiversando además los acontecimientos históricos. Estos son los mismos periódicos, en formato papel o digital, como la radio y la televisión privada, pública y de cable, que han estado atacando sin recato e irrespetuosamente, con muchas diatribas y falacias, al gobierno que preside el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías y a las propias masas populares de ese país hermano y solidario.

 

Incluso fueron los mayores contrarrevolucionarios complotados en el golpe de estado a Chávez, el 11 de abril de 2002, dando cobertura falaz a lo que acontecía en Caracas y que muchos han denominado un golpe de estado mediático-virtual, aunque fue muy real y por poco le cuesta la vida al Presidente. Y todos conocemos perfectamente quiénes tienen esos medios de des-información en sus manos, quiénes detentan ese poder real-virtual, qué intereses defienden y cómo montan la realización de ese aparataje adoctrinado y desinformativo en contubernio directo con las grandes transnacionales mediáticas del pensamiento y el  canal único capitalista-imperialista, como lo denominan Ignacio Ramonet y el Subcomandante Marcos.

 

Pero, leamos la tremendista noticia aparecida en el diario “El Nacional”, en cuyo editorial del día 4 de junio del 2009, se dice: “Ahora nadie se acuerda de que La Habana fue expulsada de la OEA porque ordenó invadir Venezuela”, y reza casi con exactitud de la forma siguiente: "[...] Desde meses la mayoría de los Presidentes del hemisferio se habían comprometido a lograr que las resoluciones del año 1962 fueran anuladas, sin sostener un debate sobre el pasado y tendiendo una hipócrita cortina de olvido sobre las agresiones armadas contra Venezuela. Hasta un embajador llegó al extremo de proponer que a Cuba ‘se presentaran excusas por haber sido suspendida’, como si aquella sanción hubiera sido un castigo sin causa. De esa exclusión han pasado 47 años. En 1962, Cuba era un adversario mortal de Venezuela. Envió oficiales del Ejército fidelista a invadir a nuestro país, disfrazados de guerrilleros, y aquí mataron a nuestros soldados y fusilaron a unos pobres campesinos. El régimen democrático venezolano fue puesto ante una dura prueba".

 

"[...] Finalmente, las Fuerzas Armadas de Venezuela (las de antes, no las de ahora N. del A..) derrotaron a los cubanos invasores. Algunos huyeron del país y otros fueron hechos prisioneros y delataron los planes de Fidel Castro. Con todas esas confesiones y con los documentos que le fueron incautados, el gobierno venezolano pidió una justa sanción contra Cuba, un miembro de la OEA que desestabilizaba militar y políticamente a otro país miembro. Hoy Cuba está presente en Venezuela en todas las áreas más inimaginables, desde la Fuerza Armada hasta las áreas de la economía, la educación, la sanidad, los aeropuertos y la Onidex, porque hoy los cubanos se ocupan hasta de las cédulas de identidad y los pasaportes de los venezolanos. Cuba está en su derecho si quiere retornar a la OEA, a ocupar su puesto que no ha debido abandonar si hubiera respetado la soberanía de Venezuela [...]". Hasta aquí lo publicado por el diario “El Nacional.

 

Lo más increíble del periódico venezolano -bueno en realidad no debiera ser venezolano porque no es digno de la patria de Bolívar, no es honesto ni sincero, sino muy (pro) norteamericano por la forma y el contenido de lo que escribe en sus páginas-, es que intenta justificar la sanción de Cuba en la OEA, con el viejo fantasma de que Cuba “exportaba la revolución”, argumento de los tiempos de la Guerra Fría, el contencioso entre EE.UU. y la Unión Soviética -el campo socialista y el capitalista-, y el momento histórico del anticomunismo más virulento. ¿En que época viven estos señores dueños de “El Nacional” y sus escritores a sueldo?

 

La mentira suele dejar grandes huellas. Cualquier ciudadano con acceso a  Internet o a libros de historia contemporánea venezolana sólo tiene que realizar una búsqueda acerca de la personalidad del ex Presidente Rómulo Antonio Betancourt Bello, y puede leer lo siguiente, más o menos, de forma textual:

 Este personaje nació en Guatire, Miranda, el 22 de febrero de 1908 y murió en Nueva York el 28 de septiembre de 1981. Fue político, periodista, escritor y orador venezolano de relevancia. Presidente de Venezuela de forma provisional entre 1945-1948 y constitucional entre 1959 y 1964. Fue uno de los más acérrimos opositores clandestinos al gomecismo -Juan Vicente Gómez-, condición que le costó el destierro del país hasta la muerte del dictador. Posteriormente fue expulsado durante los gobiernos de Eleazar López Contreras y por los gobiernos militaristas que tomaron el poder desde 1949 hasta 1958. En 1941 fundó junto a otros destacados líderes de la “izquierda” política, el Partido Acción Democrática (AD o ADECOS) que pronto se convertiría en el primer partido político del país en lo que resta de siglo (aquí vuelven a perderse en la magnitud y la trascendencia histórica). En 1945, ante la negativa del gobierno de Isaías Medina Angarita de legalizar las elecciones populares para Presidente, se suma al golpe de estado cívico-militar del 19 de octubre de ese mismo año, para así instaurar un gobierno de transición que garantizara la constitución de diversos decretos ley de emergencia y de elecciones libres en los venideros años para el Presidente de la nación. Por eso, un día después del derrocamiento de Medina, el 19 de octubre es designado Presidente provisional de la Junta Revolucionaria de Gobierno, integrada por civiles y militares. Las principales metas del gobierno transitorio eran: instaurar el sufragio libre libre, directo, universal y secreto, otorgar plena garantía a los partidos políticos, combatir la corrupción administrativa y aliviar el costo de la vida. Su primer período de gobierno terminó el 15 de febrero de 1948, tras la elección de Rómulo Gallegos. 

En 1958 regresa al país tras la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez. En noviembre de ese año anuncia su candidatura a la Presidencia de la República con el apoyo de AD, el 7 de diciembre es electo Presidente con más del 49% de los votos. Su segundo gobierno se caracterizó por una apertura a la estabilización de la democracia venezolana, la promulgación de una nueva constitución, la implementación de una débil reforma agraria, el desarrollo de la industria petrolera en Venezuela con su adhesión a la OPEP, una inversión relativa en el sector educativo y el cese de relaciones con gobiernos ilegítimos o dictatoriales del mundo. De la misma manera tuvo que enfrentar ataques internos y externos de guerrillas, huelgas laborales, intentonas golpistas e intentos de asesinato financiados por dictadores latinoamericanos. El fin de su período presidencial en 1964 sería el inicio a una era de gobiernos democráticos. En la actualidad, la mayoría de los historiadores venezolanos reconocen a Betancourt como el padre de la democracia venezolana. (Y lo ponen con ese epíteto y todo)

 

Y no se asombren con lo que han leído -ni siquiera deben compartir todo lo expuesto- porque lo hemos extraído intencionalmente de la Wilkipedia y se está haciendo honor a su “objetividad en los análisis”, como se auto-reconoce este diccionario virtual, aunque nos haría mucha falta una enciclopedia digital latinoamericana, patriótica y progresista -no llegamos a pretender que sea antiimperialista y revolucionaria, aunque puede serlo-, porque lo que exponemos ya posee una carga de verdad con medias mentiras más profundas, que es lo más peligroso para saber o no lo auténticamente sucedido, pero no obstante, continuaremos trabajando por ahora con ese diccionario.

 

Durante su mandato Betancourt fue víctima de un intento de magnicidio, recordemos que durante su tercer exilio también se habían llevado a cabo varios intentos para asesinarlo. Un grupo de miembros de la extrema derecha venezolana financiados directamente por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo junto con un escaso grupo de militares venezolanos estuvieron involucrados en un fallido intento de asesinar al Presidente venezolano en funciones. El 24 de junio de 1960 durante la celebración del aniversario de la Batalla de Carabobo se produce un brutal atentado terrorista contra la vida de Rómulo Betancourt en Caracas. Aproximadamente a las 9:30 de la mañana una bomba estalló en uno de los vehículos de escolta presidencial cercano al vehículo oficial, el cual se dirigía hacia el Paseo de los Ilustres. El atentado deja sin vida al jefe de la Casa Militar Coronel Ramón Armas Pérez, produce quemaduras severas y deformación del rostro del Presidente Betancourt y destroza el vehículo presidencial.

 

Al día siguiente del atentado, Betancourt en un mensaje a la nación desde el Palacio de Miraflores con las manos vendadas, desangrándose los labios, padeciendo quemaduras corporales, dolor y martilleo en los oídos dijo: “[...] Quiero decirle al pueblo de Venezuela que debe tener confianza plena en la estabilidad de su gobierno y en la decisión del Presidente que él eligió para cumplir su mandato, como he venido diciendo y hoy reitero, hasta el 19 de abril de 1964. Nunca he ignorado los riesgos que comporta empeñarse en darle una orientación democrática seria al país [...] No me cabe la menor duda de que en el atentado de ayer tiene metida su mano ensangrentada la dictadura dominicana. Pero esa dictadura vive su hora pre agónica, son los postreros coletazos de un animal prehistórico incompatible con el siglo XX”.

 

El hecho terrorista fue denunciado ante la OEA, para condenar al gobierno de Trujillo por violación a los derechos humanos dentro de su nación y por financiar ataques terroristas a un jefe de estado. Asimismo, durante el segundo período de mandato de Rómulo Betancourt (1958-1964) se dieron lugar tres importantes intentonas golpistas por parte de insurgentes militares, las cuales fueron: El Carupanazo, el Porteñazo y el Barcelonazo.

 

Y se describe esos acontecimientos de la siguiente manera:

 El Carupanazo fue un alzamiento militar que se dio el 4 de mayo de 1962, en la ciudad de Carúpano, a cargo del Batallón de Infantería de Marina dirigidos por el Capitán Jesús Teodoro Molina Villegas, el Mayor Pedro Vegas Castejón y el Teniente Héctor Fleming Mendoza. El Presidente Betancourt exigió la rendición de los subversivos e inició el despliegue de batallones leales de la Armada Nacional y de las fuerzas de la Aviación Nacional, que lograron bloquear la acción de los golpistas. Al día siguiente fueron detenidos 400 involucrados.  Se comprobó la participación del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) en este hecho, por lo que ambos partidos fueron ilegalizados. A menos de un mes del primer intento de golpe de estado, se volvió a dar otra rebelión militar que fue bautizada como El Porteñazo. El 2 de junio de 1962, se produce la sublevación en la base naval de Puesto Cabello, comandado por los capitanes: Manuel Ponte Rodríguez, Pedro Medina Silva y Víctor Hugo Morales. Betancourt ordenó la movilización inmediata de las fuerzas de Aviación y del Ejército Nacional, los cuales militarizan y bombardean la ciudad. El 3 de junio se da a conocer un saldo de 400 muertos y centenares de heridos. Los dirigentes militares del movimiento son arrestados y el gobierno restituye el orden en la ciudad porteña, debido a este hecho son depurados de las Fuerzas Armadas aquellos militares simpatizantes del comunismo y la extrema izquierda -fíjense que ya no es la extrema derecha.  Sin haber culminado la rendición de los alzados en Puerto Cabello, se realiza simultáneamente en Barcelona otro estallido militar, denominado como El Barcelonazo. Este movimiento es liderado por el Mayor Luis Alberto Vivas y los capitanes Rubén Massó, José Gabriel Marín y Tesalio Murillo. Los rebeldes lograron capturar al gobernador Rafael Solórzano y asaltaron la sede de AD en Anzoátegui, el comando de la policía de Puesto de la Cruz, y varias radioemisoras. Tras el despliegue de las fuerzas militares leales al gobierno, se pudo detener la agresión de los insurgentes. Al menos 50 personas murieron por este hecho. 

En la conclusión de estas casi copiadas páginas de la Wilkipedia, se describe también de forma sintética la famosa Doctrina Betancourt: Al juramentarse en su cargo frente al Congreso de la República en el Palacio Federal Legislativo, Betancourt dejó clara su perspectiva política, proclamando lo que hoy se conoce como la Doctrina Betancourt (denominación que él mismo rechazó), con las siguientes palabras, “[...] Solicitaremos cooperación de otros gobiernos democráticos de América para pedir, unidos, que la Organización de Estados Americanos excluya de su seno a los gobiernos dictatoriales porque no sólo afrentan la dignidad de América, sino también porque el Artículo 1 de la Carta de Bogotá, acta constitutiva de la OEA establece que sólo pueden formar parte de este organismo los gobiernos de origen respetable nacidos de la expresión popular, a través de la única fuente legítima de poder que son las elecciones libremente realizadas. Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranice con respaldo de las políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”. Esta proclama se entiende como un instrumento de protección a los regímenes democráticos, resultado de la elección libre del pueblo. Rechaza la constitución de gobiernos no democráticos o ilegítimos, que tiene su significado en la ruptura de relaciones diplomáticas con aquellos países dictatoriales y proclama la alianza con aquellos que practiquen una política democrática en sus pueblos.

 

Bajo la acción de la Doctrina Betancourt, Venezuela mantuvo buenas relaciones con los gobiernos democráticos, especialmente con el gobierno de John F. Kennedy en EE.UU., Luis Muñoz Marín  en Puerto Rico, Adolfo López Mateo en México  y Alberto Lleras Camargo en Colombia. A su vez, cortó relaciones diplomáticas con los gobiernos de España, Cuba, República Dominicana, Argentina, Perú, Ecuador, Guatemala, Honduras y Haití.

 

Hasta aquí casi todo lo que el diccionario virtual Wilkipedia, enciclopedia libre, (es.wikipedia.org/wiki/ ), expone sobre Rómulo A. Betancourt y su trayectoria política hasta el fin de su mandato en 1964. ¿Qué podemos añadir para que el lector latinoamericano-caribeño posea una versión adecuada y más acertada de esta personalidad, su contextualización socio-histórica nacional e internacional y acerca de la situación descabellada descrita por el periódico “El Nacional”?

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

(Continuará)

 

10/06/2009 GMT 1

Caracas vibra ante reclamo de libertad para los Cinco

polillabaez @ 06:50

caracas-vibra-ante-reclamo-de-libertad-3.jpgCARACAS, 8 de junio.– Miles de venezolanos marcharon hoy por las calles de esta capital para exigir al gobierno de Estados Unidos la liberación de los cinco cubanos que permanecen prisioneros injustamente en cárceles norteamericanas, hace más de diez años, por luchar contra el terrorismo.

Desde la simbólica Plaza Bolívar con carteles, fotos y gritos de ¡Viva Cuba y Venezuela! , ¡Libertad para los Cinco!, marcharon hacia el Parlamento.

Al frente se encontraban la ministra para la Mujer e Igualdad de Género, María León, y María Eugenia Guerrero, hermana de Antonio, quien junto a Ramón Labañino, René González, Gerardo Hernández y Fernando González, guardan prisión.

En la Asamblea Nacional León y Guerrero entregaron a tres parlamentarios un documento que insta a generar un movimiento nacional de reflexión en reclamo de la libertad de los conocidos también como Héroes Cubanos y reitera la solicitud de extradición a Venezuela del connotado terrorista internacional Luis Posada Carriles.

El legislador Eddy Gómez, presidente del Parlamento Amazónico Venezolano, declaró que Cuba es un faro de luz y ejemplo de solidaridad. Después de la batalla ganada en la Organización de Estados Americanos, dijo, ahora tenemos que unirnos y luchar contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EE.UU. a la Isla hace casi 50 años.

María Eugenia Guerrero agradeció al pueblo venezolano por el caracas-vibra-ante-reclamo-de-libertad-1.jpgrespaldo a los Cinco: "Les damos las gracias porque nuestra mayor esperanza en la justicia es la solidaridad del mundo", enfatizó.

La marcha de este lunes fue convocada por el Movimiento de Solidaridad Mutua Venezuela-Cuba, y participaron el Frente Francisco de Miranda, el Ministerio para la Mujer e igualdad de Género, las Misiones Sociales, las Madres del Barrio, el Instituto de la Juventud, entre otros, reseña PL.

Denunciar a Alan García POR GENOCIDIO

polillabaez @ 04:46

http://www.youtube.com/watch?v=rG7rHB1nnOw

Gracias a Notas desde Lenovo tenemos la traducción de lo que dice la señora awajun:

"Escúchanos, por favor, señor Alan García:

¡Tú eres culpable porque nos has exterminado!

Nos estás matando. Nos estás vendiendo. Tú eres el terrorista. Nosotros defendemos nuestro territorio sin uso de armamentos, nuestro único arma de defensa es solo lanzas y palos que no son de largo alcance y no es para matar como tú lo has hecho con nosotros.

Tú nos exterminaste usando armamentos, balas, helicópteros y los mataste a nuestros hermanos, hermanas, estudiantes, profesores, hijos.

Alan, te pedimos que vengas acá en nuestro territorio para que nos pagues de las deudas que tienes con nosotros.

Alan, tú eres vende patria, vende indígenas, vendes nuestros recursos naturales: oro, petróleo, agua, aire, contaminas nuestro medio ambiente y así nos dejas más pobres como nos estás viendo ahora cómo estamos y quedamos.

Nosotros los awajún-wampis no te hemos elegido para que nos extermines, sino para que nos ayudes, des estudios a nuestros hijos que ahora has matado. Nosotros no te estamos quitando tu propiedad privada, no te hemos matado a tus hijos, tu familia, ahora por qué tú nos acabas.

¡Ya nos exterminaste, ahora quedamos sin NADA!"

                                             

Todos a la marcha 

ESTE JUEVES A LAS 2PM EN LA PLAZA 2 DE MAYO

VAMOS A DENUNCIAR a Alan García

ante la JUSTICIA INTERNACIONAL

por GENOCIDIO

El derecho internacional vigente impone a todos los Estados la obligación de perseguir los crímenes contra humanidad, se produzcan donde se produzcan y al margen de la nacionalidad de los agresores y de sus víctimas, toda vez que conductas tan odiosas –que, además, quedan en la impunidad– trascienden a las víctimas y ofenden a toda la humanidad porque ponen en peligro los principios generales de civilización consagrados por las normas protectoras de los derechos humanos fundamentales. La defensa de los derechos humanos, en particular respecto de aquellos supuestos de criminalidad de Estado cuya persecución efectiva en el país donde se han producido resulta inexistente y altamente improbable. Solo un tribunal penal internacional puede ejercer su jurisdicción de modo eficaz y efectivo en el caso actual.

JORNADA NACIONAL DE LUCHA EN APOYO A NUESTROS HERMANOS/AS AMAZÓNICOS, ESTE JUEVES 11 DE JUNIO CONCENTRACIÓN GENERAL EN LA PLAZA 2 DE MAYO A LAS 2PM, MARCHA HACIA EL PALACIO DE GOBIERNO
http://www.metroflog.com/herminiaponce